Nací superhéroe, vine a la Tierra siendo un superhéroe, me costó aceptarlo lo reconozco, pero siempre hay un día en la vida en que internalizas lo que eres y en esa fecha comienzas a vivir, o no?, pues no estoy tan seguro si esas consideraciones demasiado trascendentales tienen cabida en la correlación de actos mundanos que se tejen para formar la existencia de los seres humanos. Llegué en una época donde aquellos que estamos llamados a proteger a los indefensos habían sido relegados a idiotas sin destino que aparecían en revistas de ilustraciones, llevando vidas ocultas y luchando con personajes que de malos tienen solo lo que la imaginación de sus ilustradores es capaz de procesar, aquí no les queda más remedio que creerme, eso no es maldad.
A todas estas me crié como cualquier otro niño normal, con algunas excepciones, pues al nacer cuando el médico me dio una palmadita para que llorara le devolví un manotazo que lo hizo soltarme, yo me dí mi primer carajazo y el se abrió el coco con la cama en donde mi madre realizaba las labores de parto. Es importante señalar que no todos los superhéroes echan rayos, vuelan o corren rápido, si bien es cierto que tenemos cualidades para realizar actos supernaturales a cada uno de nosotros se nos encomienda una misión. Todo depende de donde venga uno y que cualidades se heredan de nuestros predecesores, es complicado, no me pidan que lo explique, pues tendría que revelar secretos y poner en peligro a los guevones que como yo nacimos superhéroes.
Risueño desde pequeño, mi vida transcurrió como cualquier otra, tratando de encontrar mi verdadera vocación. No es fácil, pues uno no viene con instrucciones, hay que descubrir de que se trata todo, así un día me atropellaron cuando pensé que podía detener a un autobús que iba a pisar a una viejita cruzando la avenida Casanova, en la clínica cuando recuperé la conciencia, me di cuenta que no tenía la fuerza para detener autobuses. Otro día traté de volar del techo de mi casa al patio del vecino para rescatar una pelota, el resultado, tres huesos rotos y un buen regaño de mis padres. Igualmente les prometí a unos amigos del colegio que podía ver a través de la gaveta donde estaban guardados los exámenes del trimestre, la verdad es que no pude ver un carajo y nos clavaron a toditos.
Ya crecidito y sin encontrarle mucho sentido a todo esto, confieso que pasé horas buscando a que coño me iba a dedicar cuando cumpliera los 18 años, por demás, la edad donde los superhéroes deben empezar a realizar actos para de alguna u otra forma salvar a la humanidad. La fecha se aproximaba y traté mil y una cosas sin llegar a nada concreto, me enterré un cuchillo en una pierna a ver si era de goma y me abrí un hueco, me vestí del partido verde y me fui a un mitin de los blancos a buscar pelea y terminé con un ojo pepudo y un dolor en el costillar que aún conservo. Horas de desvelo y frustración colmaron los días anteriores a mi cumpleaños, me consideraba un superhéroe fracasado y hasta había llegado a dudar de mi condición de guardián de los desvalidos en el bello planeta Tierra.
Llegó la noche de mi cumpleaños y nada de nada, mi madre que pensaba que todavía tenía 5 años cocinó todo tipo de dulces y manjares y se encargó de invitar a todos mis amigos y conocidos. Las notas del cumpleaños feliz se escuchaban entre risas y aplausos y allí estaba yo parado en el medio de la fiesta, viendo unas velas quemarse y todavía sin descubrir para que coño servía. Soplé las velas con toda mi alma y se apagaron de inmediato, en ese momento y por arte de alguna fuerza sobrenatural lo comprendí todo.
Al venirme a dar un beso la novia de uno de mis mejores me pude dar cuenta como sus sentimientos estaban dirigidos hacia otro de mis amigos, aquello me aterró pero logre conservar la calma, a medida que todas las mujeres que se encontraban en mi casa aquel día me fueron felicitando pude ver exactamente de quien estaban enamoradas y todas las maldades que cometían en contra de la población varonil del planeta. Ese día me convertí en el protector de las almas que sufren a causa de las maldades terroríficas cometidas por las féminas en su andar devastador por la vida de los hombres.
Admito que al principio estaba más triste que el carajo, un superhéroe maricón pensaba yo, no jodas tanto esperar para ver si tenía algún poder arrecho y nada que ver, simplemente darme cuenta de los horrores que pasaban por las mentes retorcidas de las mujeres. Pero poco a poco la cosa fue tomando sentido, y con las palabras de sincero agradecimiento por parte de aquellos hombres que eran sometidos y traicionados por sus mujeres le agarré el gustico a la cosa.
Mi labor comenzó con la novia de aquel amigo que me había felicitado y que había logrado hacerme descubrir a que carajo tenía que dedicarme. Después de pasar con mis amigos la noche en una fiestita, los seguí hasta la casa de la susodicha quien se bajó del carro y en cuestión de segundos se estaba montando en otro carro con otro tipo. Sin pensarlo dos veces me les pegué atrás hasta llegar a aquel viejo motel, una vez adentro y vestido con una sábana blanca con dos huequitos en los ojos tumbé de una patada la puerta en donde la parejita mantenía su nido de amor por esa noche. La cara de sorpresa no faltó en aparecer, "no nos mate" gritó la tipa mientras el asustado hombre se tapaba sus partes íntimas como si hubiera visto un fantasma. "No estoy aquí para matar a nadie" les dije, "simplemente tu mañana vas a llamar a tu novio y le vas a decir que no le vas a seguir haciendo daño, que lo vas a dejar, se acabó la farsa en esta vaina", me saqué del bolsillo un sellito y se lo estampé en la frente, las letras "MC" acompañarían a la mujer aquella por un buen tiempo.
