En uno de esos días monótonos decidí abrir un cajón en donde guardaba recuerdos. Confieso que llevaba más de diez años sin abrirle, quizás por temor a encontrar ciertos olores que me trasladaran a tiempos pasados, tiempos de grandes hazañas, tiempos dorados. Hay golpes físicos, que sanan en la medida de su gravedad, hay otros etéreos que no tienen solución, se aprende a vivir con ellos o se sufre de por vida. Dentro del baúl, y como suele suceder en ese tipo de almacenes personales, había un sin fin de elementos variados que recolecté a lo largo del tiempo, de un tiempo que no existe pero que hace mella en nuestras almas, que nos recuerda con su pasar silente que no somos infinitos, más bien que simplemente somos un pedacito.
Me armé de valor, lo pensé nuevamente, di vueltas en círculo en mi desordenado cubículo, volví a tomar fuerzas y lo abrí. Hay sensaciones que no se pueden describir, pues no pertenecen al manual de sentires humanos, no las ha descubierto nadie, y de haber sido destapadas pues cada una lleva un sabor distinto pues así somos, diferentes, lo que para mi es verde o huele jazmín, para el otro puede ser azul y oler a rosas. Pero no es tan simple, quizás trato de poner en idioma humano aquello que solo entienden las almas, y si lo humanos tenemos almas por qué no las entendemos?, creo se nos olvida que somos más que carne y hueso, nos llenamos del exterior cuando la realidad es que valemos dentro.
Supuse que mi mente iba a volar con una rapidez inigualable, de hecho lo hizo, soy así, libre y sin ataduras, soy un superhéroe más. No quise hurgar mucho, al frente mío estaba un viejo libro, uno que me presentaron como obsequio en una de mis tantas batallas libradas, su vieja y empolvada carátula pedía a gritos limpieza, sus hojas desgastadas por la vida se llenaban de sabiduría con el pasar de un segundo. Tomo el libro en mis manos y lo desempolvo, cierro el cajón, he encontrado lo que he venido a buscar, me pongo cómodo en mi gastada silla de madera, sonrío pues me acuerdo de aquellos días, un sorbo de Coca-Cola me pasa frío, abro la primera página, allí una dedicatoria simple, "para mi amigo Policarpio, sueña!, Nabor Semprún".
Nabor murió hace unos años atrás, la noticia me llegó en una carta sucia y remojada, es la cadena a que estamos atados, nunca posible de librar, es el precio que tenemos que pagar por existir en este lugar. Eso me hace revivir dolores extraños, con delicadeza pongo el libro a un lado, suena el teléfono, es una amiga, una de esas que ve que su vida se escapa y no llega su príncipe azul, ese día no tengo paciencia, le recuerdo que no llevo capa ni tengo un caballo blanco, su insistencia me fastidia, pero eso lo guardo para mi, el herir no es caballeroso, menos a una dama, me marea con sus cotidianeidades, yo le sigo la corriente, finalmente me dice que tiene una fiesta esa noche, no desea ir sola, es mal visto en sociedad, según sus palabras, lo pide como un favor, ella sabe que los favores son mi fuerte, se aprovecha y acepto.
Antes de salir de la casa, meto el libro de Nabor en mi bolsillo, en mi carro con Alerón a mi lado me paseo por Caracas, dando tiempo a que mi amiga se acicale. Llego a su casa, debo entrar, saludar a sus padres quienes insisten en frente de ella que yo soy el hombre ideal, me da pena por mi amiga, para demostrar que no soy tan ideal me meto el dedo en la nariz, la jurungo hasta el fondo. Los padres de mi amiga se retuercen de la risa, para ellos hasta mi manera de sacarme los mocos es ideal, no entiendo si es que se quieren liberar de ella, o simplemente que temen que la sociedad les pregunte por su hija solterona, solterona a los treinta años, que absurdo ese concepto. Melissa, así se llama mi amiga, aparece radiante, ella hace lo posible por captar mi atención, varias veces le he dicho que yo claramente no soy la opción.
Me cuesta un trabajo terrible convencer a Alerón que se mueva a la parte de atrás del carro, este perro es testarudo, finalmente lo convenzo y paseo por Caracas, con princesa a mi lado, y un perro alborotado, llego al sitio de la fiesta, me estaciono y nos bajamos. Alerón le ha soltado el moño a Melissa, ella quiere asesinar a mi perro, ahora es ella quien no quiere entrar a la fiesta, pero su cabello se ve mejor todo suelto, la convenzo de que es así, ella cree en mi persona, finalmente entramos. Una recepción como cualquier otra, llena de opulencia y superficialidades, yo pongo cara de idiota y sonrío por doquier, me confundo entre la gente, me mimetizo, mantengo el contacto con la mirada de Melissa, ella necesita saber que estoy ahí, de pronto me aburro, una vieja habla de sus cirugías plásticas, otro de sus acciones en la bolsa, carros nuevos y viajes, me disculpo vuelvo a mirar a mi amiga, ella sonríe, de un brinco me meto detrás del bar, de allí me voy a la mesa más alejada, me escondo bajo de ella, me suelto la corbata, y saco el libro de Nabor.
Comienzo a leer, el capítulo número cinco, es el que más me gusta, esta historia no la viví pero quisiera compartirla. Paso las dos primeras páginas del capítulo, es que me las se de memoria, llego al punto que quiero leer, me concentro, ya no escucho la música, las voces se diluyen con las letras del viejo libro. Melissa debe estar buscándome por todos lados, confieso disfrutar su desesperación, no es maldad, es simplemente que ella como muchos no ha aprendido a valerse por si sola, no confía en sus capacidades, se menosprecia sin saberlo. Vuelvo a poner mi atención en el libro, Melissa puede esperar, que baile, o hable de modas o cualquier cosa, yo fijo la mirada en esas letras borrosas y me traslado.
"Eran días como todos, la humanidad no había cambiado, se debatían entre la realidad y lo esperado, siempre buscando ese punto anhelado en donde la paz y la tranquilidad reinaran desde tiempos pasados. El futuro se veía algo incierto, es esa habilidad que tenemos para preocuparnos por el mañana sin saber siquiera que va a pasar hoy, dudas inmensas invaden nuestros seres, y no sabemos por donde comenzar, créanme es difícil dar un paso si estamos mirando donde vamos a dar los otros diez que nos faltan. Un joven entró a la tienda, llevaba una pequeña bolsa azul, de terciopelo, con una cinta dorada amarrada en su punta. Me la entregó y la clasifiqué de inmediato, me muevo hacia la caja registradora y saco unas monedas, se las entrego, en su cara se ve la decepción del momento, yo solo hago mi trabajo."
"Si tan solo creyéramos un poco más en nosotros pues nos sería más fácil creer en los demás, es solo que nos enseñan a tener miedo desde pequeños, en pocos años somos una enredadera de de temores que nos limitan por doquier. Algunos los superan, otros viven inmersos en ellos a lo largo de su existencia, los arrastran y los siembran, los distribuyen a la entera raza humana, nos discapacitamos a diario, frenamos ante cualquier situación que no hemos enfrentado, nos escondemos, en una madriguera sin salida, en la oscuridad, los rayos del sol se vuelven el enemigo, no crecemos, no seguimos, sin lugar a dudas nos volvemos mezquinos."
"Tocó la puerta, era un señor de avanzada edad, en su mano, una bolsita, de tul roja, con un lazo plateado, sonrío y la entregó. Miró la vitrina, con cautela sopesó su decisión, evaluó, y pidió una pequeña bolsita de color naranja. En la balanza coloqué las dos bolsitas, la naranja era más pesada, el anciano sacó de su bolsillo otra pequeña bolsa color turquesa, la colocó en la balanza y todo se equilibró, tomó su bolsita color naranja y se despidió. Aquel hombre llevaba tristeza en sus ojos, el cambio era algo necesario, o quizás producto del cansancio que determina el existir. De inmediato entró un niño, llevaba una bolsa grande de color marrón, parecía de cuero, pero no lo era, apenas llegaba al mostrador, se elevó en sus talones, y colocó la bolsa en el vidrio, señaló una bolsa felpuda, de tamaño normal, igualmente colocó unas monedas sobre el vidrio, le entregué la bolsa felpuda, tomé la bolsa entregada por el infante y me retiré a tomar mi almuerzo".
"Están en todos lados, no distingue de edades, todos los llevamos, se convierten en parte integral de nuestro ser. Si solo tuviéramos el necesario valor para sacarles de su envoltura, si solo pudiéramos imaginarles por segundos, tan solo unos segundos, les haríamos nacer, quizás hasta crecer. Hay quienes los viven, hay quienes los lloran, hay otros que los guardan, los atesoran, los coartan, los alaban, los molestan, los describen, los pintan, los escriben, los comparten, pero viven en un mundo paralelo, muy tranquilos, sopesados, sin dueño real, ni título que entregar, pero por sobre todo nunca mueren."
"Caminó aburrido, arrastrando sus pies, con la mirada abajo, sus ropas no eran claras, sus mejillas algo mojadas. Se detuvo al cruzar la puerta, parecía meditando, observaba a todos lados, aceptó su condena y se dirigió al mostrador. De su bolsillo sacó una pequeña y artesanal bolsita, con dibujos estampados, la miró, la levantó en su mano, le dio un último adiós, me la entregó, la coloqué en la balanza y la misma se hundió, saqué una cuenta rápida y no supe que hacer, le ofrecí toda la tienda, todas las bolsitas y las monedas allí encontradas. El hombre con mirada fuerte levantó su mano en señal que no deseaba nada a cambio, se volteó y desapareció".
"Ser el director de una tienda de empeño de sueños no es tarea fácil, la gente entra y sale, desean que sus sueños sean pagados por cuanto valen, a veces protestan, a veces se alegran, es un riesgo que toman, yo simplemente soy el instrumento entre el mundo de los sueños y la realidad, nada más que eso, otras personas se llevan tus sueños y los viven por ti, perdón los viven por ellos, el tuyo lo dejaste aquí, en mi tienda, en la tienda de todos, lo perdiste, y es posible que al volver ya no se encuentre, son decisiones que se toman, que marcan nuestro andar, yo vuelvo y repito, solo sirvo mi misión, yo no doy, yo no quito, solo entrego y recibo, soy un simple peón de la mente humana, un intermediario de la razón."
Cierro el libro, y es entonces cuando recuerdo como murió Nabor, aquel hombre de mirada fuerte le asesinó, al ver su sueño hecho realidad, pero en carne de otros. Aquel individuo entregó aquel día su anhelo, el deseo de vender al mundo, al planeta, con humanos, con el bien y con el mal, con tristezas y alegrías, con desastres y logros. Otro compró ese sueño, más bien quizás simplemente lo cambió, o lo robó, eso nunca se sabrá pues Nabor no está para contarlo. Salgo de abajo de la mesa, la fiesta sigue en pleno esplendor, doy unas vueltas, vuelto a establecer contacto con los ojos de Melissa, no ha notado mi ausencia, me sonríe, me le acerco y le pregunto "oye Meli cual es tu sueño?, ella me mira extrañada, mi pregunta no tiene sentido, ni bases, ni motivos, ni está hecha en el momento adecuado, en el lugar equivocado, ella no sabe que decir, ella como otros ha dejado sus sueños en una casa de empeño de sueños y por eso no los puede realizar, son de otros y ella los anhela, es que no se ha dado cuenta que les ha dejado ir, que en una bolsita los metió y los dio en adopción.
Me sonrío, Melissa hace lo mismo, ella cree que su sueño está parado frente a ella, me retiro y me voy, no soy sueño, no soy nada, soy uno más, con defectos y virtudes. Salgo de la fiesta y me meto la mano en el bolsillo, allí llevo una pequeña bolsita de fieltro verde, la saco, la miro, me vuelvo a reír, Alerón ladra desde el carro, y me vuelvo a repetir, es que nunca he dejado de soñar, y el mío ahí guardado espera por su tiempo, por su hora, por su día, muy tranquilo y paciente, es solo cuestión de que yo esté presente…
Friday, February 03, 2006
Monday, January 30, 2006
Siempre
Siempre estoy allí de alguna u otra forma, hay cosas que no vemos pero sentimos, hay otras que vemos y no las sentimos. No se puede juzgar sin aprender a entender, no podremos descansar sino sabemos soñar. Hay juegos con reglas, otros sin ellas, algunos regidos por árbitros corrompidos otros balanceados como la espada de la justicia. El sol a veces brilla, a veces lo tapan las nubes, ahí permanece, salvo cuando se va a dormir, a dormir en nuestros ojos cerrados, pero a calentar en otros estados. La simpleza y complejidad de las manos, lo olvidamos siempre, un arma letal o una suave caricia, las llevamos pero no nos maravillamos de su excelsa perfección.
Al llover nos mojamos, salvo que estemos bajo techo, se dice muy fácil pero encontrar refugio en días lluviosos puede ser laborioso. Si cuentas tus pasos te llaman pichirre si en cambio no piensas en ello te acusarán de despistado. Hay reyes sin trono, hay otros lujosos, hay mendigos capaces y otros fugaces. El blanco traspasa, el negro detiene, o es simplemente acaso que su mezcla confunde. Hay días de días, noches de noches, pero entonces donde guardamos aquellos que nos dan en la torre?, sin duda es un cuento, un dulce cantar, lloramos, reímos y nos vemos pasar, verdades y mentiras nos llenan nuestras vidas, equilibran el arte, comparten lo que algunos le llaman desastre, existir es difícil, vivir es un sueño y por más grandes que nos sintamos siempre seremos pequeños.
Como combates aquello que tus ojos no pueden mirar, y no hablo de dolores internos a causa de fallos en el juego macabro, más bien me refiero a seres traslúcidos que atrapan sin tocar, que pululan sin cesar, que buscan y buscan razones constantes para escapar de su agonía martirizante. Mi vida estaba calmada, encontrar una ruta no es fácil pero llega, según recuerdo el mal no se estaba canalizando en su forma habitual, los humanos habían aprendido a respetarse un poco más, miento, es una idea que quise creer, simplemente cansados y hastiados de tantos desengaños, la raza planetaria estaba en tregua. Mis días pasaban sin tocarme, serenos, pausados, sin emociones grandes o desilusiones tremendas, nos cansamos de la estabilidad pero detestamos los tiempos movidos, inconformes?, eso creo, así somos.
Salí a la hora de almuerzo y no regresé, al trabajo quiero decir. Me paseé por las sucias calles y avenidas de la ciudad, algo me decía que la calma reinante tenía un causante, pensé como siempre en muchos caminos, en tantos destinos posibles de hallar. Cuando me siento algo solo me siento en un parque, en el cual juegan los niños, pequeños por demás está decir, los miro correr, gritar y saltar, ellos todavía no conocen la palabra libertad. No puedo evitarlo, me pongo a jugar, sus madres adultas no entienden mi actuar, me miran recelosas, pero se acostumbran y optan por no mirar, un guardián desconocido los ha venido a visitar. Me encontraba jugando, cuando vi a esta niñita, flaquita y con lentes, parada solita.
Dejé de brincar y me le acerqué, llevaba una bomba color rojo amarrada a su muñeca, en su otro brazo una muñeca desteñida. "Donde está tu mamá?, pregunté, la pequeña señaló hacia un espacio vacío entre los frondosos árboles del parque. No pude ver a nadie y pensé que la infante solo jugaba conmigo, "y por qué no juegas con los otros niñitos? le dije, "es que mi mamá no me deja" contestó, "pero donde está tu madre?, volví a preguntar, "ya le dije señor, allá" y señaló nuevamente al espacio vacío. "Y tu mami sabes que estás aquí?, "si señor, ella siempre está conmigo". Confieso que quedé desconcertado, pero yo trato de seguir el juego de los niños, yo de pequeño me molestaba cuando los adultos me hacían preguntas tontas a mis historias imaginarias, es que los adultos no saben de eso, nunca sabrán.
Señalando hacia el espacio vacío en donde la pequeña insistía que su mamá se encontraba, le dije "ahí no?, allí está tu mamá". La pequeña asintió con la cabeza, la tomé de la mano y caminé hacia donde las otras madres se encontraban sentadas, les pregunté si conocían a la infante o a su madre en su defecto, todas negaron con la cabeza. "Donde vives tu? le pregunté a la niñita, "en mi casa" respondió, "por supuesto donde más" me dije a mi mismo, a veces, solo a veces mi mente se vuelve adulta y pregunto estupideces. Caminamos hacia donde la pequeña insistía se encontraba su madre, un espacio abierto, sin nada, grama y unos árboles, yo la verdad es que no veía nada.
La pequeña levantaba su mano en donde llevaba el globo y me decía que su madre le estaba sosteniendo la misma, aquí reconozco que mi lógica fue desafiada y ya no supe que decir. "Mi mami dice que tu eres un ser bueno, con alma limpia y que debes ayudarme", "ayudarte?" contesté, "si, si, por favor no me dejes sola, mi mami te lo pide". En ese momento comencé a asustarme, no entendía de que se trataba todo aquello, "pero ayudarte a que?" repetí, la niñita se arregló sus lentes, me tomó de la mano y me dijo "sígueme, ya verás". Atravesamos el parque entero, yo y una niña de 4 años, guiado por una infante, unas calles más allá y unos minutos más confundido estaba yo parado al frente de una casa muy vieja, con rasgos de mansión embrujada y una cruz roja en el centro del portón.
"Aquí es" dijo la niña, yo ya me estaba limitando a no preguntar más. Entramos al lugar y pude constatar que se trataba de la escuela de enfermería "José Leocadio Barreto", en el escritorio de información nos recibió una dama muy amable quien al ver a la pequeña se levantó y dijo "hola María Isabel, que haces aquí mi amor?, tu papi está ocupado, y quien es este señor?. La niña le dijo "hola Antonia, no vine a ver a mi papi, mi mami me dijo que le dijera a este señor que me ayudara". La señora no respondió, me miró y me dijo "quien es usted?, que hace con la niña?, "mire señora", le respondí "yo estaba de lo más feliz jugando en el parque y ella me jaló de la mano", al terminar la frase me di cuenta que la cara de la mujer estaba aún más dura, un viejo como yo jugando en el parque?, eso no sonaba coherente. La mujer me dijo, "mire, deje a la niña acá y váyase por favor".
Me volteé y caminé hacia la puerta, los gritos de la niña que insistía en que su madre le pedía que la ayudara retumbaban en el siniestro lugar. Afuera los rayos del sol me encandilaron, me subí al metro y me enrumbé hacia mi casa, sentado allí viendo las caras de las personas mi mente volaba a otros mundos, cada cara una expresión, un mundo dentro de si, un cúmulo de deseos y anhelos, que de por si nunca se cumplirían, pero de eso se trata, de ir y venir, de ver y no ver, de andar sin saber. Sentado en la cocina de mi casa me comía un helado con mi padre, "Alerón" mi perro, estaba sentado al otro lado y también comía helado, no recuerdo de que conversábamos, solo que no podía olvidar los gritos de la niña, mi papá hablaba sin parar, como siempre hace, yo le escuchaba a lo lejos, creo que "Alerón" le hacía más caso, finalmente me paré de la silla y me fui al cuarto, a descansar.
Anocheció, hacía frío eso recuerdo, salí de mi casa supuestamente para ir al cine con una amiga, nunca llegué, la dejé plantada, ella era bonita así que otro conseguiría, mi presencia no era requerida. Estacioné mi carro al frente de la escuela de enfermería, me bajé y vi sus puertas cerradas. El vigilante me vio husmeando y se acercó, "que desea señor?," me dijo, "disculpe amigo, pero estoy perdido, yo no soy de acá y me dijeron que por aquí había un lugar donde me puede atender un médico", el vigilante me contestó "a claro, se siente mal?, fíjese aquí en la escuela de enfermería funciona el ambulatorio, en donde hay una emergencia y las enfermeras así practican". El hombre abrió la reja y me hizo pasar, "que tiene compadre?" me preguntó, yo le dije "dolor de barriga, pero muy fuerte", "adelante pues, ojalá y se le quite" me dijo el guardián.
Caminé por unos pasillos oscuros y tenebrosos, finalmente pude ver una luz en lo que parecía el final del corredor, me acerqué y escuché ruidos, sonidos de esos del juego macabro, con cuidado pude ver al doctor y a una enfermera en plena faena, yo para joder, abrí la puerta de golpe y me tiré al piso diciendo que me iba a reventar la barriga. En el piso y con los dos tórtolos desnudos y apenados no podía contener la risa, el médico se puso su bata y la enfermera hizo lo propio, se acercaron a mi y dijeron "que le pasa señor?, disculpe de verdad, es que no esperábamos a nadie en estas fechas". Yo seguía fingiendo mi dolor de barriga, cada vez gritaba más y me echaba gases olorosos para confundir, el médico me ayudó a levantarme y me acostó en una camilla, "hay que hacerle exámenes" me dijo, "mire ya creo que me siento mejor" le contesté, deme unas pastillas para el estómago y esperemos un rato, el médico algo extrañado me entregó las pastillas y se sentó en su silla, en donde nuevamente se excusó por el espectáculo que había presenciado.
Me dieron de alta, y en vez de salir por la puerta me escondí en un closet donde guardaban implementos de limpieza. Al día siguiente y vestido con braga de obrero y una escoba en la mano caminaba por la escuela de enfermería. Debo reconocer que no veía nada raro, nada fuera de lo común, estudiantes, algunos doctores, enfermeras, pacientes, aulas de estudio y la biblioteca. Entré a la biblioteca y me senté a leer un libro de anatomía humana, sigilosamente me escondí entre las paredes de libros, finalmente encontré algo que me hizo estremecer, mis fibras se conmovieron, mi ritmo cardíaco se aceleró, en la pared guindada una foto en donde se veía a un grupo de enfermeras, entre ellas, una que cargaba a una niña, la misma pequeña del parque del día anterior.
Tomé el cuadro prestado y me escabullí por una puerta trasera, corrí al parque y para mi alivio la infante estaba allí parada, sola, quizás como hacía todos los días. Al verme sonrío, "mi mami dice que me tienes que ayudar" dijo cuando me acerqué, le mostré la fotografía y la niña no dijo nada, no hubo forma ni manera de hacerla hablar nuevamente. Volví a la escuela de enfermería en donde subí al último piso, el mismo estaba clausurado, o eso querían hacer ver, después de pasar unos escombros y caminar un pasillo muy sucio escuché voces en la lejanía, atrás de la puerta pude captar la conversación de unos médicos que airadamente discutían sobre algo que no podía identificar. Los dejé salir de la oficina y entré a la misma, en la misma había varios expedientes perfectamente ordenados, revisé uno por uno, parecían fichas con diagnósticos variados, solo uno me llamó la atención por encima de los otros, y la razón fue que estaba la foto de la enfermera que cargaba a la niña del parque, no había diagnóstico por ningún lado, unas notas escritas a mano, pero sin mucho sentido, al menos no para mi.
