La mayoría de las veces no comprendemos la razón de las cosas, hay otras que tienen razón, podemos también no querer comprenderlas o simplemente es que hay momentos donde es mejor no buscar una explicación. Eran días iguales de la historia, de esos donde todo se ve de un mismo color y los recuerdos se visten de seda, de esas horas donde el pasado pesa y el futuro reduce. Los alrededores aún jugaban su juego de siempre, el que nunca jugué por mas que intentaron hacerme, el cual de una u otra manera esquivé.
Intentaba olvidar acostado en mi cuarto, no puedo distinguir cual de ellos, quizás las cuatro paredes blancas o pudiera ser que aquellas de colores distintivos. A lo lejos escuchaba la voz sempiterna de mi madre, me invitaba a salir de lo lejano, hacía su labor, cuidar y querer, yo por mi lado huía de todo aquello que no podía interiorizar, callaba y aceptaba, dudaba a veces sobre si había perdonado a los ladrones o si por el contrario aguardaba el instante para hacerles tragar sus miedos, quizás solo estaba esperando pausado el momento adecuado para pisar de nuevo el pavimento.
Sentado en mi cama mi padre discutía sobre la igualdad, no la igualdad humana sino más bien el por qué a mi me daba igual todo aquello. Su visión distinta a la mía me hacía esbozar preguntas cortantes, con paciencia todo se responde y se lleva adelante. Hubo un momento en el que me perdí, mi capa vieja y gastada no cumplía con mis medidas, mi mente cansada y somnolienta apenas me daba ideas, yo todo, conmigo mismo me debatía entre el respiro y el ahogo, las cosas que vi no deseo nadie las vea, los humanos podemos ser muy buenos pero nos esmeramos en ser terribles.
Basta Policarpio!!!, seguir?, para que?, me reía al pensar en lo inútil que resulta arar en el mar, los malos siempre ganan, pero debo confesar que al menos me río. El teléfono sonaba con insistencia, su ruido atorrante retumbaba en las cavidades de mi propio infierno, finalmente alguien le agarró, era para mi, como solía suceder, el mundo esperando por mi, yo esperando por la nada, una mezcla terrible. Después de una conversación extensa y tediosa accedí a tomar el auricular y escuchar la voz del otro lado, me buscaban, no por bien, no por mal, es que existen aquellos que se preocupan o que te necesitan.
Era imposible olvidar aquel evento, como dejar pasar la oportunidad, el gran Hotel Montaña reabría sus puertas, con bombos y platillos, y por cierto a mi me daba igual. Arrastrando mis pies como suelo hacer pero con un agregado de fastidio perenne me dirigí al baño, pasarían por mi a las nueve de la noche, una vez más me secuestrarían mis amigos. Vestido de payaso, perdón con traje y corbata quise decir, estaba parado en la puerta de mi hogar, aquel que me vio crecer desde mis días de superhéroe hasta aquellos penosos de no saber que hacía aquí.
Tranquilo y sereno debajo de aquel árbol que vio esfumarse mis grandes sueños pensaba como habían logrado convencerme para salir de mi cueva, una gama de invitaciones a salvar al planeta surcaban el aire pero siempre recordándome que detrás de cualquier acto de bondad hay varios descontentos y dolores, esperando tranquilos para hacer de las suyas, hay gente de gente, con sus poses y categorías, con intereses y virtudes, con defectos e ilusiones pero ningunos tan malos y tan podridos como…la corneta del carro me hizo desviar mi atención, me subí y recibí las respectivas salutaciones, ellos decían este sería un magno evento.
Hasta el funicular que nos llevaría al tope de la montaña tenía nombre, “Latronis” pude leer y me acomodé dentro de aquel carrito sostenido por una guaya. La ciudad se veía tranquila y mansa, no podía sentir ni frío ni calor, las luces se fueron alejando, mis acompañantes bromeaban y se divertían, como siempre habían llevado a alguna incauta con la esperanza que yo la entretuviera y le metiera un cuento, si uno de esos que solía contar, y que me perdonen los sufridos. Con mi sonrisa de falsedad la ayudé a bajarse del funicular para desaparecer de inmediato sin darle chance a nada.
Antes que todo debo reconocer que habían realizado un gran trabajo, el hotel se mostraba a plenitud, la gran gala estaba por comenzar, desde mi lugar observaba a aquella dama buscándome, me reía, para adentro, nunca he podido evitar reírme cuando veo la desesperación de los que no saben esperar o quizás solo buscar. Todo tipo de personajes embalsamaban aquel lujoso salón, la sociedad en su máximo esplendor, bandidos de cuello blanco, pobres de solemnidad, maletines vacíos, frentes en alto, la medida perfecta para el inicio esperado, el número elegido para la realización de la obra.
Inerte desde siempre, nunca pertenecí, no es culpa de nadie, es que soy así. Con disimulo me acerqué a la puerta para irme de aquel lugar pero mi mala costumbre de hablar con porteros y guardias de seguridad me llevó a quedarme un rato mas, un rato que me permitió ver con desagrado la lista de invitados, y no por sus nombres pero por el número, seis, seis, no podía leer el tercer número hasta que finalmente lo vi, otro seis, insignificante en otros momentos pero tratándose de una fiesta tirada por la ventana por el diablo mismo no me quedó otra opción que seguir hablando con el portero hasta que el pobre hombre se cansó de mis historias y se excusó para ir al baño, mis dudas de siempre, irme o quedarme, y así fue como le vi.
Rayos, creo que ese es el símil adecuado, una tormenta frente a mi, como actuar?, un cuento, ese fue mi primer pensamiento, y de golpe me acerqué. Creo que hasta le tropecé, tenía tiempo sin actuar, me presenté como pude, será que todo te da igual triste paladín?, será Policarpio?, mi mente me azuzaba con pensamientos irracionales, o serán los mas racionales que yo puedo tener, no lo se, no lo quise averiguar, sus ojos, una mirada para perderse, no me creerían, pero así es.
Entonces ella quería escaparse, a eso le enseñaron, “no se habla con extraños mija” decía su mamá, pero como dejarle ir, no sería digno de un indulto, imposible de sobrevivir. En ese instante la orquesta iniciaba su toque especial, yo no me acordaba de bailar pero siempre supe que al verla tenía que intentar. En medio de la gente y de su ínfimo pasar hablaba de aquel juego, de su comienzo y su final, de cómo ella ganaba fuera lo que fuera. Yo me reía al escuchar, recordando el pasado, viviendo el presente y soñando en el futuro, juego que nunca jugué y no pienso caer, pues no se trata de jugar quizás es mas bien de compenetrar.
Nunca pensé que se relajaría pero lo hizo con el pasar de los minutos, ella sola empezó a hablar, de lo cómico que resultaba conocer “desconocidos”, como sus amigas hablaban de historias que terminaban bien y que en definitiva cada quien encuentra si sabe buscar, la espera tiene que terminar. Hizo un alto en sus pasos para dar entrada a la racionalidad, un conjunto de pensamientos acerca de que hacer, como serían las cosas, que nos conviene o no en un momento dado no está dictado por la razón, es solo un cuento, de esos que solía echar, pero con el ingrediente de la verdad, aunado a la importancia del asunto y por supuesto con la realidad que supone aceptar a un loco con planeta propio y olvidado por aquel en el que vive.
“Equivocado no puedo estar" dije con voz pausada, “con cada segundo que siento pasar, sin lugar a dudas podemos darle vueltas y tratar de comprender, pero es que no se trata de un todo, de la nada, ni de esto ni de aquello, creo solo que radica en la capacidad infinita del querer, que se transforma en poder, y con esto el hacer, y poco a poco afianzando lo que tiene que suceder, son muchos los sueños con que todos empezamos, y cuantos de ellos nos acompañan al sentirnos terminados, pero si llevamos muy adentro aquel que siempre anhelamos podemos estar seguros que ha valido la pena y por eso nos encontramos”.
Un minuto mas tarde en el podio que estaba a la derecha de aquel salón se subió aquel hombre amado por muchos, temido por otros e irrespetado por mi, valemos adentro no afuera te informo bandido eterno. Con su mirada penetrante y con voz tenebrosa anunció con una calma pasmosa que habíamos sido invitados, invitados para robarnos, él y sus secuaces de siempre nos quitarían todo aquello que tuviera valor, pero de inmediato y como siempre mi mente no deja de pensar, a que valor se refería?, pues perder mi traje de payaso sería bienvenido pero hay cosas que por mas que nos de igual el planeta no estamos dispuestos a perder y sería bueno contarles que sus ojos amarillos me han hecho de nuevo creer.
Rápidamente la partida de bandidos se colocaba delante de cada quien para despojarle sin pasión, infligiendo el dolor, recordando la traición, quitando poco a poco la materia y el perdón, la posesión y la misión, un trueno de hielo recorrió mi interior al ver que el ladrón y sus amigos habían descubierto que monedas van y vienen pero un sueño es invaluable, de a poco iban dejando a los invitados inertes y febriles, sin nada afuera, con menos adentro, sin pensar se llevaban el todo y la nada, quizás era aquello lo que yo esperaba.
Intenté buscar mi china pero no la había traído, mis instintos de huir florecieron al pasar, es muy fácil correr y dejar pero como podría explicarme a mi mismo que la espalda había dado a el tesoro mas buscado, hay perdones de perdones, y si esta vez me fallaba a mi mismo mi descanso buscado sería solo un tormento explicado. Su voz me hizo voltear, con calma y tranquila me hizo recordar, un pasado lejano donde corría con capa en busca de un sueño, aquel mundo que siempre busqué, lo bueno sobre lo malo, la risa sobre el llanto, como magia, como aquellos actos imposibles que solía realizar, desaparecieron frente a mi el ladrón y sus secuaces, para nunca mas volverles a ver, ni siquiera en una fiesta de disfraces.
Como se abren las nubes al pasar la tormenta pude ver a lo lejos aquello que me rodeaba, el sentido se lo damos nosotros, esa es una de las razones que me costó comprender, pero no debemos descansar pues tarde o temprano se debe llegar. Todos tenemos un lugar, pequeño o grande, solo tenemos que encontrarle, si la búsqueda es cuesta arriba hay que seguir pues no solo nos hacemos sino que encontramos la medida.
Hoy miro atrás, quizás fue aquel mismo día, una noche u otro sol, y en aquella montaña pude decir “sin duda que tu entiendes mas a este mundo y sus criaturas, yo por mi parte te estaré agradecido eternamente por devolverme las ganas de vivir…
Wednesday, August 25, 2010
Wednesday, July 07, 2010
Existen historias de historias, algunas que puedo contar y otras que debo callar, a veces la fina línea entre la realidad y la imaginación nos llevan a pensar si es que existe una razón. Caminamos, esperamos, nos movemos en un sin fin de motivos creados entre la ficción y la verdad, inmersos en esa corriente que algunos denominan vida y que otros simplemente tratan de llevar, en una de esas historias que me ocurrieron en mi andar, es solo una que me viene a la memoria y puedo ahora contar.
A veces miro atrás y no se por donde empezar, es que hay situaciones que se tornan difíciles de explicar. En las frías noches de invierno mi mente vuela hacia aquel lugar, en el cual me encontraba por alguna casualidad, que no es lo mismo que la causalidad, en este andar se ven cosas que no podemos explicar, si sienten entonces nos queda de que hablar. La vida es una apuesta perdida, ciertamente perdida, pero con la esperanza que el croupier se equivoque.
La estatua de Simón Bolívar se mostraba de forma impactante, su espada levantada en señal de victoria perdurable, la libertad explorada su máxima expresión, el caballo imponente brillaba en aquella tarde calurosa de la capital palpitante, de la mágica Caracas, mágica en todos los sentidos que un ser humano puede apreciar a lo largo de un vivir. Debajo de la estatua, un malandro con permiso expedido por el presidente de la república me atracó para llevarse por tercera vez mi teléfono celular, no conforme con esto, me dio una burundanguita para que no se me olvide jamás que malandro manda en el país que no es país sino una burla con nombre propio.
Desperté al lado de una gasolinera, sucia y polvorienta, en el Centro de Caracas, sin documentos, cansado por el largo viaje que me había traído a ese lugar, mi vida ajetreada parecía no tener un rumbo claro, vivía eso es lo que hacía. Alguien me había metido diez bolívares en el bolsillo, quizás pensando que era un viejo pordiosero. A pesar de saber que debía hacer hay momentos en que saber no es poder, después de respirar hondo y archivar en mis neuronas el plan a seguir, en marcha me puse sin poder distinguir. Alguien se acercaba, una luz en un sinfín de sombras.
“Buenos días” me dijo la dama mostrándome el camino hacia la puerta del carro, que no tenía pinta de taxi, ni ella de taxista. Yo hice un gesto de saludo y me subí al automóvil que de inmediato se puso en marcha. El pequeño bólido plateado aceleraba a toda prisa por las calles de la capital, la velocidad se sentía en mi frente, el viento golpeaba mi mente, algo disperso miraba con detenimiento aquellas manos, que poseídas por un demonio burlón no soltaban el volante. Después de unos cornetazos y cuasi-choques quitó el pie del acelerador y se volteó a mirarme.
“Espero nos disculpe por el malandro, en realidad la idea era solo darle la burundanga y no atracarlo, pero ya sabe como son las cosas aquí” dijo la dama de bellos ojos claros, una tonalidad distinta, guardada solo en los secretos celestiales. En realidad yo no tenía muchas ganas de conversar, muchos menos filosofar, y di una respuesta cualquiera, vaga, efímera. Ella continuó su discurso, hablaba de todo aquello que estaba frente a mis ojos pero que quizás no podía ver. Vemos lo que creemos, creemos en lo que vemos. Mi amigo inmemorial me hizo un comentario acerca del cerebro de la dama, no lo puedo repetir, el puede a veces, ser algo disparatado.
Adentro de aquel edificio viejo, y después de contactar a la persona correcta, me llevaron a un pequeño ascensor, de manera repentina subí unos cuantos pisos para abrirse una puerta y encontrar ante mi aquel letrero, “La Comunidad de la Mentira”, se podía leer en grandes letras a molde, en efecto era cierto, allá en Caracas funcionaba aquella macabra organización dedicada a verter mentiras en todo el mundo. No me extrañaba que un país tan podrido existiera este tipo de sociedad, por otro lado me entristecía que fuera una realidad latente. Mi tarea era desintegrarla, atacar sus bases sin piedad, pero como lograr un cometido si el enemigo se basa en el bastión de la no realidad.
Sentado frente a un escritorio la misma dama que había fungido de taxista me hacía preguntas, muchas de ellas, buscando determinar la veracidad de mis motivos, ella como todos ahí pertenecía a esa extensa organización que poco a poco se comía al mundo, de manera sutil y con poca compasión. De pronto extendió su mano y se presentó, “Lipetomi Unchsteiger”, “soy la secretaria ejecutiva de nuestra organización, y por los momentos el único contacto que tendrá aquí para verificar si en realidad desea extender nuestro lema alrededor del planeta”. Yo con una sonrisa en mi cara me limité a plantear todos mis argumentos, expresando mi interés en torturar a la humanidad a punta de mentiras para hacerles creer que el planeta era el lugar soñado. La dama se regocijaba al escuchar mis planes macabros, “excelente, excelente” decía mientras soltaba carcajadas por doquier.
“Pues bien, creo que usted es un candidato perfecto para ser miembro de nuestra organización” dijo Lipetomi, “le voy a llevar a una charla que en este momento dicta nuestro máximo jefe, usted sin lugar a dudas la va a disfrutar, luego finalizaremos el papeleo y entonces se pondrá usted en marcha, a acabar con el planeta, que viva la mentira” gritó mientras me daba una palmadita en la espalda.
En aquel salón se encontraban una serie de personajes que no quiero recordar, sentado en una silla con Lipetomi a mi lado escuchaba a aquel demente soltar barbaridades por su boca, el jefe de la organización, claro está, el gran Señor No, convencía a todos los allí presentes que por medio de la mentira el mundo les pertenecería, era solo cuestión de seguir y tratar, unos años y el planeta se movería en las garras de la eterna falsedad.
De pronto pude notar como una lágrima caía sobre la mejilla de Lipetomi, en un principio pensé que la demencia la había dominado y se emocionaba al escuchar tan macabro discurso, pero sus ojos, aquellos que aún recuerdo brillaban de una manera extraña, tratando de hablar, tratando de escapar, a veces estamos sin querer o seguimos sin placer, caminos ocultos se abren de día para esconderse y perderse en la noche.
Sabiendo que mi misión era clara, supuse que ese era el momento para poner a cabo mi plan de ataque, miré a los ojos a Lipetomi y le dije “vamos a estar claros, desconozco la razón de tu pena escondida, pero usted no pertenece entre estas sabandijas”, ella aún con lágrimas en los ojos me susurró que nos matarían en el río Guaire si tratábamos de hacer algo, mientras aquel demente seguía hablando ella contó lo que llevada en su manto.
Lipetomi me explicó como había dejado de creer en los seres humanos, la mentira, justamente entraba tranquila en su estado de ánimo. Los colores y matices solo los ponemos sobre los grises, en un desierto ya vagamos y por siempre encontramos, en algún lugar del universo hay cabida para lo cierto, no podemos descansar es un largo camino este majestuoso andar, en cada destino existe un motivo, buscamos, tratamos y nunca llegamos, quizás en la frente está la razón pero inconformes volteamos y no es de perdón.
Interrumpí al Señor No tal cual como me había trazado en mi plan, un plan que había discutido días antes con mi otro yo, de tres años y algo irresponsable, el cual insistía que mientras se dormía no se podían decir mentiras. Comencé por soltar una tras otra verdad, verdad tras verdad, el hombre enfurecido gritaba enloquecido, muchos años sumido en una mentira es olvido. Los otros oyentes cayendo del trance empezaron a hablar de aquellas verdades desechadas en vano, como naipes al aire cada quien distinguía, con tanta franqueza la luz del sol se veía. El demente jefe de aquella macabra organización comenzó a dar órdenes que todos desobedecían pero como siempre sucede algún peón resarcía. En segundos y en sueños todo cobraba vida.
Tuvimos que huir del recinto por una puerta trasera, la confusión reinaba en aquel lugar donde la verdad y la mentira se enfrentaban por primera vez en largos siglos. Lipetomi conocía el sitio a fondo y nos guió hasta un sitio seguro, o eso creíamos, un ruido estruendoso sintió su enojo, los seguidores del Señor No venían por nosotros.
Corriendo por la Ciudad Universitaria mientras el mismo malandro que ya me había robado trataba de capturarnos, llevaba de la mano a Lipetomi, quien a pesar de la situación me miraba sintiendo, buscando razón. Avanzamos a un paso constante, tajante y pujante, los gritos de odio se sumaban sin cesar, mirar al horizonte en pos de alcanzar, a lo lejos escuchaba como su voz se desvanecía, la luz del día entraba en mi ventana, mi cama vacía me guardaba celosa, la pena guardada resultaba venenosa, son cosas que son, que van en el viento buscando el final, si buscas encuentras y eso es verdad.
Me paré en seco y saqué mi china, disparé directo al cerebro del malandro que cayó aparatosamente en la acera mugrienta. Me acerqué y procedí a atracarlo yo, le quité todo, incluyendo sus patéticos jeans con parches y su franelita Maltín Polar, no pude contenerme y le pisé la mano hasta que por arte de magia se levantó y me prometió que se pondría a trabajar en la Policía Metropolitana, aunque eso es ya otra historia en sí, y para los curiosos por si fuera poco recuperé mi celular.
Desperté de golpe, tratando de buscar, añorando el final, entre lo real y lo virtual hay una línea fina que no se ve desde el umbral, los sueños son solo eso, lo real es un paso entre el pasado y el futuro, es solo una historia más, alguna que he podido contar y que por un momento pensé no iba a terminar, la realidad es el recuerdo de aquello que olvidamos, el pasado tiene al tiempo como aliado, el presente solo dura un instante y el futuro tiene las sorpresas a su favor…
A veces miro atrás y no se por donde empezar, es que hay situaciones que se tornan difíciles de explicar. En las frías noches de invierno mi mente vuela hacia aquel lugar, en el cual me encontraba por alguna casualidad, que no es lo mismo que la causalidad, en este andar se ven cosas que no podemos explicar, si sienten entonces nos queda de que hablar. La vida es una apuesta perdida, ciertamente perdida, pero con la esperanza que el croupier se equivoque.
La estatua de Simón Bolívar se mostraba de forma impactante, su espada levantada en señal de victoria perdurable, la libertad explorada su máxima expresión, el caballo imponente brillaba en aquella tarde calurosa de la capital palpitante, de la mágica Caracas, mágica en todos los sentidos que un ser humano puede apreciar a lo largo de un vivir. Debajo de la estatua, un malandro con permiso expedido por el presidente de la república me atracó para llevarse por tercera vez mi teléfono celular, no conforme con esto, me dio una burundanguita para que no se me olvide jamás que malandro manda en el país que no es país sino una burla con nombre propio.
Desperté al lado de una gasolinera, sucia y polvorienta, en el Centro de Caracas, sin documentos, cansado por el largo viaje que me había traído a ese lugar, mi vida ajetreada parecía no tener un rumbo claro, vivía eso es lo que hacía. Alguien me había metido diez bolívares en el bolsillo, quizás pensando que era un viejo pordiosero. A pesar de saber que debía hacer hay momentos en que saber no es poder, después de respirar hondo y archivar en mis neuronas el plan a seguir, en marcha me puse sin poder distinguir. Alguien se acercaba, una luz en un sinfín de sombras.
“Buenos días” me dijo la dama mostrándome el camino hacia la puerta del carro, que no tenía pinta de taxi, ni ella de taxista. Yo hice un gesto de saludo y me subí al automóvil que de inmediato se puso en marcha. El pequeño bólido plateado aceleraba a toda prisa por las calles de la capital, la velocidad se sentía en mi frente, el viento golpeaba mi mente, algo disperso miraba con detenimiento aquellas manos, que poseídas por un demonio burlón no soltaban el volante. Después de unos cornetazos y cuasi-choques quitó el pie del acelerador y se volteó a mirarme.
“Espero nos disculpe por el malandro, en realidad la idea era solo darle la burundanga y no atracarlo, pero ya sabe como son las cosas aquí” dijo la dama de bellos ojos claros, una tonalidad distinta, guardada solo en los secretos celestiales. En realidad yo no tenía muchas ganas de conversar, muchos menos filosofar, y di una respuesta cualquiera, vaga, efímera. Ella continuó su discurso, hablaba de todo aquello que estaba frente a mis ojos pero que quizás no podía ver. Vemos lo que creemos, creemos en lo que vemos. Mi amigo inmemorial me hizo un comentario acerca del cerebro de la dama, no lo puedo repetir, el puede a veces, ser algo disparatado.
Adentro de aquel edificio viejo, y después de contactar a la persona correcta, me llevaron a un pequeño ascensor, de manera repentina subí unos cuantos pisos para abrirse una puerta y encontrar ante mi aquel letrero, “La Comunidad de la Mentira”, se podía leer en grandes letras a molde, en efecto era cierto, allá en Caracas funcionaba aquella macabra organización dedicada a verter mentiras en todo el mundo. No me extrañaba que un país tan podrido existiera este tipo de sociedad, por otro lado me entristecía que fuera una realidad latente. Mi tarea era desintegrarla, atacar sus bases sin piedad, pero como lograr un cometido si el enemigo se basa en el bastión de la no realidad.
