Friday, August 11, 2006

Pobre Niña Rica...





Pierina Carolina Piñeiro Gómez nació en los meses centrales del año 1978, así creo recordar, pues cada vez que pienso en esta historia mi infalible memoria parece resquebrajar. Hay quienes mantienen que los seres humanos nacen buenos o malos, otros difieren diciendo que es lo que los rodea lo que les hace ser unas cagadas o unas monjas de la caridad. Yo simplemente pienso que cada quien sabe que es lo que está bien y que es lo que está mal, y si bien es cierto que las circunstancias pueden jugar un papel importante, todos los que aquí habitamos y por mas poca conciencia que tengamos estamos al tanto de si estamos caminando por la senda correcta o por el contrario nos estamos defecando en la madre de los demás.

Pierina, si es que me desvío a veces, la linda muchachita abrió sus ojos a un mundo lleno de injusticias, que ella no había construido, pero del cual ahora formaba parte. A veces hay gente que se dedica a hacer justicia, o lo que ellos piensan es justo. Cuenta la historia que a Pierina sus acaudalados padres le enseñaron lo que era la justicia, y por eso siguiendo al pie de la letra los consejos de tan dotados seres ella hizo justicia. Pierina era hija de un ladrón afamado, no ladrón de carros, ni atracador de viejas, simplemente de esos ladrones que pululan el planeta, uno más de esos. Su madre, una vieja sin destino pero con todo el poder que el dinero podía comprar era un asalto a la razón de cualquier ser pensante, pero a fin de cuentas era su madre.

Creció teniéndolo todo, si es que podemos darle a la definición de tener todo un matiz que implique que no pasaste trabajo de ningún tipo, puesto que siempre nos falta algo, y usualmente la fuerza arrolladora de las posesiones no puede comprar ese pequeño detalle. Esta historia no es divertida, mucho menos entretenida, es solo un reflejo de aquello que fue, de cómo en un dos por tres te cambia el existir, no es mas que darse cuenta que hacen falta muchas cosas para aprender a vivir. Artes distintas se van aprendiendo a lo largo de todos los momentos, algunas duraderas otras perecederas, y otras capaces de mover la tierra entera, si Pierina pudiera volar en el tiempo cambiaría solo una cosa, su existencia digo yo pues la verdad es muy penosa.

Luego de una aventura pasajera en la cual aprendió los placeres de estar libre el poder de su ascendencia le hizo regresar, voluntades encontradas, a la jaula encerrada. Parece mentira, pero aún los más poderosos en este mundo necesitan una llave que les permita abrir el cofre, encontrarla no es tan fácil, es solo que una vez en sus manos, pues se llevan por enfrente a todo, incluyendo al ser humano. Pierina estaba consciente que era un títere de sus padres, pero vendió una promesa a cambio de volar, de irse lejos para nunca regresar. Sus deseos escuchados, pues sin mucho esfuerzo consiguió lo que quería, una visa para un sueño, un pasaje a la hipocresía.

En aquella iglesia y con el Altísimo como testigo, Pierina sellaba su destino, una vida lejos del agobio incesante de unos padres intolerables, un sueño esquivo hecho realidad, conseguir lo que se quiere a toda costa y sin mirar, es que somos lo que somos y no vamos a cambiar. Ya me extrañaba a mi que viniendo de una estirpe de bandidos Pierina no hubiera tenido una agenda oculta para avivarle los sentidos, una vez obtenido el trofeo lo que venía era una cortina de humo, un vaivén en alta mar, ver los días pasar hasta que llegara el momento de alzar las velas y nunca más mirar atrás.

Como todo en este planeta, siempre hay una caída, esa piedra en el zapato que nos fastidia el existir. Engañando como le habían enseñado ya tenía su preciado, pero es que el poder no ha entendido que su fuerza arrolladora puede con todo lo que está a su paso pero no con la voluntad del ser humano. A Pierina poco a poco le fueron haciendo ver que en la vida la materia viene y va pero hay cosas por encima, son sublimes, intocables, y por ende entrañables. La lucha interna no se hizo esperar, es que a donde pertenezco le escuchaba preguntar, es acaso que el vacío es bandera de mi seguir o por el contrario aquello que no puedo ver pero que siento en mi andar es el ancla de mi vida es el todo es estar.

Hago un alto en la historia y me pregunto que sentirá Pierina, humanamente no lo puedo saber pues no he estado allí, que será de aquellos sueños y de su venganza al caminar. Su transporte nuevo llenará sus horas ciertas o por el contrario agobiará su recordar. Sus mentiras a su lado o quizás en el pasado, de que ha servido destruir si al final te han dejado ir. Lo que tienes no es tuyo, de eso puedes estar seguro, agárralo con fuerza pues el viento soplará y sin darte cuenta el futuro que planeaste desaparecerá. Yo no se si allá piensan o recuerdan es solo que hay momentos en que quisiera saber si el odio que llevabas se ha ido al trascender.

Sin ninguna explicación y con visa en la mano Pierina decidió ponerle fin al legado, hizo gracia y morisqueta le salió, puedes tener todo el poder pero aquí hay quienes no se dejan joder. Contenta y feliz por haber diseñado un plan para aplacar lo indomitable regresó por el camino que le había enseñado su madre. De haber sabido Pierina que hay almas incomprables sin lugar a dudas que caso omiso hubiera hecho a las ordenanzas de sus padres, pero así es este planeta no sabemos ni siquiera cuando tendremos que dejarle, mucho menos si estamos o somos algo imaginable.

Un tiempo transcurrido y segura de haber logrado su trazado Pierina se regocijaba de haber amedrentado al ser de su lado, con poder todo se logra pensaba para ella, equivocada estaría pues la mente vuela alto, mas allá de las fronteras, de las trampas de sus padres, es que Pierina no sabía que la libertad no es domable. Esbozando un segundo plan para salirle al paso a la asonada del culpable, inquirieron a la justicia para borrar lo desagradable, lo correcto es una cosa lo sinverguenza es ya otra, el robar está penado no aquí abajo como creen, despojar sin compasión no es amigo del perdón.

Lograr lo que había siempre anhelado le costó solo unos años de desagrado, la permanencia es efímera la maldad es constante, para Pierina vengarse era sumamente importante. Despojando poco a poco de todas sus posesiones Pierina reía al compás de los bemoles, es muy fácil hacer justicia cuando se miente al contrincante. Después de haber obtenido su visa del futuro el desecho estaba listo a la orden y no es todo, pues no es solo un bocado de la torta que se quiere, es llevarse cantidad sin pensar en si se hiere, destruir, romper también, la decencia se desvanece en segundos si te escudas en otros para complacer tus malas obras.

Pierina hizo lo que tenía que hacer, no se le podía pedir otra cosa, complació a sus padres y a ella misma. Robar, es un término suave, para lo que realmente hizo Pierina, pero así me han contado la historia, robar al prójimo, aún a sabiendas que no está bien. La conciencia pesa, y sobretodo en las noches, cuando la cabeza encuentra la almohada, cuando el silencio se acostumbra a acompañarte. Caminando sigilosamente hacia el baño y siguiendo las instrucciones de un prestidigitador del futuro se encaminó a la bañera llena de agua de rosas, con pétalos que adornaban el ambiente, lentamente entró a la misma para seguir con su vida. A veces olvidamos lo que somos en el fondo, puede ser que lo ocultemos, o que simplemente lo camuflamos, pero quien a hierro mata a hierro muere, así el jabón hizo que Pierina volara para caer en aquella cama de rosas, en donde su sangre se confundió con los pétalos para volverse uno, para hacer justicia…

Friday, August 04, 2006

Difuntos


Todo empezó una calurosa noche, de esas en las cuales debes quedarte en tu casa y simplemente dejar que las horas pasen, todo empezó aquella noche en que bajé del puesto en donde me había escondido para llevarme a mi mismo y lidiar con lo incompresible del andar humano. Desde ese primer día en donde veo todo aquello se que ese es mi destino, que he de morir allí, que hay situaciones que aún a sabiendas que atentarán contra nuestras fibras vamos a tener que enfrentarlas, o no?, sería mejor huir, esconderse, refugiarse bajo las sábanas, evitar lo inevitable. Hay días en que me reclamo a mi mismo haber dado el paso con conocimiento de causas, hay otros en que acepto que soy un ser humano.

Abrí los ojos al compás del ruido de la respiración de esas voces que siempre me acompañaron, esas voces que te recuerdan que hay gente que nunca te abandonará. A los pies de mi cama, un periódico, como todos, con un titular, es solo que esta vez llevaba un mensaje claro. Una centella enviada para recordarme el porqué de mi estadía, todos los mundos, cualquier galaxia, tiempo o espacio poseen un equilibrio, hay quienes juegan con los buenos, otros defienden a los malos, un gran grupo solo observa, plácidamente, la manera como se mueven las fichas, en la búsqueda infinita de regocijarse al enterarse del veredicto final entre los que luchamos por el bien y los que propagan el mal por doquier.

La anciana del vicio, el ladrón de almas y la mentirosa traslúcida habían escapado, eso decía el titular, esa realidad hizo que brincara de la cama, el trío enfermizo vendría a buscarme, con su clásica sed de venganza, esta vez para una batalla final. Los superhéroes siempre creamos enemigos a lo largo de nuestras vidas, corrijo, ellos son creados en la fábrica de mierdas desechables del universo, es solo que usualmente tienen larga vida y todo el poder magnánimo del dolor humano para inyectar gasolina a sus deseos de destrucción. Enemigos de vieja data, mercaderes del mal, capitanes de la irracionalidad, monumentos al terror natural, eso eran, el trío asqueroso, son uno, son todos, y muy belicosos.

Estoy sentado en una silla, solo llevo una lista, siempre me han gustado las listas, más aún cuando contienen elementos para defenderme. Vienen uno a uno, esperan su turno revolcándose en la mierda de su existir. Recuerdo como me han hecho saber que el mal se canaliza fácilmente, el bien es solo cuestión de algunos. Yo se a que han venido, ellos saben porqué estoy allí, es solo que hay momentos en los cuales preferiría haberme escondido, pero allí me doy cuenta que alguien debe prestarse para recordarles a los bandidos que no están solos en el universo, que habemos quienes no nos doblegamos ante tanta maldad junta.

Siento el viento clásico que solo hacen las brujas cuando se acercan a toda velocidad en sus escobas malolientes, bazofia andante, pedazo de hiel, cerebro ausente en todo su ser. “Mi nombre, exijo me llames por mi nombre” dice la vetusta escaramuza, yo observo cada movimiento que hace con detenimiento, “sabes porque estoy aquí?, pregunta la vieja podrida, no me deja contestar y prosigue “quiero todo, todo de ti, llevármelo, para esconderlo en el basurero de mis sueños, para destruir tu andar.”

Hago el intento de hablar pero no me lo permite, enciende un tabaco oloroso, y despide su fétido humo hacia mi cara, grita con desesperación al ver que no llama mi atención, “porqué no te doblegas?,” vuelve a gritar mientras clava sus amarillentas y putrefactas uñas en mi cachete. “Para que has venido?, logro decir, “ya te lo dije” grita la viciosa. “Podrías decirme para que has venido? repito nuevamente, “mi nombre, quiero que me llames por mi nombre, que digo, quiero todo, todo, eso creo, mi nombre” grita desconcertada la anciana, vuelve a atacar con gritos aguerridos “todo, todo, debo llevarme todo, lo que no es mío pero me pertenece, lo que es tuyo pero no mereces tener”. “Vuelvo a preguntarte, para que has venido? le digo, ya la enfermiza y descerebrada solo balbucea que quiere la llamen por su nombre, el cual desconozco, le miro a sus ojos tristes y acabados, solo alcanzo a decirle “vuela lejos y no vuelvas, en mi mundo no hay cabida para el odio de tu nombre.”

Estoy sentado en una silla, solo llevo una lista, siempre me han gustado las listas, más aún cuando contienen elementos para entretenerme. Escucho los pasos falsiformes del ladrón, a veces rápido, a veces sigiloso, pero nunca mostrando su verdadero caminar. Saca cuentas a toda prisa pues no puede perder, acaso sabe lo que es ganar?, me insulta mientras sonríe, su odio se ve reflejado en su mirada vengativa. Saca unas monedas de su bolsillo, me pregunta en tono burlón, “cuanto vales?, me limito a mirarle, no respondo, aún no, “cuanto cuesta tu alma Policarpio?, vuelve a preguntar el ladrón, no obtiene mi respuesta, “cuanto cuesta comprarte Policarpio?, cuanto por ser el dueño de tu existir?, yo tengo muchas monedas como ves, cuanto vales amiguito?" continúa diciendo en tono asqueroso, convencido que seré uno más de sus secuaces, otra alma comprada por su poder.

Me saco una moneda de mi bolsillo, la última que me queda, se la entrego, el ladrón se regocija de tener una moneda más en sus arcas, ahora me dice, “la quieres?, quieres la moneda?, te la devuelvo pero si vendes tu alma, a mi persona, mi avaricia es ilimitada, soy una cagada, pero cagada con monedas, te vendes Policarpio?”. Contemplo aquel espectáculo doloroso, aquel pobre espíritu frente a mi, midiendo en monedas, buscando comprarme. Me pregunta si tengo más monedas para darle, revisa las suyas y las cuenta de nuevo, tiene una nueva se siente mejor, tener más es su condición, pisar y humillar es su diversión, le miro a los ojos y digo tranquilo “te olvidas imbécil que las urnas no tienen bolsillo, me quitas ahora, te llevas después, es solo que tu infelicidad límites no tiene, por más que trates siempre sabrás que nunca pudiste usar tus monedas en pro de llevarme”.

