Friday, February 24, 2012

Cuento de Niños

No me gustan los días lluviosos, me hacen pensar que los ángeles lloran por todas las trastadas que he cometido a lo largo de mi existir, me lo tomo personal, pensamiento egoísta dirán algunos, pero igual el agua cayendo desde arriba para mojar nuestro andar no me hace ponerme a brincar. Aquel día llovía a cántaros, el cielo gris anunciaba que la tempestad nos acompañaría por unas horas. Como hago siempre al estar aburrido busco razones, simplemente me enfrento a la realidad, intento darle forma a una masa de recuerdos que no tienen ton ni son pues no es más que la vida de un mortal más.

Abro una caja polvorienta y encuentro un diminuto disco, lo coloco en el tocadiscos, una canción empieza a sonar, una voz que me traslada a momentos felices dice “Papa Noel se ha comprado un aeroplano porque el trineo está muy viejo y muy cansado…”, se trata de un disco muy viejo, sin lugar a dudas tenía años sin escucharlo, entiendo nuevamente que el tiempo pasa y menos mal que es así, pues no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Mi madre aparece en la puerta, la música la ha hecho trasladarse a aquellos días, cuando yo jugaba con mi capa, creo que se siente tranquila pues sabe que cuando llueve no me gusta salir, a pesar que mis ojos reflejan lo contrario, aquel día me quedé en la casa.

Conversamos, mi madre y yo, ella sonríe al recordar que yo cambiaba la letra de aquella canción, nunca me gustó la idea que Papa Noel no pudiera andar libremente en su trineo, luego comprendí que hasta el vehículo del barbudo de rojo se pone viejo y se cansa, como todo, es el transcurrir normal de este lugar. Mi mente procesa que me debo quedar allí, me acomodo en la vieja pero cómoda silla de la biblioteca de mi padre, una foto de la familia está en el escritorio, el superhéroe y los otros cuatro, suena el teléfono y mi madre lo toma, tranca con rapidez, ella no comprende la razón de avisarnos esa noticia, sus ojos me quieren decir algo, pero en ese momento ya se que ha pasado.

Para entender la llamada hay que irse atrás, como son las cosas aquí, una historia de esas, con comienzo y fin, un cuento que traspasa lo común, un conjunto de motivos que dejan perplejo a cualquier intento de racionalizar lo que para muchos fue el final de algo que nunca empezó. Miro a mi madre y me permito contarle de que se trata todo, ella duda en primer momento, su memoria no logra recobrar los rayos de aquel reflejo, de igual forma me pide que le cuente un cuento, como una niña, que por favor le explique nuevamente pues son tantas mis historias que no las puede almacenar, es quizás que esta ella ha preferido olvidar.

Darío Natera Nieves nació en Caracas, en el seno de una familia pudiente pero sin clase, mucho antes que yo, que de paso no nací en Caracas. Simplemente me llevaba largos años, no con esto digo que fuera más sabio. Aquel inquieto muchachito correteaba por doquier, como cualquier otro, para pronto descubrir su misión en la vida. Su primer paso fue despojar a todos sus amiguitos de las metras con que jugaban en los recreos, poco a poco las recolectó y las escondió para siempre, luego prosiguió con los útiles escolares, los cuales iban desapareciendo con el pasar de los días.

En su casa, la ropa de todos sus parientes se perdía con el transcurrir del tiempo, la comida se desvanecía como si fantasmas hambrientos habitaban en aquel maligno hogar, los cuadros de la casa, los muebles, y hasta los cubiertos se esfumaban poco a poco sin dejar huella en la bitácora de las horas. El abasto de la esquina perdía incalculables sumas de dinero y de mercancía, la tienda de regalos se quedaba sin juguetes por más que su dueño ordenaba nuevos cargamentos, la peluquería de la urbanización se quedaba sin secadores de pelo ni shampoo, el kioskito de la esquina se desabastecía de chucherías y periódicos.

Por donde pasaba Darío, todo iba desapareciendo poco a poco, las bicicletas de sus amiguitos, el dinero de sus padres, de su familia, incluyendo la ropa de los vecinos junto con sus mascotas. Por años en aquel barrio se pensó que se trataba de una banda organizada de maleantes sin alma, nadie prestaba atención a aquel pequeño muchachito de ojos azules, su paso era desapercibido por la multitud, usualmente los humanos juzgamos sin averiguar, era más fácil echarle la culpa a cualquiera que detenerse a estudiar que pasaba en realidad.

Darío creció, en la universidad los libros de la biblioteca se iban perdiendo con el pasar de los días, los automóviles de los estudiantes iban cayendo como barajas al aire, sin dejar rastro, según dicen hasta las pocetas de los baños eran quirúrgicamente removidas para pasar a engrosar la lista de aquello que no volvería. Poco a poco la situación arreció, los pupitres y los pizarrones de las aulas se perdían, las carteras de los profesores eran birladas sin ninguna vergüenza, las computadoras de los laboratorios, y hasta la comida del cafetín caducaban ante aquella fuerza extraña que se llevaba todo.

El edificio en donde Darío realizaba unas pasantías antes de graduarse en la universidad amaneció vacío un día de aquellos, sin nada, hasta la ropa de los vigilantes había sido extraviada, el dinero de la caja chica de la compañía tampoco estaba, la máquina de hacer café ahora pertenecía al vacío de aquello que no está, de eso que no vemos nunca más, lo que sentimos y se ha ido, lo que la vida no devolverá, los restos de la transparencia, la sensación del cristal, lo blanco de este dulce, perdón, triste caminar.

Aquello no era un juego de niños, por demás está decir, los infantes en sus mentes claras y no podridas juegan, no dañan a mansalva, Darío era otra cosa, es que el planeta tiene variables, lo bueno y lo malo, con su equilibrio, la risa potente y el llanto amargo. Un plan estudiado tenía aquel hombre, si es que a un monstruo se le puede calificar de tal, su sonrisa macabra llevaba consigo, su olor predilecto marrón escondido, bandido mañoso surcaba el cielo, su sucio sudor secaba el pañuelo, por años y años soñó con su meta que no era otra cosa robar al planeta.

Sentado en su oficina y después de varios años de enmarañar y entrelazar sus pensamientos con un fin preciso, consideró que había llegado el momento adecuado, la hora del té, el último grito, la bala perdida. Para algunos un genio incomprendido, para mi no era más que un asqueroso cuatrero, el líder bandido, el ladrón bien vestido. Ultimó unos detalles, se miró al espejo que tenía en su oficina, con su frente en alto orgulloso se sentía de aquel bosquejo maestro que en su cabeza llevaba, razones perdidas, aliento a dragón, su delirio encantado flotaba ensalzado, ladrón es ladrón y no tiene perdón.

En aquel restaurant chino de la capital, Darío esperaba el momento preciso, desde su computador personal tecleó la clave para proceder. En un instante todo el dinero del planeta se desvaneció, salvo aquel que llevaban los hombres decentes en su bolsillo, el martillo de la irracionalidad bajó su redondeada punta de metal sobre las vidas humanas, el mundo sorprendido miraba sin luz, la vida es un viaje no un simple destino, no tenemos la culpa de encontrar piedras en el camino, son solo las causas de las consecuencias, algunos tenemos y otros no tienen, aquello que llaman conciencia.