Miré hacia el techo, buscando respuestas, los bloques de anime, de un techo falso me llamaron la atención, me encaramé en una silla, quité los pedazos de anime y entré a una nueva dimensión. Un laboratorio impecable y perfectamente construido apareció ante mis ojos, lo que pude ver después me heló por completo, todos los pacientes que había visto sus expedientes en la oficina estaban acostados en sus camas, pálidos, quebradizos, ojos cerrados, almas distantes. Caminé sigiloso sin saber de que se trataba aquello, el ruido de la puerta me hizo tirarme al piso y esconderme debajo de una cama. Dos médicos paseaban y hablaban, se detuvieron en la cama en donde me encontraba, uno le dijo al otro "este no se ve bien", el otro le respondió "creo que esta medicina es un fracaso" y siguieron de largo.
De nuevo en pie y sin tener idea que pasaba caminé todo el lugar, solo una cama estaba vacía, me detuve nuevamente sobre cada paciente, ninguno parecía estar consciente, ya me iba cuando un viejito me agarró la mano, "sálveme mijo", me dijo, "yo entré aquí con un dolor de garganta y ahora tengo hepatitis, mono-nucleosis y pare usted de contar, esto es en contra de mi voluntad, ni me di cuenta, cuando desperté estaba aquí, esta gente está experimentando con nosotros". Se abrieron las puertas de mi entendimiento, probaban con humanos, los enfermaban adrede y luego trataban de curarlos con medicina experimental, profesionales de la medicina jugando a ser dioses, ángeles de la muerte laborando tras una bata blanca.
Ayudé al viejito a pararse de la cama, del otro lado vi unas escaleras que daban a un patio, bajé al viejo cargado y lo escondí tras una mata, "espéreme aquí, yo vuelvo por usted". Corrí a una tienda en donde me compré un traje, disfrazado me presenté como inspector del Ministerio de Sanidad, pedí hablar con el director del establecimiento, en pocos minutos estaba sentado frente al doctor Eugenio Parilli. Me dio un tour de las instalaciones, muy amable y educado, al llevarme al patio le dije si podíamos caminar para conversar ciertas cosas, lo llevé hasta el árbol donde había escondido al anciano, ahí al verlo, exclamé "que es esto?, que está pasando aquí?, el médico visiblemente nervioso, comenzó a tratar de dar explicaciones, el viejo al verle comenzó a respirar con dificultad, el doctor se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja, sin darse cuenta recibió un garbanzo en la frente, mi china es más rápida que una navaja, en el piso me le tiré encima y lo dejé fuera de combate, coloqué la navaja entre la tierra y su ojo, de manera que cuando despertara se enterrara la misma y sufriera por sus actos corruptos.
Adentro del hospital me dirigí a la sala de médicos, sin pensar pateé la puerta y comencé a disparar chinazos a diestra y a siniestra, algunos médicos huyeron, otros cayeron abatidos, la sorpresa los dejó sin muchas opciones, finalmente capturé al mismo médico que me había atendido la noche anterior, el galeno asustado pedía perdón y me preguntaba quien era yo, sin decirle nada me lo llevé hasta la biblioteca, lo paré frente a la foto donde aparecía la niñita, quien es esa?, el hombre llorando me respondió que era su hija, y la que la cargaba su madre y esposa de el, difunta esposa para ser más claros. El mismo se había encargado de matarla, cuando ella se negó a participar en los experimentos diabólicos, ella enfermó muy grave, se salió de control y había fallecido unas semanas antes. Afuera del sitio y con las autoridades pertinentes observaba como se llevaban detenidos a los médicos macabros, los pacientes eran trasladados a otras instituciones. Recogí al viejito en el jardín aprovechando la confusión y lo dejé en una ambulancia, el hombre visiblemente debilitado me agradeció, yo simplemente asentí con la cabeza y me despedí.
En el parque me comía un helado, con la niñita, "mi mami dice que muchas gracias, que ya puede descansar en paz". Reconozco que se me partió el alma al escuchar esas palabras, abracé a la infante quien me dijo "gracias señor, si mi mami está contenta yo también lo estoy". No tuve palabras para ese momento, solamente pude repetir para mi mismo mientras me alejaba "así como tu mami siempre ha estado allí, yo siempre estaré aquí"…
Al llover nos mojamos, salvo que estemos bajo techo, se dice muy fácil pero encontrar refugio en días lluviosos puede ser laborioso. Si cuentas tus pasos te llaman pichirre si en cambio no piensas en ello te acusarán de despistado. Hay reyes sin trono, hay otros lujosos, hay mendigos capaces y otros fugaces. El blanco traspasa, el negro detiene, o es simplemente acaso que su mezcla confunde. Hay días de días, noches de noches, pero entonces donde guardamos aquellos que nos dan en la torre?, sin duda es un cuento, un dulce cantar, lloramos, reímos y nos vemos pasar, verdades y mentiras nos llenan nuestras vidas, equilibran el arte, comparten lo que algunos le llaman desastre, existir es difícil, vivir es un sueño y por más grandes que nos sintamos siempre seremos pequeños.
Como combates aquello que tus ojos no pueden mirar, y no hablo de dolores internos a causa de fallos en el juego macabro, más bien me refiero a seres traslúcidos que atrapan sin tocar, que pululan sin cesar, que buscan y buscan razones constantes para escapar de su agonía martirizante. Mi vida estaba calmada, encontrar una ruta no es fácil pero llega, según recuerdo el mal no se estaba canalizando en su forma habitual, los humanos habían aprendido a respetarse un poco más, miento, es una idea que quise creer, simplemente cansados y hastiados de tantos desengaños, la raza planetaria estaba en tregua. Mis días pasaban sin tocarme, serenos, pausados, sin emociones grandes o desilusiones tremendas, nos cansamos de la estabilidad pero detestamos los tiempos movidos, inconformes?, eso creo, así somos.
Salí a la hora de almuerzo y no regresé, al trabajo quiero decir. Me paseé por las sucias calles y avenidas de la ciudad, algo me decía que la calma reinante tenía un causante, pensé como siempre en muchos caminos, en tantos destinos posibles de hallar. Cuando me siento algo solo me siento en un parque, en el cual juegan los niños, pequeños por demás está decir, los miro correr, gritar y saltar, ellos todavía no conocen la palabra libertad. No puedo evitarlo, me pongo a jugar, sus madres adultas no entienden mi actuar, me miran recelosas, pero se acostumbran y optan por no mirar, un guardián desconocido los ha venido a visitar. Me encontraba jugando, cuando vi a esta niñita, flaquita y con lentes, parada solita.
Dejé de brincar y me le acerqué, llevaba una bomba color rojo amarrada a su muñeca, en su otro brazo una muñeca desteñida. "Donde está tu mamá?, pregunté, la pequeña señaló hacia un espacio vacío entre los frondosos árboles del parque. No pude ver a nadie y pensé que la infante solo jugaba conmigo, "y por qué no juegas con los otros niñitos? le dije, "es que mi mamá no me deja" contestó, "pero donde está tu madre?, volví a preguntar, "ya le dije señor, allá" y señaló nuevamente al espacio vacío. "Y tu mami sabes que estás aquí?, "si señor, ella siempre está conmigo". Confieso que quedé desconcertado, pero yo trato de seguir el juego de los niños, yo de pequeño me molestaba cuando los adultos me hacían preguntas tontas a mis historias imaginarias, es que los adultos no saben de eso, nunca sabrán.
Señalando hacia el espacio vacío en donde la pequeña insistía que su mamá se encontraba, le dije "ahí no?, allí está tu mamá". La pequeña asintió con la cabeza, la tomé de la mano y caminé hacia donde las otras madres se encontraban sentadas, les pregunté si conocían a la infante o a su madre en su defecto, todas negaron con la cabeza. "Donde vives tu? le pregunté a la niñita, "en mi casa" respondió, "por supuesto donde más" me dije a mi mismo, a veces, solo a veces mi mente se vuelve adulta y pregunto estupideces. Caminamos hacia donde la pequeña insistía se encontraba su madre, un espacio abierto, sin nada, grama y unos árboles, yo la verdad es que no veía nada.
La pequeña levantaba su mano en donde llevaba el globo y me decía que su madre le estaba sosteniendo la misma, aquí reconozco que mi lógica fue desafiada y ya no supe que decir. "Mi mami dice que tu eres un ser bueno, con alma limpia y que debes ayudarme", "ayudarte?" contesté, "si, si, por favor no me dejes sola, mi mami te lo pide". En ese momento comencé a asustarme, no entendía de que se trataba todo aquello, "pero ayudarte a que?" repetí, la niñita se arregló sus lentes, me tomó de la mano y me dijo "sígueme, ya verás". Atravesamos el parque entero, yo y una niña de 4 años, guiado por una infante, unas calles más allá y unos minutos más confundido estaba yo parado al frente de una casa muy vieja, con rasgos de mansión embrujada y una cruz roja en el centro del portón.
"Aquí es" dijo la niña, yo ya me estaba limitando a no preguntar más. Entramos al lugar y pude constatar que se trataba de la escuela de enfermería "José Leocadio Barreto", en el escritorio de información nos recibió una dama muy amable quien al ver a la pequeña se levantó y dijo "hola María Isabel, que haces aquí mi amor?, tu papi está ocupado, y quien es este señor?. La niña le dijo "hola Antonia, no vine a ver a mi papi, mi mami me dijo que le dijera a este señor que me ayudara". La señora no respondió, me miró y me dijo "quien es usted?, que hace con la niña?, "mire señora", le respondí "yo estaba de lo más feliz jugando en el parque y ella me jaló de la mano", al terminar la frase me di cuenta que la cara de la mujer estaba aún más dura, un viejo como yo jugando en el parque?, eso no sonaba coherente. La mujer me dijo, "mire, deje a la niña acá y váyase por favor".
Me volteé y caminé hacia la puerta, los gritos de la niña que insistía en que su madre le pedía que la ayudara retumbaban en el siniestro lugar. Afuera los rayos del sol me encandilaron, me subí al metro y me enrumbé hacia mi casa, sentado allí viendo las caras de las personas mi mente volaba a otros mundos, cada cara una expresión, un mundo dentro de si, un cúmulo de deseos y anhelos, que de por si nunca se cumplirían, pero de eso se trata, de ir y venir, de ver y no ver, de andar sin saber. Sentado en la cocina de mi casa me comía un helado con mi padre, "Alerón" mi perro, estaba sentado al otro lado y también comía helado, no recuerdo de que conversábamos, solo que no podía olvidar los gritos de la niña, mi papá hablaba sin parar, como siempre hace, yo le escuchaba a lo lejos, creo que "Alerón" le hacía más caso, finalmente me paré de la silla y me fui al cuarto, a descansar.
Anocheció, hacía frío eso recuerdo, salí de mi casa supuestamente para ir al cine con una amiga, nunca llegué, la dejé plantada, ella era bonita así que otro conseguiría, mi presencia no era requerida. Estacioné mi carro al frente de la escuela de enfermería, me bajé y vi sus puertas cerradas. El vigilante me vio husmeando y se acercó, "que desea señor?," me dijo, "disculpe amigo, pero estoy perdido, yo no soy de acá y me dijeron que por aquí había un lugar donde me puede atender un médico", el vigilante me contestó "a claro, se siente mal?, fíjese aquí en la escuela de enfermería funciona el ambulatorio, en donde hay una emergencia y las enfermeras así practican". El hombre abrió la reja y me hizo pasar, "que tiene compadre?" me preguntó, yo le dije "dolor de barriga, pero muy fuerte", "adelante pues, ojalá y se le quite" me dijo el guardián.
Caminé por unos pasillos oscuros y tenebrosos, finalmente pude ver una luz en lo que parecía el final del corredor, me acerqué y escuché ruidos, sonidos de esos del juego macabro, con cuidado pude ver al doctor y a una enfermera en plena faena, yo para joder, abrí la puerta de golpe y me tiré al piso diciendo que me iba a reventar la barriga. En el piso y con los dos tórtolos desnudos y apenados no podía contener la risa, el médico se puso su bata y la enfermera hizo lo propio, se acercaron a mi y dijeron "que le pasa señor?, disculpe de verdad, es que no esperábamos a nadie en estas fechas". Yo seguía fingiendo mi dolor de barriga, cada vez gritaba más y me echaba gases olorosos para confundir, el médico me ayudó a levantarme y me acostó en una camilla, "hay que hacerle exámenes" me dijo, "mire ya creo que me siento mejor" le contesté, deme unas pastillas para el estómago y esperemos un rato, el médico algo extrañado me entregó las pastillas y se sentó en su silla, en donde nuevamente se excusó por el espectáculo que había presenciado.
Me dieron de alta, y en vez de salir por la puerta me escondí en un closet donde guardaban implementos de limpieza. Al día siguiente y vestido con braga de obrero y una escoba en la mano caminaba por la escuela de enfermería. Debo reconocer que no veía nada raro, nada fuera de lo común, estudiantes, algunos doctores, enfermeras, pacientes, aulas de estudio y la biblioteca. Entré a la biblioteca y me senté a leer un libro de anatomía humana, sigilosamente me escondí entre las paredes de libros, finalmente encontré algo que me hizo estremecer, mis fibras se conmovieron, mi ritmo cardíaco se aceleró, en la pared guindada una foto en donde se veía a un grupo de enfermeras, entre ellas, una que cargaba a una niña, la misma pequeña del parque del día anterior.
Tomé el cuadro prestado y me escabullí por una puerta trasera, corrí al parque y para mi alivio la infante estaba allí parada, sola, quizás como hacía todos los días. Al verme sonrío, "mi mami dice que me tienes que ayudar" dijo cuando me acerqué, le mostré la fotografía y la niña no dijo nada, no hubo forma ni manera de hacerla hablar nuevamente. Volví a la escuela de enfermería en donde subí al último piso, el mismo estaba clausurado, o eso querían hacer ver, después de pasar unos escombros y caminar un pasillo muy sucio escuché voces en la lejanía, atrás de la puerta pude captar la conversación de unos médicos que airadamente discutían sobre algo que no podía identificar. Los dejé salir de la oficina y entré a la misma, en la misma había varios expedientes perfectamente ordenados, revisé uno por uno, parecían fichas con diagnósticos variados, solo uno me llamó la atención por encima de los otros, y la razón fue que estaba la foto de la enfermera que cargaba a la niña del parque, no había diagnóstico por ningún lado, unas notas escritas a mano, pero sin mucho sentido, al menos no para mi.
Miré hacia el techo, buscando respuestas, los bloques de anime, de un techo falso me llamaron la atención, me encaramé en una silla, quité los pedazos de anime y entré a una nueva dimensión. Un laboratorio impecable y perfectamente construido apareció ante mis ojos, lo que pude ver después me heló por completo, todos los pacientes que había visto sus expedientes en la oficina estaban acostados en sus camas, pálidos, quebradizos, ojos cerrados, almas distantes. Caminé sigiloso sin saber de que se trataba aquello, el ruido de la puerta me hizo tirarme al piso y esconderme debajo de una cama. Dos médicos paseaban y hablaban, se detuvieron en la cama en donde me encontraba, uno le dijo al otro "este no se ve bien", el otro le respondió "creo que esta medicina es un fracaso" y siguieron de largo.
De nuevo en pie y sin tener idea que pasaba caminé todo el lugar, solo una cama estaba vacía, me detuve nuevamente sobre cada paciente, ninguno parecía estar consciente, ya me iba cuando un viejito me agarró la mano, "sálveme mijo", me dijo, "yo entré aquí con un dolor de garganta y ahora tengo hepatitis, mono-nucleosis y pare usted de contar, esto es en contra de mi voluntad, ni me di cuenta, cuando desperté estaba aquí, esta gente está experimentando con nosotros". Se abrieron las puertas de mi entendimiento, probaban con humanos, los enfermaban adrede y luego trataban de curarlos con medicina experimental, profesionales de la medicina jugando a ser dioses, ángeles de la muerte laborando tras una bata blanca.
Ayudé al viejito a pararse de la cama, del otro lado vi unas escaleras que daban a un patio, bajé al viejo cargado y lo escondí tras una mata, "espéreme aquí, yo vuelvo por usted". Corrí a una tienda en donde me compré un traje, disfrazado me presenté como inspector del Ministerio de Sanidad, pedí hablar con el director del establecimiento, en pocos minutos estaba sentado frente al doctor Eugenio Parilli. Me dio un tour de las instalaciones, muy amable y educado, al llevarme al patio le dije si podíamos caminar para conversar ciertas cosas, lo llevé hasta el árbol donde había escondido al anciano, ahí al verlo, exclamé "que es esto?, que está pasando aquí?, el médico visiblemente nervioso, comenzó a tratar de dar explicaciones, el viejo al verle comenzó a respirar con dificultad, el doctor se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja, sin darse cuenta recibió un garbanzo en la frente, mi china es más rápida que una navaja, en el piso me le tiré encima y lo dejé fuera de combate, coloqué la navaja entre la tierra y su ojo, de manera que cuando despertara se enterrara la misma y sufriera por sus actos corruptos.
Adentro del hospital me dirigí a la sala de médicos, sin pensar pateé la puerta y comencé a disparar chinazos a diestra y a siniestra, algunos médicos huyeron, otros cayeron abatidos, la sorpresa los dejó sin muchas opciones, finalmente capturé al mismo médico que me había atendido la noche anterior, el galeno asustado pedía perdón y me preguntaba quien era yo, sin decirle nada me lo llevé hasta la biblioteca, lo paré frente a la foto donde aparecía la niñita, quien es esa?, el hombre llorando me respondió que era su hija, y la que la cargaba su madre y esposa de el, difunta esposa para ser más claros. El mismo se había encargado de matarla, cuando ella se negó a participar en los experimentos diabólicos, ella enfermó muy grave, se salió de control y había fallecido unas semanas antes. Afuera del sitio y con las autoridades pertinentes observaba como se llevaban detenidos a los médicos macabros, los pacientes eran trasladados a otras instituciones. Recogí al viejito en el jardín aprovechando la confusión y lo dejé en una ambulancia, el hombre visiblemente debilitado me agradeció, yo simplemente asentí con la cabeza y me despedí.
En el parque me comía un helado, con la niñita, "mi mami dice que muchas gracias, que ya puede descansar en paz". Reconozco que se me partió el alma al escuchar esas palabras, abracé a la infante quien me dijo "gracias señor, si mi mami está contenta yo también lo estoy". No tuve palabras para ese momento, solamente pude repetir para mi mismo mientras me alejaba "así como tu mami siempre ha estado allí, yo siempre estaré aquí"…
Thursday, January 26, 2006
Me rompió el corazón
Me rompió el corazón, esa frase se la repetía Neblino Jiménez a diario, no solo se la repetía a si mismo, sino a todos los que le rodeaban. Segundos, minutos, horas y días giraban en torno al simple y macabro hecho que a Neblino le habían roto el corazón. Hay que verle la cara a llamarse Neblino y además tener que caminar por la vida con el corazón roto, un momento, que carajo es un corazón roto?. Si se te rompe el corazón pues te jodistes, te meten en una caja y tres metros bajo tierra, al menos eso pensaba yo antes de conocer a Neblino. Esos conceptos metafóricos amorosos nunca fueron de la mano conmigo, pero tengo la leve impresión que Neblino me probaría que a él le partieron su músculo bombeador de sangre por el medio y que nunca pero nunca regresaría de ese limbo adonde lo enviaron.
María Katerina, así se llamaba la causante de la aflicción de Neblino, debo reconocer que en mi despiste eterno tiendo a no fijarme en las cualidades físicas de las personas, por el contrario les veo más allá. Eso me permite establecer en mi mente quien puede ser buena gente o quien no, concepto básico, hasta un tanto idiota, pero que rige las bases de las relaciones humanas. Hay gente buena, hay gente mala, y si que los hay, en esto no existen medias tintas, o buenos o malos, pero nada de medio buenos y medio malos, o eres una mierda o eres buena gente. Me desvío, es que mi mente a veces flota, pero el hecho es que María Katerina era la piedra de tranca en el andar de Neblino, como puede una persona ser el eje de nuestra existencia, no lo se, esa pregunta no la puedo contestar, aunque trataré de aproximarme a una respuesta con la historia de Neblino, el hombre que me corroboró lo estúpidos que podemos ser en materia de sentimientos, o más bien en auto-sadomasoquismo infligido, el dolor no cuesta nada, de hecho ni siquiera lo venden, lo regalan, lo obsequia la vida.
Neblino era mi compañero de trabajo, María Katerina también, aunque en dos planos distintos. Neblino era un especie de alma en pena que pululaba por la oficina, brillante debo decir, pero alma en pena al fin. Por otro lado María Katerina brillaba cual estrella en el firmamento, yo insisto en pensar que ella juraba que estaba buena, ella decía que como se puede estar buena si mides medio metro, te sobra maleta, tienes manos feas y voz chillona. Deben haber sido sus ojos, de un color nunca antes visto, penetrantes sin lugar a dudas, hay miradas que matan, hay otras que dan risa, la de ella creo que llevaba a los humanos a fantasear, me excluyo, yo no pierdo tiempo en pendejadas, yo respiro porque mis pulmones se abren y se contraen solos, pero no me paro a ver ojos lindos ni esas mariqueras. Quizás fue su nariz, perfecta, digna de Hollywood, operada creo yo, natural decía ella. María Katerina era de esa gente que te saludaba si quería, sino estaba de buenas te ignoraba, cosa que a mi no me hace ni cosquillas, pues a las seis de la tarde ya ni me acordaba quien me había saludado o no. Para Neblino las cosas eran distintas, tenía un calendario donde anotaba como lo había tratado María Katerina cada día. El calendario era digno de estudio, detalles, horas, regalos que le había hecho, estados de ánimo y hasta una especie de tabla pitagórica en donde medía las oportunidades de hacer en algún momento a la damicela suya.
En materia de cruzadas amorosas, la gente busca aliados, confidentes, segunderos, lo que sea. Es una necesidad humana tener alguien a quien echarle el cuento de los avances o retrocesos. Ahora bien esa no es mi necesidad, si yo decido atacar lo hago sin usar aliados, voy solo a la guerra, gano o pierdo, no hago preguntas ni llevo cuentas en mi cabeza de que he dicho y que no, simplemente avanzo o me freno de acuerdo a las circunstancias. Neblino, mi buen amigo Neblino, el no era así, los nervios lo hacían presa, se le trababa la lengua, se metía en mi oficina para obtener consejos, cosa que es contraproducente desde cualquier punto de vista pues yo soy yo y él es él, es decir, lo que me resulta a mi no necesariamente le resultará a otro y viceversa. Pero Neblino insistía en que le diera luces para llegar al destino final, para ganar la carrera contra aquello que sentimos y no podemos explicar, contra ese hueco que se forma en el centro del esqueleto y que se infla o desinfla acorde al son que toque la otra persona, el enemigo, pues en eso se convierte, en un enemigo que hay que derrotar para que decida caminar siendo parte del azar, como uno más en nuestro andar.