Estoy sentado en una silla, solo llevo una lista, siempre me han gustado las listas, más aún cuando contienen elementos para hacerme feliz. Escucho la voz de la mentirosa traslúcida, engañosa, tenebrosa, llena de elementos que ella sabe se alejan de la verdad pero que debe evocar con el fin de dañar. Es un títere manipulable, un peón a las órdenes de la cochinada. Ha crecido en la venganza, ha usurpado la esperanza, ha movido la balanza, ha molestado al que al final tocará la danza. Aparece de pronto, para amenazarme, su alimento constante, “Policarpio he venido a robarte, quitarte, desposeerte, todo he de llevarme, mi fuerza es directamente proporcional a la materia que tenga, adentro vacía, por fuera hermosa, dame tus cosas insolente paladín, no puedo arriesgarme en caso de sobrevivir.”

“Tómalo todo sucia piltrafa” alcanzo a decir, “llévalo lejos, muy lejos de mi, mío no ha sido pues no crezco de la posesión, mi espíritu crece en otra dimensión, tu necesidad palpitante por lo inanimado ha hecho sin dudas que me escape de tu sudoroso lado”. “Mutuo acuerdo has engañado, no me esperaba menos soldado, el plan con cuidado has desarrollado, la trampa mortal has querido poner, sin darte cuenta te has pisado el papel, tu truco vencido sobre ti caerá, no esperes venganza pues no llegará, lo mío era tuyo, lo tuyo del diablo, doy gracias al cielo de no verte más, yo espero tranquilo, sin mucho afán, pasado es pasado y así quedará.”

Estoy en el novenario, en el noveno rito, el último, la despedida a los difuntos que se han ido, pido una vez más por sus almas putrefactas, sonrío en mi interior al saber que no están. Finalmente venzo al sueño y despierto, ha sido una pesadilla, no podía ser de otra manera, en el mundo de los humanos no existen seres tan macabros, aunque debo confesar que yo los conocí. Solo me quedó sonreír pues la mentirosa traslúcida, el ladrón de almas y la anciana del vicio han permanecido en el olvido, al menos, en el olvido de la realidad, desde que comprendí que la justicia humana es de todos pero la divina es de quien la espera con paciencia…

Friday, July 21, 2006

Universitas Mefistofelias

La vida tiene sus cosas, nosotros también las tenemos. El caminar tiene defectos, nosotros también los tenemos. Todo se ordena poco a poco, con el pasar de las horas, y si no se ordena pues el remedio no ha sido inventado. Pasaban los días al igual que siempre, yo simplemente seguía las coordenadas que la voluntad superior imponía sobre mi andar torcido, mientras unos pierden el tiempo, otros juegan a creer que lo esquivan, pero el amo de todo pasa, dejando huellas, marcando, y recordándonos que vamos y no venimos aunque muchos difieran en esto.

“Policarpio, Policarpio”, gritaba mi madre, yo apenas abría los ojos ante una nueva mañana, los ladrones se habían llevado cosas materiales, pero nunca mi dignidad. “Hijo, te acuerdas que tienes que pasar hoy por la universidad”, yo de un brinco me paré exaltado, hace tiempo ya había salido de la universidad, estaría metido en otra de mis pesadillas concurrentes o de que se trataba esto. Mi madre asomada en la puerta de mi cuarto, y sonriendo al ver mi cara de susto, se limitó a decirme, “no, no es a tu universidad, es a la otra, te acuerdas?.

Mi mente apenas volviendo en si, comprendió que debía pasar por aquella universidad para recoger un certificado, una simple medida burocrática de esas que imponen, de esas que simplemente inyectan vida a seres como yo. Luego de estirarme, saludar a mi perro y recordarle a mi loro que no podía ser tan grosero como su amo me vestí de manera casual para dirigirme al recinto de estudios. Al pisar la calle, me di cuenta nuevamente que el mundo no espera por nadie, es solo que debemos decidir si jugar o no, es solo que a veces la vida se nos muestra oculta cuando tienes enemigos por doquier.

Al llegar a la majestuosa casa de enseñanza me dirigí de inmediato a las oficinas centrales. En los jardines espaciosos los estudiantes reían y se movían en la danza de la irresponsabilidad. Algunos caminaban cargando libros, otros repasaban apuntes de última hora, otros y con paso lento disfrutaban de una mirada de esas para el recuerdo, como siempre habían los que simplemente pululaban en busca de obtener conocimientos por ósmosis. Recuerdo era un viernes, se podía sentir en el ambiente que las almas que allí habitaban esperaban con recelo la libertad de dos días de descanso.

Mi curiosidad es infinita, quizás es parte del ocio, o no se que razón pueda darle ahorita. En mi andar hacia donde tenía que ir escuché unas voces provenientes de un salón de clases, asomado por la ventana pude ver a un profesor calvo, con cara de banquero bandido que impartía sus conocimientos. Aprovechando el desorden reinante en esa universidad abrí la puerta con disimulo y me senté en un pupitre al fondo del salón. El impartidor de conocimientos no perdonó mi entrada tardía, y sin pensarlo formuló una pregunta, “a ver, usted, el que llegó tarde, como podemos probar la realización investigativa macro-anual de la tasa cambiaria en materia de balanzas de pagos?

“Coño”, pensé para mi mismo, “quien me manda a meterme aquí”. Después de aclarar mi garganta contesté “pues mire profesor, de acuerdo a la teoría de McCloud todo depende la variabilidad de la inmersión retroactiva del producto interno bruto, ahora bien, Rodríguez Alcázar opina que varía según la volatilidad de la paridad puntual de los mercados anexos, pero yo, pues mire yo pienso que todo está en ser como usted, un ladrón de cuello blanco”. El hombre quien no daba crédito a lo que escuchaba me miraba enfurecido, sin pensarlo dijo a sus alumnos “este debe ser otro loquito que no tiene nada que hacer con su vida y que estudia tres carreras a la vez mientras aprovecha para alimentarse en los comedores gratuitos de la universidad”. El hombre con capa de hierro continuó con su clase sin siquiera pedirme que me retirara.

Al voltear la mirada me encontré con aquellos ojos amarillos, color extraño para un iris, pero existente como todo en la naturaleza. Sonrió, en un principio, luego volvió a su cara de pocos amigos, ella quería reírse por mi osadía pero su ego interno no le permitía actuar así. La clase prosiguió su curso, sin darme cuenta estaba rodeado por un grupo numeroso que sin dar cuenta de lo que el profesor decía hablaban sin parar de la reunión del grupo para más tarde, yo me limitaba a mirarles con cuidado, mientras hacía garabatos en un papel, hablaban en clave, mi vida es un acertijo, por ende, me apasionan las cosas por resolver.

De pronto, y sin aviso, la dama de ojos amarillos me pasó un papel que decía, “la UCV es del pueblo…”, yo simplemente y acordándome de un viejo cantar que repetían en mi casa escribí “no de la policía”. La mujer de inmediato sonrío, y me devolvió la nota asegurándome que ese día las cosas se iban a poner interesantes. Yo no tenía ni la más mínima idea de que hablaba ella, yo simplemente y como suelo hacer seguí la corriente de lo que me presenta el día a día. Una última nota decía “un placer tenerlo por aquí Doctor Exterminio”, yo me limité a asentir con la cabeza, pero yo de exterminador no tengo nada conocido.

La clase llegó a su término, el profesor se me acercó y con cuidado para que nadie le escuchara me susurró que no volviera por ahí pues podía arruinar su reputación, él y yo sabíamos que era un asaltante de carretas, el hombre me mostró una pistola que llevaba en la cintura, yo le hice una seña garantizándole que nunca más me vería por allí. Seguí al grupo que hablaba de la reunión famosa, se acercaban y me daban la mano y hacían reverencias, sin lugar a dudas esta gente estaba equivocada, pero yo les seguía su juego agradeciendo los gestos y alabanzas para conmigo.

Sentados en un círculo en uno de los jardines de la universidad el grupo de cinco individuos, dos mujeres y tres hombres afinaban los detalles del evento que se llevaría a cabo esa noche. Yo no comprendía nada y me limitaba a soltar frases como “si que nos vamos a divertir”, “el mundo está trastornado” y “la vida es una sola” a lo cual los cinco estudiantes respondían con un fuerte “si señor”. Al pasar un rato los individuos se pararon y decidieron retirarse para volverse a encontrar al atardecer en el Aula Magna, la muchacha de los ojos amarillos me dijo que ella me acompañaría hasta ese momento que podíamos hacer lo que yo quisiera.

Sin pensarlo mucho la invité a comer, fuera del recinto universitario, ella hablaba de sus cosas y su vida, como si me conociera desde siempre, yo simplemente reservado me limitaba a mirarle fijamente. “Hemos esperado mucho para este día, de verdad es un honor tenerte aquí” decía la fémina, Lisa, ese era su nombre. Hablamos por horas, esperando el atardecer, ella a veces esperaba una respuesta de parte mía que simplemente no podía llegar, pero siempre le daba la vuelta y pensaba que yo era tan humilde como se lo habían descrito. Confieso que estuve a punto de acabar con la farsa e irme a mi casa, pero a veces solo a veces siento que debo hacer mi tarea.

“Y eso que tu no estudiaste aquí en esta universidad?, preguntó Lisa, yo sin saber que decir le eché la culpa a una máquina lectora de exámenes de admisión que gracias a su desperfecto había arruinado mi puntuación haciendo que terminara en una universidad distinta. “No te creo”, dijo ella, “tu debes ser de esos clasistas”, yo sin inmutarme por aquel comentario me limité a contestarle que sus ojos tenían la mezcla más espectacular de colores que había visto en mi existencia, ella sorprendida se limitó a sonrojarse, y del tiro olvidó su comentario incisivo.

Parados frente al Aula Magna y con el sol desapareciendo en el horizonte nos encontrábamos en espera de la señal. La señal que yo no sabía que era pero señal al fin, de pronto una bandera roja se apreció a lo lejos, cerca de un edificio en donde quedaba la escuela de medicina, hacia allá nos movimos rápidamente, a veces pienso que debería quedarme en mi casa y no meterme con nadie. En la facultad de medicina nos recibió una dama de facciones delicadas, ella sin mirar a los otros se me acercó y me extendió la mano, “un placer tenerlo aquí, que el exterminio comience”.

En ese momento recordé viejas historias que hablaban de laboratorios secretos en aquella universidad en donde experimentaban con humanos. La verdad no quise darle vuelo a mi imaginación para no levantar sospechas, pero las gotas de sudor me rodaban por el cuerpo. Subidos en un ascensor nos movimos hacia uno de los sótanos, al abrirse las puertas sentí el olor a eter penetrar mis entrañas, al llevarme la mano a mi bolsillo trasero pude notar como mi china no me acompañaba, después de unos pasos más y unas cuantas introducciones entramos al fastuoso laboratorio.

Adentro había cinco estudiantes de cada carrera, todos llevaban batas blancas y un emblema cocido a las mismas que no pude distinguir de inmediato. Luego de un rato en donde se afinaban detalles, un individuo de barba y cabellos largos se subió a una especie de podio que había en el lugar. “Muy buenas noches”, dijo “estamos reunidos aquí para llevar a cabo nuestro plan de tomar posesión de las instalaciones universitarias para finalmente hacer que el gobierno ceda y todos nos podamos graduar en un año de cualquier carrera, eso de estudiar cinco años es una lata, por eso hemos invitado al Doctor Exterminio a quien le damos un gran aplauso”.

Los aplausos hicieron que me levantara de la silla, algunas féminas gritaban “cásate conmigo”, otras lloraban y se desmayaban, y los hombres gritaban a todo gañote que finalmente tomarían por asalto la universidad. El hombre subido al podio pidió calma y cordura y sin esperar ni un minuto más ordenó que trajeran la carnada viva. Mis ojos no podían creer al ver a un profesor o profesora de cada una de las carreras atados a unas camillas y con cara de susto eterno. Pude distinguir al profesor que me había amenazado horas antes y la verdad que por él no sentí lástima en ese instante.

“Doctor Exterminio”, dijo el moderador, “pase adelante y por favor cumpla con su misión”. Yo sin saber que carajo debía hacer me subí al podio y proferí unas palabras mientras pensaba como hacer para escapar de aquella locura. “Buenas noches, estimados camaradas” les dije, “como ven, una cosa es querer, la otra poder, pero al mezclarse estas logramos cosas inimaginables, somos capaces de obtener lo que deseamos, y hoy pues, vengo a ayudarles para poner fin con el maltrato a que son sometidos los estudiantes de esta magnífica casa de estudios, queremos graduandos en un año y clases solo dos días a la semana”.

El laboratorio rugía, todos aplaudían eufóricos, y yo simplemente seguía sin hallarle solución a aquel honor a la demencia. Se me acercó un tipo que cargaba una sierra eléctrica y haciendo una reverencia me la entregó. Yo ni corto ni perezoso la puse a andar y cada vez que la aceleraba los pobladores del lugar gritaban con más fuerza, me fui acercando a cada uno de los profesores quienes me miraban aterrados, por último me paré enfrente del profesor de economía a quien en tono muy bajo le dije, “no se como coño vamos a salir de esta”. Con la misma le metí un sierrazo al hombre que cortó su chaqueta, luego le corté el cinturón que traía ante la mirada confusa del villano. Así fui poco a poco cortando las ataduras de los profesores mientras gritaba “para que sufran más perros inclementes”.