En medio de aquel caos, Darío decidió salir a la calle, no sin antes tomar una galleta china de la fortuna, sonriente y complacido la sacó de su envoltorio, la partió y leyó con asombro unas letras sin vida, una pregunta guardada, sus ojos siniestros miraron de nuevo….“Y dime Darío que piensas hacer con tanto dinero?”…

Tuesday, January 17, 2012

Profesor

En una de mis tantas aventuras por el planeta estuve trabajando por 6 meses en Disney World, lamentablemente me enamoré de Blanca Nieves y me despidieron pues los enanos enfurecidos decidieron no trabajar hasta tanto no recuperaran a su amada sirvienta. Sin mucho dinero en el bolsillo logré montarme en un barco pesquero después de haber sido despedido por Mickey Mouse y viajé hasta Aruba, allí convencí a unos pescadores que me llevaran hasta Las Piedras a cambio de un peluche de Winnie Pooh y finalmente logré subirme en un autobus hasta Caracas cuando le prometí al conductor que yo manejaría el trecho de la Autopista Regional del Centro. Al llegar al terminal del Nuevo Circo no me quedó más remedio que ingeniármelas para producir unos reales, aparecerme en mi casa después que había jurado más nunca molestar a mis padres era una derrota de grandes proporciones en mi escala de liberación paternal.

Cuando Mickey Mouse me despidió me regaló unos "Disney Dollars" para porsia las moscas y llegando a Caracas convencí a una incauta vendedora en Rori en el Boulevard de Chacaíto que me vendiera un traje a cambio de esos dólares que encandilaron a la pobre muchacha que nunca había visto dinero con Mickey Mouse, el Pato Donald y Pluto en vez de Bolívar y El Indio Guaicaipuro. Después pasé por la Librería de Nacho y sin que nadie me viera sustraje un libro de Historia del Arte, dejando un vale firmado con la promesa de pagar en lo que cobrara mi primer sueldo, finalmente me fuí a mi casa en donde después de esquivar un cholazo de mi madre y un martillazo de mi padre busqué un sombrerito de bombín que usaba mi Tío Tomás en sus días en MIT para darle más veracidad a mi personaje. Así y con la velocidad de un relámpago era ahora Profesor Catedrático de Historia del Arte. Caída la noche y usando mi clásica habilidad para inventar redacté un Curriculum Vitae en donde entre otras cosas era Maestro graduado en La Sorbona, con Master en Historia del Arte por La Universidad de Viena y un PhD en Historia de la Humanidad por la Universidad de Yale además de haber realizado varios cursos y dictado varias conferencias en diversos museos, universidades y colegios elitescos alrededor del globo terráqueo.

En la mañana le pedí la cola a mi hermano y le dije "déjame por ahí", mi hermano cagado de la risa al verme vestido de traje y con sombrero se limitó a decirme "suerte", creo que para ese momento ya estaba cansado de preguntarme cual sería mi próximo paso. Con mucha calma me fui caminandito hasta el Instituto Cumbres de Caracas, entré y pedí hablar con el Padre Genaro, me dijeron que ahí no había ningún Padre Genaro y entonces dije "a debe ser una confusión, yo vengo a entregar mi Currículum Vitae para ver si necesitan un profesor de Historia del Arte". La secretaria viendo aquella pinta y el sombrerito pensó "mejor llamo al Padre Ortiz y que hable con este loco". El Padre Ortiz que tenía 6 meses buscando un profesor de Historia del Arte no lo pensó dos veces y al ver a aquel individuo vestido así pensó "este es el propio para que le de clases a esos sátrapas y bandidos que estudian aquí, lo van a matar pero bueno al menos que me firme las actas que hay que enviar al Ministerio de Educación y en las vacaciones me encargaré de buscar un profesor serio". En un dos por tres y sin mirar el Curriculum el Padre Ortiz me contrató y me dijo "empieza mañana catedrático."

A la mañana siguiente llegué al salón de clases y saqué mi librito, los alumnos no sabían si llorar o reírse al verme con aquel sombrero pero creo que les inspiró la confianza necesaria como para poder llevar a cabo mi plan de tener un trabajo temporal. Me senté y dije "Buenos Días queridos muchachos, mi nombre es Policarpio y soy su nuevo profesor de Historia del Arte". Seguidamente dije "hoy vamos a hablar de la obra de arte: teoría, función y actualidad." Al decir esto ni yo mismo me podía creer lo que estaba haciendo y le dije a los alumnos, "miren a ustedes les gustan los aviones?", los alumnos replicaron "siiiiiiiiiiiiiii", recuperando la respiración dije "bueno para entrar en confianza hoy vamos a hablar de motores, alas, el nuevo A-380 y el principio de Bernoulli" y comencé a hablar como borrachito de plaza durante dos horas. Los alumnos no entendieron bien la razón detrás de toda aquella locura pero cualquier cosa antes de escuchar una clase historia del arte.

De esta manera e inventando un tema nuevo cada día me fui ganando a los alumnos, hablaba cada vez más y más tonterías, la historia de la Coca-Cola, de cómo el día que se enamoraran iban a saber lo que era bueno, de la estupidez humana, de la pobreza, de la importancia de querer con el corazón y de aprender a compartir sin importar si nos quedamos con un poco de hambre para que el que está al lado sienta algo en su estómago, hablé de mi Maestro Kierkegaard, de béisbol, de los gobiernos malos y de las guerras y sus idiotas razones. Cada vez que entraba el Padre Ortiz brincaba y decía "como venía diciendo el arte es la forma de expresión desde los más antiguos tiempos y por eso es muy importante que estudiemos a fondo la realidad artística en la época medieval" o alguna otra idiotez que me viniera a la cabeza para confundir al Padre Ortiz y no levantar ningún tipo de sospechas.

Finalmente llegó la hora de los primero exámenes trimestrales y ante la mirada atónita de los alumnos el exámen contenía las siguientes preguntas: Cual es la forma ideal para levantarse a una mujer?, que se puede hacer con 1.257.890 cajas de clips? y coloca el nombre de tres corredores de Fórmula 1. Todos los alumnos salieron muy bien y el Padre Ortiz estaba muy contento. Con mi sinverguenzura usual firmé las actas y simplemente inventé un Número de Carnet expedido por el Ministerio de Educación para que el Padre Ortiz se quedara quieto y no jurungara mi paciencia.

Al trimestre siguiente y después de convencer al Padre Ortiz que los muchachos necesitaban realizar distintas visitas a los museos de la ciudad capital para complementar la teoría, me prestaron un autobús del colegio en donde monté a los alumnos y me los llevé al Zoológico de Caricuao, a correr las bases del Estadio Universitario después de sobornar al vigilante y a la playa, en Cata, donde de regreso y molesto por la fumadera de mariguana de los malandros que se hacían llamar mis alumnos aceleré el autobús a más de 140 km/h en la bajada de Tazón hasta que los asustados y delirantes muchachos prometieron no volver a probar la "matica voladora." En el segundo parcial me limité a preguntarles que cual era el animal más feo que habían visto en todo el Zoológico Caricuao, después de revisar las respuestas y ver que todos habían contestado que eran los Guardias de Imparques, procedí a realizar otro examen en donde pregunté cual es la novia que más te gusta de tus amigos?, después de tener las respuestas las distribuí entre los alumnos para que se cayeran a coñazos en el salón y sacaran de adentro todas sus arrecheras y represiones.

