Tuesday, June 07, 2011

X

Algo extraño había sucedido con aquel hombre, si es que podemos llamar extraño al acontecer diario en este putrefacto lugar. Llegó muy temprano al trabajo, el mismo trabajo que había mantenido durante años, aquel donde encontró la seguridad establecida, lugar donde se fueron sus ideas al vacío. Sin pensarlo dos veces se orinó en las sillas de sus dos supervisoras, no conforme con esto procedió a verter ácido muriático sobre todos los archivos que por años le habían acompañado. No es fácil describir lo que se siente aquí abajo, razones hay de sobra pero no basta con encontrarlas, caminando con una sonrisa en su cara pues nunca perdió el sentido del humor se dirigió al cuarto de comedor en donde prendió todos los artefactos eléctricos allí encontrados y comenzó a hacer vasos y vasos de café aunque en su vida había tomado ni un sorbo de aquella droga aceptada. Esperó paciente el momento que estaba por llegar, rodeado de vasos de café humeantes que le hacían compañía y con una rosquilla gigante en su mano subió la mirada cuando su supervisora entró despavorida, pálida, enfurecida, y sin mediar palabras le señaló la puerta, de salida claro está. Mordió aquella rosquilla sabrosa y le ofreció una mordida a su supervisora, luego se paró, hizo una reverencia y se marchó sin notar el más mínimo cambio en su constante y habitual estado de mente, es que somos lo que somos.

Salió a la calle en donde la luz del sol confundía a los transeúntes pues en realidad no quemaba, el sol, como otros, se había rendido en el camino. El rayado peatonal era largo y muy blanco, parecía sacado de una película, gozaba de una perfección admirable, por supuesto, era un paso peatonal. No vió venir el carro que a toda velocidad se aproximaba, la mujer emperifollada y lista para conquistar el mundo traía el pie hasta el fondo del acelerador, la fuerte música que salía de las cornetas no le permitía pensar, quizás era el olor penetrante de su perfume recién salido al mercado. Volteó y vio aquella sombra amenazadora venirse sobre él, la vida no le pasó enfrente de si mismo en un segundo, no recordó a sus seres queridos ni pidió perdón al Todopoderoso, ni una gota de adrenalina se filtró en su cuerpo, nada, la nada, ni un sentimiento afloró mientras el ruido estruendoso del frenado le causó cierta molestia en el tímpano y ni siquiera forzó su mirada hacia el vehículo que quedó a escasos milímetros de su pantalón de tela marrón. Miró el semáforo y comprendió que de nuevo tenía la razón, es solo que a veces no basta con tenerla hay que también entenderla. La dama del carro gritó en la lejanía “es acaso que tu tienes aceite en las venas?”

Entró al banco, aquel que estaba situado en el centro de la ciudad, con un decorado barroco y una iluminación precaria, dio un paseo sin sentido por cada ventanilla del mismo y decidió pararse en la número siete, desde niño le gustó aquel número y no por considerarlo de la suerte, simplemente le gustaba. Le pidió a la cajera que le entregara todo el dinero que había en la bóveda, acto seguido sonrió y le dijo que se trataba de una broma, la mujer que había perdido la coloración además de sentir un calorcito en la entrepierna le advirtió que podía ir a la cárcel por su “bromita” pesada y que lo dejaría pasar esta vez pues se encontraba feliz ya que finalmente había conseguido novio. Retiró todo el dinero de la cuenta, no tenía mucho en realidad, colocó aquellos papelitos de colores dentro de su billetera y se dispuso a salir. El ladrón, el verdadero ladrón, gritó que le entregaran todo el dinero, la cajera entre lágrimas y sollozos pidió que no la mataran, que le darían lo que él pidiera. Se encaminó hacia el hombre que demandaba el dinero y se paró a su lado, le indicó que era mejor si se iba de aquel lugar y abandonaba la idea de robar el banco, el ladrón sin poder creer aquello le puso la pistola en la cabeza profiriendo unos cuantos insultos, de nuevo le pidió que se fuera del banco, que hasta él mismo lo acompañaba y le compraba el almuerzo. El anti-social ya desesperado le dio un ultimátum, y justo cuando se aplomaba para disparar la alarma del banco sonó, tomó de la mano al ladrón y se lo llevó hacia la calle, le entregó su dinero y le dijo que se fuera. El ladrón aún sin poder dar crédito a lo sucedido trató de explicar sus razones, el hombre tenía las de él, todos tenemos algunas, y por eso nunca estaremos de acuerdo.

Se fue a su casa en donde luego de tomar un largo baño con agua hirviendo se afeitó y se vistió con un pulcro traje italiano. Se miró al espejo y vió lo que siempre había visto, ni un solo cambio, es solo que no aprendemos a mirar lo que en realidad hay que ver. Después de revisar que todo estaba en orden se puso en marcha, los zapatos negros brillaban en contraste con la luz de aquel iluminado salón de fiestas, la algarabía propia del momento se confundía con la cotidianeidad de cada ser viviente, los colores cansados de su tono suplicaban que les fuera permitido cambiar, es que hay momentos en donde hasta a la poesía le da pereza rimar. La fiesta andaba sobre ruedas, tal cual se planeó cuando se sentó a su lado aquel banquero temerario, después de un simple saludo, y al ver que no existía ninguna reacción le informó que los mercados capitales se habían venido a menos, irrecuperables, una avalancha de destrucción nunca antes vista, todo, todo regado por el piso, la mera ilusión de un descanso eterno venido a menos, sin esperanza se vive, pero la espera se hace larga. Sacó su billetera y le entregó el último papel que ella contenía, sonrió y se paro de la mesa, sin siquiera levantar la mirada salió sin que nadie lo notara, para que te vean debe haber una razón, si la perdiste pues no tienes perdón.

Decidió caminar hacia su aposento, había sido un día largo, aunque nunca había entendido aquel concepto pues todos, hasta donde él sabía, tenían veinte y cuatro horas, a lo lejos vió unas luces de colores, escuchó las sirenas y se encaminó. No tenía nada que hacer, nadie le esperaba, decidió husmear y vió los pedazos de metal retorcido, cada quien busca lo que quiere, todos encontramos lo que nunca hemos deseado. De pronto un oficial de la policía se le paró al frente y sin mediar palabras le colocó las esposas en sus muñecas. Sin entender pero dispuesto a complacer se limitó a sonreír y esperar. En aquella buseta y rodeado de desconocidos lo paseaban por la ciudad, las amenazas no faltaban, las acusaciones volaban. Entendió al fin que de una manera u otra vamos pero no venimos, se trata de ir y no volver. En la central lo recibieron a patadas y empujones, después de pasar un rato allí sentado, vejado, disminuido, entró a aquel cuarto mal oliente y feamente pintado un hombre mal encarado, tu no le tienes miedo a la maldad policíaca? se limitó a decir, en ese instante otro se acercó y le susurró algo al oído, el hombre le quitó las esposas y le dijo que se fuera, un error o algo así murmuró, las razones las buscamos, sin encontrarlas agonizamos.

Sin sudar ni una gota ni pensar en lo sucedido caminó tranquilo por aquellas avenidas y calles, la noche estaba bien entrada y apenas quedaban rastros de aquel día en el reflejo de la ciudad. Por un instante pensó en quedarse allí para siempre, estático, plasmado y confundido entre las ruinas del quehacer mundano, es lo mismo si estás y no notan si te vas. Su esposa estaba de viaje, si no hay diferencia no hay motivos para la paciencia. Entró al apartamento y escuchó unos ruidos que llevaba tiempo sin reconocer, allí en la sala su otrora amigo y su esposa jugaban plácidamente a aquel juego del cual siempre deseó escapar, cada quien cruzó las miradas necesarias del caso y el par de tórtolos comenzaron una explicación encadenada de aquellas razones que siempre debemos brindar, luego de un silencio ensordecedor, la esposa se plantó y le pidió que se fuera de la casa, que ese no era su hogar, que allí no pertenecía y no debía estar, ni siquiera la soledad de aquel momento sombrío lo hizo rechistar, sonriendo tomó de nuevo su saco y a la calle se echó a andar.

Durmiendo en un banco de aquel parque soñó como hacía todos los días, aquella mezcla de razones y motivos que nos acarician mientras no vemos. La pesadilla entró con rapidez y parecía no tener ganas de alejarse, se tornó violenta y misteriosa, un caudal de situaciones del pasado pero que no eran otra cosa que el presente, ese pequeño instante para pasar al futuro, un futuro que logró ver desde siempre pero que quiso encarar en carne propia. Se ensañaban en contra de su ser, aquella voz que siempre susurraba sus razones repetía con constancia y placer las verdades que se alojaban en su interior, una a una, poco a poco, sin piedad ni misericordia, esperando el momento preciso para llevárselo todo, ha llegado tu hora, es acaso que no la estabas esperando?, abrió los ojos y se encontraba tan tranquilo como la noche anterior, como el día anterior, como su vida anterior.

Un niñito que esperaba el autobús para comenzar su día preguntó “señor, a usted no le da miedo dormir aquí solito sin sus papás?, en ese momento recordé que solo me tengo miedo a mi mismo…

Wednesday, April 27, 2011

ET

Iván José Alcántara Molleja había estado fascinado con la vida extraterrestre desde temprana edad, cuando contaba con tres años pasó doce horas seguidas pegadito a la ventana de su habitación repitiendo las palabras UFO, UFO, UFO, pues había escuchado en un programa televisivo que con ese mantra se podía atraer a algún personaje del espacio exterior a visitar nuestro planeta.

A los cinco años pidió a sus padres que le compraran un disfraz de marciano, se lo puso hasta que las antenitas cayeron vencidas por el uso, a los 7 se subscribió a la revista de cartones "El Espacio y sus habitantes", a los 10 atendió su primer seminario sobre las estrellas y los planetas en el planetario del Parque del Este y a los doce ya escribía historias de seres extraños que nos visitaban para explorarnos y conquistarnos. Igualmente instaló una antena de manufactura casera en la ventana del apartamento donde vivía la familia Alcántara Molleja la cual conectó a las luces del arbolito de navidad con la esperanza que algún extraterrestre se sintiera atraído por aquella gama de colores que titilaban en la noche, el resultado no fue el esperado pues causó un cortocircuito y quemó el pino, las luces y hasta los regalos del Niño Jesús.

El muchachito no quería ir a Disney World, solo visitar Roswell y el Glaciar Perito Moreno en Argentina para ver si finalmente lograba establecer contacto con algún habitante de otra lejana galaxia. Escribió cartas al SETI, visitó sus instalaciones un verano y pasaba horas y horas leyendo cualquier cosa que de alguna manera u otra le suministrara información acerca de la existencia de vida en otros planetas o galaxias.

Iván insistía en que quería ser astronauta pues estaba convencido que con algún bicho raro se encontraría en el espacio sideral, finalmente y con gran esfuerzo de sus padres le enviaron a estudiar Astronomía e Ingeniería Espacial a la Universidad de Arizona en donde se destacó y ya graduado con ayuda de uno de sus profesores entró al programa espacial de la NASA, después de un año de entrenamiento finalmente llegó la carta con la respuesta definitiva si Iván pasaría al Programa Elite de Astronautas. Con cuidado abrió la carta para encontrarse que la respuesta había sido negativa, al parecer Iván no contaba con los atributos físicos necesarios para poder realizar viajes por el espacio. Iván continuó intentando de todas las maneras posibles para de alguna u otra forma poder establecer contacto con la vida sideral pero todas las oportunidades se fueron cerrando. Abatido y triste regresó a Caracas y se dedicó a trabajar en el planetario del Parque del Este.

La vida de Iván se había sumido en el más completo de los aburrimientos, todo era una monotonía eterna, era una especie de pesadilla de la cual no podía despertar. Una noche regresaba solo a su casa como todos los días Iván divisó a lo lejos, en un monte de la carretera una luz roja muy brillante que además parecía moverse en círculos. Después de controlar el carro pues casi se sale de la carretera por la emoción logró ordenar sus pensamientos y pensó "coño al fin, al fin, esta vaina tiene que ser una nave extraterrestre, luz roja circular, de los habitantes de la Vía Láctea en su paralelo 135, detrás de Plutón, seres amigables, pequeñitos, muy inteligentes", "coño no lo puedo creer" se repetía a si mismo mientras aceleraba para acercarse a la brillante luz roja.