Seguí con mis movidas delatoras dentro del círculo de amigos, mujer que veía en andanzas raras le metía su susto y le estampaba su "MC" en la frente. Capturé a las incautas "angelitas" en el Avila, en el Parque del Este, dentro de un carro en un estacionamiento, en discotecas, bares, en sus propias casas y hasta una que tan sirverguenza le pedía el carro prestado al novio para hacer sus travesuras. A esta no solo la marqué en la frente sino que le reventé el carro a ladrillazos para que tuviera que responder también por el mismo. Uno que otro "amante" vengador trató de detenerme en mi tarea, pero debajo de mi sábana blanca llevaba una china que con garbanzos viejos hacían de mi persona un arma letal. Mujeres marcadas con su "MC" y hombres adoloridos por un garbanzo en las bolas se volvieron mi día a día.
Pasaron varios años en donde continué con mi labor, del círculo de amigos pasé a los conocidos, después a los conocidos que me pesaban y poco a poco me vi defendiendo a pobre hombres que ni sabía quienes eran ni me interesaba pero que al final del día terminaban agradeciéndome que les había quitado de encima a una que otra sanguijuela que los vivía mientras disfrutaba de otro por ahí. Existen por supuesto muchas anécdotas de mis días de gloria, entre otras, la vez que una mujer sorprendida en su acto malvado trató de confundirme y me ofreció irse conmigo a cambio que no le pusiera la "MC" en la frente, yo enfurecido, no solo le puse su vaina en la frente sino en cada nalga también. Hubo otra que al verse sorprendida comenzó a golpear al hombre de su travesura, me tuve que meter entre los dos, agarrar uno que otro carajazo, para finalmente estamparle su "MC" en la frente. Hombres violentos me echaron tiros, lámparas de motel, ceniceros, vasos, botellas y cualquier instrumento que estuviera a la mano. Muchos se preguntarán como hice para sobrevivir, pues la respuesta es difícil de conciliar en una mente humana pero yo simplemente era un superhéroe, y aunque más mortal que otros por ahí, superhéroe al fin.
Sentado en el escritorio de mi oficina, a claro es que los superhéroes tenemos que trabajar también, me encontraba concentrado en alguna idiotez de mi aburrido trabajo como ser humano, subí la mirada y estaba parada allí, "Hola soy Yrma" me dijo con su voz tranquila, yo cerciorándome que me hablaban a mi y no a un atracador que se había parado atrás de mi escritorio logré devolver el saludo, de inmediato sentí como esta pequeña damita pensaba en mí, "que cagada" pensé "un alma pura, cero vainas raras por ahí, y no se le ocurre otra cosa que pensar en mí". Después de una breve conversación cerré la puerta de mi oficina y allí solo como siempre había estado comprendí que hasta los superhéroes de vez en cuando de cuando en vez sentimos algo.
Consciente del peligro que significa para un superhéroe caer en las redes de una fémina, le di vueltas a mi cabeza durante días mientras hacía mi pequeño trabajo de reafirmar que efectivamente Yrma me deseaba con locura. "Pero como coño?, me preguntaba "si nunca le miré, es que yo no miro a nadie, eso lo acepté hace tiempo, yo estoy aquí para otras cosas, no para jugar los juegos humanos." Como todo superhéroe que se respete pues me envalentoné e hice que Yrma cayera tendida, rendida y sin derecho a pataleo. No hay nada peor que un superhéroe enamorado, uno se pone pendejo, idiota y guevón. Por un tiempo jugué a ser humano y me permití libertades que usualmente no había experimentado a lo largo de mi existencia. Mi temor era que algún día a Yrma le diera por pensar en otro y yo sin compasión tendría que meterle su "MC" por la frente.
Sentados en un bello parque de la ciudad mentí al decirle que no la amaba, ella quien dejaba escapar unas lágrimas sinceras no entendía el por qué de mi decisión repentina y radical. De un brinco me paré y saqué mi sello, poniéndome como pude mi sábana blanca corrí hasta detrás de un árbol y le estampé el mismo a una tipa que se besaba con alguien que obviamente no era el que debía estar allí. Hoy en día aún la veo, y me sorprendo al sentir que todavía piensa en mí y en más nadie. Es solo que no puedo arriesgarme, es solo una historia más en la vida de un superhéroe…
Tuesday, November 08, 2005
Thursday, November 03, 2005
Guerra
A todos nos llega la hora de ir a la guerra. El planeta lo reclama, la sociedad lo exige, las hormonas lo regulan. Tarde o temprano llega, sin avisar, se mueve con rapidez a través del viento, penetra y domina la razón. No tiene pasiones y sabe donde vivimos, nos lleva, nos arrastra, nos consume, nos acaba. Afloran los miedos, el mundo no se ve igual, las horas son eternas y la espera sin igual. A todos nos llega la hora de ir a la guerra, el temor de no regresar por siempre nos va a acompañar.
Para Juan Mariano Rivas la cosa no fue diferente, a él también le llegó su turno de servir, de pagar por el hecho de ser humano, de sufrir en carne propia los horrores del dolor. En una mañana de verano allí estaba parado con su uniforme, rodeado de otros que como él habían sentido la necesidad de alistarse. Todos jóvenes y llenos de ilusiones, con deseos que desbordan por doquier, con la convicción y creencia que lo racional terminará por hacerse de cargo de aquella locura temporal y la existencia volverá a la normalidad para seguir el cause que ha sido trazado para ella desde el comando de operaciones.
La transición de niño a hombre en cuestión de minutos no es nada fácil, simplemente llega y hay que asumirla, aceptarla, internalizarla, siendo esto nada más que una mentira mal contada pues asumir lo que conlleva terror per se no es tarea fácil en el esquema de los seres humanos. Aquí no hay manual, no hay leyes y aunque mucho han escrito los autores no es más que un intento fallido en tratar de darle forma a otro de los tantos misterios que dominan el curso normal de la vida. Asignado a un pelotón, Juan Mariano aún tenía serias dudas sobre que era todo aquello que estaba pasando, en su interior y afuera de él, órdenes iban y venían, el revuelo clásico del comienzo de una campaña más, el principio de un fin seguro que solo dejaría cicatrices.