Sin pensarlo solté la sierra hacia donde estaban sentados los estudiantes, tomé la pistola con que había sido amenazado y comencé a echar tiros. Los estudiantes que pensaban que esto era parte del show gritaban con alaridos propios de película de terror, luego de crear el caos pues decidí disparar hacia unos potes llenos de órganos humanos disecados, les indiqué a los profesores que debíamos escapar, tomando un fósforo lo lancé hacia el líquido derramado que se prendió en fuego al instante, aquel cuadro de horror no tenía pies ni cabeza y aunque dudaban de todo el show los estudiantes seguían el juego.

Disparé unas dos veces más, y dándoles la orden de correr, iniciamos la escapada por una puerta que pude divisar, ya los estudiantes no estaba felices pues estaba liberando a sus cautivos profesores y tendrían que volver a clases y estudiar como cualquier persona normal sus cinco años de carrera. El fuego hizo mella y el laboratorio empezó a explotar, ahora los gritos de euforia eran de furia y terror, una vez que me cercioré que todos los profesores estaban afuera me dispuse a cerrar la puerta, pero me acordé de aquellos ojos amarillos y no los pude dejar atrás a pesar de ir en contra de mi ser el salvar a la maldad.

En medio de la confusión me dirigí hacia Lisa y tomándola del brazo la saqué de aquel lugar, al principio ella se negaba pero luego comprendió que de quedarse allí moriría achicharrada. Corriendo por los jardines de aquel lugar los profesores huían mientras se escuchaban explosiones a lo lejos, el ladrón corría a la par mía y en ese ínterin le devolví su pistola mientras el hombre me pedía disculpas por haberme amenazado. Finalmente llegué a un lugar que parecía seguro, allí Lisa aún sorprendida, y con lágrimas en sus ojos me preguntó porqué me había devuelto a salvarle.

Yo simplemente la miré fijamente, esperé unos segundos, ella se acercó mientras de su boca salía la palabra “gracias”. En ese momento se escuchó otra explosión, ella volteó siguiendo el sonido, cuando miró de nuevo hacia mi cara se encontró el vacío…

Monday, July 17, 2006

Un día de esos...

Estoy lejos, como siempre he estado, como he podido manejar la maldad del mundo en que me lanzaron hace tiempo atrás. Todos buscamos maneras, formas, para seguir adelante, es que no nos hemos dado cuenta que se vive hacia delante, el atrás allí se queda, plasmado y seco en un cuadro que no podemos volver a pintar, en decisiones que nos persiguen hasta que pasemos de un plano a otro. Ahora me acuerdo, sentado solo entre las cuatro paredes blancas, las fechas ya no significan nada para mi, aunque en mi mente mantenga el calendario, esperando pausado, el día en que volveré.

El recuerdo que viene a mi es uno de esos tantos que tuve que vivir, los recuerdos se viven, eso dicen algunos, o simplemente vivimos para crear recuerdos, en fin entre recuerdos y recuerdos llego al día aquel, un día como otros en mi triste andar, pero que no significa que sea un día gris para todos en su simple caminar. Estoy acostado en mi cama, al ras del piso, mientras más bajo mejor duermo, tapado hasta el cuello, solo por costumbre desde niño, no vaya a ser que Drácula decida alimentarse conmigo. Escucho el teléfono sonar, no puedo distinguir si es un sueño o en realidad alguien llama buscando encontrarme.

Decido atender, algo en mi confusa mente me dice que debo hacerlo, aquel día, no es un día común, pero no logro descifrarlo. A lo lejos escucho la voz de un viejo amigo, el legendario Atanasio Pérez Batonni, sus palabras entrecortadas me llaman a pararme de la cama, salir a enfrentarme con el día a día, moverme hacia la verdad de nuestra realidad. Trato de hacer caso omiso a lo que dice, intento confundirle, le recuerdo los peligros de acercarse, por su parte Atanasio no piensa ceder esa noche, pasará por mi para no aparecer solo en la gran fiesta del año, el cumpleaños de Elisabetta Umann, conocida como la “Princesita”.

Teorizo sobre varios minutos sobre la poca importancia de ir solo o no a una fiesta, Atanasio no se inmuta, su misión es sacarme de mi casa, considera él que tengo mucho tiempo en el retiro, olvidado por las multitudes, agobiado por la existencia. Mi franela blanca y mi jean azul esperan ansiosos de lanzarse a la calle, mi madre quien recelosa vigila mi condena auto impuesta se asoma a la puerta del cuarto, es la primera vez en meses que el teléfono ha sonado menos de diez veces, por ende, que lo he contestado, ella sabe que la veo de reojo, cuelgo el auricular y me levanto, me visto, mi china al bolsillo, mi pena a los hombros.

En el carro Atanasio habla de las cosas que han sucedido, mientras he permanecido alejado, me quiere poner al día, aunque realmente no me interesa. Le advierto que estoy yendo por el honor a la amistad que le debo, no por querer hacerlo, pero por aquellas cosas que tenemos que hacer y que conllevan un deber ulterior. Mi presencia en ese lugar no será bien vista por muchos, para otros será un trago dulce que reafirma que habemos algunos que no desesperamos con la nada, me preparo, a medida que las ruedas se comen el asfalto, hay fechas que no debemos olvidar por más que nuestro interior solo sienta un pesar.

Llegamos al lugar, la majestuosa casa de viste de gala para aquella ocasión magna, la gente comienza a llegar, al ver mi figura puedo notar como los murmullos empiezan a subir, el tono se baja, la presión se siente. Ya dentro siento la necesidad del líquido, que no emborracha, simplemente Coca-Cola, uno de los mesoneros me mira raro cuando no pido whiskey o vodka, mueve la cabeza en señal de condescendencia, me sirve el vaso repleto, sonríe y se pierde en la noche. Atanasio trata de hacerme señas para que me acerque a un grupo, gente que me conoce, o eso piensan ellos. Yo saludo a lo lejos haciendo una seña que les hace pensar que ya voy, sin pensarlo me esfumo, me mezclo entre la multitud, y voy viendo, recordando, diciéndome a mi mismo que nada ha cambiado y que el juego tiene solo una regla, querer jugarlo.

A veces sabemos donde nos metemos, por momentos solo vamos engañados, hay tiempos donde conocemos a que vamos, distintos de los que vamos por obligación. La música a todo volumen me aturdía, las miradas recelosas de algunos, las miradas de búsqueda, de aceptación, de negación, todas ellas formaban el conjunto perfecto para la validez de la noche. Bailaban, conversaban, se podía ver la alegría y la tristeza en esa lucha por ganarle a la otra, en ese andar característico de los seres humanos. Sentado en una escalera, yo esperaba a que el tiempo pasara, simplemente eso hacía.

Allí solo mi imaginación vuela hacia tiempos inmemoriales, cuando corría libremente con mi capa persiguiendo enemigos de mentira, enemigos que por más prodigiosa que fuera mi mente simplemente no eran capaces de derrotarme a pesar de tenerme contra las cuerdas cada vez que les enfrentaba. Un sorbo de Coca-Cola pasa hacia mi estómago, aún agarro el vaso con mis dos manos, creo que nunca quise crecer, más bien habemos algunos que no estamos para eso, es solo que las horas pasan e inevitablemente nos volvemos adultos.

Siento unos pasos que provienen de arriba, en las escaleras en donde estoy sentado, algo me dice que no debo voltear, algo me anuncia que aquella noche apenas está por comenzar. Sin subir la mirada veo varios pares de zapatos pasar, la voz inconfundible de Luigi Luca Halconzini me hace helar la sangre. Por suerte no me toman en cuenta, él y sus secuaces siguen de largo, no entiendo que pueden buscar allí, pero es que el juego que juegan los humanos no nací para entender. La fiesta ha alcanzado nivel, los que suerte han tenido ya gozan del placer, otros tristes se ven por doquier.

Finalmente soy víctima de Atanasio y sus compinches, me atrapan allí en las escaleras, no lo hacen por mal, simplemente buscan socializar. Muchos se preguntan el porqué de no verme la cara por largo tiempo, yo me limito a sonreír y seguir bebiendo Coca-Cola. Reviso con detenimiento las personas que ahora se aglomeran a mi alrededor, finalmente llego a Clara Elena Molleja, quien sonríe agradablemente al verme, yo devuelvo la sonrisa, no me queda más remedio. El truco ha funcionado, Atanasio se mueve hacia sus menesteres y me deja solo con Clara Elena, conocida de vieja data, conocida y me pesa.

Ella hace su movimiento de inmediato, “pensé que más nunca ibas a salir de tu casa, hay Policarpio tu si eres aburrido”. Quieres bailar?, anda si?, no seas malo” dice la susodicha, yo me limito a seguir bebiendo Coca-Cola y ni siquiera contesto. Me acuerdo que no debo ser mal educado y antes que ella se de la media vuelta le digo que mi tobillo está hinchado y por ende no puedo bailar, ella se limita a decir “excusas, Policarpio”. Clara insiste en conversar, mis ojos solo siguen los pasos de Halconzini, respondo cualquier cosa para mantener a Clara contenta pero mi ser está en otro lado.

Se apagan las luces de la casa y con un reflector alumbran hacia la parte de arriba de unas escaleras, allí hace su aparición Elisabetta, la cumpleañera, con su coronita de brillantes que usa cada vez que cumple años, ella sonríe, saluda, con la gracia que la caracteriza, con los mismos ojos que algún día miré. Clara continúa su ataque frontal, yo permanezco de mi lado, en el lugar donde pertenezco, de donde no puedo pasar. Se mueve hacia una mesa con una torta gigante, todos entonan el “cumpleaños feliz”, la torta explota y una tortuga sale de la misma, Elisabetta es amante de las tortugas y morrocoyes, ella la toma en sus brazos y agradece el gesto de aquellos quienes prepararon la fiesta.

Al momento de soplar las velas, unas sirenas comienzan a sonar dentro de la casa, Halconzini y sus amigos, han venido a causar el caos. Luigi Luca, a quien le conocen como “Maccefaccio” sus amigos íntimos se para al frente de la torta y le dice a Elisabetta, “he venido a tomar lo que es mío, así que ríndete a mis pies”, Elisabetta sorprendida al igual que todos los presentes no sabe como reaccionar. “Mira Luigi Luca, que estás haciendo aquí?, hazme el favor y te vas de mi casa”. “Maccefaccio” se ríe y dice “me voy, pero me voy contigo, acéptalo tu nunca has dejado de pensar en mi, ven a mis brazos”.

“Luigi Luca” dice Elisabetta “por favor te pido que te retires, es mi día y no lo vas a arruinar”. A todas estas me he parado de las escaleras, Clara piensa que es por ella, pero le paso por al lado sin mirarle. Camino lentamente hacia la mesa en donde el show se está desarrollando, en segundos estoy allí parado. Elisabetta me ve y dice “ahora si, el dúo dinámico ha venido a acabar con mi fiesta”, en ese momento Luigi Luca me mira feo y se siente incómodo. “Como te atreves Policarpio, como te atreves a venir aquí”, “salgan de inmediato los dos, pajarracos insensatos, váyanse de aquí”. “Maccefaccio” insiste en que el solo se va si Elisabetta vuelve con él, yo estoy parado, esperando como siempre.

El “Maccefaccio” toma a Elisabetta por el brazo, la lleva hacia él, y hace una seña a los que le acompañan. Elisabetta me mira como queriendo insinuar que debo hacer algo, yo simplemente sonrío, hace unos segundos me estaba botando, ahora quiere que la salve. Todos los asistentes a la fiesta están sorprendidos de aquel espectáculo que está sucediendo, ni ellos mismos en sus tretas diarias participan en eventos llenos de surrealismo. Me sigo riendo, “Maccefaccio” quien no es exactamente mi amigo me grita a todo pulmón “desaparece Policarpio, desaparece sino quieres que te haga daño.”

Que sabe “Maccefaccio” de daños, me pregunto, realmente que sabe él lo que es llevar el daño adentro sin solución humana posible, que sabe ese personaje de dolores internos que no se curan con medicamentos de farmacia, que puede saber, que puede saber. Los dos secuaces se han colocado atrás mío, yo sin que nadie se diera cuenta he recogido la tortuga del piso y la mantengo en mi mano. El primer “tortugazo” se lo doy a el que cubre mi flanco izquierdo, pongo la tortuga en la mesa y la china se hace cargo del segundo secuaz, a lo lejos veo a “Maccefaccio” corriendo, arrastrada va Elisabetta quien ha perdido su corona como parte de todo el desastre.

Yo no estoy para perseguir, de eso estoy consciente desde años atrás, pero estoy para equilibrar, cosa que muchos no han entendido pero que simplemente debe pasar. De nuevo tomo la tortuga en mi mano, he descubierto que su caparazón es tan duro como mi coraza contra los humanos. Salgo corriendo hacia la puerta de la casa, Atanasio me mira y sonríe como dejándome saber que le alegra verme de vuelta, Clara Elena grita que me ama y yo simplemente centro mi mirada en la nuca de “Maccefaccio”. Yo no sabía que las tortugas volaban, ese día lo comprobé, con un disparo certero “Maccefaccio” cae al piso y se vuela tres dientes en el ínterin.