Hay ciertos puntos dentro de esta historia que nunca logré determinar. Siempre pensé que María Katerina estuvo consciente todo el tiempo que a Neblino le gustaba ella. Ella siempre me dijo que nunca lo vió venir, que ella no tenía ni idea que realmente Neblino sintiera algo por ella más allá que una simple amistad laboral. Las cosas que uno tiene que escuchar, de verdad eso es lo que me hace sonreír a diario, las múltiples interpretaciones que los humanos dan a distintas situaciones, siempre poniéndolas a su merced, bajo su ala, a su conveniencia, nunca vemos que puede ser lo que los demás sientan o piensen, primero nosotros, después si hay tiempo, ellos.
Una parte, de hecho la que más disfruto, de las letanías del jueguito macabro este que pusieron en la Tierra para entretenernos, es cuando la gente empieza a hacer todo tipo de promesas con tal que se le de la movida. Entré a la oficina de Neblino y me encontré con veinte y cuatro velas prendidas a distintos santos, una estatua de Buda y varias estampitas religiosas pegadas al corcho en distintas posiciones. "Que coño es esto Neblino?, le pregunté, "Bueno hermanazo" me dijo "un poquito de ayuda celestial no viene mal, tu sabes un empujoncito pa' que la María K. sea mía", confieso que me tuve que reír, aquel santuario ardiente era para cagarse de la risa, la cosa se puso mejor cuando Neblino nervioso por mis risas se incendió el flux, tuve que echarle agua, para apagar el incendio, la chaqueta del traje a la basura, y algunos documentos importantes hechos cenizas todo por lograr el amor de la difícil María Katerina.
Otro día pasé por la oficina de Neblino y me lo encontré haciendo barras y abdominales, el pobre sudaba como un cochino, al sorprenderlo así y guindado como un vampiro para maximizar el ejercicio sobre el músculo se cayó de espalda dándose un carajazo monumental. Lo tuve que cargar hasta la clínica para que lo revisaran completito, calmantes, dolor, y no más ejercicio en al menos tres meses. Recuerdo cuando pasamos por al lado de la oficina de María Katerina y Neblino iba adolorido y doblado, ella se paró y preguntó que había sucedido, Neblino de alguna manera oculta e irracional estaba molesto pues atribuía su caída a María K., como solía decirle el propio Neblino. Yo tuve que hablar, explicar que había pasado, María Katerina como cualquier mujer bromeó y le dijo a Neblino "ay Nebli, haciendo ejercicios, a quien te querrás levantar?, Neblino no contestó, yo por atrás le hice una seña a la dama para que no se molestara. Neblino tenía ahora una lesión permanente en la espalda por la caída aparatosa.
Los días pasan y esas esperas eternas hacen mella en las almas, te carcomen, empiezas a sentir que el tiempo se va y que tu no eres parte de el. El cúmulo de emociones comprimidas por la presión del no saber causa locura, Neblino no se atrevía a preguntar, según su teoría, iba lento pero seguro, con pasos firmes, bien pensados, poco a poco, un sin fin de momentos que se unirían en la hora indicada para entrelazarse y lograr el cometido final. Que grande es la esperanza, de verdad, una de las virtudes, si me permiten llamarla así, más grande los seres humanos es la capacidad de no rendirse en sus anhelos, esa llamarada interna que nos invita a pensar en un futuro mejor, así sepamos que nunca llegará.
Debo admitir que me asustó un poco el día que vi marcado en el calendario de Neblino una fecha con una letra x gigante, la letra x llevaba a su alrededor unos rayos, unas flores, todos hechos a mano por Neblino. Supuse de qué se trataba, es solo que al imaginar las consecuencias por apenas dos segundos me aterré aún más y preferí hacerme el loco. Neblino, tan amable como siempre, me invitó a sentarme, creo que hablamos un rato de la vida, de un negocio que planeaba montar, de su infancia, de sus ritos, sus delirios y sus fantasías. Finalmente salió el nombre fatídico, "me he decidido" me dijo, "voy a declararle mi amor a María K." y suspiró profundamente, yo traté de advertirle de los riesgos y consecuencias de toda aquella campaña pero Neblino había tomado su decisión.
Hasta ese momento yo creía saber todo lo que había pasado por la mente de Neblino en relación a su dulce tormento, estaba equivocado. Neblino se liberó, se abrió y dio paso a una cadena de pensamientos y sentimientos que nunca antes había visto emanar de la boca de un ser humano, de un hombre debo decir, alguna vez escuché a mis amigas sufrir por amor, si es que eso que llaman amor existe en algún rincón del planeta. Una lágrima cayó sobre la mejilla de Neblino, "ves esto?, me dijo, "tu sabes cuantas gotas con sabor a sal han caído por mi cara desde que conocí a María K?, tu lo sabes?, tienes alguna idea?", Neblino prosiguió, "tu te imaginas cuantas noches en vela he pasado a causa de ella?, cuantas fiestas he dejado de asistir, cuantas veces he sentido que mi vida se va por la cañería?", "no, la verdad no Neblino" le dije, "pues mira, te digo, muchas, incontables, innumerables, infinitas, no lo se, tu sabes lo que es el dolor?".
"Bueno" le contesté, "yo se lo que es un dolor de una esguince, de un golpe en la cabeza, de cuando me corté la pierna con el pedal de la bicicleta, eso si duele Neblino", "no, no, tu no sabes nada" gritó enfurecido, "tu no sabes lo que significa que te duela en un lugar que no sabes donde es, que no hay remedio, no hay suturas, no hay solución". Prosiguió, "sabes lo que es poner tu vida en la línea, estar dispuesto a morir, por alguien, lo sabes?, "bueno Neblino" le respondí, "yo se de muchas cosas, pero quizás de eso tu sabes más", el hombre endemoniado, poseído me contaba de su tristeza, de su andar sin destino, su cabeza abajo, su dolor eterno, su escasez de sonrisas, su olvidar de la risa, sus acciones perpetuas, su amor, su amor sin protesta.
Enamorarse solo es deleznable, al menos para los otros, yo no se de eso. Mi razón domina mi sentir, es así como puedo existir, como vivo, donde crezco, es el pan de mi seguir. Para Neblino su existencia reposaba sobre otra persona, sobre otro ser humano, con virtudes y defectos, pero que no se había dado a la tarea de indagar sobre cuales eran las consecuencias de ese nexo fantasioso que Neblino había creado en su mente. Claro estamos, nadie debe pagar porque a otro se le ocurre enamorarse de uno, eso es problema de la otra persona, acaso lo es?, quizás por un principio no escrito en las reglas inexistentes del jueguito macabro, pues, debemos interesarnos por el sentir del otro ser, caridad?, nada de eso, quizás curiosidad, aún más es posible que hasta para estudiar la posibilidad del chance escondido que puede estar por llegar.
Neblino llegó vestido con su mejor traje, afeitado al ras, colonia en mano, creo que hasta se había blanqueado los dientes, cortado el cabello bañado tres veces. Pasó por mi oficina, simplemente sonrío, llevaba las manos en los bolsillos, su sonrisa parecía estar dominada de pasión y locura, esa sonrisa que tiene vicios de dolor por donde se le mire. Sin que nadie me viera me escondí perfectamente posicionado para ver el espectáculo, en primera fila, aquello era digno de jugar al espía. Neblino salió de su oficina con una carretilla, es que en las manos no le cabían los obsequios, se adentró en la oficina de María Katerina y soltó un discurso que no pretendo repetir acá por honor a su memoria. Sacó un ramo de rosas rojas, tres cajas de bombones finos, se arrodilló, mostró un anillo, creo que lloró en algún momento, luego sacó otro ramo de rosas, se volvió a arrodillar, cantó unos boleros con guitarra y todo, ofreció casa, hijos, viajes, seguridad, estabilidad y por sobre todo amor, eso fue lo que ofreció Neblino en realidad.
Sentado en mi oficina y llorando a moco tendido no entendía que había podido salir mal, la carretilla llena de corotos estaba a mi lado, yo me comía los bombones que de paso estaban muy sabrosos. Dejé que el pobre y abatido hombre se desahogara, me explicara desde treinta y tres puntos de vista distintos la profundidad de su discurso y como él pensaba que no podía haber fracasado, luego se volteaba y me decía con más de ochenta teorías la razón por la cual las cosas se habían ido a la mierda. Ese día no trabajé, me limité a escuchar al hombre caído en desgracia, al ave herida, a un niño llorando por la partida. Finalmente Neblino, y luego de nueve cajas de kleenex, me pidió un favor, un favor algo extraño por demás, pero favor al fin.
Solo me bastó entregarle un papel a María Katerina con la letra de "don't get me wrong" por Pretenders y pelarle el diente una vez para que cayera rendida a mis pies. Si, así tan fácil como lo leen, es que a veces las cosas son tan simples en el planeta y nos complicamos demasiado. En su oficina la moví de un lado a otro, cerciorándome que no se olvidara nunca de aquello, que soñara, que creyera, que viviera, que quisiera. Minutos pasaron, el tiempo parado, palabras al aire, promesas eternas, si ella hubiera sabido que en mi domina la razón, nunca hubiera dejado que le rompiera el corazón…
María Katerina, así se llamaba la causante de la aflicción de Neblino, debo reconocer que en mi despiste eterno tiendo a no fijarme en las cualidades físicas de las personas, por el contrario les veo más allá. Eso me permite establecer en mi mente quien puede ser buena gente o quien no, concepto básico, hasta un tanto idiota, pero que rige las bases de las relaciones humanas. Hay gente buena, hay gente mala, y si que los hay, en esto no existen medias tintas, o buenos o malos, pero nada de medio buenos y medio malos, o eres una mierda o eres buena gente. Me desvío, es que mi mente a veces flota, pero el hecho es que María Katerina era la piedra de tranca en el andar de Neblino, como puede una persona ser el eje de nuestra existencia, no lo se, esa pregunta no la puedo contestar, aunque trataré de aproximarme a una respuesta con la historia de Neblino, el hombre que me corroboró lo estúpidos que podemos ser en materia de sentimientos, o más bien en auto-sadomasoquismo infligido, el dolor no cuesta nada, de hecho ni siquiera lo venden, lo regalan, lo obsequia la vida.
Neblino era mi compañero de trabajo, María Katerina también, aunque en dos planos distintos. Neblino era un especie de alma en pena que pululaba por la oficina, brillante debo decir, pero alma en pena al fin. Por otro lado María Katerina brillaba cual estrella en el firmamento, yo insisto en pensar que ella juraba que estaba buena, ella decía que como se puede estar buena si mides medio metro, te sobra maleta, tienes manos feas y voz chillona. Deben haber sido sus ojos, de un color nunca antes visto, penetrantes sin lugar a dudas, hay miradas que matan, hay otras que dan risa, la de ella creo que llevaba a los humanos a fantasear, me excluyo, yo no pierdo tiempo en pendejadas, yo respiro porque mis pulmones se abren y se contraen solos, pero no me paro a ver ojos lindos ni esas mariqueras. Quizás fue su nariz, perfecta, digna de Hollywood, operada creo yo, natural decía ella. María Katerina era de esa gente que te saludaba si quería, sino estaba de buenas te ignoraba, cosa que a mi no me hace ni cosquillas, pues a las seis de la tarde ya ni me acordaba quien me había saludado o no. Para Neblino las cosas eran distintas, tenía un calendario donde anotaba como lo había tratado María Katerina cada día. El calendario era digno de estudio, detalles, horas, regalos que le había hecho, estados de ánimo y hasta una especie de tabla pitagórica en donde medía las oportunidades de hacer en algún momento a la damicela suya.
En materia de cruzadas amorosas, la gente busca aliados, confidentes, segunderos, lo que sea. Es una necesidad humana tener alguien a quien echarle el cuento de los avances o retrocesos. Ahora bien esa no es mi necesidad, si yo decido atacar lo hago sin usar aliados, voy solo a la guerra, gano o pierdo, no hago preguntas ni llevo cuentas en mi cabeza de que he dicho y que no, simplemente avanzo o me freno de acuerdo a las circunstancias. Neblino, mi buen amigo Neblino, el no era así, los nervios lo hacían presa, se le trababa la lengua, se metía en mi oficina para obtener consejos, cosa que es contraproducente desde cualquier punto de vista pues yo soy yo y él es él, es decir, lo que me resulta a mi no necesariamente le resultará a otro y viceversa. Pero Neblino insistía en que le diera luces para llegar al destino final, para ganar la carrera contra aquello que sentimos y no podemos explicar, contra ese hueco que se forma en el centro del esqueleto y que se infla o desinfla acorde al son que toque la otra persona, el enemigo, pues en eso se convierte, en un enemigo que hay que derrotar para que decida caminar siendo parte del azar, como uno más en nuestro andar.
Hay ciertos puntos dentro de esta historia que nunca logré determinar. Siempre pensé que María Katerina estuvo consciente todo el tiempo que a Neblino le gustaba ella. Ella siempre me dijo que nunca lo vió venir, que ella no tenía ni idea que realmente Neblino sintiera algo por ella más allá que una simple amistad laboral. Las cosas que uno tiene que escuchar, de verdad eso es lo que me hace sonreír a diario, las múltiples interpretaciones que los humanos dan a distintas situaciones, siempre poniéndolas a su merced, bajo su ala, a su conveniencia, nunca vemos que puede ser lo que los demás sientan o piensen, primero nosotros, después si hay tiempo, ellos.
Una parte, de hecho la que más disfruto, de las letanías del jueguito macabro este que pusieron en la Tierra para entretenernos, es cuando la gente empieza a hacer todo tipo de promesas con tal que se le de la movida. Entré a la oficina de Neblino y me encontré con veinte y cuatro velas prendidas a distintos santos, una estatua de Buda y varias estampitas religiosas pegadas al corcho en distintas posiciones. "Que coño es esto Neblino?, le pregunté, "Bueno hermanazo" me dijo "un poquito de ayuda celestial no viene mal, tu sabes un empujoncito pa' que la María K. sea mía", confieso que me tuve que reír, aquel santuario ardiente era para cagarse de la risa, la cosa se puso mejor cuando Neblino nervioso por mis risas se incendió el flux, tuve que echarle agua, para apagar el incendio, la chaqueta del traje a la basura, y algunos documentos importantes hechos cenizas todo por lograr el amor de la difícil María Katerina.
Otro día pasé por la oficina de Neblino y me lo encontré haciendo barras y abdominales, el pobre sudaba como un cochino, al sorprenderlo así y guindado como un vampiro para maximizar el ejercicio sobre el músculo se cayó de espalda dándose un carajazo monumental. Lo tuve que cargar hasta la clínica para que lo revisaran completito, calmantes, dolor, y no más ejercicio en al menos tres meses. Recuerdo cuando pasamos por al lado de la oficina de María Katerina y Neblino iba adolorido y doblado, ella se paró y preguntó que había sucedido, Neblino de alguna manera oculta e irracional estaba molesto pues atribuía su caída a María K., como solía decirle el propio Neblino. Yo tuve que hablar, explicar que había pasado, María Katerina como cualquier mujer bromeó y le dijo a Neblino "ay Nebli, haciendo ejercicios, a quien te querrás levantar?, Neblino no contestó, yo por atrás le hice una seña a la dama para que no se molestara. Neblino tenía ahora una lesión permanente en la espalda por la caída aparatosa.
Los días pasan y esas esperas eternas hacen mella en las almas, te carcomen, empiezas a sentir que el tiempo se va y que tu no eres parte de el. El cúmulo de emociones comprimidas por la presión del no saber causa locura, Neblino no se atrevía a preguntar, según su teoría, iba lento pero seguro, con pasos firmes, bien pensados, poco a poco, un sin fin de momentos que se unirían en la hora indicada para entrelazarse y lograr el cometido final. Que grande es la esperanza, de verdad, una de las virtudes, si me permiten llamarla así, más grande los seres humanos es la capacidad de no rendirse en sus anhelos, esa llamarada interna que nos invita a pensar en un futuro mejor, así sepamos que nunca llegará.
Debo admitir que me asustó un poco el día que vi marcado en el calendario de Neblino una fecha con una letra x gigante, la letra x llevaba a su alrededor unos rayos, unas flores, todos hechos a mano por Neblino. Supuse de qué se trataba, es solo que al imaginar las consecuencias por apenas dos segundos me aterré aún más y preferí hacerme el loco. Neblino, tan amable como siempre, me invitó a sentarme, creo que hablamos un rato de la vida, de un negocio que planeaba montar, de su infancia, de sus ritos, sus delirios y sus fantasías. Finalmente salió el nombre fatídico, "me he decidido" me dijo, "voy a declararle mi amor a María K." y suspiró profundamente, yo traté de advertirle de los riesgos y consecuencias de toda aquella campaña pero Neblino había tomado su decisión.
Hasta ese momento yo creía saber todo lo que había pasado por la mente de Neblino en relación a su dulce tormento, estaba equivocado. Neblino se liberó, se abrió y dio paso a una cadena de pensamientos y sentimientos que nunca antes había visto emanar de la boca de un ser humano, de un hombre debo decir, alguna vez escuché a mis amigas sufrir por amor, si es que eso que llaman amor existe en algún rincón del planeta. Una lágrima cayó sobre la mejilla de Neblino, "ves esto?, me dijo, "tu sabes cuantas gotas con sabor a sal han caído por mi cara desde que conocí a María K?, tu lo sabes?, tienes alguna idea?", Neblino prosiguió, "tu te imaginas cuantas noches en vela he pasado a causa de ella?, cuantas fiestas he dejado de asistir, cuantas veces he sentido que mi vida se va por la cañería?", "no, la verdad no Neblino" le dije, "pues mira, te digo, muchas, incontables, innumerables, infinitas, no lo se, tu sabes lo que es el dolor?".
"Bueno" le contesté, "yo se lo que es un dolor de una esguince, de un golpe en la cabeza, de cuando me corté la pierna con el pedal de la bicicleta, eso si duele Neblino", "no, no, tu no sabes nada" gritó enfurecido, "tu no sabes lo que significa que te duela en un lugar que no sabes donde es, que no hay remedio, no hay suturas, no hay solución". Prosiguió, "sabes lo que es poner tu vida en la línea, estar dispuesto a morir, por alguien, lo sabes?, "bueno Neblino" le respondí, "yo se de muchas cosas, pero quizás de eso tu sabes más", el hombre endemoniado, poseído me contaba de su tristeza, de su andar sin destino, su cabeza abajo, su dolor eterno, su escasez de sonrisas, su olvidar de la risa, sus acciones perpetuas, su amor, su amor sin protesta.
Enamorarse solo es deleznable, al menos para los otros, yo no se de eso. Mi razón domina mi sentir, es así como puedo existir, como vivo, donde crezco, es el pan de mi seguir. Para Neblino su existencia reposaba sobre otra persona, sobre otro ser humano, con virtudes y defectos, pero que no se había dado a la tarea de indagar sobre cuales eran las consecuencias de ese nexo fantasioso que Neblino había creado en su mente. Claro estamos, nadie debe pagar porque a otro se le ocurre enamorarse de uno, eso es problema de la otra persona, acaso lo es?, quizás por un principio no escrito en las reglas inexistentes del jueguito macabro, pues, debemos interesarnos por el sentir del otro ser, caridad?, nada de eso, quizás curiosidad, aún más es posible que hasta para estudiar la posibilidad del chance escondido que puede estar por llegar.
Neblino llegó vestido con su mejor traje, afeitado al ras, colonia en mano, creo que hasta se había blanqueado los dientes, cortado el cabello bañado tres veces. Pasó por mi oficina, simplemente sonrío, llevaba las manos en los bolsillos, su sonrisa parecía estar dominada de pasión y locura, esa sonrisa que tiene vicios de dolor por donde se le mire. Sin que nadie me viera me escondí perfectamente posicionado para ver el espectáculo, en primera fila, aquello era digno de jugar al espía. Neblino salió de su oficina con una carretilla, es que en las manos no le cabían los obsequios, se adentró en la oficina de María Katerina y soltó un discurso que no pretendo repetir acá por honor a su memoria. Sacó un ramo de rosas rojas, tres cajas de bombones finos, se arrodilló, mostró un anillo, creo que lloró en algún momento, luego sacó otro ramo de rosas, se volvió a arrodillar, cantó unos boleros con guitarra y todo, ofreció casa, hijos, viajes, seguridad, estabilidad y por sobre todo amor, eso fue lo que ofreció Neblino en realidad.
Sentado en mi oficina y llorando a moco tendido no entendía que había podido salir mal, la carretilla llena de corotos estaba a mi lado, yo me comía los bombones que de paso estaban muy sabrosos. Dejé que el pobre y abatido hombre se desahogara, me explicara desde treinta y tres puntos de vista distintos la profundidad de su discurso y como él pensaba que no podía haber fracasado, luego se volteaba y me decía con más de ochenta teorías la razón por la cual las cosas se habían ido a la mierda. Ese día no trabajé, me limité a escuchar al hombre caído en desgracia, al ave herida, a un niño llorando por la partida. Finalmente Neblino, y luego de nueve cajas de kleenex, me pidió un favor, un favor algo extraño por demás, pero favor al fin.
Solo me bastó entregarle un papel a María Katerina con la letra de "don't get me wrong" por Pretenders y pelarle el diente una vez para que cayera rendida a mis pies. Si, así tan fácil como lo leen, es que a veces las cosas son tan simples en el planeta y nos complicamos demasiado. En su oficina la moví de un lado a otro, cerciorándome que no se olvidara nunca de aquello, que soñara, que creyera, que viviera, que quisiera. Minutos pasaron, el tiempo parado, palabras al aire, promesas eternas, si ella hubiera sabido que en mi domina la razón, nunca hubiera dejado que le rompiera el corazón…
Wednesday, January 25, 2006
Razones
Cuando estoy solo y sin oficio me da por buscar razones, entonces siempre, solo y sin oficio, ese soy yo, me la paso hurgando, metiendo la cabeza donde no debo, siempre y desde pequeño busqué el por qué de las cosas. No con esto digo que sea preguntón, para nada, más bien soy serio y callado, no del tipo antipático, quizás más tímido de lo que parezco. El hecho es que para mi mente algo fría y racional necesito obtener respuestas a cosas que no las tienen. Menuda tarea, preguntarme cretinadas que no tienen lógica humana y yo cual perro fiel persigo sus razones que en realidad no existen hasta llevarme a la locura, respuestas que no deben llegar, preguntas que están para ensalzar, causas y consecuencias de un andar, es que nunca pero nunca entendí la razón de este caminar.