Sentado frente a un escritorio la misma dama que había fungido de taxista me hacía preguntas, muchas de ellas, buscando determinar la veracidad de mis motivos, ella como todos ahí pertenecía a esa extensa organización que poco a poco se comía al mundo, de manera sutil y con poca compasión. De pronto extendió su mano y se presentó, “Lipetomi Unchsteiger”, “soy la secretaria ejecutiva de nuestra organización, y por los momentos el único contacto que tendrá aquí para verificar si en realidad desea extender nuestro lema alrededor del planeta”. Yo con una sonrisa en mi cara me limité a plantear todos mis argumentos, expresando mi interés en torturar a la humanidad a punta de mentiras para hacerles creer que el planeta era el lugar soñado. La dama se regocijaba al escuchar mis planes macabros, “excelente, excelente” decía mientras soltaba carcajadas por doquier.
“Pues bien, creo que usted es un candidato perfecto para ser miembro de nuestra organización” dijo Lipetomi, “le voy a llevar a una charla que en este momento dicta nuestro máximo jefe, usted sin lugar a dudas la va a disfrutar, luego finalizaremos el papeleo y entonces se pondrá usted en marcha, a acabar con el planeta, que viva la mentira” gritó mientras me daba una palmadita en la espalda.
En aquel salón se encontraban una serie de personajes que no quiero recordar, sentado en una silla con Lipetomi a mi lado escuchaba a aquel demente soltar barbaridades por su boca, el jefe de la organización, claro está, el gran Señor No, convencía a todos los allí presentes que por medio de la mentira el mundo les pertenecería, era solo cuestión de seguir y tratar, unos años y el planeta se movería en las garras de la eterna falsedad.
De pronto pude notar como una lágrima caía sobre la mejilla de Lipetomi, en un principio pensé que la demencia la había dominado y se emocionaba al escuchar tan macabro discurso, pero sus ojos, aquellos que aún recuerdo brillaban de una manera extraña, tratando de hablar, tratando de escapar, a veces estamos sin querer o seguimos sin placer, caminos ocultos se abren de día para esconderse y perderse en la noche.
Sabiendo que mi misión era clara, supuse que ese era el momento para poner a cabo mi plan de ataque, miré a los ojos a Lipetomi y le dije “vamos a estar claros, desconozco la razón de tu pena escondida, pero usted no pertenece entre estas sabandijas”, ella aún con lágrimas en los ojos me susurró que nos matarían en el río Guaire si tratábamos de hacer algo, mientras aquel demente seguía hablando ella contó lo que llevada en su manto.
Lipetomi me explicó como había dejado de creer en los seres humanos, la mentira, justamente entraba tranquila en su estado de ánimo. Los colores y matices solo los ponemos sobre los grises, en un desierto ya vagamos y por siempre encontramos, en algún lugar del universo hay cabida para lo cierto, no podemos descansar es un largo camino este majestuoso andar, en cada destino existe un motivo, buscamos, tratamos y nunca llegamos, quizás en la frente está la razón pero inconformes volteamos y no es de perdón.
Interrumpí al Señor No tal cual como me había trazado en mi plan, un plan que había discutido días antes con mi otro yo, de tres años y algo irresponsable, el cual insistía que mientras se dormía no se podían decir mentiras. Comencé por soltar una tras otra verdad, verdad tras verdad, el hombre enfurecido gritaba enloquecido, muchos años sumido en una mentira es olvido. Los otros oyentes cayendo del trance empezaron a hablar de aquellas verdades desechadas en vano, como naipes al aire cada quien distinguía, con tanta franqueza la luz del sol se veía. El demente jefe de aquella macabra organización comenzó a dar órdenes que todos desobedecían pero como siempre sucede algún peón resarcía. En segundos y en sueños todo cobraba vida.
Tuvimos que huir del recinto por una puerta trasera, la confusión reinaba en aquel lugar donde la verdad y la mentira se enfrentaban por primera vez en largos siglos. Lipetomi conocía el sitio a fondo y nos guió hasta un sitio seguro, o eso creíamos, un ruido estruendoso sintió su enojo, los seguidores del Señor No venían por nosotros.
Corriendo por la Ciudad Universitaria mientras el mismo malandro que ya me había robado trataba de capturarnos, llevaba de la mano a Lipetomi, quien a pesar de la situación me miraba sintiendo, buscando razón. Avanzamos a un paso constante, tajante y pujante, los gritos de odio se sumaban sin cesar, mirar al horizonte en pos de alcanzar, a lo lejos escuchaba como su voz se desvanecía, la luz del día entraba en mi ventana, mi cama vacía me guardaba celosa, la pena guardada resultaba venenosa, son cosas que son, que van en el viento buscando el final, si buscas encuentras y eso es verdad.
Me paré en seco y saqué mi china, disparé directo al cerebro del malandro que cayó aparatosamente en la acera mugrienta. Me acerqué y procedí a atracarlo yo, le quité todo, incluyendo sus patéticos jeans con parches y su franelita Maltín Polar, no pude contenerme y le pisé la mano hasta que por arte de magia se levantó y me prometió que se pondría a trabajar en la Policía Metropolitana, aunque eso es ya otra historia en sí, y para los curiosos por si fuera poco recuperé mi celular.
Desperté de golpe, tratando de buscar, añorando el final, entre lo real y lo virtual hay una línea fina que no se ve desde el umbral, los sueños son solo eso, lo real es un paso entre el pasado y el futuro, es solo una historia más, alguna que he podido contar y que por un momento pensé no iba a terminar, la realidad es el recuerdo de aquello que olvidamos, el pasado tiene al tiempo como aliado, el presente solo dura un instante y el futuro tiene las sorpresas a su favor…
Wednesday, June 09, 2010
Pamplona
Después de varios días sin que ningún tipo de evento externo moviera los cimientos de mi tranquila y pasmada existencia, mis neuronas incapaces de dejarme descansar por más de dos minutos comenzaron a procesar que debía inventarme algo para que mis venas y arterias sedientas de adrenalina no fueran a sentirse abandonadas, so pena de arrecharse conmigo y no permitir el paso de sangre con fluidez, causando por ende terror en mi interior y desembocando en una ida innecesaria al hospital para ser devuelto por loco sin destino. Después de darle vueltas a mi pesada cabeza por varios minutos y aprovechando que estábamos en pleno verano llamé a un taxi, me fui al aeropuerto y monté en un vuelo hacía Madrid, España.
Madrid no era mi destino final, y después de pasar por el Santiago Bernabeu para echarle una maldición al equipo asqueroso ese que juega allí, me subí a un tren que me llevó a un pequeño pueblo situado entre Valencia y Alicante en donde me reuniría con Paco Añor, científico arruinado y viejo amigo de la casa, en su diminuto pero altamente tecnológico taller. Una vez finalizadas las introducciones de rigor Paco me dijo "pues bien tío, que te trae por aquí?, "mira Paquito, yo quiero que me construyas una especie de toro-vaca totalmente mecánico para meterme dentro de él y lanzarme en las fiestas de San Fermín en Pamplona, pero no de huevón, vestido de blanco con pañuelito rojo, no, no, yo voy a ir metido dentro del potente animal para clavarle los cachos, que además me los vas a hacer de titanio, a ese poco de coño e' madres que ladillan a esos pobres animalejos", "no se trata de una venganza Paquillo" le dije, "es cuestión de equilibrar el universo, de dar un chance a los desvalidos". Paco quien me miraba entre sorpresa y alegría pues era un defensor acérrimo de los animales me dijo "pues Policarpio, trato hecho, me gusta tu idea y además le voy a poner algunos detalles para que se vuelva más letal el animalejo, joder hombre, pero es que tienes unas ideas que le ronca el mango".
Paco trabajó sin cesar durante toda la noche mientras yo me relajaba, como siempre pensando, en aquellas cosas que me hacen feliz, las simples, la simpleza de la vida, sin muchos vericuetos ni batallas enfermizas por luchar. A la mañana siguiente pude ver como los frutos de toda una noche en vela se habían convertido en una potente máquina devastadora envuelta en la apariencia de un toro o vaca que fácilmente se confundiría entre la multitud taurina de las famosas fiestas del terror. Paco afinó los últimos detalles, con cuidado y precisión, con un brillo en sus ojos que me llenaba de fuerzas para acometer mi misión.
Me explicó algunos truquillos que me servirían para hacer de las mías y dándome un abrazo me dijo "bueno tío anda a ensartar a ese poco de bestias que son dañinas para los animales, espero verte en las noticias, como voy a gozar viendo al toro inteligente" y se rió a carcajadas.
Con mi toro-vaca metido en una caja me eché el viaje hacia Pamplona, en al avión tuve que convencer a los empleados de Iberia que se trataba de un muñeco para promocionar las fiestas de San Fermín, finalmente y después de poner acento español y cantar una especie de jingle que decía así "Toro torito que bonito, la fiesta va a comenzar y todos vamos a gozar" me dejaron subirme al avión y a mi toro lo colocaron en el compartimiento de carga del mismo algo recelosos por considerarlo un artefacto desconocido y con naturaleza dudosa.
La ciudad comenzaba a llenarse con los cientos de turistas que cada año visitaban el sitio para participar en las fiestas, personas que como todos en el planeta buscaban diversión, horas de juerga, desate, joda eterna, bebederas y demás. Solitario como siempre caminé las calles para irme llenando del ambiente festivo y alegre, me tomé una Coca-Cola sin hielo que sabía a orine y charlé con unas suecas que participarían en las corridas y que insistían en que debía correr con ellas pues nunca lo habían hecho con un venezolano, yo como no entendía el sentido exacto que le estaban dando al verbo "hacer" dentro del contexto de la conversación y por tener una misión clara me excusé diciendo que nos veríamos por ahí y les invitaría algo de tomar.
Después de dormir placidamente me paré muy temprano, recuerdo que soñé con un toro, un animal implacable, vestido de policía que ponía orden en el caos terrenal. Cargué con mi toro-vaca y sigilosamente lo escondí cerca de los establos donde estaban los animales que iban a perseguir a los corredores ese día, sin que nadie me viera me metí dentro del aparato dotado de la más alta tecnología, desde un GPS hasta dardos tranquilizantes, válvulas de aceite y cachos que se movían según el objetivo, equipo de música para animarme, estampitas de diversos santos para salvarme y una cajita de chicles con su respectiva ramita de ruda para la buena suerte.
Una pequeña cámara me proporcionaba la visión necesaria para el exterior y seis latas de Coca-Cola con un pedazo de jamón serrano servirían para mantenerme en pie durante la travesía. Esperé paciente, cual soldado en guerra, cual amante por su amada. Se acercaba la hora de los encierros y por suerte Paco había colocado un ventilador dentro del toro-vaca, el calor me tenía agobiado y no veía el momento de poder empezar a llevarme gente por el medio sin piedad alguna.
Con la visión periférica de la cámara pude ver como estaba por comenzar la fiesta, encendí mi animalejo y me coloqué mi casco protector, de pronto y sin aviso soltaron a los toros que salieron disparados, reconozco que al principio me costó un poco maniobrar aquel mastodonte de metal forrado de fieltro blanco y negro pero después de unos cuantos carajazos logré estabilizarlo. En pocas palabras y simplemente era una bestia más bajando a toda mecha por las calles de San Fermín. Comenzaron a aparecer las personas y aquí fue cuando la emoción se apoderó de mi ser, comencé por colocar en la mira a un infeliz regordete que trataba de correr mientras sostenía una botella de cerveza en su mano, mi potente arma letal funcionó a la perfección pues embestí al tarado a una velocidad mayor de 60 kilómetros por hora por una nalga y lo lancé a más de 10 metros de altura, cuando cayó pude ver como un hueso le atravesaba la carne de su muslo y me dije en silencio y solo para mi "verga esta máquina demoníaca es más potente de lo que yo pensaba."
Continué mi recorrido y comencé a bañar las calles de aceite, el relajo era espantoso, los corredores resbalaban y caían como barajitas quedando a merced de los toros que los cornaban con placer y dedicación, en medio del caos aprovechaba para seguir embistiendo infelices que volaban por los aires dándose unos coñazos sabrosísimos cuando caían en la calle, pude divisar a una de las suecas de la noche anterior y me dio lástima embestirla pero le disparé un dardito tranquilizante que la envió a un sueño profundo mientras varios toros le pasaban por encima, escuchaba los gritos en toda clase de idiomas y seguía disfrutando el llevarme por el medio a los corredores, mi toro también estaba equipado con tachuelas que iba regando por doquier haciendo que la gente se las clavara para facilitar las embestidas de mis congéneres.
Finalmente logré divisar el final de la calle y pude ver como un grupo de idiotas formaban una especie de barrera humana para detener a los toros, la plaza de toros repleta esperaba ansiosa la entrada de toros y humanos para seguir con el dantesco espectáculo.
Acelerando al máximo y dejando considerablemente atrás a los otros toros me embalé para lo que sería la embestida perfecta, estando a apenas 5 metros de la barrera humana pude oler algo raro dentro de mi toro-vaca y con terror me di cuenta que varios cables estaban achicharrados, el sudor corría por mi frente, morir dentro de un toro-vaca no era exactamente lo que había pensado al iniciar mi travesía. El animal de hierro y aleaciones metálicas aceleró a mas de 80 kilómetros por hora para terminar chocando irremediablemente con aquellos pobres infelices, por más que traté de frenar no lo pude hacer y el carajazo fue grande, embalado fui a dar contra un establecimiento de comida en el cual causé mayores destrozos, luego de chocar con cuanta cosa se me atravesó me detuve al lado de una mesa en donde unas aterradas viejas emperifolladas pensaban que un toro las iba a matar, con rapidez y viendo que aquel retorcijo de metal y cables iba a explotar salí disparado por la parte trasera del toro, las viejas gritaban "ay Dios mío está pariendo", "vamos a ver un parto", "desde cuando los toros salen preñados? gritaban otros, al verme salir y ver que no se trataba de un ternero sino de un ser humano los comentarios variaban desde "la vaca parió un humano" hasta "milagro de la ciencia", otros decían "a lo que han llegado estos españoles que cruzan humanos con toros y vacas", yo aprovechando la confusión y el caos reinante me quité el casco y traté de correr sin poder avanzar mucho pues el dolor en las costillas no me lo permitió y me hizo caer rendido en el suelo de aquel lugar lejano y extraño para mis sentidos.
Acostado en la cama de un hospital recuperé la conciencia, si es que alguna vez la tuve, y escuché en la televisión algo así "Jarraitu, egunez egun, 2005ko sanferminetan gertatutakoa, entzierroen kronikak, argazki onenak, xehetasun guztiak festaren lehen lerrotik kontatuta....", con dolor y esfuerzo logré cambiar el canal en donde pude escuchar en perfecto castellano "caos y desastre en el primer encierro hoy en San Fermín, más de 450 heridos y además la presencia de un toro poseído, un animal enviado por fuerzas obscuras, inmerso dentro de lo sobrenatural que causó desastres mayores, las autoridades pertinentes al caso investigan todo el incidente, pero lamentablemente el toro desapareció sin dejar rastro alguno."
Ahí la verdad no entendí nada de lo que había pasado pues pensaba que esta vez si iba a terminar preso, el noticiero continuó colocando imágenes del "famoso" toro que se había llevado todo a su paso, reconozco que una sonrisa se posó en mi cara cuando veía a mi toro-vaca llevándose a medio planeta por el medio, la grabación continuó hasta que ya sin frenos me llevé medio pueblo, aquí mi sonrisa desapareció cuando me pude ver saliendo del toro-vaca ante la mirada atónita de los presentes.
Dos enfermeras que pasaban por allí hicieron unas señas raras y empezaron a cuchichear, yo adolorido y maltrecho me paré de la cama y con cuidado salí de la habitación calculando cada paso que daba, sigiloso y con mi batita de hospital burlé al personal de guardia, salí a la calle, muerto de frío y con un dolor terrible en mi costado, de pronto me gritaron "quieto", "coño ahora si me jodí" pensé, pero al voltear pude ver a Paco haciéndome una seña para que caminara hacia él, Paquito había recogido el toro-vaca y ahora estaba allí para salvarme.
En la carretera hacia el taller de Paco y con el toro-vaca escoñetado en la parte trasera y con mi dolor en el costillar Paco me dijo "tuve que venir, es que me di cuenta que el sistema de frenos no funcionaba, y bueno pues joder, llegué tarde, ya te habías embalado, entonces me paré a esperar que aparecieras pero hombre que velocidad traías, joder que toro más macho." Yo con mis costillas fracturadas solamente le pude decir "arregla los frenos que mañana volvemos."
Madrid no era mi destino final, y después de pasar por el Santiago Bernabeu para echarle una maldición al equipo asqueroso ese que juega allí, me subí a un tren que me llevó a un pequeño pueblo situado entre Valencia y Alicante en donde me reuniría con Paco Añor, científico arruinado y viejo amigo de la casa, en su diminuto pero altamente tecnológico taller. Una vez finalizadas las introducciones de rigor Paco me dijo "pues bien tío, que te trae por aquí?, "mira Paquito, yo quiero que me construyas una especie de toro-vaca totalmente mecánico para meterme dentro de él y lanzarme en las fiestas de San Fermín en Pamplona, pero no de huevón, vestido de blanco con pañuelito rojo, no, no, yo voy a ir metido dentro del potente animal para clavarle los cachos, que además me los vas a hacer de titanio, a ese poco de coño e' madres que ladillan a esos pobres animalejos", "no se trata de una venganza Paquillo" le dije, "es cuestión de equilibrar el universo, de dar un chance a los desvalidos". Paco quien me miraba entre sorpresa y alegría pues era un defensor acérrimo de los animales me dijo "pues Policarpio, trato hecho, me gusta tu idea y además le voy a poner algunos detalles para que se vuelva más letal el animalejo, joder hombre, pero es que tienes unas ideas que le ronca el mango".
Paco trabajó sin cesar durante toda la noche mientras yo me relajaba, como siempre pensando, en aquellas cosas que me hacen feliz, las simples, la simpleza de la vida, sin muchos vericuetos ni batallas enfermizas por luchar. A la mañana siguiente pude ver como los frutos de toda una noche en vela se habían convertido en una potente máquina devastadora envuelta en la apariencia de un toro o vaca que fácilmente se confundiría entre la multitud taurina de las famosas fiestas del terror. Paco afinó los últimos detalles, con cuidado y precisión, con un brillo en sus ojos que me llenaba de fuerzas para acometer mi misión.
Me explicó algunos truquillos que me servirían para hacer de las mías y dándome un abrazo me dijo "bueno tío anda a ensartar a ese poco de bestias que son dañinas para los animales, espero verte en las noticias, como voy a gozar viendo al toro inteligente" y se rió a carcajadas.
Con mi toro-vaca metido en una caja me eché el viaje hacia Pamplona, en al avión tuve que convencer a los empleados de Iberia que se trataba de un muñeco para promocionar las fiestas de San Fermín, finalmente y después de poner acento español y cantar una especie de jingle que decía así "Toro torito que bonito, la fiesta va a comenzar y todos vamos a gozar" me dejaron subirme al avión y a mi toro lo colocaron en el compartimiento de carga del mismo algo recelosos por considerarlo un artefacto desconocido y con naturaleza dudosa.
La ciudad comenzaba a llenarse con los cientos de turistas que cada año visitaban el sitio para participar en las fiestas, personas que como todos en el planeta buscaban diversión, horas de juerga, desate, joda eterna, bebederas y demás. Solitario como siempre caminé las calles para irme llenando del ambiente festivo y alegre, me tomé una Coca-Cola sin hielo que sabía a orine y charlé con unas suecas que participarían en las corridas y que insistían en que debía correr con ellas pues nunca lo habían hecho con un venezolano, yo como no entendía el sentido exacto que le estaban dando al verbo "hacer" dentro del contexto de la conversación y por tener una misión clara me excusé diciendo que nos veríamos por ahí y les invitaría algo de tomar.
Después de dormir placidamente me paré muy temprano, recuerdo que soñé con un toro, un animal implacable, vestido de policía que ponía orden en el caos terrenal. Cargué con mi toro-vaca y sigilosamente lo escondí cerca de los establos donde estaban los animales que iban a perseguir a los corredores ese día, sin que nadie me viera me metí dentro del aparato dotado de la más alta tecnología, desde un GPS hasta dardos tranquilizantes, válvulas de aceite y cachos que se movían según el objetivo, equipo de música para animarme, estampitas de diversos santos para salvarme y una cajita de chicles con su respectiva ramita de ruda para la buena suerte.
Una pequeña cámara me proporcionaba la visión necesaria para el exterior y seis latas de Coca-Cola con un pedazo de jamón serrano servirían para mantenerme en pie durante la travesía. Esperé paciente, cual soldado en guerra, cual amante por su amada. Se acercaba la hora de los encierros y por suerte Paco había colocado un ventilador dentro del toro-vaca, el calor me tenía agobiado y no veía el momento de poder empezar a llevarme gente por el medio sin piedad alguna.
Con la visión periférica de la cámara pude ver como estaba por comenzar la fiesta, encendí mi animalejo y me coloqué mi casco protector, de pronto y sin aviso soltaron a los toros que salieron disparados, reconozco que al principio me costó un poco maniobrar aquel mastodonte de metal forrado de fieltro blanco y negro pero después de unos cuantos carajazos logré estabilizarlo. En pocas palabras y simplemente era una bestia más bajando a toda mecha por las calles de San Fermín. Comenzaron a aparecer las personas y aquí fue cuando la emoción se apoderó de mi ser, comencé por colocar en la mira a un infeliz regordete que trataba de correr mientras sostenía una botella de cerveza en su mano, mi potente arma letal funcionó a la perfección pues embestí al tarado a una velocidad mayor de 60 kilómetros por hora por una nalga y lo lancé a más de 10 metros de altura, cuando cayó pude ver como un hueso le atravesaba la carne de su muslo y me dije en silencio y solo para mi "verga esta máquina demoníaca es más potente de lo que yo pensaba."
Continué mi recorrido y comencé a bañar las calles de aceite, el relajo era espantoso, los corredores resbalaban y caían como barajitas quedando a merced de los toros que los cornaban con placer y dedicación, en medio del caos aprovechaba para seguir embistiendo infelices que volaban por los aires dándose unos coñazos sabrosísimos cuando caían en la calle, pude divisar a una de las suecas de la noche anterior y me dio lástima embestirla pero le disparé un dardito tranquilizante que la envió a un sueño profundo mientras varios toros le pasaban por encima, escuchaba los gritos en toda clase de idiomas y seguía disfrutando el llevarme por el medio a los corredores, mi toro también estaba equipado con tachuelas que iba regando por doquier haciendo que la gente se las clavara para facilitar las embestidas de mis congéneres.
Finalmente logré divisar el final de la calle y pude ver como un grupo de idiotas formaban una especie de barrera humana para detener a los toros, la plaza de toros repleta esperaba ansiosa la entrada de toros y humanos para seguir con el dantesco espectáculo.