Al frenar mi carrera, estoy parado frente a frente con Elisabetta, de mi bolsillo saco un pequeño peluche, es un tigre, se lo pongo en sus manos y me limito a decir “feliz cumpleaños”, ella dice “te acordabas que era mi cumple, no lo puedo creer, tu siempre tan…allí llevo mi dedo a su boca, su labio superior me trae recuerdos al instante, se mueve lentamente hacia mi y cierra los ojos para besar al viento, a lo lejos, desde el lugar a donde pertenezco le miro, ella abraza el pequeño peluche, yo llevo mi cruz a cuestas…

Wednesday, July 12, 2006

Liborio y Agustina

Estoy parado en el borde del techo de mi casa, es tarde en la noche y hace frío. Mi capa se mueve con el viento, mis ojos vigilan con recelo la noche, cuidan, protegen, a eso he venido. Mi madre grita “Policarpio, niño, que haces ahí, te vas a caer, ay Dios mío me vas a matar de un infarto un día de estos”. “Tu padre te está buscando para que veas el juego de baseball con él, bájate de ahí, de inmediato, anda a hacer lo que hacen todos los niños, juega, diviértete, que loquito he traído a la Tierra”. Yo por mi parte hago caso omiso a las palabras preocupadas de mi madre, ni siquiera volteo a verle, solo cuando me carga por la cintura y me baja de mi puesto de guardia, a los cinco años no era tan pesado como ahora.

Ya en el resguardo del hogar estoy sentado al lado de mi padre, observo con detenimiento el juego de pelota, desde que tengo uso de razón me ha apasionado su complejidad. Mi padre con paciencia me explica ciertas cosas que aún no comprendo del juego del diamante, me enseña que la vida quizás se parece a ese “simple” juego, a todos nos llega un turno, cometemos errores, no perdemos hasta que realmente se termina todo, y siempre queda la esperanza que el año siguiente volveremos por más. En ese momento no comprendo muchas cosas, la vida para mí es una capa y una mezcla de sueños que por alguna razón esquiva nunca llegarán a hacerse realidad. Estoy en un trance, el juego está interesante, como siempre, no me muevo de la silla mientras muerdo un pedazo de queso, si, es que siempre me ha gustado comer queso.

Estoy en una ciudad extraña de eso puedo estar seguro, no es el valle que me vió crecer, simplemente es otro lugar, otra época. El tiempo ha pasado, esa es su virtud y su misión, pasar. Si nosotros pasamos por el o por el contrario el pasa por nosotros es otro cantar, hay muchas personas que se matan por vivir y hay otros que deberían de matarse. Abro mis ojos al compás de los rayos del sol, estoy acostado en el piso, duro como la pared que he construido a través del tiempo para evitar ser perforado por la maldad humana. Los ladrones, enemigos de vieja data, se han llevado gran parte de lo que sudé, al parecer ese es su trabajo, quitar per se, obtener lo que no es suyo, destruir una vida, o más, la verdad no he podido descifrarlo.

Me lanzo a la calle, como siempre he hecho cuando la tristeza invade mi ser, pero este día es diferente, será más bien, recuerdo que tengo que hacer algo, casi se me olvida, salgo al paso de la ciudad, al movimiento impuesto por la vida, es allí cuando me vuelvo a encontrar con Liborio y Agustina. Les saludo como siempre he hecho, hay cosas en la vida que se aprenden de siempre, las llevamos adentro, no se pueden explicar. Agustina viene un tanto adormecida, su terror por las alturas es bien conocido, Liborio trae una mancha en su pantalón, antes que le diga algo me advierte que debo respetar a mis mayores y que la mancha es un defecto de fábrica.

Somos humanos, tenemos necesidades, así como algunos estafan y roban por placer hay otros que necesitamos comer. Hablamos, conversamos, ponemos en orden las ideas que la lejanía a veces no permite cuadrar, recordamos viejos tiempos, sonreímos, muy importante, nos burlamos de nuestro propio existir, ellos tienen una misión, yo otra. Al salir del establecimiento de comida Liborio toma dos libros que pesan una tonelada, los agarra de gratis, en un puesto en la calle, no entiendo porqué decide agraviar la carga con aquellos mastodontes, sonrío, a veces no puedo evitarlo al ver las trastadas de Liborio.

Nos subimos a mi carro, ya Alerón no me acompaña, nos encontramos dando vueltas por la ciudad, mirando, viendo, internalizando que la vida pasa a cada instante. Con el transcurrir de los minutos nos vamos quedando callados, es posible que nos entendamos en un lenguaje no escrito, por nadie sabido. De pronto subo la mirada, en el retrovisor veo un espectro malvado, el asco embriagado, la suciedad pululante, la idiotez andante. Mis ojos no lo pueden creer, los ladrones, de nuevo, me persiguen, y esta vez no voy solo. Mantengo la calma para no alarmar a Liborio y Agustina, con sutileza cruzo en una avenida adyacente, ahora se que los ladrones no son han venido por mi sino también por mi sangre.

He podido constatar que viajan en tres vehículos distintos, una escoba para la bruja, un camión blindado para el estafador y un vehículo no identificado, sin placas, oscuro y grotesco en donde se transporta el engendro de los dos anteriores. La razón de viajar separados me hace pensar, será que molestos se encuentran entre ellos y no pueden olvidar, o será que su plan como suelen hacer, es una estrategia macabra y venenosa para acabar con mi ser. Acelero mi carro para recibir la inmediata llamada de atención por parte de Agustina, Liborio parece metido en un trance leyendo unos libros que ni siquiera se de que tratan.

Mi cara muestra de alguna forma la tensión del momento, dulce tormento peligroso intento. Mis enemigos usualmente respetan mi privacidad, esta vez no les importa nada y vienen por más. Detengo el automóvil y decido invitarles a pasear, sin ofrecer oposición acceden y nos bajamos en un espacio abierto, señorial, tranquilo, que majestuoso cuida a la ciudad como un guardián incesante, de algún modo me recuerda a mi mismo, solo que este es de piedra y yo de carne y hueso soy. Caminamos pausados, Liborio y Agustina no están enterados que por los ladrones somos perseguidos y que en cualquier momento pudiera cambiar el destino.

Pedimos a un amable transeúnte que tome una foto de nosotros, para el recuerdo, para el olvido. En el preciso instante cuando el hombre aprieta el botón a toda velocidad y por nuestra retaguardia pasa una escoba volando, con su respectiva bruja encima, con la insensatez palpable. El hombre asustado suelta la cámara y sale corriendo, Liborio quien no ha dejado de cargar los libros se mueve hacia un lado y nervioso enciende un cigarrillo, Agustina despeinada por las hebras de la escoba trata de arreglarse a la vez que me pregunta que es aquello que ha sobrevolado nuestras cabezas, yo simplemente callado y tranquilo espero, espero a que vuelva por más, solo que esta vez mi china no se dejará amedrentar.

La bruja del vicio se embala hacia nosotros nuevamente, a toda velocidad, con su odio brotando por doquier. A escasos metros de nuestras humanidades frena y detiene el vuelo, flota delante de nosotros, su nariz puntiaguda, su sombrero negro, su hebilla reluciente, su olor inclemente. Trata de convencer a Liborio y Agustina de que se encuentran al lado de un ser villano, ellos escuchan y dejan que hable, sin mostrar pruebas de sentimientos, sin dejar de mirar fijamente a la bruja. La bruja habla de la verdad, de su verdad, la que ella manipula a placer, yo observo con mi china preparada, sinceramente no me gusta gastar pólvora en zamuro pero hay veces que hay que tomar acción para no perder la noción. “Yo digo la verdad” grita la bruja con su voz asquerosa, “yo solo digo la verdad” repite de nuevo, el esperpento olvida que Liborio y Agustina me han enseñado a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganar el respeto de los débiles. Su mente podrida y poco pensante se queda dudando sobre su aseveración, comienza a sobrevolarnos con ira y desprecio, se lanza en picada y muy emperifollada, un chinazo a la frente la hace cambiar, su vuelo errante la hace mortal, sin pena ni gloria se estrella en el agua, los patos que habitan aquel pequeño lago salen despavoridos al sentir aquella maldad, bañada y sudada y con escoba robada nos mira por última vez “He venido a robarlos una vez más” profiere la bruja con fortuna con poca razón, sin humildad y por si fuera poco sin dignidad, nosotros tranquilos nos damos la vuelta, el silencio tiene sus ventajas.

El estafador hace su aparición de inmediato, en su camión blindado en donde guarda su fortuna, en donde lleva una lista con todas las personas a las que ha dañado sin haber pensado. El éxito le ha quitado su humanidad, su odio constante lo hace petulante. Quiere algo de nosotros, pero no lo logra definir, lo tiene todo y no tiene nada, materia gigante espíritu faltante, su avaricia desbordante promete desastres, humano nacido convertido en robot, capaz de destruir sin mucho perdón, enemigo de mis fibras, ladrón de mi sudor, de poca palabra y poca intuición le roba al pobre, esa es su misión. “Sus pertenencias, entréguenmelas de inmediato”, grita el dudoso bandido, “todo, todo lo que llevan encima”, Liborio mira sus libros y puedo ver como no los quiere soltar, Agustina ve con dolor que tendrá que entregar su alianza de años, yo sonrío, pues en el fondo se que una vez me han robado, pero dos es pecado. “Quiero todo” grita de nuevo el estafador, “ustedes fracasados, ustedes desterrados”. “Menudas palabras me dices ahora, si tu viejo asqueroso, ladrón de fortunas, tu ceguera interna por el obtener aquello que no es tuyo pero quieres tener te ha hecho olvidar que como me han enseñado Liborio y Agustina del fracaso renacemos para triunfar”. El estafador se abalanza sobre nosotros, Liborio lo golpea en su calva con los libros, yo simplemente le doy un empujoncito hacia el laguito en donde reposa la bruja, allí mojado nos mira con odio, su vida está llena de rastros golosos, se olvida el farsante que está rodeado de cariños dudosos.

El engendro se acerca, con sueño, con desparpajo, sin gracia y con un cartel que indica que quiere venganza. Sus ojos dan muestra de las noches que ha pasado sin dormir por saberse ratera, por saber que ha dañado usando la mentira, su vida placentera brilla de día para en la oscuridad esconderse a verla pasar. Su ira es perpetua, su dolor palpitante, su alma podrida se muere inclemente, rodeada de gente se encuentra su mente, pobre princesa venida a menos, su vida se opaca sin muchos destellos. “Exitos”, “muchos éxitos para mi”, profiere gritando la pobre mujer, es que nunca le han dicho que el éxito es bueno mientras nunca perdamos nuestra humanidad. “He venido a vengarme” insiste el engendro, “yo no se lo que es la venganza, pero eso deseo hacer”, “las órdenes expresas yo debo cumplir, mi voluntad no importa, solo debo seguir”. La pobre mujer olvida de plano una lección que me han enseñado Liborio y Agustina, “la venganza es señal de bajeza y perdonar no es más que un signo de grandeza” le hago saber. Le miro a los ojos que ahora lloran a cántaros, me digo a mi mismo que perdonada estás, tu odio rampante deberás controlar. Sin pensarlo nos enfrenta, ella ha venido por algo, y se lo quiere llevar, corriendo hacia nosotros resbala con unas gotas que han salpicado del lago cuando la bruja ha caído en el, por los cuatro vientos se encumbra, y luego de pasar por encima de nosotros al lago cae a encontrarse con los demás ladrones, allí mojada, allí mojados, me miran jurando que volverán por mi, tarde o temprano, así olvidando que no vivo por ellos, ni les deseo el mal, simplemente quisiera que aprendieran a perdonar.

Liborio y Agustina me miran asombrados por lo que ha pasado, no puedo creer que aún Liborio esté cargando los libros, que no son más que dos guías telefónicas, sin lugar a dudas ese par de humanos me hacen reír, me han dado de todo sin nunca pedir, me enseñaron a ser lo que soy, les debo sin dudas lo que llevo adentro, pagarles quisiera pero no encuentro con que, me tomaron de la mano cuando los necesité, son clase aparte, únicos per se, no roban ni se vengan, son parte de mi ser, y si, para los que no lo saben Liborio y Agustina no son otros que mis padres…

Friday, June 23, 2006

Mala Leche / La Historia de los Señores

Voy a la cocina y me sirvo un café, ahí recuerdo que no me gusta el producto procesado de la susodicha mata, miro la taza humeante, más bien el líquido que ella contiene, con su color marrón que se difumina haciéndolo ver negro, el calor y la oscuridad me recuerdan una historia pasada y vieja, algo que solían contarme cuando niño. Es una historia guardada, escondida, quizás hasta perdida, es una historia con príncipes y hadas, princesas y malhechores, bandidos y hechiceros, es un relato que contiene sonrisas y terrores, amores y temores, o al menos eso creía yo cuando me relataban aquel cuento, pero es que simplemente se me parece mucho al presente y es por eso que escribo de repente.

Las historias en nuestras mentes se van transformando con los años, al menos eso hicieron las mías, ese cuento con final feliz ya no es lo mismo cuando le aplicas la realidad de la adultez. Por eso, quizás, no quise crecer, aunque al mirarme al espejo veo que el tiempo se ha movido con su paso inclemente, mis ojos ya no reflejan la esperanza de aquellos días cuando soñaba con salvar al planeta. Hurgo en mis corotos del pasado, allí está aquel viejo cuaderno donde dibujaba los cuentos que mi abuela me echaba, no puedo evitar sonreír al ver como mis trazos denotaban mi corta edad, es así como me encuentro con aquella página, en donde una mujer gritaba desconsolada.