Montado en aquel poderoso C-130 el soldado Rivas esperaba la orden para saltar al vacío, para internarse en lo desconocido. Sintió el frío viento de la noche en su cara, sus huesos se estremecieron, pensó en su madre y en la tranquilidad de su niñez, intentó calmarse dándose una respuesta que pusiera parches momentáneos a sus miedos. El paracaídas se abrió y Juan Mariano surcaba la oscura noche, abajo la densa selva le esperaba, pero mientras tanto el soldado Rivas flotaba y lo disfrutaba, nunca antes había sentido esa sensación, ver el mundo desde allá arriba, su corazón palpitaba con fuerza, la mezcla de sentimientos nuevos y desconocidos lo hacían apasionante, la tierra se acercaba con velocidad y finalmente la tocó.
"Ay coño" dijo Juan Mariano al doblarse el tobillo, de inmediato lo mandaron a callar, una vez liberado del paracaídas y con el pesado morral a cuestas el jefe del pelotón reunió a sus hombres y les impartió todas las instrucciones para conseguir el primer objetivo. Moverse sigilosamente por el río y llegar a la desembocadura en donde armarían una torre de radio para establecer un punto de comunicaciones. Cojeando y con dolor en su tobillo Juan Mariano caminaba y se arrastraba por el terreno fangoso y húmedo, finalmente y después de varias horas de tensa calma llegaron al lugar indicado y procedieron a armar el equipo. El enemigo estaba identificado y ahora ya contaban con una manera de comunicarse a través de la selva.
Después de montar el campamento y de recibir unas cuantas instrucciones más Juan Mariano cayó rendido. Soñó con un sin fin de historias sin sentido y a la mañana siguiente al levantarse se dijo a si mismo "esto como que no es tan difícil". A pesar de estar parado sobre aquella tierra caliente Juan Mariano no lograba olvidar la sensación del flotar, esa que le había invadido la noche anterior y que le acompañaría a lo largo de la travesía. El próximo paso no sería tan fácil, el enemigo estaba consciente de la presencia de seres hostiles en su círculo de acción y sin lugar a dudas repelería cualquier intento por apoderarse de su tan preciado territorio.
Caminando por la selva tupida y con un calor desesperante el pelotón se dirigía a tratar de tomar por sorpresa un puesto de combate del enemigo. De pronto una gran explosión sorprendió a Juan Mariano, un soldado que caminaba unos metros más allá voló por los aires al pisar una mina cayendo despedazado y sin vida. Una serie de pensamientos sin sentido y veloces pasaron por la mente del soldado Rivas. Sin mucho tiempo para ordenar ideas las balas comenzaron a invadir el espacio, al suelo, pecho en tierra, y a buscar donde cubrirse, Juan Mariano perdió la calma por unos segundos pero la voz del jefe del pelotón le ayudó a normalizar su ritmo cardíaco y accionar su rifle en contra del enemigo.
Intensas horas de presión y soledad, el sonido sórdido de las municiones que tratan de acabar con tu existencia y el horror en las caras de los heridos en combate. Explosiones de granadas y morteros, el olor a pólvora en el aire, la desesperación propia del momento. El fuego continuó por un tiempo más, que es un tiempo en la vida de un soldado?, finalmente la voz segura del jefe gritó "tomemos por el asalto el puesto, ya están disminuidos". En cuestión de segundos dos explosiones, varios gritos de horror y la tranquilidad de la victoria. Juan Mariano volvió a sentir que flotaba, los soldados muertos, las expresiones de terror y el calor agudo no importaban en ese momento de conquista, avanzar a toda costa en pos del objetivo final.
La guerra te da tiempo de encontrarte, es solo que usualmente te encuentras con lo que no conocías de ti mismo y da paso al miedo, por otro lado te brinda la oportunidad de pensar, de pensar en todo aquello que eres capaz de hacer y en las cosas que anhelas con pasión. Los sueños se avivan, la imaginación vuela, Juan Mariano flotaba, flotaba en ese espacio donde se mezclan lo desconocido con lo nuevo, en donde los niños se transforman y los sentimientos descubren que la razón es su enemiga principal.
Con intenso dolor en su tobillo Juan Mariano solo pensaba en la próxima confrontación, el soldado Rivas flotaba, seducido por aquel juego de la muerte. Escondidos en la selva frente a un pequeño caserío se escucharon los estruendos de las bombas que venían del cielo, con rapidez y precisión los soldados avanzaron, algunos cayendo víctimas de una bala que por obra del destino decidía juguetear en el aire impactando el cuerpo de algún humano que osaba atravesarse en su camino. El arrase fue total, el caserío prendido en fuego solo mostraba su alma desnuda y penetrada, Juan Mariano flotaba nuevamente, la misión iba cobrando forma, era solo cuestión de seguir recorriendo los caminos y de tocar los botones correctos.
Comunicaciones iban y venían, encuentros furtivos con el enemigo, algunas minas que acababan con la vida de algún insignificante soldado, alguna bala que rozaba el casco. Juan Mariano flotaba, viendo como el horror a su alrededor no podía detenerle, este juego de la guerra cada día le gustaba más, lo enviciaba, lo envolvía, lo atrapaba y le hacía delirar. El enemigo era parte de su vida, siempre ahí, presente, vivo, respirando, manteniendo la imaginación a mil por hora para buscar nuevas formas, nuevas maneras, nuevas técnicas, era solo cuestión de esperar.
Avanzando por la selva en día de lluvia y humedad agobiante el pelotón casi llegaba a su objetivo final. Luego de una larga espera y de uno que otro momento de tensión por pequeñas trampas colocadas por el enemigo el día del ataque final había llegado. Juan Mariano aún flotando, esta vez decidido, seguro de si mismo, escuchaba con atención las instrucciones, la fortuna tenía que sonreírle, después de todo aquello, de todas esas noches de desvelo, de conversaciones imaginarias, de crueldad y ternura, de dolor y alegría.