Acelerando al máximo y dejando considerablemente atrás a los otros toros me embalé para lo que sería la embestida perfecta, estando a apenas 5 metros de la barrera humana pude oler algo raro dentro de mi toro-vaca y con terror me di cuenta que varios cables estaban achicharrados, el sudor corría por mi frente, morir dentro de un toro-vaca no era exactamente lo que había pensado al iniciar mi travesía. El animal de hierro y aleaciones metálicas aceleró a mas de 80 kilómetros por hora para terminar chocando irremediablemente con aquellos pobres infelices, por más que traté de frenar no lo pude hacer y el carajazo fue grande, embalado fui a dar contra un establecimiento de comida en el cual causé mayores destrozos, luego de chocar con cuanta cosa se me atravesó me detuve al lado de una mesa en donde unas aterradas viejas emperifolladas pensaban que un toro las iba a matar, con rapidez y viendo que aquel retorcijo de metal y cables iba a explotar salí disparado por la parte trasera del toro, las viejas gritaban "ay Dios mío está pariendo", "vamos a ver un parto", "desde cuando los toros salen preñados? gritaban otros, al verme salir y ver que no se trataba de un ternero sino de un ser humano los comentarios variaban desde "la vaca parió un humano" hasta "milagro de la ciencia", otros decían "a lo que han llegado estos españoles que cruzan humanos con toros y vacas", yo aprovechando la confusión y el caos reinante me quité el casco y traté de correr sin poder avanzar mucho pues el dolor en las costillas no me lo permitió y me hizo caer rendido en el suelo de aquel lugar lejano y extraño para mis sentidos.
Acostado en la cama de un hospital recuperé la conciencia, si es que alguna vez la tuve, y escuché en la televisión algo así "Jarraitu, egunez egun, 2005ko sanferminetan gertatutakoa, entzierroen kronikak, argazki onenak, xehetasun guztiak festaren lehen lerrotik kontatuta....", con dolor y esfuerzo logré cambiar el canal en donde pude escuchar en perfecto castellano "caos y desastre en el primer encierro hoy en San Fermín, más de 450 heridos y además la presencia de un toro poseído, un animal enviado por fuerzas obscuras, inmerso dentro de lo sobrenatural que causó desastres mayores, las autoridades pertinentes al caso investigan todo el incidente, pero lamentablemente el toro desapareció sin dejar rastro alguno."
Ahí la verdad no entendí nada de lo que había pasado pues pensaba que esta vez si iba a terminar preso, el noticiero continuó colocando imágenes del "famoso" toro que se había llevado todo a su paso, reconozco que una sonrisa se posó en mi cara cuando veía a mi toro-vaca llevándose a medio planeta por el medio, la grabación continuó hasta que ya sin frenos me llevé medio pueblo, aquí mi sonrisa desapareció cuando me pude ver saliendo del toro-vaca ante la mirada atónita de los presentes.
Dos enfermeras que pasaban por allí hicieron unas señas raras y empezaron a cuchichear, yo adolorido y maltrecho me paré de la cama y con cuidado salí de la habitación calculando cada paso que daba, sigiloso y con mi batita de hospital burlé al personal de guardia, salí a la calle, muerto de frío y con un dolor terrible en mi costado, de pronto me gritaron "quieto", "coño ahora si me jodí" pensé, pero al voltear pude ver a Paco haciéndome una seña para que caminara hacia él, Paquito había recogido el toro-vaca y ahora estaba allí para salvarme.
En la carretera hacia el taller de Paco y con el toro-vaca escoñetado en la parte trasera y con mi dolor en el costillar Paco me dijo "tuve que venir, es que me di cuenta que el sistema de frenos no funcionaba, y bueno pues joder, llegué tarde, ya te habías embalado, entonces me paré a esperar que aparecieras pero hombre que velocidad traías, joder que toro más macho." Yo con mis costillas fracturadas solamente le pude decir "arregla los frenos que mañana volvemos."
Friday, May 21, 2010
La Realidad
Santa Claus se preparaba para una Navidad más, todos los ayudantes en el Polo Norte trabajaban a toda velocidad para afinar los detalles últimos del gran operativo que se desplegaba año tras año para poder llevar juguetes a los niños y niñas a lo largo del globo terráqueo. La señora Claus terminaba de lavar el afamado y ultra conocido traje rojo y blanco mientras Santa Claus revisaba con precisión milimétrica la lista que había llegado ese año al Polo Norte con los distintos pedidos y deseos a lo largo del planeta.
En los establos descansaban los famosos renos, Dancer, Prancer, Comet, Blitzen, Dasher, Cupid, Donner, Vixen, en donde eran bañados y consentidos para iniciar la larga travesía en la noche de Navidad. La felicidad reinaba en ese lugar oculto del Polo Norte y nada podría detener a Santa y a su combo en lograr su cometido una vez más. Dentro de la factoría de juguetes los gnomos cargaban cajas y cajas llenas de distintos artefactos, mientras los soldados de la Guardia Real del Norte vigilaban que todo se mantuviera en orden y en perfecta coordinación, sin lugar a dudas la empresa de Santa Claus funcionaba a la perfección desde tiempos inmemoriales.
Santa tomó una taza con café y se dispuso a vestirse, la señora Claus, una viejita amable de cachetitos rojos planchaba el traje dándole sus últimos retoques, "jo, jo, jo, señora Claus, todo listo? preguntó Santa Claus, la delicada dama dijo "si mi amor, todo listo, ven acá y te ayudo a colocarte el traje". Con una marcialidad extrema Santa se colocó su pantalón rojo, su chaqueta rojiblanca, sus botas negras y pulcras, su gorro y su correa con hebilla de oro, se miró al espejo para darle unos toques finales a su barba y se puso un poco de colonia para no llegar mal oliente después del largo viaje en donde tendría que entrar a través de muchas chimeneas para repartir los juguetes.
En la pista de lanzamiento esperaba el trineo fabricado por Boeing y que contaba con múltiples funciones para garantizar la seguridad del viaje más esperado por todos los infantes del universo. Santa junto con su ingeniero jefe le dieron una última revisada y los encargados de los renos los trajeron para colocarles las riendas y los demás aparatos necesarios para el viaje. Santa saludó con cariño a cada uno de sus renos favoritos y les prometió como siempre hacía una merecida vacación de 11 largos meses después de haber finalizado con la noche mágica.
Ajustado en su trineo tomó las riendas, prendió el radar y se puso su cinturón de seguridad, Santa gritó "jo, jo, jo, jo, aquí vamos, vamos, vamos, corran, corran", los renos comenzaron su carrera y en cuestión de segundos levantaron vuelo para perderse en la inmensidad de la noche. Santa revisó los instrumentos y todo parecía en orden, activó el piloto automático y se relajó mientras se comía una torta preparada por la señora Claus. De pronto el radar detectó una posible gran tormenta eléctrica en la ruta marcada en el GPS y en la Computadora de Vuelo. Al momento Santa recibió una llamada de su Comando de Ruta que le avisó que debía desviarse para garantizar la integridad del viaje pautado. Santa introdujo los nuevos puntos a seguir y se relajó.
En un lugar recóndito en Africa tres muchachitos corrían desesperados, "bunda onga yunga buanda" gritaban que no es otra cosa que "funcionaron los rezos al Dios de la lluvia, el guevón del traje rojo se desvió". A todas estas Santa tranquilo observaba el bello paisaje mientras conversaba con los renos acerca de los maravillosos juguetes que se habían construido en su taller. Bata, Mondah y Yubele esperaban ansiosos, de pronto Bata gritó "unga, randa, funga" "prepárense, ha llegado la hora panitas".
Santa se disponía a tomar un sorbo de café caliente cuando un carajazo sacudió al trineo, Santa se quemó en la pierna, "ay coño" gritó "que es esta vaina?, que pasa aquí?, mayday, mayday, mayday gritaba el gordo con traje rojiblanco, todas las luces de emergencia se iluminaron y los renos comenzaron a emitir sonidos de disgusto. Santa sacó el manual con el procedimiento de emergencia y empezó a leerlo con rapidez, el trineo perdía altura y velocidad mientras en la tierra Bata, Mondah y Yubele gritaban llenos de euforia "ruba, fumbe, gurta, macumba, llurumanba", "no jodas le metimos el misil al bolsa ese vestido de rojo, jodimos al barrigón de mierda".
Santa trató de las mil maneras pero nada podía evitar lo que estaba por venir, el trineo cayó en picada y se dio un vergajazo contra un pobre león que dormía placidamente en las llanuras de Africa, el reguero de juguetes, pedazos de trineo y renos heridos era surreal, el león arrecho se lanzó a atacar a los pobres renos que apenas se podían mover después del carajazo, a todas estas Santa bajaba en paracaídas pues se había eyectado para poder sobrevivir, Bata, Mondah y Yubele corría gritando y saltando con antorcha en sus manos mientras decían "ulu zula, bunfem rungue" "coño que de pinga, al fin unos juguetes pa' nosotros, ay que joda".
Santa finalmente aterrizó sin todavía entender que había pasado, se dio su coñazito pues el paracaídas no estaba diseñado para aguantar las 350 libras de peso, así comenzó a caminar hacia los restos del trineo para ver aquel desastre, logró ver las tres antorchas y cuando se acercó a ellas recibió un chinazo en la cabeza con una bola de marfil que lo desmayó de inmediato. Horas más tarde Santa Claus se encontraba amarrado y rodeado de una tribu entera, el pobre viejo barbudo no sabía que había sucedido y dijo "por favor, no me hagan daño, yo soy Santa Claus, y tengo que llevar los regalos a los niños, por favor no le hagan esto a los infantes del planeta", el jefe de la tribu, vestido de plumas y pintado de rojo y verde se acercó y le dijo "gatunba, numba, urba, zumbe" "mira gordito guevón, tu no te has dado cuenta que nunca repartes regalos por aquí, tu crees que estos chamitos no quieren jugar también?
Santa no sabía que decir, "mire señor jefe es que yo me adapto a las indicaciones de los números globalizados macroeconómicos paritarios bonificados estatutarios emitidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y bueno así se decide quienes pueden obtener o no juguetes, no es mi culpa, yo solo los reparto", el jefe lo miró y le dijo "funga, balumba, nunze, rutenga" "mira gordo bobo, te vamos a perdonar esta vez, pero el año que viene quiero regalos aquí y me saben a mierda tus números globalizados del coño, o dejas regalos en esta verga o te volvemos a tumbar de un misilazo."
Santa no pudo decir más nada, se limitó a caminar hasta el pueblo más cercano donde agarró un burro que lo llevó a otro pueblo, allí tomó un autobús que lo llevó a otro pueblo, donde se subió a un avioncito que lo llevó a Camerún, de allí tomó un vuelo a París, al bajarse del avión en París y ser reconocido lo querían linchar, el pobre Santa que estaba escoñetado por el carajazo no sabía que decir, lo acusaban de haber jodido la Navidad a todo el planeta, corriendo se escondió en un bar en el aeropuerto Charles de Gaulle, de pronto mientras se echaba un palo de whiskey fue descubierto por la televisión francesa y el reportero gritó en vivo y para todo el mundo " Le bandit est, gras putréfié, ici celle-ci la raison pour laquelle on a fini la Noël, Sainte Claus est un ivrogne!!!!!!! " El bandido este, gordo putrefacto, aquí esta la razón por la cual se acabó la navidad, Santa Claus es un borracho!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
En los establos descansaban los famosos renos, Dancer, Prancer, Comet, Blitzen, Dasher, Cupid, Donner, Vixen, en donde eran bañados y consentidos para iniciar la larga travesía en la noche de Navidad. La felicidad reinaba en ese lugar oculto del Polo Norte y nada podría detener a Santa y a su combo en lograr su cometido una vez más. Dentro de la factoría de juguetes los gnomos cargaban cajas y cajas llenas de distintos artefactos, mientras los soldados de la Guardia Real del Norte vigilaban que todo se mantuviera en orden y en perfecta coordinación, sin lugar a dudas la empresa de Santa Claus funcionaba a la perfección desde tiempos inmemoriales.
Santa tomó una taza con café y se dispuso a vestirse, la señora Claus, una viejita amable de cachetitos rojos planchaba el traje dándole sus últimos retoques, "jo, jo, jo, señora Claus, todo listo? preguntó Santa Claus, la delicada dama dijo "si mi amor, todo listo, ven acá y te ayudo a colocarte el traje". Con una marcialidad extrema Santa se colocó su pantalón rojo, su chaqueta rojiblanca, sus botas negras y pulcras, su gorro y su correa con hebilla de oro, se miró al espejo para darle unos toques finales a su barba y se puso un poco de colonia para no llegar mal oliente después del largo viaje en donde tendría que entrar a través de muchas chimeneas para repartir los juguetes.
En la pista de lanzamiento esperaba el trineo fabricado por Boeing y que contaba con múltiples funciones para garantizar la seguridad del viaje más esperado por todos los infantes del universo. Santa junto con su ingeniero jefe le dieron una última revisada y los encargados de los renos los trajeron para colocarles las riendas y los demás aparatos necesarios para el viaje. Santa saludó con cariño a cada uno de sus renos favoritos y les prometió como siempre hacía una merecida vacación de 11 largos meses después de haber finalizado con la noche mágica.
Ajustado en su trineo tomó las riendas, prendió el radar y se puso su cinturón de seguridad, Santa gritó "jo, jo, jo, jo, aquí vamos, vamos, vamos, corran, corran", los renos comenzaron su carrera y en cuestión de segundos levantaron vuelo para perderse en la inmensidad de la noche. Santa revisó los instrumentos y todo parecía en orden, activó el piloto automático y se relajó mientras se comía una torta preparada por la señora Claus. De pronto el radar detectó una posible gran tormenta eléctrica en la ruta marcada en el GPS y en la Computadora de Vuelo. Al momento Santa recibió una llamada de su Comando de Ruta que le avisó que debía desviarse para garantizar la integridad del viaje pautado. Santa introdujo los nuevos puntos a seguir y se relajó.
En un lugar recóndito en Africa tres muchachitos corrían desesperados, "bunda onga yunga buanda" gritaban que no es otra cosa que "funcionaron los rezos al Dios de la lluvia, el guevón del traje rojo se desvió". A todas estas Santa tranquilo observaba el bello paisaje mientras conversaba con los renos acerca de los maravillosos juguetes que se habían construido en su taller. Bata, Mondah y Yubele esperaban ansiosos, de pronto Bata gritó "unga, randa, funga" "prepárense, ha llegado la hora panitas".
Santa se disponía a tomar un sorbo de café caliente cuando un carajazo sacudió al trineo, Santa se quemó en la pierna, "ay coño" gritó "que es esta vaina?, que pasa aquí?, mayday, mayday, mayday gritaba el gordo con traje rojiblanco, todas las luces de emergencia se iluminaron y los renos comenzaron a emitir sonidos de disgusto. Santa sacó el manual con el procedimiento de emergencia y empezó a leerlo con rapidez, el trineo perdía altura y velocidad mientras en la tierra Bata, Mondah y Yubele gritaban llenos de euforia "ruba, fumbe, gurta, macumba, llurumanba", "no jodas le metimos el misil al bolsa ese vestido de rojo, jodimos al barrigón de mierda".
Santa trató de las mil maneras pero nada podía evitar lo que estaba por venir, el trineo cayó en picada y se dio un vergajazo contra un pobre león que dormía placidamente en las llanuras de Africa, el reguero de juguetes, pedazos de trineo y renos heridos era surreal, el león arrecho se lanzó a atacar a los pobres renos que apenas se podían mover después del carajazo, a todas estas Santa bajaba en paracaídas pues se había eyectado para poder sobrevivir, Bata, Mondah y Yubele corría gritando y saltando con antorcha en sus manos mientras decían "ulu zula, bunfem rungue" "coño que de pinga, al fin unos juguetes pa' nosotros, ay que joda".
Santa finalmente aterrizó sin todavía entender que había pasado, se dio su coñazito pues el paracaídas no estaba diseñado para aguantar las 350 libras de peso, así comenzó a caminar hacia los restos del trineo para ver aquel desastre, logró ver las tres antorchas y cuando se acercó a ellas recibió un chinazo en la cabeza con una bola de marfil que lo desmayó de inmediato. Horas más tarde Santa Claus se encontraba amarrado y rodeado de una tribu entera, el pobre viejo barbudo no sabía que había sucedido y dijo "por favor, no me hagan daño, yo soy Santa Claus, y tengo que llevar los regalos a los niños, por favor no le hagan esto a los infantes del planeta", el jefe de la tribu, vestido de plumas y pintado de rojo y verde se acercó y le dijo "gatunba, numba, urba, zumbe" "mira gordito guevón, tu no te has dado cuenta que nunca repartes regalos por aquí, tu crees que estos chamitos no quieren jugar también?
Santa no sabía que decir, "mire señor jefe es que yo me adapto a las indicaciones de los números globalizados macroeconómicos paritarios bonificados estatutarios emitidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, y bueno así se decide quienes pueden obtener o no juguetes, no es mi culpa, yo solo los reparto", el jefe lo miró y le dijo "funga, balumba, nunze, rutenga" "mira gordo bobo, te vamos a perdonar esta vez, pero el año que viene quiero regalos aquí y me saben a mierda tus números globalizados del coño, o dejas regalos en esta verga o te volvemos a tumbar de un misilazo."
Santa no pudo decir más nada, se limitó a caminar hasta el pueblo más cercano donde agarró un burro que lo llevó a otro pueblo, allí tomó un autobús que lo llevó a otro pueblo, donde se subió a un avioncito que lo llevó a Camerún, de allí tomó un vuelo a París, al bajarse del avión en París y ser reconocido lo querían linchar, el pobre Santa que estaba escoñetado por el carajazo no sabía que decir, lo acusaban de haber jodido la Navidad a todo el planeta, corriendo se escondió en un bar en el aeropuerto Charles de Gaulle, de pronto mientras se echaba un palo de whiskey fue descubierto por la televisión francesa y el reportero gritó en vivo y para todo el mundo " Le bandit est, gras putréfié, ici celle-ci la raison pour laquelle on a fini la Noël, Sainte Claus est un ivrogne!!!!!!! " El bandido este, gordo putrefacto, aquí esta la razón por la cual se acabó la navidad, Santa Claus es un borracho!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Tuesday, April 20, 2010
El Príncipe de las Tinieblas
Recuerdo una noche cuando era niño, hace muchos años atrás, la recuerdo perfectamente porque tenía una gripe encima de terror alternativo, de esas que no se quitan ni con jarabe de culebra piche, de aquellas que te hacen toser y sudar con la fiebre. Mi madre siempre atenta me había colocado una toalla gruesa alrededor de mi cuello para mantenerlo arropado, práctica por demás sin sentido pero que ella pensaba aliviaría mi pena macabra, igualmente la recuerdo como una noche en la cual hacía más frío de lo normal, donde la lluvia se escuchaba caer a cántaros y por sobre todas las cosas la recuerdo porque fue la noche en que lo vi por primera vez, aquella noche en que divisé su silueta, fue la noche en que Vlad el Empalador, Drácula ó Draculea como lo quieran llamar decidió venir a joder mi existencia, no solamente era un niñito asustado, con un pestón encima, pero para colmo de males a un vampiro guevón se le ocurrió meterse en mi cuarto a tratar de morderme.
Mi mamá dejó mi cuarto y me dio un beso en la frente como hacia todas las noches, yo como siempre me lo quité, nunca me ha gustado que me besen la frente, lo siento como una especie de despedida final que no puede tener un final feliz. Sudando y temblando por la fiebre traté de ordenar mis pensamientos, pero con 10 años, en la oscuridad y sintiéndome mal no fue mucho lo que pude lograr más que mezclar juegos de video con horrores de tareas que nunca terminan, cerré mis ojos para caer en el delirio de un día con fiebre, en mi sueño escuche ruidos que no pertenecían al mismo, pensé que era mi hermano que pululaba por el cuarto tratando de vengarse de aquella vez que mientras el se encontraba enfermo yo jugaba a tener una banda de rock que le curaríade manera inmediata, pero cuando finalmente logré abrí los ojos y subí la mirada hacia la ventana lo vi parado allí, con su capa negra, su cabello engominado y sus colmillos relucientes de los cuales caía una pequeña gota de sangre.
En un principio pensé que se trataba de una visión producto de la fiebre, o simplemente un sueño idiota y sin sentido, pero el olor a sangre mezclado con viejo sin bañarse hizo que cayera en cuenta que estaba despierto y que frente a mi se encontraba el vampiro más temido en la historia de la humanidad. Asustado me quedé acostado sin moverme esperando a ver cuales eran las intenciones del afamado vampiro, sin dudar un momento se decidió a atacar y se abalanzó sobre mi y mordió con furia mi cuello, lo que no sabía él era que mi cuello estaba recubierto por la toalla y por más que intentó no pudo traspasar la misma, el vampiro arrecho se dijo a si mismo algunas palabras en un lenguaje extraño y se fue de inmediato volando hacia la inmensidad de la noche.
Me quedé toda la noche solo y asustado, la idea de pararme y caminar al cuarto de mis padres y que el vampiro decidiera atacar nuevamente petrificaba mis deseos, permanecí así esperando a que los rayos del sol hicieran una nueva aparición para dar vida al nuevo día. Al levantarse mi mamá fue a revisar como se encontraba su pequeño retoño y me encontró con la toalla toda desgarrada, por supuesto intenté contarle acerca de mi experiencia fantástica pero los adultos no tienen tiempo para escuchar esas cosas o simplemente han dejado de creer en ellas, me metió una cuchara en la boca con remedio para la tos, me dio una aspirina y me dijo hoy no vas a clases, tu estás muy enfermo y además rompistes la toalla en tu delirio. Traté nuevamente de que escuchara mi historia pero salió del cuarto mientras me mandaba a descansar.
Esa noche quedó impregnada en mi memoria, desde aquel día quise saber más y más del vampiro que casi acaba con mi existencia, pedía regalos relacionados con cualquier cosa que tuviera que ver con vampiros y leí cuanta historia existía en el mercado, escribí cartas a personajes que se hacían llamar expertos en la materia pero nunca contestaron, ví películas, compré afiches y guardé cada centavo de mi mesada para algún día lanzarme en un viaje con un solo destino, conocer a Drácula.
El tiempo pasó y como todo en la vida adquirí nuevos gustos y responsabilidades mayores, pero debo reconocer que nunca olvidé al vampiro insignia, así una tarde sentado en mi oficina llamé a la agencia de viajes y me embalé hacia Rumanía para ver si de alguna u otra forma podía conocer al otrora Emperador de Wallachia. Una vez en Rumanía visité Snagov cerca de Bucarest, y el Castillo Bran en las cercanías de Brasov, en un principio dudé si en realidad Drácula era una simple historia que había sido bien comercializada y que no era más que un truco para hacer dinero. Pregunté y pregunté sin obtener una respuesta sensata a donde podría encontrar al vampiro, así fue como sentado en una taverna descubrí que uno de los sueños de mi niñez se iba a hacer realidad, el mesero sin mediar palabras se sentó frente a mi y sin yo poder decir nada ante aquel acto falto de todos los respetos me dijo "el Príncipe de las Tinieblas quiere verlo, el sabe que usted está aquí y quisiera conversar con usted", yo sin saber que decir logré balbucear un débil "esta bien, a que hora?, el mesero me dijo "sígame por favor" y me sacó de aquella taverna por la puerta trasera, caminamos alrededor de dos horas hasta que en la lejanía pude ver la torre del castillo del vampiro. "Hasta aquí llego yo" me dijo el mesero, "solamente debo hacer algo más" y procedió a revisar que no tuviera ninguna estaca, agua bendita o cruz encima mío o en mi morral, se volteó y me dijo "siga el camino, Drácula lo está esperando."