Apagó el carro y se bajó, abrió la maleta del carro y sacó un traje especial que había comprado en un Congreso de Vida en el Espacio Exterior en Canada, se lo puso y comenzó a adentrarse en el monte, poco a poco se acercaba a la luz roja cuando de pronto vio una figura que por la oscuridad de la noche no era más que una sombra con forma de enanito, encorvado, sudando, Iván se paró en seco cuando escuchó unos sonidos extraños, coño se dijo a si mismo, definitivamente son ellos, los habitantes del paralelo 135, ay coño que emoción se repetía a si mismo. Un poco más cerca y haciendo uso de todos los conocimientos adquiridos a través de los años procedió a identificarse. Aquí de este lado, Iván José Alcántara Molleja, soltero, 35 años, 1, 77 de estatura, 75 kilos de peso, terrícola, Ingeniero y Astrónomo, sin ninguna intención hostil, solo queriendo establecer contacto con vida extraterrestre, pacífico y amable, quien responde de aquel lado?. Un silencio sepulcral existía en el ambiente, mientras los ruidos extraños emanados de la pequeña figura encorvada se hacían cada vez más fuertes.

Iván repitió, yo soy humano, en misión de paz, solo quiero establecer contacto. De pronto la figura se puso en pie y dijo "Carlos Lanz, chofer de ambulancia y coño hermanazo simplemente tratando de echar una cagadita en el monte"…

Thursday, March 24, 2011

Viaje Galáctico

Venía del trabajo como todos los días, esperando el metro, el autobús, simplemente viviendo la vida, sin más ni menos, me dispuse a entrar a la casa con la esperanza de encontrar a los Medias Rojas ya ganando el partido de aquel día. Escuché unos ruidos muy particulares en el jardín, me acerqué cautelosamente y pude jurar que había visto par de enanitos muy blancos y brillantes saltando, me froté los ojos mientras rezaba a San Goyo, el patrono de los ciegos, y lamentablemente habían desaparecido, "estas loquito" me dije y entré a la casa. Me recosté en la cama para descansar y simplemente caí rendido por el cansancio de un día cualquiera, de un día cualquiera de esos en que ves enanitos brillantes revoloteando por el jardín.

No recuerdo bien como pasó, solo puedo decir que abrí los ojos y pude ver una luz brillante que venía de la ventana de mi habitación, me levanté de la cama y dije en voz alta, "bien ha llegado la hora, camina hacia la luz donde unos seres llenos de paz y amor te van a tomar de los brazos y te van a llevar a descansar por la eternidad". Seguí avanzando y nada que los afamados y bien conocidos seres de luz, paz y tranquilidad acaban de aparecer para conducirme hacia el otro lado, repetí "no te preocupes, sigue caminando que ya los vas a ver y a sentir". De pronto sentí un carajazo en mi espinilla y pude ver a dos seres enanos, cabezones y con ojos ovalados con cara de malos que se reían mientras hablaban entre sí en una lengua desconocida para mi persona.

"Quieto guevón", me gritó uno de los enanitos, yo solo pude decir, "tranquilos, tranquilos, no me hagan daño que con esa patada en la espinilla no puedo correr pa' ningún lado", de inmediato el que me había metido la patada en la espinilla sacó una inyectadora y me clavó la aguja en el muslo, "coño que haces enano de mierda? alcancé a decir pero en cuestión de segundos había caído en los brazos de Morfeo nuevamente.

Desperté amarrado en una mesa fría y de algún metal desconocido, rodeado de 5 enanitos que me miraban fijamente. "Coño no puede ser" pensé, "solamente a mí me llevan unos enanos brillantes para joderme la existencia". Traté de hablar pero no me lo permitieron dándome un carajazo en la boca con una especie de paleta de goma, uno de ellos, el más feo, tomó la palabra y me dijo "bienvenido a la sala 215 del pabellón X-4 dentro de la Nave Nodriza Antares, lugar en donde se realizan experimentos con distintos seres de diferentes razas a lo largo de la galaxia.” "Ahora si me acomodé yo" pensé, "no es suficiente con pagar el carro, el teléfono, internet, la comida, lavar la ropa, cocinar, que las mujeres te desprecien y aguantar a la gente del trabajo sino que enanitos de otro mundo me escogen para experimentar conmigo", otro de los enanos habló "le estaremos realizando experimentos durante unas 12 horas en tiempo terrestre, por favor colabore para no tener que hacerle daño."

Sin darme chance de patalear una aguja atravesó mi ombligo, "ay coño esto si duele" grité y me volvieron a meter otro carajazo con la paleta de goma en la boca, la aguja parecía recorrer todo mi cuerpo pues la sentía en distintos puntos, de reojo podía observar como en una pantalla se veía mi organismo por dentro mientras los enanitos anotaban cosas en una libreta y hablaban entre si en su idioma desconocido. Después de varias deliberaciones entre ellos se acercaron y me dijeron "terrícola, usted debe permanecer aquí con nosotros pues nos va a ayudar a determinar ciertos parámetros para la invasión programada al planeta ese pirata donde viven ustedes, solamente le vamos a hacer unas preguntas para luego pasarlo a la sección de estudios avanzados. "Me cago en diez" pensé "no le di comida a mi perro, el loro debe andar arrecho, me van a botar del trabajo, mi novia debe pensar que estoy con otra y yo atrapado por estos enanos en quien sabe donde coño."

Me pararon de la mesa y pude ver como había una mano de seres raros a lo largo de la habitación, un monstrico azul con tenazas verdes se quejaba de la comida que le habían traído y una bola de pelos con tres antenas estornudaba sin parar llenando un pipote con una sustancia amarillenta, en otra de las mesas estaba Jaime Lusinchi al que los seres enanos le habían puesto un letrerito que decía "BASURA", más allá logré ver a Aristóteles que trataba de convencer a los enanitos que la filosofía era más importante que destruir al planeta y muy bien amarrado tenían a Mr. Hyde que trataba de soltarse a toda costa.

Sentado en una silla con 3 enanitos frente a mí comenzó la ronda de preguntas, "cual es la capital de Suecia? dijeron, yo respondí "Estocolmo", los enanitos se miraron y prosiguieron "a que temperatura hierve el agua? "a 100 grados centígrados a nivel del mar" dije, los enanitos se miraron y continuaron, "cuanto es 2345 x 3790?, "8.887.550 respondí", "quien es el hombre más inteligente del planeta Tierra? "Hugo Chávez" les dije. Hubo un silencio y los enanitos salieron repentinamente de la habitación.

Entró otro enano con cara de pocos amigos y repitió la pregunta, quien es el hombre más inteligente del planeta Tierra?, "Hugo Chávez" volví a decir, el enano enfurecido me metió otro paletazo en la boca, de seguido entró un enano que llevaba capa y una corona y me preguntó “quien es el hombre más inteligente del planeta Tierra?, "miren" les dije, "Hugo Chávez es el hombre más inteligente del planeta", los enanos se retiraron y la nave giró bruscamente, en cuestión de segundos logré ver por una de las tantas ventanas de la nave que estábamos posados sobre el Palacio de Miraflores, "hay coño" pensé "estos enanos no saben lo que están haciendo, ahora si me van a linchar".

Con igual rapidez la nave se posó sobre mi casa, los enanos me agradecieron mi tiempo y me regalaron una chupeta que me quitó el dolor por los paletazos en la boca, caminé hacia mi cuarto y me llevé la sorpresa de mi vida cuando en mi sala vi a Hugo Chávez sentado, "que coño haces tu aquí?, "bueno camarada mesmo, misión amistad, aquí me han dejado los enanitos mesmos", "si, si, pero tan rápido?, "mesmamente, rápido sí, es que hablé con ellos, les propuse unas misiones espaciales, alienígenas, les propuse darle petróleo por estrellas, médicos cubanos por polvo sideral, les ofrecí unos terrenos en Barinas a cambio de una nave de esas de ellos para derrotar al Imperio, al de la capa, ese mesmo, el jefe mesmo, le ofrecí el Ministerio de Estudios Espaciales y le dí carta blanca para robar", pude observar a un lado de mi sala una chupeta del tamaño de una nevera y pensé "coño a este sí que le cayeron a carajazos de verdad verdad", Hugo prosiguió "mesmamente les ofrecí un intercambio, unos de ellos se vienen a sembrar tomates en Margarita mientras mando a Nicolás Maduro a aprender cómo manejar la nave para derrotar al Imperio", a todas estás pensé "déjalo que hable, que se distraiga, este es el momento de acabar con esta tortura para los venezolanos", Huguito seguía hablando "y bueno mesmamente les ofrecí unos gallineros verticales y enviarles a Rangel Silva por tres meses para que les imparta unas técnicas de guerra asimétrica para sus batallas galácticas, les regalé la Constitución Bolivariana y les deje claro que tenían que iniciar una revolución en la Vía Láctea para acabar el monopolio oligarca de George Lucas con ese cuentito de Star Wars mesmo, además les pedí por favor que me le enviarán un saludo efusivo a Alien, si el monstruo de la película que yo sé que no es malo sino que es socialista y revolucionario, y por supuesto les recordé la frase de Bolívar 'En la galaxia están nuestros amigos y las estrellas nos dan luz', ah y se me olvidaba les obsequié una morrocoya para que sus muchachitos se diviertan mesmamente."

Sentí una gran pena ajena por lo que había hecho pasar a los enanitos brillantes pero consideré que estábamos a mano por haber perturbado mi paz en un martes cualquiera, me desplacé hacia la gran chupeta y grité "mira Hugo en la ventana, unos gringos Marines que nos vienen a atacar", cuando el tarado volteó hice rodar la chupeta que más bien parecía una bola de acero, la misma tomó por sorpresa al Teniente Coronel y lo aplastó sin darle chance a escapar, caminé unos pasos y me cercioré que efectivamente el inquilino de Miraflores había quedado espachurrado, sonreí y pude ver como la chupeta tenía una pequeña nota, "Terrícola, gracias por hacernos reír un rato, teníamos tiempo sin hacerlo, nos engañaste, este actor de Radio Rochela de verdad que es una joda, no es el hombre más inteligente del mundo pero de verdad que hizo reír a toda la galaxia………

Tuesday, March 22, 2011

Voyeur

Guindado en el techo de un baño público en el Hotel Hilton de Johannesburgo Julián Estrada sacó su cámara y su filmadora, con cuidado movió una de las placas del techo falso y comenzó a filmar y a tomar fotos, Nelson Mandela estaba haciendo sus necesidades y Julián realizaba lo único que sabía hacer, filmar y tomar fotos de gente cagando.

Julián nunca fue un niño normal, desde pequeño desarrolló ese placer por mirar, pero no por mirar pájaros, atardeceres, gente caminando, aviones ó flores, Julián miraba y filmaba gente en pleno acto defecatorio. Tuve la oportunidad de conocerlo en uno de mis viajes a un Congreso de Ociosos en Montevideo, Uruguay y fue donde me confesó su placer por espiar y filmar a los seres humanos en lo que el consideraba era el momento más indefenso de una persona a lo largo de su vida, me decía este argentino "Ché, vos has visto momento más vulnerable en la vida de un ser humano que cuando está allí sentadito, solo, con los pantalones abajo y además realizando todos los ritos que tiene que hacer la gente para poder relajarse y depositar los leños". Según Julián todas las personas tenían ritos extraños, formas distintas, fetiches y maneras para poder ejercer el derecho a liberar las tripas de la mugre en ellas contenida.

Yo me limité a decirle "coño Julián, extraño gusto el que has desarrollado, pero bueno cada loco con su tema". El tipo me dijo "y bueno querido, esto tiene un fin, me he dedicado a filmar gente famosa y no tan famosos, y pronto Warner Brothers finalmente va a producirme la película que siempre he soñado realizar, ya tiene hasta nombre, 'Historias Cagadas'.

Julián siguió hablando y me dijo, "mirá querido tengo a Madonna, al Dalai Lama, Sean Connery, Julia Roberts, Angelina Jolie, Tony Blair, Ricky Martin, Donald Trump y hasta a Maritza Sayalero en pleno acto con sus respectivas pocetas, de hecho tengo más de 500 personalidades famosas y unas 1200 personas de la vida, es más te cuento que Bill Clinton caga fumándose un tabaco mientras ve fotos de Monica Lewinski, Pelé caga después de echar una foto de Maradona a la poceta, tu presidente Chávez lo hace cantando el himno nacional y se pone una barba falsa para parecerse a Fidel Castro, el Papa lo hace mientras ve una foto de Satán y Jennifer Lopez se sienta al revés en la poceta. No te cuento más para que vayas a ver la película, y bueno no te vas a creer lo que la gente común hace, no te lo vas a creer", soltó una carcajada y se volteó para perderse entre los asistentes al Congreso.