El ataque comenzó como cualquier otro, lo usual, las balas, la destrucción, el terror, gritos desgarradores, el pelotón continuaba avanzando a pesar de los duros golpes que recibía. Varias minas explotaron mermando la capacidad de aquel escuadrón, fueron cayendo como barajitas, uno a uno, la vida se escapaba en segundos, Juan Mariano flotaba en su desesperación, miraba a un lado y al otro, la soledad se hacía cargo de todo, un último grito por parte del jefe detuvo a Juan Mariano en seco, un grito de muerte, el soldado Rivas solo ante aquel enemigo bajó su rifle y se arrodilló pidiendo clemencia, una bala atravesó su corazón.
"Juan Mariano, Juan Mariano estás ahí?" decía la bella muchacha de ojos azulados, "me estas escuchando?, que te pasa?. Juan Mariano subió la mirada, "te estoy diciendo que no, no Juan Mariano, no me gustas para nada, yo no quiero nada contigo, nada que ver, somos amigos no lo entiendes?, repetía una y otra vez la dulce niña, "si no me vas a contestar me voy, tu y tus locuras, venirme a decir que me quieres, cero uno contigo Juan Mariano, amigos somos amigos no lo comprendes?. Juan Mariano volvió a bajar la mirada, Juan Mariano ya no flotaba…
Para Juan Mariano Rivas la cosa no fue diferente, a él también le llegó su turno de servir, de pagar por el hecho de ser humano, de sufrir en carne propia los horrores del dolor. En una mañana de verano allí estaba parado con su uniforme, rodeado de otros que como él habían sentido la necesidad de alistarse. Todos jóvenes y llenos de ilusiones, con deseos que desbordan por doquier, con la convicción y creencia que lo racional terminará por hacerse de cargo de aquella locura temporal y la existencia volverá a la normalidad para seguir el cause que ha sido trazado para ella desde el comando de operaciones.
La transición de niño a hombre en cuestión de minutos no es nada fácil, simplemente llega y hay que asumirla, aceptarla, internalizarla, siendo esto nada más que una mentira mal contada pues asumir lo que conlleva terror per se no es tarea fácil en el esquema de los seres humanos. Aquí no hay manual, no hay leyes y aunque mucho han escrito los autores no es más que un intento fallido en tratar de darle forma a otro de los tantos misterios que dominan el curso normal de la vida. Asignado a un pelotón, Juan Mariano aún tenía serias dudas sobre que era todo aquello que estaba pasando, en su interior y afuera de él, órdenes iban y venían, el revuelo clásico del comienzo de una campaña más, el principio de un fin seguro que solo dejaría cicatrices.
Montado en aquel poderoso C-130 el soldado Rivas esperaba la orden para saltar al vacío, para internarse en lo desconocido. Sintió el frío viento de la noche en su cara, sus huesos se estremecieron, pensó en su madre y en la tranquilidad de su niñez, intentó calmarse dándose una respuesta que pusiera parches momentáneos a sus miedos. El paracaídas se abrió y Juan Mariano surcaba la oscura noche, abajo la densa selva le esperaba, pero mientras tanto el soldado Rivas flotaba y lo disfrutaba, nunca antes había sentido esa sensación, ver el mundo desde allá arriba, su corazón palpitaba con fuerza, la mezcla de sentimientos nuevos y desconocidos lo hacían apasionante, la tierra se acercaba con velocidad y finalmente la tocó.
"Ay coño" dijo Juan Mariano al doblarse el tobillo, de inmediato lo mandaron a callar, una vez liberado del paracaídas y con el pesado morral a cuestas el jefe del pelotón reunió a sus hombres y les impartió todas las instrucciones para conseguir el primer objetivo. Moverse sigilosamente por el río y llegar a la desembocadura en donde armarían una torre de radio para establecer un punto de comunicaciones. Cojeando y con dolor en su tobillo Juan Mariano caminaba y se arrastraba por el terreno fangoso y húmedo, finalmente y después de varias horas de tensa calma llegaron al lugar indicado y procedieron a armar el equipo. El enemigo estaba identificado y ahora ya contaban con una manera de comunicarse a través de la selva.
Después de montar el campamento y de recibir unas cuantas instrucciones más Juan Mariano cayó rendido. Soñó con un sin fin de historias sin sentido y a la mañana siguiente al levantarse se dijo a si mismo "esto como que no es tan difícil". A pesar de estar parado sobre aquella tierra caliente Juan Mariano no lograba olvidar la sensación del flotar, esa que le había invadido la noche anterior y que le acompañaría a lo largo de la travesía. El próximo paso no sería tan fácil, el enemigo estaba consciente de la presencia de seres hostiles en su círculo de acción y sin lugar a dudas repelería cualquier intento por apoderarse de su tan preciado territorio.
Caminando por la selva tupida y con un calor desesperante el pelotón se dirigía a tratar de tomar por sorpresa un puesto de combate del enemigo. De pronto una gran explosión sorprendió a Juan Mariano, un soldado que caminaba unos metros más allá voló por los aires al pisar una mina cayendo despedazado y sin vida. Una serie de pensamientos sin sentido y veloces pasaron por la mente del soldado Rivas. Sin mucho tiempo para ordenar ideas las balas comenzaron a invadir el espacio, al suelo, pecho en tierra, y a buscar donde cubrirse, Juan Mariano perdió la calma por unos segundos pero la voz del jefe del pelotón le ayudó a normalizar su ritmo cardíaco y accionar su rifle en contra del enemigo.
Intensas horas de presión y soledad, el sonido sórdido de las municiones que tratan de acabar con tu existencia y el horror en las caras de los heridos en combate. Explosiones de granadas y morteros, el olor a pólvora en el aire, la desesperación propia del momento. El fuego continuó por un tiempo más, que es un tiempo en la vida de un soldado?, finalmente la voz segura del jefe gritó "tomemos por el asalto el puesto, ya están disminuidos". En cuestión de segundos dos explosiones, varios gritos de horror y la tranquilidad de la victoria. Juan Mariano volvió a sentir que flotaba, los soldados muertos, las expresiones de terror y el calor agudo no importaban en ese momento de conquista, avanzar a toda costa en pos del objetivo final.