Redactaba alguna idea alocada en mi ordenador cuando entró a mi cuarto, dio varias vueltas moviendo sus alas, creo que se encontraba inspeccionando mi bunker antes de posarse sobre la pantalla en donde trataba de escribir uno de los tantos cuentos que viví. El Yigüirro, es que así se llama el pájaro, por demás está decir, ave Costarricense. Claro, todos se preguntan que hace un ave Costarricense en mi cuarto en Caracas, confieso que yo también lo hice al verlo, de hecho me costó identificarlo como tal, y hasta le lancé un zapato el cual esquivó hábilmente alzando vuelo y posándose sobre mi cabeza. Finalmente y después de darme cuenta que el ave era un pajarraco amigo, noté como en su pata derecha traía un mensaje, un pequeño pedazo de papel, una nota que demandaba mi presencia.
Inmediatamente tomé la nota de su pata, el pájaro parecía atormentado, asustado, cansado también por el largo viaje. “Porqué no pudo escribir una nota normal y corriente” me dije a mi mismo cuando la observé, esas cosas en clave no me gustan, me distraen y termino siempre haciendo lo que no debo. "Mátame a estañazos, que quiero morir lentamente", de seguido decía "perro que come huevos, ni quemándole el hocico". "Que carajo significa esto?" pensé, mi hermano que se paseaba por mi cuarto buscando que le diera el teléfono de alguna dama para invitar a salir, leyó la nota y se echó a reír, obtuvo el número y se largó. Reconozco que no me puedo quedar tranquilo, "usa el cerebro Policarpio" repetía en mi interior, de pronto comprendí que esos dichos simplemente estaban allí para cuando llegara a Costa Rica, el Yigüirro era la primera clave para saber que hasta la bella nación Centro-Americana debía trasladarme y quizás un indicio para más tarde en mi odisea.
Saliendo por la puerta de mi casa, mi perro "Alerón" detectó que me iba, el pequeño mastodonte se abalanzó sobre mi para no dejarme ir. En el suelo y con sus patas encima mío me di cuenta que la nota tenía una palabra en su parte de atrás, como podía ser tan distraído para no mirar la parte trasera de la hoja, "Heredia", eso decía, nada más. Luego de quitarme al canino de encima le metí un grito a mi hermano para que hiciera una búsqueda rápida en el Atlas, a los pocos segundos me confirmó que Heredia era una provincia Costarricense. Al menos ya sabía hacia donde debía ir, siempre es bueno saber algo, aunque sea mínimo, la ignorancia es el fracaso de los pueblos, sabiendo se crece, se arman destinos, se lucha en justicia, se abren caminos. Después de engañar a "Alerón" para que me dejase ir, tomé el taxi que me llevó al aeropuerto, un vuelo de TACA hasta San José en donde al tocar tierra recordé que el "venado cola blanca" era famoso por sus poderes de agilizar la mente humana, es decir, una sopa de pelos de la cola del venado, traía consigo efectos inimaginables sobre la capacidad de desarrollar el cerebro más allá de los límites normales.
Tan pronto salí del aeropuerto liberé al Yigüirro, el cual había cargado escondido en mi camisa todo el viaje, el ave se había cagado en mi y en el avión varias veces hizo sus ruidos propios provocando que la aeromoza se me acercara. Yo poniendo cara de pájaro trataba de imitar el sonido para que no sospecharan que llevaba un animal en mi bolsillo. Todo en la vida tiene un comienzo y un fin, este era el principio, el nacer de una aventura más, no se el por qué, pero siempre asocié los comienzos a la esperanza y los finales a la reflexión, cosas mías, tonterías de mi mente. Lo interesante del existir radica en el descubrir, lo que no sabemos y estamos por aprender o lo que conocemos y podemos comprender, todo esto fabrica una base de sendas y oportunidades que deben ser transitadas en la búsqueda infinita de las razones, que en definitiva son respuestas al clamor de nuestra curiosidad, nutrientes para nuestras almas que desean liberarse de los miedos y dudas que persiguen nuestras vidas.
Irazú, así se llama uno de los volcanes más importantes de Costa Rica, por allí decidí pasar antes de dirigirme a Heredia, un viejo amigo radicaba en las faldas de la montaña del hueco humeante con la esperanza que al hacer erupción lo sepultara en ese lugar. Arribé al lugar en horas nocturnas, Abel, mi amigo no sabía de mi llegada, al verme comenzó a reír, la risa se transformó en lágrimas cuando recordó que la última vez que habíamos actuado juntos las cosas no habían salido del todo bien, pero eso es otra historia y después de consolarle nos sentamos a hablar bajo un árbol de Guanacaste. Le mostré la nota y Abel se mostró cauteloso ante la misma, el mensaje no era claro, podría tratarse de una trampa para capturarme. Abel no estaba en condiciones de acompañarme, su nivel de heroísmo había decaído con el pasar de los años y no pensaba correr riesgos ni poner en peligro mi existencia debido a su falta de práctica.
Bello fue el amanecer a las faldas del volcán, me despedí de mi viejo amigo y me encaminé hacia la provincia. Al parecer la persona que deseaba mi ayuda estaba en peligro de muerte, lenta, pero muerte al fin, igualmente no veía el sentido de un perro que no comiera huevos sin quemarse su hocico, por supuesto, esta frase debía significar otra cosa, o quizás solo era un artilugio para confundirme. El paseo en autobús me llevó por paisajes inigualables, como siempre me puse a hablar con una viejita que se sentó al lado mío en un intento de saber que podía estar pasando en Heredia. La dama de cabellos grises me habló de su tierra, de sus costumbres, de sus anhelos, de su familia, yo la escuchaba con atención, haciendo preguntas tontas e inofensivas. Por último decidí preguntarle como estaban las cosas en Heredia, la viejita suspiró y volteó los ojos, algo le incomodaba, trató de cambiar el tema, balbuceó algunas palabras y no me habló en el resto del trayecto. Al bajarse del autobús, se colocó al frente de mi ventana, en el sucio vidrio escribió "979" y desapareció.
El día estaba bastante caliente, al bajarme y sin comprender el por qué de esos números decidí comer algo antes de seguir con mi travesía. En el local me tomaba una Coca-Cola muy fría, acompañada de la sopa de pelos de cola de "venado cola blanca" cuando escuché que la radio decía "97.9 la estación del momento, Costa Rica es de nosotros". En un primer instante no capté pero gracias al cielo y la inmediata acción de la sopa conservo una agilidad mental poderosa y sin pensarlo dos veces tomé un taxi hacia los predios de la estación de radio. El taxista, algo inquisidor, me preguntaba la razón de mi visita, yo cauteloso le hablé que era un venezolano productor de programas de radio y venía a hacer algunas consultas, el hombre dudoso continuaba su interrogatorio tal cual detective de Scotland Yard, a mi no me gustan los taxistas, me parecen de alquiler como sus madres, y menos uno que se crea investigador privado. Cansado ante la insistencia del as del volante decidí bajarme del carro, pagué y pregunté por donde seguir hasta la estación de radio.
La vida nos pone ante situaciones que hay sortear día a día, acertijos los llamaba de pequeño. En la puerta de la emisora, un perro guardián se encontraba al lado de un guardia que parecía estar muy fuertemente armado para cuidar una simple estación, en la otra esquina vi un abasto en donde me introduje y compré un huevo. Me acerqué a la puerta y saludé, el hombre nada amigable me preguntó que hacía en los predios de la radio, yo me saqué el huevo del bolsillo y se lo di al perro. El guardia de inmediato y con un cambio de semblante me dijo "perro no come huevo", yo contesté " ni quemándole el hocico", una sonrisa de oreja a oreja se esbozó en la cara del hombre de armas y me dijo "bienvenido a la 97.9, pase, pase señor, que tenga un buen día".
La clave era esa, un huevo, un perro, que se yo, el hecho es que adentro estaba. En la recepción me atendió una dama muy amable, yo inventando historias le convencí que tenía que hablar con algún locutor para una tesis que estaba haciendo como parte de mi doctorado en la industria radiofónica. Me dio un pase y me dijo que fuera al piso cuatro, yo me subí al ascensor y en el primer piso me bajé. Con cuidado y con cara de paisano me recorrí el primer piso sin encontrar indicios de alguna situación extraña, el segundo piso pasó de largo y el tercero no trajo mayores consecuencias. Al bajar en el cuarto piso sentí un escalofrío, de esos que atraviesan tu alma. Varias cabinas de locución con sus respectivos locutores adentro daban la impresión de estar todo en orden, me acerqué a una de ellas en donde la vi sentada con sus audífonos y su micrófono delante, en la pared la foto de un Yigüirro.
Abrí la puerta y la mujer quedó helada, sus ojos me miraron fijamente, se quitó los audífonos y me abrazó. "Sabía que vendrías", confieso que en mi vida había visto a la dama en cuestión, ella después de decir su nombre, Bel Leguirre, me explicó que dentro de la estación no había desconocidos y yo era el único con cara de perdido así que tenía que ser el hombre que había recibido el mensaje del ave mensajera. Luego de lograr quitármela de encima pues permanecía guindada cual koala recién nacido, le pedí por favor me explicara que estaba sucediendo allí. De pronto se abrió la puerta y tuve que tirarme al suelo, abajo del escritorio, un hombre con voz de maldad le dijo a Bel "todo bien?, me pareció escuchar que conversabas con alguien, vamos, vamos, a trabajar, hay mucho que hacer".
Escondido en ese hueco y sin saber que pasaba asomé mi cabeza, Bel se sentó en su silla y con mucha sutileza me explicó de que se trataba aquello. Los Caballeros de la Guaria Morada, así se hacían llamar, una banda de inescrupulosos Costarricenses que se aprovechaban de una nueva tecnología desarrollada por ellos en donde las ondas de la radio al ser escuchadas por los radioescuchas les hacían volverse adictos a una nueva droga, igualmente manufacturada en la estación. La droga se llamaba "Alajuela" y debía su nombre a una planta que crecía en esa región de Costa Rica, la misma era totalmente adictiva y causaba estragos en la población joven de la pacífica y próspera nación. Bel me dijo que los locutores como ella eran obligados por estos mercaderes del mal a crear programas de interés para jóvenes con lo cual las ondas podían ser enviadas a través de sus oídos y por ende tornándose adictos a la "Alajuela".
Tomé a Bel de la mano, y le dije que teníamos que salir de allí, de inmediato. Salimos del estudio y me dirigí al techo del edificio, allí comencé a balancearme en las antenas logrando que se partieran una a una, Bel me miraba atónita pero al poco tiempo comenzó a ayudarme. "Pronto nos van a descubrir" me dijo la interesante Tica, yo estaba poseído en mi tarea de destruir las antenas, de hecho le había agarrado el truco a la cosa y me balanceaba cual infante mientras entonaba canciones de kinder. Después de tumbar alrededor de doce antenas me acerqué a la más peligrosa, la que emitía las ondas que causaban la adicción, saqué mi china y disparé un garbanzo, otro, otro más, y nada, la misma estaba hecha con algún material infranqueable, una especie de aleación nunca antes vista. La antena comenzó a moverse, me saqué la franela y la lancé haciendo que la misma se trabara, un chirrido estremeció mis oídos y un poquito de humo se despidió desde el motor de la antena, aprovechando que estaba estática le tumbé de un zapatazo la punta de la misma, otro zapatazo al centro de la misma hizo que soltara unas chispas, Bel se quitó sus zapatos de tacones, con fuerza lancé cada zapato que se clavaron como lanzas en la esfera de la antena, después de todo el material no era tan resistente, en ese instante lo que no sabía si iban a resistir eran nuestras vidas.
Abel, mi amigo, apareció en el techo, fuertemente armado, "suelta la china Policarpio" me gritó. Yo no comprendía nada de aquello, "pero Abel, que haces, te volviste loco? logré decir, Bel me miró y me dijo "tu conoces a este individuo?, el es de los cabecillas, de los magnates de la droga". Abel se acercó y golpeó a Bel en su cara, la pobre dama cayó al piso y yo sin poder hacer nada, la ayudé a levantarse, unas lágrimas caían de sus ojos, el cachete rojo mostraba el duro golpe recibido. "Vamos, caminen, par de idiotas" dijo Abel, creo que no hay nada peor en el planeta que un superhéroe corrompido, aquellos que defendemos el bien sin lugar a dudas podemos ser muy malos en el otro bando. Adentro del edificio nos esperaban los otros líderes de la banda, entre ellos el taxista que tantas preguntas me había hecho. Nos amarraron fuertemente, espalda con espalda, nos metieron dentro de un estudio de grabación, otros locutores nos miraban con sus ojos perdidos, sin lugar a dudas poseídos por los efectos de la "Alajuela".
Entró un matón a sueldo al estudio, se le veía en su cara, portaba un machete tamaño casa. "Los voy a cortar en pedacitos" dijo y soltó una carcajada, “poco a poco, una muerte lenta para ustedes, les extirparé órgano por órgano y me los comeré”. Para ese momento y gracias a mi entrenamiento ninja, que debo agradecer realmente a mi padre que me llevaba a patadas desde que tenía seis años al dojo había logrado desalojar mi cuerpo físico y estar parado atrás del matón. El hombre levantó el machete y me golpeó en la cabeza con el mango del mismo, desde afuera no entendía el dolor ni la razón de la expresión de mi cara, no le permití una más al bandido, desde mi estado espiritual y con la fuerza de la mente dominé su mano, el próximo machetazo que iba dirigido hacia Bel se volvió contra el hombre que se auto-cortó la femoral. El sangrero parecía un río, volví a mi caparazón y me dolió la vida, el cachazo en la cabeza me había dejado aturdido y tardé en saber donde estaba, luego vi sus ojos, los ojos más profundos que he alcanzado a ver en mi existencia.
Salimos del estudio después de desatarnos, subí al techo y recuperé mi china, en el ínterin Bel se dedicó a sacar a sus amigos locutores del trance en que se encontraban, como lo hizo, es un misterio para mi hasta el día de hoy. China en mano me dirigí al cuarto donde estaban los monigotes reposando, contaban el dinero de las ganancias, bebían vodka con limón. Con cuidado bajé hasta la entrada en donde el guardia con el perro me despidieron amablemente, a pesar de preguntarme la razón de andar sin franela, me hice el loco y seguí mi camino. Crucé la calle y compré unas botellas de Coca-Cola, las vacié mientras lloraba por desperdiciar aquel preciado líquido, también adquirí unas botellas de kerosene, las introduje dentro las botellas de vidrio y con la ayuda de mi pantalón les creé una mecha. Me devolví a la estación, sin franela, sin pantalones, sin zapatos, el guardia ya no estaba, me apresuré y llegué al cuarto piso en donde los bandidos habían capturado a Bel y se disponían a eliminarla del planeta.
Saqué mi china y disparé a la frente de Abel, de inmediato prendí la primera bomba casera y la lancé. Crear el caos es la manera más fácil de salir de aprietos, la confusión hace mella en las mentes inferiores, un nuevo chinazo puso fuera de combate a otro maleante, otra bomba, las llamas comenzaban a hacer de las suyas, los otros bandidos huyeron por la retaguardia, solo logré alcanzar a uno con un garbanzo incendiado, lo prendí vivo, y se quemó sin más remedio. Me acerqué a Abel y sentí lástima por el otrora superhéroe convertido en hampón, me miró algo perdido por el garbanzazo en la frente y pidió clemencia.
Entre Bel y yo sacamos a los locutores del edificio que se quemaba, cargué con Abel hasta la puerta y lo dejé en la acera de enfrente. Yo estoy por encima del bien y del mal, no juzgo, no pongo objeciones, no lo iba a dejar morir, sus razones tendría para haberse cambiado de bando, razones que aún desconozco. Bel se acercó y me dijo que no sabía como agradecerme, me pidió permiso para darme un beso, y sin concedérselo la besé yo sin más ni menos, con sutileza fui quitando mis labios de los suyos, poco a poco, como un fantasma, como lo que soy, una sombra salvadora, un solitario incansable. Cuando abrió sus ojos ya me había ido, lejos, como siempre, solo puedo decir que yo tengo mis razones...
Redactaba alguna idea alocada en mi ordenador cuando entró a mi cuarto, dio varias vueltas moviendo sus alas, creo que se encontraba inspeccionando mi bunker antes de posarse sobre la pantalla en donde trataba de escribir uno de los tantos cuentos que viví. El Yigüirro, es que así se llama el pájaro, por demás está decir, ave Costarricense. Claro, todos se preguntan que hace un ave Costarricense en mi cuarto en Caracas, confieso que yo también lo hice al verlo, de hecho me costó identificarlo como tal, y hasta le lancé un zapato el cual esquivó hábilmente alzando vuelo y posándose sobre mi cabeza. Finalmente y después de darme cuenta que el ave era un pajarraco amigo, noté como en su pata derecha traía un mensaje, un pequeño pedazo de papel, una nota que demandaba mi presencia.
Inmediatamente tomé la nota de su pata, el pájaro parecía atormentado, asustado, cansado también por el largo viaje. “Porqué no pudo escribir una nota normal y corriente” me dije a mi mismo cuando la observé, esas cosas en clave no me gustan, me distraen y termino siempre haciendo lo que no debo. "Mátame a estañazos, que quiero morir lentamente", de seguido decía "perro que come huevos, ni quemándole el hocico". "Que carajo significa esto?" pensé, mi hermano que se paseaba por mi cuarto buscando que le diera el teléfono de alguna dama para invitar a salir, leyó la nota y se echó a reír, obtuvo el número y se largó. Reconozco que no me puedo quedar tranquilo, "usa el cerebro Policarpio" repetía en mi interior, de pronto comprendí que esos dichos simplemente estaban allí para cuando llegara a Costa Rica, el Yigüirro era la primera clave para saber que hasta la bella nación Centro-Americana debía trasladarme y quizás un indicio para más tarde en mi odisea.
Saliendo por la puerta de mi casa, mi perro "Alerón" detectó que me iba, el pequeño mastodonte se abalanzó sobre mi para no dejarme ir. En el suelo y con sus patas encima mío me di cuenta que la nota tenía una palabra en su parte de atrás, como podía ser tan distraído para no mirar la parte trasera de la hoja, "Heredia", eso decía, nada más. Luego de quitarme al canino de encima le metí un grito a mi hermano para que hiciera una búsqueda rápida en el Atlas, a los pocos segundos me confirmó que Heredia era una provincia Costarricense. Al menos ya sabía hacia donde debía ir, siempre es bueno saber algo, aunque sea mínimo, la ignorancia es el fracaso de los pueblos, sabiendo se crece, se arman destinos, se lucha en justicia, se abren caminos. Después de engañar a "Alerón" para que me dejase ir, tomé el taxi que me llevó al aeropuerto, un vuelo de TACA hasta San José en donde al tocar tierra recordé que el "venado cola blanca" era famoso por sus poderes de agilizar la mente humana, es decir, una sopa de pelos de la cola del venado, traía consigo efectos inimaginables sobre la capacidad de desarrollar el cerebro más allá de los límites normales.
Tan pronto salí del aeropuerto liberé al Yigüirro, el cual había cargado escondido en mi camisa todo el viaje, el ave se había cagado en mi y en el avión varias veces hizo sus ruidos propios provocando que la aeromoza se me acercara. Yo poniendo cara de pájaro trataba de imitar el sonido para que no sospecharan que llevaba un animal en mi bolsillo. Todo en la vida tiene un comienzo y un fin, este era el principio, el nacer de una aventura más, no se el por qué, pero siempre asocié los comienzos a la esperanza y los finales a la reflexión, cosas mías, tonterías de mi mente. Lo interesante del existir radica en el descubrir, lo que no sabemos y estamos por aprender o lo que conocemos y podemos comprender, todo esto fabrica una base de sendas y oportunidades que deben ser transitadas en la búsqueda infinita de las razones, que en definitiva son respuestas al clamor de nuestra curiosidad, nutrientes para nuestras almas que desean liberarse de los miedos y dudas que persiguen nuestras vidas.
Irazú, así se llama uno de los volcanes más importantes de Costa Rica, por allí decidí pasar antes de dirigirme a Heredia, un viejo amigo radicaba en las faldas de la montaña del hueco humeante con la esperanza que al hacer erupción lo sepultara en ese lugar. Arribé al lugar en horas nocturnas, Abel, mi amigo no sabía de mi llegada, al verme comenzó a reír, la risa se transformó en lágrimas cuando recordó que la última vez que habíamos actuado juntos las cosas no habían salido del todo bien, pero eso es otra historia y después de consolarle nos sentamos a hablar bajo un árbol de Guanacaste. Le mostré la nota y Abel se mostró cauteloso ante la misma, el mensaje no era claro, podría tratarse de una trampa para capturarme. Abel no estaba en condiciones de acompañarme, su nivel de heroísmo había decaído con el pasar de los años y no pensaba correr riesgos ni poner en peligro mi existencia debido a su falta de práctica.
Bello fue el amanecer a las faldas del volcán, me despedí de mi viejo amigo y me encaminé hacia la provincia. Al parecer la persona que deseaba mi ayuda estaba en peligro de muerte, lenta, pero muerte al fin, igualmente no veía el sentido de un perro que no comiera huevos sin quemarse su hocico, por supuesto, esta frase debía significar otra cosa, o quizás solo era un artilugio para confundirme. El paseo en autobús me llevó por paisajes inigualables, como siempre me puse a hablar con una viejita que se sentó al lado mío en un intento de saber que podía estar pasando en Heredia. La dama de cabellos grises me habló de su tierra, de sus costumbres, de sus anhelos, de su familia, yo la escuchaba con atención, haciendo preguntas tontas e inofensivas. Por último decidí preguntarle como estaban las cosas en Heredia, la viejita suspiró y volteó los ojos, algo le incomodaba, trató de cambiar el tema, balbuceó algunas palabras y no me habló en el resto del trayecto. Al bajarse del autobús, se colocó al frente de mi ventana, en el sucio vidrio escribió "979" y desapareció.
El día estaba bastante caliente, al bajarme y sin comprender el por qué de esos números decidí comer algo antes de seguir con mi travesía. En el local me tomaba una Coca-Cola muy fría, acompañada de la sopa de pelos de cola de "venado cola blanca" cuando escuché que la radio decía "97.9 la estación del momento, Costa Rica es de nosotros". En un primer instante no capté pero gracias al cielo y la inmediata acción de la sopa conservo una agilidad mental poderosa y sin pensarlo dos veces tomé un taxi hacia los predios de la estación de radio. El taxista, algo inquisidor, me preguntaba la razón de mi visita, yo cauteloso le hablé que era un venezolano productor de programas de radio y venía a hacer algunas consultas, el hombre dudoso continuaba su interrogatorio tal cual detective de Scotland Yard, a mi no me gustan los taxistas, me parecen de alquiler como sus madres, y menos uno que se crea investigador privado. Cansado ante la insistencia del as del volante decidí bajarme del carro, pagué y pregunté por donde seguir hasta la estación de radio.