Eran las 10:30 p.m. cuando sentí uno de mis clásicos retorcijones, de un salto me paré y agarré mi barajita de Bill Buckner, si de ese mismo infeliz que se le fue un batazo entre las piernas en la Serie Mundial del año '86 y que me causó mi primera gran depresión con apenas 12 años, cuando los Medias Rojas de Boston perdieron ese año juré que cada vez que fuera a depositar llevaría conmigo la barajita de ese nefasto personaje para de alguna forma figurativa sentir que me estaba cagando en él por el dolor que me había causado, ya sentado y concentrado en mi barajita me entró la psicosis pensando en que el argentino podía estarme viendo, con mucha cautela levanté mis ojos hacia arriba, así como quien mira a "ojo de perdíz" y alcancé a ver como se movía el techo falso de la habitación en que me encontraba y pude ver como Julián Estrada me filmaba.

Unos meses después me enteré que finalmente la película que conmocionaría al mundo se iba a estrenar en Nueva York, muy tranquilo me trasladé a la Gran Manzana para ir al estreno de la misma. Con alfombra roja y demás Julián Estrada fue recibido, un grupo de más de 500 personas se apersonaron para ver el "film" por primera vez. Hábilmente me logré colar en la premiere y lo reconozco pasé una pena terrible cuando ví que el nefasto argentino me había incluído en su "documental", una señora que estaba sentada al lado mío me reconoció y empezó a cuchichear con el marido, yo simplemente me hice el loco, me paré y salí a esperar el momento indicado.

Al rato comenzaron a salir las personas, una multitud se había aglomerado en la zona para aclamar al "gran director" argentino por su fantástica película, luces, sirenas, gritos, gente desmayándose y demás acompañaban la escena. Yo paradito allí esperé y finalmente Julián salió ante los aplausos y gritos, el tipo me vió y me dijo "y boludo como andás?, que bien salistes no?. Sin contestarle levanté mi índice y le indiqué una de las pantallas gigantes de Times Square, allí se podía observar con toda claridad a Julián Estrada, sentado en su poceta, vestido de Superman, cantando "Juan Charrasqueado" y con un peluche de un oso rosado.

Julián trató de decirme algo pero lo paré y le dije "a mi no me jode nadie", y me fui caminando.

Thursday, February 03, 2011

El recuerdo de aquella noche fantástica

Se preparó durante muchos años para aquel momento. O eso creía él. Minuciosamente estudió las probabilidades de salir con vida ante aquello que se le presentaba, analizó con esmero cada particularidad entre el cielo y la tierra.

Así se embarcó en aquella aventura, aquel momento frenético que lo catapultaría hacia el nuevo mundo, lo desconocido, todo aquello que siempre había soñado. Hay segundos que se transforman en minutos, estos en horas, otros en días, después meses y años, es lo mismo, igual a siempre, en un instante distinto.

Algunos perciben los cambios, otros cambian para percibir. La realidad acerca, hasta donde el sueño lo permite. Caminó por veredas conocidas y extrañas, flotó en aquella masa inerte de colores, se permitió seguir, sin dudar, con aquel sereno andar.

Con perfecta precisión calculó la hora exacta de su transformación, ese brinco hacia un lugar fantástico por supuesto, la mezcla de matices perfectos para desarrollarse a su máxima expresión. Al, parecer olvidó que la vida es una apuesta perdida, ciertamente perdida, pero con la esperanza que el croupier se equivoque.

Pensó en aquel tiempo en donde esperaba por las estrellas, soñó con olores distintos a los cotidianos temores, vemos lo que creemos, creemos en lo que vemos, el presente es un instante entre lo que fué y lo que será, es solo que dura una eternidad. En ese mito que se llama vida y que los humanos jugamos día a día...si la vives sales muerto y si no por igual.

Así sintió el cañonazo, los fuegos artificiales iluminaron la ciudad, recibió los abrazos y besos de costumbre y entendió que era lo mismo, exactamente igual a un minuto atrás…

Monday, January 10, 2011

Melchor

Al Monje Loco lo conocí en una rumba, si en aquella época en donde todavía salía a fiestas a ver como se estaba moviendo el ambiente macabro de las relaciones humanas, quien estaba ganando aquella malvada batalla?, hombres? mujeres?, nadie en realidad sabría decirlo. Melchor Capodimonte era su nombre, yo pedía en el bar una Coca-Cola ante la mirada atónita del barman cuando Melchor pidió un "sombrero", "Kahlua con Ponche Crema" dijo como para reafirmar que era lo que quería. Sin mediar palabras me abrazó y se guindó a llorar. Mis instintos machistas me hicieron retirarlo mientras le decía "no jodas guevón tu estas loco?, pero al verlo a los ojos entendí que el dolor se había apoderado irremediablemente de aquella alma en pena y no me quedó más remedio que prestarle mi hombro para que llorara. Después de sollozar un buen rato y de cagarme la camisa con mocos, me dijo "coño, no tengo como pagarte, te cagué la camisa, que vaina, que mierda soy, que débil". Yo la verdad después de haber asimilado que hay que estar bien jodido para tratar de rascarse a punta de Kahlua con Ponche Crema le dije "no te preocupes pana, tengo otras, es solo una camisa."

"No puedo más, no puedo más, mi corazón no es de goma, es que no puede ser", para mi estaba claro que el pobre Melchor estaba jodido por algún culito de los tantos que ahogan la existencia de los hombres. "Mira chamo" le dije "yo tengo un tratado escrito de todas esas vergas, lamentablemente no hay solución, simplemente te duele y no venden nada en la farmacia para que se te quite, el tiempo ayuda, pero no borra, es solo cuestión de tomar decisiones de vida". Capodimonte me miró y me dijo "y de que se tratan esas decisiones de vida?, "mira loquillo" le contesté "eso no es así tan fácil, tu estas golpeado hoy, abatido, no estás pensando claro, mejor te explico otro día", "no, no coño, me tienes que decir hoy por favor" me dijo Melchor mientras se me guindaba a la camisa otra vez, "bueno, bueno loco, está bien pero no me le arranques los botones a la camisa, con los mocos es suficiente".

Le hice una seña a mis panas que no entendían de que se trataba aquel carajo que se me guindaba encima y cargué con Melchor hasta mi poderoso Chevette. Aquel en donde en alguna oportunidad habían paseado bellas damicelas caraqueñas pero que en ese momento solo se usaba para llevarme y traerme en mi andar lúgubre pero feliz. "Melchor Capodimonte pana" me dijo, "Melchor Capodimonte, jodido, escoñetado". "Verga pana que pena" prosiguió "yo te saqué de la fiesta, seguro tenías tu culito allá adentro, no se tu control, tu entuque, tu jevita, tu mamita, que pena de verdad", "mira Melchor, yo no tengo un coño, de vaina y me tengo a mi mismo", le contesté "hace tiempo me retiré, después de documentar una a una todas mis historias, un día así como el que estas viviendo tu hoy me miré al espejo y me dediqué a otras cosas, no digo que de vez en cuando no le haga una maldad a alguna diabloterita, pero en general mi vida necesita paz y no hay vaina más complicada que un animal que sangra por cinco días y no se muere."

Melchor explicó con lujo de detalles su última desventura, nada nuevo para mis oídos la verdad, otra simple historia de esas que se escuchan por doquier, una vieja historia que ya había documentado en mi cuaderno empastado. "Lee ahí" le dije, los ojos de Melchor se aguaron al ver como su historia ya me había pasado a mi, simplemente otros nombres, otros lugares, unas cuantas groserías distintas, pero el mismo resultado. "Y que hago ahora?, me dijo "que le hago a este hueco?, "mira Melchor, el hueco se cierra, todo dependerá de cómo tu lidies con tu cicatriz, hay los que se ponen vengativos, hay los que se esconden, hay los que se dedican a darse más carajazos para ver cual les duele más y así un sin fin de opciones que copan la escena de las relaciones humanas." "Ellas por otro lado" proseguí "lloran sin parar, se levantan y le pican el ojo a cualquier guevón y ya eres historia, nosotros cargamos con cruces de por vida, ellas se cagan de la risa, de alguna forma nos tenía que joder el universo, es un planeta hecho para los hombres, pues por ahí nos agarraron, pero bueno Melchor tu solito puedes tomar tu decisión."

Volví a subir al pobre Melchor que apenas podía caminar a mi vehículo y lo dejé en su casa, le estreché su mano y le dije lo mismo que me había dicho mi maestro el día que me rescató de un despecho reventador "suerte" y me fui. De regreso a mi casa donde me esperaban mi gran danés arlequín y mi loro sin patas, pensaba como siempre pendejadas mientras las notas de "I wanna be sedated" de Ramones retumbaban en mis tímpanos. Pobre Melchor, que jodido está, pero bueno yo no puedo andar de salvador de todas las almas en pena del planeta, le prenderé una vela a San Flavio, de quien dice la historia rebotó con todas las mujeres que intentó conquistar hasta que se suicidó y el Altísimo lo perdonó concediéndole la vida eterna porque no había habido personaje con tan mala leche en la historia de la humanidad.

Sentado en el techo de mi hogar, recordaba mi vida pasada, esa en donde asaltaba la ciudad en busca de la sensación única e inigualable que produce la flotadura. Como siempre llegaba a la misma conclusión, la flotadura se disipa y te deja más vacío que bandeja de suspiros en la puerta de un colegio, ahí empiezan los peos y la destrucción paulatina, claro está si llegas a ese punto porque puede ser que aparezca el clásico "billete mata galán" y te jodan antes, o simplemente toda una gama de situaciones infelices que se mezclan para joderte la existencia, sino te agarra el chingo te agarra el sin nariz, así son las cosas aquí.

A la mañana siguiente y como todos los días de mi vida subía Sabas Nieves, si para creerme el mojón de encontrarme con la naturaleza y eso, vamos a estar claros a quien coño le importa la naturaleza si lo que llevas adentro es un tumulto de escoñetamiento generalizado, por suerte y en mi caso ya yo había pasado por allí entonces ya me estaba creyendo el mojón de la naturaleza, la salud, el pato y la guacharaca. En plena subida del diablo y a golpe de 6 de la mañana me saltó de los matorrales, llevaba un sobretodo marrón con capucha y una cuerda amarrada a la cintura, con mi habilidad y mi entrenamiento lo esquivé y justo cuando le iba a soltar el primer coñazo, se quitó la capucha y gritó "no me jodas Policarpio, soy yo, Melchor, te acuerdas?, "pero bueno pedazo de mierda como me asustas así, ya te iba a aplastar la nariz" le dije, "mira chamo, por favor me tienes que ayudar" dijo Melchor, "estuve pensando y bueno esta es mi decisión de vida", "que coño?, meterte a monje y asustar a infelices subiendo Sabas Nieves? repliqué, "no, no, Policarpio, me voy a volver un personaje misterioso, que no me puedan ver la cara, a ver si así las carajitas dejan de joderme, que te parece la idea?.

"La verdad Melchor" le dije "en mi vida había visto una vaina más ridícula que esta, pero vamos a hacer algo, déjame llegar arriba y voy a tratar de pensar en como buscarle una solución a tu peo". "Gracias maestro" me dijo el adolorido y golpeado ser humano, "mira, mira, nada de maestro, conocido y me pesas guevón" le respondí. Melchor se puso su capucha y salió corriendo perdiéndose en los caminos de la montaña. Yo seguí mi ruta hacia arriba mientras entre una mezcla de risas y pena me acordaba del loquito este vestido de monje tratando de buscarle una solución a sus problemas amorosos. Descansando después de mi jornada de ejercicios y después de invitar a salir a cuatro muchachas a las cuales iba a dejar embarcadas nada más por joder, comencé a estudiar como se le podía sacar provecho a la vestimenta de Melchor en haras de conseguir su meta, que no lo siguieran jodiendo las mujeres. Mi maestro años atrás me había pasado la misión de ayudar a las almas podridas por culpa de las mujeres, y sin lugar a dudas Melchor era una de ellas, el asunto está en que yo no puedo tomar decisiones por él, si Melchor quiere vestirse así pues yo solo puedo darle luces para de alguna u otra forma consiga el éxito esperado.