La guerra te da tiempo de encontrarte, es solo que usualmente te encuentras con lo que no conocías de ti mismo y da paso al miedo, por otro lado te brinda la oportunidad de pensar, de pensar en todo aquello que eres capaz de hacer y en las cosas que anhelas con pasión. Los sueños se avivan, la imaginación vuela, Juan Mariano flotaba, flotaba en ese espacio donde se mezclan lo desconocido con lo nuevo, en donde los niños se transforman y los sentimientos descubren que la razón es su enemiga principal.
Con intenso dolor en su tobillo Juan Mariano solo pensaba en la próxima confrontación, el soldado Rivas flotaba, seducido por aquel juego de la muerte. Escondidos en la selva frente a un pequeño caserío se escucharon los estruendos de las bombas que venían del cielo, con rapidez y precisión los soldados avanzaron, algunos cayendo víctimas de una bala que por obra del destino decidía juguetear en el aire impactando el cuerpo de algún humano que osaba atravesarse en su camino. El arrase fue total, el caserío prendido en fuego solo mostraba su alma desnuda y penetrada, Juan Mariano flotaba nuevamente, la misión iba cobrando forma, era solo cuestión de seguir recorriendo los caminos y de tocar los botones correctos.
Comunicaciones iban y venían, encuentros furtivos con el enemigo, algunas minas que acababan con la vida de algún insignificante soldado, alguna bala que rozaba el casco. Juan Mariano flotaba, viendo como el horror a su alrededor no podía detenerle, este juego de la guerra cada día le gustaba más, lo enviciaba, lo envolvía, lo atrapaba y le hacía delirar. El enemigo era parte de su vida, siempre ahí, presente, vivo, respirando, manteniendo la imaginación a mil por hora para buscar nuevas formas, nuevas maneras, nuevas técnicas, era solo cuestión de esperar.
Avanzando por la selva en día de lluvia y humedad agobiante el pelotón casi llegaba a su objetivo final. Luego de una larga espera y de uno que otro momento de tensión por pequeñas trampas colocadas por el enemigo el día del ataque final había llegado. Juan Mariano aún flotando, esta vez decidido, seguro de si mismo, escuchaba con atención las instrucciones, la fortuna tenía que sonreírle, después de todo aquello, de todas esas noches de desvelo, de conversaciones imaginarias, de crueldad y ternura, de dolor y alegría.
El ataque comenzó como cualquier otro, lo usual, las balas, la destrucción, el terror, gritos desgarradores, el pelotón continuaba avanzando a pesar de los duros golpes que recibía. Varias minas explotaron mermando la capacidad de aquel escuadrón, fueron cayendo como barajitas, uno a uno, la vida se escapaba en segundos, Juan Mariano flotaba en su desesperación, miraba a un lado y al otro, la soledad se hacía cargo de todo, un último grito por parte del jefe detuvo a Juan Mariano en seco, un grito de muerte, el soldado Rivas solo ante aquel enemigo bajó su rifle y se arrodilló pidiendo clemencia, una bala atravesó su corazón.
"Juan Mariano, Juan Mariano estás ahí?" decía la bella muchacha de ojos azulados, "me estas escuchando?, que te pasa?. Juan Mariano subió la mirada, "te estoy diciendo que no, no Juan Mariano, no me gustas para nada, yo no quiero nada contigo, nada que ver, somos amigos no lo entiendes?, repetía una y otra vez la dulce niña, "si no me vas a contestar me voy, tu y tus locuras, venirme a decir que me quieres, cero uno contigo Juan Mariano, amigos somos amigos no lo comprendes?. Juan Mariano volvió a bajar la mirada, Juan Mariano ya no flotaba…
Wednesday, November 02, 2005
Casada
Saliendo del médico para chequear mis niveles de adrenalina pude constatar que se encontraban muy bajos, los guerreros de la divinidad, como yo, necesitamos mantener el corazón latiendo a toda mecha, pero no latiendo fuerte mientras se flota pensando como un idiota en cualquier romance que terminará inscrito en los anales de las relaciones no consumadas. Los que hemos nacido así necesitamos poder palpar en nuestros paladares el sabor inequívoco de la sequedad extrema que provocan esas sensaciones que solo se experimentan pocas veces a lo largo de la existencia.
A la mañana siguiente y después de una noche de revisar mis cuadernos forrados de fieltro en donde mantengo mis notas secretas de "cosas por hacer" decidí llevar a cabo uno de mis experimentos, confieso que estaba indeciso, una de mis opciones era vestirme de policía peatonal y dedicarme a amargarle la existencia a cuanto conductor me diera la gana poniendo multas imaginarias y haciendo tomar el test de nivel de alcohol hasta dejarlos sin aliento. La otra opción y por la cual me terminé decidiendo era buscar un trabajo, identificar una mujer casada y tumbarle el marido solo para después dejarla con la finalidad de escribir una historia para mi libro anecdótico de las vivencias de un loco de nacimiento.
Vestido de flux y corbata imprimí un Currículum Vitae y me subí en mi carrito por puesto que me llevaría al Metro para poder repartir mi hoja de vida por ahí. Debo reconocer que gracias a la ladilla incansable que me montaron mis padres no solo tenía mi carrera sino dos postgrados en el exterior, conseguir trabajo sin lugar a dudas resultaría una tarea ardua pero al final con un poco de labia chimba, algo de conocimientos que se me pegaron en la universidad y una actitud entusiasta y alegre algo saldría por allí.