La vida nos pone ante situaciones que hay sortear día a día, acertijos los llamaba de pequeño. En la puerta de la emisora, un perro guardián se encontraba al lado de un guardia que parecía estar muy fuertemente armado para cuidar una simple estación, en la otra esquina vi un abasto en donde me introduje y compré un huevo. Me acerqué a la puerta y saludé, el hombre nada amigable me preguntó que hacía en los predios de la radio, yo me saqué el huevo del bolsillo y se lo di al perro. El guardia de inmediato y con un cambio de semblante me dijo "perro no come huevo", yo contesté " ni quemándole el hocico", una sonrisa de oreja a oreja se esbozó en la cara del hombre de armas y me dijo "bienvenido a la 97.9, pase, pase señor, que tenga un buen día".
La clave era esa, un huevo, un perro, que se yo, el hecho es que adentro estaba. En la recepción me atendió una dama muy amable, yo inventando historias le convencí que tenía que hablar con algún locutor para una tesis que estaba haciendo como parte de mi doctorado en la industria radiofónica. Me dio un pase y me dijo que fuera al piso cuatro, yo me subí al ascensor y en el primer piso me bajé. Con cuidado y con cara de paisano me recorrí el primer piso sin encontrar indicios de alguna situación extraña, el segundo piso pasó de largo y el tercero no trajo mayores consecuencias. Al bajar en el cuarto piso sentí un escalofrío, de esos que atraviesan tu alma. Varias cabinas de locución con sus respectivos locutores adentro daban la impresión de estar todo en orden, me acerqué a una de ellas en donde la vi sentada con sus audífonos y su micrófono delante, en la pared la foto de un Yigüirro.
Abrí la puerta y la mujer quedó helada, sus ojos me miraron fijamente, se quitó los audífonos y me abrazó. "Sabía que vendrías", confieso que en mi vida había visto a la dama en cuestión, ella después de decir su nombre, Bel Leguirre, me explicó que dentro de la estación no había desconocidos y yo era el único con cara de perdido así que tenía que ser el hombre que había recibido el mensaje del ave mensajera. Luego de lograr quitármela de encima pues permanecía guindada cual koala recién nacido, le pedí por favor me explicara que estaba sucediendo allí. De pronto se abrió la puerta y tuve que tirarme al suelo, abajo del escritorio, un hombre con voz de maldad le dijo a Bel "todo bien?, me pareció escuchar que conversabas con alguien, vamos, vamos, a trabajar, hay mucho que hacer".
Escondido en ese hueco y sin saber que pasaba asomé mi cabeza, Bel se sentó en su silla y con mucha sutileza me explicó de que se trataba aquello. Los Caballeros de la Guaria Morada, así se hacían llamar, una banda de inescrupulosos Costarricenses que se aprovechaban de una nueva tecnología desarrollada por ellos en donde las ondas de la radio al ser escuchadas por los radioescuchas les hacían volverse adictos a una nueva droga, igualmente manufacturada en la estación. La droga se llamaba "Alajuela" y debía su nombre a una planta que crecía en esa región de Costa Rica, la misma era totalmente adictiva y causaba estragos en la población joven de la pacífica y próspera nación. Bel me dijo que los locutores como ella eran obligados por estos mercaderes del mal a crear programas de interés para jóvenes con lo cual las ondas podían ser enviadas a través de sus oídos y por ende tornándose adictos a la "Alajuela".
Tomé a Bel de la mano, y le dije que teníamos que salir de allí, de inmediato. Salimos del estudio y me dirigí al techo del edificio, allí comencé a balancearme en las antenas logrando que se partieran una a una, Bel me miraba atónita pero al poco tiempo comenzó a ayudarme. "Pronto nos van a descubrir" me dijo la interesante Tica, yo estaba poseído en mi tarea de destruir las antenas, de hecho le había agarrado el truco a la cosa y me balanceaba cual infante mientras entonaba canciones de kinder. Después de tumbar alrededor de doce antenas me acerqué a la más peligrosa, la que emitía las ondas que causaban la adicción, saqué mi china y disparé un garbanzo, otro, otro más, y nada, la misma estaba hecha con algún material infranqueable, una especie de aleación nunca antes vista. La antena comenzó a moverse, me saqué la franela y la lancé haciendo que la misma se trabara, un chirrido estremeció mis oídos y un poquito de humo se despidió desde el motor de la antena, aprovechando que estaba estática le tumbé de un zapatazo la punta de la misma, otro zapatazo al centro de la misma hizo que soltara unas chispas, Bel se quitó sus zapatos de tacones, con fuerza lancé cada zapato que se clavaron como lanzas en la esfera de la antena, después de todo el material no era tan resistente, en ese instante lo que no sabía si iban a resistir eran nuestras vidas.
Abel, mi amigo, apareció en el techo, fuertemente armado, "suelta la china Policarpio" me gritó. Yo no comprendía nada de aquello, "pero Abel, que haces, te volviste loco? logré decir, Bel me miró y me dijo "tu conoces a este individuo?, el es de los cabecillas, de los magnates de la droga". Abel se acercó y golpeó a Bel en su cara, la pobre dama cayó al piso y yo sin poder hacer nada, la ayudé a levantarse, unas lágrimas caían de sus ojos, el cachete rojo mostraba el duro golpe recibido. "Vamos, caminen, par de idiotas" dijo Abel, creo que no hay nada peor en el planeta que un superhéroe corrompido, aquellos que defendemos el bien sin lugar a dudas podemos ser muy malos en el otro bando. Adentro del edificio nos esperaban los otros líderes de la banda, entre ellos el taxista que tantas preguntas me había hecho. Nos amarraron fuertemente, espalda con espalda, nos metieron dentro de un estudio de grabación, otros locutores nos miraban con sus ojos perdidos, sin lugar a dudas poseídos por los efectos de la "Alajuela".
Entró un matón a sueldo al estudio, se le veía en su cara, portaba un machete tamaño casa. "Los voy a cortar en pedacitos" dijo y soltó una carcajada, “poco a poco, una muerte lenta para ustedes, les extirparé órgano por órgano y me los comeré”. Para ese momento y gracias a mi entrenamiento ninja, que debo agradecer realmente a mi padre que me llevaba a patadas desde que tenía seis años al dojo había logrado desalojar mi cuerpo físico y estar parado atrás del matón. El hombre levantó el machete y me golpeó en la cabeza con el mango del mismo, desde afuera no entendía el dolor ni la razón de la expresión de mi cara, no le permití una más al bandido, desde mi estado espiritual y con la fuerza de la mente dominé su mano, el próximo machetazo que iba dirigido hacia Bel se volvió contra el hombre que se auto-cortó la femoral. El sangrero parecía un río, volví a mi caparazón y me dolió la vida, el cachazo en la cabeza me había dejado aturdido y tardé en saber donde estaba, luego vi sus ojos, los ojos más profundos que he alcanzado a ver en mi existencia.
Salimos del estudio después de desatarnos, subí al techo y recuperé mi china, en el ínterin Bel se dedicó a sacar a sus amigos locutores del trance en que se encontraban, como lo hizo, es un misterio para mi hasta el día de hoy. China en mano me dirigí al cuarto donde estaban los monigotes reposando, contaban el dinero de las ganancias, bebían vodka con limón. Con cuidado bajé hasta la entrada en donde el guardia con el perro me despidieron amablemente, a pesar de preguntarme la razón de andar sin franela, me hice el loco y seguí mi camino. Crucé la calle y compré unas botellas de Coca-Cola, las vacié mientras lloraba por desperdiciar aquel preciado líquido, también adquirí unas botellas de kerosene, las introduje dentro las botellas de vidrio y con la ayuda de mi pantalón les creé una mecha. Me devolví a la estación, sin franela, sin pantalones, sin zapatos, el guardia ya no estaba, me apresuré y llegué al cuarto piso en donde los bandidos habían capturado a Bel y se disponían a eliminarla del planeta.
Saqué mi china y disparé a la frente de Abel, de inmediato prendí la primera bomba casera y la lancé. Crear el caos es la manera más fácil de salir de aprietos, la confusión hace mella en las mentes inferiores, un nuevo chinazo puso fuera de combate a otro maleante, otra bomba, las llamas comenzaban a hacer de las suyas, los otros bandidos huyeron por la retaguardia, solo logré alcanzar a uno con un garbanzo incendiado, lo prendí vivo, y se quemó sin más remedio. Me acerqué a Abel y sentí lástima por el otrora superhéroe convertido en hampón, me miró algo perdido por el garbanzazo en la frente y pidió clemencia.
Entre Bel y yo sacamos a los locutores del edificio que se quemaba, cargué con Abel hasta la puerta y lo dejé en la acera de enfrente. Yo estoy por encima del bien y del mal, no juzgo, no pongo objeciones, no lo iba a dejar morir, sus razones tendría para haberse cambiado de bando, razones que aún desconozco. Bel se acercó y me dijo que no sabía como agradecerme, me pidió permiso para darme un beso, y sin concedérselo la besé yo sin más ni menos, con sutileza fui quitando mis labios de los suyos, poco a poco, como un fantasma, como lo que soy, una sombra salvadora, un solitario incansable. Cuando abrió sus ojos ya me había ido, lejos, como siempre, solo puedo decir que yo tengo mis razones...
Los 5 hábitos extraños de Dinobat y Policarpio
Buenas, debo decir que no soy adepto a las cadenas, dejando claro eso, me dispongo a contestar esta pues es una especie de enfermedad entre los "bloggeros", igualmente la persona que me instó a hacerla tiene todo mis respetos, así que pedí permiso aquí en el manicomio donde vivo para hablar públicamente de mis manías, hábitos extraños y mañas de niño malcriado. Nota: Los Superhéroes no tenemos manías raras simplemente somos raros.
1) La primera sin lugar a dudas es que me como la uña del dedo gordo de mi mano derecha, solo esa, creo que me recuerda mis días de infancia cuando chupaba dedo y mi padre intentando salvarme de la ortodoncia colocaba sal en el dedo para que me diera asco llevarlo a la boca. En realidad desarrollé un gusto exquisito por la sal.
2) Al caminar en la calle o en cualquier lugar no piso las rayas, grietas y demás, quizás me venga de mis tiempos de jugador de baseball, en donde nunca pise la raya de cal, supersticiones es posible. Se imaginarán que divertido me veo al cruzar por el rayado peatonal, voy dando brincos cual Canguro herido.
3) Tomo Coca-Cola a toda hora, muy fría y con hielo, sirvo poca en el vaso, para que se mantenga helada, la saboreo, y puedo distinguir si es de lata, botella, botellita de vidrio, botellón, de máquina o si algún enemigo trata de envenenarme.
4) Duermo boca arriba, con las manos en mi pecho, uno nunca sabe cuando vendrá la llamada celestial. Una sola almohada, sin sábanas, solo una cobija. Igual la razón de dormir así es para no joder mucho cuando me tengan que meter en la caja, el rigor mortis puede causar posiciones extrañas.
5) Si alguien prende un cigarro al lado mío le pido amablemente que lo apague, si no lo hace me retiro, sea quien sea, familiar, amigo, conocido, extraño o personalidad importante.
"Aclaraciones: las reglas del juego son las siguientes: Titular “Los cinco extraños hábitos de....” (acá su nombre). Elegir luego 5 personas y dejar su nombre linkeado a su blog. Pasar por el blog de esa persona para avisarle de la invitación y que pueda leer sus respuestas. En el post, cada uno/a debe dejar en claro las reglas." Igualmente y estas reglas son las mías pues no se la paso a nadie, el que la quiera hacer pues que se desnude ante el planeta…
1) La primera sin lugar a dudas es que me como la uña del dedo gordo de mi mano derecha, solo esa, creo que me recuerda mis días de infancia cuando chupaba dedo y mi padre intentando salvarme de la ortodoncia colocaba sal en el dedo para que me diera asco llevarlo a la boca. En realidad desarrollé un gusto exquisito por la sal.
2) Al caminar en la calle o en cualquier lugar no piso las rayas, grietas y demás, quizás me venga de mis tiempos de jugador de baseball, en donde nunca pise la raya de cal, supersticiones es posible. Se imaginarán que divertido me veo al cruzar por el rayado peatonal, voy dando brincos cual Canguro herido.
3) Tomo Coca-Cola a toda hora, muy fría y con hielo, sirvo poca en el vaso, para que se mantenga helada, la saboreo, y puedo distinguir si es de lata, botella, botellita de vidrio, botellón, de máquina o si algún enemigo trata de envenenarme.
4) Duermo boca arriba, con las manos en mi pecho, uno nunca sabe cuando vendrá la llamada celestial. Una sola almohada, sin sábanas, solo una cobija. Igual la razón de dormir así es para no joder mucho cuando me tengan que meter en la caja, el rigor mortis puede causar posiciones extrañas.
5) Si alguien prende un cigarro al lado mío le pido amablemente que lo apague, si no lo hace me retiro, sea quien sea, familiar, amigo, conocido, extraño o personalidad importante.
"Aclaraciones: las reglas del juego son las siguientes: Titular “Los cinco extraños hábitos de....” (acá su nombre). Elegir luego 5 personas y dejar su nombre linkeado a su blog. Pasar por el blog de esa persona para avisarle de la invitación y que pueda leer sus respuestas. En el post, cada uno/a debe dejar en claro las reglas." Igualmente y estas reglas son las mías pues no se la paso a nadie, el que la quiera hacer pues que se desnude ante el planeta…
Monday, January 23, 2006
Cosas Bonitas
Me miraba, pero creo que realmente veía algo distinto a mi reflejo, sus ojos palidecían con el transcurrir de los segundos, yo trataba, juro que intenté hacer todo lo que estaba en mis manos. Sentía como la fuerza de la mano de Beatriz se extinguía, que le dices a alguien que está dando el salto de un plano a otro en ese preciso instante, se iba, tranquila y serena, como muchos, con un conjunto de sueños y anhelos, con tantos años por vivir. Batalló con su interior para fijar la mirada nuevamente en este lado de acá, suspiró, trató de hablar y no pudo, volvió a suspirar, me apretó con fuerza la mano, la última fuerza, y me dijo "gracias", soltó mi mano, para pasar al sueño eterno, cumpliendo mi promesa le cargué y la llevé a casa de sus padres, tal cual como me había pedido dejé su cuerpo inerte al lado del buzón de correos, la miré por última vez y me alejé, derrotado, el sabor del perder en mis entrañas, un superhéroe abatido, incapaz de salvar al planeta.
Eran tiempos normales de la historia, sin mucho porque alegrarse pero sin mucho porqué llorar. El aceptar hace más fácil el caminar, todo en su medida precisa, mientras más interno en nuestros seres logramos digerir que debemos ser lo suficientemente sabios para diferenciar entre las cosas que podemos cambiar y las que no podemos nuestro existir se balanceará eficientemente. Lo digo como si fuera una tarea simple de aprender, la realidad es otra, usualmente deseamos cambiar lo que no podemos, o quizás no debemos, el deber y el poder, conceptos que usualmente no son discutidos dentro de la misma ensalada. Dicen que es mejor mantener la calma, ver las cosas con una óptica esencialmente pausada, analizar para luego actuar, racionalizar antes de explotar, respirar hondo y meditar, pero como haces eso cuando se apaga frente a ti la luz de un ser, igual a ti, hecho a tu imagen y semejanza.
Acababa de salir de una entrevista de trabajo, me desabrochaba la corbata, me la había tenido que poner, vestirme de payaso, con mi traje, los convencionalismos que tuve que aceptar. Era un edificio moderno, eso creo, grandes ventanales permitían ver a las personas haciendo su trabajo, un concepto inédito, aprobado por algunos, odiado por otros. Ya me iba, camino al ascensor, mala maña la mía de pegar mi nariz en los cristales, y fue como la ví, allí sentada, haciendo sus deberes, ellos no podían ver hacia fuera, para evitar la distracción, me quedé paseando como un guardia, de un lado a otro, esperando a que saliera, conversé con gente que salía del ascensor, conté cuantos bombillos había en el techo, me dije algún chiste para reírme y mantener la moral en alto, y ya les dije que esperé?, que me mantuve por más de cuatro horas, cual león enjaulado, pensando, soñando, buscando palabras que decir.
Apareció de repente, me sorprendió debo confesar, todas mis líneas preconcebidas se esfumaron en un instante, por suerte usé mi habilidad para subirme al mismo ascensor, sonreí, ella devolvió la sonrisa con menos ganas. Nos bajamos, ella caminó hacia un establecimiento de comida, yo hice lo propio, en la cola y detrás de ella, escuchaba el sonido de su olor, si, es que los olores suenan, es solo que no hemos aprendido a entenderlo. Finalmente se volteó y me preguntó "tu me estás siguiendo?, en principio me dió por reírme, pero con cara de seriedad le dije "pues si, yo sigo lo que quiero", ella respondió "confianza uh?, por cierto tienes la corbata mal puesta", me sonrojé, cosa que nunca hago, me arreglé y le dije "pues y ahora?, con mi corbata bien puesta si comes conmigo?, ella me miró con cara de pocos amigos, "yo no como con extraños", "pero es que ya no soy un extraño, paseamos en ascensor y hasta mi corbata mal puesta criticaste", "insistente" dijo ella "pero bueno, al menos agradable, vamos a hacer algo, me acompañas a comer, pero nada de pedir teléfonos ni invitarme a salir, te parece?, accedí, es que como no iba a acceder.
"Beatriz Dorante" me dijo, y extendió su mano, yo hice lo mismo, nos sentamos, yo había olvidado comprar mi comida, es que hay momentos donde pierdo la razón, ese fue uno de ellos. Ella me ofreció la mitad de su sándwich, compartir, otra cosa que se nos ha olvidado a todos, así pues comimos, yo sin decir mucho, a pesar que sabía esa era mi única oportunidad, preferí disfrutar. Beatriz habló de ella, pero a la vez habló del todo, una voz suave y tranquila, sin prisas ni temores, a veces creo que no pasó, que es solo un sueño que tuve en una noche de esas, y que simplemente nunca he podido olvidar, la línea que divide a la realidad de los sueños puede ser muy fina, puede acabar con la existencia pero es capaz de lograr cosas inimaginables.
Mi hora había llegado, el tiempo pasó, Beatriz se levantó y con una sonrisa agradeció que la hubiera acompañado a almorzar. "No acostumbro a almorzar con desconocidos, pero esta ha sido una experiencia distinta" dijo mientras se despedía. Nuevamente la seguí al ascensor, hay momentos donde pienso que ella quería que la siguiera, hay otros donde no estoy tan seguro, usé uno de mis tantos trucos, me escondí atrás de una mata, de una mata de edificio, una especie de palmerita escueta. Las puertas del ascensor se iban a cerrar, y sin más se abrieron nuevamente, ella salió del mismo, y se acercó a la mata, la estudió, hizo como si no me viera, en silencio y con su boca dijo unos números, aún los recuerdo, se volteó y se fue.
Sentado en el techo de mi casa observaba al sol caer, en una mano un vaso de Coca-Cola, en la otra el teléfono, Alerón, mi perro, me lamía aprovechando que mis dos manos estaban ocupadas, del otro lado del teléfono escuché su voz, "sabía que ibas a llamar" me dijo, "entonces si lo sabías porqué estás sonriendo nerviosamente" le dije, esta vez ella fue la que se puso roja, no la vi, pero lo se. Le dije que la pasaba buscando, y ella accedió, en la puerta de aquel edificio en el cual había estado horas antes, estaba parada, esperando, es que siempre estamos esperando algo, así nos metemos la existencia. Se subió en la parte trasera del carro, Alerón, venía como mi copiloto y no permitió que Beatriz se sentara delante por más que traté de convencerle, de esa forma llegamos a un pequeño lugar, en donde conversamos abiertamente.
Entrada ya la noche y con la esperanza en su punto más alto la llevé a su casa, allí me dijo algo que para entonces no entendí, mencionó que si moría pues que la trajera y la dejara al lado del buzón de correos de su casa, así sus padres recibirían la noticia como una carta más, nunca sabemos que vendrá en el correo, nunca sabemos cuando seremos nosotros. Se despidió con un beso en la mejilla, preguntó si me volvería a ver, debe ser que más de una vez la habían usado por una noche para nunca volver. Yo decidí devolver el beso, en la mejilla también, aseguré que si me volvería a ver y que la próxima trataría de engañar a Alerón antes de salir de la casa para que se pudiera sentar en el puesto de adelante. Caminó hacia la entrada de su casa, abrió la puerta, hizo un gesto con su mano y desapareció.
Esa noche no dormí, es que no podía sacar ciertas imágenes de mi mente, hay días que las vuelvo a ver, en cualquier lado, en cualquier rostro, en cualquier situación. A la mañana siguiente me paré detrás de la mata que estaba al frente de los ascensores donde Beatriz trabajaba, la persona que me había entrevistado el día anterior pasó por allí y me vió, quedando mi oportunidad de trabajar allí negadas ipso facto, por supuesto, un loco detrás de una mata, esperando a la nada, pero en ese momento nada me importaba. Llegó al poco tiempo, con dos hombres con mala cara, vestidos de negro, reconozco que no entendí y sin que se dieran cuenta me subí al ascensor con ellos, Beatriz no me saludó, aunque sus ojos brillaron de manera extraña, yo me hice el loco y me bajé en un piso más arriba, por las escaleras llegué a su piso y esperé. Finalmente salieron de la oficina, con cuidado y sigiloso les seguí, en el estacionamiento subieron a Beatriz a un carro, yo me subí al mío, en la autopista mi carrito no podía mantenerse cerca de aquel bólido infernal, por suerte se metieron en la salida de El Rosal, y de allí a un motel, para este momento estaba desconcertado, quizás debería decir decepcionado. Estacioné mi carro, crucé la calle y me introduje en el motel.
El papá de un amigo que estaba haciendo de las suyas me vio, el pobre viejo no sabía que hacer, optó por sacarse unos reales del bolsillo y dármelos, mi conciencia no se compra, los dejé caer al piso, pero le prometí que no diría nada, en realidad eso no era problema mío. Sin perder de vista a Beatriz, continué mi camino, al último piso del motel, a la "suite real", vi como entraban a la misma, me acerqué a la puerta y pegué el oído. Se escuchaban voces, gritos a veces, adentro habían unas ocho personas, pude calcular, debía actuar rápido, al fondo del piso había un cuartito, adentro estaba uno de los botones del motel, saqué un billete del bolsillo y se lo ofrecí a cambio de su disfraz, si, porque esa vaina con sombrerito es un disfraz, el hombre dudó, pero la necesidad puede con todo y tomó mi dinero a cambio de su traje.