Sentado con Melchor al frente vestido de monje, lo bautizé, "pareces un monje loco" le dije, "pero bueno Melchor, que es lo que quieres hacer exactamente? pregunté, Capodimonte me explicó que el estaba convencido que no podía vivir sin su amada Ana Elisa, que tenía que recuperarla a toda costa. Yo seguía sin entender pues hacía dos noches lo habían mandado a freír monos, confieso que intenté persuadirlo diciéndole que aquí nadie se muere por nadie y que al final lo vería como un recuerdo de un pasado muy lejano. Melchor insistió en que moriría de mengua si no recuperaba a su ya ex novia y que yo debía ayudarlo. Capodimonte se quitó el traje de monje y me lo entregó y me dijo "yo no puedo Policarpio, tu tienes que convencer a Ana Elisa de volver conmigo, te tienes que hacer pasar por mi persona, recuperarla y luego entregármela", "no, no, ya va, tienes fiebre?, le dije, "que es esta vaina Melchor?, el hombre se arrodilló y me dijo "por favor, por favor", "párate coño que si mi mamá te ve así va a pensar que me metí a sadomasoquista y tengo una esclava vestida de monje en mi cuarto" le dije, "no me paro hasta que no aceptes ayudarme" sentenció.

"Esta bien Melchor" contesté, "que carajo es lo que tengo que hacer?, Capodimonte procedió a exponer su plan, esa noche había una fiesta en casa de Ana Elisa, yo iría vestido de monje, y le diría a su ex novia que era él y que estaba vestido así pues no quería mostrar mi cara hinchada por el llanto, trataría de recuperarla y de alguna forma devolver la vida al pobre Melchor. Vestido de monje, usando la colonia de Melchor que me hacía estornudar, sus zapatos que me quedaban grandes y convencido de que si era descubierto tendría que mudarme para Altagracia de Orituco me subí al carro en donde Melchor llevaba también otro disfraz de monje.

Entré a la fiesta en donde de inmediato se escuchaban risas y comentarios nada agradables, viendo una foto de Ana Elisa la identifiqué de inmediato, lo que no sabía yo era que el carajo que estaba al lado de ella y por el cual había dejado a Melchor medía 2 metros y pesaba 110 kilos. Sigilosamente me moví entre los presentes y me metí en la cocina para echarme un palo de Coca-Cola para calmar los nervios, allí los padres de Ana Elisa sentados en la mesa vigilaban que los invitados estuvieran a gusto en la fiesta, "quien eres tu?, me dijo el papá, "Melchor, señor Izquierdo", "Melchor, pero que haces aquí, yo creía que…, "si, si, Ana Elisa me dejó pero he venido a recuperarla, usted sabe, el amor", la mamá dijo "pero que es ese traje muchacho, tu estás loco?, "no, no, señora Izquierdo, bueno loco de amor, por su hija", me invitaron a sentarme y me dieron mi Coca-Cola, allí comencé a hablar mierda como los buenos, por supuesto sin dejar ver mi cara, comencé por mis planes, de los planes que tenía para Ana Elisa, todo esto mezclado con mis viajes a Constantinopla y mi pasión por la apicultura, los padres encantados que no entendían como Melchor había pasado de ser un infeliz inseguro a aquel hombre seguro y encantador me miraban embelezados. Me paré y les dije "bueno discúlpenme, debo recuperar a su hija", la mamá me dijo "suerte, mi amor y ten cuidado que el tipo ese con que esta saliendo es bien grande", el padre solo me puso una mano en mi hombro y dijo "carajo, este es el palo de hombre que yo quiero para mi hija."

En el salón de la casa todos bailaban con las notas de Billy Idol, poco a poco y dando brinquitos en donde perdí uno de los zapatos por quedarme grandes me le puse al lado a Ana Elisa quien no sabía quien coño era el loco vestido de monje en su fiesta. De pronto me le acerqué y le agarré la mano dándole la cédula de identidad de Melchor, Ana Elisa la miró y se puso roja como un tomate, a todas estas el gigante seguía bailando en su nota, sin que se diera cuenta me le acerqué y le clavé 25 alfileres en la nalga, la bestia aquella chilló cual marmota herida, y yo aprovechando la confusión agarré a Ana Elisa y me la llevé para afuera de la casa.

"Pero Melchi" me dijo "tu estas loco?, que es esto?, lo nuestro terminó", "y además que haces metido en esa capucha?,", "Ana Elisa, es que tengo los ojos hinchados de llorar, yo no puedo vivir sin ti", allí y cuando la mujer se me iba escapar le solté el clásico discurso que toda mujer quiere escuchar, hablé de casa, hijos, perros, gatos, viajes, joyas y todas las guevonadas que se me vinieron a la mente, Ana Elisa con lágrimas en sus ojos me dijo "yo te amo Melchi", "que tonta fui, me perdonas?, confieso que me provocó cagarle la existencia pero el trabajo de amante subrogado ya me tenía ladillado y le dije "yo también". La llevé al carro en donde Melchor estaba escondido, nos sentamos y no me quedó más remedio que clavarle unos besos para distraerla mientras hacíamos el cambio, con cuidado y después de pedirle que cerrara sus ojos Melchor tomó mi puesto, sin pensarlo salí arrastrado y caminé por la ciudad palpitante recordando mis días de gloria.

Parado enfrente de un carrito de perros a golpe de 3 de la mañana sonó mi celular, una voz llorosa me gritó "coño e' madre por qué no me dijistes que besabas el labio de arriba"……..

Thursday, December 02, 2010

Jugando a la locura

Caminando por una de las tantas calles de la ciudad donde crecí, si pues no nací allí, es solo que la sentía como mi ciudad pues ella me enseñó a ser lo que soy sostuve una de mis tantas discusiones con mi sombra. Si la jodida sombra que siempre quiere hacer lo que de la da la gana e intenta escaparse dejándome vacío e inerte, vuela hacia otro lado y entonces no llevo a mi lado a ese pedazo de mi que se encarga de equilibrar mi alocada existencia. Molesto le grite “coño sombra mía, hasta cuando vas a seguir jodiendo?, la muy malcriada me acusó que nuevamente había logrado que chocara contra un árbol y que no había tenido el cuidado suficiente de llevarla por algún lugar plano y sin obstáculos.

No se si les ha pasado pero no hay nada como pelear con una sombra, son particularmente hábiles y escapistas. Malhumorada se sentó y se negaba a seguir junto a mi, ya perdiendo la paciencia le ofrecí comprarle un raspado de kolita con leche condensada para que se quedara quieta. Accedió y seguimos caminando pero me descuidé nuevamente y se volvió a golpear, esta vez contra un poste de luz que no logré esquivar, mi sombra soltó el raspado retrecheramente y no me quedó más remedio que combatirla, después de una ardua lucha en donde corrimos por cerca de veinte avenidas, nos llevamos a varias viejas por el medio regando sus bolsas llenas de verduras e hilos de coser por el piso y casi morimos atropellados tres veces la capturé colocándole las esposas que llevaba en mi bolsillo. Justo cuando pensaba comenzar a caminar hacia mi casa de nuevo me atraparon. “Policarpio esta vez no te escapas”, gritó uno de los gorilas con batas blancas, “directo al manicomio, ya es demasiado lo tuyo” murmuró el otro gigantón. Por más que traté de explicarles que todo se debía a causa de una sombra malcriada, mi sombra malcriada, en particular, todo fue en vano.

Montado en una ambulancia que más bien parecía una perrera, me llevaban atrapado por una camisa de fuerza, mi sombra cagada de la risa me hacía morisquetas al verme indefenso ante aquellos enfermeros que cercenaban mi libertad por un tiempo indeterminado. Llegado al sanatorio me bajaron con rudeza y me dijeron algunas cosas que no puedo repetir so pena de ponerme a llorar y no poder proseguir con la historia. Una vez adentro y después de liberarme de la camisa de fuerza pero obligarme a tomar unas pastillas de algún sedante me sentaron al frente del director de la institución para enajenados mentales. “Pues bien Policarpio”, dijo el galeno, “finalmente te atrapamos, sin lugar a dudas eres todo un artista del escape, pero no, esta vez no, ahora estas en mis manos y pagarás por todas tus locuras”. “Pero coño”, le dije yo “en mi vida me he metido con nadie, esta vaina es el manicomio o la cárcel?, que es lo que tengo que pagar yo?, el tirano doctor no contestó, simplemente hizo una seña con las manos y dos gorilas distintos procedieron a levantarme de la silla y llevarme a mi habitación.

Una vez acostado en mi nueva cama, en mi nuevo cuarto, cuatro paredes de color verde poceta y un pequeño catre para dormir, mil pensamientos cruzaban mi mente que se negaba a rendirse ante los efectos del sedante. Ciertamente yo estaba loco, pero hay locos buenos y malos, yo jugaba en el equipo de los buenos, un loco superhéroe, forjador del bien y paladín de la verdad. Agotado por la pelea con mi sombra, aunado al largo viaje hasta el manicomio en Caraballeda me rendí cayendo en un sueño profundo, un sueño de esos donde sientes que flotas, en donde ves tu vida, tu vida pasar enfrente tuyo y no puedes hacer nada por detenerla, es solo un sueño me repetía, hasta que cansado del sueño me desperté sudoroso y con frío, en un cuarto vacío, solo, Policarpio y yo, yo y Policarpio, más nadie, unidos en una batalla contra la insanidad, enfrascados en otra de las aventuras que habría de vivir, en otra de las simples y angustiosas carreras contra el tiempo que debí librar en aquellos tiempos de mi existencia.

El duro golpe en el coco me levantó de la cama, uno de los gorilas me tomó por el brazo y me dijo “a bañarse”. Metido en la regadera en donde salía el agua más fría que nunca he sentido en mi piel, temblaba, el concierto de mis dientes chocando el uno con el otro hacía que varios de los pacientes se me acercaran y me miraran con ojos de loco, bueno con que otros ojos me podían mirar. Allí a las seis de la mañana me di cuenta de mi nueva realidad, el manicomio, rodeado de otros que como yo habían perdido la razón, pero es acaso que la había perdido yo en realidad?. Sonó un pito y los locos comenzaron a gritar, unos enfermeros y enfermeras entraron y nos tiraron unas toallas para secarnos, después a un cuartico, todos juntos, unas baticas y unas cholas, y sin derecho a pataleo a desayunar.

En el comedor de aquel lugar existía una especie de silencio sepulcral el cual era interrumpido por algún grito que otro que salía de algún alma golpeada por la vida y abollada por los malos tratos del personal que allí laboraba. Un plato de avena fría y un cambur pasado me llenaron el estómago. Mirando a todos lados y con el temor propio de lo desconocido me paré de la mesa para alejarme de aquel cuadro nada confortante. No tuve tiempo de terminar de pararme cuando fui golpeado por la espalda, mi cara se enterró en el plato sucio de avena, de mi boca brotó un hilo de sangre que me recordó que eso es lo que llevo en las venas, tratando de recuperarme logré escuchar a un enfermero gritarme “aquí los locos no se levantan de la mesa hasta que suene el pito”, traté de decir algo pero me recordé que siempre seré dueño de lo que callo y esclavo de lo que digo, en ese preciso instante decidí callar y limpiar mi cara con mi franela, si con mi franela blanca que siempre me acompañó en mis batallas gloriosas.

Parado frente al director del sanatorio me encontraba, más solo aún, el hombre estudiaba con dedicación mi expediente, lo puso a un lado y sonrío, “pues bien Policarpio, tu estadía va a ser larga, no podemos seguir permitiendo que aterrorices Caracas así por así”, “pero, señor, doctor que digo, yo no le he hecho nada a nadie, confieso que no entiendo de que se trata esto”, después de soltar una sonora carcajada me dijo “ah Policarpio, tu tienes tus delatores, tu crees que a todo el mundo le conviene saber que hay alguien que vigila y protege a los desamparados?. Me invitó a sentarme y luego de ofrecerme un caramelito de fresa de esos de consultorio médico procedió a hacerme unas preguntas. “A ver, por donde sale el sol?, yo ya ladillado de aquel infeliz y habiendo ya decidido que de alguna manera escaparía de allí le dije “bueno depende doctor, si usted se pone boca abajo y mira de reojo pues sale por el Sur, pero si lo mira con buenos ojos usualmente sale por el Oeste”. El médico se llevó las manos a la barbilla y me dijo “aja, y de que están hechas la arepas?, “bueno doc, mire yo creo que de arena y cal, tiene que ser, esa saborcito no puede provenir de otra cosa”, el galeno algo incómodo soltó una tercera pregunta, “de donde vienen los humanos?, después de soltar una carcajada respondí “pues de donde más que de Paris, la cigüeña los trae, nuestros padres se toman de las manos y nos piden no?. El médico hizo un gesto de desaprobación con la cabeza y gritó “al cuarto de reclusión solitaria.”