“Antonio, Antonio, hay Antonio, hay Antonio, Antoniooooooo”, gritaba aquella mujer desesperada, “me estoy quedando calva, se me cae el cabello, hay Antonio, que es esto, es como si una podadora de grama viniera y se ensañara en contra de mi protección para el coco, hay Antonio, que le hago?”. El hombre fastidiado desde años atrás se fumaba un tabaco pacientemente mientras veía alguna película de vaqueros pasada de moda, la insensatez de aquella bruja sin destino había hecho mella en el insensible viejo. No hacía ningún esfuerzo por atender el llamado de la mujer ahora convertida en vieja intocable desde que su cirujano plástico se había transformado en su peor enemigo cuando le achicó los ojos a un punto donde apenas se distinguía el iris. Si no podemos ver bien como pretendemos aprender a convivir.

“Antonio, donde estás?, cómprame una peluca o aunque sea una bolsa de automercado para ponerme en la cabeza, hay Antonio, se me cae el cabello, Antonio estás ahí?, no te me pierdas en estos momentos de desasociego, hay Antonio, hay Antonio que te hiciste?. Finalmente apareció ante el hombre que seguía aposentado como elefante herido, con el perdón de los elefantes, con una toalla enrollada en la cabeza y nada que cubriera su desgastado, arrugado y podrido cuerpo. El reflejo del paso del tiempo es indiscutible, algunos olvidan que vamos para viejos y sin retorno, quizás por eso perpetran venganzas, o simplemente se desgastan al ver pasar las horas como cucarachas. El hombre quien nunca perdía la calma pegó un brinco al ver a semejante esperpento parado frente a si, “pero bueno Magaly, tu estás loca o te brinca la tiroides?, casi me matas de un susto, ya tu no estás para andar desnuda por la casa”, "además esta peliculita esta muy buena, quítate del medio por favor".

“Hay Antonio, es que se me cae el cabello, me parezco al detective aquel que no me acuerdo el nombre, aquella serie que veíamos cuando éramos personas normales, antes que te llenaras haciendo trampas por doquier, si Antonio aquella época en que todavía veía al mundo como es, en donde no tenía que vengarme del planeta por que son más felices que yo, si Antonio cuando tu me querías y no pensabas en darme de regalo de cumpleaños una parcela en el cementerio". El reposado hombre no emitía palabras, su conciencia pesada y sucia no entendía el porqué de aquel ataque, para él, el mundo estaba compuesto por dos cosas, el dinero y el maltratar a los semejantes a toda costa. “Hay Antonio” seguía la mujer, “yo creo que si no te hubieras estafado a medio planeta mis ojos seguirían intactos, quizás mis pulmones no estarían en este estado pútrido, hay Antonio que nos has hecho a todos nosotros” repetía aquella mujer culpando a su marido por las desgracias que le rodeaban y que su corto cerebro no podía entender.

“Magaly, hazme el favor, no digas esas cosas muy alto, uno nunca sabe quien lo puede estar grabando” profirió lacónicamente el despiadado ‘ser humano’. “Antonio, hay Antonio” decía la mujer mientras prendía su décimo sexto cigarrillo de la mañana, “hay Antonio, se me cae el cabello, y eso no es todo Antonio, hay Antonio que le vamos a hacer”. “Mira Magaly, no se, porque esa quimioterapia es muy cara y de todas formas vas a templar el cacho así que no se”, “es más, yo tu ya no iba más al médico, económicamente hablando no es provechoso el gasto innecesario para combatir células podridas que habitan en tus pulmones”. "Fíjate si yo invierto esos reales que gasto en esa mariquera tuya pues entonces tendría para comprarme tres cajas más de tabacos al año, es que de verdad tu pides más que un cura ciego".

“Antonio, hay Antonio, no es solo eso, es Eleodoro, tu sabes la mujer lo desplumó, si Antonio, le sacó todo, lo dejó en la calle, hay Antonio, a mi nunca me gustó esa mujer, tu sabes de esas corre por el piso, cualquiera, de familia dudosa, hay Antonio se le fue con uno más vivo que él, tu sabes que él es medio corto de mente, hay Antonio, por cierto vamos a tener que modificar el testamento, para dejarle menos a Eleodoro, por idiota, quien lo manda a dejarse robar por esa bicha, hay Antonio, Antonio, me dejaron al muchacho, lo dejaron solo, y con esa cara de bolsa como engancha a otra mujer, dime Antonio, no me dejes hablando sola”, "tu crees que podrías comprarle una esposa?, no se, alguien, lo que sea, aunque sea fea, no importa Antonio, cuanto vale una esposa Antonio?.

El hombre continuaba tratando de mirar la pantalla, los indios habían atrapado al protagonista de la película y estaba en su punto cumbre. “Antonio, te conté que Delia, te conté que Delia está embarazada, hay Antonio, si Antonio, nuestro primer nieto, pero no es de Armando, no Antonio, es de un tipo por ahí Antonio, un tipo que conoció en una de sus peas diarias, hay Antonio, y si el muchacho sale malo?, hay Antonio, es que Delia no se puede quedar quieta, Antonio, esa muchacha, hay Antonio, ahora barrigona y de otro, y Armando la quiere dejar, dice que el no carga sino con sus enanos pero no con carrizito ajeno, hay Antonio que nos está pasando, de que se trata esto Antonio?, si nosotros nunca le hemos hecho daño a nadie Antonio, tan buenos que somos, tan correctos en nuestro proceder, hay Antonio, dime Antonio.

“Mira Antonio, Antonio, no me dices nada, hay Antonio, por favor, di algo”, “pero bueno Magaly, estoy tratando de ver la película, el muchachito va a tener todo, eso es lo que vale aquí, real y más real, no te preocupes que yo le compro sus cosas, tu sabes, todo, eso es, todo lo va a tener”. “Hay Antonio, pero, hay Antonio, el cerebro no me da”, “nunca te dio Magaly, nunca te dio” respondió el amable hombre mientras se acomodaba su cabellera. “Que me dices Antonio, hay Antonio, un nieto Antonio, de hombre distinto al marido de Delia pero nieto al fin, que emoción Antonio, de repente y lo saco a pasear en mi moto vespa, lo monto en una cestita, y lo paseo, hay Antonio me das real para la gasolina de la moto?, ya mismo voy a comprarle unos monitos de recién nacido, hay Antonio, un nieto", decía la mujer mientras tosía la vida.

“Antonio, hay Antonio, y Perlita, Perlita consiguió novio, es calvo como yo, pero parece que le pega Antonio, la cae a carajazos Antonio, pero tiene mucha plata, es millonario, pero le pega Antonio, la deja más abollada que olla de peltre, y bueno Antonio, yo no se si odiarlo o quererlo, hay Antonio, pero tiene un yate Antonio, y su papá varias empresas, hay Antonio pero tira piñazos, y Perlita no se puede defender, un ojo pepudo a la semana Antonio. “Pero Perla no estaba casada con otro?, preguntó Antonio, “hay Antonio ni te acuerdas, a ese lo robaste hace tiempo, tu y tus cosas Antonio, a ese lo tratamos de joder completito, pero chico tu puedes creer?, anda de lo más feliz, es que ese muchacho Antonio, ese muchacho Antonio, te conté que a Perlita le pega el nuevo novio no?.

El último tiro de la película fue echado al aire, los créditos aparecían en la pantalla del televisor, Magaly aguardaba mientras Antonio ahora finalmente la miraba, con su tono clásico dijo “por cierto Magaly, ya hablé con la gente esta que está fabricando urnas de plástico, tu sabes para ahorrarnos unos reales en tu entierro…

Thursday, June 01, 2006

Cerca

Hace unos segundos me he quedado dormido, después de batallar con esos demonios que me persiguen cada vez que recuesto mi cabeza, en cada momento que se que el mundo sigue girando y la maldad está suelta por los caminos y yo sin más ni menos debo descansar. Mi tarea no ha sido fácil pero creo que de esto ya he hablado con anterioridad, la acumulación de villanos intentando tomar una parte de mi ser causa mella en el alma, si es que a veces me acuerdo del robo siniestro al que me sometieron pero eso es otra historia y sus bandidos no merecen mis letras.

Entonces sueño, con un niño que corre libremente en un campo lleno de matorrales, se aleja, se pierde de mi vista, escucho voces que lo llaman, que lo invitan a volver, a regresar a la seguridad de aquello palpable. Continúa su camino, salta y corretea sin mirar atrás, hace caso omiso a los gritos ya desesperados de las voces que entonan su nombre, acelera el paso, como si supiera que hay enemigos que le persiguen, buscando aquello que nunca encontró pero sabe debe estar al final del camino. De pronto se detiene, un precipicio lo hace dudar, mira con precisión todo aquello que está allá abajo, no es otra cosa que el mundo que le han puesto para existir, “Policarpio, Policarpio te vas a caer” se escuchan los gritos de nuevo, el pequeño no espera ni un minuto más y salta.

Logro abrir los ojos, hace tiempo acepté que había caído, no necesitan recordármelo, ya ha pasado mucho viento por mi cara desde que comprendí que el planeta tiene sus razones y no debo preguntar. Estoy allí, en mi cama, solo como siempre, a lo lejos escucho a mi perro Alerón aullar, es posible que también extrañe su mundo, todos hemos dejado algo atrás que nos hace suspirar. Me pongo en pie, mi cuerpo quiere seguir descansando, mi mente sabe que es hora de ponerse en movimiento, mientras haya humanos habrán buenos y malos, ahí es donde entro yo, para equilibrar este espacio mundano.

Estoy ahora subido en el carro, dando vueltas por el Valle en donde crecí, sin destino ni sentido, solo para matar horas, disfrutar de la nada. Se trata de un día en el cual la gente sale, se lanza a la calle a vivir, a ahogar las penas, a revivir alegrías, quizás es solo la búsqueda de un rayo de esperanza, la felicidad viene dada por querer lo que se hace, no hacer lo que se quiere. Alerón ladra de pronto, creo que mi perro todavía sabe lo que es sentir, vuelvo la mirada hacia la acera y puedo ver a una dama con paso acelerado, sus ojos verdes me recuerdan mi color preferido, la angustia que refleja en su cara me recuerda el porqué he venido.

No tengo ganas de detenerme a ver de que se trata, es uno de esos momentos en donde simplemente me provoca dejar que los humanos jueguen sus tretas dañinas y yo ser simplemente un espectador, a veces detesto el día donde me entregaron la conciencia, de veras, que fácil sería todo si la perdiera por unos minutos. Detengo el carro, ya para ese momento la dama ha entrado a un local, una especie de bar, algo así, lugares que no frecuento para no irritar mis ojos con el cigarrillo y deprimirme al ver lo banal en que nos hemos convertido.

La puerta del establecimiento es de madera, huele a historias, a decepciones enfrascadas, a promesas alteradas. Mi vestimenta no es la más adecuada para el momento, yo solo había salido a dar una vuelta, el portero no me quiere dejar entrar, le quito su chaqueta y le digo “ves?, ya cumplo con los requisitos”, el hombre sorprendido me abre la puerta no sin antes decirme “hermano me la devuelves al salir”. No he venido ha buscar nada, no quiero nada de allí, simplemente trato de localizar a la dama en cuestión, la veo, sentada en la barra, creo que ha ordenado un Cosmopolitan, me siento a su lado, ella no me mira, está concentrada o más bien asustada.

“Otro moscón más” me dice con mala cara, cara que refleja que ha llorado, quizás más de lo que ella hubiera querido, probablemente más de lo que se llora en toda una vida. No puedo evitar decirle que la he visto apurada en la calle, que su angustia me ha hecho detenerme y seguirla. “Además me vas a perseguir?, me dice con fuerza, “tu crees que yo tengo un cartel de neón en la frente que dice ‘Pase, con confianza, aquí hay un corazón para exprimir al máximo’”. No me queda otra que sonreír al escuchar esto, yo no estoy allí buscando corazones, pero ella no lo sabe, yo simplemente estoy.

El ruido es ensordecedor, siempre pensé que la gente va a los bares a desconocerse, porque si la idea es llegar a saber con quien hablamos el ruido de las cornetas se lleva la mitad de las palabras dejándonos tan perdidos como cuando entramos por la puerta. Aún me inquieta saber porqué aquella dama de bellas manos y ojos espectaculares corría a toda prisa por la calle, ella baja la mirada, se muere de la pena, se pone roja cuando le pregunto que hace una linda damicela como ella corriendo, así como tratando de escapar de algo, es entendible que yo escape, para eso estoy, pero ella?, simplemente no lo entiendo.

“Bailemos” me dice, me toma de la mano sin mediar palabras, al parecer algo la ha puesto en alerta, yo sigo el juego, su olor me recuerda días pasados, aquellos en que creí en los humanos. Su mirada ahora muestra pánico, pero a la vez se nota que es de aquellas que quieren transparente, sin malicia, hay un instante sublime en donde me dejo llevar, pero la sombra de aquel robo me hace despertar. “La Flaca” así me dicen, me susurra cercano al oído, mi nombre no te lo doy por ahora, no se si eres un atrapador, un galán de pueblo o cualquier cosa”, vuelvo a sonreír, su desconfianza es eterna, hay heridas que nunca cierran.