Toqué la puerta de la habitación, me abrieron los dos hombres de negro, nada amables por cierto, adentro habían como cuatro muchachas, todas sentadas alrededor de un hombre bien vestido, entre ellas, Beatriz. "Que quieres?, me dijo uno de los hombres de negro, "mire me dijeron que revisara si hay toallas en el baño, usted sabe, todo lo mejor para nuestro cliente estrella", el hombre bien vestido, se levantó y dijo "déjalo pasar". Miré a Beatriz quien no sabía que hacer al verme, seguí hasta el baño y salí diciendo que todo estaba en orden. El hombre bien vestido, me recordaba a alguien, y de pronto todo cuajó, se trataba de Marcos Vargas, el banquero de la trampa, un hombre poderoso, inescrupuloso, que había pisado a media Caracas en su ascenso hacia la fortuna.
Ya me iba, cuando Vargas me dijo "oye botones, y tu no quieres participar en la fiesta?, aquí hay para todos". Dudé, por un momento tuve sentimientos encontrados, pero mi deber es ulterior, y esas muchachas que allí estaban merecían una oportunidad, un empuje para salirse de aquello, para cambiar sus vidas, no las juzgo, nunca juzgo a nadie, es solo que sus ojos me dijeron que no eran felices. "Pues si patrón", le dije a Vargas, "me quedo pues a disfrutar de la fiesta", Beatriz no me quitaba los ojos de encima, Vargas se dio cuenta y me dijo "agarra a esta bichita que no te deja de mirar, esta divina no?, yo me limité a sonreír, una sonrisa falsa, sin lugar a dudas, la tomé de la mano y me paré a esperar que sucedía.
Marcos Vargas me indicó que la cosa era en comunidad, todos allí en la sala, a todas estas los monigotes de negro ya estaban en pelotas, el banquero también. Beatriz alcanzó a decirme "que carajo estás haciendo tu aquí?, yo sin mirarla y con cuidado le dije que no eran momentos de preguntas, más bien de respuestas, que se tranquilizara y siguiera el juego. El revuelo había comenzado, Vargas me indicaba que me quitara el disfraz de botones, yo apenado y no acostumbrado a ese tipo de joditas comencé por quitarme la chaqueta con suma lentitud, aún recuerdo las miradas vacías, de todas ellas, una por una pasean en mis sueños y me reprochan no haberles salvado, se sientan en círculo y lloran desconsoladas, yo simplemente me despierto sudando.
"Que te parece este clubcito de niñas 'bien'" me dijo Vargas, "pura seda, estas son niñas de la sociedad como puedes ver, quien lo iba a pensar no?, tu un botones, disfrutando de este banquete". Allí el asco penetró mis venas, el ser repugnante que tenía al frente me provocó nauseas, miré a Beatriz y le dije "nos vamos de esta mierda, ya, ahora mismo", Vargas dejó de hacer lo que estaba haciendo, al igual que los monigotes y dijo "Ay me salió salvadorcito de la patria el maricón este", refiriéndose a mi por supuesto, lo miré desafiante y le dije "es más, no solo Beatriz, sino que las demás también se vienen conmigo, se acabó esta joda". Las otras muchachas se pararon, de inmediato, así como reforzadas por mi aliento, con una nueva esperanza, se colocaron detrás de mi y se vistieron con rapidez.
Vargas sin entender me dijo "como coño sabes tu el nombre de la perrita esta?, antes de dejarle decir algo más saqué mi china y le disparé sacándole un diente con un poderoso garbanzo. Vargas escupiendo el diente, y los monigotes de negro, desenfundaron unas armas poderosas, y sin mediar palabras comenzaron a disparar. Yo estaba entrenado, las muchachas no, mi brinco me colocó detrás de un sofá, un chinazo, esta vez con una bolita de plomo a la cabeza de uno de los monigotes lo puso fuera de combate, en ese momento Vargas gritó "hay que escapar, nadie puede saber de esta vaina", así el banquero y uno de sus guardaespaldas salieron disparados por la puerta no sin antes echar varios tiros hacia adentro.
Miré a mi alrededor y el cuadro no era bonito, corrí al teléfono y pedí ayuda, me acerqué a Beatriz quien parecía estar bien, las otras muchachas estaban heridas, heridas de muerte. Beatriz me abrazó y comenzó a llorar, nuevamente mis sentimientos se encontraron, "hay que salir de aquí" le dije, ella no quería dejar a sus amigas, lo cual es loable, pero en ese momento había que actuar rápido, al pasar por al lado del monigote Beatriz se detuvo, se agachó y lo besó, un sonido sórdido inundó el cuarto, Beatriz cayó hacia atrás, el líquido rojo brotaba de su abdomen. Un nuevo chinazo, esta vez el centro de la frente desmayó por completo al monigote. Brinqué hacia Beatriz quien se desvanecía entre mis manos, como recuerdo, y ya dije, me miraba, pero ya no estaba allí, me agradeció, aún no se el por qué, eso fue lo último que dijo.
Hay cosas que debo aceptar, hay cosas que no puedo cambiar, hay cosas que no debemos cambiar, hay cosas que puedo cambiar, hoy en día miro atrás y quizás solo pueda esperar…
Eran tiempos normales de la historia, sin mucho porque alegrarse pero sin mucho porqué llorar. El aceptar hace más fácil el caminar, todo en su medida precisa, mientras más interno en nuestros seres logramos digerir que debemos ser lo suficientemente sabios para diferenciar entre las cosas que podemos cambiar y las que no podemos nuestro existir se balanceará eficientemente. Lo digo como si fuera una tarea simple de aprender, la realidad es otra, usualmente deseamos cambiar lo que no podemos, o quizás no debemos, el deber y el poder, conceptos que usualmente no son discutidos dentro de la misma ensalada. Dicen que es mejor mantener la calma, ver las cosas con una óptica esencialmente pausada, analizar para luego actuar, racionalizar antes de explotar, respirar hondo y meditar, pero como haces eso cuando se apaga frente a ti la luz de un ser, igual a ti, hecho a tu imagen y semejanza.
Acababa de salir de una entrevista de trabajo, me desabrochaba la corbata, me la había tenido que poner, vestirme de payaso, con mi traje, los convencionalismos que tuve que aceptar. Era un edificio moderno, eso creo, grandes ventanales permitían ver a las personas haciendo su trabajo, un concepto inédito, aprobado por algunos, odiado por otros. Ya me iba, camino al ascensor, mala maña la mía de pegar mi nariz en los cristales, y fue como la ví, allí sentada, haciendo sus deberes, ellos no podían ver hacia fuera, para evitar la distracción, me quedé paseando como un guardia, de un lado a otro, esperando a que saliera, conversé con gente que salía del ascensor, conté cuantos bombillos había en el techo, me dije algún chiste para reírme y mantener la moral en alto, y ya les dije que esperé?, que me mantuve por más de cuatro horas, cual león enjaulado, pensando, soñando, buscando palabras que decir.
Apareció de repente, me sorprendió debo confesar, todas mis líneas preconcebidas se esfumaron en un instante, por suerte usé mi habilidad para subirme al mismo ascensor, sonreí, ella devolvió la sonrisa con menos ganas. Nos bajamos, ella caminó hacia un establecimiento de comida, yo hice lo propio, en la cola y detrás de ella, escuchaba el sonido de su olor, si, es que los olores suenan, es solo que no hemos aprendido a entenderlo. Finalmente se volteó y me preguntó "tu me estás siguiendo?, en principio me dió por reírme, pero con cara de seriedad le dije "pues si, yo sigo lo que quiero", ella respondió "confianza uh?, por cierto tienes la corbata mal puesta", me sonrojé, cosa que nunca hago, me arreglé y le dije "pues y ahora?, con mi corbata bien puesta si comes conmigo?, ella me miró con cara de pocos amigos, "yo no como con extraños", "pero es que ya no soy un extraño, paseamos en ascensor y hasta mi corbata mal puesta criticaste", "insistente" dijo ella "pero bueno, al menos agradable, vamos a hacer algo, me acompañas a comer, pero nada de pedir teléfonos ni invitarme a salir, te parece?, accedí, es que como no iba a acceder.
"Beatriz Dorante" me dijo, y extendió su mano, yo hice lo mismo, nos sentamos, yo había olvidado comprar mi comida, es que hay momentos donde pierdo la razón, ese fue uno de ellos. Ella me ofreció la mitad de su sándwich, compartir, otra cosa que se nos ha olvidado a todos, así pues comimos, yo sin decir mucho, a pesar que sabía esa era mi única oportunidad, preferí disfrutar. Beatriz habló de ella, pero a la vez habló del todo, una voz suave y tranquila, sin prisas ni temores, a veces creo que no pasó, que es solo un sueño que tuve en una noche de esas, y que simplemente nunca he podido olvidar, la línea que divide a la realidad de los sueños puede ser muy fina, puede acabar con la existencia pero es capaz de lograr cosas inimaginables.
Mi hora había llegado, el tiempo pasó, Beatriz se levantó y con una sonrisa agradeció que la hubiera acompañado a almorzar. "No acostumbro a almorzar con desconocidos, pero esta ha sido una experiencia distinta" dijo mientras se despedía. Nuevamente la seguí al ascensor, hay momentos donde pienso que ella quería que la siguiera, hay otros donde no estoy tan seguro, usé uno de mis tantos trucos, me escondí atrás de una mata, de una mata de edificio, una especie de palmerita escueta. Las puertas del ascensor se iban a cerrar, y sin más se abrieron nuevamente, ella salió del mismo, y se acercó a la mata, la estudió, hizo como si no me viera, en silencio y con su boca dijo unos números, aún los recuerdo, se volteó y se fue.
Sentado en el techo de mi casa observaba al sol caer, en una mano un vaso de Coca-Cola, en la otra el teléfono, Alerón, mi perro, me lamía aprovechando que mis dos manos estaban ocupadas, del otro lado del teléfono escuché su voz, "sabía que ibas a llamar" me dijo, "entonces si lo sabías porqué estás sonriendo nerviosamente" le dije, esta vez ella fue la que se puso roja, no la vi, pero lo se. Le dije que la pasaba buscando, y ella accedió, en la puerta de aquel edificio en el cual había estado horas antes, estaba parada, esperando, es que siempre estamos esperando algo, así nos metemos la existencia. Se subió en la parte trasera del carro, Alerón, venía como mi copiloto y no permitió que Beatriz se sentara delante por más que traté de convencerle, de esa forma llegamos a un pequeño lugar, en donde conversamos abiertamente.
Entrada ya la noche y con la esperanza en su punto más alto la llevé a su casa, allí me dijo algo que para entonces no entendí, mencionó que si moría pues que la trajera y la dejara al lado del buzón de correos de su casa, así sus padres recibirían la noticia como una carta más, nunca sabemos que vendrá en el correo, nunca sabemos cuando seremos nosotros. Se despidió con un beso en la mejilla, preguntó si me volvería a ver, debe ser que más de una vez la habían usado por una noche para nunca volver. Yo decidí devolver el beso, en la mejilla también, aseguré que si me volvería a ver y que la próxima trataría de engañar a Alerón antes de salir de la casa para que se pudiera sentar en el puesto de adelante. Caminó hacia la entrada de su casa, abrió la puerta, hizo un gesto con su mano y desapareció.
Esa noche no dormí, es que no podía sacar ciertas imágenes de mi mente, hay días que las vuelvo a ver, en cualquier lado, en cualquier rostro, en cualquier situación. A la mañana siguiente me paré detrás de la mata que estaba al frente de los ascensores donde Beatriz trabajaba, la persona que me había entrevistado el día anterior pasó por allí y me vió, quedando mi oportunidad de trabajar allí negadas ipso facto, por supuesto, un loco detrás de una mata, esperando a la nada, pero en ese momento nada me importaba. Llegó al poco tiempo, con dos hombres con mala cara, vestidos de negro, reconozco que no entendí y sin que se dieran cuenta me subí al ascensor con ellos, Beatriz no me saludó, aunque sus ojos brillaron de manera extraña, yo me hice el loco y me bajé en un piso más arriba, por las escaleras llegué a su piso y esperé. Finalmente salieron de la oficina, con cuidado y sigiloso les seguí, en el estacionamiento subieron a Beatriz a un carro, yo me subí al mío, en la autopista mi carrito no podía mantenerse cerca de aquel bólido infernal, por suerte se metieron en la salida de El Rosal, y de allí a un motel, para este momento estaba desconcertado, quizás debería decir decepcionado. Estacioné mi carro, crucé la calle y me introduje en el motel.
El papá de un amigo que estaba haciendo de las suyas me vio, el pobre viejo no sabía que hacer, optó por sacarse unos reales del bolsillo y dármelos, mi conciencia no se compra, los dejé caer al piso, pero le prometí que no diría nada, en realidad eso no era problema mío. Sin perder de vista a Beatriz, continué mi camino, al último piso del motel, a la "suite real", vi como entraban a la misma, me acerqué a la puerta y pegué el oído. Se escuchaban voces, gritos a veces, adentro habían unas ocho personas, pude calcular, debía actuar rápido, al fondo del piso había un cuartito, adentro estaba uno de los botones del motel, saqué un billete del bolsillo y se lo ofrecí a cambio de su disfraz, si, porque esa vaina con sombrerito es un disfraz, el hombre dudó, pero la necesidad puede con todo y tomó mi dinero a cambio de su traje.
Toqué la puerta de la habitación, me abrieron los dos hombres de negro, nada amables por cierto, adentro habían como cuatro muchachas, todas sentadas alrededor de un hombre bien vestido, entre ellas, Beatriz. "Que quieres?, me dijo uno de los hombres de negro, "mire me dijeron que revisara si hay toallas en el baño, usted sabe, todo lo mejor para nuestro cliente estrella", el hombre bien vestido, se levantó y dijo "déjalo pasar". Miré a Beatriz quien no sabía que hacer al verme, seguí hasta el baño y salí diciendo que todo estaba en orden. El hombre bien vestido, me recordaba a alguien, y de pronto todo cuajó, se trataba de Marcos Vargas, el banquero de la trampa, un hombre poderoso, inescrupuloso, que había pisado a media Caracas en su ascenso hacia la fortuna.
Ya me iba, cuando Vargas me dijo "oye botones, y tu no quieres participar en la fiesta?, aquí hay para todos". Dudé, por un momento tuve sentimientos encontrados, pero mi deber es ulterior, y esas muchachas que allí estaban merecían una oportunidad, un empuje para salirse de aquello, para cambiar sus vidas, no las juzgo, nunca juzgo a nadie, es solo que sus ojos me dijeron que no eran felices. "Pues si patrón", le dije a Vargas, "me quedo pues a disfrutar de la fiesta", Beatriz no me quitaba los ojos de encima, Vargas se dio cuenta y me dijo "agarra a esta bichita que no te deja de mirar, esta divina no?, yo me limité a sonreír, una sonrisa falsa, sin lugar a dudas, la tomé de la mano y me paré a esperar que sucedía.
Marcos Vargas me indicó que la cosa era en comunidad, todos allí en la sala, a todas estas los monigotes de negro ya estaban en pelotas, el banquero también. Beatriz alcanzó a decirme "que carajo estás haciendo tu aquí?, yo sin mirarla y con cuidado le dije que no eran momentos de preguntas, más bien de respuestas, que se tranquilizara y siguiera el juego. El revuelo había comenzado, Vargas me indicaba que me quitara el disfraz de botones, yo apenado y no acostumbrado a ese tipo de joditas comencé por quitarme la chaqueta con suma lentitud, aún recuerdo las miradas vacías, de todas ellas, una por una pasean en mis sueños y me reprochan no haberles salvado, se sientan en círculo y lloran desconsoladas, yo simplemente me despierto sudando.
"Que te parece este clubcito de niñas 'bien'" me dijo Vargas, "pura seda, estas son niñas de la sociedad como puedes ver, quien lo iba a pensar no?, tu un botones, disfrutando de este banquete". Allí el asco penetró mis venas, el ser repugnante que tenía al frente me provocó nauseas, miré a Beatriz y le dije "nos vamos de esta mierda, ya, ahora mismo", Vargas dejó de hacer lo que estaba haciendo, al igual que los monigotes y dijo "Ay me salió salvadorcito de la patria el maricón este", refiriéndose a mi por supuesto, lo miré desafiante y le dije "es más, no solo Beatriz, sino que las demás también se vienen conmigo, se acabó esta joda". Las otras muchachas se pararon, de inmediato, así como reforzadas por mi aliento, con una nueva esperanza, se colocaron detrás de mi y se vistieron con rapidez.
Vargas sin entender me dijo "como coño sabes tu el nombre de la perrita esta?, antes de dejarle decir algo más saqué mi china y le disparé sacándole un diente con un poderoso garbanzo. Vargas escupiendo el diente, y los monigotes de negro, desenfundaron unas armas poderosas, y sin mediar palabras comenzaron a disparar. Yo estaba entrenado, las muchachas no, mi brinco me colocó detrás de un sofá, un chinazo, esta vez con una bolita de plomo a la cabeza de uno de los monigotes lo puso fuera de combate, en ese momento Vargas gritó "hay que escapar, nadie puede saber de esta vaina", así el banquero y uno de sus guardaespaldas salieron disparados por la puerta no sin antes echar varios tiros hacia adentro.
Miré a mi alrededor y el cuadro no era bonito, corrí al teléfono y pedí ayuda, me acerqué a Beatriz quien parecía estar bien, las otras muchachas estaban heridas, heridas de muerte. Beatriz me abrazó y comenzó a llorar, nuevamente mis sentimientos se encontraron, "hay que salir de aquí" le dije, ella no quería dejar a sus amigas, lo cual es loable, pero en ese momento había que actuar rápido, al pasar por al lado del monigote Beatriz se detuvo, se agachó y lo besó, un sonido sórdido inundó el cuarto, Beatriz cayó hacia atrás, el líquido rojo brotaba de su abdomen. Un nuevo chinazo, esta vez el centro de la frente desmayó por completo al monigote. Brinqué hacia Beatriz quien se desvanecía entre mis manos, como recuerdo, y ya dije, me miraba, pero ya no estaba allí, me agradeció, aún no se el por qué, eso fue lo último que dijo.
Hay cosas que debo aceptar, hay cosas que no puedo cambiar, hay cosas que no debemos cambiar, hay cosas que puedo cambiar, hoy en día miro atrás y quizás solo pueda esperar…
Thursday, January 19, 2006
Viento
Hay cosas que nos pasan por al lado y no las vemos, otras nos pasan y nos tocan pero aún no las vemos, hay otras que vemos y no nos tocan y hay otras que simplemente no sabemos que son. Oscar Clemente Delfino lo había planeado todo, el renombrado ingeniero civil venezolano minuciosamente había estudiado los pormenores de su decisión, una mezcla infalible, tablas de números, cálculos matemáticos e investigaciones varias sobre el tema. Aquella mañana se levantó como siempre, tomó su taza de té de manzanilla y leyó en la prensa lo mismo que había leído el día anterior, con calma y serenidad recorrió su casa, vestido de gala salió a su trabajo, un edificio en construcción en una zona pudiente, saludó a los obreros y con su casco amarillo subió haciendo uso del improvisado ascensor al piso diez, último del edificio, sintió el aire en su cara, observó la ciudad y saltó.
Oscar Clemente Delfino luchó por muchos años contra su depresión, una que muchos no lograban entender por el simple hecho que el hombre era un individuo de éxito. Oscar mantenía un esquema envidiable dentro la polucionada sociedad caraqueña, una mansión, nueve automóviles, cinco viajes al año, Nueva York, Vail, Paris, Londres y El Cairo eran sus lugares favoritos, una esposa perfecta gracias a la magia del bisturí, unos hijos fantásticos y por sobre todo el reconocimiento dentro del medio laboral que lo ensalzaban de elogios por todas las majestuosas obras que construía su empresa a lo largo y ancho de la ciudad. En la cúspide el viento sopla más fuerte solía decir Clemente Delfino, creo que nadie se atrevió a preguntarle que quería decir con aquella frase, Oscarcito se había vuelto algo introvertido con el pasar de los años, ya no se montaba en las tarimas para cantar en los matrimonios a los cuales asistía, no jugaba al golf sino en ciertas ocasiones, no bebía más de un palo de whiskey por semana y el cigarro ya no era parte de su vida.
Se bajó de su carro, en un edificio algo feo del centro de la ciudad, miró hacia los lados y abrió la reja del mismo, con su propia llave. El ascensor no funcionaba, subió las escaleras hasta el piso cuatro y entró a un apartamento. Adentro dos pequeñines salieron a su paso a saludarle, una mujer bien vestida también le saludó. El apartamento amoblado con el último grito de la moda y con artefactos que muchos sueñan tener llevaba un contraste gigante con la fachada e interior del edificio. Se sentaron a la mesa y comieron, hablaron como toda una familia, los niños mostraban sus calificaciones en la escuela, Oscar les regalaba dinero por cada materia aprobada, la mujer le miraba atenta, y le hacia cariños en su mano. Del bolsillo se sacó una cajita con un anillo adentro, se lo entregó a la dama en cuestión, como todo macho que "se respeta" Oscarcito tenía su otro frente, es que el dinero sobraba en sus cuentas bancarias.
Oscar llegó tarde del trabajo, algo cansado, quizás agobiado más bien. En la sala de su casa le esperaban sentados su esposa y una de sus hijas, alrededor de ellos los otros hijos, dos más para ser exactos, un varón y otra hembra. Sorprendido por aquella reunión tan poco común Oscar no sabía si reír o llorar, algo nervioso tomó asiento en su poltrona inglesa y preguntó de que se trataba todo aquello. "Vas a ser abuelo" proclamó su esposa, "abuelo?, dijo Oscar sin entender nada de aquello. La pequeña María Isabel, su hija menor, había tenido un pequeño desliz en una fiesta, ni siquiera tenía novio, al menos no conocido, el desliz se había transformado en un pequeño embrión que ahora flotaba placidamente en su placenta. Oscar ni siquiera pudo hablar, miró al cielo y calló. Su esposa le demandaba que dijera algo, él permanecía incólume, después de unos minutos preguntó quien era el padre del bebé, no supieron darle una respuesta. Se paró de su silla y caminó a la biblioteca, algunos dicen que lloró toda la noche, otros que simplemente se dedicó a leer una revista de arquitectura.