Sentado solo en aquel cubículo oscuro con olor a viejo en cama con pañales cagados me acordaba de aquellos días en que había sido feliz, aquellas fechas en donde las cosas se veían simples y el cielo azul. Después todo había cambiado, comencé a crecer creo yo, me invitaron al mundo de los adultos y yo por curioso di el paso hacia lo desconocido, ciertamente extrañé aquellos días en que los obstáculos no eran más que juegos de niños en un parque de árboles. Solo, así me sentí, el silencio al lado mío, allí tranquilo y en aquel encierro de negro ni mi sombra estaba para discutir. Pan y agua, perdí la noción del tiempo, solo se que soñé, dormí lo que pude y pensé sin cesar. Finalmente se abrió la puerta y de allí al patio, los rayos del sol me cegaron, el ruido de los pacientes me ensordeció, cuando mis ojos volvieron a ver, lo divisé, agarrado a una reja, hablando consigo mismo, me le acerqué y le dije “y tu quien eres?, el hombre con voz desconfiada contestó “Tarzán, pero no se lo digas a nadie”, extendí mi mano, y Tarzán me dijo “tu eres Chita?, “no, no, déjate de vergas, yo soy Policarpio y tu me vas a ayudar a salir de aquí.”

Tarzán, que realmente se llamaba Roberto Alcázar, y que no estaba tan loco como le hacían creer se entusiasmo de inmediato con la idea de escapar del sanatorio. Le dejé claro que yo era el que iba a escapar, que el debía curarse primero para poder salir, por supuesto que ni me entendió ni me paró bolas pero de todas formas se lo repetí varias veces. “Oye Tarzán y tu conoces otras personas aquí?, al hombre se le iluminaron los ojos y salió corriendo, en dos minutos estaba rodeado de tres locos más, Hildemaro Plaza, quien juraba que había fantasmas persiguiéndolo desde niño y que además le mordían las nalgas en las noches, Ricardo Olavarría, abandonado por sus padres a los 5 años, más peligroso que alacrán con alas y con habilidades que variaban desde ladrón de bancos hasta trapecista de circo y por último Marisela Guzmán, linda dama de ojos claros, y quien estaba convencida que era la reencarnación de Cleopatra y que Caracas era Egipto solo que nadie lo sabía. Allí parado, con esos pilares de la cordura, pero de seguro con más corazón que aquellos atroces médicos y enfermeros armé el plan de ataque.

Esa noche recé al Arcángel Boludino, de quien cuenta la historia enloquecido por el sonido de las arpas de los ángeles les cortó todas las cuerdas siendo expulsado del cielo y penando de por vida en la eternidad como el loquito que osó romper las arpas celestiales. No había otra tenía que escapar de allí, loco es el que se pega con dos ladrillos en las chácaras, ese si está loco, de resto somos todos partícipes de la fauna que soltaron en este pedazo de mojón redondo en donde nos dejaron. Después de batallar con el insomnio caí en las redes de Morfeo, soñé nuevamente, y desperté listo para llevar a cabo mi plan. Luego del baño con agua fría y de cerciorarme que mis secuaces todavía se acordaban que íbamos a tomar por asalto el manicomio nos dirigimos al comedor, con cuidado y precisión nos llevamos unos cuchillos y tenedores y guardé un poco de avena en mi bolsillo, la fiesta estaba por comenzar.

Sentados en un círculo en una terapia grupal le hice la seña a mis compañeros, agarrando la avena que ya para el momento parecía cemento se la metí por la frente al doctor de turno, de inmediato Tarzán y Olavarría saltaron sobre los enfermeros que cuidaban la sesión y después de amenazarlos y dominarlos con los cuchillos les quitaron la ropa amarrándolos con sus propios pantalones, a todas estas yo brinqué encima del médico y le soné una patada en el mentón para cerciorarme que caería rendido, Hildemaro cuidaba la puerta mientras Cleopatra ordenaba a los locos tal cual ejército para proceder con la toma del sanatorio.

Sigilosamente me dirigí hacia la oficina del director no sin antes pasar por un puesto de enfermeras en donde capturamos a las viejas que nos dopaban a diario. Allí Hildemaro se quedó viendo feo a una enfermera que siempre lo veía feo según él, la vieja que asustada le decía “no me mires con esos ojos de loco por favor” lloraba desconsolada mientras Hildemaro peleaba con alguno de sus fantasmas sin quitar los ojos de encima de la mujer. De una patada tumbé la puerta del director del manicomio, el hombre sorprendido y además con los pantalones abajo por estar jugando al papá y a la mamá con una enfermera joven trató de oponer resistencia hasta que Olavarría le propinó un recto a la nariz que lo dejó en el suelo. La enfermera que pidió la dejáramos vestirse, se limitó a dejarse amarrar, me miró con ojos pícaros pero logré resistir la tentación.

Una vez tomados por asalto todos los puestos de enfermeras y médicos, agarré un micrófono que se encontraba conectado a unos altoparlantes que se escuchaban a lo largo y ancho del recinto e informé a todos los pacientes que ahora ellos eran dueños de esa vaina y que ellos eran los médicos tratantes a partir de ese instante. La algarabía no se hizo esperar y comenzamos por llevar a todo el personal del hospital mental a bañarse, bajo el agua fría los médicos y el personal de apoyo nos miraban con cara de querernos asesinar, los pacientes reían y pedían a gritos llevar al director al cuarto de reclusión solitaria. Los complací y lo cargamos entre todos y lo encerramos allí, al enfermero que me había metido la cabeza en el plato lo amarré de una poceta que había llenado con todo tipo de químicos, Olavarría le puso una mecha a la cosa y volamos al coño e’ madre por los cielos, a los otros médicos y enfermeras los metimos en salones a hacer terapia, solo que esta vez los locos eran quienes dirigían las mismas y se encargaban de hacer las preguntas. Llegada la noche busqué al director y lo amarré a la silla de su oficina, con cuidado busqué mi expediente el cual quemé en el acto, y después de cantarle unas canciones de Popi y recitarle unos poemas de mi infancia le corté el cabello al rape y lo maquillé tal cual “drag queen”. Entonces le pregunté “de que color son las pantaletas de tu mamá?, el viejo que no podía responder pues tenía tirro en la boca me miraba con furia, procedí a preguntarle “en donde están guardadas las promesas electorales de los candidatos a presidentes de Venezuela?, el viejo no pudo contestar y por último le dije “cuantos perros calientes me comí en la final Caracas-Magallanes?, el viejo no contestó, “pues bien viejo guevón, creo que estas loco, si no sabes eso, estás loco de bola y procedí a abrirle un expediente.”

Reunido con mi comitiva de locos que nunca habían estado más felices en sus vidas les indiqué que debía partir, que ellos quedaban a cargo del sanatorio, Tarzán solo alcanzó a decirme “nunca pensé que Chita era tan inteligente”, le di un abrazo, y pasé a despedirme de Hildemaro quien chorreado porque supuestamente un fantasma le estaba mordiendo una nalga en ese preciso instante no logró decir nada, Olavarría se cuadró enfrente mío cual soldado, y me dijo “gracias General, aquí lo esperamos para la próxima cruzada”, Cleopatra llorosa me dio un beso en la mejilla y me pidió por favor que hablara con el presidente de la república para que cambiara el nombre de Venezuela por el de República Mesopotámica Egipcia Constantinopla, yo le prometí que vería que podía hacer. Cansado pero tranquilo conmigo mismo me volteé y me fui.

A la mañana siguiente y como era de esperarse los médicos retomaron el control del manicomio, yo escondido en un árbol cercano veía el show mediático, entrevistas a los médicos, enfermeras, carros de policías y bomberos, el director del hospital aún maquillado y con su calva reluciente explicaba lo que había pasado, por supuesto juraba que me encontraría y que pagaría caro por mi osadía, con cuidado me bajé del árbol y me alejé caminando, de pronto sentí que me tocaron el hombro, al voltear vi a un hombre desconocido que me dijo “que hubo loco, me puedes dar la hora?, después de mirar mi muñeca sin reloj y contestar "las nueve y media" seguí mi camino para comprender que por siempre sería un loco más....

Wednesday, November 03, 2010

Arco y flechas

Saboreaba una fantástica Coca-Cola de la cosecha del año '97, pensaba y pensaba como siempre había hecho desde mi niñez, desde aquel día en que mi madre me preguntó "que quieres ser cuando seas grande?, y yo respondí "filósofo", por supuesto causando que todos rieran a carcajadas pensando que había escuchado aquella locura en alguna comiquita en la tele. Pensaba en el bien y el mal, en aquello que me hacía reir y en como mi racionalidad dominaba mis pasos a lo largo de mi existencia. La vida no es más que un conjunto de pasados y futuros unidos por una línea fina a la que llamamos presente. En el presente nos movemos por apenas segundos, es el puente para pasar de lo que vivimos a lo que estamos por vivir, subiendo la mirada al cielo en busca de esas respuestas que nunca llegan lo vi pasar.

Confieso que sentí una variedad de sentimientos no usuales para un ser racional y frío como yo, por años me había preguntado el por qué de esos enamoramientos infelices y sin sentido que abundaban en las vidas de los seres que pueblan el planeta este circular donde vivimos. Pues allí lo entendí todo, cuando frente a mi pasó el guevón ese, el rechoncho, infeliz, tarado y feo con cojones gordito con alas cargando su arco y flecha. A claro no lo sabían?, es que existe el maricón, de Cupido les estoy hablando, el sin oficio ese que se dedica a clavarle flechas en el trasero a los seres vivientes, si porque ni puntería tiene para clavarlas en el corazón porque es miope y no utiliza lentes.

Por un segundo dudé si efectivamente lo había visto o no, por si acaso me cubrí mis posaderas con una coraza de acero inoxidable que me había diseñado un científico amigo para evitar enamoramientos pendejos o imposibles. Déjenme contarles un poco, resulta que el gordito alado ese no es más que un rebelde angelito que fue despedido del cielo por robarse unas alas doradas cuando en realidad debería usar plateadas, el muy maricón no conforme con eso se birló el arco y flecha que se usaba para enamorar a la gente, eso sí, bien usado y no para escoñetarle la existencia a todos los infelices que andan por ahí jodidos por un "amor" traicionero. Pues el idiota sin destino este se dedicó a flechar a cuanto imbécil se encuentra causando el caos total en que se encuentran las relaciones humanas en estos días del siglo XXI.

Miré mi fría Coca-Cola que estaba exquisita y pensé por unos segundos que hacer, organicé mis pensamientos y recordé a todos mis amigos y amigas que habían llorado lágrimas de sangre a causa de sus amores imposibles. Pasaron por mi exhausta mente todas aquellas veces en que algún plan se había jodido a causa de las actitudes mongoloides de Cupido en su venganza infinita por acabar con la raza humana jugando con su debilidad más grande, el amor. Es que no se han dado cuenta todavía que cuando las cosas van bien en el jueguito diabólico todo nos parece rosa?, y por ende cuando van mal vemos feas hasta a nuestras propias madres?. Tomé la decisión de inmediato, voy a joder al gordito infeliz este a toda costa, o por lo menos lo voy a amedrentar para que deje de joder a las almas buenas que no merecen llevar a cuesta una cruz de terror a causa de un enamoramiento sin sentido y destino.

Corriendo hacia mi cuarto tropecé con mi padre quien de inmediato me recomendó en tono de advertencia no cometer ninguna locura de la cual luego me pudiera arrepentir. Claro es que él ya había visto esa mirada en mis ojos anteriormente, pidiendo permiso a la vez que le lanzaba un beso de despedida seguí mi camino al cuarto, con rapidez me vestí y busqué unos lentes especiales para ver ángeles que había comprado en una feria de ociosos en Berlín. Me los coloqué, me puse mi franela blanca que aún exhibía algunas manchas de sangre a pesar del agua oxigenada que mi madre le había echado para tratar de blanquearlas y salí a la calle a tratar de pescar al ángel del amor.

Brincando el muro de mi casa corrí por el medio de la calle tratando de seguir la ruta que había seguido el regordete, en cuestión de segundos lo divisé preparando su arco y flecha para joder a alguien por ahí. Fue fácil verlo con la ayuda de mis lentes y además con el peso que lleva el infeliz no es capaz de volar a más de 5km/h. Con cuidado me escondí atrás de un árbol y en ese momento vi que la víctima era una vecinita de la cuadra a la cual le tenía una arrechera mágica por todas las veces que no había aceptado salir conmigo. Dudé en ayudarla, sentimientos cruzados me invadieron, pero esta lucha épica era superior a cualquier sentimiento mundano y tétrico que pudiera llevar adentro, se trataba de joder a Cupido.