Caminé como un loquito, nada difícil para mi, no es lo mismo ser cuerdo y caminar como loco, que ser loco y caminar sin parar, paseé en ascensores, repartí chocolates a todas las recepcionistas para que no echaran en la basura mi hoja de vida y al menos se la llevaran a la persona encargada de recursos humanos dándome una ventaja considerable sobre todos aquellos infelices que solo entregarían su currículo sin entregar dulces. Cansado después de la ardua tarea me senté a tomar una Coca-Cola mientras pensaba en todas las cosas lindas que le iba a decir a esa desconocida que trabajaba en algún lugar de la metrópolis y que pronto sería mía o más bien eso creería ella.
Milagrosamente las llamadas para entrevistarme no tardaron en llegar, así nuevamente vestido de traje y con una sonrisa de comercial me dirigí a la primera entrevista. Sentado con la gerente de recursos humanos enfrente escuché con atención todo lo que se esperaba de mí y las bondades de la empresa. La dama de recursos humanos cuestionaba con sorpresa que como era posible que una persona con mis credenciales se encontrara descansando en su hogar, yo sin pensarlo mucho culpé a la tasa de desempleo y por supuesto a la viveza de querer obtener los servicios de alguien preparado a cambio de un vaso de leche y dos cesta tickets. Una vez que me explicaron todo el cuento la dama me dijo "tiene alguna pregunta?, yo le dije "si, en efecto, quisiera saber si aquí en la empresa hay mujeres casadas?, la tipa de recursos humanos que lo había escuchado todo menos mi pregunta totalmente desconcertante alcanzó a balbucear "y eso por qué?, no entiendo su pregunta". Yo con mi habilidad para dormir serpientes y convencer a un ciego de tirarse por una montaña esquiando le expliqué que existían teorías que demostraban que la gente casada trabajaba con más afán pues sentían la responsabilidad en sus hombros de una manera distinta a los solteros. La sorprendida mujer me dijo que iba a investigar sobre el tema pero que igual la empresa necesitaba de alguien como yo con urgencia y que simplemente empezara a trabajar cuando quisiera. Ni corto ni perezoso le dije "pues empiezo ya, y por cierto usted está casada?. La gerente asintió con la cabeza así como diciendo en su lenguaje de señas "jodida pero acostumbrada."
Sentado en mi puesto de trabajo prendí el computador y puse cara seria para que creyeran que estaba ocupadísimo, después de quince minutos me paré y le di una vuelta completa a la oficina en donde me fui presentando y averiguándole la vida a todas las mujeres que allí laboraban. Ya sentado nuevamente en mi oficina había identificado las posibles candidatas para mi ocioso experimento, finalmente y después de volver a recorrer la oficina a vuelo raso decidí que la víctima sería una atractiva mujer de unos 29 años, cabello rojo pintado, ojos azules y una pinta de estar más ladillada del marido que yo de mis voces internas.
Con sutileza me acerqué a su oficina y entablé una conversación de esas que parecen tontas pero que van destinadas a averiguar con precisión el abc de la vida de una persona. Después de un rato hablando la invité a almorzar a lo que respondió que estaba muy ocupada y que me avisaría cuando tuviera un tiempito libre. Al día siguiente volví a tratar obteniendo la misma respuesta y me dije "coño Policarpio estas perdiendo habilidades", vas a tener que aplicar otra técnica. Me la topé en el pasillo y pude ver en sus ojos la confianza esa de "me levanté a este guevón", yo con discreción saludé y seguí de largo sin cruzar otra palabra. No hay nada más macabro para la existencia de una fémina que ver con tristeza como el banquete que se estaba dando con un tipo atrás ha llegado a su fin. Paciente y tranquilo esperé por varios días hasta que finalmente apareció la susodicha diciendo "bueno te olvidaste del almuerzo o que?
Cagado de la risa internamente pero con cara de culo por afuera respondí que no me gustaba fastidiar ni perseguir a nadie y que por supuesto no se me había olvidado el almuerzo solo que había estado ocupado en algunas cosas de la empresa. "Entonces? dijo la dama "vamos hoy?, "si, si, como no, a la una paso por tu oficina" contesté. Allí en la comodidad de mi oficina recordé que no hay mujeres imposibles sino mujeres mal tratadas, es solo cuestión de aplicar la técnica correcta mi querido Policarpio me decía mientras saboreaba un sorbo de Coca-Cola bien fría.
Sentados en la mesa de un interesante restaurant observaba con detenimiento a la esculpida dama que sin ningún tipo de pena me atacaba con sus encantos. Yo calmado como siempre escuchaba sus historias y todo su intento por venderse, la dejé hablar de ella y de ella y un poco más de ella, hasta que finalmente le dije "y tu no eres casada?,. El semblante de la dama cambió de inmediato, "y como sabes?, "bueno mi estimada usted misma me lo dijo cuando nos conocimos", la voz de la mujer cambió y dijo "ay si, es que se me olvidan las cosas, es que ese marido mío, no se, yo de verdad no se que hacer". Sin yo decir nada la dama soltó toda una cuerda de letanías de lo difícil y desastroso que era su matrimonio, haciendo énfasis en lo malos que eran los hombres sin siquiera darse cuenta que yo por lo menos hasta donde sabía seguía haciendo pipí parado, después de recorrer los momentos más felices y más horribles que había pasado al lado de aquel monstruo me dijo "y tu que me cuentas?, yo la verdad ya estaba atolondrado pero convencido que podría hacer algo para salvar a la pobre dama de su desastroso lazo matrimonial, y me limité a decir que teníamos que volver al trabajo pues se hacía tarde.
Haciendo uso de todos mis encantos ataqué sin piedad a la susodicha, la agobiada damicela fácilmente cayó en mis cuentos chinos y mis promesas de un futuro mejor. Unas flores y unas noticas que había sacado de una página de Internet aunado a unas frases que me leí en una novela de Corín Tellado hicieron que la mujer flotara nuevamente. Varios almuerzos y unos zarcillos que encontré en una bolsa de piñata que había traído mi hermanito y que hice ver reales con una mezcla de barniz fueron conquistando a la bella damicela. Una vez que pude constatar que había caído tendida en mis redes desplegué mi plan maestro.