Con la fuerza que le caracterizaba golpeó la pelota de golf que se elevó con rapidez, la misma tomó un camino equivocado, yendo a parar a unos matorrales en la parte derecha del "fairway". Sus amigos bromearon y rieron mientras tomaban su turno, luego de caminar hasta el punto siguiente Oscar comenzó la búsqueda de la pelota, se adentró en los matorrales y de pronto escuchó un sonido extraño, en principio pensó que se trataba de un animal, y pues bien, encontró dos animales, animales evolucionados quise decir, su esposa y un "caddie", que disfrutaban de los placeres de la carne en pleno campo de golf. Oscar se violentó y atacó al "caddie" con su palo, el hombre hábilmente lo esquivó, su esposa le lanzó un piñazo, Oscar luchaba contra dos, su esposa y su amante. Sus amigos al percatarse del asunto se aglomeraron en el lugar para descubrir la bella escena, Oscar, tratando de apalear al "caddie", su esposa defendiendo al "caddie" y el honor de un hombre regado en unos matorrales de un campo de golf y con testigos que se encargarían de llevar la noticia por cada rincón del planeta.
Levantó el celular, de inmediato reconoció la voz, el funcionario del gobierno exigía su parte de la tajada. Le amenazó sin escrúpulos, el contratito que había obtenido gracias a la mano peluda que habita en los gobiernos reclamaba su parte en el trato. Oscar no sabía que hacer, el tren de vida que mantenía le había hecho pasar por alto al primer eslabón en la cadena de la corrupción, ese al que siempre dejan por fuera. Este hombre decidido y vengativo se disponía a cobrar lo suyo, Clemente Delfino trató de voltear la tortilla y amenazar él a su atacante, los gritos de su hija al otro lado del teléfono le hicieron helar la sangre. El pequeño llevaba la ventaja sobre el grande, con la vida no se juega, o es acaso que si se puede jugar?
Abatido por los acontecimientos decidió pasar por su casa, la de sus padres más bien. Adentro conversaba con su papá acerca de la situación política del país al igual que de los caballos que habían adquirido para la próxima campaña en el hipódromo. Una conversación pacífica y tranquila, sin ningún tipo de aspavientos. La madre de Oscar apareció y le dio un beso en su mejilla, se sentó tranquila a tomar su café con unos cuantos tranquilizantes como siempre hacía, mirando a su esposo, le preguntó si ya le había comentado a Oscar de sus planes. El padre de Oscar le dijo "hijo, tu madre y yo nos vamos a separar, es un hecho", Oscar dejó caer el vaso de agua sobre la alfombra, su padre continuó "no te asustes hijo, hay cosas que pasan, y después de 47 años de matrimonio pues estamos cansados el uno del otro". "Por cierto" dijo la madre "no hay herencia para ti, hemos decidido que al morir donaremos nuestra fortuna a la asociación de perros huérfanos". Oscar salió de su casa, más confundido que una gárgola sin alas.
Pasó por el apartamento del centro, el de su otro frente, adentro se encontró a su amante con su amante, amante con amante anula la maldad, eso escuché decir una vez. Oscar mantenía no solo a sus otros dos hijos, a su amante, y a el amante de su amante, que trabalenguas resulta esto, así era como Oscar lo procesaba en su mente, los dos hombres se miraron a los ojos, la amante en el medio, los niñitos en sus juegos. Miró a sus pequeños hijos, miró a su amante, se acercó al amante de su amante y le dio un abrazo, lo miró de nuevo a los ojos y sonrío. Bajó la cabeza en señal de no tener ánimos de combatir, se dirigió a la puerta, la cerró y metió la llave por debajo de la puerta.
El aire se sentía frío, la velocidad aumentaba, el piso se acercaba con rapidez, muchos pensamientos cruzaban su mente, el hombre convertido en pájaro sin alas volaba hacia la tierra. La corbata se enredó en su cuello, el casco amarillo decidió tomar otro rumbo, la camisa perdía los botones proporcionalmente a la aceleración impuesta al objeto volador no identificado. Abría y cerraba los ojos, el sonido del viento surcaba sus oídos, veía la cara de sus obreros al pasar por los distintos pisos, veía su sombra en la acera, en el cemento caliente que esperaba con los brazos abiertos. Una sensación de libertad y cobardía invadió sus sentidos, el arrepentimiento no era parte de este juego, el momento se acercaba, el concreto hacía agua su boca con ese platillo que iba a degustar.
Trató de gritar pero no pudo, trato de mirar pero las lágrimas se lo impidieron, se colocó en posición de impacto y esbozó una sonrisa. La corriente de viento anuló su descenso, quedó flotando a tres metros de la acera, esperando, ansioso por sentir el crujir de sus huesos, ilusionado por dejar el caparazón y ser libre una vez más. Abajo los obreros pensaban que estaba poseído, pues flotaba, proferían oraciones y hacían lo posible por llamar a un cura. Abrió los ojos pensando que todo había terminado, escuchó los gritos de sus obreros, de los transeúntes que pasaban por aquella avenida, Oscar seguía flotando, estático, inerte, sin saber que sucedía, finalmente y con la ayuda de una escalera uno de los obreros llegó a las alturas, se paró cerca de Oscar y le dijo "patrón, que le pasa?. Clemente Delfino quien todavía no entendía que pasaba le dijo "coño San Pedro eres igualito a un obrero mío, se llama Pastor", el obrero al escuchar esto se cayó de la escalera y salió corriendo convencido que Oscar estaba poseído por algún ente extraño.
La corriente de viento traía consigo sus palabras, el viento nos habla, el aire lleva a todos los rincones del universo la esencia de todo aquello que somos y por ende de lo que hacemos. Oscar escuchaba sin comprender todo aquello, el viento le hablaba, no le permitía caer, no le daba un pasaporte para el escape, ese elemento invisible a nuestros ojos pero que sentimos en nuestro andar se cercioraba que el equilibrio se mantuviera intacto, que el preso no escapara de la cárcel, que enfrentara su existir y que el no podía decidir morir.
Oscar le pasó por al lado a muchas personas y no lo vieron, Oscar pasó y tocó pero aún no lo vieron, a Oscar lo vieron pero no tocó a todo el que le vió, que era Oscar en realidad?, pues nadie lo sabrá…
Oscar Clemente Delfino luchó por muchos años contra su depresión, una que muchos no lograban entender por el simple hecho que el hombre era un individuo de éxito. Oscar mantenía un esquema envidiable dentro la polucionada sociedad caraqueña, una mansión, nueve automóviles, cinco viajes al año, Nueva York, Vail, Paris, Londres y El Cairo eran sus lugares favoritos, una esposa perfecta gracias a la magia del bisturí, unos hijos fantásticos y por sobre todo el reconocimiento dentro del medio laboral que lo ensalzaban de elogios por todas las majestuosas obras que construía su empresa a lo largo y ancho de la ciudad. En la cúspide el viento sopla más fuerte solía decir Clemente Delfino, creo que nadie se atrevió a preguntarle que quería decir con aquella frase, Oscarcito se había vuelto algo introvertido con el pasar de los años, ya no se montaba en las tarimas para cantar en los matrimonios a los cuales asistía, no jugaba al golf sino en ciertas ocasiones, no bebía más de un palo de whiskey por semana y el cigarro ya no era parte de su vida.
Se bajó de su carro, en un edificio algo feo del centro de la ciudad, miró hacia los lados y abrió la reja del mismo, con su propia llave. El ascensor no funcionaba, subió las escaleras hasta el piso cuatro y entró a un apartamento. Adentro dos pequeñines salieron a su paso a saludarle, una mujer bien vestida también le saludó. El apartamento amoblado con el último grito de la moda y con artefactos que muchos sueñan tener llevaba un contraste gigante con la fachada e interior del edificio. Se sentaron a la mesa y comieron, hablaron como toda una familia, los niños mostraban sus calificaciones en la escuela, Oscar les regalaba dinero por cada materia aprobada, la mujer le miraba atenta, y le hacia cariños en su mano. Del bolsillo se sacó una cajita con un anillo adentro, se lo entregó a la dama en cuestión, como todo macho que "se respeta" Oscarcito tenía su otro frente, es que el dinero sobraba en sus cuentas bancarias.
Oscar llegó tarde del trabajo, algo cansado, quizás agobiado más bien. En la sala de su casa le esperaban sentados su esposa y una de sus hijas, alrededor de ellos los otros hijos, dos más para ser exactos, un varón y otra hembra. Sorprendido por aquella reunión tan poco común Oscar no sabía si reír o llorar, algo nervioso tomó asiento en su poltrona inglesa y preguntó de que se trataba todo aquello. "Vas a ser abuelo" proclamó su esposa, "abuelo?, dijo Oscar sin entender nada de aquello. La pequeña María Isabel, su hija menor, había tenido un pequeño desliz en una fiesta, ni siquiera tenía novio, al menos no conocido, el desliz se había transformado en un pequeño embrión que ahora flotaba placidamente en su placenta. Oscar ni siquiera pudo hablar, miró al cielo y calló. Su esposa le demandaba que dijera algo, él permanecía incólume, después de unos minutos preguntó quien era el padre del bebé, no supieron darle una respuesta. Se paró de su silla y caminó a la biblioteca, algunos dicen que lloró toda la noche, otros que simplemente se dedicó a leer una revista de arquitectura.
Con la fuerza que le caracterizaba golpeó la pelota de golf que se elevó con rapidez, la misma tomó un camino equivocado, yendo a parar a unos matorrales en la parte derecha del "fairway". Sus amigos bromearon y rieron mientras tomaban su turno, luego de caminar hasta el punto siguiente Oscar comenzó la búsqueda de la pelota, se adentró en los matorrales y de pronto escuchó un sonido extraño, en principio pensó que se trataba de un animal, y pues bien, encontró dos animales, animales evolucionados quise decir, su esposa y un "caddie", que disfrutaban de los placeres de la carne en pleno campo de golf. Oscar se violentó y atacó al "caddie" con su palo, el hombre hábilmente lo esquivó, su esposa le lanzó un piñazo, Oscar luchaba contra dos, su esposa y su amante. Sus amigos al percatarse del asunto se aglomeraron en el lugar para descubrir la bella escena, Oscar, tratando de apalear al "caddie", su esposa defendiendo al "caddie" y el honor de un hombre regado en unos matorrales de un campo de golf y con testigos que se encargarían de llevar la noticia por cada rincón del planeta.
Levantó el celular, de inmediato reconoció la voz, el funcionario del gobierno exigía su parte de la tajada. Le amenazó sin escrúpulos, el contratito que había obtenido gracias a la mano peluda que habita en los gobiernos reclamaba su parte en el trato. Oscar no sabía que hacer, el tren de vida que mantenía le había hecho pasar por alto al primer eslabón en la cadena de la corrupción, ese al que siempre dejan por fuera. Este hombre decidido y vengativo se disponía a cobrar lo suyo, Clemente Delfino trató de voltear la tortilla y amenazar él a su atacante, los gritos de su hija al otro lado del teléfono le hicieron helar la sangre. El pequeño llevaba la ventaja sobre el grande, con la vida no se juega, o es acaso que si se puede jugar?
Abatido por los acontecimientos decidió pasar por su casa, la de sus padres más bien. Adentro conversaba con su papá acerca de la situación política del país al igual que de los caballos que habían adquirido para la próxima campaña en el hipódromo. Una conversación pacífica y tranquila, sin ningún tipo de aspavientos. La madre de Oscar apareció y le dio un beso en su mejilla, se sentó tranquila a tomar su café con unos cuantos tranquilizantes como siempre hacía, mirando a su esposo, le preguntó si ya le había comentado a Oscar de sus planes. El padre de Oscar le dijo "hijo, tu madre y yo nos vamos a separar, es un hecho", Oscar dejó caer el vaso de agua sobre la alfombra, su padre continuó "no te asustes hijo, hay cosas que pasan, y después de 47 años de matrimonio pues estamos cansados el uno del otro". "Por cierto" dijo la madre "no hay herencia para ti, hemos decidido que al morir donaremos nuestra fortuna a la asociación de perros huérfanos". Oscar salió de su casa, más confundido que una gárgola sin alas.
Pasó por el apartamento del centro, el de su otro frente, adentro se encontró a su amante con su amante, amante con amante anula la maldad, eso escuché decir una vez. Oscar mantenía no solo a sus otros dos hijos, a su amante, y a el amante de su amante, que trabalenguas resulta esto, así era como Oscar lo procesaba en su mente, los dos hombres se miraron a los ojos, la amante en el medio, los niñitos en sus juegos. Miró a sus pequeños hijos, miró a su amante, se acercó al amante de su amante y le dio un abrazo, lo miró de nuevo a los ojos y sonrío. Bajó la cabeza en señal de no tener ánimos de combatir, se dirigió a la puerta, la cerró y metió la llave por debajo de la puerta.
El aire se sentía frío, la velocidad aumentaba, el piso se acercaba con rapidez, muchos pensamientos cruzaban su mente, el hombre convertido en pájaro sin alas volaba hacia la tierra. La corbata se enredó en su cuello, el casco amarillo decidió tomar otro rumbo, la camisa perdía los botones proporcionalmente a la aceleración impuesta al objeto volador no identificado. Abría y cerraba los ojos, el sonido del viento surcaba sus oídos, veía la cara de sus obreros al pasar por los distintos pisos, veía su sombra en la acera, en el cemento caliente que esperaba con los brazos abiertos. Una sensación de libertad y cobardía invadió sus sentidos, el arrepentimiento no era parte de este juego, el momento se acercaba, el concreto hacía agua su boca con ese platillo que iba a degustar.
Trató de gritar pero no pudo, trato de mirar pero las lágrimas se lo impidieron, se colocó en posición de impacto y esbozó una sonrisa. La corriente de viento anuló su descenso, quedó flotando a tres metros de la acera, esperando, ansioso por sentir el crujir de sus huesos, ilusionado por dejar el caparazón y ser libre una vez más. Abajo los obreros pensaban que estaba poseído, pues flotaba, proferían oraciones y hacían lo posible por llamar a un cura. Abrió los ojos pensando que todo había terminado, escuchó los gritos de sus obreros, de los transeúntes que pasaban por aquella avenida, Oscar seguía flotando, estático, inerte, sin saber que sucedía, finalmente y con la ayuda de una escalera uno de los obreros llegó a las alturas, se paró cerca de Oscar y le dijo "patrón, que le pasa?. Clemente Delfino quien todavía no entendía que pasaba le dijo "coño San Pedro eres igualito a un obrero mío, se llama Pastor", el obrero al escuchar esto se cayó de la escalera y salió corriendo convencido que Oscar estaba poseído por algún ente extraño.
La corriente de viento traía consigo sus palabras, el viento nos habla, el aire lleva a todos los rincones del universo la esencia de todo aquello que somos y por ende de lo que hacemos. Oscar escuchaba sin comprender todo aquello, el viento le hablaba, no le permitía caer, no le daba un pasaporte para el escape, ese elemento invisible a nuestros ojos pero que sentimos en nuestro andar se cercioraba que el equilibrio se mantuviera intacto, que el preso no escapara de la cárcel, que enfrentara su existir y que el no podía decidir morir.
Oscar le pasó por al lado a muchas personas y no lo vieron, Oscar pasó y tocó pero aún no lo vieron, a Oscar lo vieron pero no tocó a todo el que le vió, que era Oscar en realidad?, pues nadie lo sabrá…
Wednesday, January 18, 2006
Real Madrid
"Imaginación, que imaginación", así me gritaba la esposa de mi hermano cuando yo terminaba de contarles una historia a mis sobrinos. Yo por mi parte me limitaba a sonreír, agradecía sus amables comentarios y miraba a todos lados mientras mis sobrinos que no habían entendido ni las tres cuartas partes del cuento me pedían que les contara otro. Se arrodillaban frente a mi, "tío, tío, por favor", "otra historia por favor, anda si?, decía mi sobrinita en un lenguaje que era una mezcla de castellano con lengua bebé". La esposa de mi hermano les decía que dejaran de fastidiar, que me dejaran tranquilo, creo que ella no sabía, y no sabe aún, que prefiero a los niños que a los adultos, que con ellos me siento a gusto, que les cuento mis hazañas y no debo explicarles mil y una vez que fueron verdad, que son una parte más de mi existencia y que a pesar que muchas veces interpretan todo a su manera pues siempre le dan un toque divertido que hasta a mi mismo me hace reír.
Nunca hablo en público de mis historias, de hecho comencé a escribirlas pues retumbaban en mi mente y no me dejaban dormir, es que son tantas, son muchos años de ir y venir, de dejar de sentir, de andar por doquier, de mirar el andar, de jugar a morir, de decir sin vivir. Mi cuñada se fue a la cocina, mi hermano no llegaba del trabajo aún, mis sobrinos continuaban con el jolgorio e insistencia propia de tres monstruos de corta edad, el problema es que no quería meterles ideas en la cabeza, a esa edad se es influenciable y mi hermano no me perdonaría si uno de sus pequeñuelos le dice que quiere ser superhéroe como su tío, es que mi hermano nunca entendió de que se trataba todo esto, el y su vida recta, yo con la mía torcida.
"Muy a mi pesar" sonó el teléfono, o eso creo recordar, mi cuñada es médico, una emergencia, a correr como loca, el tío Poli se quedaría de niñero, el momento perfecto para contar una historia más. Ella salió corriendo mientras me decía "no más cuentos por hoy, jueguen algún juego de mesa, o canten, no se, lo que sea, pero no más historias" y desapareció por la puerta. Al frente mío y con sus piernas cruzadas estaban el trío de moscones, risueños, alegres por haberse liberado del yugo de su madre, y en mis manos, de allí a la nevera, mucha Coca-Cola, dulces, tortas, caramelos, cotufas y todo tipo de comida para empachar el estómago. La noche apenas comenzaba, sentados en la sala, me encontraba con mi público preferido, enanos de seis, cuatro y 1 año y medio, el pequeñín se reía solo, no entendía nada pero simplemente disfrutaba del momento, cosa que a nosotros, los adultos, se nos olvida hacer a menudo.
A cada momento uno de ellos se paraba para cerciorarse que su padre no había llegado, logré mantenerlos distraídos con sandeces por un tiempo pero exigieron otra historia, les dije que no iban a entender, que la contaría a su propio riesgo, ciertamente ellos disfrutaban de los chinazos, las correderas, los momentos de tensión, sin todavía entender el trasfondo doloroso, tragicómico y hasta cínico de mi vida pasada o presente quizás. Mi sobrino mayor volvió de la nevera con unas lonjas de jamón serrano, en ese instante se me prendió el bombillo y recordé, así le dije "tu sabes de donde viene eso que te vas a comer?, el pobre pequeñuelo no sabía y se limito a decirme "de la nevera". Me reí como siempre hago, y decidí contarles una historia, una de esas tantas que viví, y que marcaron mi existir, solo otra más, pero que siempre recordaré y no por la razón más obvia.
Recuerdo el viaje, desde San Fermín hasta Madrid, mis costillas apenas sanaban después de mi odisea en Pamplona con el toro mecánico que utilicé para crear el caos en las fiestas. Me dolía mi costado, era un día bastante gris, sin lluvia, pero descolorado. En aquella época estaba en esa búsqueda infinita del equilibrio, nunca llegó está por demás decir, es que nos metemos la vida buscando ese estado preciso de calma sobrenatural que simplemente existe solo en nuestros sueños. Desde la altura del avión veía solo nubes, un colchón en donde los ángeles rebotaban en sus juegos al atardecer. Mis pensamientos trataban de ordenarse sin encontrar razón en todo aquello, las cosas en Caracas estaban movidas, en todos los sentidos, eran tiempos de flotar, de vivir porque si. Finalmente llegué a Madrid y fui a visitar a un viejo amigo, un caballero retirado de la Liga de Superhéroes, bastión de mil batallas, guerrero sin descanso, maestro mío en Caracas. Ahora estaba descansando, en el retiro, solo, algo viejo, algo golpeado por el existir, pero siempre orgulloso de su pasado, no muy distinto al mío.
Nos sentamos a conversar, que más pueden hacer dos buenos amigos que llevan tiempo sin verse. Hablamos como siempre, de lo que estaba bien y lo que estaba mal, de las diferencias de hoy en día, de un pasado no lejano. El andar deja huellas, marca nuestras almas, las moldea, las deforma, las exprime, hasta que vuelven a su estado original y nos dejan. Recordamos la historia de un pequeño que no quería venir a la tierra y tuvimos que buscarle en una dimensión paralela, al final lo trajimos metido en un saco, después de convencerle que éramos elfos de Santa Claus y que el era un regalo para unos señores, la filosofía de los niños es clase aparte, nunca dejan de sorprenderme. Seguimos cortando la tela, poco a poco, algunas historias que para mi eran nuevas, otras en las que participé y algunos cuentos de la vida real que nos acompañan en el largo camino hacia el infinito.
Mateo, así se llamaba mi amigo, tosió con fuerza, casi se le salen los pulmones, "joder tío" me dijo "esta tos me va a matar, me acompañaís a la farmacia?, "por supuesto, Maestro" le contesté. Se puso en pié y con mi ayuda salimos de su departamento, caminamos varias calles, ya cerca de la Plaza Mayor, Puerta del Sol, no se, como le quieran decir, nos detuvimos pues Mateo estaba cansado. Allí me dijo que necesitaba mi ayuda, que le daba pena conmigo, que el sabía que tenía mis costillas adoloridas, que deseaba regresar a Caracas, pero que había una sola misión que nunca había podido concluir, se había enfermado, ningún otro superhéroe tomó el trabajo en aquel tiempo y el asunto quedó en veremos, engavetado como cualquier proyecto de desarrollo de un país latinoamericano. Continuamos caminando, finalmente arribamos a la farmacia, adentro nos atendió una señora excesivamente amable, ojos verdes, cabellera rubia, y un anillo en su dedo medio de la mano derecha, eso recuerdo. "Que tal Don Mateo?, le dijo a mi amigo, "viene por sus pastillas?, Mateo quien tosía cada vez con más fuerza asintió con la cabeza, "y su amigo quien es?, preguntó la dama, Mateo que todavía no podía hablar me hizo una seña que le dijera, "Policarpio", dije, "encantado de conocerla, Mateo habla maravillas de usted", la dama sonriente hizo un gesto de aprobación, Mateo tomó sus pastillas y salimos de la farmacia.
Afuera Mateo me explicó que la mujer que laboraba en la farmacia sería mi contacto para resolver el misterio, aquel misterio que él no había podido resolver. En principio pensé que Mateo me estaba tomando el pelo pues la dama muy sofisticada de la farmacia no tenía pinta de superhéroe. "No lo es" dijo Mateo, "no es superhéroe, pero tiene la fuerza de un camión, ella sabrá guiarte, confía en mí". "Pero no está algo vieja?, le dije, Mateo me miró y me dijo, "dile lo que quieras, pero no le digas vieja por favor, te asesina si se lo mencionas, además no es tan vetusta como piensas". Me limité a mirar al horizonte, y contar mis pasos hasta casa de Mateo, una mala maña que tenía desde niño, sabía exactamente cuantos pasos había desde mi casa hasta diversos puntos de la ciudad, cosas mías, cosas de loco.