El ángel rechoncho tomó su arco, y yo tomé mi china, cargada con un garbanzo viejo, que estaba más duro que el estómago de mi vecina. Cupido se acomodó y sonriente colocó una flecha en su arco, justo cuando iba a disparar le metí un chinazo en la frente que lo hizo volar y mover sus alas con desesperación mientras la flecha iba a parar a la acera paralela, mi vecina ni cuenta se dio de lo que sucedía pero el angelito molesto por aquella perturbación recuperó el vuelo y trató de disparar nuevamente. Una vez más le metí un chinazo, esta vez en un ala, la flecha voló sin rumbo y el regordete cayó al piso. Allí me le paré enfrente y le dije "gordo maldito, tu crees que puedes seguir jodiendo al planeta a tu antojo? el ángel caído mirándome con ojos de furia respondió "coño Policarpio, me temía que tu pudieras acabar con mi misión aquí en Venezuela, pero no lo permitiré!!!!, con la misma me echó una especie de polvos pica pica que me lanzaron en una de rascarme todo el cuerpo por varios minutos, el querubín voló cagado de la risa y se me perdió a la vista, solo alcancé a escuchar cuando disparó la flecha esta vez acertando en plena nalga de mi vecina.

Todavía rascándome corrí hacia mi vecina que se trababa de subir en su vehículo, pudiendo ver la flecha que ella no veía, se la quité de la nalga de un tirón, ella no se lo tomó muy bien y me lanzó una cachetada mientras gritaba "sádico Policarpio, ahora tratas de agarrarme mis nalgas", yo todavía rascándome logré esquivar el piñazo y opté por quedarme calificado como sádico que tratar de explicarle a ella lo que había sucedido. En mi casa nuevamente, estaba convencido que Cupido seguiría jodiendo gente por ahí, eso no lo podía permitir y me lancé a uno de sus lugares preferidos, las discotecas, en donde entre el alcohol y el humo el rechoncho hace de las suyas acabando con la sanidad de cualquier humano decente que solo quiere encontrar a alguien para pasar el resto de sus días.

Vestido de gala me subí a mi carro y me embalé a recorrer varias discotecas capitalinas, sabía que de alguna manera u otra me encontraría con el querubín de la maldad. El ruido clásico de las discos me aturde, el olor a cigarro me hace vomitar y la razón oculta por la cual los humanos están en ellas me hace meditar. Con cuidado me confundí entre la gente tratando de pasar desapercibido, algunos me reconocían y saludaban sorprendidos de verme allí, yo hacía un gesto de saludo y seguía en mi búsqueda furtiva. De pronto lo vi sentadito en una de las repisas del bar, se estaba echando un palo de Vodka, y sonreía al mirar una lista que supuse era de sus víctimas, me acerqué con cuidado y me senté en la barra pidiendo agua fría, el regordete no notaba mi presencia pues vestido de flux y corbata no parecía el Policarpio usual.

Noté que había puesto el arco y flechas a un lado, mientras se emborrachaba, el miedo me atacó pues si Cupido sobrio ponía cagadas gigantes, con unos palos encima pues acabaría con la humanidad. En un principio pensé en tomar el arco y flechas y salir corriendo pero eso resultaba peligroso, el monigote este se encontraba sentado en las alturas de una repisa llena de botellas de vidrio. Pude ver como colocó el vaso a un lado y tomó su arma letal, estiró sus alitas y comenzó a volar, dando tumbos por la pea que cargaba se situó convenientemente encima de la pista de baile y se predispuso a lanzar una flecha. Con sutileza me acerqué al infeliz que iba a ser su víctima y le di un empujoncito casual, la flecha pasó de largo y se estrelló contra una silla, el regordete enfurecido me pintó una paloma y volvió a armar su poderoso arco. Allí y con mi vaso de agua en la mano decidí bañarlo, solté toda el agua hacia arriba en un acto propio de borracho de discoteca y le mojé las alas al querubín, el peso se hizo sentir de inmediato y cayó al suelo en donde sin pensarlo dos veces le metí una patada enviándolo de golpe a estrellarse contra una de las cornetas del local.

Me le acerqué y lo agarré por el cuello, "enano de mierda, jodón" le dije "esta vez te voy a liquidar", el pequeño angelito me miraba molesto pero sin poder hacer nada pues sus alas permanecían mojadas, las flechas se habían doblado del carajazo y sus rizos estaban desechos. "Tu has escoñetado a medio planeta Cupido, coño pana, esta bien que ensartes a gente para lograr relaciones estables y sanas pero eso de meterles el veneno a pobres infelices de gente que sabes que no le van a hacer caso no está bien" le dije en voz fuerte y sin soltarle el cuello, sonrío el muy malvado y no me contestó. Lo estrangulé y me lo llevé afuera del local, en el estacionamiento lo amarré con unas cuerdas que tenía en el carro y lo monté al lado mío, lo paseé por toda Caracas mientras lo insultaba y le recordaba lo coño e' madre que era, el regordete no decía nada, hasta que salió de su silencio y me dijo "coño Policarpio, a mi me jodieron, es verdad me robé unas alas doradas, pero eso no era para botarme del cielo, y bueno decidí vengarme pues, le doy a los humanos en donde más les duele, en el corazón", "pero si ni siquiera clavas las flechas ahí ciego de mierda" alcancé a decir, Cupido prosiguió "ese no es peo tuyo, cómprame unos lentes pues, además yo me divierto con mis andanzas."

Reconozco que quería acabar con la existencia del regordete en el instante, luego de lanzar el arco y flecha a un río que atraviesa la capital, el querubín me indicó que tenía hambre. Lo pasé por un carrito de perros calientes y le compré unos, se los tuve que dar en la boca pues no pretendía soltarle las amarras. Cupido comenzaba a pasar la pea y trataba de convencerme que le soltara so pena de meterme un flechazo en algún momento de mi vida de alguna tipa que fuera mi amor platónico y joderme la existencia hasta la eternidad. "No vas a poder meterme un coño guevón, te voy a aniquilar" le decía con rabia, el enanete se reía como si supiera algo que era desconocido para mi persona.

Llegué a mi casa y subí al techo de la misma, construí una pequeña cruz de madera y lo amarré, busqué un hacha y justo cuando le iba a cercenar la cabeza sonó mi celular, contesté y era mi vecina, a la cual le había sacado la flecha horas antes, "hola Policarpio, mira disculpa si fui ruda contigo, me perdonas? no podía creer lo que escuchaba y solo pude decir "si, si no hay problema, no hay nada que perdonar". El regordete se reía a carcajadas y me decía "fíjate, no soy tan malo como piensas, esa mujer que siempre te ha gustado ahora a tus pies", "pero si yo le saqué la flecha", "no, no, mi querido Policarpio, esas bichas tienen efecto instantáneo"

No tuve el corazón para matar al querubín, yo no soy un asesino, loco si, más no un criminal, lo solté y hasta le regalé un arco y flechas que tenía desde cuando era niño, entendí en aquel momento que el balance y el equilibrio que crean seres como Cupido debían tener una razón en el más allá, quise preguntarle pero preferí callar.

Ciertamente ahora estaba a mis pies mi vecina, es solo que sin lugar a dudas amar a Policarpio sería otra de las malas jugadas de Cupido, después de todo yo seguía siendo el mismo, o no?

Friday, October 01, 2010

Soñando

Esta historia que voy a contar no es una historia común, no se decepcionen si no es de su agrado, es solo que tenía que escribirla pues revolotea en mi mente cansada, encerrada entre las cuatro paredes blancas de mi existir. Hay cosas que tenemos que hacer, bien sea porque así lo sentimos, o simplemente porque queremos joder al parque. Existe una línea muy fina entre nuestros deseos interiores que nos impulsan a hacer cosas y entre aquellas cosas que hacemos para convencernos que el planeta es una cagada y no queda otra que encontrar nuestro lugar. Los sueños, sueños son, y de esto no me di cuenta yo, creo que Calderón de la Barca lo hizo antes que yo, encargándose de pasarme la idea para que no se me ocurriera pensar que los sueños se pueden volver realidad.

La vida está llena de realidades latentes y de sueños condensados. Una mañana caminando por una transitada avenida de la ciudad me tropecé con algo que no podía ver, en un principio y en medio de mi demencia vitalicia pensé que ya era eso lo que me faltaba a mí, tropezar con cosas invisibles, traté de moverme hacia un lado de la acera pero nuevamente choqué con aquello que no podía ver. Me di la vuelta y me volví a dar un carajazo y cuando estaba a punto de pegar la carrera vi su figura por primera vez, un viejo, con un sombrero y un sobretodo, con sonrisa amable y un brillo en sus ojos que nunca antes había visto, irradiando la verdad, aquella que buscamos y nunca encontramos.

“Hola Policarpio que tal?, dijo el viejo, "ay coño" pensé "que habré hecho ahora?, hasta viejos invisibles me persiguen", alcancé a decir un muy suave "hola" y el viejo sin darme chance a nada me estrechó la mano y me dijo "felicitaciones, ahora eres mi ayudante". "Pero ayudante de que carajo viejo loco?, le pregunté, sonriendo contestó "pues bien yo soy un cazador de sueños, y los cazadores de sueños necesitamos ayudantes, me entiendes?, "no, no te entiendo un carajo viejillo pero bueno explícame pues" contesté. "El planeta amigo mío, esta lleno de todo tipo de realidades, eso es lo que ves día a día, no hay cabida para los sueños, estos pertenecen a otro lugar, a un lugar en donde el pensamiento es libre y la imaginación certera", "entiendo, pero para que carajo me das ese susto de chocar contigo sin verte y además me proclamas ayudante tuyo, tu estás loco o se te mueve el cerebelo? dije con tono un tanto agresivo. "Pues bien Policarpio, debo cumplir mi misión y tu me vas a ayudar, tenemos que hacer que 4 sueños de distintas categorías y clases se cumplan, no hay escapatoria, así que relájate y disfruta". Intenté abrir la boca nuevamente pero el viejo simplemente me señaló un camioncito de helados con musiquita y todo y se limitó a decir "súbete".

Montados en el viejo camión de helados, el viejo, me explicó que lamentablemente existían sueños buenos y no tan buenos como los llamó él, es decir, había que hacer ciertas maldades para lograr que se cumplieran, el mundo necesita un equilibrio y es por eso que hay sueños que aunque parezcan macabros se deben cumplir, es todo cuestión de ordenar el cosmos para el propósito final. "Así que ahí es donde entras tu, yo puedo identificar los sueños pero no puedo hacer las maldades" me dijo el viejito, "poco a poco te irás dando cuenta a que me refiero, por ahora simplemente cómete uno de los helados de allá atrás y no preguntes más". Comiéndome mi Bati-Bati el cual me llevó a armarle un peo al viejo pues no traía bolita de chicle en el fondo dimos varias vueltas por la ciudad hasta que el viejo gritó "llegó la hora, el primer sueño se tiene que cumplir".

El viejo frenó de golpe y me dijo "ahí está, el camión de juguetes, lo ves?, "si, si viejo, y que tengo que hacer?, le dije, "ponte ese disfraz que está ahí", al ver aquella vaina casi me da un infarto, un disfraz de pollo amarillo, pero de pollo de feria de pueblo, sin discutir con el viejo me puse mi vaina y dije "y ahora que?, "bueno la idea es que el camión ese se de su bollazo para que varias personas, entre ellos aquel niñito que ves allí agarre su juguete, ese es su sueño, que un camión de juguetes se estrelle y el poder agarrar lo que quiera". El camión de juguetes arrancó y el viejo también, sin darme tiempo a nada, el viejo pasó al camión y me empujó pa' la calle, el camionero gracias a todos los santos al ver a un pollo cayéndose de un camión de helados pegó los frenos pero el camión se descontroló y fue a parar a una vidriera en donde las puertas se le abrieron y fue saqueado en cuestión de minutos, el pequeño niño agarró sus macundales y salió corriendo con una sonrisa de oreja a oreja. Yo con un dolor del carajo en una pierna apenas me levantaba del piso cuando el viejo pasó de nuevo por allí y me dijo "móntate o te quedas."