Caminé unos 15 minutos más y me detuve frente a la gigante puerta de madera que daba entrada al castillo, toqué con fuerza y la misma se abrió de inmediato, di unos pasos hacia adentro y de pronto pude ver allí parada a la misma figura que había visto 21 años antes. "Hola Policarpio, como te ha ido?, preguntó Drácula, "muy bien vale, y a ti?, oye te ves viejo mi pana" le dije, la cara del vampiro cambió por completo y me invitó a sentarme en unas sillas con cuernos en el respaldar, "Policarpio, yo sabía que volverías, eres la única víctima que no he podido morder, la toallita esa te salvó y de paso me pegastes la gripe dejándome como 2 semanas enfermo, pero la razón por la cual acepté que me vinieras a visitar es otra, me comentaron que andabas preguntando por mi y al saber que eras tu decidí pedirte un favor a cambio de tu libertad, te explico, yo debería buscarte para liquidarte, tarde o temprano iba a pasar, pero Policarpio te confieso que me he quedado sin dientes" y sonrió, "coño" pensé yo "el vampiro de mierda esta desdentado", solté una leve carcajada pero me dio pena con aquel pobre viejo que no podía mantenerse vivo sin chupar la sangre de sus víctimas, "y en que te puedo ayudar?, "pues bien" dijo Drácula, "necesito que me consigas una plancha, dientes postizos pues, eso si con colmillos afilados, yo se que en tu padre es odontólogo y podrá ayudarme."
"Ahora si", me dije, "si llamo a mi papá a decirle que necesito una plancha con colmillos me manda a buscar con la policía para internarme en el manicomio, ni de vaina, déjame ver que invento". "Mira Drácula" le dije "dame dos días y yo te voy a hacer el favor", el vampiro sonrió de nuevo mostrando sus encías peladas y sinceramente me dio una lástima del carajo. Llamé a un amigo en Caracas y le dije "vete para La Piñata en Chacao, cómprate unos colmillos de piñata y házmelos llegar vía courier a Rumanía", Anacleto, soltó una carcajada sonora y como buen amigo que es, se limitó a decir "colmillos de piñata, Rumanía, courier, un abrazo" y colgó.
Dos días después me encontraba en el castillo otra vez, no sin antes haber agarrado los colmillos de piñata y haberles hecho un trabajo de arte, los barnicé con cuidado y los puse a valer, parecían la obra de un experimentado odontólogo. "Bueno Drácula aquí están" le dije, el Príncipe de las Tinieblas los agarró de inmediato y se los colocó en la boca, la verdad era que me estaba cagando de la risa pero me aguanté y le dije "que bien te ves, nuevamente volverás a reinar en el universo", Drácula se acercó y me dio un abrazo, "gracias, gracias Policarpio, ahora eres libre, puedes dormir tranquilo", "tranquilo pana vampiro" le dije "tu sabes como es, hoy por ti mañana por mi" y proseguí mi camino.
Esa noche Drácula vestido de gala decidió atacar a una bella muchacha, al morderla solo logró que la pobre mujer se cagara del miedo y que le metiera un carterazo por la cabeza que le voló los dientes de plástico, el pobre vampiro indefenso ante la furia de aquella dama cagada y arrecha solo pudo brincar por la ventana y escapar.
Yo dormía placidamente cuando sentí que besaban mi cuello con fuerza, en mi sueño juraba que era Kate Beckingsale que se había dedicado a dejarme unos "hickies" en mi cuello, de pronto desperté y vi al vampiro viejo y desdentado tratando de morderme con las encías, "coño e' madre" le grité "sal de aquí maldito vampiro usado" y le metí un libro de la historia de la estupidez humana que estaba leyendo en ese momento por la cabeza, Drácula gritó "me jodiste Policarpio, esos dientes de mentira, que tristeza, no valgo nada" y empezó a llorar. Lo dejé que se calmara y le di un vasito de agua, el pobre vampiro acabado sollozaba desconsolado "que mierda soy" decía "se me jodieron los dientes", me levanté y caminé hacia el Bo que no es más que un palo largo utilizado en ciertas artes marciales y se lo puse en las manos, le dije "mira pana, hay que buscar soluciones, a ti también te gusta empalar gente, así que dedícate a eso", el vampiro sonrió mostrándome sus encías nuevamente y saltó por la ventana.
A la mañana siguiente escuché a lo lejos el noticiero "Terror en la ciudad capital, amanecieron empalados 5 diputados de la Asamblea Nacional", yo solo alcancé a pensar "ese vampiro jodedor nunca puede descansar"…
Mi mamá dejó mi cuarto y me dio un beso en la frente como hacia todas las noches, yo como siempre me lo quité, nunca me ha gustado que me besen la frente, lo siento como una especie de despedida final que no puede tener un final feliz. Sudando y temblando por la fiebre traté de ordenar mis pensamientos, pero con 10 años, en la oscuridad y sintiéndome mal no fue mucho lo que pude lograr más que mezclar juegos de video con horrores de tareas que nunca terminan, cerré mis ojos para caer en el delirio de un día con fiebre, en mi sueño escuche ruidos que no pertenecían al mismo, pensé que era mi hermano que pululaba por el cuarto tratando de vengarse de aquella vez que mientras el se encontraba enfermo yo jugaba a tener una banda de rock que le curaríade manera inmediata, pero cuando finalmente logré abrí los ojos y subí la mirada hacia la ventana lo vi parado allí, con su capa negra, su cabello engominado y sus colmillos relucientes de los cuales caía una pequeña gota de sangre.
En un principio pensé que se trataba de una visión producto de la fiebre, o simplemente un sueño idiota y sin sentido, pero el olor a sangre mezclado con viejo sin bañarse hizo que cayera en cuenta que estaba despierto y que frente a mi se encontraba el vampiro más temido en la historia de la humanidad. Asustado me quedé acostado sin moverme esperando a ver cuales eran las intenciones del afamado vampiro, sin dudar un momento se decidió a atacar y se abalanzó sobre mi y mordió con furia mi cuello, lo que no sabía él era que mi cuello estaba recubierto por la toalla y por más que intentó no pudo traspasar la misma, el vampiro arrecho se dijo a si mismo algunas palabras en un lenguaje extraño y se fue de inmediato volando hacia la inmensidad de la noche.
Me quedé toda la noche solo y asustado, la idea de pararme y caminar al cuarto de mis padres y que el vampiro decidiera atacar nuevamente petrificaba mis deseos, permanecí así esperando a que los rayos del sol hicieran una nueva aparición para dar vida al nuevo día. Al levantarse mi mamá fue a revisar como se encontraba su pequeño retoño y me encontró con la toalla toda desgarrada, por supuesto intenté contarle acerca de mi experiencia fantástica pero los adultos no tienen tiempo para escuchar esas cosas o simplemente han dejado de creer en ellas, me metió una cuchara en la boca con remedio para la tos, me dio una aspirina y me dijo hoy no vas a clases, tu estás muy enfermo y además rompistes la toalla en tu delirio. Traté nuevamente de que escuchara mi historia pero salió del cuarto mientras me mandaba a descansar.
Esa noche quedó impregnada en mi memoria, desde aquel día quise saber más y más del vampiro que casi acaba con mi existencia, pedía regalos relacionados con cualquier cosa que tuviera que ver con vampiros y leí cuanta historia existía en el mercado, escribí cartas a personajes que se hacían llamar expertos en la materia pero nunca contestaron, ví películas, compré afiches y guardé cada centavo de mi mesada para algún día lanzarme en un viaje con un solo destino, conocer a Drácula.
El tiempo pasó y como todo en la vida adquirí nuevos gustos y responsabilidades mayores, pero debo reconocer que nunca olvidé al vampiro insignia, así una tarde sentado en mi oficina llamé a la agencia de viajes y me embalé hacia Rumanía para ver si de alguna u otra forma podía conocer al otrora Emperador de Wallachia. Una vez en Rumanía visité Snagov cerca de Bucarest, y el Castillo Bran en las cercanías de Brasov, en un principio dudé si en realidad Drácula era una simple historia que había sido bien comercializada y que no era más que un truco para hacer dinero. Pregunté y pregunté sin obtener una respuesta sensata a donde podría encontrar al vampiro, así fue como sentado en una taverna descubrí que uno de los sueños de mi niñez se iba a hacer realidad, el mesero sin mediar palabras se sentó frente a mi y sin yo poder decir nada ante aquel acto falto de todos los respetos me dijo "el Príncipe de las Tinieblas quiere verlo, el sabe que usted está aquí y quisiera conversar con usted", yo sin saber que decir logré balbucear un débil "esta bien, a que hora?, el mesero me dijo "sígame por favor" y me sacó de aquella taverna por la puerta trasera, caminamos alrededor de dos horas hasta que en la lejanía pude ver la torre del castillo del vampiro. "Hasta aquí llego yo" me dijo el mesero, "solamente debo hacer algo más" y procedió a revisar que no tuviera ninguna estaca, agua bendita o cruz encima mío o en mi morral, se volteó y me dijo "siga el camino, Drácula lo está esperando."
Caminé unos 15 minutos más y me detuve frente a la gigante puerta de madera que daba entrada al castillo, toqué con fuerza y la misma se abrió de inmediato, di unos pasos hacia adentro y de pronto pude ver allí parada a la misma figura que había visto 21 años antes. "Hola Policarpio, como te ha ido?, preguntó Drácula, "muy bien vale, y a ti?, oye te ves viejo mi pana" le dije, la cara del vampiro cambió por completo y me invitó a sentarme en unas sillas con cuernos en el respaldar, "Policarpio, yo sabía que volverías, eres la única víctima que no he podido morder, la toallita esa te salvó y de paso me pegastes la gripe dejándome como 2 semanas enfermo, pero la razón por la cual acepté que me vinieras a visitar es otra, me comentaron que andabas preguntando por mi y al saber que eras tu decidí pedirte un favor a cambio de tu libertad, te explico, yo debería buscarte para liquidarte, tarde o temprano iba a pasar, pero Policarpio te confieso que me he quedado sin dientes" y sonrió, "coño" pensé yo "el vampiro de mierda esta desdentado", solté una leve carcajada pero me dio pena con aquel pobre viejo que no podía mantenerse vivo sin chupar la sangre de sus víctimas, "y en que te puedo ayudar?, "pues bien" dijo Drácula, "necesito que me consigas una plancha, dientes postizos pues, eso si con colmillos afilados, yo se que en tu padre es odontólogo y podrá ayudarme."
"Ahora si", me dije, "si llamo a mi papá a decirle que necesito una plancha con colmillos me manda a buscar con la policía para internarme en el manicomio, ni de vaina, déjame ver que invento". "Mira Drácula" le dije "dame dos días y yo te voy a hacer el favor", el vampiro sonrió de nuevo mostrando sus encías peladas y sinceramente me dio una lástima del carajo. Llamé a un amigo en Caracas y le dije "vete para La Piñata en Chacao, cómprate unos colmillos de piñata y házmelos llegar vía courier a Rumanía", Anacleto, soltó una carcajada sonora y como buen amigo que es, se limitó a decir "colmillos de piñata, Rumanía, courier, un abrazo" y colgó.
Dos días después me encontraba en el castillo otra vez, no sin antes haber agarrado los colmillos de piñata y haberles hecho un trabajo de arte, los barnicé con cuidado y los puse a valer, parecían la obra de un experimentado odontólogo. "Bueno Drácula aquí están" le dije, el Príncipe de las Tinieblas los agarró de inmediato y se los colocó en la boca, la verdad era que me estaba cagando de la risa pero me aguanté y le dije "que bien te ves, nuevamente volverás a reinar en el universo", Drácula se acercó y me dio un abrazo, "gracias, gracias Policarpio, ahora eres libre, puedes dormir tranquilo", "tranquilo pana vampiro" le dije "tu sabes como es, hoy por ti mañana por mi" y proseguí mi camino.
Esa noche Drácula vestido de gala decidió atacar a una bella muchacha, al morderla solo logró que la pobre mujer se cagara del miedo y que le metiera un carterazo por la cabeza que le voló los dientes de plástico, el pobre vampiro indefenso ante la furia de aquella dama cagada y arrecha solo pudo brincar por la ventana y escapar.
Yo dormía placidamente cuando sentí que besaban mi cuello con fuerza, en mi sueño juraba que era Kate Beckingsale que se había dedicado a dejarme unos "hickies" en mi cuello, de pronto desperté y vi al vampiro viejo y desdentado tratando de morderme con las encías, "coño e' madre" le grité "sal de aquí maldito vampiro usado" y le metí un libro de la historia de la estupidez humana que estaba leyendo en ese momento por la cabeza, Drácula gritó "me jodiste Policarpio, esos dientes de mentira, que tristeza, no valgo nada" y empezó a llorar. Lo dejé que se calmara y le di un vasito de agua, el pobre vampiro acabado sollozaba desconsolado "que mierda soy" decía "se me jodieron los dientes", me levanté y caminé hacia el Bo que no es más que un palo largo utilizado en ciertas artes marciales y se lo puse en las manos, le dije "mira pana, hay que buscar soluciones, a ti también te gusta empalar gente, así que dedícate a eso", el vampiro sonrió mostrándome sus encías nuevamente y saltó por la ventana.
A la mañana siguiente escuché a lo lejos el noticiero "Terror en la ciudad capital, amanecieron empalados 5 diputados de la Asamblea Nacional", yo solo alcancé a pensar "ese vampiro jodedor nunca puede descansar"…
Monday, March 22, 2010
El Bar
Abrió las puertas del bar de un trancazo y se puso a llorar pues se había pegado muy duro, aquel pequeño niño de cinco años se disponía a ahogar sus penas con una Frescolita bien fría y unos ositos de goma, ni más ni menos. Después de calmarse, entre gimoteos, caminó cabizbajo a la barra y le pidió al bartender una Frescolita doble. Se sentó al lado de un pequeñuelo de tres añitos que se lamentaba con alaridos incesantes porque sus padres no le habían comprado la última colección de las tortugas ninjas a la vez que ordenaba un shot de Uvita Hit.
“Tu puedes creer?, le dijo al infante de tres años, se me ha perdido el carrito de bomberos que tenía una sirena que sonaba durísimo, no se donde lo dejé, de verdad que no aguanto esta pena, tu no sabes las horas que pasé jugando con ese carrito y ahora se ha ido, que va a ser de mi vida, como me voy a levantar mañana si ya no está, si mi querido carrito ha desaparecido por siempre. El otro pequeño le miraba atentamente y le dijo, “entiendo tu dolor, que te puedo decir, mis padres se niegan a comprarme la colección nueva de las tortugas ninjas, imagínate me dicen y que son muy caros, pero no les creo, mi mamá siempre carga papeles de esos en la cartera que se los da a la señora en la caja del automercado para que nos den las cosas, yo no entiendo porque no me puede comprar mis muñecos” y seguidamente se puso a llorar inconsolablemente.
Los televisores mostraban el último capítulo de Dragon Ball por un lado y por el otro un episodio inédito de Los Pitufos, en una mesa cercana a la barra cuatro niñitos de seis años discutían fervientemente sobre el nuevo juego de X-Box, uno de ellos insistía en que tenía un truco para pasar la quinta pantalla en donde el monstruo morado atacaba con rayos láser, los otros reían mientras tomaban Kool-Aid y le decían "muchacho mentiroso, esa pantalla no la pasa nadie, eso es cuento tuyo", el otro niñito se sacó del bolsillo un papel en donde insistía que tenía el truco para pasar la pantalla # 5, los otros observaron con detenimiento el mismo y dijeron "na, na, puro cuento, nos quieres vacilar."
En una tarima un mago hacía trucos de toda clase mientras un grupito de niñitos lo observaban boquiabiertos, aplaudían, gritaban y reían mientras entonaban canciones de Enrique y Ana que sonaban a todo volumen en el local. Dos niñitos de cinco años discutían seriamente sobre como cuadrar una negociación para cambiarse unas barajitas del álbum del Mundial de Fútbol, comiendo chocolate y tomando Coca-Cola uno pretendía obtener cien barajitas a cambio de cinco pues eran muy difíciles de conseguir, después de varias horas de discusión se transaron cuando uno de ellos dijo "bueno te doy cincuenta barajitas y te brindo un helado en el recreo del colegio a cambio de ocho barajitas difíciles".
En otro lugar de la barra tres amigos de cuatro años conversaban acerca de las nuevas loncheras en las cuales se podía meter no solamente un termo y la comida sino varios juguetes para no aburrirse en el Kinder. En una mesita algo escondida un grupito de pequeñuelos conversaban airadamente sobre como las niñitas en el kinder los fastidiaban y que siempre tenían que meterle un piñazo a una que otra para que se alejaran de su lugar de juegos, uno de ellos decía "claro es que las niñas si son fastidiosas, sus muñecas y sus juegos bobos, además si estamos jugando y les da por hacer pipí pues todo el juego se atrasa pues tienen que ir al baño y tardarse horas, en cambio nosotros sacamos el piripincho por la reja y estamos listos para seguir corriendo", otro le interrumpía y le decía "no solo eso, además siempre poniendo reglas y queriendo ordenar las cosas, que fastidio de verdad."
De pronto se abrieron las puertas del bar nuevamente y entró un niñito de siete años, llevaba cara de dolor y lloraba a cántaros, se dirigió hacia la barra y pidió una Chinotto con Piña Hit, mezcla por demás explosiva, un infante que se encontraba allí bebiendo limonada y comiendo galletitas le dijo, “que te pasa chamo?, te mataron en la última pantalla del juego de Nintendo? o será que tus papas no te compraron la bicicleta esa que tiene cauchos gigantes?, el otro niño lloraba sin parar y no respondía, que le pasará a este se preguntaba mientras se bebía su limonada, “te caístes y te pegaste?, no se, te quieren hacer comer brócoli y lechuga en tu casa?, el pequeño que lloraba levantó la cabeza y entre sollozos dijo "Elizabeth no me hace caso, le di una rosa y me la devolvió".
Todos los niñitos del bar dejaron de hablar, la música se apagó, un silencio sepulcral reinaba y nadie se atrevía a decir ninguna palabra, de pronto se abrió una puerta en una de las paredes del bar y se escuchó una salsa erótica que se mezclaba con olor a cigarrillo y whiskey, una voz dentro del bar de niños dijo "suelta la Chinotto con Piña Hit inmediatamente, párate de la barra, camina hacia la puerta que se abrió, al pasar la misma encontrarás una mesita con ron, whiskey, vodka y cerveza, agarra un cigarrillo y préndelo, todo esto por cuenta de la casa, y por cierto bienvenido al mundo de los adultos, te deseamos lo mejor y recuerda que sin suerte no se puede vivir!!!
“Tu puedes creer?, le dijo al infante de tres años, se me ha perdido el carrito de bomberos que tenía una sirena que sonaba durísimo, no se donde lo dejé, de verdad que no aguanto esta pena, tu no sabes las horas que pasé jugando con ese carrito y ahora se ha ido, que va a ser de mi vida, como me voy a levantar mañana si ya no está, si mi querido carrito ha desaparecido por siempre. El otro pequeño le miraba atentamente y le dijo, “entiendo tu dolor, que te puedo decir, mis padres se niegan a comprarme la colección nueva de las tortugas ninjas, imagínate me dicen y que son muy caros, pero no les creo, mi mamá siempre carga papeles de esos en la cartera que se los da a la señora en la caja del automercado para que nos den las cosas, yo no entiendo porque no me puede comprar mis muñecos” y seguidamente se puso a llorar inconsolablemente.
Los televisores mostraban el último capítulo de Dragon Ball por un lado y por el otro un episodio inédito de Los Pitufos, en una mesa cercana a la barra cuatro niñitos de seis años discutían fervientemente sobre el nuevo juego de X-Box, uno de ellos insistía en que tenía un truco para pasar la quinta pantalla en donde el monstruo morado atacaba con rayos láser, los otros reían mientras tomaban Kool-Aid y le decían "muchacho mentiroso, esa pantalla no la pasa nadie, eso es cuento tuyo", el otro niñito se sacó del bolsillo un papel en donde insistía que tenía el truco para pasar la pantalla # 5, los otros observaron con detenimiento el mismo y dijeron "na, na, puro cuento, nos quieres vacilar."
En una tarima un mago hacía trucos de toda clase mientras un grupito de niñitos lo observaban boquiabiertos, aplaudían, gritaban y reían mientras entonaban canciones de Enrique y Ana que sonaban a todo volumen en el local. Dos niñitos de cinco años discutían seriamente sobre como cuadrar una negociación para cambiarse unas barajitas del álbum del Mundial de Fútbol, comiendo chocolate y tomando Coca-Cola uno pretendía obtener cien barajitas a cambio de cinco pues eran muy difíciles de conseguir, después de varias horas de discusión se transaron cuando uno de ellos dijo "bueno te doy cincuenta barajitas y te brindo un helado en el recreo del colegio a cambio de ocho barajitas difíciles".
En otro lugar de la barra tres amigos de cuatro años conversaban acerca de las nuevas loncheras en las cuales se podía meter no solamente un termo y la comida sino varios juguetes para no aburrirse en el Kinder. En una mesita algo escondida un grupito de pequeñuelos conversaban airadamente sobre como las niñitas en el kinder los fastidiaban y que siempre tenían que meterle un piñazo a una que otra para que se alejaran de su lugar de juegos, uno de ellos decía "claro es que las niñas si son fastidiosas, sus muñecas y sus juegos bobos, además si estamos jugando y les da por hacer pipí pues todo el juego se atrasa pues tienen que ir al baño y tardarse horas, en cambio nosotros sacamos el piripincho por la reja y estamos listos para seguir corriendo", otro le interrumpía y le decía "no solo eso, además siempre poniendo reglas y queriendo ordenar las cosas, que fastidio de verdad."
De pronto se abrieron las puertas del bar nuevamente y entró un niñito de siete años, llevaba cara de dolor y lloraba a cántaros, se dirigió hacia la barra y pidió una Chinotto con Piña Hit, mezcla por demás explosiva, un infante que se encontraba allí bebiendo limonada y comiendo galletitas le dijo, “que te pasa chamo?, te mataron en la última pantalla del juego de Nintendo? o será que tus papas no te compraron la bicicleta esa que tiene cauchos gigantes?, el otro niño lloraba sin parar y no respondía, que le pasará a este se preguntaba mientras se bebía su limonada, “te caístes y te pegaste?, no se, te quieren hacer comer brócoli y lechuga en tu casa?, el pequeño que lloraba levantó la cabeza y entre sollozos dijo "Elizabeth no me hace caso, le di una rosa y me la devolvió".
Todos los niñitos del bar dejaron de hablar, la música se apagó, un silencio sepulcral reinaba y nadie se atrevía a decir ninguna palabra, de pronto se abrió una puerta en una de las paredes del bar y se escuchó una salsa erótica que se mezclaba con olor a cigarrillo y whiskey, una voz dentro del bar de niños dijo "suelta la Chinotto con Piña Hit inmediatamente, párate de la barra, camina hacia la puerta que se abrió, al pasar la misma encontrarás una mesita con ron, whiskey, vodka y cerveza, agarra un cigarrillo y préndelo, todo esto por cuenta de la casa, y por cierto bienvenido al mundo de los adultos, te deseamos lo mejor y recuerda que sin suerte no se puede vivir!!!