En la puerta de su edificio se despidió de mi, no me invitó a subir, sin lugar a dudas que no quería que le viera en su lecho de muerte, el sabía que su hora había llegado, colocó su mano en mi hombro y una lágrima brotó de su ojo izquierdo, se volteó y se fue para siempre. Solo nosotros los superhéroes sabemos de voltearnos sin despedirnos, entre nosotros entendemos que es lo mejor, sin muchas despedidas ni discursos eternos, simplemente el saber que allí estuvimos. Divagué por las calles de Madrid, sin saber a donde ir, caminé, creo que algo comí, pues me sirvieron Coca-Cola sin hielo y la escupí cuando la probé, pedí hielo y me trajeron un cubito, me levanté de la mesa, pagué la cuenta y seguí. Me dirigí a la farmacia, pues le había prometido a Mateo que trataría de solventar aquel misterio que no le dejaba dormir y que ahora en su sueño eterno le perseguiría hasta verle resuelto de una vez. Me senté al frente de la misma, solo, con frío, con un cúmulo de recuerdos encima y con un dolor en las costillas que me hacía sentir que perdía el conocimiento.
Muy temprano en la mañana abrí mis ojos cuando me tocaron el costado, el dolor recorrió mis entrañas, "estas bien?, preguntó el ángel de rizos dorados que estaba parado al frente de mi. "Bien jodido si" le contesté, "vamos adentro que te debes estar congelando" dijo la farmaceuta, "te voy a dar unos calmantes para el dolor, la misión no es juego de niños". Soberbia y sin sonrisas en su cara me entregó unas pastillas, organizó ciertas cosas dentro de los estantes e hizo varias llamadas telefónicas. Yo esperaba ansioso saber de que se trataba todo aquello pero la dama no soltaba prenda, tratando de buscar conversación le pregunté su nombre, a lo que respondió María Culada, al escuchar ese apellido pues no me quedó otra que reír, la mujer me miró con sus profundos ojos verdes y se limitó a decir, "si haces una bromita con mi apellido no regresas vivo a Caracas". Ante aquella amenaza pues puse cara de culo para no reírme, cara de "culada" me decía a mi mismo y no podía dejar de pensar en aquello, pensé en los horrores de la humanidad para tratar de entristecerme pero me cagaba de la risa, finalmente le dije "mira Culada, no puedo, me da risa tu apellido, así que jódete y aguanta mis risas."
En su carro último modelo íbamos a toda velocidad, raspando por las calles de Madrid, por Fuencarral a todo lo que daba el carro, la división entre Malasaña y Chueca, creo que María hizo todo esto para mostrarme su potente carro, y quizás para asustarme con la velocidad, se nota que ella no me conocía del todo. Seguimos dando vueltas hasta que de pronto apareció frente a mi la figura del estadio, el Santiago Bernabéu, si el aposento y morada del asqueroso equipo merengue, al cual detestaba con todas mis ganas y después de esta historia pues más aún. "Que hacemos aquí?, pregunté, "aquí vamos a acabar con el misterio que Mateo no pudo solventar". Bajamos del carro y caminamos hacia una alcantarilla al costado del estadio, adentro de ella, había unas linternas, sin lugar a dudas María tenía todo preparado, caminamos por un rato, acompañados de un olor fétido que siempre recordaré. Una pared de vidrio, un laboratorio gigante, jugadores de fútbol adormecidos sobre camillas operatorias, jamones serranos guindados en el techo, sin lugar a dudas un cuadro surreal e impactante, yo no entendía un carajo de lo que sucedía allí.
María finalmente me explicó, desde tiempos no recordados los dirigentes del asqueroso equipo del Real Madrid tenían esta práctica grotesca, bajo el engaño de un test médico trasladaban a los jugadores a este lugar en donde una vez bajo los efectos de la anestesia obtenían cortes de sus músculos para luego ser implantados en las patas de jamón serrano en su proceso de curación, al parecer el músculo humano se pegaba con facilidad al jamón y lo hacía más jugoso, con mejor sabor y duradero al igual que hacía que las patas de jamón crecieran a dimensiones descomunales por ende haciendo el negocio más rentable. Confieso que me dieron ganas de vomitar, todos estos años comiendo jamón serrano cual caníbal, increíble, lo que hace la gente por lucrarse, entendí porque los pobres jugadores del infeliz equipo se la pasaban lesionados y también porque mi madre siempre decía que el jamón serrano le sabía raro.
"Y ahora que hacemos?, pregunté, María sacó de su bolso una potente cámara fotográfica y procedió a tomar imágenes del proceso macabro. Eso me pareció muy simple y no entendía para que me necesitaban allí. "Aquí no se acaba esto, ahora tienes que entrar y destruir el laboratorio, ese fue el último pedido de Mateo, así que vamos, anda, a trabajar" me dijo la misteriosa mujer. Arrastrado entre aquella mezcla de aguas negras con ratas me deslicé hasta una puerta, la abrí después de romper un candado y entré al laboratorio siniestro. Un olor extraño, a jamón serrano con formol, en las camillas en ese momento había tres jugadores, los cuales reconocí y confieso que dudé si salvarles o no, tomé mi china, y comencé a tumbar jamones serranos del techo que caían como bombas sobre las cabezas de los médicos y enfermeras, los jugadores que aún estaban conscientes no sabían de que se trataba aquello, los médicos gritaban, "llamen a seguridad, nos han descubierto", sigilosamente me dirigí hacia una mesa llena de tubos y experimentos, tomé un fósforo y prendí aquel lugar en llamas, aprovechando el momento, me acerqué a los jugadores y los liberé, apenas podían caminar pues estaban algo turulecos, uno de los médicos me vió y me lanzo un bisturí el cual se ensartó en la pared, sin pensar, chinazo a la frente, en ese momento comenzó a explotar el lugar, cargué como pude con los tres jugadores y salí hacia el túnel en donde María nos esperaba, la explosión final nos hizo volar por los aires, aterrizamos llenos de mierda, aguas negras, basura y yo con un dolor inaguantable en mis costillas.
Afuera del estadio, ya se aglomeraban bomberos y cuerpos de seguridad, sin lugar a dudas el carajazo de la explosión se había escuchado en medio Madrid. Los jugadores expresaron su agradecimiento y preguntaron si podían hacer algo por mi, les contesté que por favor dejaran al equipo patético ese y se fueran a jugar al Celta de Vigo, los hombres luego de abrazarme por haberles salvado prometieron irse a jugar al equipo gallego. María me miró a los ojos, y me dijo "todo un superhéroe, tal cual Mateo te había descrito, son únicos ustedes", extendí mi mano para despedirme y ella me la dio, nos quedamos estrechando las manos unos segundos, unos segundos más de lo normal, de ahí un abrazo, alejado al principio, luego más cercano, el calor penetra, el roce posee, es así, es humano, me dispuse a atacar, le besé la comisura del labio, y hasta allí llegué, el dolor en las costillas hizo que perdiera el conocimiento. Me levanté en la ambulancia en donde me llevaban hacia la clínica, allí rodeado de paramédicos entendí una vez más que la soledad es mi amiga. En el periódico del día siguiente había una historia en primera plana, una foto en donde salía yo corriendo, cargando con tres jugadores del Real Madrid mientras el fondo explotaba con médicos y enfermeras volando hacia la nada. Todas las enfermeras pasaban a visitarme con regularidad, los médicos también, me pedían autógrafos, algunos molestos porque el Real Madrid no jugaría más en la liga protestaban afuera de la ventana del hospital. Una visitante sorpresa me llevó de incógnito a Barajas, para regresar a Caracas, al bajarme del carro volví a besar la comisura de su labio, hay riesgos que no puedo correr.
Mis sobrinos se reían, el jamón serrano estaba en la basura, de la puerta de la cocina emergió mi hermano, "Poli, tu no cambias, buena historia por cierto, eso es verdad o solo un cuento más?, me limité a sonreír y no contestar después de todo y como siempre digo, hay riesgos que no puedo correr…
Nunca hablo en público de mis historias, de hecho comencé a escribirlas pues retumbaban en mi mente y no me dejaban dormir, es que son tantas, son muchos años de ir y venir, de dejar de sentir, de andar por doquier, de mirar el andar, de jugar a morir, de decir sin vivir. Mi cuñada se fue a la cocina, mi hermano no llegaba del trabajo aún, mis sobrinos continuaban con el jolgorio e insistencia propia de tres monstruos de corta edad, el problema es que no quería meterles ideas en la cabeza, a esa edad se es influenciable y mi hermano no me perdonaría si uno de sus pequeñuelos le dice que quiere ser superhéroe como su tío, es que mi hermano nunca entendió de que se trataba todo esto, el y su vida recta, yo con la mía torcida.
"Muy a mi pesar" sonó el teléfono, o eso creo recordar, mi cuñada es médico, una emergencia, a correr como loca, el tío Poli se quedaría de niñero, el momento perfecto para contar una historia más. Ella salió corriendo mientras me decía "no más cuentos por hoy, jueguen algún juego de mesa, o canten, no se, lo que sea, pero no más historias" y desapareció por la puerta. Al frente mío y con sus piernas cruzadas estaban el trío de moscones, risueños, alegres por haberse liberado del yugo de su madre, y en mis manos, de allí a la nevera, mucha Coca-Cola, dulces, tortas, caramelos, cotufas y todo tipo de comida para empachar el estómago. La noche apenas comenzaba, sentados en la sala, me encontraba con mi público preferido, enanos de seis, cuatro y 1 año y medio, el pequeñín se reía solo, no entendía nada pero simplemente disfrutaba del momento, cosa que a nosotros, los adultos, se nos olvida hacer a menudo.
A cada momento uno de ellos se paraba para cerciorarse que su padre no había llegado, logré mantenerlos distraídos con sandeces por un tiempo pero exigieron otra historia, les dije que no iban a entender, que la contaría a su propio riesgo, ciertamente ellos disfrutaban de los chinazos, las correderas, los momentos de tensión, sin todavía entender el trasfondo doloroso, tragicómico y hasta cínico de mi vida pasada o presente quizás. Mi sobrino mayor volvió de la nevera con unas lonjas de jamón serrano, en ese instante se me prendió el bombillo y recordé, así le dije "tu sabes de donde viene eso que te vas a comer?, el pobre pequeñuelo no sabía y se limito a decirme "de la nevera". Me reí como siempre hago, y decidí contarles una historia, una de esas tantas que viví, y que marcaron mi existir, solo otra más, pero que siempre recordaré y no por la razón más obvia.
Recuerdo el viaje, desde San Fermín hasta Madrid, mis costillas apenas sanaban después de mi odisea en Pamplona con el toro mecánico que utilicé para crear el caos en las fiestas. Me dolía mi costado, era un día bastante gris, sin lluvia, pero descolorado. En aquella época estaba en esa búsqueda infinita del equilibrio, nunca llegó está por demás decir, es que nos metemos la vida buscando ese estado preciso de calma sobrenatural que simplemente existe solo en nuestros sueños. Desde la altura del avión veía solo nubes, un colchón en donde los ángeles rebotaban en sus juegos al atardecer. Mis pensamientos trataban de ordenarse sin encontrar razón en todo aquello, las cosas en Caracas estaban movidas, en todos los sentidos, eran tiempos de flotar, de vivir porque si. Finalmente llegué a Madrid y fui a visitar a un viejo amigo, un caballero retirado de la Liga de Superhéroes, bastión de mil batallas, guerrero sin descanso, maestro mío en Caracas. Ahora estaba descansando, en el retiro, solo, algo viejo, algo golpeado por el existir, pero siempre orgulloso de su pasado, no muy distinto al mío.
Nos sentamos a conversar, que más pueden hacer dos buenos amigos que llevan tiempo sin verse. Hablamos como siempre, de lo que estaba bien y lo que estaba mal, de las diferencias de hoy en día, de un pasado no lejano. El andar deja huellas, marca nuestras almas, las moldea, las deforma, las exprime, hasta que vuelven a su estado original y nos dejan. Recordamos la historia de un pequeño que no quería venir a la tierra y tuvimos que buscarle en una dimensión paralela, al final lo trajimos metido en un saco, después de convencerle que éramos elfos de Santa Claus y que el era un regalo para unos señores, la filosofía de los niños es clase aparte, nunca dejan de sorprenderme. Seguimos cortando la tela, poco a poco, algunas historias que para mi eran nuevas, otras en las que participé y algunos cuentos de la vida real que nos acompañan en el largo camino hacia el infinito.
Mateo, así se llamaba mi amigo, tosió con fuerza, casi se le salen los pulmones, "joder tío" me dijo "esta tos me va a matar, me acompañaís a la farmacia?, "por supuesto, Maestro" le contesté. Se puso en pié y con mi ayuda salimos de su departamento, caminamos varias calles, ya cerca de la Plaza Mayor, Puerta del Sol, no se, como le quieran decir, nos detuvimos pues Mateo estaba cansado. Allí me dijo que necesitaba mi ayuda, que le daba pena conmigo, que el sabía que tenía mis costillas adoloridas, que deseaba regresar a Caracas, pero que había una sola misión que nunca había podido concluir, se había enfermado, ningún otro superhéroe tomó el trabajo en aquel tiempo y el asunto quedó en veremos, engavetado como cualquier proyecto de desarrollo de un país latinoamericano. Continuamos caminando, finalmente arribamos a la farmacia, adentro nos atendió una señora excesivamente amable, ojos verdes, cabellera rubia, y un anillo en su dedo medio de la mano derecha, eso recuerdo. "Que tal Don Mateo?, le dijo a mi amigo, "viene por sus pastillas?, Mateo quien tosía cada vez con más fuerza asintió con la cabeza, "y su amigo quien es?, preguntó la dama, Mateo que todavía no podía hablar me hizo una seña que le dijera, "Policarpio", dije, "encantado de conocerla, Mateo habla maravillas de usted", la dama sonriente hizo un gesto de aprobación, Mateo tomó sus pastillas y salimos de la farmacia.
Afuera Mateo me explicó que la mujer que laboraba en la farmacia sería mi contacto para resolver el misterio, aquel misterio que él no había podido resolver. En principio pensé que Mateo me estaba tomando el pelo pues la dama muy sofisticada de la farmacia no tenía pinta de superhéroe. "No lo es" dijo Mateo, "no es superhéroe, pero tiene la fuerza de un camión, ella sabrá guiarte, confía en mí". "Pero no está algo vieja?, le dije, Mateo me miró y me dijo, "dile lo que quieras, pero no le digas vieja por favor, te asesina si se lo mencionas, además no es tan vetusta como piensas". Me limité a mirar al horizonte, y contar mis pasos hasta casa de Mateo, una mala maña que tenía desde niño, sabía exactamente cuantos pasos había desde mi casa hasta diversos puntos de la ciudad, cosas mías, cosas de loco.
En la puerta de su edificio se despidió de mi, no me invitó a subir, sin lugar a dudas que no quería que le viera en su lecho de muerte, el sabía que su hora había llegado, colocó su mano en mi hombro y una lágrima brotó de su ojo izquierdo, se volteó y se fue para siempre. Solo nosotros los superhéroes sabemos de voltearnos sin despedirnos, entre nosotros entendemos que es lo mejor, sin muchas despedidas ni discursos eternos, simplemente el saber que allí estuvimos. Divagué por las calles de Madrid, sin saber a donde ir, caminé, creo que algo comí, pues me sirvieron Coca-Cola sin hielo y la escupí cuando la probé, pedí hielo y me trajeron un cubito, me levanté de la mesa, pagué la cuenta y seguí. Me dirigí a la farmacia, pues le había prometido a Mateo que trataría de solventar aquel misterio que no le dejaba dormir y que ahora en su sueño eterno le perseguiría hasta verle resuelto de una vez. Me senté al frente de la misma, solo, con frío, con un cúmulo de recuerdos encima y con un dolor en las costillas que me hacía sentir que perdía el conocimiento.
Muy temprano en la mañana abrí mis ojos cuando me tocaron el costado, el dolor recorrió mis entrañas, "estas bien?, preguntó el ángel de rizos dorados que estaba parado al frente de mi. "Bien jodido si" le contesté, "vamos adentro que te debes estar congelando" dijo la farmaceuta, "te voy a dar unos calmantes para el dolor, la misión no es juego de niños". Soberbia y sin sonrisas en su cara me entregó unas pastillas, organizó ciertas cosas dentro de los estantes e hizo varias llamadas telefónicas. Yo esperaba ansioso saber de que se trataba todo aquello pero la dama no soltaba prenda, tratando de buscar conversación le pregunté su nombre, a lo que respondió María Culada, al escuchar ese apellido pues no me quedó otra que reír, la mujer me miró con sus profundos ojos verdes y se limitó a decir, "si haces una bromita con mi apellido no regresas vivo a Caracas". Ante aquella amenaza pues puse cara de culo para no reírme, cara de "culada" me decía a mi mismo y no podía dejar de pensar en aquello, pensé en los horrores de la humanidad para tratar de entristecerme pero me cagaba de la risa, finalmente le dije "mira Culada, no puedo, me da risa tu apellido, así que jódete y aguanta mis risas."
En su carro último modelo íbamos a toda velocidad, raspando por las calles de Madrid, por Fuencarral a todo lo que daba el carro, la división entre Malasaña y Chueca, creo que María hizo todo esto para mostrarme su potente carro, y quizás para asustarme con la velocidad, se nota que ella no me conocía del todo. Seguimos dando vueltas hasta que de pronto apareció frente a mi la figura del estadio, el Santiago Bernabéu, si el aposento y morada del asqueroso equipo merengue, al cual detestaba con todas mis ganas y después de esta historia pues más aún. "Que hacemos aquí?, pregunté, "aquí vamos a acabar con el misterio que Mateo no pudo solventar". Bajamos del carro y caminamos hacia una alcantarilla al costado del estadio, adentro de ella, había unas linternas, sin lugar a dudas María tenía todo preparado, caminamos por un rato, acompañados de un olor fétido que siempre recordaré. Una pared de vidrio, un laboratorio gigante, jugadores de fútbol adormecidos sobre camillas operatorias, jamones serranos guindados en el techo, sin lugar a dudas un cuadro surreal e impactante, yo no entendía un carajo de lo que sucedía allí.
María finalmente me explicó, desde tiempos no recordados los dirigentes del asqueroso equipo del Real Madrid tenían esta práctica grotesca, bajo el engaño de un test médico trasladaban a los jugadores a este lugar en donde una vez bajo los efectos de la anestesia obtenían cortes de sus músculos para luego ser implantados en las patas de jamón serrano en su proceso de curación, al parecer el músculo humano se pegaba con facilidad al jamón y lo hacía más jugoso, con mejor sabor y duradero al igual que hacía que las patas de jamón crecieran a dimensiones descomunales por ende haciendo el negocio más rentable. Confieso que me dieron ganas de vomitar, todos estos años comiendo jamón serrano cual caníbal, increíble, lo que hace la gente por lucrarse, entendí porque los pobres jugadores del infeliz equipo se la pasaban lesionados y también porque mi madre siempre decía que el jamón serrano le sabía raro.
"Y ahora que hacemos?, pregunté, María sacó de su bolso una potente cámara fotográfica y procedió a tomar imágenes del proceso macabro. Eso me pareció muy simple y no entendía para que me necesitaban allí. "Aquí no se acaba esto, ahora tienes que entrar y destruir el laboratorio, ese fue el último pedido de Mateo, así que vamos, anda, a trabajar" me dijo la misteriosa mujer. Arrastrado entre aquella mezcla de aguas negras con ratas me deslicé hasta una puerta, la abrí después de romper un candado y entré al laboratorio siniestro. Un olor extraño, a jamón serrano con formol, en las camillas en ese momento había tres jugadores, los cuales reconocí y confieso que dudé si salvarles o no, tomé mi china, y comencé a tumbar jamones serranos del techo que caían como bombas sobre las cabezas de los médicos y enfermeras, los jugadores que aún estaban conscientes no sabían de que se trataba aquello, los médicos gritaban, "llamen a seguridad, nos han descubierto", sigilosamente me dirigí hacia una mesa llena de tubos y experimentos, tomé un fósforo y prendí aquel lugar en llamas, aprovechando el momento, me acerqué a los jugadores y los liberé, apenas podían caminar pues estaban algo turulecos, uno de los médicos me vió y me lanzo un bisturí el cual se ensartó en la pared, sin pensar, chinazo a la frente, en ese momento comenzó a explotar el lugar, cargué como pude con los tres jugadores y salí hacia el túnel en donde María nos esperaba, la explosión final nos hizo volar por los aires, aterrizamos llenos de mierda, aguas negras, basura y yo con un dolor inaguantable en mis costillas.
Afuera del estadio, ya se aglomeraban bomberos y cuerpos de seguridad, sin lugar a dudas el carajazo de la explosión se había escuchado en medio Madrid. Los jugadores expresaron su agradecimiento y preguntaron si podían hacer algo por mi, les contesté que por favor dejaran al equipo patético ese y se fueran a jugar al Celta de Vigo, los hombres luego de abrazarme por haberles salvado prometieron irse a jugar al equipo gallego. María me miró a los ojos, y me dijo "todo un superhéroe, tal cual Mateo te había descrito, son únicos ustedes", extendí mi mano para despedirme y ella me la dio, nos quedamos estrechando las manos unos segundos, unos segundos más de lo normal, de ahí un abrazo, alejado al principio, luego más cercano, el calor penetra, el roce posee, es así, es humano, me dispuse a atacar, le besé la comisura del labio, y hasta allí llegué, el dolor en las costillas hizo que perdiera el conocimiento. Me levanté en la ambulancia en donde me llevaban hacia la clínica, allí rodeado de paramédicos entendí una vez más que la soledad es mi amiga. En el periódico del día siguiente había una historia en primera plana, una foto en donde salía yo corriendo, cargando con tres jugadores del Real Madrid mientras el fondo explotaba con médicos y enfermeras volando hacia la nada. Todas las enfermeras pasaban a visitarme con regularidad, los médicos también, me pedían autógrafos, algunos molestos porque el Real Madrid no jugaría más en la liga protestaban afuera de la ventana del hospital. Una visitante sorpresa me llevó de incógnito a Barajas, para regresar a Caracas, al bajarme del carro volví a besar la comisura de su labio, hay riesgos que no puedo correr.
Mis sobrinos se reían, el jamón serrano estaba en la basura, de la puerta de la cocina emergió mi hermano, "Poli, tu no cambias, buena historia por cierto, eso es verdad o solo un cuento más?, me limité a sonreír y no contestar después de todo y como siempre digo, hay riesgos que no puedo correr…
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