"Coño viejo de mierda tu estas loco?, como me tiras así pa' la calle, me podías haber matado", el viejo sonriendo se limitó a decir "todo está calculado así que deja los nervios". Señaló nuevamente hacia atrás y me dijo "ponte ese traje", yo la verdad viendo que el viejo no se paraba en pendejadas me lo puse de inmediato. El viejo se estacionó al frente de un banco, señaló a una señora y me dijo "el sueño de esta es joder a un cajero, ella insiste en que no hay nada más odioso en el planeta que un cajero de banco, así que a trabajar", "si pero mira loco y que hago yo?, "bueno Policarpio, llévate este paquetico, y se lo das al cajero ese de la esquina, de la taquilla # 1, y ya verás". Hice mi cola como cualquier mortal y me llegó el turno, la señora en cuestión estaba al lado mío en otra taquilla, el cajero tomó mis papeles y empezó a sacar cuentas con sus manos llenas de tinta y liguitas de goma, de pronto, y sin yo saber porqué, sonó una alarma, el gerente del banco se apersonó y le armó un peo gigante al cajero gritando algo de códigos de seguridad y yo no se que carajo, en el acto lo despidió mientras la señora cagada de la risa me decía "al fin, ese bicho odioso, que agarre su merecido" y soltaba otra carcajada. Salí del banco sin entender que había pasado y después de escuchar al gerente darme excusas y explicaciones por más de media hora. En el camión de helados simplemente me quité el traje y me limité a ver la ciudad.

Vestido nuevamente de traje y corbata me subí a un ascensor de un edificio recién construido en el este de la ciudad. Con mis instrucciones claras y precisas me dirigí al piso 5, entré y pregunté por el señor Luna, en pocos minutos estaba sentado frente a frente con aquel pretencioso y arrogante economista. Saqué unos papeles de mi maletín y le dije de acuerdo a lo que me había dicho el viejo "Sr. Luna, mire yo soy funcionario del Ministerio de Educación, durante una reciente investigación hemos encontrado que hubo vestigios de fraude al momento de entregar sus notas hace 20 años cuando se graduó de economista y lamentablemente tenemos que retenerle el título y enviarlo nuevamente a la universidad. En ese momento entraba a la oficina una muchacha que se veía atareada y muy nerviosa, "aquí está lo que pidió Sr. Luna" dijo la dama, yo ya disfrutando que le estaba cagando la vida al tipo le dije a la muchacha "no le des nada, este señor no está autorizado para revisar ningún papel, pues el no es economista de acuerdo a nuestros archivos". El Sr. Luna enfurecido lanzaba improperios y hacía llamadas telefónicas a todos sus contactos, la muchacha que no podía creer que su sueño se estaba haciendo realidad no podía ocultar su alegría, yo me limité a pararme de la silla y a desaparecer dejando el caos armado en aquel lugar. En el camión de helados el viejo me dijo, "solo uno más Policarpio, y eres libre nuevamente", ya me estaba empezando a gustar la cosa esta de ser ayudante del viejo además de poderme comer todos los helados que me provocaran y le dije "mira viejo y no puedo ser tu ayudante para siempre?, el anciano con una media sonrisa se limitó a decirme "no, no se puede" y continuó manejando.

En el patio de un colegio, vestido de bombero y con un calor del carajo me dirigía a toda mecha a lo que sin duda alguna era una trifulca de grandes proporciones. Sacando un hacha de goma que me había entregado el viejo empecé a repartir carajazos a diestra y siniestra hasta que levanté a un pequeño niñito que sangraba por la nariz y tenía un ojo morado. Los salvajes atacantes del muchachito no podían creer aquello que veían y corrían despavoridos tratando de salvarse de la furia que producía con mi hacha. El pequeñuelo golpeado y de no más de 4 años se abrazaba a mi pierna haciendo mi labor un poco más difícil, "coño gordito tu si pesas" me limitaba a decirle mientras seguía repartiendo hachazos por doquier. Una vez eliminados los sátrapas el infante que todavía seguía guindado a mi pierna me dijo "gracias Super Bombero, yo sabía que si existías", la verdad no tuve corazón para decirle que yo era simplemente un ocioso sin destino y lo abracé regalándole el hacha mientras le decía que con ella estaría protegido de los maleantes que allí estudiaban. El niñito sangrando por su nariz y con su ojo morado levantó el hacha en señal de victoria mientras yo me alejaba para siempre.

El viejo me dio una palmada en el hombro y me dijo "has cumplido a cabalidad, te felicito de verdad, estos eran sueños simples, hay por supuesto más complicados, pero por algo tienes que empezar, te tendré en cuenta para cuando vuelva a pasar por Venezuela" y estrechó mi mano con fuerza. Me bajé del camioncito de helados y volteé por última vez a despedirme, el viejo sonrió y señalo hacia el otro lado, allí estaba parada, tal cual como siempre me la había imaginado, me acerqué y logré escuchar "que pasa Policarpio, acaso estás soñando?...

Wednesday, September 01, 2010

Conocidos

Eran días iguales de la historia, horas semejantes que pasaban sin cesar. La continuidad de lo igual nos acomoda o nos parte sin dejar. Se hace lo que se puede y se mira atrás tratando de darle forma a un conjunto de cuentos que se entrelazan entre sí, que no duermen, que se alargan internándose en el alma, en las almas de aquellos que pasaron por aquí. Aquella historia comienza como todas, con personas, gente que conocemos y conocíamos de antes, humanos que juegan al vaivén de la vida, almas danzantes que buscan, buscan algo que nunca encontrarán, y aún así no descansan, siguen pues de eso se trata, de moverse y no preguntar.

Caminaba por las calles de mi ciudad, aquella olvidada por el tiempo y la maldad, aquella que me vió crecer sin brindar su honestidad. Caracas siempre tuvo algo, es solo que lo perdió, o alguien se lo robó. A lo lejos de esta otrora metrópolis encausada y confundiéndose con una gran capa de smog y desilusión se veía una valla publicitaria con variados colores, colores que se manchaban de un triste gris, del gris que nos acompaña desde el vamos hasta el final, sin nunca preguntar si nos llegaron.

La curiosidad siempre me ha metido en problemas, quizás me ha llevado de la mano a querer saber, preguntar sin descansar o simplemente a olvidar. Caminando pausado y sudando por el calor propio de aquel Agosto me paré a tomar algo para calmar mi sed. Conversaba como suelo hacer con el dependiente del kioskito cuando al voltear la mirada la pude ver, iba cargada de energía y peroles, mezcla por demás aterrorizante cuando tu mente está figurando una manera precisa de saltar aquella cadena que impedía el paso al estacionamiento. Se veía determinada, lanzada, sin dudas en su mente y de un gran brinco se lanzó al estrellato.

Estrellada, más bien, en la calle quedó estampada. Debo confesar que una sonrisa afloró, pero ante la desgracia ajena no debemos disfrutar. Miles de artefactos rodaron por doquier, reglas y planos, un regalo envuelto en papel periódico, un disco de acetato de Eddie Santiago y un sweater prestado. Al intentar ayudarla a ponerse en pie sentí el peso de la vida marcando su quehacer. Bajaba la mirada tratando de ocultar una lágrima perdida, de esas que salen con destino desconocido, a pesar de saber su lugar de nacimiento.

Apenas pude alcanzar a preguntar si se encontraba bien, pues entre sollozos es difícil escuchar, tratando de darle poca importancia al asunto se incorporó e intentó seguir su camino para ahora doblarse un tobillo y caer de nuevo adolorida en el asfalto hirviente de aquella calle en El Rosal. Eran todavía aquellos días, de mi franela blanca y de mi china, cuando aún creía en la realidad, de darle razón a las cosas más que encontrar si suceden o no en este triste caminar.

"No aguanto, no lo soporto!, no puedo más!, dijo la dama aún aturdida por el golpe con el asfalto. Alguien tiene que ayudarme, la duda me está acabando, me está matando, esta incertidumbre es solo un bastión del daño. Siempre tratando de hacer lo correcto y los hombres haciendo trastadas a desparpajo, no es justo!, yo no le he hecho nada a nadie!, a nadie" gritaba ya enfurecida. Yo no entendía nada de lo que decía pero ella señaló aquella valla, una valla donde se podían ver a dos boxeadores en plena acción y luego se desmayó.

Al recuperar el sentido y sin mediar palabras me pidió que la llevara al aeropuerto pues tenía que saber de que se trataba todo aquello. Por un momento pensé que se trataba de una nueva modalidad de secuestros express pero al ver la rodilla ensangrentada de aquella pobre alma supe que nadie se auto-flagelaría de esa manera por un fin último. Sin tener nada que hacer como siempre accedí a trasladarla, subidos en mi viejo Chevette transitábamos aquella carretera olvidada por el planeta y la desidia clásica venezolana, en el camino me explicaba cómo debía encontrar la verdad, sin dejar de hablar de la última cartera que se había comprado con los reales de su marido, quizá solo buscaba el reflejo más real que todo aquello pudiera arrojar.

Al bajarse la noté muy nerviosa y decidí seguirla simplemente por mi innato deseo de meterme en problemas sin haber sido llamado. Por esas cosas que aún no logro entender y luego de convencer a tres Guardias Nacionales que debía volar a México para una reunión de la Liga Socialista Patriótica Revolucionaria Mesma Guarimbista estaba yo a los pocos momentos en un avión surcando los cielos hacia San Luis Potosí, lugar en el cual aquella pelea de boxeo tomaba forma.

Al llegar al lugar del magno evento la gente pululaba estruendosamente. La energía propia de las concentraciones, la maldad reinante y el diablo pululante. Sigilosamente me mimeticé entre la gente, guardando las distancias, esperando tranquilamente. Luces y algarabía reinaban en aquel monumental espacio. La multitud comenzó a entrar al escenario y por si fuera poco me puse a discutir con un charro con un gran sombrero y una botella de tequila en la mano acerca del estado del boxeo mundial. El charro algo volátil me empujó y lamentablemente tropecé con la dama estrellada quien con cara de pocos amigos preguntó que hacía yo en la lejanía.

Finalmente se decidió a hablar, y entre ruidos y gritos me explicó que debía colocarse en un lugar estratégico para ver con sus ojos lo que por años había temido encontrar. Tengo que saber si es fiel a mi persona dijo la dama, son muchos los viajes a las cuales no me deja venir, seguro hay razones para eso, finalmente sabré de que se trata todo esto. Escondidos cerca de la cabina de producción esperábamos por el desenlace esperado. En pocos momentos lo sabremos todo repetía sin parar, pero sus ojos no darían crédito a lo que vería en su pasar.

Las luces se centraron en aquel ring de pueblo, fabricado con materiales de desecho y una lona sangrienta. El anunciante del ring, vestido con un flux amarillo y una flor de lis en el pecho llamó a los boxeadores a grito pelado, cada uno con su apodo de espectáculo, en una esquina “El Gallardete”, un charro mexicano gigante, descomunal, musculoso, con dentadura postiza y una actitud de guerrero azteca desposeído de su amada por una maldición ancestral y en la otra esquina “El Salsero Norteño”, un pequeño y diminuto ser con barriga profesional que movía las manos atrapadas en aquellos guantes rojos con gran velocidad.

La dama se llevó la sorpresa de su vida, el susodicho no era productor como siempre le había jurado, pero otro tipo de “or” muy distinto, en mi pueblo conocido como boxeador. Las dudas de la dama llegaron a su fin en un instante, aquel hombre el cual había pensado jugaba con andanzas solamente pensaba en jugarse la vida para darle forma al caminar, al pasar de los días y las horas, para brindar estabilidad en un universo donde cuesta el andar.

La campana sonó y los boxeadores se entrelazaron entre puños penetrantes. “El Gallardete” comenzó a golpear al diminuto hombrecillo que solo trataba de correr por el ring escondiéndose de los golpes de hierro que la vida pretendía encaminar. Después de un round feroz y varios golpes aplomados “El Salsero Norteño” cayó tendido en la lona. No pude soportar y sin pensarlo aparté a cuatro mexicanetes que gritaban enardecidos, mátalo!, mata al mequetrefe!, liquídalo! y corriendo me subí al ring a tratarlo de ayudar. El solo alcanzó a mirarme, y luego de emitir varios sonidos parecidos a unos ronquidos nucleares sonrió para luego descansar.

Mi vida nunca ha sido real, así que verme en un ring combatiendo al “Gallardete” me pareció solo un guiño más de normalidad. El mexicano poseído por Satán se reía al verme frente a él y profería insultos nunca antes escuchados por la pérfida humanidad. Esta vez mi china había quedado en su baúl y sin pensarlo dos veces tuve que enfrascarme en aquella batalla dantesca. El voraz mexicano repartía golpes a diestra y a siniestra mientras cantaba rancheras de bar de mala muerte y mostraba sus dientes de oro acusando el pasar de los años, del vivir.