Finalmente me habla, una historia de esas que ya he escuchado, de esas que ha muchos han marcado. A lo lejos entra un hombre, dos más cuidan su espalda, ella lo ve de reojo y me dice “tenemos que irnos de aquí”. Yo, si no la debo no la temo, entonces simplemente no veo porqué hay que huir, salvo que ella también se haya cansado del olor a cigarro y el ruido macabro. Los hombres se acercan asechando, sin duda alguna la están buscando, aún creo no la ven, sin pensarlo y ahora siendo yo el que quiere huir empezamos a correr.

Una puerta en la parte trasera del establecimiento nos abre la magia hacia la noche que con suave viento roza nuestras caras. Algo me dice que esto no quedará allí, los hombres del bar no parecen bien intencionados. “Y entonces?, le digo “quienes son esos?, ella no quiere decir, pero siente que al menos me debe eso, “mi ex -novio y sus patanes”, no dice más nada, ahora yo que solo salí a pasear para olvidar estoy perseguido por un ex novio malencarado y sus gorilas muy despiadados. Pienso, hoy es uno de esos días donde me provoca dejarle allí y que la vida se encargue de acomodar la situación, pero no puedo, sus ojos, eso es, son sus ojos que no me dejan irme, reconozco que me pierdo por momentos, ahora es cuando escucho el grito de aquel hombre enfurecido.

El trío nos ha detectado, sin que se de cuenta le quito los tacones a los zapatos de “La Flaca”, me golpea y me dice que como me atrevo, sus manos son suaves, quizás fue princesa en otros tiempos. Le señalo a los tres monigotes, ahora comprende que con tacones no va a llegar lejos, trata de disculparse, se pone roja de nuevo, no hay tiempo para eso, la tomo de la mano y corremos hacia la oscuridad, los pasos se aceleran, la presión es constante, es que ahora me acuerdo que la adrenalina es la gasolina de mi vida delirante, de pronto escucho que ella va tarareando una canción “Laura no seas tan sifrina, que es muy desagradable calarse tus maneras”, tenía años sin escuchar aquello, tampoco entiendo porqué canta en medio de aquel caos, de nuevo me río, a veces se me olvida que la risa cura el alma.

La vida tiene paredes, es solo cuestión de saberlas saltar, a una pared llegamos, solo que esta vez no tiene un lado más bonito. Atrapados, sin salida, ahí estamos, una desconocida, tres hombres molestos y yo, el diario de mi existir, el cantar de mis seguir. Creo que nos damos un tiempo para recuperar el aliento, luego el ex novio saca una navaja de su bolsillo, los otros dos hacen lo propio, “te voy a cortar H” así la llama “H”, “te voy a dejar una cicatriz para que nunca te olvides de mi, lo que me hiciste no se le hace a nadie”. Dudo, ahora no se quien es el bueno y quien es el malo, la furia del hombre, el miedo de la mujer.

De igual forma me dice que me va a cortar también, por el simple hecho de estar allí, miro al cielo sin entender porqué me suceden estas cosas, es acaso que nunca llevaré una vida normal?, ahora la miro a ella, hago lo mismo con el tipo, de nuevo pienso en escapar y dejar que se cobren sus penas, entre ellos, yo no tengo vela en ese entierro, es que si, es uno de esos días. Sus ojos me dicen la verdad, su verdor no puede mentir, eso lo entiendo y mido las opciones, recuerdo sus palabras del cartel, de lo exprimido que está su corazón, en frente mío lo que tengo es a un aprovechador.

Empuño mi china para la risa de aquellos hombres, sus navajas brillan en la noche, su reflejo se acerca con prisa. El primer chinazo va directo a la frente de uno de los monigotes, sin lugar a dudas no saben lo poderoso que puede ser un garbanzo, el segundo a la frente del segundo que cae también como una hoja que ha cumplido la función de proteger al árbol. El individuo que queda en pie es aquel que ha robado en un algún momento de la historia el corazón de aquella dama, que lo ha robado para exprimirlo y dejarlo botado sin siquiera saber de que se trata.

“Pídele disculpas”, le grito al tipo, “pide perdón por haber herido”, el hombre hace caso omiso y se abalanza sobre nosotros mientras grita que el no le pide perdón a nadie en este mundo, es posible que se le olvidó que errar es de humanos, rectificar es de sabios. Dos chinazos precisos y certeros lo dejan fuera de combate, siento algo mojado en mi mano, es una lágrima que ha rodado por la mejilla de ella, no se si llora de alegría o de tristeza, aquel día tampoco pretendo averiguarlo.

La noche está calmada, en realidad no se siente nada, caminamos midiendo los pasos, por aquella acera donde le vi por primera vez, diviso mi carro con Alerón adentro de él, “La Flaca” hace un gesto, se acerca, creo que quiere agradecer, o simplemente que tenía tiempo sin ver a quien da por dar, sin esperar a recibir, se deja llevar y cierra sus ojos, ahí aprovecho y rozo sus labios con mi mano y con la misma escapo hacia la noche, ella se queda tranquila, esperando algo que sabe no llegará, de lejos la veo, buscándome, preguntándose si en realidad ha sucedido o no, es que simplemente era un día de aquellos, que de seguro ella olvidará en su ajetreada vida, pero que yo debo recordar como alimento de mi seguir, es verdad, era solo un día más de esos donde me acerqué para darme cuenta que las cosas siguen igual…

Tuesday, May 30, 2006

Escobas

La bruja vieja y arrugada conversaba con otra bruja pasada de peso y algo ordinaria, una no pensaba la otra menos podía, hablaban y hablaban sin parar de una venganza a perpetrar sin nunca tomar en cuenta a la tercera bruja del clan quien dormía placidamente, soñando sin pestañear. La idea era acabar con un héroe venido de lejos, quien no cree en terrores sembrados ni mucho menos en gatos alados. Con escobas pueden volar, el daño pueden hacer, su cabello se cae con el viento, si solo supieran que la mejor respuesta a su venganza fue tan solo mi silencio.

Mi existir continuaba su curso normal, el sol calienta y la noche es fría, sentado en el techo de mi hogar recordaba tiempos pasados, mejores quizás, sin nunca olvidar que lo que sucede tiene razones, con validez o no, pero inscritas en el libro de aquellos bastiones de nuestro andar, se puede reír se puede llorar pero de algo podemos estar seguros que nunca podremos escapar. Muchos enemigos he debido enfrentar, a lo largo de la carrera por llegar, de diversos matices y rencores guardados, pero nunca tan fuerte como el odio que aquellas tres brujas habían acumulado.

Con sus trajes negros y sombreros puntiagudos planeaban con precisión cada paso a seguir, la ira reinante se vuelve detonante, la miseria baldía está palpitante. Una de ellas pulía la hebilla característica de las mujeres que vuelan montadas sobre escobas, la otra trataba de quitarse una verruga en su nariz con una pócima preparada por ella misma, la tercera dormía rendida en Morfeo, tratando de huir de aquel arrebato, un ojo abierto ahora tenía pues miedo llevaba encajado en su seno, terror infundido por tanto cretino, su vida cuidaba que no fuera robada.

Mi maestro me lo había advertido, que a lo largo de un viaje se consiguen todo tipo de manos, amigas sinceras, odiosas traicioneras, sin esfuerzo se extienden buscando atrapar a todo lo que pase cerca de su radio de acción, se buscan amigos para soportar las andanzas, se buscan humanos para odiar con rencores. Como distinguir las variadas clases de manos es una tarea de milenios vividos, se trata y se trata en vano encontrar, las huellas marcadas tienen su historia, no todos fenecen buscando la gloria, si miras arriba y encuentras la nada avisa con prisa pues vuela ahuyentada.

En aquel cuarto tres brujas y un duende enano se alistaban calmados para brincar al terreno, es acaso que no sabían que por cada tres brujas hay un duende villano?, con cara de niño y mente deforme brindaba ideas el muy falsiforme. En el caldero preparaban una sopa de frutas, aquello sabía a rayo podrido, la urraca mascota chillaba al sentir aquel olor que podía destruir cualquier porvenir, el plan bien trazado habían pintado con creyones de cera en un pizarrón, despojarle de todo era la meta, humillarle y pisarle sin dispararle, misión anhelada por tantos minutos, el odio finalmente daría sus frutos.

Yo lo sabía, lo sentía venir, de antes, de mucho tiempo atrás. El que planea venganza debe cuidar todos sus pasos sin desesperar, muchos detalles me fueron abiertos, desde siempre consciente estuve de aquello, su plan bien macabro pude seguir sin duda no entiendo a veces porqué destruir. A veces despierto muy tarde en las noches, en esas que duermo con mis ojos abiertos, aquellas que surcan lentas y solas, recuerdos latentes que vienen y van, muchos se piensan que yo estoy muy loco, pero es que no me queda otra que reír cuando me acuerdo de aquellas tres brujas montadas en moto.

A toda velocidad venían a mi encuentro, la bruja vieja no había logrado despegar con su escoba por el peso de su conciencia, la gordita partió el palo de la misma al subirse por el peso corporal, la tercera seguía durmiendo y el duende decidió quedarse pues no le convencía aquel plan. Yo por mi parte y a pesar de haber descubierto el plan para aniquilarme con antelación no pude saber lo que me esperaba, enfrentarse al odio degenerado no es un juego de niños, había visto enemigos fuertes pero este trío me iba a mover las fibras.

Había salido a pasear, contando los pasos desde mi casa hasta el puesto de periódicos, los mismos ciento veinte y siete pasos de siempre, hay cosas que nunca cambian en la vida. Permanecer es tarea de algunos, otros simplemente estamos para volar libremente, no somos ni más ni menos por ello, simplemente nos han hecho distintos, no por ellos debemos ser estigmatizados, el problema reside en que les enseñan a sentir por lo que ven y no por aquello que se mueve adentro. Escuché a lo lejos el tenebroso estruendo de unas brujas sedientas, buscando venganza como busca agua el perdido en el desierto.

El vendedor del kioskito me miró a los ojos, como quien dice “por favor no me vayas a destruir el puestito de periódicos”. El me conocía desde años atrás, y algunas historias había escuchado, en esas tardes donde surcaba la vida anhelando que todo terminara donde había empezado. El hombre asustado por el viento que comenzó a soplar trataba de cerrar las portezuelas del pequeño establecimiento, algunas revistas volaban para el beneplácito de aquellos que las recogían y sabían que no pagarían por ellas, Manolillo, así era el nombre del vendedor, encendía un cigarro mientras con su acento portugués me decía “Policarpio bastante te he aguantado y ahora me vas a destruir todo por lo que he trabajado.”

Al frente mío estaban paradas, en sus potentes motos, dos motos y un carrito lateral para ser exactos, en donde la tercera bruja dormía placidamente sin saber a donde le habían llevado. Sus ojos brillaban aún más que sus hebillas pulidas, sus sombreros puntiagudos me reafirmaban que si existen y tal cual como mi madre las había pintado cuando era un infante, sus botas y medias de rayas las hacían verse hasta divertidas, pero al sentir el odio encarnado en tanto pecado comprendí finalmente que del cuento a la realidad existe un gran trecho, tenía que pensar rápido o sería desecho.

La bruja vieja atacó de primera, rayos mal olientes trazaban el viento, chocolates y dulces brincaban sin muerte. El primer rayo fue a parar al kioskito, de un golpe destrozó medio establecimiento, un olor mezclado a azúcar quemada con papel periódico ensalzaba el ambiente, el segundo rayo rebotó en el piso, de inmediato saltó y estalló las bolsas de comida de una señora que por allí transitaba, que al ver el espectáculo quedó demacrada, llorando sentada con su boca pintada. El tercer rayo me alcanzó a mi, a pesar de todos mis esfuerzos por huir, era un rayo potente, lleno de poca brillantez, opaco en su andar, capaz de acabar.

Mi razón se vio ennegrecida por aquel rayo sin sentido, carente de toda lucidez y que me dejó perplejo y a la merced de aquel grupo asesino. Tirado en el suelo y aún sin saber como alguien podía arremeter con tanta ira, mi cerebro asaltado por aquella bruja no sabía que hacer, mirar hacia arriba, taparse el costado. La segunda bruja entró en acción, su movilidad era escasa, pero su odio gigante, de un brinco llegó a mi lado, moviendo cimientos, causando estragos, la tierra temblaba herida de muerte, el peso del caos parado a mi lado, yo ciego y sin fuerzas muy debilitado “que he hecho?” grité al cielo “para merecer este legado?

Metía sus manos en mis chamuscados bolsillos, no se que buscaba, no llevo riquezas, no llevo tesoros, tan solo mi alma con mucho decoro. Su peso inclemente aplastaba mi pecho, resentimiento latente clavado en mi frente, con sutil maldad buscaba llevarse todo aquello que a su paso encontrase. Gritando con fuerza me llamaba por nombres desconocidos, quizás me confundía con su ascendencia bandida, sus manos macabras pasaba por mi cara, buscaba y buscaba pero no encontraba. De un brinco hacia atrás salió de mi ser, la tercera bruja apenas veía el atardecer.

Sorprendida por aquel desbarajuste, la bruja que dormía abrió sus ojos ante la inclemencia de los rayos solares que se despedían de aquel día. Se acomodó su sombrero y miró a las otras brujas quienes explicaban las razones del odio, la piedra angular de una venganza planeada por tiempo y largas las horas, a veces de verdad no entiendo que llevaban en la cabeza aquellas señoras. Se acercó a mi persona, yo apenas podía moverme, el terror infundido mellaba el destino, hay veces entonces que no encontramos nuestro verdadero camino.