La invité a cenar y por el otro lado invité al marido también al mismo sitio haciendo uso de la cuenta de e-mail de ella, en el correo electrónico le decía al marido que se preparara porque esa noche se tornaría llena de fuego y pasiones. Llegué temprano a la cita y me senté a esperar muy tranquilo. En pocos minutos apareció radiante la bella dama y se sentó frente a mi. Sin dejarla decir nada saqué un cactus enano y se lo puse en la mesa, "para ti mi bella dama", la sorprendida muchacha mirando para todos lados sonrío forzadamente y me lo agradeció. Después de contarme algunas cosas la interrumpí y le dije "tu sabes que yo me tiro unos peos olorosísimos no?, la mujer que no entendía como el lord inglés que habitaba en mi se había esfumado sonrío sin poder dejar de mostrar su disgusto por mi comentario. En el acto procedí a agarrar un pedazo de pan y decir "esta vaina esta fría" y me la metí en la parte trasera de mi pantalón me senté y luego lo saqué y dije "listo calientito, recién sacado del horno". "Pero que te pasa Policarpio, estas bebido?, que es esto?, que son esas ordinarieces?, yo sonriendo le metí un mordisco al pan y agarré la copa de agua y se la eché en la camisa mientras gritaba "ahora si, evento de camisas mojadas", la dama se paró de la silla sin saber que decir y allí me le tiré encima dándole un beso con sabor a ajo puro, desde las tres de la tarde tenía par de dientes de ajo metidos en la boca y los había chupado con dedicación. La mujer al sentir aquel sabor espantoso me alejó y me dijo "no lo puedo creer, has roto mi corazón, que patán que eres Policarpio."
En ese instante llegó el marido quien se trasladó a la mesa para encontrar a su mujer con un tipo con cara de loquito y además bañada en agua. La dama le dijo "ay Juan Pedro, perdóname, yo no se que estaba haciendo, yo te amo". El hombre que no sabía a quien soltarle una mano optó por tratar de golpearme pero hábilmente lo esquivé brincando por encima de la mesa y pegando una carrera hacia la puerta mientras gritaba "que viva el amor, que lindo es."
Sentado en el techo de mi casa me sentía feliz, había logrado que una dama desesperada y hastiada de su marido recuperara la pasión por él, al menos por un día, mirando hacia el cielo me quedé dormido, no había perdido mis habilidades de levante, había conseguido un trabajo y me pude confirmar una vez más a mi mismo que aunque la grama del vecino siempre luzca más verde nosotros conocemos los huecos de la nuestra.
A la mañana siguiente y después de una noche de revisar mis cuadernos forrados de fieltro en donde mantengo mis notas secretas de "cosas por hacer" decidí llevar a cabo uno de mis experimentos, confieso que estaba indeciso, una de mis opciones era vestirme de policía peatonal y dedicarme a amargarle la existencia a cuanto conductor me diera la gana poniendo multas imaginarias y haciendo tomar el test de nivel de alcohol hasta dejarlos sin aliento. La otra opción y por la cual me terminé decidiendo era buscar un trabajo, identificar una mujer casada y tumbarle el marido solo para después dejarla con la finalidad de escribir una historia para mi libro anecdótico de las vivencias de un loco de nacimiento.
Vestido de flux y corbata imprimí un Currículum Vitae y me subí en mi carrito por puesto que me llevaría al Metro para poder repartir mi hoja de vida por ahí. Debo reconocer que gracias a la ladilla incansable que me montaron mis padres no solo tenía mi carrera sino dos postgrados en el exterior, conseguir trabajo sin lugar a dudas resultaría una tarea ardua pero al final con un poco de labia chimba, algo de conocimientos que se me pegaron en la universidad y una actitud entusiasta y alegre algo saldría por allí.
Caminé como un loquito, nada difícil para mi, no es lo mismo ser cuerdo y caminar como loco, que ser loco y caminar sin parar, paseé en ascensores, repartí chocolates a todas las recepcionistas para que no echaran en la basura mi hoja de vida y al menos se la llevaran a la persona encargada de recursos humanos dándome una ventaja considerable sobre todos aquellos infelices que solo entregarían su currículo sin entregar dulces. Cansado después de la ardua tarea me senté a tomar una Coca-Cola mientras pensaba en todas las cosas lindas que le iba a decir a esa desconocida que trabajaba en algún lugar de la metrópolis y que pronto sería mía o más bien eso creería ella.
Milagrosamente las llamadas para entrevistarme no tardaron en llegar, así nuevamente vestido de traje y con una sonrisa de comercial me dirigí a la primera entrevista. Sentado con la gerente de recursos humanos enfrente escuché con atención todo lo que se esperaba de mí y las bondades de la empresa. La dama de recursos humanos cuestionaba con sorpresa que como era posible que una persona con mis credenciales se encontrara descansando en su hogar, yo sin pensarlo mucho culpé a la tasa de desempleo y por supuesto a la viveza de querer obtener los servicios de alguien preparado a cambio de un vaso de leche y dos cesta tickets. Una vez que me explicaron todo el cuento la dama me dijo "tiene alguna pregunta?, yo le dije "si, en efecto, quisiera saber si aquí en la empresa hay mujeres casadas?, la tipa de recursos humanos que lo había escuchado todo menos mi pregunta totalmente desconcertante alcanzó a balbucear "y eso por qué?, no entiendo su pregunta". Yo con mi habilidad para dormir serpientes y convencer a un ciego de tirarse por una montaña esquiando le expliqué que existían teorías que demostraban que la gente casada trabajaba con más afán pues sentían la responsabilidad en sus hombros de una manera distinta a los solteros. La sorprendida mujer me dijo que iba a investigar sobre el tema pero que igual la empresa necesitaba de alguien como yo con urgencia y que simplemente empezara a trabajar cuando quisiera. Ni corto ni perezoso le dije "pues empiezo ya, y por cierto usted está casada?. La gerente asintió con la cabeza así como diciendo en su lenguaje de señas "jodida pero acostumbrada."