Wednesday, March 10, 2010
Reactor Nuclear
En aquel salón de reunión, uno de esos con cuadros de Bolívar y el Desdentado de Sabaneta, se encontraban los más altos funcionarios del gobierno bolivariano discutiendo la preocupación inmensa que llevaban por dentro a causa de la constante conspiración manufacturada a manos del imperio, si, el mismo imperio con todo y Mickey Mouse quien se había encargado de robarnos toda la electricidad que produce el Guri por medio de peces “chupa voltio”, para mantener los casinos de Atlantic City prendidos toda la noche, y que mantenía al país en medio de una crisis energética nunca antes vista. Cada quien exponía sus distintas historias acerca de la amenaza que significaba tener al gigante del norte infiltrado en pleno territorio chupando los preciosos voltios producidos por aquellas inmensas turbinas a las faldas del Caroní, así los sabios ministros y consejeros sacaban mapas de la localización exacta de los focos infecciosos e informes redactados por hábiles espías que señalaban con precisión las intenciones del imperio malvado no solo de seguir robándonos la electricidad sinó de invadir para sustituir las arepas por panquecas.
"Esto no lo podemos permitir, hay que buscar soluciones ágiles, rápidas, bien pensadas y que nos libren a largo plazo de la sombra aterradora del gigante del norte" dijo uno de los brillantes consejeros del gobierno, "yo creo" soltó otro ingenioso ministro, "que debemos armar al pueblo con cabillas y botellas de refresco llenas de alcohol, eso sin lugar a dudas sorprendería a los soldados imperialistas en caso de una invasión". "Pues bien, me permito decir que considero que debemos entrenar a todos los perros callejeros de la ciudad capital y volverlos 'perros bomba', esa si es una buena técnica de ataque, para luego echarlos al Caroní para que se coman los pescados y se inmolen por la patria", "por mi parte, decía otro ilustre ministro, dejo claro que me da la impresión que podemos atacar al imperio por medio de las chicas, contratamos unas cuantas damas de compañía y se las soltamos encima a los soldados, eso muchachos al ver la belleza venezolana soltarán sus armas para entregarse a la Joda Nacional."
La discusión se mantuvo constante por más de tres horas, ideas desde construir un robot eléctrico que saliera desde una base construida en el embalse La Mariposa hasta un comando de Yanomamis destinados a rezar a los Dioses de las Lluvias habían sido expuestas hasta que otro de los genios a bordo del tren ministerial del gobierno dijo "están hablando mierda, aquí lo que hace falta es un reactor nuclear para definitivamente terminar con el problema de la electricidad, una vez construido le podemos regalar El Guri a quien lo quiera y además alejar cualquier posibilidad de ocupación por esa nación extranjera que quiere apoderarse de nuestra libertad revolucionaria", todos los presentes que realmente ya estaban cansados y con hambre comenzaron a aplaudir con gritos de euforia "que viva la revolución", "energía nuclear es lo que nos falta", "ahora si que se van a cagar". El genio de la idea explicó que el reactor nuclear no solo crearía terror en el imperio, al igual que con astucia y dedicación se podría usar el mismo para fines de generación eléctrica y defensa nacional.
Una comisión fue creada para la misión secreta de comprar, traer al país, instalar y poner a funcionar el reactor nuclear. Después de meses de viajes incógnitos y de reuniones con individuos que si no hubieran nacido Walt Disney los habría pintado de malos en una de sus películas, el negocio se cerró, la Misión Reactor había rendido sus frutos en su primera etapa y el recién construido y reluciente reactor nuclear fue traslado a una plataforma construida al lado de de la represa del Guri que serviría de base para su uso en pro de la defensa de la revolución. Asimismo, una bella planta fue construida en los meses de espera por el reactor, instalaciones de primera, dotadas de la mejor tecnología y solamente esperando que llegara la semilla que la iba a hacer crecer y desarrollarse.
Wilfredo Natera Gómez desde niño mostró su inclinación por la química, la física y ciencias afines, cuando tenía tres añitos le voló la cocina a su mamá con un jueguito de química para niños, a los siete creó un aparato que transfería la electricidad de la nevera al microondas creando una fusión de átomos rebeldes que permitían cocinar un lechón en dos minutos, con quince años demostró que la energía solar podía ser utilizada para descontaminar las aguas y a los diecisiete entró en la Universidad Bolivariana en donde se graduó en dos años de Ingeniero Mecánico, Químico, Espacial y Nuclear. Wilfredo trabajaba en una panadería en donde aplicaba sus conocimientos a la preparación de cachitos de jamón y de unas tortas deliciosas, un día al abrir el periódico se enteró de la compra del reactor, con agilidad movió los contactos que tenía dentro del partido y de un día para otro pasó de hornero a Ingeniero Jefe de la Misión Energía.
Montado en el Chupa Dólares Wilfredito discutía la importancia de la energía nuclear con los miembros del gabinete, el poderoso Airbus surcaba los cielos con destino al Guri, una vez en la planta llamada "Al-Khalifa Youssef" en honor al iraní que había diseñado el reactor nuclear, los integrantes de la comisión y el nuevo ingeniero jefe paseaban felizmente conociendo las instalaciones, finalmente y después de una sencilla y humilde parrilla en donde comieron carne argentina y bebieron vinos chilenos se dirigieron a donde se había instalado el ahora llamado "bebé de la revolución", después de las felicitaciones clásicas de esos momentos y las alabanzas jalabolísticas propias de los gobiernos se fijó la fecha exacta para inaugurar la magnífica planta nuclear y poner en marcha el reactor.
Wilfredo sin pensarlo llamó a unos cuantos compinches para que le ayudaran a conformar el tren de especialistas para poner en marcha el reactor, así Carlos Manuel Peraza, plomero de profesión, Luis Domínguez, estudiante activo de la UCV por 22 años con tres materias aprobadas, Jerson Saéz, motorizado con moto propia y Pablo Mora, ingeniero futurístico graduado en la Universidad Bolivariana pasaron de lo ridículo a lo sublime con suma facilidad. Otros cuantos especialistas y personajes muy capaces fueron contratados para cubrir todos los puestos necesarios para abrir la planta el día diecisiete de Diciembre.
La expectativa creada en torno a la apertura de la planta se había hecho sentir a lo largo y ancho del país, propagandas en la televisión, pancartas en las calles y artículos en los periódicos con entrevistas a los nuevos líderes en materia nuclear. Wilfredo era el hombre del momento, el soltero más solicitado de toda Caracas, se había comprado su pent-house en Altamira, una moto Harley Davidson y un closet completo de pintas a la moda. La vida le sonreía, el futuro se veía claro, el mundo a los pies de Wilfredo, la energía nuclear lo llevaría al estrellato.
Aquella mañana Wilfredo Natera Gómez se levantó feliz, se acomodó, se subió a su potente moto y se fue al lugar secreto de donde sería traslado a la planta nuclear. Una vez allí comenzó los preparativos para encender el poderoso reactor nuclear, durante varias semanas aquel grupo de gente capacitada trabajó arduamente para poner a tono las instalaciones en vísperas del gran día de júbilo y logro para la revolución.
Todo el tren ejecutivo se apersonó el día de la apertura, las cámaras de la televisora estatal se encontraban presentes y el ambiente de fiesta reinaba en aquel monte en el medio de la nada. La inauguración solo sería realizada frente a integrantes del gobierno, sin público presente, que solo podrían disfrutar del magno evento a través de sus televisores. El Presidente de la República tomó la palabra y dijo "Un niño tuvo un sueño mesmo, mesmamente mesmo, un sueño, un sueño de derrotar al imperio, hoy aquí Wilfredito mesmo, nos brindará la alegría de saber que el imperio no podrá con nosotros, hay café?, porque prender un reactor nuclear sin café es como no prenderlo, bueno bueno orden, ha llegado la hora, no me voy a extender mucho porque hoy el día es de todos, principalmente de Wilfredito, pero de todos al fin mesmo, de la revolución, de Fidel, del Ché y de todos los mártires que luchan por la igualdad social mesma". "Bueno Wilfredo", dijo el Presidente, "vamos a echarle pichón", Wilfredo se acercó al micrófono y dijo "señor camarada Presidente, le cedo el honor, por favor, apriete este botoncito rojo para poner en marcha el futuro del país".
El Presidente accionó el botón y un ruido ensordecedor se apoderó de las instalaciones, Wilfredo dijo "tranquilos que eso es normal", el ruido se hizo más agudo y la planta comenzó a temblar, "que esta pasando aquí Wilfredo? gritó el Presidente, "tranquilo que estos reactores prenden así, esta vaina es potentísima, disfrute el momento", al terminar de decir esto Luis Domínguez, el estudiante eterno, gritó "fuego, fuego, ay coño esta vaina va a explotar", estas palabras causaron que todos los valientes revolucionarios pegaran la carrera para intentar salvar sus vidas, de pronto a lo lejos se escuchó un carajazo, en cuestión de segundos toda la planta estaba destruida llevándose todo lo que encontraba a su paso, en medio de la carrera el Presidente le preguntaba a Wilfredo "mesmamente Wilfredo, tu no me dijistes que tu sabías de esto?, Wilfredo pálido pero bien vestido respondía "mire camarada el profesor cubano que nos tenía que dar las clases de energía nuclear en la universidad nunca apareció, decían que se había escondido para no volver a Cuba, yo no lo creía, pero eso decían los camaradas en la universidad."
Subieron la mirada y una lluvia fuerte caía sobre todos los presentes y el presidente gritaba a todo gañote “mesmamente mesmo, agua, agua, lluvia del cielo, gracias María Lionza, gracias al Cacique Guaicaipuro, lluvias, y mas lluvias, al menos de lo malo sale algo bueno, mesmamente, Venezuela destruida pero con lluvia.” Alguna foca se limitó a susurrarle al oído “el agua que cae se debe al coñazo causado por la explosión que lanzó al Caroní por los aires, ahora no hay Guri, no hay reactor y el Caroní quedó regado hasta Mérida en distantes charquitos.”
Al día siguiente el titular del periódico decía "los integrantes del gobierno lograron escapar el terrible accidente nuclear en el Guri, según opinan los expertos los miembros del gobierno siguen siendo ineptos, corruptos, incapaces, sinvergüenzas y ahora para colmo de males empezarán las mutaciones...
"Esto no lo podemos permitir, hay que buscar soluciones ágiles, rápidas, bien pensadas y que nos libren a largo plazo de la sombra aterradora del gigante del norte" dijo uno de los brillantes consejeros del gobierno, "yo creo" soltó otro ingenioso ministro, "que debemos armar al pueblo con cabillas y botellas de refresco llenas de alcohol, eso sin lugar a dudas sorprendería a los soldados imperialistas en caso de una invasión". "Pues bien, me permito decir que considero que debemos entrenar a todos los perros callejeros de la ciudad capital y volverlos 'perros bomba', esa si es una buena técnica de ataque, para luego echarlos al Caroní para que se coman los pescados y se inmolen por la patria", "por mi parte, decía otro ilustre ministro, dejo claro que me da la impresión que podemos atacar al imperio por medio de las chicas, contratamos unas cuantas damas de compañía y se las soltamos encima a los soldados, eso muchachos al ver la belleza venezolana soltarán sus armas para entregarse a la Joda Nacional."
La discusión se mantuvo constante por más de tres horas, ideas desde construir un robot eléctrico que saliera desde una base construida en el embalse La Mariposa hasta un comando de Yanomamis destinados a rezar a los Dioses de las Lluvias habían sido expuestas hasta que otro de los genios a bordo del tren ministerial del gobierno dijo "están hablando mierda, aquí lo que hace falta es un reactor nuclear para definitivamente terminar con el problema de la electricidad, una vez construido le podemos regalar El Guri a quien lo quiera y además alejar cualquier posibilidad de ocupación por esa nación extranjera que quiere apoderarse de nuestra libertad revolucionaria", todos los presentes que realmente ya estaban cansados y con hambre comenzaron a aplaudir con gritos de euforia "que viva la revolución", "energía nuclear es lo que nos falta", "ahora si que se van a cagar". El genio de la idea explicó que el reactor nuclear no solo crearía terror en el imperio, al igual que con astucia y dedicación se podría usar el mismo para fines de generación eléctrica y defensa nacional.
Una comisión fue creada para la misión secreta de comprar, traer al país, instalar y poner a funcionar el reactor nuclear. Después de meses de viajes incógnitos y de reuniones con individuos que si no hubieran nacido Walt Disney los habría pintado de malos en una de sus películas, el negocio se cerró, la Misión Reactor había rendido sus frutos en su primera etapa y el recién construido y reluciente reactor nuclear fue traslado a una plataforma construida al lado de de la represa del Guri que serviría de base para su uso en pro de la defensa de la revolución. Asimismo, una bella planta fue construida en los meses de espera por el reactor, instalaciones de primera, dotadas de la mejor tecnología y solamente esperando que llegara la semilla que la iba a hacer crecer y desarrollarse.
Wilfredo Natera Gómez desde niño mostró su inclinación por la química, la física y ciencias afines, cuando tenía tres añitos le voló la cocina a su mamá con un jueguito de química para niños, a los siete creó un aparato que transfería la electricidad de la nevera al microondas creando una fusión de átomos rebeldes que permitían cocinar un lechón en dos minutos, con quince años demostró que la energía solar podía ser utilizada para descontaminar las aguas y a los diecisiete entró en la Universidad Bolivariana en donde se graduó en dos años de Ingeniero Mecánico, Químico, Espacial y Nuclear. Wilfredo trabajaba en una panadería en donde aplicaba sus conocimientos a la preparación de cachitos de jamón y de unas tortas deliciosas, un día al abrir el periódico se enteró de la compra del reactor, con agilidad movió los contactos que tenía dentro del partido y de un día para otro pasó de hornero a Ingeniero Jefe de la Misión Energía.
Montado en el Chupa Dólares Wilfredito discutía la importancia de la energía nuclear con los miembros del gabinete, el poderoso Airbus surcaba los cielos con destino al Guri, una vez en la planta llamada "Al-Khalifa Youssef" en honor al iraní que había diseñado el reactor nuclear, los integrantes de la comisión y el nuevo ingeniero jefe paseaban felizmente conociendo las instalaciones, finalmente y después de una sencilla y humilde parrilla en donde comieron carne argentina y bebieron vinos chilenos se dirigieron a donde se había instalado el ahora llamado "bebé de la revolución", después de las felicitaciones clásicas de esos momentos y las alabanzas jalabolísticas propias de los gobiernos se fijó la fecha exacta para inaugurar la magnífica planta nuclear y poner en marcha el reactor.
Wilfredo sin pensarlo llamó a unos cuantos compinches para que le ayudaran a conformar el tren de especialistas para poner en marcha el reactor, así Carlos Manuel Peraza, plomero de profesión, Luis Domínguez, estudiante activo de la UCV por 22 años con tres materias aprobadas, Jerson Saéz, motorizado con moto propia y Pablo Mora, ingeniero futurístico graduado en la Universidad Bolivariana pasaron de lo ridículo a lo sublime con suma facilidad. Otros cuantos especialistas y personajes muy capaces fueron contratados para cubrir todos los puestos necesarios para abrir la planta el día diecisiete de Diciembre.
La expectativa creada en torno a la apertura de la planta se había hecho sentir a lo largo y ancho del país, propagandas en la televisión, pancartas en las calles y artículos en los periódicos con entrevistas a los nuevos líderes en materia nuclear. Wilfredo era el hombre del momento, el soltero más solicitado de toda Caracas, se había comprado su pent-house en Altamira, una moto Harley Davidson y un closet completo de pintas a la moda. La vida le sonreía, el futuro se veía claro, el mundo a los pies de Wilfredo, la energía nuclear lo llevaría al estrellato.
Aquella mañana Wilfredo Natera Gómez se levantó feliz, se acomodó, se subió a su potente moto y se fue al lugar secreto de donde sería traslado a la planta nuclear. Una vez allí comenzó los preparativos para encender el poderoso reactor nuclear, durante varias semanas aquel grupo de gente capacitada trabajó arduamente para poner a tono las instalaciones en vísperas del gran día de júbilo y logro para la revolución.
Todo el tren ejecutivo se apersonó el día de la apertura, las cámaras de la televisora estatal se encontraban presentes y el ambiente de fiesta reinaba en aquel monte en el medio de la nada. La inauguración solo sería realizada frente a integrantes del gobierno, sin público presente, que solo podrían disfrutar del magno evento a través de sus televisores. El Presidente de la República tomó la palabra y dijo "Un niño tuvo un sueño mesmo, mesmamente mesmo, un sueño, un sueño de derrotar al imperio, hoy aquí Wilfredito mesmo, nos brindará la alegría de saber que el imperio no podrá con nosotros, hay café?, porque prender un reactor nuclear sin café es como no prenderlo, bueno bueno orden, ha llegado la hora, no me voy a extender mucho porque hoy el día es de todos, principalmente de Wilfredito, pero de todos al fin mesmo, de la revolución, de Fidel, del Ché y de todos los mártires que luchan por la igualdad social mesma". "Bueno Wilfredo", dijo el Presidente, "vamos a echarle pichón", Wilfredo se acercó al micrófono y dijo "señor camarada Presidente, le cedo el honor, por favor, apriete este botoncito rojo para poner en marcha el futuro del país".
El Presidente accionó el botón y un ruido ensordecedor se apoderó de las instalaciones, Wilfredo dijo "tranquilos que eso es normal", el ruido se hizo más agudo y la planta comenzó a temblar, "que esta pasando aquí Wilfredo? gritó el Presidente, "tranquilo que estos reactores prenden así, esta vaina es potentísima, disfrute el momento", al terminar de decir esto Luis Domínguez, el estudiante eterno, gritó "fuego, fuego, ay coño esta vaina va a explotar", estas palabras causaron que todos los valientes revolucionarios pegaran la carrera para intentar salvar sus vidas, de pronto a lo lejos se escuchó un carajazo, en cuestión de segundos toda la planta estaba destruida llevándose todo lo que encontraba a su paso, en medio de la carrera el Presidente le preguntaba a Wilfredo "mesmamente Wilfredo, tu no me dijistes que tu sabías de esto?, Wilfredo pálido pero bien vestido respondía "mire camarada el profesor cubano que nos tenía que dar las clases de energía nuclear en la universidad nunca apareció, decían que se había escondido para no volver a Cuba, yo no lo creía, pero eso decían los camaradas en la universidad."
Subieron la mirada y una lluvia fuerte caía sobre todos los presentes y el presidente gritaba a todo gañote “mesmamente mesmo, agua, agua, lluvia del cielo, gracias María Lionza, gracias al Cacique Guaicaipuro, lluvias, y mas lluvias, al menos de lo malo sale algo bueno, mesmamente, Venezuela destruida pero con lluvia.” Alguna foca se limitó a susurrarle al oído “el agua que cae se debe al coñazo causado por la explosión que lanzó al Caroní por los aires, ahora no hay Guri, no hay reactor y el Caroní quedó regado hasta Mérida en distantes charquitos.”
Al día siguiente el titular del periódico decía "los integrantes del gobierno lograron escapar el terrible accidente nuclear en el Guri, según opinan los expertos los miembros del gobierno siguen siendo ineptos, corruptos, incapaces, sinvergüenzas y ahora para colmo de males empezarán las mutaciones...
Tuesday, March 02, 2010
Superman
Venía yo caminando muy tranquilo por debajo del puente de la Avenida Fuerzas Armadas cuando escuché un sonido extraño salir de una caseta telefónica. Siempre he sido curioso y esta vez no fue la excepción, me acerqué a la caseta telefónica y ví a un hombre retorciéndose de dolor y vomitando verde. Pero esto no captó realmente mi atención, más bien fueron sus botas rojas, su trajecito pegado azul y una S en el pecho que lo delataba sin más ni menos.
Coño Superman que te pasó?, le dije, "nada mi pana, me comí unas empanaditas bajando por la Baralt y mira como me dejaron", contestó el superhéroe con una mirada perdida y sin fuerza en su voz. Te puedo ayudar en algo?, no se, te compro un Alka-Seltzer, una soda?, le comenté, "no, no hermanazo, desde que Luisa Lane me dejó no valgo medio de mierda, perdí mis poderes, no es joda las mujeres matan, los amores también, en realidad me visto así para aparentar pero la verdad es que no puedo matar ni una mosca", me dijo el paladín de la justicia totalmente derrotado.
Mira Super pero entonces ahora si estamos jodidos, quien carajo nos va a defender?, Batman se arrechó cuando le robaron el Batimóvil en Las Mercedes además de tirarle un secuestro-express, Acuaman casi se derrite cuando se metió a salvar a aquel niñito en las playas frente a Maiquetía y se fue pa' Australia, a Linterna Verde le tumbaron el anillo en el gimnasio y ahora tiene un kioskito en Sabana Grande y los Gemelos Fantásticos se convirtieron en hielo en pleno Maracaibo derritiéndose para la eternidad. Superman con voz muy ténue me dijo "mira chamo, que te puedo decir, yo estoy acabado, no doy pie con bola, mírame aquí echo mierda, vomitando, pálido, esto es de terror, esta vaina es la malévola." En ese preciso instante se escucharon unas sirenas y unas patrullas a toda velocidad nos pasaron por al lado, Superman sacó una especie de celular y me dijo "coño están atracando la agencia del Banco Provincial, y yo con esta descomposición…mire amigo, yo no le puedo quedar mal a esta gente, ponte mi traje y lánzate para allá y al instante se desmayó. Yo me iba a disculpar y decirle que realmente no podía pues tenía una cita muy importante pero el superhéroe yacía ahí delante de mí acostado en su charco de vómito y sin sentido alguno.
Coño de la madre pensé, estas vainas nada más me pasan a mí, yo venía a buscar mis LP's viejos aquí abajo del puente y me consigo a Superman jodido, es que esto no puede ser a la vez que me pellizcaba a ver si no estaba soñando. Creo que de alguna u otra forma todos cuando fuimos niños quisimos ser superhéroes, salvar a la princesa, no se, a la humanidad, volar, tener poderes, esquivar las balas y sentir al final del día que estábamos colaborando con el planeta en el mantenimiento del órden y la paz. Pero coño me dije, ahora te vas a poner con esos pensamientos altruistas y salvadores, deja al guevón este aquí y vete tranquilo, de todas formas ese banco lo atracan tres veces por semana, por otro lado el niño que aún habita en mí y que sin lugar a dudas es más poderoso que el carajo me llevó a levantar al paladín vomitado, le quité el traje, le puse mi ropa y procedí a vestirme.
Confieso que no hay vaina más incómoda que un traje de superhéroe, ahí entendí porque yo siempre terminaba desnudo en las fiestas de disfraces que mi Mamá me llevaba de niño. Después de parir una bola para meterme en el pijama azul ese sufrí horrores para meterme el calzoncillito rojo, las botas no me servían y la capa pesa más que la conciencia de Vinicio Carrera. Sudado de bola y aprisionado por aquel traje que además hacía que me viera más barrigón de lo normal arranqué a correr hacia la agencia del banco Provincial.
Corriendo como un loquito intenté volar pero solo alcancé a dar un brinco y doblarme un tobillo al caer, el chofer de un carrito por puesto que me vió en mi fallido intento me gritó "súbete Superman, que yo te llevo", con la misma me subí en el autobusito ante la mirada atónita de los usuarios, unos reían, otros aplaudían y un niñito le dijo a su mamá "ay mami Superman si está gordo!". Así llegué al banco y ya envalentonado brinqué del carrito doblándome el tobillo nuevamente.