Por momentos pensé que mis días habían llegado a su fin, que por metiche terminaría tendido en una lona de un ring de boxeo de pueblo, un final triste, como siempre pensé sucedería. Con aquel desastre armado y en medio de este mundo alocado comencé a cantar una canción de Flans, “no controles!, no controles!, no controles mi forma de mirar!...”, el único grupo mexicano que mi mente pudo procesar después de haber recibido una tunda de golpes sin cesar. “El Gallardete” enfurecido por considerarlo una burla se abalanzó hacia mi ser para acabar con mi miseria pero una gota de mi sudor lo hizo resbalar cayendo directo en mi codo y mandándolo al lado oscuro.

Las serpentinas caían del cielo, la música aturdía los tímpanos, cargado por una multitud enardecida me llevaron en hombros a lo largo del camino, con miradas que buscaban un nuevo héroe, con aquellas ganas de encontrar. Después de bajarme de aquellos brazos y ser manoseado por la multitud, un señor bien vestido se me acercó y me entregó una correa de campeón, y un sobre con dinero en efectivo, el cual me juró no provenía de Ciudad Juárez. Me estrechó la mano y se limitó a preguntarme que cuando regresaba a defender mi corona. Como siempre he sabido hacer, con la confusión ataqué, y sin pensarlo escapé para perderme en el saber.

En un pequeño cuarto con una luz blanca muy tenue encontré al “El Salsero Norteño” con su amada. El boxeador aún algo atontado y la dama me agradecían mi acto de valentía para salvarlo de “El Gallardete”, yo sin mediar palabras me saqué el sobre del bolsillo y lo coloqué encima de la barriga del boxeador junto a la correa de campeón. Un minuto de silencio se apoderó de aquel lugar, entendemos lo que queremos y hacemos lo que debemos. Me volteé y seguí por donde vine.

De regreso en mi ciudad prendí de nuevo el celular, varios mensajes hacían referencia a la valla, a la misma valla de colores, en donde mi foto con correa de campeón en un ring de boxeo los hacía preguntarse, preguntarse de que se trata esto, aquello o todo, si es real o la verdad?

Wednesday, August 25, 2010

Igualdad

La mayoría de las veces no comprendemos la razón de las cosas, hay otras que tienen razón, podemos también no querer comprenderlas o simplemente es que hay momentos donde es mejor no buscar una explicación. Eran días iguales de la historia, de esos donde todo se ve de un mismo color y los recuerdos se visten de seda, de esas horas donde el pasado pesa y el futuro reduce. Los alrededores aún jugaban su juego de siempre, el que nunca jugué por mas que intentaron hacerme, el cual de una u otra manera esquivé.

Intentaba olvidar acostado en mi cuarto, no puedo distinguir cual de ellos, quizás las cuatro paredes blancas o pudiera ser que aquellas de colores distintivos. A lo lejos escuchaba la voz sempiterna de mi madre, me invitaba a salir de lo lejano, hacía su labor, cuidar y querer, yo por mi lado huía de todo aquello que no podía interiorizar, callaba y aceptaba, dudaba a veces sobre si había perdonado a los ladrones o si por el contrario aguardaba el instante para hacerles tragar sus miedos, quizás solo estaba esperando pausado el momento adecuado para pisar de nuevo el pavimento.

Sentado en mi cama mi padre discutía sobre la igualdad, no la igualdad humana sino más bien el por qué a mi me daba igual todo aquello. Su visión distinta a la mía me hacía esbozar preguntas cortantes, con paciencia todo se responde y se lleva adelante. Hubo un momento en el que me perdí, mi capa vieja y gastada no cumplía con mis medidas, mi mente cansada y somnolienta apenas me daba ideas, yo todo, conmigo mismo me debatía entre el respiro y el ahogo, las cosas que vi no deseo nadie las vea, los humanos podemos ser muy buenos pero nos esmeramos en ser terribles.

Basta Policarpio!!!, seguir?, para que?, me reía al pensar en lo inútil que resulta arar en el mar, los malos siempre ganan, pero debo confesar que al menos me río. El teléfono sonaba con insistencia, su ruido atorrante retumbaba en las cavidades de mi propio infierno, finalmente alguien le agarró, era para mi, como solía suceder, el mundo esperando por mi, yo esperando por la nada, una mezcla terrible. Después de una conversación extensa y tediosa accedí a tomar el auricular y escuchar la voz del otro lado, me buscaban, no por bien, no por mal, es que existen aquellos que se preocupan o que te necesitan.

Era imposible olvidar aquel evento, como dejar pasar la oportunidad, el gran Hotel Montaña reabría sus puertas, con bombos y platillos, y por cierto a mi me daba igual. Arrastrando mis pies como suelo hacer pero con un agregado de fastidio perenne me dirigí al baño, pasarían por mi a las nueve de la noche, una vez más me secuestrarían mis amigos. Vestido de payaso, perdón con traje y corbata quise decir, estaba parado en la puerta de mi hogar, aquel que me vio crecer desde mis días de superhéroe hasta aquellos penosos de no saber que hacía aquí.

Tranquilo y sereno debajo de aquel árbol que vio esfumarse mis grandes sueños pensaba como habían logrado convencerme para salir de mi cueva, una gama de invitaciones a salvar al planeta surcaban el aire pero siempre recordándome que detrás de cualquier acto de bondad hay varios descontentos y dolores, esperando tranquilos para hacer de las suyas, hay gente de gente, con sus poses y categorías, con intereses y virtudes, con defectos e ilusiones pero ningunos tan malos y tan podridos como…la corneta del carro me hizo desviar mi atención, me subí y recibí las respectivas salutaciones, ellos decían este sería un magno evento.

Hasta el funicular que nos llevaría al tope de la montaña tenía nombre, “Latronis” pude leer y me acomodé dentro de aquel carrito sostenido por una guaya. La ciudad se veía tranquila y mansa, no podía sentir ni frío ni calor, las luces se fueron alejando, mis acompañantes bromeaban y se divertían, como siempre habían llevado a alguna incauta con la esperanza que yo la entretuviera y le metiera un cuento, si uno de esos que solía contar, y que me perdonen los sufridos. Con mi sonrisa de falsedad la ayudé a bajarse del funicular para desaparecer de inmediato sin darle chance a nada.

Antes que todo debo reconocer que habían realizado un gran trabajo, el hotel se mostraba a plenitud, la gran gala estaba por comenzar, desde mi lugar observaba a aquella dama buscándome, me reía, para adentro, nunca he podido evitar reírme cuando veo la desesperación de los que no saben esperar o quizás solo buscar. Todo tipo de personajes embalsamaban aquel lujoso salón, la sociedad en su máximo esplendor, bandidos de cuello blanco, pobres de solemnidad, maletines vacíos, frentes en alto, la medida perfecta para el inicio esperado, el número elegido para la realización de la obra.

Inerte desde siempre, nunca pertenecí, no es culpa de nadie, es que soy así. Con disimulo me acerqué a la puerta para irme de aquel lugar pero mi mala costumbre de hablar con porteros y guardias de seguridad me llevó a quedarme un rato mas, un rato que me permitió ver con desagrado la lista de invitados, y no por sus nombres pero por el número, seis, seis, no podía leer el tercer número hasta que finalmente lo vi, otro seis, insignificante en otros momentos pero tratándose de una fiesta tirada por la ventana por el diablo mismo no me quedó otra opción que seguir hablando con el portero hasta que el pobre hombre se cansó de mis historias y se excusó para ir al baño, mis dudas de siempre, irme o quedarme, y así fue como le vi.

Rayos, creo que ese es el símil adecuado, una tormenta frente a mi, como actuar?, un cuento, ese fue mi primer pensamiento, y de golpe me acerqué. Creo que hasta le tropecé, tenía tiempo sin actuar, me presenté como pude, será que todo te da igual triste paladín?, será Policarpio?, mi mente me azuzaba con pensamientos irracionales, o serán los mas racionales que yo puedo tener, no lo se, no lo quise averiguar, sus ojos, una mirada para perderse, no me creerían, pero así es.

Entonces ella quería escaparse, a eso le enseñaron, “no se habla con extraños mija” decía su mamá, pero como dejarle ir, no sería digno de un indulto, imposible de sobrevivir. En ese instante la orquesta iniciaba su toque especial, yo no me acordaba de bailar pero siempre supe que al verla tenía que intentar. En medio de la gente y de su ínfimo pasar hablaba de aquel juego, de su comienzo y su final, de cómo ella ganaba fuera lo que fuera. Yo me reía al escuchar, recordando el pasado, viviendo el presente y soñando en el futuro, juego que nunca jugué y no pienso caer, pues no se trata de jugar quizás es mas bien de compenetrar.

Nunca pensé que se relajaría pero lo hizo con el pasar de los minutos, ella sola empezó a hablar, de lo cómico que resultaba conocer “desconocidos”, como sus amigas hablaban de historias que terminaban bien y que en definitiva cada quien encuentra si sabe buscar, la espera tiene que terminar. Hizo un alto en sus pasos para dar entrada a la racionalidad, un conjunto de pensamientos acerca de que hacer, como serían las cosas, que nos conviene o no en un momento dado no está dictado por la razón, es solo un cuento, de esos que solía echar, pero con el ingrediente de la verdad, aunado a la importancia del asunto y por supuesto con la realidad que supone aceptar a un loco con planeta propio y olvidado por aquel en el que vive.

“Equivocado no puedo estar" dije con voz pausada, “con cada segundo que siento pasar, sin lugar a dudas podemos darle vueltas y tratar de comprender, pero es que no se trata de un todo, de la nada, ni de esto ni de aquello, creo solo que radica en la capacidad infinita del querer, que se transforma en poder, y con esto el hacer, y poco a poco afianzando lo que tiene que suceder, son muchos los sueños con que todos empezamos, y cuantos de ellos nos acompañan al sentirnos terminados, pero si llevamos muy adentro aquel que siempre anhelamos podemos estar seguros que ha valido la pena y por eso nos encontramos”.

Un minuto mas tarde en el podio que estaba a la derecha de aquel salón se subió aquel hombre amado por muchos, temido por otros e irrespetado por mi, valemos adentro no afuera te informo bandido eterno. Con su mirada penetrante y con voz tenebrosa anunció con una calma pasmosa que habíamos sido invitados, invitados para robarnos, él y sus secuaces de siempre nos quitarían todo aquello que tuviera valor, pero de inmediato y como siempre mi mente no deja de pensar, a que valor se refería?, pues perder mi traje de payaso sería bienvenido pero hay cosas que por mas que nos de igual el planeta no estamos dispuestos a perder y sería bueno contarles que sus ojos amarillos me han hecho de nuevo creer.

Rápidamente la partida de bandidos se colocaba delante de cada quien para despojarle sin pasión, infligiendo el dolor, recordando la traición, quitando poco a poco la materia y el perdón, la posesión y la misión, un trueno de hielo recorrió mi interior al ver que el ladrón y sus amigos habían descubierto que monedas van y vienen pero un sueño es invaluable, de a poco iban dejando a los invitados inertes y febriles, sin nada afuera, con menos adentro, sin pensar se llevaban el todo y la nada, quizás era aquello lo que yo esperaba.

Intenté buscar mi china pero no la había traído, mis instintos de huir florecieron al pasar, es muy fácil correr y dejar pero como podría explicarme a mi mismo que la espalda había dado a el tesoro mas buscado, hay perdones de perdones, y si esta vez me fallaba a mi mismo mi descanso buscado sería solo un tormento explicado. Su voz me hizo voltear, con calma y tranquila me hizo recordar, un pasado lejano donde corría con capa en busca de un sueño, aquel mundo que siempre busqué, lo bueno sobre lo malo, la risa sobre el llanto, como magia, como aquellos actos imposibles que solía realizar, desaparecieron frente a mi el ladrón y sus secuaces, para nunca mas volverles a ver, ni siquiera en una fiesta de disfraces.

Como se abren las nubes al pasar la tormenta pude ver a lo lejos aquello que me rodeaba, el sentido se lo damos nosotros, esa es una de las razones que me costó comprender, pero no debemos descansar pues tarde o temprano se debe llegar. Todos tenemos un lugar, pequeño o grande, solo tenemos que encontrarle, si la búsqueda es cuesta arriba hay que seguir pues no solo nos hacemos sino que encontramos la medida.

Hoy miro atrás, quizás fue aquel mismo día, una noche u otro sol, y en aquella montaña pude decir “sin duda que tu entiendes mas a este mundo y sus criaturas, yo por mi parte te estaré agradecido eternamente por devolverme las ganas de vivir…