Para el último trimestre del año escolar decidí montar una obra de teatro. Era algo que había escrito hacía unos años atrás y me pareció idóneo presentar la misma en el anfiteatro del colegio. Después de un trabajo arduo y meses de ensayos la obra quedó montada tal cual como la había imaginado aquel día de verano, aquella hermosa fecha en el calendario en donde mi ex novia decidió dejarme porque había visto mucho béisbol esa temporada, y finalmente me di cuenta que el planeta no es más que un experimento de algún loco como yo que fastidiado decidió crearnos para cagarse de la risa de nuestras peripecias por sobrevivir. La obra resultó todo un éxito y los padres de los alumnos me agradecían maravillados por haber logrado que esos sátrapas se tomaran en serio la cuestión de actuar.

Todo iba sobre ruedas hasta una mañana cuando el Padre Ortiz interrumpió una clase, me llamó afuera y de un bofetazo me tumbó el bombín, y me dijo "farsante, mentiroso, inconsciente, sirvenguenza, inmoral", "váyase de aquí, usted ha traicionado mi confianza y la de sus alumnos", "además ahora el Ministerio de Educación nos ha multado y van a mandar a un Profesor Bolivariano a dar clases, y a causa de la multa no podemos ahora remodelar la Iglesia a la cual le íbamos a poner un gimnasio, un salón de juegos de video y nos íbamos a comprar 3 BMW para pasear por Caracas y eso también ha quedado descartado", "fuera de aquí cuatrero, bandido". Le dije al Padre Ortiz "mira Ortiz, me tumbastes el bombín de mi Tío Tomás y eso no te lo perdono, tu crees que tu puedes tratar así a la gente porque sí, no no, tu estás muy equivocado", el Padre Ortiz no podía creer tanta zanganería y me dijo "mire señor o se va de aquí o llamo a la Policía", entonces me saqué del bolsillo una botellita con aceite de carro piche y se la eché encima al Padre Ortiz a quien inmediatamente se le empezó a derretir la sotana, en la confusión y ayudado por la gritería de los alumnos que decían "Vamos Policarpio, dale duro, eso es, échale ácido al cura", "métele un coñazo", "muérdelo Policarpio", recogí el bombín y salí corriendo hasta llegar a Plaza Venezuela.

El Padre Ortiz ya más calmado aunque oliendo a taller mecánico revisó el expediente en donde se encontraban mis datos para poner la denuncia en la PTJ, allí se encontró con la siguiente información:

Nombre: Armando Martínez.
CI: : )
Profesión: Extraterrestre.
Dirección de Habitación: La Vía Láctea
Teléfono: Nunca lo hubo...

Monday, November 21, 2011

Los Magos

Reconozco que pasé horas y horas buscando una solución, perdí novias, amigos, el sueño y hasta una ramita de ruda que me habían dado para la buena suerte cuando me gradué, lo admito pasé horas tratando de buscar una solución a Venezuela.

Un día ya con la esperanza regada por el piso llegó una carta, si una carta vía Ipostel a mi casa, en ese momento supe que algo raro estaba pasando, sería que al fin me habían contestado los sabios a los cuales escribí esperando una respuesta, al ver la fecha del sobre me desalenté un poco pues era de 2 años antes pero sin perder un instante abrí el extraño sobre color magenta, adentro encontré una carta la cual tenía un encabezado bastante inusual, se trataba de unas letras que aparecían y desaparecían y que después de mucho esfuerzo pude determinar que decían "Liga de Magos Famosos", aquí me emocioné, cual niño pequeño, sentí una emoción inocente y placentera, una de esas que no sentía desde hacía mucho tiempo.

La carta era clara y concisa, me estaban invitando a la reunión de Magos Famosos, celebrada cada 250 años y en donde personas elegidas de los distintos lugares del planeta se reúnen con los magos para plantearles problemas serios de sus países con la finalidad de encontrar soluciones que solamente con magia pueden ser resueltas. La carta decía así:

Estimado Policarpio:

Has sido elegido, ya sabes para que así que no hay necesidad de explicar, nos vemos el 29 de Octubre en Lagos, Nigeria.

Saludos,

Mandrake

Coño pensé, hoy es 27 de Octubre, como carajo llego a Nigeria, además, ese lugar tan peligroso, pero supuse que tratándose de magos ese sería el lugar ideal para tan peculiar reunión.

Metí unas cosas en una maleta, me puse un traje y llamé a un taxi, rompí el cochinito donde había guardado por años el dinero de mi mesada, mi primer sueldo, unos reales que me encontré en el Metro en Plaza Venezuela y todos los regalos de mis padres, no me despedí de nadie, bueno no había nadie de quien despedirse de todas maneras y me embarqué en mi travesía. Después de volar por más de 24 horas finalmente aterrizé en Murtala Mohammad International Airport, en Lagos, Nigeria. Cansado y algo confundido me desplazé a la salida del aeropuerto donde de inmediato fui abordado por un extraño ser vestido de verde con rasgos irlandeses que me invitó a subirme en su carro. Una vez en el carro me dijo que me llevaría al "lugar" y que por favor no le hiciera preguntas pues no podía responderlas.

Llegamos a un anfiteatro como a dos horas de Lagos, sinceramente contrastaba con todo el lugar y me dije "pues aquí debe ser la cosa". Adentro al parecer esperaban por mi pues cuando me senté se paró Mandrake el Mago y dijo "Podemos comenzar".En el panel se encontraban Mandrake, Houdini, Harry Kellar, Cheng Ling Soo, Howard Thurston y el Mago Henry (quien por cierto me sorprendió gratamente verle allí). Sentados en perfecto orden había un representante de los 192 países del planeta y allí estaba yo en una silla que no solo decía "Venezuela" sino que permitía sentirse en el Orinoco, en los Médanos de Coro, en la selva Amazónica, en el Centro de Caracas, en las playas de Morrocoy y Oriente y en el Salto Angel a la vez.

El primero en pararse fue un sueco, la verdad nunca entendí el orden pero así fue, el hombre dijo "los suecos necesitamos ser más felices y menos fríos". Los Magos sonrieron y dijeron "Fácil, un poco de espíritu latino y unos clubs de salsa y merengue". Próximo por favor. Se paró un japonés "Miren magos los japoneses necesitamos ser menos ordenados y dejar el stress de un lado", los Magos replicaron "Fácil, una pizca de caos y una maquinita Sony para la relajación". De seguido un representante de la India dijo "nosotros necesitamos control de natalidad y por favor que esa vaina de las vacas sagradas se acabe", "Fácil, subir tasa de estériles y poner un McDonald's en Bombay" dijeron los magos. Así continuaron país por país, concedían agua, comida y paz para Africa, controles estrictos contra la corrupción, empleo y desarrollo para América Latina, menos frío para los rusos y mejores jugadores de fútbol para los italianos.