Afuera varias patrullas con sus respectivos policías se agolpaban, al verme un Comisario exclamó "no jodas, regresó el hombre, el propio, el manda mas, ahora si podremos combatir el crimen, donde estabas metido Superman?, seguro andabas controlando culitos no?, yo no sabía si salir corriendo o ponerme a llorar y me limité a decirle, "tranquilo que ya llegué". Me explicaron que adentro del banco había cinco maleantes con una complicada situación de rehenes pero que con mi presencia allí solo era cuestión que entrara y acabara con los anti-sociales.
Tragué grueso y me encomendé a San Manolo, el patrono de los tarados sin destino, y comencé a caminar hacia la puerta del banco. Le dí una patada a la puerta y la bota salió volando y le cayó al lado de uno de los maleantes. El individuo se volteó y gritó "carajo, apareció el maricón del traje azul", sin más ni menos una lluvia de balas cayó sobre mi humanidad, gracias a Dios que mi instinto me hizo brincar y esconderme atrás de uno de los escritorios de las ejecutivas de cuentas, una vez recuperado del carajazo que me di ví como echaba sangre por uno de mis brazos, y solo alcancé a pensar "coño el trajecito de mierda no es anti-balas" y me desmayé.
Abrí los ojos en un hospital, una enfermera me saludó y me dijo "que le pasó Superman?, el traje se le rompió?, como puede ser que la bala lo atravesó?, yo recuperando la conciencia, solo pude decir "no se, no se, debe ser había kriptonita cerca del lugar". La enfermera me dijo "bueno pero no se preocupe, gracias al caos que causó su presencia los maleantes se pusieron nerviosos y no pudieron escapar siendo capturados en pocos minutos, muchas gracias por haber regresado a Caracas". Yo traté de decir algo pero la enfermera me hizo una seña que me quedara tranquilo y salió del cuarto.
Sonó el teléfono, contesté y oí una voz que me dijo "gracias hermano, por favor deja el traje en el basurero enfrente de la estación de Metro de Plaza Venezuela" y trancó. Ya en mi casa volvió a sonar el teléfono y era mi mamá, quien con voz pausada pero con un tono de no poder creer lo que había visto me dijo, "hola hijo, como está todo? mira ayer viendo las noticias me enteré del robo al banco, este país es una demencia, pero en realidad me llamó la atención no se, me dio la impresión que Superman se parecía mucho a ti"….ahora el que trancó el teléfono fuí yo.
Coño Superman que te pasó?, le dije, "nada mi pana, me comí unas empanaditas bajando por la Baralt y mira como me dejaron", contestó el superhéroe con una mirada perdida y sin fuerza en su voz. Te puedo ayudar en algo?, no se, te compro un Alka-Seltzer, una soda?, le comenté, "no, no hermanazo, desde que Luisa Lane me dejó no valgo medio de mierda, perdí mis poderes, no es joda las mujeres matan, los amores también, en realidad me visto así para aparentar pero la verdad es que no puedo matar ni una mosca", me dijo el paladín de la justicia totalmente derrotado.
Mira Super pero entonces ahora si estamos jodidos, quien carajo nos va a defender?, Batman se arrechó cuando le robaron el Batimóvil en Las Mercedes además de tirarle un secuestro-express, Acuaman casi se derrite cuando se metió a salvar a aquel niñito en las playas frente a Maiquetía y se fue pa' Australia, a Linterna Verde le tumbaron el anillo en el gimnasio y ahora tiene un kioskito en Sabana Grande y los Gemelos Fantásticos se convirtieron en hielo en pleno Maracaibo derritiéndose para la eternidad. Superman con voz muy ténue me dijo "mira chamo, que te puedo decir, yo estoy acabado, no doy pie con bola, mírame aquí echo mierda, vomitando, pálido, esto es de terror, esta vaina es la malévola." En ese preciso instante se escucharon unas sirenas y unas patrullas a toda velocidad nos pasaron por al lado, Superman sacó una especie de celular y me dijo "coño están atracando la agencia del Banco Provincial, y yo con esta descomposición…mire amigo, yo no le puedo quedar mal a esta gente, ponte mi traje y lánzate para allá y al instante se desmayó. Yo me iba a disculpar y decirle que realmente no podía pues tenía una cita muy importante pero el superhéroe yacía ahí delante de mí acostado en su charco de vómito y sin sentido alguno.
Coño de la madre pensé, estas vainas nada más me pasan a mí, yo venía a buscar mis LP's viejos aquí abajo del puente y me consigo a Superman jodido, es que esto no puede ser a la vez que me pellizcaba a ver si no estaba soñando. Creo que de alguna u otra forma todos cuando fuimos niños quisimos ser superhéroes, salvar a la princesa, no se, a la humanidad, volar, tener poderes, esquivar las balas y sentir al final del día que estábamos colaborando con el planeta en el mantenimiento del órden y la paz. Pero coño me dije, ahora te vas a poner con esos pensamientos altruistas y salvadores, deja al guevón este aquí y vete tranquilo, de todas formas ese banco lo atracan tres veces por semana, por otro lado el niño que aún habita en mí y que sin lugar a dudas es más poderoso que el carajo me llevó a levantar al paladín vomitado, le quité el traje, le puse mi ropa y procedí a vestirme.
Confieso que no hay vaina más incómoda que un traje de superhéroe, ahí entendí porque yo siempre terminaba desnudo en las fiestas de disfraces que mi Mamá me llevaba de niño. Después de parir una bola para meterme en el pijama azul ese sufrí horrores para meterme el calzoncillito rojo, las botas no me servían y la capa pesa más que la conciencia de Vinicio Carrera. Sudado de bola y aprisionado por aquel traje que además hacía que me viera más barrigón de lo normal arranqué a correr hacia la agencia del banco Provincial.
Corriendo como un loquito intenté volar pero solo alcancé a dar un brinco y doblarme un tobillo al caer, el chofer de un carrito por puesto que me vió en mi fallido intento me gritó "súbete Superman, que yo te llevo", con la misma me subí en el autobusito ante la mirada atónita de los usuarios, unos reían, otros aplaudían y un niñito le dijo a su mamá "ay mami Superman si está gordo!". Así llegué al banco y ya envalentonado brinqué del carrito doblándome el tobillo nuevamente.
Afuera varias patrullas con sus respectivos policías se agolpaban, al verme un Comisario exclamó "no jodas, regresó el hombre, el propio, el manda mas, ahora si podremos combatir el crimen, donde estabas metido Superman?, seguro andabas controlando culitos no?, yo no sabía si salir corriendo o ponerme a llorar y me limité a decirle, "tranquilo que ya llegué". Me explicaron que adentro del banco había cinco maleantes con una complicada situación de rehenes pero que con mi presencia allí solo era cuestión que entrara y acabara con los anti-sociales.
Tragué grueso y me encomendé a San Manolo, el patrono de los tarados sin destino, y comencé a caminar hacia la puerta del banco. Le dí una patada a la puerta y la bota salió volando y le cayó al lado de uno de los maleantes. El individuo se volteó y gritó "carajo, apareció el maricón del traje azul", sin más ni menos una lluvia de balas cayó sobre mi humanidad, gracias a Dios que mi instinto me hizo brincar y esconderme atrás de uno de los escritorios de las ejecutivas de cuentas, una vez recuperado del carajazo que me di ví como echaba sangre por uno de mis brazos, y solo alcancé a pensar "coño el trajecito de mierda no es anti-balas" y me desmayé.
Abrí los ojos en un hospital, una enfermera me saludó y me dijo "que le pasó Superman?, el traje se le rompió?, como puede ser que la bala lo atravesó?, yo recuperando la conciencia, solo pude decir "no se, no se, debe ser había kriptonita cerca del lugar". La enfermera me dijo "bueno pero no se preocupe, gracias al caos que causó su presencia los maleantes se pusieron nerviosos y no pudieron escapar siendo capturados en pocos minutos, muchas gracias por haber regresado a Caracas". Yo traté de decir algo pero la enfermera me hizo una seña que me quedara tranquilo y salió del cuarto.
Sonó el teléfono, contesté y oí una voz que me dijo "gracias hermano, por favor deja el traje en el basurero enfrente de la estación de Metro de Plaza Venezuela" y trancó. Ya en mi casa volvió a sonar el teléfono y era mi mamá, quien con voz pausada pero con un tono de no poder creer lo que había visto me dijo, "hola hijo, como está todo? mira ayer viendo las noticias me enteré del robo al banco, este país es una demencia, pero en realidad me llamó la atención no se, me dio la impresión que Superman se parecía mucho a ti"….ahora el que trancó el teléfono fuí yo.
Friday, February 19, 2010
Guadañita
"Ja, pedazo de mierda, esa guadaña no corta ni a tu abuela" le grité cuando trató de liquidarme una vez más, "esta vez no te me escapas Policarpio del coño" gritó desesperada mientras lanzaba otro guadañazo que rozaba mi oreja. "Pero bueno guevona me vas a venir a joder en mi propio cuarto?, "yo te jodo donde sea" volvió a gritar mientras quebraba un bombillo con su guadaña. "Te equivocas bicha obsoleta, tienes tiempo tratando de joderme y la que siempre termina huyendo eres tu" repliqué. Ya cansado de la joda que me había montado y arrecho porque me había roto un bombillo me senté en mi cama y tomé una bocanada de aire. Ella se sentó en una silla, se secó el sudor de su frente y me dijo "coño estoy cansada, que peo es joderte a ti", "mira coño e' madre" le dije "vete de aquí y no me ladilles más", "pero es que estas en mi lista guevonzón" me dijo con voz cansada, "déjame ver esa vaina" contesté.
Observando con cuidado pude ver que mi nombre no se encontraba allí, agarré el vaso de agua que tengo en mi mesa de noche y se lo eché encima, con la misma brinqué y la dejé atrapada entre su guadaña y su capa negra. "Por qué me sigues persiguiendo mierda sin oficio, no estoy en la lista" le grité mientras escuchaba el chillido clásico de ella cuando está atrapada. "Es que se han burlado mucho de mí, desde aquel día que te me escapaste por primera vez, tu no sabes lo que es eso Policarpio, soy el hazme reír del más allá". Confieso que me dio un poco de lástima, pero vamos a estar claros quien ha sentido lástima por la Dama de la Guadaña alguna vez?. Aprovechando mi posición ventajosa partí la guadaña en dos y le metí una patada por la boca, le subí la falda larga esa y de paso le subí la pantaleta hasta el ombligo, cargándola por el cogote le di una patada en el trasero mientras le gritaba "no vuelvas por aquí mojona."
Todo empezó el día que me fracturé el tobillo por tercera vez, en la sala de operaciones trataban con afán de componerme mis malogrados huesos y tendones mientras yo sumido en la tranquila y suntuosa paz de la anestesia soñaba con un valle verde lleno de vacas que me hablaban ofreciéndome leche y queso. De pronto en aquella escena de felicidad se apareció de golpe, las vacas salieron corriendo y el pasto se puso marrón, yo todavía con mi pedazo de queso suizo en la mano y el cual no pensaba soltar por nada del mundo analizaba la situación. Mirando a un lado me ví acostado allí, mientras los médicos gritaban y me inyectaban vergas raras. Volví la mirada al frente y sentí el primer guadañazo, "ay coño, pero tu estás loca?, le grité, la muy coqueta se reía y me decía "te ha llegado la hora pendejón". Después de pensarlo dos veces y metiéndole un mordisco más le lancé el pedazo de queso por la cabeza, la mojona sorprendida y aturdida por el taco de queso en el coco rodó por el piso, actuando cual felino en plena caza agarré un tobo lleno de leche y brinqué cayendo en el cuello de la susodicha, la boca se le abrió y le vacié la leche ahogándola mientras le cantaba una gaita irlandesa. Brinqué hacia mi cuerpo y pude escuchar como los doctores gritaban de felicidad, abrí los ojos y el anestesiólogo casi sufre un infarto, mirando al médico le dije "arréglame ese tobillo rápido que me andan buscando" y me dormí de nuevo en los laureles de la mezcla de Morfeo.
Todavía cojeando por mi tobillo reventado, y aún caminando con muletas recibí la noticia que la abuela de un buen amigo había pasado de mundos. Me apersoné en el velorio para cumplir con los respectivos trámites a los que nos sometemos los humanos para cagarnos la existencia un poco más. Desde pequeño me acostumbraron a rezar algo por el difunto así que parado al frente de la caja rezaba de lo más tranquilo cuando se me volvió a aparecer, "dos por uno, que te parece?, me dijo "de una vez te quedas por aquí". Con cuidado y sin poder creer que tenía intenciones de volver a ladillarme le dije "coño pero tu no tienes oficio?, sonriendo y haciendo una especie de movimiento de karate con su guadaña respondió "si claro, tengo mucho que hacer, y entre esas cosas, está llevarte a ti".
A mi lado una viejita que pensaba que yo estaba hablando solo y además diciendo groserías me mando a callar a la vez que me decía insolente y mal educado. Nuevamente y esta vez llevándome a la vieja que me había armado el peo por el medio me lanzó un guadañazo, con habilidad agarré una corona de flores y se la puse de salvavidas a la Dama de la Oscuridad, atrapada y arrecha quedó parada allí, de esta forma le metí un empujón a la caja con la difunta adentro que espachurró a la bicha esta, acercándome le pedí disculpas a la muerta, y le volví a decir a la mojona que no me ladillara más. El peo en el velorio era máximo y la gente no entendía nada, yo agarré a la viejita que me había llevado por el medio, la abracé mientras le decía "calma, calma, su amiga esta mejor que nosotros", la gente pensó que la viejita se había trastocado y le había dado por lanzar coronas y tumbar la caja de la difunta.
Cansado por los últimos acontecimientos de mi ajetreada vida me tomé unas vacaciones en Cancún. Unos días de playa, sol, relajación y tiempo para leer no me venían nada mal. Acostado en mi silla de extensión, tomando Coca-Cola y leyendo a Bela Esterhazy subí la mirada para ver parado al frente mío a una mexicanita con cara de Lucerito. "Hola cuate" me dijo, "que onda guey", "nomás, estas solito aquí?,. Frotándome los ojos los cuales se me irritaron de inmediato por los restos de crema protectora logré contestar "Hola que tal?, si estoy solo, que se te ofrece?, "órale manito, estás como tenso venezolano, no quieres subirte conmigo a hacer un poco de para-sailing?, yo todavía recuperándome de la crema en los ojos accedí y en cuestión de minutos estaba subido en aquel bicho jalado por una lancha, se trataba de un parapente especial, en donde se podían sentar dos personas, y la vista con la compañía hacían del paseo una aventura entretenida. Fijando la mirada en el horizonte pude ver como un punto negro se acercaba a toda mecha hacia mi, "coño no puede ser" pensé, "la mojona otra vez", sin mucho chance de nada ví como cortó algunas de las cuerdas del parapente, la pobre mexicanita cayó al mar desde una altura considerable y la balurda cagada de la risa me gritó "guevón pa' donde vas a correr ahora?
Confieso que sentí que ese era mi final, ya me imaginaba a la gente diciendo "de bolas el Policarpio ese, subido en un parapente, con una mexicana, se mató como un pendejo, quien lo manda, bla, bla, bla, bla". La lancha al ver que la mexicana había caído desde las alturas comenzaba a dar la vuelta para rescatarla, con menos velocidad y por ende menos altura constaté que ese sería mi único chance, aprovechando el primer viraje me solté las amarras que me sostenían y me lancé al agua, mi tobillo pidió perdón con el carajazo y mi alma entera se estremeció, la Loquita de la Guadaña no pensaba dejarme escapar y se lanzó sobre mi en pleno mar, la muy idiota no se dio cuenta que ese traje negro mojado pesa más que mondongo en el estómago y comenzó a hundirse sin remedio, me dio cosa y me quité el salvavidas y se lo di, los mexicanos de la lancha arrechos no entendían la razón por la cual me quitaba el salvavidas y simplemente lo echaba a un lado, pasaron por allí y me rescataron no sin antes armarme un peo por quitarme el salvavidas y hacerme mil preguntas sobre lo que había pasado.
Sentado en una arepera en Caracas, disfrutaba de una reina pepiada con unos amigos, como siempre hablando tonterías de la existencia casual de los seres humanos. Entró por la puerta y se me sentó al lado, yo hacía que no la veía, ella afilaba su guadaña con un aparatito extraño. Yo seguía conversando tranquilamente, hasta que ladillado me volteé y le dije "mira coño, tu no piensas dejarme en paz?, vamos a hacer una vaina cómete unas arepitas, yo te las voy a pedir, y luego me llevas pues". Asintió con la cabeza y siguió afilando su guadaña, le pedí unas arepitas de chorizo Carupanero y de pulpo, la Dama de Negro comió como nunca en su vida, justo cuando me dijo "bueno ahora si, estás lista?, escuché un ruidito extraño, me miró y de un brinco salió corriendo para el baño no sin antes llevarse un servilletero de la mesa. Aprovechando la situación me despedí de mis amigos alegando cansancio y la volví a burlar una vez más.
Cayó en el piso, se veía flaca, sin lugar a dudas la gastroenteritis que agarró por las arepas le había dado duro, allí sin guadaña, tratando de sacarse la pantaleta metida hasta el fondo y con ojos vidriosos bajó la cabeza y se limitó a decirme "Policarpio has vencido a la muerte."….
Observando con cuidado pude ver que mi nombre no se encontraba allí, agarré el vaso de agua que tengo en mi mesa de noche y se lo eché encima, con la misma brinqué y la dejé atrapada entre su guadaña y su capa negra. "Por qué me sigues persiguiendo mierda sin oficio, no estoy en la lista" le grité mientras escuchaba el chillido clásico de ella cuando está atrapada. "Es que se han burlado mucho de mí, desde aquel día que te me escapaste por primera vez, tu no sabes lo que es eso Policarpio, soy el hazme reír del más allá". Confieso que me dio un poco de lástima, pero vamos a estar claros quien ha sentido lástima por la Dama de la Guadaña alguna vez?. Aprovechando mi posición ventajosa partí la guadaña en dos y le metí una patada por la boca, le subí la falda larga esa y de paso le subí la pantaleta hasta el ombligo, cargándola por el cogote le di una patada en el trasero mientras le gritaba "no vuelvas por aquí mojona."
Todo empezó el día que me fracturé el tobillo por tercera vez, en la sala de operaciones trataban con afán de componerme mis malogrados huesos y tendones mientras yo sumido en la tranquila y suntuosa paz de la anestesia soñaba con un valle verde lleno de vacas que me hablaban ofreciéndome leche y queso. De pronto en aquella escena de felicidad se apareció de golpe, las vacas salieron corriendo y el pasto se puso marrón, yo todavía con mi pedazo de queso suizo en la mano y el cual no pensaba soltar por nada del mundo analizaba la situación. Mirando a un lado me ví acostado allí, mientras los médicos gritaban y me inyectaban vergas raras. Volví la mirada al frente y sentí el primer guadañazo, "ay coño, pero tu estás loca?, le grité, la muy coqueta se reía y me decía "te ha llegado la hora pendejón". Después de pensarlo dos veces y metiéndole un mordisco más le lancé el pedazo de queso por la cabeza, la mojona sorprendida y aturdida por el taco de queso en el coco rodó por el piso, actuando cual felino en plena caza agarré un tobo lleno de leche y brinqué cayendo en el cuello de la susodicha, la boca se le abrió y le vacié la leche ahogándola mientras le cantaba una gaita irlandesa. Brinqué hacia mi cuerpo y pude escuchar como los doctores gritaban de felicidad, abrí los ojos y el anestesiólogo casi sufre un infarto, mirando al médico le dije "arréglame ese tobillo rápido que me andan buscando" y me dormí de nuevo en los laureles de la mezcla de Morfeo.
Todavía cojeando por mi tobillo reventado, y aún caminando con muletas recibí la noticia que la abuela de un buen amigo había pasado de mundos. Me apersoné en el velorio para cumplir con los respectivos trámites a los que nos sometemos los humanos para cagarnos la existencia un poco más. Desde pequeño me acostumbraron a rezar algo por el difunto así que parado al frente de la caja rezaba de lo más tranquilo cuando se me volvió a aparecer, "dos por uno, que te parece?, me dijo "de una vez te quedas por aquí". Con cuidado y sin poder creer que tenía intenciones de volver a ladillarme le dije "coño pero tu no tienes oficio?, sonriendo y haciendo una especie de movimiento de karate con su guadaña respondió "si claro, tengo mucho que hacer, y entre esas cosas, está llevarte a ti".
A mi lado una viejita que pensaba que yo estaba hablando solo y además diciendo groserías me mando a callar a la vez que me decía insolente y mal educado. Nuevamente y esta vez llevándome a la vieja que me había armado el peo por el medio me lanzó un guadañazo, con habilidad agarré una corona de flores y se la puse de salvavidas a la Dama de la Oscuridad, atrapada y arrecha quedó parada allí, de esta forma le metí un empujón a la caja con la difunta adentro que espachurró a la bicha esta, acercándome le pedí disculpas a la muerta, y le volví a decir a la mojona que no me ladillara más. El peo en el velorio era máximo y la gente no entendía nada, yo agarré a la viejita que me había llevado por el medio, la abracé mientras le decía "calma, calma, su amiga esta mejor que nosotros", la gente pensó que la viejita se había trastocado y le había dado por lanzar coronas y tumbar la caja de la difunta.
Cansado por los últimos acontecimientos de mi ajetreada vida me tomé unas vacaciones en Cancún. Unos días de playa, sol, relajación y tiempo para leer no me venían nada mal. Acostado en mi silla de extensión, tomando Coca-Cola y leyendo a Bela Esterhazy subí la mirada para ver parado al frente mío a una mexicanita con cara de Lucerito. "Hola cuate" me dijo, "que onda guey", "nomás, estas solito aquí?,. Frotándome los ojos los cuales se me irritaron de inmediato por los restos de crema protectora logré contestar "Hola que tal?, si estoy solo, que se te ofrece?, "órale manito, estás como tenso venezolano, no quieres subirte conmigo a hacer un poco de para-sailing?, yo todavía recuperándome de la crema en los ojos accedí y en cuestión de minutos estaba subido en aquel bicho jalado por una lancha, se trataba de un parapente especial, en donde se podían sentar dos personas, y la vista con la compañía hacían del paseo una aventura entretenida. Fijando la mirada en el horizonte pude ver como un punto negro se acercaba a toda mecha hacia mi, "coño no puede ser" pensé, "la mojona otra vez", sin mucho chance de nada ví como cortó algunas de las cuerdas del parapente, la pobre mexicanita cayó al mar desde una altura considerable y la balurda cagada de la risa me gritó "guevón pa' donde vas a correr ahora?
Confieso que sentí que ese era mi final, ya me imaginaba a la gente diciendo "de bolas el Policarpio ese, subido en un parapente, con una mexicana, se mató como un pendejo, quien lo manda, bla, bla, bla, bla". La lancha al ver que la mexicana había caído desde las alturas comenzaba a dar la vuelta para rescatarla, con menos velocidad y por ende menos altura constaté que ese sería mi único chance, aprovechando el primer viraje me solté las amarras que me sostenían y me lancé al agua, mi tobillo pidió perdón con el carajazo y mi alma entera se estremeció, la Loquita de la Guadaña no pensaba dejarme escapar y se lanzó sobre mi en pleno mar, la muy idiota no se dio cuenta que ese traje negro mojado pesa más que mondongo en el estómago y comenzó a hundirse sin remedio, me dio cosa y me quité el salvavidas y se lo di, los mexicanos de la lancha arrechos no entendían la razón por la cual me quitaba el salvavidas y simplemente lo echaba a un lado, pasaron por allí y me rescataron no sin antes armarme un peo por quitarme el salvavidas y hacerme mil preguntas sobre lo que había pasado.