Estaba parada allí entre las otras dos brujas y yo, miraba hacia los dos lados, debatiéndose en sus decisiones, seguir al rebaño u optar por perdones. Venimos marcados por hebras entrelazadas, construidas muy lejos y no a desparpajo, somos lo que somos adentro y afuera, los genes relucen sin mucho pensar, hay historias que solo pueden acabar. De un salto certero brincó hacia mi, un daño potente pretendía hacer, un simple adelanto bastó sin querer, sorpresa tendida encontró a su ser cuando yo con tranquilidad y pausa simplemente la dejé entender.

Buscaban venganza y eso obtuvieron, el proceso es lento pues cura de a poco, el fuego con fuego solo deja cicatrices, a su ataque a mansalva esperé como quise, yo todo sabía por un simple error, cargadas de odio volvieron sus caras, se habían llevado materia y más nada, hay fuentes externas que se pueden perder, lo que adentro llevamos permanece en mi ser, no soy más ni menos, estoy lleno de errores más solo perdono no llevo rencores, la vida es muy corta muy larga a la vez, en serio me río al ver tanta insensatez, tres almas que odian buscando seguir, yo sigo tranquilo con mi existir, un día y muchos otros tendrán que pasar, mi eterno silencio las hará por los siglos de los siglos desesperar...

Monday, May 01, 2006

Debes

Los días pasaban en su consecución normal, nada de cambios en su orden, después del domingo viene el lunes, no es así?, eso pensaba yo, eso pensamos todos, es solo que a veces no logramos distinguir entre uno y otro, se vuelven iguales, nos hacen sus presas. Todos pedimos u ofrecemos en algún momento, por ende debemos devolver o cumplir con la obligación. No se trata de un pacto nocturno, no es más que el deber intrínseco pegado al simple hecho que lo necesario en un momento puede ser requerido en otro, simple, si pedimos pagamos, si ofrecemos damos, es solo que hay maneras de pagar, hay maneras de dar. No se trata de un hombre especial, es acaso que era normal, su paciencia su eterna virtud, tan fuerte como un alud, centrado en su andar, fijado en su despertar, es un hombre común, y es muy trabajador, no es otro que el gran cobrador.

Hago el intento de armar el rompecabezas en mi mente, los recuerdos pueden ser armas mortales, quizás puedan salvarnos en otras oportunidades. Jugaba con mi china sentado en la mesa, mi madre al verme me pidió que me quedara tranquilo, mis ojos me delataban, tenía esa mirada clásica, esa que pongo cuando persigo al fantasma, el espectro de mi existir, aquel por el cual debo seguir, la razón desconocida que me hace vivir, la nada, el vacío que busco a diario y no encuentro, la noche sin luna que agobia mi mente, todo aquello que no está bien y debo enfrentar, no es más que la condena que debo pagar por decir la verdad y mi cabeza no bajar por no dejarme opacar por la suciedad de este triste estar. En un principio no entendí por qué a mí, pero hace tiempo dejé de preguntar, simplemente avanzo, sin mirar atrás. Aquel radiante día de abril iba a aprender muchas cosas, igualmente nuevas dudas invadirían mi ser, pero entendí una vez más que debo permanecer tranquilo ante la espera, que las situaciones se mueven de acuerdo a como las manejemos, y por sobre todo que debo ser constante, no cambiante, con lo que creo y se me ha encomendado.

Me pierdo, lo reconozco, y disculpen, a veces cuando mi mente procesa que los humanos odian para seguir, cuando siento que todos buscan venganza para subsistir. El cobrador, de eso empecé a hablar, un viejo y lastroso personaje, pero del cual no podemos escapar, de una manera u otra siempre tenemos algo en nuestro pasado que no ha quedado saldado. Mario Becerra, ese es su nombre, algunos dicen que nació en el Perú, otros dicen que en Paraguay, hay quienes aseveran que es Salvadoreño pero en realidad su acento no lo delata, es más bien un ciudadano del mundo, un ser del planeta, que está aquí y allá y que viene a cobrar las deudas desconocidas por la humanidad, aquellas que solo pocos saben que existen, aquellas que debemos honrar so pena de ser llamados ladrones por el resto de nuestra existencia, hay deudas de muchos tipos, hay ofrendas de distintas índoles, pero al final hay que subsanarlas, hay que borrarlas de nuestro existir.

La historia cuenta que era un farsante astrólogo, que agobiado por la mentira que suponía el hablar del futuro sin siquiera saber que era el presente aceptó el trabajo de cobrador, de enlutador del ayer, discapacitador del hoy, pesetero del futuro. Pero no hablo de un cobrador cualquiera, este hombre trabajaba en pro de la desgracia humana, llevaba las instrucciones directas de un algo superior, de aquello que vemos y no distinguimos. Sus facciones particulares le hacían visual a distancia, su lento caminar, su maletín en el cual guardaba aquella lista, una base de datos infinita, que manejaba a placer, sin orden causal ni lógica aplicada, simplemente la desfachatez encarnada. “Sabía que vendrías” dijo con su acento desconocido, sus ojos me miraban de arriba abajo, sus manos se movían nerviosas. “Aquí estoy” dije sin quitar mi mirada de su raído traje que hubiera estado de moda en los años setentas, “recibí su carta, y he venido a saldar, aquello que usted pretende cobrar, aún sin entender que he podido dejar sin pagar”. El hombrecillo sonrió, se sopló la nariz con un pañuelo que olía a hollín y se sentó al frente de mi. “Es que no debes dinero Policarpio, tu debes otra cosa”, yo ponía cara de no saber de que hablaba, sabía que no se trataba de dinero, yo sabía perfectamente a que se refería el astrólogo convertido en cobrador.

Abrió su fétido maletín y sacó un pequeño sobre color crema, me lo entregó y dijo “lee Policarpio, tu deuda con el planeta, claro está, recordada a nuestra institución por un viejo enemigo tuyo, el cual no puedo mencionar”. Detenidamente leí aquellas dos líneas llenas de incongruencias insalvables, de ataques a mansalva, de venganzas idolatradas, de dolor irreparable. “Como se supone que pague esto?, le dije al hombrecillo, “pues eso no es mi problema” respondió, “yo solo estoy aquí para cobrar”. Mi plan era hacer tiempo, distraer si era posible al mañoso y hábil cobrador, la forma de pagar era clara y precisa, solo que yo no estaba dispuesto a ofrendar mi existir por el triste transcurrir de algunos que olvidaron que el valor de las cosas viene dado por su intención y no por su peso en oro.

“La persona que ha incluido tu nombre en la lista de deudas desea que te destruya sin piedad” dijo el cobrador, “entonces Policarpio, como hacemos?, con sufrimiento o sin él?” agregó el farsante cobrador. Mirando fijamente al pequeño hombrecillo le dije “pues bien detestable figurilla, tengo tiempo sin sentir el dolor, así que vamos a hacerlo con sufrimiento incluido”. El maléfico enanillo se frotó las manos dando indicios de su placer por el dolor ajeno, sin mediar palabras echó un polvo mugriento sobre mi cara que no pude evitar, en pocos segundos los sueños más detestables del universo pululaban en mi mente, soñaba con aquel olor fétido que siempre salía al enfrentar a mis enemigos, veía el sutil color de sus cabellos que no lograban poblar su enorme cabeza, escuchaba las risas propias de la desesperación, de aquellas dudas que siempre quedarán. Rendido y a la merced de aquel siniestro personaje me trasladaba a su recinto enfermizo, a su casa, en la gran vereda del Valle Verde.

Los gritos infernales me hicieron despertar, no eran míos, solo de otros que como yo debían algo, que pagaban lentamente por sus culpas, o así te lo hacían sentir. Cuartos divididos por telas colgadas hacían de aquella experiencia algo devastador, cerca de mí le cobraban a una madre por haber pedido clemencia al juez que le entregó sus hijos al padre, en otro rincón un pequeño niño sufría al sentir el soplete en sus manos por haber pedido unas barajitas del album de moda y no haberlas devuelto, la vieja, aquella vieja devastada lloraba mientras le ensartaban alfileres en sus brazos por haber pedido hilo y agujas a una amiga los cuales nunca retornó.

La cuestión no paraba allí, estos eran simples casos, de la vida diaria, del quehacer normal del universo, del juego terrible de los humanos, de la violencia y venganza desatada por los poderosos. El enano enfermizo se acercó y me propinó una cachetada, su risa vacía y sin destino retumbaba en aquella casa llena de odio y desolación, caminando hacia otro cuarto me topé con un hombre que apenas podía caminar, era llevado por uno de los secuaces del cobrador, el “gordo traición”, personaje asqueroso, de uñas largas y barriga colgante que se dedicaba a torturar individuos bajo las órdenes del cobrador. Sentado en una silla y el sudor corriendo por mi frente pude ver como le taladraban las rodillas a un joven que según se podía leer en la pizarra que contenía la orden del día debía pagar por haber vendido unas promesas de matrimonio a algunas damas de la sociedad.

Pude ver con mis ojos como el hombre que vendió a su madre sufría la dureza de un martillo en sus pies, la mujer que traicionó su palabra era ensartada entre gritos y sollozos, pude ver, tantas cosas pude ver. La violadora del mutuo acuerdo lloraba desconsolada por la presión en su pecho de un yunque gigante, el mutilador de la palabra yacía inerte en el piso, y así otros tantos más que pagaban, con razón o sin razón, que simplemente pagaban por el hecho de existir. De golpe se abrió una puerta, el “gordo traición” con sus dientes separados hizo su entrada, lo mismo hizo el cobrador, pero mi sorpresa llegó cuando vi frente a mi a aquel que me había tendido la trampa, aquel detestable enemigo que vendió mi nombre al cobrador, esto iba en contra de las reglas, pero que sabe de reglas el que las rompe, con el simple hecho de llamarse humano.

Sus risas sonoras hicieron que yo también sonriera, para su sorpresa por supuesto, como todo dueño de la irracionalidad, el que ríe cuando siente que otro no debe reír pues se disgusta con facilidad. Los nefastos personajes me veían fijamente, yo hacía lo propio, murmuraban cosas entre si, discutían acerca de mi vida, sin darse cuenta que ellos ni siquiera son parte de ella. “Pues bien Policarpio” se acercó diciendo el cobrador, “con tu existir debes pagar estas tantas deudas que tienes con el mal, con dolor has elegido, y por eso te he traído, puedes cerrar tus ojos para no ver lo que te espera, como ves tres contra uno es demasiado, esta vez no sales de esta pequeño soldado”.

“Por no haber bajado la cabeza ante la injusticia reinante en el planeta, debes Policarpio, nos debes a los mercaderes del mal, debes por no ser un fiel cordero que sigue al rebaño, por no haber cedido ante las órdenes de la malevolencia unificada, nos debes Policarpio, por intentar quebrar la irracionalidad del curso normal del existir, por no seguir los pasos indicados por el manual, por querer ser en vez de ser lo que queremos que seas, nos debes, nos debes, por haber nacido, por venir al planeta a no seguir nuestros dictámenes, por desestabilizar el equilibrio que te habíamos impuesto, te ordeno que pagues odiado Policarpio, por no haberme obedecido” sentenció mi enemigo gritando con todas sus fuerzas, mientras se acomodaba sus lentes y arreglaba el poco cabello que le quedaba.

El “gordo traición” se acercó, pude calcular que tenía unos dos meses sin bañarse, tomó un alicate y empezó a apretar mis dedos de los pies uno a uno, el dolor era poco tolerable, pero en esos momentos es cuando el espíritu abandona al armatoste, de lejos veía como era torturado por mi famosa “deuda”, sin piedad me golpeaban, pero no lo sentía, somos ajenos al dolor inflingido por el mal, sentimos lo que queremos sentir, lo demás se lo dejamos al planeta, a los recolectores de sentires, a aquellos que tienen otra tarea. De nuevo dentro de mi y con el dolor palpitante pude ver como mi enemigo se acercaba, traía en su mano, su arma, afilado papel, de color, y de forma rectangular, procedió a hacerme pequeños cortes en mi cara, sin darse cuenta se acercó más de lo debido y mirándole a los ojos le recordé que mi deuda era su invención y que él por el contrario si me debía más que la intención.

El asombrado hombre, quien se había olvidado que la palabra puede más que todo su peso se enfureció levantando sus manos, creando una ventana de oportunidad, tapándole la vista al “gordo traición” y al cobrador, de mi bolsillo, mi china, con rapidez, un garbanzo a la frente del cobrador quien cayó al suelo, otro a los genitales del “gordo traición” quien no sintió nada pero de la sorpresa cayó al suelo, y simplemente me lancé a un lado dejando la silla vacante, en donde los brazos cortos y peludos de aquel hombre chocaron con el metal partiéndose como caramelo de torta. Un chinazo en la cabeza calva y sucia de aquel hombre lo dejó fuera de combate, me acerqué al “gordo traición” y después de recordarle que no es bueno desear lo que no es tuyo y menos si se trata de una persona le propiné una sonora patada en la espinilla que se la resquebrajó de inmediato, caminando hacia el cobrador me acordé que la venganza no es buena, nunca, bajo ningún motivo, que no vine al mundo a cobrarle a los demás por lo que me han hecho, sino que estoy aquí para recordarles que dormimos más tranquilos sino hemos hecho el mal a sabiendas que lo estamos haciendo.