Extrañado pues no acababan de darme el chance de hablar y habiendo contado que 191 representantes habían hablado me permití alzar la mano y decir "los venezolanos necesitamos, coño, de toda vaina".

Una risa al unísono heló mis esperanzas, solo alcancé a escuchar "somos Magos no Papa Dios"...

Wednesday, October 12, 2011

Los Viejitos

Estaba paseando por un parque, uno de esos muy verdes, con pájaros cantando, árboles grandes y frondosos, el frío matutino se colaba a través de mi camisa, había olvidado el abrigo, eso recuerdo. Al caminar siempre pensamos, al menos eso hago yo, mi mamá siempre me pedía que me concentrara de pequeño, que me mantuviera firme al camino, mientras dábamos vueltas, nunca lo hice, siempre miraba a todos lados, asombrado, viendo todo aquello que me rodeaba, después de todo, ese mundo es tan mío como es de los demás, eso creía, en mi infancia. Crecí y sigo sin concentrarme en el camino, me he llevado gente, he pisado desechos de perro, he caído en alcantarillas, me metieron preso por chocar con un policía, mejor dicho, choqué con su caballo, es que no lo ví, el caballo se espantó y corrió, el policía se cayó, y en la cárcel terminé, me soltaron, ciertamente me dejaron ir.

Volviendo al tema, paseaba, por un lugar muy apacible, el sol apenas brindaba unos rayos distantes, con flojera, sin ganas de trabajar, es que hasta al sol a veces le da cosita levantarse y lo hace a regañadientes, siguiendo el plan maestro, por obligación, hay cosas que se deben hacer para poner un grano de arena en la construcción del destino, un destino que no se nos impuso, que simplemente se hace de acuerdo a decisiones, decisiones tomadas por humanos, con un ente revisor que cuida sin aparecer. Creo que salí a caminar para librarme del encierro, de las cadenas que se colocan en nuestras vidas, simplemente para que nunca olvides que todos vamos por el mismo camino, que no importa cuanto trates algún día te tienes que ir. Como ven me distraigo, y no acabo de contar lo que me vino a mi cabeza, sigo caminando mirando a todos lados.

Me doy un carajazo en la espinilla con un banco de cemento del parque, es un parque como todos, con bancos de cemento, muy fríos pero llenos de historias que contar. Al agacharme para sobarme por el extremo dolor los veo, una pareja de ancianos besándose con pasión, con locura, con sus cabellos grises y sus arrugas en alto. Me extraña todo aquello, me permito hasta pensar que en el mundo hay de todo, y entre esas maravillas, un amor eterno, como ese, dos viejitos que se aman, trastornadamente, a plena luz, en un lugar público y con la amenaza de seres como yo, que en su distracción chocan con su banco, su altar de disfrute, su nido de deleite y no solo chocan sino que les caen encima, los interrumpen, los sacan de concentración, simplemente les perturban.

Decido ponerme jodedor, y me siento a pasar el dolor en mi pierna, entre los dos, un viejo a la izquierda, una vieja a la derecha, sus miradas no son amigables en un principio, pero se acostumbran, más bien deciden no oponer resistencia a mi osadía, falta de educación, falta de todo como diría mi madre. Ahora sonrío, es tan fácil hacerlo y se nos olvida, siempre llevamos caras serias, como si fuéramos importantes por hacerlo. Los viejitos se incorporan, el lleva pintura de labios en su boca, ella está algo despeinada. La verdad no se que decir, ya hasta se me olvidó la razón de mi caminata, el viejo me dice "buenas jóven, ya que ha tenido la confianza de sentarse en el medio de los dos pues ahora tendrá que ayudarnos."

Sus dientes son perfectos, eso me llama la atención, siempre me fijo en los dientes, manías, quizás es por escuchar a mi padre hablando de ellos. "Ayudarlos?, pregunto, "así es" responde ahora la viejita. Me saco un billete del bolsillo, reacción patética por demás, siempre pensando que la gente necesita dinero, cuando en realidad lo que necesitamos es curar nuestras vidas heridas por el paso de las horas. Me miran y me hacen una seña, que guarde mi dinero, eso no es lo que necesitan, ahora me intrigo, unos viejos, enamorados, en un parque, y que además necesitan mi ayuda, debo hacerle caso a mi madre, concentrarme al caminar, y así evitar situaciones engorrosas.

"Nos queremos casar", dice la viejita, "nuestras familias se oponen" me dice el viejo, mis ojos revelan sorpresa, pienso para mi, "que vaina más rara". La viejita continúa, "mire joven, usted sabe del amor?, trato de responder pero me interrumpe, "claro que debe saber, un muchacho tan apuesto, tiene que saber", hay algo raro en su voz, pero es temprano, todavía no me despierto, no logro entender de que se trata. Vuelvo a intentar hablar, esta vez el viejo me interrumpe, "nos ayudas?, finalmente logro hablar, "ayudarlos?, pero a que?, a casarse, vayan a la iglesia, no se, al registro civil, están bien viejos para la gracia". La viejita me toma la mano, "por favor, por favor" dice, "pero que tengo que hacer? digo nuevamente. Me explican, con detalles, al menos eso creo yo, mi locura, mi locura cuerda, medito un rato, tomo la decisión.

En minutos me vuelvo aliado de dos viejos, que están dispuestos a pelear, a batallar por su amor, yo no entiendo de esas, superhéroe soy. Me limito a transformar su pasión en una idea que me permita trasladar ese sentimiento a una causa justa y loable por la cual luchar. Eso hago, es mi condición, acepto y continúo, no me puedo detener, son esas cosas, una que otra que hay que hacer. Hay algo raro en todo esto, lo se, pero no logro determinarlo, es un reto difícil, yo no se un carajo de matrimonios, fiestas, pero esa es parte de mi misión, tengo que construir todo, desde el comienzo. Llamo a una amiga, "hola Poli, por fin te decidiste, yo sabía que me querías", "no, nada de eso, de que hablas rolo e' loca, necesito tu ayuda, planear una boda, pa' unos viejos", en su voz siento la decepción, no he llamado para decir que la quiero, pero se recupera, ella también acepta, y se enfoca en ayudarme, después de todo ella siempre ha soñado con casarse, y por eso, se dedica a armar bodas, de otros, pero las vive como si fueran de ella.

Me desentiendo del asunto, no del todo, no es tan fácil, dejo que mi amiga cuadre los detalles, yo me enfoco en mi misión. Voy a ser cura, si padre, por unos minutos, yo los voy a casar, disfrazado por supuesto, que pecado, el Creador no debe estar feliz con mi actuar, espero me perdone, no hay mala intención, es solo por ayudar. Visito a un viejo amigo, que es cura de verdad, me recuerda, del colegio, es amable como siempre, buen maestro, no de clases idiotas, maestro de la vida, me enseñó muchas cosas, conversamos, la verdad no se como explicarle todo esto, no puedo de hecho, lo distraigo, sin que se de cuenta me llevo su vestimenta, ahora también estoy condenado, por robo, ojalá y me perdonen. Me despido y me voy a casa, a practicar, escribo un sermón, quiero verles la cara.