Sentado en una arepera en Caracas, disfrutaba de una reina pepiada con unos amigos, como siempre hablando tonterías de la existencia casual de los seres humanos. Entró por la puerta y se me sentó al lado, yo hacía que no la veía, ella afilaba su guadaña con un aparatito extraño. Yo seguía conversando tranquilamente, hasta que ladillado me volteé y le dije "mira coño, tu no piensas dejarme en paz?, vamos a hacer una vaina cómete unas arepitas, yo te las voy a pedir, y luego me llevas pues". Asintió con la cabeza y siguió afilando su guadaña, le pedí unas arepitas de chorizo Carupanero y de pulpo, la Dama de Negro comió como nunca en su vida, justo cuando me dijo "bueno ahora si, estás lista?, escuché un ruidito extraño, me miró y de un brinco salió corriendo para el baño no sin antes llevarse un servilletero de la mesa. Aprovechando la situación me despedí de mis amigos alegando cansancio y la volví a burlar una vez más.
Cayó en el piso, se veía flaca, sin lugar a dudas la gastroenteritis que agarró por las arepas le había dado duro, allí sin guadaña, tratando de sacarse la pantaleta metida hasta el fondo y con ojos vidriosos bajó la cabeza y se limitó a decirme "Policarpio has vencido a la muerte."….
Tuesday, February 16, 2010
Día
En esta historia que ahora me permiten contar, más bien que he decidido yo contar hay un sin fin de elementos que he tratado de dilucidar, de entender a lo largo de mi extenso andar. El universo se equilibra, y no lo hace a destajo, hay razones, desconocidas para nosotros, perfectamente calculadas en la mente de los sabios. Todos pasamos por tiempos buenos y malos, aún los superhéroes, las pueden llamar de miles de maneras, pruebas, obstáculos, otros le dicen vida, hay quien las llama experiencias, yo confieso no saber que nombre ponerle, a veces no se como llamar a mi propio existir.
Aquella mañana desperté y supe que era hora de enfrentarme a mi mismo, el humano, el superhéroe, a mi mezcla, la cual no pedí, la cual me fue entregada en un día como hoy, cuando llegué a la Tierra, cuando aprendí la diferencia entre reír y sentir. Aceptar la verdad es duro pero entendible, aceptar la mentira es duro e indescifrable, mi transcurrir había gozado de horas y horas de perseguir a la nada, haciendo el bien ciertamente, pero en busca de un fantasma que nunca encontré, que se me hacía esquivo con el pasar de los días, todos tenemos momentos de rebelión.
Aquella mañana desperté y un dolor extraño recorrió mi cuerpo, el humano, el superhéroe, un lado mío lo evitó, el otro lo absorbió. Decisiones hemos de tomar que son solo los puentes que construimos al caminar, la mayoría se hacen en el aire, son parte de un sueño que se desvanece una vez que hemos cruzado, al mirar atrás solo queda una estela traslúcida que juguetea con las nubes, la cual nos indica que al otro lado no podemos volver, que está hecho, que has jugado, que la vida has marcado, que el tiempo ha pasado y tu sigues, sigues, sigues allá estampado.
Aquella mañana desperté y no supe donde estaba, el humano, el superhéroe, solos venimos, solos nos vamos, ficciones que utilizamos para buscar las razones, pero en definitiva uno somos, individuos, solitarios, en un viaje sin destino, el cual vamos haciendo a medida que tropezamos una y otra vez. Desarrollamos algo que llaman paciencia, que no es más que una píldora contra el dolor, que simplemente nos seda ante lo que no podemos comprender.
Aquella mañana desperté y me ví verde, el humano, el superhéroe, apenas un pichón, sin ninguna madurez y por ende debatiéndome entre lo que se debe hacer y lo que no puede ser. Entendí que mi cuerpo había crecido pero mi mente apenas gateaba, el hecho de pensar todavía en ese brillo distante me confirmó que debía ascender, el saber que mis batallas habían dañado, que mi eterna lucha se había llevado seres por el medio, sin detenerme a meditar sobre las consecuencias inmediatas del poder que tienen las palabras para herir, allí prometí contar, lo sucedido, pero esta vez sin arrastrar.
Aquella mañana desperté y mis voces internas ya no estaban, el humano, el superhéroe, por un momento me sentí solo, pero es que la hora debe llegar, el viento sopla con fuerza y mis velas debo izar. Comprendí que si ganamos hemos perdido y si perdimos hemos herido, si perdono se ensancha mi alma y con una mirada se aprende una vida. Mis dudas despejadas estaban, mi postura enderezaba, sigo aquí, sin esperar, aquí sigo, conmigo mismo, he aprendido a aceptar que el cambio trae rastros indelebles para el alma, he ahí un dulce dilema, permanezco o me muevo.
Aquella mañana desperté, como hice muchas veces, el humano, el superhéroe, para mi un día cualquiera, para otros el día que llegué a la Tierra. Me miré al espejo y pude ver al mismo de siempre, con su pena a cuestas, pero feliz de estar allí, con su misma sonrisa de niño, sus recuerdos intactos, y aprendiendo a olvidar. Mi maestro cansado como estaba, se acercó y me abrazó, con su voz siempre calmada me dijo “La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan”, luego se retiró y más nunca le vi, el siguió su camino, yo el mío, y es así que por mi parte pienso, por eso me río cada vez que pienso en este lugar que caí…
Aquella mañana desperté y supe que era hora de enfrentarme a mi mismo, el humano, el superhéroe, a mi mezcla, la cual no pedí, la cual me fue entregada en un día como hoy, cuando llegué a la Tierra, cuando aprendí la diferencia entre reír y sentir. Aceptar la verdad es duro pero entendible, aceptar la mentira es duro e indescifrable, mi transcurrir había gozado de horas y horas de perseguir a la nada, haciendo el bien ciertamente, pero en busca de un fantasma que nunca encontré, que se me hacía esquivo con el pasar de los días, todos tenemos momentos de rebelión.
Aquella mañana desperté y un dolor extraño recorrió mi cuerpo, el humano, el superhéroe, un lado mío lo evitó, el otro lo absorbió. Decisiones hemos de tomar que son solo los puentes que construimos al caminar, la mayoría se hacen en el aire, son parte de un sueño que se desvanece una vez que hemos cruzado, al mirar atrás solo queda una estela traslúcida que juguetea con las nubes, la cual nos indica que al otro lado no podemos volver, que está hecho, que has jugado, que la vida has marcado, que el tiempo ha pasado y tu sigues, sigues, sigues allá estampado.
Aquella mañana desperté y no supe donde estaba, el humano, el superhéroe, solos venimos, solos nos vamos, ficciones que utilizamos para buscar las razones, pero en definitiva uno somos, individuos, solitarios, en un viaje sin destino, el cual vamos haciendo a medida que tropezamos una y otra vez. Desarrollamos algo que llaman paciencia, que no es más que una píldora contra el dolor, que simplemente nos seda ante lo que no podemos comprender.
Aquella mañana desperté y me ví verde, el humano, el superhéroe, apenas un pichón, sin ninguna madurez y por ende debatiéndome entre lo que se debe hacer y lo que no puede ser. Entendí que mi cuerpo había crecido pero mi mente apenas gateaba, el hecho de pensar todavía en ese brillo distante me confirmó que debía ascender, el saber que mis batallas habían dañado, que mi eterna lucha se había llevado seres por el medio, sin detenerme a meditar sobre las consecuencias inmediatas del poder que tienen las palabras para herir, allí prometí contar, lo sucedido, pero esta vez sin arrastrar.
Aquella mañana desperté y mis voces internas ya no estaban, el humano, el superhéroe, por un momento me sentí solo, pero es que la hora debe llegar, el viento sopla con fuerza y mis velas debo izar. Comprendí que si ganamos hemos perdido y si perdimos hemos herido, si perdono se ensancha mi alma y con una mirada se aprende una vida. Mis dudas despejadas estaban, mi postura enderezaba, sigo aquí, sin esperar, aquí sigo, conmigo mismo, he aprendido a aceptar que el cambio trae rastros indelebles para el alma, he ahí un dulce dilema, permanezco o me muevo.
Aquella mañana desperté, como hice muchas veces, el humano, el superhéroe, para mi un día cualquiera, para otros el día que llegué a la Tierra. Me miré al espejo y pude ver al mismo de siempre, con su pena a cuestas, pero feliz de estar allí, con su misma sonrisa de niño, sus recuerdos intactos, y aprendiendo a olvidar. Mi maestro cansado como estaba, se acercó y me abrazó, con su voz siempre calmada me dijo “La vida es una tragedia para los que sienten, y una comedia para los que piensan”, luego se retiró y más nunca le vi, el siguió su camino, yo el mío, y es así que por mi parte pienso, por eso me río cada vez que pienso en este lugar que caí…
Friday, February 05, 2010
Saliendo
Hoy, supuestamente hoy es un día importante, finalmente les he convencido en el manicomio que no estoy loco, que siempre dije la verdad, y que mis historias son tan ciertas como mi propia existencia, al menos yo estoy convencido, es por eso que ellos nunca entenderán. Según me dijeron debo sentirme muy bien, excelente, esa fue la palabra que usaron, he vencido mis fantasmas, he escalado la montaña, subí paso a paso la escalera de cristal que construyeron para mi. Miro al cielo y veo el sol, está saliendo por el este como todos los días desde que llegué a este lugar, no entiendo porque es un día especial, simplemente no comprendo cual es la diferencia.
Hoy, como todos los días el cielo se ve azul, con tonalidades, pero azul al fin, así lo recuerdo cuando llegué, azul, sin más ni menos, azul como la tristeza que he llevado en estos años encerrado en mi propio ser, encerrado por luchar contra el mal reinante, contra aquello que está bien para pocos y mal para muchos. Me abren las puertas a una nueva vida, al menos eso creen, como si mi vida fuera distinta, afuera o dentro de las paredes, es lo mismo, es mi existir, vieja como mi alma, sigo siendo el mismo, aquel que dejó muchas veces pero también fue dejado.
La brisa me acaricia la cara, es el viento mi amigo que trae recuerdos dentro de si, su olor me traslada al pasado, a otro momento del andar, un simple ladrillo que tuve que pegar. Mis ojos miran a todos lados, pueden ver aquello que fueron privados tiempo antes, creo sentir que una lágrima brota de ellos, no es felicidad, no es tristeza, es simplemente un acto humano. Atravieso aquella avenida, que ha permanecido intacta en el tiempo, me distraigo, un veloz taxi pasa a mi lado, casi atropellándome y grita algún improperio que no logro distinguir, solo alcanzo a decirle “de alquiler como tu mamá”, en ese momento sonrío.
Mi risa, aquellas carcajadas que poblaban mi ser, vuelven, retornan del letargo a que han sido sometidas, me paro sobre la acera, la calle de concreto peatonal que se encuentra al frente de lo que ha sido mi casa en estos años, el lugar donde mis sueños han quedado atrapados, esa fría mansión en la cual me habían internado. Un pequeño niño se me queda mirando, se esconde tras un poste de luz pero puedo verle, el supone que es invisible, fantasmagórico como yo, hago que no le veo, me acerco, el se ríe al ver que trato de atraparle, luego me extiende su mano y me regala un caramelo, a esa edad no se sabe de egoísmo ni perdones.
Deambulo por aquellas calles, voy pensando en aquello que pudo ser y no fue, por obra del orgullo, de la soberbia, de la terquedad, aquello que fue mi culpa y que nunca comprendí. Me paseo por los momentos más importantes de mi vida, me toma tiempo, cada día ha sido relevante, si solo supiéramos dar valor a los segundos y no solamente a los años. Por un minuto siento que toda ha cambiado, las miradas de los transeúntes parecen distintas, perdidas, ajetreadas, luego observo una hoja que cae desde un árbol, lentamente, desciende hacia el suelo, el ciclo, es un círculo, empezamos y volvemos.
Me uno a la masa que camina, me mimetizo entre ellos, nadie sabe quien soy, yo no se quien son ellos, nadie sabe de mi salida, a quien debiera importarle. Recuerdo el daño que me hicieron, la humillación a que me sometieron, el robo del que fui víctima, igualmente reconozco que también he dañado, a mi manera, pero daño al fin, el planeta se equilibra, nosotros hacemos trastadas para malograr el correr del tiempo. El ruido de los pasos contra el cemento me pone al constante que todos vamos y venimos, que hoy estamos aquí pero mañana podríamos no estarlo.
Gente común me rodea, algunos salvan otros deben ser salvados, no he olvidado porqué vine hace tiempo, nunca lo puedo hacer, es un deber, es un placer, nadie me puede detener. Me detengo en un establecimiento, pido una Coca-Cola fría, siento de nuevo su sabor atravesándome, hay cosas que permanecen, hay cosas que no deben cambiar, inmutables por el tiempo, insaciables ante la maldad, la rienda de mi imaginación está suelta de nuevo, como siempre he sabido, más aún no he comprendido, el saber y el comprender juegan juntos por doquier.
Bajo las escaleras que me conducen al subterráneo, el camino a casa se acorta, en el sub-mundo de la corteza terrestre me encuentro, mirando a todos lados, resguardando lo único que no me han quitado. Los caminos no siempre son los que vemos, en la oscuridad y en el fondo hay vías para moverse, es cuestión de no perderse en el lento vaivén que existe y que en oportunidades no se muestra consciente. La espera va llegando a su fin, poco a poco me voy acercando, mil recuerdos se van acumulando, si solo supieran lo que les espera no estarían celebrando.
Subo a la superficie, conmigo mismo y mi china, lo que me queda, aunado a mi misión, el lugar me es conocido, allí me crié, es solo el sitio en donde comprendí para que estaba, siento pena por los que no están, me alegro por los que pueden respirar, todo cobra sentido nuevamente, se va armando mi mente placidamente, en un cerrar de ojos aprendo que la maldad se adquiere en un instante, por el contrario lo bueno nos lleva la existencia, ahora me acuerdo donde empecé, si es que comprendo porqué fallé, mis enemigos me pueden oler, más esta vez no pienso ceder, mi cerebro procesa aquel pensamiento, por mucho tiempo saltando en mi ser, he vuelto por lo mío bandidos ladrones, escondan sus almas, también sus traseros, no tengo pasiones y después de todo no llevo pasajeros….
Hoy, como todos los días el cielo se ve azul, con tonalidades, pero azul al fin, así lo recuerdo cuando llegué, azul, sin más ni menos, azul como la tristeza que he llevado en estos años encerrado en mi propio ser, encerrado por luchar contra el mal reinante, contra aquello que está bien para pocos y mal para muchos. Me abren las puertas a una nueva vida, al menos eso creen, como si mi vida fuera distinta, afuera o dentro de las paredes, es lo mismo, es mi existir, vieja como mi alma, sigo siendo el mismo, aquel que dejó muchas veces pero también fue dejado.
La brisa me acaricia la cara, es el viento mi amigo que trae recuerdos dentro de si, su olor me traslada al pasado, a otro momento del andar, un simple ladrillo que tuve que pegar. Mis ojos miran a todos lados, pueden ver aquello que fueron privados tiempo antes, creo sentir que una lágrima brota de ellos, no es felicidad, no es tristeza, es simplemente un acto humano. Atravieso aquella avenida, que ha permanecido intacta en el tiempo, me distraigo, un veloz taxi pasa a mi lado, casi atropellándome y grita algún improperio que no logro distinguir, solo alcanzo a decirle “de alquiler como tu mamá”, en ese momento sonrío.
Mi risa, aquellas carcajadas que poblaban mi ser, vuelven, retornan del letargo a que han sido sometidas, me paro sobre la acera, la calle de concreto peatonal que se encuentra al frente de lo que ha sido mi casa en estos años, el lugar donde mis sueños han quedado atrapados, esa fría mansión en la cual me habían internado. Un pequeño niño se me queda mirando, se esconde tras un poste de luz pero puedo verle, el supone que es invisible, fantasmagórico como yo, hago que no le veo, me acerco, el se ríe al ver que trato de atraparle, luego me extiende su mano y me regala un caramelo, a esa edad no se sabe de egoísmo ni perdones.
Deambulo por aquellas calles, voy pensando en aquello que pudo ser y no fue, por obra del orgullo, de la soberbia, de la terquedad, aquello que fue mi culpa y que nunca comprendí. Me paseo por los momentos más importantes de mi vida, me toma tiempo, cada día ha sido relevante, si solo supiéramos dar valor a los segundos y no solamente a los años. Por un minuto siento que toda ha cambiado, las miradas de los transeúntes parecen distintas, perdidas, ajetreadas, luego observo una hoja que cae desde un árbol, lentamente, desciende hacia el suelo, el ciclo, es un círculo, empezamos y volvemos.
Me uno a la masa que camina, me mimetizo entre ellos, nadie sabe quien soy, yo no se quien son ellos, nadie sabe de mi salida, a quien debiera importarle. Recuerdo el daño que me hicieron, la humillación a que me sometieron, el robo del que fui víctima, igualmente reconozco que también he dañado, a mi manera, pero daño al fin, el planeta se equilibra, nosotros hacemos trastadas para malograr el correr del tiempo. El ruido de los pasos contra el cemento me pone al constante que todos vamos y venimos, que hoy estamos aquí pero mañana podríamos no estarlo.
Gente común me rodea, algunos salvan otros deben ser salvados, no he olvidado porqué vine hace tiempo, nunca lo puedo hacer, es un deber, es un placer, nadie me puede detener. Me detengo en un establecimiento, pido una Coca-Cola fría, siento de nuevo su sabor atravesándome, hay cosas que permanecen, hay cosas que no deben cambiar, inmutables por el tiempo, insaciables ante la maldad, la rienda de mi imaginación está suelta de nuevo, como siempre he sabido, más aún no he comprendido, el saber y el comprender juegan juntos por doquier.
Bajo las escaleras que me conducen al subterráneo, el camino a casa se acorta, en el sub-mundo de la corteza terrestre me encuentro, mirando a todos lados, resguardando lo único que no me han quitado. Los caminos no siempre son los que vemos, en la oscuridad y en el fondo hay vías para moverse, es cuestión de no perderse en el lento vaivén que existe y que en oportunidades no se muestra consciente. La espera va llegando a su fin, poco a poco me voy acercando, mil recuerdos se van acumulando, si solo supieran lo que les espera no estarían celebrando.
Subo a la superficie, conmigo mismo y mi china, lo que me queda, aunado a mi misión, el lugar me es conocido, allí me crié, es solo el sitio en donde comprendí para que estaba, siento pena por los que no están, me alegro por los que pueden respirar, todo cobra sentido nuevamente, se va armando mi mente placidamente, en un cerrar de ojos aprendo que la maldad se adquiere en un instante, por el contrario lo bueno nos lleva la existencia, ahora me acuerdo donde empecé, si es que comprendo porqué fallé, mis enemigos me pueden oler, más esta vez no pienso ceder, mi cerebro procesa aquel pensamiento, por mucho tiempo saltando en mi ser, he vuelto por lo mío bandidos ladrones, escondan sus almas, también sus traseros, no tengo pasiones y después de todo no llevo pasajeros….
Wednesday, January 27, 2010
Torero
Corría el año '91 y yo para variar no sabía que hacer con mi vida, me senté en mi ventana y pensé "que puedo hacer yo con esta existencia sin destino que llevo yo?, de inmediato me vino a la mente una idea que no podía rechazar. Durante la cena con mis padres y hermanos presentes, les pedí me prestaran atención por unos minutos pues tenía un importante anuncio que hacer. Querida familia dije, me voy mañana a vivir a Maracay, mi Papá me interrumpió y dijo "y que carajo vas a hacer tu en Maracay?, de inmediato contesté "pues me voy a meter a torero, así mismo como lo escuchan, quiero ser torero."
Mi Mamá que había lidiado con todas mis locuras a lo largo de los años simplemente se limitó a bajar la mirada y alcancé a escuchar cuando dijo "que Dios proteja a este loquito que procreé". Mi Papá dijo "pero tu estás loco o te brinca la tiroides?, torero???????, no me jodas yo no te voy a dar ni un centavo para alcahuetear esa desaforada idea, torero?, hay que ver las cosas que yo he escuchado de ti Policarpio y se levantó de la mesa, mi hermano del medio se cagaba de la risa mientras el menor se tiró en el piso y comenzó a fingir que era un toro para que lo toreara, yo con delicadeza agarré un paño de cocina y jugué con él por un rato para luego irme a dormir.
A la mañana siguiente muy temprano me levanté y me despedí de mi familia, mi Papá molesto ni se despidió, mi Mamá me dio unos churupos para el primer mes y mis hermanos todavía cagados de la risa me desearon suerte. A las 8:15 estaba montado en un autobús camino hacia Maracay, una vez llegado a la ciudad jardín me desplacé hacia la Escuela de Tauromaquia Morenito de Maracay en donde fui muy bien recibido por los allí presentes, me mostraron las instalaciones y me dijeron "pues bien Policarpio este va a ser tu hogar durante los próximos dos años."
Confieso que no fue fácil, estar alejado de mi casa, entre extraños y sin mucho dinero en el bolsillo pero poco a poco le fui agarrando el gustico a la cosa y cada día me emocionaba más. Empecé con becerros y de ahí pasé a novillos, no sabía como carajo pero al parecer tenía una capacidad innata para esto de enfrentarse a bestias de más de 800 kilos. En la Escuela de Toros me permitieron trabajar con los animales para pagarme el sustento y la verdad creo que poco a poco me encariñé con aquellos animalejos que en realidad no tenían la culpa de ser llevados al ruedo para luego ser sacrificados como parte del ritual taurino.
Finalmente llegó el día de la "Alternativa" que no es más que la ceremonia en la cual un novillero pasa a ser matador de toros. Logré que mis padres y mis hermanos se presentaran en el Nuevo Circo que reabría sus puertas para la corrida. Adentro estaba yo un tanto nervioso vistiéndome con el Traje de Luces que me quedaba estrecho y me cortaba la circulación, la verdad que esa vaina con hilo de oro y lentejuelas es más fea que pegarle a su propia madre el día de su cumpleaños, finalmente y ya vestido procedí a entrar a la capilla a rezar y esperé el momento de salir al ruedo.
Con el capote y la muleta en mano me paré en el centro del ruedo, solo que no llevaba la Montera que no es más que ese sombrerito negro patético que utilizan los toreros, salí al ruedo con mi gorra de los Medias Rojas de Boston para el asombro de todos los presentes. Los integrantes de mi cuadrilla no sabían si reírse o llorar y los jueces atónitos me miraban con ganas de lincharme. Procedí a dedicar la corrida a una noviecita que había dejado en Caracas dos años antes y le tiré mi gorra de los Medias Rojas la cual atajó con mucha gracia.
Así comenzó la faena y "Mondragón" el toro que me tocaba salió corriendo hacia el ruedo, confieso que cuando ví a semejante animalejo enfrente mío me provocó salir corriendo pero mantuve la compostura y me dediqué a torearlo con muletazos a diestra y siniestra. Después que los Picadores habían herido al pobre animalejo y yo había fallado poniéndole las banderillas llegó la hora de matar a "Mondragón". Con mucha cautela saqué el "estoque" o simplemente la espada y me dirigí hacia el toro herido, cual atleta que lanza una jabalina solté la espada para enterrársela al juez en una bola ante la mirada sorprendida de todos los presentes, al mismo tiempo la banda comenzó a tocar pasodobles mientras unos amigos sentados en las graderías prendían fuegos artificiales para causar caos y confusión.