El pequeño hombrecillo, el cobrador, otrora farsante astrólogo me miraba con ojos llorosos, con rapidez buscó afanosamente en una de sus listas, allí estaba el nombre, el nombre de aquel sucio mercader de almas que yacía en el piso unos metros más allá y que tenía una vieja deuda conmigo. El cobrador me ofreció hacerle pagar de inmediato a cambio de que le dejara ir, sin pensar le dije “ni tu ni yo nos encargaremos de ese asqueroso ser, su deuda no es conmigo, es con él mismo, el simplemente le debe a su conciencia…”

Wednesday, April 05, 2006

Carta a quien la quiera...

Ahora me acuerdo, recuerdo donde comenzó todo, al menos eso creo, quizás eso me hago creer, simplemente eso me permito decirte. Era una tarde como todas, de esas que pasan al olvido sin siquiera saber que existieron, uno de esos días en donde se nos pasa por alto que cada minuto cuenta, que cada hora es parte de nosotros, que los días no vuelven y que venimos una sola vez. A los rencores y molestias no les importa cuanto tiempo les llevemos, esa es su profesión, a eso se dedican, debemos erradicarlos so pena de cargarlos eternamente, mientras pasa el tiempo nos alejamos de aquello que un día soñamos.

Me vienen a la mente trazos de aquellos días, todos tenemos un pasado, todos tenemos un futuro en algún lado, es solo que si lo dejamos ir por no hacer un esfuerzo, tarde será cuando tratemos de alcanzarle de nuevo. Hay lugares específicos, hay momentos determinados, pero los problemas no se resuelven escondiendo la cabeza y mirando hacia otro lado, hay situaciones claras, hay espacios vacíos, pero las diferencias hay que hablarlas y no dejarlas guardadas en un cajón para que crezcan hasta romper la cerradura.

A veces, solo a veces debemos bajar la guardia, mirar hacia delante y retomar el camino por donde vinimos. Cuando pensamos que no tenemos nada que perder y nos da por ser presas de la definitiva es cuando usualmente cometemos los errores más costosos. Nadie dijo que iba a ser fácil, sería aburrido, sin sentido, los obstáculos son solo piedras en el camino, y esas piedras hacen que el camino sea más humano, adornan nuestro andar, es solo que debemos aprender a esquivarlas, o quizás a tropezar con ellas, varias veces, hasta que en el fondo de nuestros seres aprendamos, nos convenzamos que la vida es corta pero se nos hace larga.

Yo no he venido a recordarte que existo, no estoy aquí para obligarte, no pienso rogar, no tengo intenciones de molestar. Si muy lejos me enviaste es por algo que lo has hecho, si tu tienes tus razones, yo las mías guardo aquí, en tu mundo no hay cabida para seres de mi estirpe, no te aflijas, ya no llores, este peculiar lugar tiene una forma de jugar, no preguntes de que trata, pues no se su validez, cada vez que pienso en ti y veo mi mundo al revés solo puedo sonreír pues no eres más que la razón de mi existir.

Como ves ni yo me entiendo, es por momentos que disuelvo, interiorizo muy adentro que yo se que es lo que siento. Si el mundo me lo quita yo devuelvo la visita, sin embargo si me dan solo debo agradecer, no es perder, no es hacer, es tan solo un querer, de esos locos y eternos, bien sabidos y testarudos, amigables y rozagantes, desde ahora al infinito, de un paso a un brinco. No me trates de entender, yo solo he venido a ser, desde lejos tu desprecio hace mella en mi andar, si un momento recordaras en aquello que creíste no dudarías ni un segundo en buscarme como aguja en el pajar, es mejor estar sin ver que pasar el resto escondidos con pesar.

Muchas letras he escrito, en mi largo caminar, nunca buenas, nunca sabias, solo reflejo de mi andar. Muchos sueños he tenido, unos rotos, otros completos, solo que mentiría si te digo que no sueño contigo. Cuando mires a la noche y veas esa estrella pasar recuerda que hubo alguien que nunca te dejó de amar. Si en tu risa ronca y gruesa sientes que falta un pedazo, no preguntes, mira al cielo, y allí estaré prendido. Hace tiempo que dejé de preguntar, eso ha aliviado mi pesar, solo quisiera hacer una pregunta más, pero mi promesa he de reservar, si la hago no sería, de no hacerlo duda eterna, hoy prefiero ver adentro que mañana no poder.

Lo infinito no se define, más bien carece de esa cualidad del fin, este dulce trabalenguas tiene un comienzo sin final, eso creo, eso siento, y aún no aprendo a esperar. Te agradezco que me avises si un minuto has pensado, desde un lado o del otro, y porqué me has abandonado, yo sigo parado en mi lugar, al igual que en mi pasado, sin promesas ni esperanzas solo recordando que se fue, entender sería mucho, el saber es de los dioses, si tu sabes y yo se porqué dañar lo ya creado, que no quede en el pasado lo que es nuestro futuro, poco a poco, paso a paso, te alejas lentamente, hoy no sientes, quien sabe mañana, y ni siquiera ha pasado una semana.

Como ves ya me voy, he robado tu ocupado tiempo, me encargado de quitarte un minuto del pensar. Si tu crees que está bien pues continúa bien derecho, solamente te recuerdo que escriben líneas rectas sobre nuestro camino maltrecho. Sin dudar has decidido que el pasado es mejor, no olvides ni recuerdes, pues ave de paso soy, pido disculpas por haberme inmiscuido en tu perfecto sazonar, nunca fue mi intención herir ni menos hacerte llorar, cuando busques algún día a mi sombra en tu costado, no podrás determinar si estoy o no a tu lado…

Thursday, March 30, 2006

Sumarial

Dices, tantas cosas dices, lo gritas a los cuatro vientos, pero no quieres que nadie lo sepa. Es tu secreto, que has revelado al decírmelo, pero sigue siendo tu secreto, o quizás es de los dos, pero es que no hay secretos de dos, o si?. Ahora tu secreto es mío, forma parte de lo que se y puedo entender, quien sabe si realmente entiendo, aquí en este planeta hay horizontes llamados a solo ser vistos sin comprender su esplendor.

Me siento, a conversar conmigo mismo, tengo tiempo sin hablarme, a veces se me olvida que existo. Me hago algunas preguntas, las contesto sin pensarlo mucho, sonrío, usualmente cuando mis respuestas carecen de profundidad quiere decir que mi mente está en otro lado. Indago un poco más, aún no deseo responderme, o quizás me he respondido y no me he escuchado, estoy frente a un espejo, el reflejo de mi alma.

Ordenas que me calle, so pena de incurrir en un delito infinito, tu secreto, debo guardar, pero donde lo pongo?, me pregunto, ese tipo de secretos van a lugares muy precisos, en donde solo llegan pocos, donde habita la razón de nuestra existencia. Los secretos pueden tornarse prohibidos pueden ser la causa del olvido, nos liberan de presiones, nos exigen decisiones, son secretos, eso son, conocidos a una parte, incansables en su andar.

Cuéntame, eso me digo, pero me rehuso a declarar, me exijo que me concentre, demando atención a mis preguntas certeras y precisas. Pretendo descubrir de una vez de que se trata, pero me niego a dejarme entrar, mi distracción es benevolente, por qué habría de dejarla ir, por un capricho de mi razón empecinada?, como explicas todo eso que no está en los libros, que escapa lo mundano, que te hace más humano.

No entiendes la base en donde se sustenta tu secreto, me permito decirte que los secretos son trozos de viento que penetran nuestros tímpanos haciéndonos sonreír, o por el contrario llorar, pero ellos no saben de reglas, ni destinos, solo conocen su verdad, y por eso son secretos, para lograr su cometido, para llegar a puerto firme, para alcanzar sueños perdidos, para cimentar en uno, lo que dos han convenido.

Me miro a los ojos, ellos no podrían mentirme, llevan tatuado el saber de mi existir. Apenas pestañean, permanecen incólumes ante mi asecho, no pretenden hablar de más, no quieren ser cómplices de jugar con la verdad. Mantengo esa sonrisa que pocos saben disfrutar, pretendo hablar, pero solo cuando pueda expresar, a veces es mejor callar, aún corriendo el riesgo de naufragar.

Nace en ti, sale, regresa, regalas en tu mirada el sabor de ese secreto, ahora lo he probado, estoy consciente de lo que significa, le puedo ver. Como ves el secreto ya es divisible, se comparte, tiene principio y final, lo podemos guardar y proteger, podemos verle crecer. Agradezco que lo hayas entregado, disfruto que lo hayas compartido, es puro como el agua en el nido.

Ahora todo es una mezcla, un sin fin de colores que nublan los sentidos, no pretendo hacerme más preguntas, las respuestas ya las conozco. Te acercas y me tomas de la mano, me invitas a volar en la inmensidad del resto de la existencia, tu secreto me has dado, el mío he liberado, y de ahora y para siempre somos uno reflejados en nuestro espejo, en el espejo de aquello que llaman vida…

Friday, March 03, 2006

Noches

Que saben ustedes de esperas?, quisiera escuchar sus versiones, quisiera que alguien me indique como se espera una espera?. Han sido varias las noches en donde solitario divagué por el planeta, ciertamente nunca sin perder el norte de mi misión, salvar, pero igualmente todas esas horas llenas de incertidumbre y desasociego se acumulan en el la tarjeta de la vida.

Parado debajo de un poste de luz me encontraba. Dándole vueltas a mi mente, quizás teniendo el ridículo sueño que la luz emanada del poste iba a hacer claro el camino, la vía de mi oscuridad interior. Era otra de esas noches donde un triste superhéroe trataba de darle sentido a su existencia, una noche en un lugar extraño a pesar de conocerlo por doquier, una noche donde mi vida cambió para siempre.

Hay esperas con búsquedas, hay otras que se alimentan del descanso, pero el cierto hecho de mantenerse a la merced de aquello que no sabemos puede suceder, nos intranquiliza al punto de hacernos creer que nos hemos equivocado de planeta y que pronto despertaremos en nuestro mundo, la pesadilla se habrá extinguido, la luz nos volverá a parecer la misma de siempre, nuestra voz nos suena de nuevo a la costumbre.

Veo venir los fantasmas del pasado, ese pasado que no es más que momentos que se niegan a morir, que en su transición de presente a pasado dando paso al futuro nos capturan dejándonos inmortalizados. Pasan al frente de mi, algunos me provoca retenerlos, otros borrarlos para siempre, pero allí están y se repiten con la facilidad con la que el verde pasto crece cuando la lluvia obra su mágico milagro.

Me muevo, comienzo a caminar, método usado desde tiempos inmemoriales para tratar de dejar atrás lo que nos atormenta en nuestro interior. Ya no hay luz, me adentro a las sombras de esa canción de cuna que recitaba cuando pequeño, es solo, es solo que la letra ha cambiado, ya no me hace sonreír, simplemente me invita a revisar antes de conciliar el sueño todo aquello que gané y que perdí.

Quien gana o pierde en una batalla contra la nada?, esa guerra que he librado en mi interior desde que acepté mi condición. El ínfimo intento de alcanzar la estabilidad a costa de malgastar la sanidad. Decisiones debemos tomar, esas que llevan impresa la sanción impuesta por haber nacido en este suelo, sin olvidar que lo que decides hoy mañana puede ser aquello que te salve, o por el contrario te elimine.

Me desdibujo con la niebla de aquella noche, no pertenezco a ella, pero tampoco he sido expatriado. Enfrentarme, la confrontación eterna, la vitamina de mi existir, la aguja que marca la pauta de mi correr, el estigma que llevo por saber que debo hacer. Siento que me miran, a lo lejos, alguien con menos fortuna desea cambiar mi soledad por la suya, simplemente para verla distinta, para recordar sin saber que va a pasar.

No he parado de caminar, ya se adonde voy, entiendo la razón por la cual abandoné la luz para andar en la oscuridad. Recuerdo que todo empezó con una espera, de la cual no sabía como esperar, de esas que te llevan de la mano, bailan contigo y te dejan para seguir su camino, no sin antes invertir su futuro en tu existir. Ahora empiezo a verle, sabía que tenía que llegar.

Me siento al frente de ella, la respiración suena como un trueno, se muestra, afuera de su escondite por primera vez. Se sabe conocida, pero olvida que adentro todavía salta su inocencia. Aún se protege, de aquello desconocido, de esas verdades que le han planteado y que se fueron con el viento, con todo aquello que estaba a su lado. Mira fijamente, me mira fijamente, el control no es necesario cuando empiezas a sentir.

Estudia y prueba, así le han enseñado a medir, es que debe salvar su existir. Hay momentos que desea compartir, pero callada permanece en su halo de seguridad, al hablar delataría las razones, exponerse no es su fuerte, es que nunca le han visto, pobres ciegos insolentes, ahora solamente les exijo, no se atrevan a mirar, a todo aquello que es mío.

En la tranquilidad de la desesperación reposo al verle pasar, yo no espero eso entiendo finalmente, no pregunto sino es cierto, yo me muevo al compás de la existencia. No podemos prometer lo que está por suceder, nuestras mentes vuelan alto y allí se encontrarán, nunca es tarde, es mi llanto lo que escuchas a lo lejos en tu dulce amanecer, si pudieras tu buscarme estaría agradecido, solamente yo te pido que te quedes a mi lado, no te vayas, no te vuelvas, una simple espera más..