Los viejitos se mantienen en contacto, cada vez me ponen más carga, ahora debo repartir las invitaciones, es complejo, sus familias, son rivales, desde tiempo inmemoriales, yo juraba que esas mariqueras se habían acabado, al parecer no, de hecho en las tarjetas de invitación no se indica su nombre, solo el lugar de la boda, quien coño va a una boda de alguien que no conoce, no lo se, ese es su plan, yo simplemente sigo instrucciones. El cura no puede ser el que reparte las invitaciones del matrimonio, no tendría sentido, llamo a otro amigo, caballero de mi clase, loco sin destino, ahora él es repartidor de tarjetas. Se viste muy formal, y las lleva, algunos le miran mal, otros se sorprenden, otros se sonríen. Cumple con su trabajo, la boda misteriosa tiene fecha en el calendario. Solo falta esperar si en efecto los invitados llegarán.

Mi amiga planea todo con la precisión de un reloj suizo, agencia de festejos, flores, orquesta, torta de boda, cree que es su boda, solo que ella no se casa, se lo ha tomado muy en serio, pienso que me quiere hacer ver que así podría ser la boda de nosotros, en que pienso, ella es mi amiga, yo soy su amigo, no estoy para eso, a veces uno se encariña, no lo se, tampoco puedo dejarme llevar, sus ojos brillan cada vez que habla de eso, yo me limito a sonreír. Sigo pensando que hay algo raro en todo esto, unos viejos, un misterio, familias que se odian, y cuando se vean ahí?, que harán?, dejar ser, o castigar, ni siquiera entiendo para que me metí en esto, debe ser el fastidio, ya ni se, que digo?, me acuerdo que estoy para ayudar, en este caso, al amor, eso creo, al menos eso creo.

Los días pasan y la fecha se acerca, he pensado mucho en que decir, me estoy tomando mi papel muy en serio, estoy loco de verdad, una buena oportunidad para mostrarle a la gente la simpleza del andar. Pienso mucho en estas horas, sin razón a decir verdad, pero divago, mi mente vuela, por doquier, busco razones para entender la proeza de los viejitos, no las encuentro, se me han olvidado ciertos sentimientos básicos del ser humano, si eso soy, como es posible que me haya olvidado, algo debe haber pasado, pero no lo recuerdo en este instante, se que pasó, pero también se me olvidó, me recuesto en mi cama, miro el techo, veo formas que solía ver de niño, que me acompañaron en el viaje, cierro los ojos y me quedo dormido y sueño, se me olvida con que sueño, de seguro era algo importante.

Ha llegado el día, del matrimonio de los viejos, del pseudo-matrimonio de mi amiga, ella quisiera estar allí vestida de blanco, ella quisiera tantas cosas. Me disfrazo, de cura, tomo una Biblia que me regalaron mis abuelos cuando niño, me subo al carro, a mi lado, "Alerón", mi copiloto sempiterno, recojo a la organizadora de la boda, mi amiga, trata de quitar a "Alerón" de su puesto, el canino se rehusa, ella opta por sentarse atrás, está tan metida en esto de la boda que ni siquiera presta atención a que voy vestido, de cura, habla y habla de lo bonita que va a quedar la boda. Llego al sitio, una casa, en algún lugar de la capital, un extenso jardín, un altar, allí trabajaré hoy, con el perdón de la providencia, pero ese es mi lugar en ese preciso momento.

Empieza a llegar la gente, no entienden nada de aquello, familias que se odian, se sientan de un lado y de otro. El odio se siente en el ambiente, el día está bonito, sol radiante, ni una nube. Para mi sorpresa, llega y llega gente, creo que la curiosidad de la boda misteriosa los atrajo, se siguen mirando feo, sin lugar a dudas se detestan, por lo menos, hasta ahora han sido respetuosos, eso si, cada uno en su bando, cada uno a un lado, de las sillas, que dividen una alfombra roja, que llevan al altar, en donde estoy parado, sin entender. El jardín está lleno de gente, y cargado de malas intenciones, finalmente y a lo lejos aparecen, los viejitos, quienes caminan, juntos, lentamente hacia al altar, ante la mirada atónita de los presentes, al parecer no los conocen, de que se trata todo esto.

Se paran frente a mi, reconozco que me estaba cagando de la risa, me contengo, doy comienzo a la ceremonia, hablo de esto y de aquello, mi amiga sentada en el público llora, esto me da más risa aún. Llega el momento del sermón, aprovecho, y me embalo, hablo de la vida, de la muerte, de los que estamos y de lo que fuimos, mezclo la niñez con los adultos, sugiero la simpleza como arma, no castigo, no pretendo cambiar a nadie, solo trato de decir lo que siento. Sigo y sigo, les explico que es un viaje, divertido, lleno de alegrías y tristezas, donde debemos aprender, con cuidado se logran las cosas, pongo como ejemplo, el amor de esos viejitos, que a su edad allí están, paraditos, esperando, por la bendición.

Termino el rito, "…puede besar a la novia", se besan nuevamente, al igual que la primera vez, se voltean y se quitan el pelo blanco, son pelucas, se remueven la máscara, es de goma, se desvisten, no para quedar desnudos sino para quedar con las figuras de su edad, un hombre y una mujer, de mi edad, creo yo, se miran, se vuelven a besar, la sorpresa empieza a tomar sentido, las familias rivales, unidas ahora, por dos de sus hijos, casados, el ambiente está pesado, "mátenlos!!!!!!!!!!!, grita alguien, desenfundan sus pistolas, liquiden al cura también grita otro, "ahora si que me jodí yo" pienso, miro a los novios, esposos más bien, bueno un carajo en realidad, les pico el ojo, en señal de aprobación por su valentía, y corro por el jardín, escucho el ruido, ese ruido seco, de las balas, se disparan entre ellos, le disparan a los novios, y hasta al cura, que soy yo, me subo a un muro, detrás de mí corren los recién casados, los veo por última vez, alcanzados por las balas, caen, a la grama, del jardín, salto a la calle, vestido de cura, Biblia en mano, acelero el paso, me subo al carro, por suerte mi amiga ha escapado, allí me espera, me da un discurso sobre el amor, los viejos, que digo, los jóvenes, han muerto por amor, es verdad, lo recuerdo, que existe, siento de nuevo, superhéroe soy, así soy, es solo que se me había olvidado…

Friday, September 09, 2011

La Cigueña

A los bebés los traen las cigueñas, es así y que nadie lo discuta, esta es la historia de una cigüeña francesa, si porque los bebés se encargan en París, es la historia de una cigüeña francesa que se arrechó y decidió echar un poco de vaina, esta es la historia de la cigüeña Lucille.