Me acerqué al burladero y desde ahí le grité al juez "te gusta guevón que te metan una espada pa' joderte? y con la misma y aprovechando el desastre que había en la plaza arranqué a correr perdiéndome en las calles del Centro de Caracas, perdiéndome como siempre, escondiéndome de aquello que era simplemente una realidad.
Al día siguiente los periódicos reseñaban la noticia en primera plana, Meridiano decía "El Juez recibe estocada en un testículo", El Universal comentaba "Torero loco ataca a juez desprevenido", El Nacional titulaba "Se cree que torero pertenece a Greenpeace, por su parte el Juez estable pero con un testículo menos".
Yo simplemente leía y reía, de todas formas en la Joda Nacional todo se olvidaría en cuestión de días y yo podría salir de la clandestinidad…
Mi Mamá que había lidiado con todas mis locuras a lo largo de los años simplemente se limitó a bajar la mirada y alcancé a escuchar cuando dijo "que Dios proteja a este loquito que procreé". Mi Papá dijo "pero tu estás loco o te brinca la tiroides?, torero???????, no me jodas yo no te voy a dar ni un centavo para alcahuetear esa desaforada idea, torero?, hay que ver las cosas que yo he escuchado de ti Policarpio y se levantó de la mesa, mi hermano del medio se cagaba de la risa mientras el menor se tiró en el piso y comenzó a fingir que era un toro para que lo toreara, yo con delicadeza agarré un paño de cocina y jugué con él por un rato para luego irme a dormir.
A la mañana siguiente muy temprano me levanté y me despedí de mi familia, mi Papá molesto ni se despidió, mi Mamá me dio unos churupos para el primer mes y mis hermanos todavía cagados de la risa me desearon suerte. A las 8:15 estaba montado en un autobús camino hacia Maracay, una vez llegado a la ciudad jardín me desplacé hacia la Escuela de Tauromaquia Morenito de Maracay en donde fui muy bien recibido por los allí presentes, me mostraron las instalaciones y me dijeron "pues bien Policarpio este va a ser tu hogar durante los próximos dos años."
Confieso que no fue fácil, estar alejado de mi casa, entre extraños y sin mucho dinero en el bolsillo pero poco a poco le fui agarrando el gustico a la cosa y cada día me emocionaba más. Empecé con becerros y de ahí pasé a novillos, no sabía como carajo pero al parecer tenía una capacidad innata para esto de enfrentarse a bestias de más de 800 kilos. En la Escuela de Toros me permitieron trabajar con los animales para pagarme el sustento y la verdad creo que poco a poco me encariñé con aquellos animalejos que en realidad no tenían la culpa de ser llevados al ruedo para luego ser sacrificados como parte del ritual taurino.
Finalmente llegó el día de la "Alternativa" que no es más que la ceremonia en la cual un novillero pasa a ser matador de toros. Logré que mis padres y mis hermanos se presentaran en el Nuevo Circo que reabría sus puertas para la corrida. Adentro estaba yo un tanto nervioso vistiéndome con el Traje de Luces que me quedaba estrecho y me cortaba la circulación, la verdad que esa vaina con hilo de oro y lentejuelas es más fea que pegarle a su propia madre el día de su cumpleaños, finalmente y ya vestido procedí a entrar a la capilla a rezar y esperé el momento de salir al ruedo.
Con el capote y la muleta en mano me paré en el centro del ruedo, solo que no llevaba la Montera que no es más que ese sombrerito negro patético que utilizan los toreros, salí al ruedo con mi gorra de los Medias Rojas de Boston para el asombro de todos los presentes. Los integrantes de mi cuadrilla no sabían si reírse o llorar y los jueces atónitos me miraban con ganas de lincharme. Procedí a dedicar la corrida a una noviecita que había dejado en Caracas dos años antes y le tiré mi gorra de los Medias Rojas la cual atajó con mucha gracia.
Así comenzó la faena y "Mondragón" el toro que me tocaba salió corriendo hacia el ruedo, confieso que cuando ví a semejante animalejo enfrente mío me provocó salir corriendo pero mantuve la compostura y me dediqué a torearlo con muletazos a diestra y siniestra. Después que los Picadores habían herido al pobre animalejo y yo había fallado poniéndole las banderillas llegó la hora de matar a "Mondragón". Con mucha cautela saqué el "estoque" o simplemente la espada y me dirigí hacia el toro herido, cual atleta que lanza una jabalina solté la espada para enterrársela al juez en una bola ante la mirada sorprendida de todos los presentes, al mismo tiempo la banda comenzó a tocar pasodobles mientras unos amigos sentados en las graderías prendían fuegos artificiales para causar caos y confusión.
Me acerqué al burladero y desde ahí le grité al juez "te gusta guevón que te metan una espada pa' joderte? y con la misma y aprovechando el desastre que había en la plaza arranqué a correr perdiéndome en las calles del Centro de Caracas, perdiéndome como siempre, escondiéndome de aquello que era simplemente una realidad.
Al día siguiente los periódicos reseñaban la noticia en primera plana, Meridiano decía "El Juez recibe estocada en un testículo", El Universal comentaba "Torero loco ataca a juez desprevenido", El Nacional titulaba "Se cree que torero pertenece a Greenpeace, por su parte el Juez estable pero con un testículo menos".
Yo simplemente leía y reía, de todas formas en la Joda Nacional todo se olvidaría en cuestión de días y yo podría salir de la clandestinidad…
Tuesday, January 12, 2010
Maléfico
Miraba el azul del cielo esperando que cambiara de color, siempre azul, como le vemos, o eso creemos, pues en ciclos nos movemos.
Buscaba infinitas respuestas a preguntas bien sabidas pero nunca respondidas, entrelazaba lo que pensaba, era lo mismo y que ahora veía distinto.
Revisó punto a punto por donde ir y venir, volver o seguir, llegando al mismo punto de partida con alegrías y tristezas pero en definitiva al lugar donde llegaría.
Recordó que algún día tuvo mente, pero la perdió en el intento de darle una razón, olvido que recordar es creer que ha pasado sin saber que es olvidar.
Destapó la olla escondida, en la cual se guardaban las realidades y los mitos, entendió que lo real es una mentira y las mentiras son reales.
La luz traía certeza y los miedos en la noche llegaban, pero la certeza de la noche con miedos era la luz del caminar.
Finalmente abrió los ojos, vió el mundo, al que conocemos. Era de esperar que no le gustó o que simplemente desde entonces vivió…
Buscaba infinitas respuestas a preguntas bien sabidas pero nunca respondidas, entrelazaba lo que pensaba, era lo mismo y que ahora veía distinto.
Revisó punto a punto por donde ir y venir, volver o seguir, llegando al mismo punto de partida con alegrías y tristezas pero en definitiva al lugar donde llegaría.
Recordó que algún día tuvo mente, pero la perdió en el intento de darle una razón, olvido que recordar es creer que ha pasado sin saber que es olvidar.
Destapó la olla escondida, en la cual se guardaban las realidades y los mitos, entendió que lo real es una mentira y las mentiras son reales.
La luz traía certeza y los miedos en la noche llegaban, pero la certeza de la noche con miedos era la luz del caminar.
Finalmente abrió los ojos, vió el mundo, al que conocemos. Era de esperar que no le gustó o que simplemente desde entonces vivió…
Thursday, December 17, 2009
El Verano
Aquel verano fue la excepción. A pesar que en realidad sostuvo la misma cadencia de siempre, el calor y el sol como fuentes principales de exaltación, aquel triste verano y por un solo instante el frío se apoderó de aquel lugar pues según cuenta la historia todos los presentes lo sintieron.
Astor, era un hombre como otro cualquiera, y en aquella época tenía un plan maravilloso, infalible, bien pensado y acabado. Finalmente conseguiría su objetivo, las niñas serían de él, como solía decirse a si mismo mientras pasaba los largos días de invierno sin comer y haciendo abdominales, el nuevo Astor arrasaría, incansable e infinito.
Con su nuevo bañador y sus lentes de sol se dirigió a la playa que le había visto nacer, aquella en donde año tras año era el bastión de la burla, el payaso sin máscara, aquel lugar donde sus miedos florecían y las verdades padecían. Ahora cambiado y seguro de si mismo tomaría por asalto la explanada arenisca, su tiempo había llegado.
Después de comprar un trago colorado y quitarse su camisa, empezó a caminar por aquellos pasos que ya había marcado, el cuchicheo de la gente no se hizo esperar al ver a aquel transformado humano avanzar. Con una sonrisa esmeralda y una pose de garzón saludaba a todos por doquier quienes asombrados le miraban convencidos.
Su juego estaba definido y con una gracia nunca antes vista en aquel muy plano lugar, se dispuso a invitar a cenar por separado a todas las damas que otrora habían hecho mofa de sus peculiaridades, con gestos y ademanes impensables, frases inventadas y horror acumulado se entregó a la visión de un futuro no lejano en el cual su mar estaría lleno de buques que lo surcarían sin cesar.
En su libretita roja anotaba con afán todas sus conquistas cargadas de alquitrán, cierto y seguro estaba el cielo de no ser defecado pero Astor andaba muy confiado. En su casa se bañaba y acicalaba soñando con la grandeza de su monumental hallazgo, una dieta, sin comer y las damicelas ataviadas a su merced, que facilidad, que tranquilidad, es solo cuestión de esperar.
Con su pinta de velero y sus ganas muy formadas caminaba sonriente hacia el lugar de la emboscada. No podía imaginar que después de tanto planear y planear algo se pudiera estropear. Aquel Astor iracundo y deseoso de ganar en aquel juego mundano que los humanos llaman amar. Sentado en su trono y esperando muy tranquilo, se tomaba ya impaciente su quinta copa de vino, no podía estar pasando ni en sueño escabroso, la realidad es inevitable aún para un Astor muy goloso.
Sin darse cuenta aquel galán de verano, había extendido invitaciones muy variadas sin pensar ni un minuto que la venganza es muy salada. Ya de pronto y frente a sí se paraba una turba, una revuelta muy absurda de mujeres desencantadas, todas con una misma meta, y sin haber olvidado como Astor que somos lo que somos hasta el fin sin importar que intentemos engañar al destino pues no es solo otra cosa que aquello de donde vinimos. Astor muy triste comprendió que escapar de un engaño es igual que tratar de vencer a la cotidiano, a lo cotidiano de aquel igual verano.
Astor, era un hombre como otro cualquiera, y en aquella época tenía un plan maravilloso, infalible, bien pensado y acabado. Finalmente conseguiría su objetivo, las niñas serían de él, como solía decirse a si mismo mientras pasaba los largos días de invierno sin comer y haciendo abdominales, el nuevo Astor arrasaría, incansable e infinito.
Con su nuevo bañador y sus lentes de sol se dirigió a la playa que le había visto nacer, aquella en donde año tras año era el bastión de la burla, el payaso sin máscara, aquel lugar donde sus miedos florecían y las verdades padecían. Ahora cambiado y seguro de si mismo tomaría por asalto la explanada arenisca, su tiempo había llegado.
Después de comprar un trago colorado y quitarse su camisa, empezó a caminar por aquellos pasos que ya había marcado, el cuchicheo de la gente no se hizo esperar al ver a aquel transformado humano avanzar. Con una sonrisa esmeralda y una pose de garzón saludaba a todos por doquier quienes asombrados le miraban convencidos.
Su juego estaba definido y con una gracia nunca antes vista en aquel muy plano lugar, se dispuso a invitar a cenar por separado a todas las damas que otrora habían hecho mofa de sus peculiaridades, con gestos y ademanes impensables, frases inventadas y horror acumulado se entregó a la visión de un futuro no lejano en el cual su mar estaría lleno de buques que lo surcarían sin cesar.
En su libretita roja anotaba con afán todas sus conquistas cargadas de alquitrán, cierto y seguro estaba el cielo de no ser defecado pero Astor andaba muy confiado. En su casa se bañaba y acicalaba soñando con la grandeza de su monumental hallazgo, una dieta, sin comer y las damicelas ataviadas a su merced, que facilidad, que tranquilidad, es solo cuestión de esperar.
Con su pinta de velero y sus ganas muy formadas caminaba sonriente hacia el lugar de la emboscada. No podía imaginar que después de tanto planear y planear algo se pudiera estropear. Aquel Astor iracundo y deseoso de ganar en aquel juego mundano que los humanos llaman amar. Sentado en su trono y esperando muy tranquilo, se tomaba ya impaciente su quinta copa de vino, no podía estar pasando ni en sueño escabroso, la realidad es inevitable aún para un Astor muy goloso.
Sin darse cuenta aquel galán de verano, había extendido invitaciones muy variadas sin pensar ni un minuto que la venganza es muy salada. Ya de pronto y frente a sí se paraba una turba, una revuelta muy absurda de mujeres desencantadas, todas con una misma meta, y sin haber olvidado como Astor que somos lo que somos hasta el fin sin importar que intentemos engañar al destino pues no es solo otra cosa que aquello de donde vinimos. Astor muy triste comprendió que escapar de un engaño es igual que tratar de vencer a la cotidiano, a lo cotidiano de aquel igual verano.
Thursday, December 03, 2009
Magia
Sintió el aire en su cara, observó la ciudad y saltó. Percibió el pasar de las horas, los meses y años en donde esperó paciente por el momento preciso, se vió a si mismo envuelto en aquel mar de lejanos recuerdos.
Podía ver en el viento todos sus sueños perdidos, su propia imaginación lanzada a la victoria, el baile al cual perteneció pero nunca fue invitado. Su propia razón inalcanzable durmiendo en los laureles de un pasado mejor.
El cemento se acercaba placentero, se lleva y se va sin destino este cuento traicionero. Aún sumergido en la mágica idea del renacer su pensamiento buscaba un nuevo amanecer.
Al fondo del precipicio esperaban los autores, debatiendo como siempre en busca de definir los colores. Uno a uno reconoció como parte de aquel todo que él mismo no pidió, venimos solos y nos vamos solos pensó, su final definido es un mal bien sabido.
Finalmente despertó, de aquel sueño visionado, de este mundo arraigado y buscando la razón. Aún vistiendo el sentido y unido al andar, se paró como todos los días y a su vida se lanzó a caminar.
Como magia, y sonrió.
Podía ver en el viento todos sus sueños perdidos, su propia imaginación lanzada a la victoria, el baile al cual perteneció pero nunca fue invitado. Su propia razón inalcanzable durmiendo en los laureles de un pasado mejor.
El cemento se acercaba placentero, se lleva y se va sin destino este cuento traicionero. Aún sumergido en la mágica idea del renacer su pensamiento buscaba un nuevo amanecer.
Al fondo del precipicio esperaban los autores, debatiendo como siempre en busca de definir los colores. Uno a uno reconoció como parte de aquel todo que él mismo no pidió, venimos solos y nos vamos solos pensó, su final definido es un mal bien sabido.
Finalmente despertó, de aquel sueño visionado, de este mundo arraigado y buscando la razón. Aún vistiendo el sentido y unido al andar, se paró como todos los días y a su vida se lanzó a caminar.
Como magia, y sonrió.
Friday, January 30, 2009
Suicidio
Hay cuentos de cuentos, eso escuché decir, pero en realidad cada uno de ellos tiene un aroma distinto que si bien nos resulta interesante o no lo hace único para ciertas personas, lo cataliza para si.
Pietro Castelgandolfi se levantó aquella mañana decidido. Se puso en pie y caminó hacia el cuarto de baño en donde mientras se cepillaba los dientes se miraba al espejo dándose cuenta que seguía allí como todos los años, que la vida pasaba sin querer o queriendo, que nos vamos deshaciendo con el sutil y tierno olor del viento. Se repetía un mantra extraño, casi sacado de un libro de niños, sus venas brotaban infladas de glóbulos rojos y parecían querer estallar, sus ojos, llenos de la esperanza propia de la infelicidad parpadeaban al ritmo del cepillo de dientes, aún el sonido del chorro del agua le recordaba en algo su razón.
Sacó un cuaderno viejo del escritorio que bordeaba su cama, leyó concentrado por un rato todas aquellas letras que decían todo pero que significaban nada, letras trazadas entre el bien y el mal, entre la cordura y la locura. La adrenalina corría por su cuerpo desde aquel día, no había forma de detenerla, ya era tarde para todo. Tomó un bolígrafo e hizo unas anotaciones, parecían ser el toque final de la obra maestra, un plan perfecto y sin equivocaciones, una sonrisa forzada se esbozó en su rostro al momento que la tinta dejó de rozar el papel.
Del closet tomó aquel traje hecho a la medida, de la mas fina tela italiana, su madre se lo había regalado hacía años atrás pero nunca había sido estrenado. Con sutileza lo colocó en la cama mientras se ponía las medias y un guardacamisa, se echaba colonia de a ratos y con recelo trataba de decidir que corbata usar. Los zapatos recién pulidos esperaban ansiosos a ser calzados, su brillo resplandecía con el sol de la mañana, su suela resbaladiza era muestra de su poco tiempo de uso, la perfección del momento era digna de un reloj suizo.
Encendió el vehículo y mientras dejaba que el frío motor tomara su curso limpió con recelo la tapicería de aquel lujoso modelo. Revisó cada centímetro para cerciorarse que la limpieza fuera total, ni una migaja de pan en las alfombras, ni un rastro de algún desliz anterior. Se seguía echando colonia para mantener un olor constante y eterno, con un pañito caliente limpiaba el volante y la palanca de cambios, no cabía duda que los errores no se permitían aquel día.
En la floristería recogió el encargo hecho la noche anterior, no sin antes cerciorarse que todo estuviese preparado a la medida del momento. Conversó por un largo rato con el vendedor, relató de manera precisa cada movimiento que lo había llevado a ese preciso instante. Fueron largas noches de esperanza, sueños infinitos, motivos de acero, lágrimas derramadas, sonrisas y carcajadas, cientos de horas de pensamientos centrados, lo mismo repetido, elevado a la máxima potencia, sin dudar por un momento de la perfección de todo aquello.
En el lobby del edificio se repetía uno a uno los pasos a seguir, con tanto cálculo no hay forma de fallar, entre pensar y pensar se nos va la vida y la dejamos pasar. Repasaba con el vigilante quien ya era parte de toda la historia cada detalle de aquel maravilloso devenir, un principio y un final, un comienzo un terminar, una razón para seguir, sin dejar nada adentro y vivir al cien por ciento. Su corazón latía fuertemente, con ganas de salirse del pecho, es solo esta vida un trecho en donde andamos en un camino, siempre destino o no volvemos por donde vinimos.
En su oficina ultimó algunos asuntos y ordenó todo lo que le rodeaba. Hizo algunas llamadas telefónicas y respondió otros tantos correos electrónicos. Mirándose a un espejo que le había pedido prestado a su secretaria se peinaba meticulosamente. Se paró y fue al baño en donde se limpió la cara de nuevo y se puso mas colonia. Arregló con cuidado su corbata y se sacudió el polvo del saco, repitiendo su mantra de nuevo regresó a su oficina en donde miró por la ventana el azul del cielo, observó por última vez aquel lugar de recuerdos.
Debajo del escritorio encontró el ramo de flores, de la gaveta sacó el anillo y se encaminó.
- “Te quiero” gritó a los cuatro vientos!, “siempre te amaré Cristina.”
- “Salte de aquí o llamo a la policía”……
Pietro Castelgandolfi se levantó aquella mañana decidido. Se puso en pie y caminó hacia el cuarto de baño en donde mientras se cepillaba los dientes se miraba al espejo dándose cuenta que seguía allí como todos los años, que la vida pasaba sin querer o queriendo, que nos vamos deshaciendo con el sutil y tierno olor del viento. Se repetía un mantra extraño, casi sacado de un libro de niños, sus venas brotaban infladas de glóbulos rojos y parecían querer estallar, sus ojos, llenos de la esperanza propia de la infelicidad parpadeaban al ritmo del cepillo de dientes, aún el sonido del chorro del agua le recordaba en algo su razón.
Sacó un cuaderno viejo del escritorio que bordeaba su cama, leyó concentrado por un rato todas aquellas letras que decían todo pero que significaban nada, letras trazadas entre el bien y el mal, entre la cordura y la locura. La adrenalina corría por su cuerpo desde aquel día, no había forma de detenerla, ya era tarde para todo. Tomó un bolígrafo e hizo unas anotaciones, parecían ser el toque final de la obra maestra, un plan perfecto y sin equivocaciones, una sonrisa forzada se esbozó en su rostro al momento que la tinta dejó de rozar el papel.
Del closet tomó aquel traje hecho a la medida, de la mas fina tela italiana, su madre se lo había regalado hacía años atrás pero nunca había sido estrenado. Con sutileza lo colocó en la cama mientras se ponía las medias y un guardacamisa, se echaba colonia de a ratos y con recelo trataba de decidir que corbata usar. Los zapatos recién pulidos esperaban ansiosos a ser calzados, su brillo resplandecía con el sol de la mañana, su suela resbaladiza era muestra de su poco tiempo de uso, la perfección del momento era digna de un reloj suizo.
Encendió el vehículo y mientras dejaba que el frío motor tomara su curso limpió con recelo la tapicería de aquel lujoso modelo. Revisó cada centímetro para cerciorarse que la limpieza fuera total, ni una migaja de pan en las alfombras, ni un rastro de algún desliz anterior. Se seguía echando colonia para mantener un olor constante y eterno, con un pañito caliente limpiaba el volante y la palanca de cambios, no cabía duda que los errores no se permitían aquel día.
En la floristería recogió el encargo hecho la noche anterior, no sin antes cerciorarse que todo estuviese preparado a la medida del momento. Conversó por un largo rato con el vendedor, relató de manera precisa cada movimiento que lo había llevado a ese preciso instante. Fueron largas noches de esperanza, sueños infinitos, motivos de acero, lágrimas derramadas, sonrisas y carcajadas, cientos de horas de pensamientos centrados, lo mismo repetido, elevado a la máxima potencia, sin dudar por un momento de la perfección de todo aquello.
En el lobby del edificio se repetía uno a uno los pasos a seguir, con tanto cálculo no hay forma de fallar, entre pensar y pensar se nos va la vida y la dejamos pasar. Repasaba con el vigilante quien ya era parte de toda la historia cada detalle de aquel maravilloso devenir, un principio y un final, un comienzo un terminar, una razón para seguir, sin dejar nada adentro y vivir al cien por ciento. Su corazón latía fuertemente, con ganas de salirse del pecho, es solo esta vida un trecho en donde andamos en un camino, siempre destino o no volvemos por donde vinimos.
En su oficina ultimó algunos asuntos y ordenó todo lo que le rodeaba. Hizo algunas llamadas telefónicas y respondió otros tantos correos electrónicos. Mirándose a un espejo que le había pedido prestado a su secretaria se peinaba meticulosamente. Se paró y fue al baño en donde se limpió la cara de nuevo y se puso mas colonia. Arregló con cuidado su corbata y se sacudió el polvo del saco, repitiendo su mantra de nuevo regresó a su oficina en donde miró por la ventana el azul del cielo, observó por última vez aquel lugar de recuerdos.
Debajo del escritorio encontró el ramo de flores, de la gaveta sacó el anillo y se encaminó.
- “Te quiero” gritó a los cuatro vientos!, “siempre te amaré Cristina.”
- “Salte de aquí o llamo a la policía”……
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