Como siempre ocioso un día me encontraba en mi casa mirando al cielo, me acordé de una vieja historia que me contaba mi abuela cuando niño de la única cigüeña rebelde y jodedora que el planeta conoció. Mi abuela siempre me dijo que en un lugar secreto entre las regiones de Languedoc-Rousillon y Provence-Alpes-Cote D'Azur se encontraba la sede del Servicio Mundial de Cigueñas, siempre me llamó la atención esa historia pero a medida que crecí como todos los humanos dejé de creer en las cigueñas cargando bebés en un trapo y me dediqué a vivir en el mundo de los adultos.

Nunca pensé que mi abuela me hubiera podido mentir, así que me embarqué en un viaje para descubrir dos cosas, una que efectivamente las cigueñas surcan los cielos llevando niños y niñas alrededor del globo terráqueo y por otro lado comprobar la existencia de Lucille.

Ya en Francia comencé a preguntar desde que llegué al aeropuerto, al principio todo resultó cuesta arriba, la gente se reía de mí al preguntar por las cigueñas y hasta limosnas me daban pensando que yo era un simple mendigo alucinando en la geografía francesa. Gracias a mi memoria logré recordar un lugar que mi abuela mencionaba cuando echaba aquella historia, "Le Capoul", se trataba de un restaurant en donde supuestamente el bartender conocía el camino y la clave para entrar en el Servicio Mundial de Cigueñas .

Adentro de "Le Capoul" me senté en la barra y pedí lo de siempre, agua con hielo, después de unos minutos le dije al hombrecillo "mire amigo, estoy buscando el Servicio Mundial de Cigueñas", el desconfiado francés respondió "yo no sé de que habla usted", le dije "mire señor por favor, yo necesito llegar allí", el bartender volvió a decir "loco, loco, usted está loco, y ni siquiera borracho porque lo que toma es agua". Ya perdiendo mi paciencia le dije "mire, como cree usted que se la historia de Lucille, ah?, si si la cigüeña echadora de verga", el rostro y la expresión del francés cambió de inmediato y se limitó a darme un papelito con unas instrucciones, le di las gracias, el bartender sonrió y se limitó a decir "que ocioso es usted."

Leí las instrucciones me subí a un taxi que me miró feo también cuando le dije adonde me tenía que llevar pero accedió y de pronto me ví parado enfrente de un galpón sucio y olvidado. Toqué el timbre y dije por el intercomunicador las palabras claves que me indicaban el papelito que me había entregado el bartender "bebé bebé aquí si es", la puerta se abrió y me transporté a un mundo completamente distinto, el contraste entre el feo galpón y el interior del mismo era indescriptible, en un pequeño escritorio estaba sentado un viejito que de inmediato pude saber que tenía toda su vida allí, me acerqué y después de saludar le dije "mire señor quisiera saber la historia de Lucille". El viejito sonrió y me dijo "pues bien, si ha viajado tan lejos no me queda otra que contársela, eso sí entrégueme el papelito con las instrucciones".

El hombre se paró de su silla y me explicó como Lucille había salido en una misión para llevar dos bebés, uno de ellos a Barlovento, otro a Frankfurt, en el camino esta cigüeña que nunca fue muy obediente decidió echarle una vaina a la madre naturaleza y dejó a Hans Dieter Schumann Aloff en Barlovento y a Eliecer Facundo Rodríguez Gómez en Frankfurt. La cigüeña a sabiendas de la cagada que había puesto decidió escapar a la clandestinidad y se instaló en una palmera en Cuba, eso era mejor que padecer el castigo por haber atentando contra la naturaleza que era llevar bebés gallegos por la eternidad.

Por supuesto el caos fue grandísimo prosiguió el viejito, usted podrá comprender que cuando los barloventeños vieron a aquel catire blanco como la leche y que además dormía a las horas, se tomaba su tetero completito, no lloraba y mantenía en perfecto orden su cuna las acusaciones en la familia Rodríguez Gómez saltaron de inmediato. Por otro lado que le puedo decir, usted sabe que cara pusieron los Schumann Aloff al ver a aquel negrito con el pelo chicha, que lloraba a toda hora, que desordenaba la cuna, que no se tomaba el tetero y pedía ron en vez de leche materna.

El viejito continuó "después de superar el caos inicial y como todo en este planeta las familias tuvieron que criar a sus respectivos muchachitos, aquí en el Servicio Mundial de Cigueñas no podíamos hacer nada por ellos pues nuestra clandestinidad tiene que ser protegida a toda costa."El Catire" como le decían al pobre alemán suelto en Tacarigua de Mamporal, no gustaba del dominó, no bebía caña, estudiaba a toda hora, mantenía su cuarto ordenado y cada vez que intentaba bailar tambores terminaba en el dispensario con la cadera salida de su sitio. Por su parte Hans Dieter no podía acostumbrarse al ritmo de vida alemán, quería tocar tambores, se paraba tarde, no estudiaba, bebía ron escondido y compraba discos de salsa erótica en una tienda clandestina en Nuremberg.

Como usted sabrá Policarpio me dijo el anciano aquí podemos ver todo lo que le pasa a todo el mundo hasta los cinco años, después de esa edad no volvemos a saber nada de los bebés que aquí enviamos al planeta. El hombre soltó una lágrima y me dijo "tenía tiempo sin tener un visitante, la gente no parece creer en estas historias, y nunca he podido enmendar el error causado por Lucille, ya me queda poco tiempo aquí, usted me podría ayudar?. Yo pensé para mi mismo "coño en las vainas que me meto yo por ocioso y metido", pero la verdad me dio dolor ver la cara del viejito que nunca había cometido un error mandando a un bebé al lugar equivocado y le dije "bueno esta bien, déjeme ver que puedo hacer para que estas familias al menos puedan ver a sus hijos reales."

La tarea no iba a ser fácil, no podía apersonarme pues el viejito me había indicado que todo tenía que ser realizado con mucho cuidado y cautela, así que decidí escribirles una carta a los dos, allí de una manera muy sutil les explicaba el porque de sus grandes diferencias con sus congéneres y en pocas palabras resumía que iban a tener que creerme para conocer a sus verdaderos familiares. Puse las cartas en el correo y sinceramente me olvidé del asunto, una mañana me desperté y leí el titular del periódico "Alemán con pinta de Barloventeño asesina a pareja de ancianos en Tacarigua de Mamporal". La reseña indicaba que este individuo que solo hablaba alemán había irrumpido en el rancho de los Rodríguez Gómez y los había asfixiado mientras dormían, dejando una nota en la cual decía que no les perdonaba que lo habían dado en adopción.

En la Comisaría del pueblo frente a frente se miraron, El Catire y Hans Dieter, el pobre alemán no podía creer lo que veía, el vivo retrato de su padre enfrente de él, igualmente El Catire veía también el retrato de su madre enfrente de él…

Wednesday, August 10, 2011

El Padre Gerardo

Conocí al Padre Gerardo cuando apenas tenía 10 años, aquellos días en los que soñar era gratis y las cosas cobraban sentido sin tener que pagar. Reconozco que me llamó la atención su manera distinta de vestir, su manera altanera de caminar, sus destellos de grandeza y de poca humildad, su deseo de gritarle al mundo que la vida era una realidad distorsionada, como su guitarra. Recuerdo que usaba el cabello largo, unos blue jeans pegados y una correa con una hebilla gigante que decía "Jesucristo", siempre muy pulida y reluciente. Como todo infante y además aunado a mi curiosidad eterna me le acerqué en un recreo cuando apenas comenzaba el año escolar. “Hola Padre” le dije, Gerardo muy amablemente pero algo sorprendido respondió "hola pequeñín y eso que me vienes a saludar?, “bueno Padre” dije yo, “es que la verdad mis amigos y yo no creemos que usted sea cura de verdad”. Gerardo se echó a reír y me dijo, “y por qué dices eso?, “bueno Padre nunca había visto a un cura con pelo largo, blue jeans y una correa con una hebilla que parece de cantante de rock arruinado.”

En ese momento a Gerardo se le iluminaron los ojos, se frotó las manos sudorosas y mientras miraba hacia el infinito y después de un largo suspiro dijo "Policarpio me has descubierto, yo soy un rockero frustrado, cura de profesión pero cantante de rock en mis entrañas". Yo con mis 10 años no lograba comprender exactamente lo que quería decir Gerardo con esas palabras pero como buen niño no le di mucha importancia. Antes de dejarme ir Gerardo me dijo, "ven acompáñame, te voy a mostrar algo interesante."

Caminamos hacia un salón que siempre permanecía cerrado y el cual siempre pensé guardaba un secreto incontable, un secreto de esos místicos, que perduraba a través de los años sin nunca descansar. Gerardo abrió la puerta y me encontré con un estudio de grabación, instrumentos musicales y todo tipo de artilugio que harían a un ingeniero de sonido ponerse envidioso de inmediato. “Padre que es esto? alcancé a decir, “pues nada” contestó Gerardo, “un estudio de grabación como lo ves, aquí practicamos los que tocamos la música en la iglesia durante las misas, no te creas no es fácil tocar esas canciones que ustedes pequeñines gritan a todo gañote y solo con la práctica se puede lograr la perfección”.

Gerardo agarró una guitarra eléctrica, hizo una especie de ritual con sus manos y se volteó la hebilla que decía Jesucristo, ahora la hebilla decía "Black Sabath", reconozco que para ese momento mis conocimientos musicales eran muy precarios y pensé que se trataba de alguna manera de llamar a Jesucristo y que todavía yo no había aprendido. Gerardo prendió un amplificador y comenzó a tocar su guitarra, empezó con una cancioncita de misa llamada "Los Caminos" pero poco a poco se fue transformando hasta que se retorcía por el piso gritando barbaridades en idiomas que variaban desde el latín, pasando por el esperanto y hasta en griego mientras "punteaba" su guitarra. Luego ya más calmado sacó de un baúl unos LP's de Iron Maiden y Judas Priest y los puso en un tocadiscos dentro del estudio. Gerardo me dijo "hijo el metal es el futuro de la música, por favor mantengamos esto en secreto pues tu sabes hay gente mal intencionada por ahí", yo me limité a sonreír y decirle "claro Padre, no se preocupe." Sinceramente salí de allí fascinado, hasta ese momento los curas para mi eran una especie de seres aburridos y distantes, pero Gerardo no era como ellos.

Como todos los Viernes en el colegio había una misa a las ocho de la mañana, todos los cursos se agolpaban en la iglesia para dar gracias al Señor por la semana. La misa transcurrió sin ningún evento, el Padre Fulgencio hablaba mierda sin cesar como siempre hasta que llegó el momento en que la banda debía entonar otra canción. Gerardo guitarra en mano dijo "1,2,1,2,3" y comenzó con las notas de "mi corazón es una caja de música donde Dios colocó su canción, mi corazón es una caja de música donde Dios colocó su canción", en ese preciso instante todo sucedió con mucha rapidez, Gerardo empezó a contorsionarse cual rockero poseído mientras unos rayos azules salían del micrófono, la estridencia de la guitarra era realmente desagradable al oído y la voz de Gerardo parecía aquella de una vieja histérica en una cola de automercado mezclada con gripe de diez días. El Padre Fulgencio gritaba "Ay Dios esta poseído, yo sabía que este cura que nos mandaron algo raro se traía, sálvalo San Pericles", las maestras rezaban y nos hacían rezar a nosotros también, a todas estas Gerardo seguía en su "baile" alrededor de la iglesia echando rayos azules y chillando cual perro que le pisan la cola, finalmente cayó al suelo justo enfrente mío, el pelo se le había quemado, echaba humo por las orejas y sus ojos parecían perdidos en la inmensidad del universo.

Todos los curas del colegio se acercaron y gritaban oraciones para sacarle el demonio de adentro y le echaban agua bendita, Gerardo me miró y me dijo "coño se me pegó el cable de la guitarra con el palo del micrófono", los curas seguían llenándolo de agua bendita y de oraciones sin importarles lo que aquel pobre hombre decía, solo se limitaban a hacer comentarios como "el satánico este", "Dios castiga a los seguidores del diablo", "hay que llamar al Vaticano para que lo excomulguen".

De pronto aparecieron unos paramédicos y la policía, subieron a Gerardo a una camilla fuertemente custodiado, el Padre Fulgencio les dijo "cúrenlo y luego métanlo preso, este hombre no merece pertenecer a esta congregación". Yo asustado y confundido por todo aquello trataba de explicarles a los curas que el pobre Gerardo no era satánico y que simplemente había sido víctima de un cortocircuito pero nadie me hizo caso.

Cuando se llevaban a Gerardo alcancé a ver la hebilla de su correa, esta vez decía "El Infierno espera por ti"…

Tuesday, July 12, 2011

Pa' loco estoy yo...

“Es tu cara, eso es, es esa cara que pones”, así gritaba en tono enfurecido aquella mujer que se encontraba sentada en la mesa justamente al lado de donde yo trataba de tomarme una Coca Cola muy fría. Los humanos somos curiosos por naturaleza, unos más que otros, el que no siente curiosidad pues muerto en vida está. Por más que traté de evitar concentrarme en la conversación, bueno quiero decir, en la gritería que aquella dama le tenía montada a aquel caballero, con cada palabra que pasaba más atención ponía, eran días de aquellos, de esos cuando era superhéroe y el mundo estaba para salvarlo.

“Esa carita, ves?, no te das cuenta, pero vale, quien se aguanta esa carita”, “pero Elvira” respondía el caballero “cual cara?, de que hablas?, esta es la única cara que tengo”, “no, no, no te me hagas el loco Juan Manuel, tu sabes de que cara hablo, esa que pones, la cara, la cara pues”. A cada momento me acercaba más a la otra mesa, con movimientos sutiles y precisos, arrimaba mi silla con la sola intención de darle claridad en mis tímpanos a toda aquella alegoría a la necesidad humana de armar peos por doquier. “Ves? ves?, repetía Elvira, “es que hay que ver vale, tu y tu cara, chico, increíble, es la carita de siempre”.

“Me cansé, me cansé de tu cara, es que no ves que me pone de mal humor?, no te das cuenta chico” gritaba la dama mientras hacía aspavientos con sus manos muy bien arregladas y cuidadas. “Esto no lo aguanta nadie, esa cara, quien ha visto?, en donde se ha visto?, pero bueno, esa carita, esa misma, ves? ya la hiciste otra vez”. “Pero Elvira vale” decía el hombre, “que cara?, ya te he dicho mil veces, es la única que tengo, no existe otra”, a todas estas el agobiado caballero se tocaba sus facciones con desespero tratando de buscar algún cambio en ellas que motivara a la dama a insistir en su cara con tanto alboroto.

“Baja la voz Elvira”, repetía Juan Manuel, “por favor chica, estas armando un espectáculo, no te da pena?”, “a mi no me da pena nada chico, nada, a mi no me da pena” gritaba la agresiva mujer aún con más desesperación que antes, “además ya ves, ya hiciste la cara otra vez, es que esa carita vale, hasta cuando, imposible, esa carita de verdad me enerva Juan Manuel, quítala vale, quítala de inmediato”. “Escúchame Elvira, es que no se de que cara hablas” decía el hombre mientras hacía muecas tratando de encontrar la cara precisa para satisfacer a su mujer, o por el contrario enfurecerla más.

“Toma chico, no quiero esa pulsera, no la quiero, mientras tengas esa cara no quiero tus regalos” gritó con un alarido digno de película de terror la damicela, el hombre quien ahora se agachaba a recoger la pulsera que había caído al piso estableció contacto visual con mi persona, hizo otra mueca como tratando de excusarse por la conducta salvaje de la mujer y volvió a retomar la conversación. Yo traté de no mirarle, hacerme el loco, bueno cosa que no es difícil para mi, pues loco soy, pero aquellos ojos de aquel hombre decían todo y nada a la vez, sin darme cuenta ya prácticamente estaba sentado con aquella pareja, con aquellos humanos que jugaban su juego, el de herirse sin sentido.

“No me des ni un regalo más” decía Elvira, “ni uno más, porque te devuelvo esa vaina, o cambias la cara, o te metes tus regalos por el bolsillo”, “pero Elvira, tranquilízate por favor” argumentaba el caballero, “cálmate, por favor, te va a dar un infarto, una cosa, un no se que, algo chica”. “Yo no me calmo un carajo” decía Elvira mientras sacaba unas camisas de una bolsa y se las tiraba en el piso al hombre, “yo no quiero tus regalos, o cambias la cara, o no quiero regalos, regalos, cara, cara, regalos, ves?, me entiendes?”. “Pero Elvira, recoge esas camisas, no te da pena con el señor?”, el señor no era otro que mi persona, quien ya por asomado había pasado a ser parte de aquel dúo infernal, aquel monumento a la discusión, aquella obra de teatro que nunca iría a ver.

“El señor está en lo suyo, no lo metas en esto, además, fíjate el no tiene esa cara que tienes tu” gritó la desesperada dama, “Elvira, baja la voz, baja el tono”, “disculpe señor” me dijo Juan Manuel, “discúlpela a ella, está pasando por un mal momento, usted sabe”. “Mal momento?, mal momento vas a pasar tu Juan Manuel, mal momento vas a pasar cuando te deje por no quitar esa cara, si, ves?, esa misma, la misma carita”. “Elvira, basta, calma, cordura por favor, el señor nos está mirando”, “mire señor” me gritó la mujer, “usted le pone esa cara, veála bien, esa que tiene este tipo, usted le pone esa cara a su mujer?, dígame, usted se la pone?”

Petrificado pues ahora si estaba metido de lleno en aquel desastre natural miré hacia arriba, la dama insistía en que mirara al hombre para verle su cara, yo seguía tomando mi refresco y el hombre trataba de captar la atención de Elvira para quitármela de encima. “Dígame pues” gritaba enfurecida la dama, “usted cree que hay derecho a que tenga esa cara?, y me la pone a cada rato, que le parece?”, “Elvira, por favor, el señor no tiene nada que ver en este asunto, por favor, cálmate” decía Juan Manuel. El hombre me veía y hacía todo tipo de muecas tratando de disculpar a la enfurecida mujer quien estaba poseída en su cruzada contra la cara de Juan Manuel.

“A te vas a poner del lado del macho no?,” me gritó la mujer, “claro, seguro que tu también le pones esas caritas a tu mujer, por supuesto, es que todos lo hacen, la carita, la carita, esa misma, ves?, ya la pusiste”, en ese momento ya no solo el hombre tenía la cara, sino yo también, por supuesto todo de acuerdo a Elvira. “Míralo a él” decía Elvira refiriéndose a mi, “ya puso la carita también, es que todos son iguales, hacen lo mismo, igualitos, cortados con la misma tijera, la carita, si, si, esa misma”. A todas estas yo no sabía de que cara me hablaban, la única que tengo es la que ofrecía, así soy, contra la genética no puedo luchar.

Juan Manuel se disculpaba constantemente con mi persona mientras la enfurecida dama ya había volcado su ataque no solo contra el hombre sino contra mi con igual intensidad. A todas estas yo permanecía callado pues cuando no entiendo de que habla la gente prefiero no proferir una palabra so pena de quedar como un idiota sin destino. “Juan Manuel, haz algo, quita esa cara, no ves que el tipo este me puso la carita, no lo ves?,” chillaba Elvira, en ese momento ya la cara de Juan Manuel no importaba para Elvira sino la mía era la que la molestaba, el hombre todo apenado trataba de calmar a su mujer, yo reconozco que me sentía con ganas de reírme, y la dama con el pasar de los segundos subía el tono de su voz.

“Cual cara?”, le dije, “de que cara está hablando usted?, cual es la cara que puse?”, me decidí a decirle con ánimos de poner fin a aquel nefasto incidente en el cual estaba metido. “Ay si, ahora te me vas a poner así” dijo la dama, “viste Juan Manuel?, el tipo me pone la cara y además se hace el loco”, “mire señora” dije, “yo no se de que habla usted, esta es mi única cara”, “no, no, no me vengas con ese cuento” gritó Elvira, “que sabes que me pusiste la carita, la carita esa, la típica, la clásica”. Juan Manuel seguía disculpándose por el ataque de la dama y yo simplemente disfrutaba ver todo aquel show, de gratis y además que me ayudaba a convencerme de muchas cosas que años atrás había entendido.

Saqué una máscara de payaso que me había comprado, me la puse en la cara, “y ahora?” le dije a la mujer, “todavía tengo la carita esa?, dígame pues”, la dama sorprendida por mi proceder miró a Juan Manuel y le dijo “ves, ves, si tu tuvieras una máscara no tendríamos problemas”. Me quité la máscara y se la di al hombre, quien de inmediato se la puso, la dama quien había cambiado el semblante le dio un apasionado beso al caballero, por encima de la máscara por supuesto, “te amo mi amor” sentenció. Se volteó y me dijo “gracias por la máscara guapo, ves que ahora ya no tiene la cara, y de paso mijo, quita esa carita tu, que ya la pusiste otra vez."

Me levanté de la silla, deambulé por aquel centro comercial, entré a la tienda de disfraces y me compré otra máscara, solo que esta vez no era de payaso sino de la famosa cara de la que hablaba la mujer…