Sentado en mi puesto de trabajo prendí el computador y puse cara seria para que creyeran que estaba ocupadísimo, después de quince minutos me paré y le di una vuelta completa a la oficina en donde me fui presentando y averiguándole la vida a todas las mujeres que allí laboraban. Ya sentado nuevamente en mi oficina había identificado las posibles candidatas para mi ocioso experimento, finalmente y después de volver a recorrer la oficina a vuelo raso decidí que la víctima sería una atractiva mujer de unos 29 años, cabello rojo pintado, ojos azules y una pinta de estar más ladillada del marido que yo de mis voces internas.
Con sutileza me acerqué a su oficina y entablé una conversación de esas que parecen tontas pero que van destinadas a averiguar con precisión el abc de la vida de una persona. Después de un rato hablando la invité a almorzar a lo que respondió que estaba muy ocupada y que me avisaría cuando tuviera un tiempito libre. Al día siguiente volví a tratar obteniendo la misma respuesta y me dije "coño Policarpio estas perdiendo habilidades", vas a tener que aplicar otra técnica. Me la topé en el pasillo y pude ver en sus ojos la confianza esa de "me levanté a este guevón", yo con discreción saludé y seguí de largo sin cruzar otra palabra. No hay nada más macabro para la existencia de una fémina que ver con tristeza como el banquete que se estaba dando con un tipo atrás ha llegado a su fin. Paciente y tranquilo esperé por varios días hasta que finalmente apareció la susodicha diciendo "bueno te olvidaste del almuerzo o que?
Cagado de la risa internamente pero con cara de culo por afuera respondí que no me gustaba fastidiar ni perseguir a nadie y que por supuesto no se me había olvidado el almuerzo solo que había estado ocupado en algunas cosas de la empresa. "Entonces? dijo la dama "vamos hoy?, "si, si, como no, a la una paso por tu oficina" contesté. Allí en la comodidad de mi oficina recordé que no hay mujeres imposibles sino mujeres mal tratadas, es solo cuestión de aplicar la técnica correcta mi querido Policarpio me decía mientras saboreaba un sorbo de Coca-Cola bien fría.
Sentados en la mesa de un interesante restaurant observaba con detenimiento a la esculpida dama que sin ningún tipo de pena me atacaba con sus encantos. Yo calmado como siempre escuchaba sus historias y todo su intento por venderse, la dejé hablar de ella y de ella y un poco más de ella, hasta que finalmente le dije "y tu no eres casada?,. El semblante de la dama cambió de inmediato, "y como sabes?, "bueno mi estimada usted misma me lo dijo cuando nos conocimos", la voz de la mujer cambió y dijo "ay si, es que se me olvidan las cosas, es que ese marido mío, no se, yo de verdad no se que hacer". Sin yo decir nada la dama soltó toda una cuerda de letanías de lo difícil y desastroso que era su matrimonio, haciendo énfasis en lo malos que eran los hombres sin siquiera darse cuenta que yo por lo menos hasta donde sabía seguía haciendo pipí parado, después de recorrer los momentos más felices y más horribles que había pasado al lado de aquel monstruo me dijo "y tu que me cuentas?, yo la verdad ya estaba atolondrado pero convencido que podría hacer algo para salvar a la pobre dama de su desastroso lazo matrimonial, y me limité a decir que teníamos que volver al trabajo pues se hacía tarde.
Haciendo uso de todos mis encantos ataqué sin piedad a la susodicha, la agobiada damicela fácilmente cayó en mis cuentos chinos y mis promesas de un futuro mejor. Unas flores y unas noticas que había sacado de una página de Internet aunado a unas frases que me leí en una novela de Corín Tellado hicieron que la mujer flotara nuevamente. Varios almuerzos y unos zarcillos que encontré en una bolsa de piñata que había traído mi hermanito y que hice ver reales con una mezcla de barniz fueron conquistando a la bella damicela. Una vez que pude constatar que había caído tendida en mis redes desplegué mi plan maestro.
La invité a cenar y por el otro lado invité al marido también al mismo sitio haciendo uso de la cuenta de e-mail de ella, en el correo electrónico le decía al marido que se preparara porque esa noche se tornaría llena de fuego y pasiones. Llegué temprano a la cita y me senté a esperar muy tranquilo. En pocos minutos apareció radiante la bella dama y se sentó frente a mi. Sin dejarla decir nada saqué un cactus enano y se lo puse en la mesa, "para ti mi bella dama", la sorprendida muchacha mirando para todos lados sonrío forzadamente y me lo agradeció. Después de contarme algunas cosas la interrumpí y le dije "tu sabes que yo me tiro unos peos olorosísimos no?, la mujer que no entendía como el lord inglés que habitaba en mi se había esfumado sonrío sin poder dejar de mostrar su disgusto por mi comentario. En el acto procedí a agarrar un pedazo de pan y decir "esta vaina esta fría" y me la metí en la parte trasera de mi pantalón me senté y luego lo saqué y dije "listo calientito, recién sacado del horno". "Pero que te pasa Policarpio, estas bebido?, que es esto?, que son esas ordinarieces?, yo sonriendo le metí un mordisco al pan y agarré la copa de agua y se la eché en la camisa mientras gritaba "ahora si, evento de camisas mojadas", la dama se paró de la silla sin saber que decir y allí me le tiré encima dándole un beso con sabor a ajo puro, desde las tres de la tarde tenía par de dientes de ajo metidos en la boca y los había chupado con dedicación. La mujer al sentir aquel sabor espantoso me alejó y me dijo "no lo puedo creer, has roto mi corazón, que patán que eres Policarpio."
En ese instante llegó el marido quien se trasladó a la mesa para encontrar a su mujer con un tipo con cara de loquito y además bañada en agua. La dama le dijo "ay Juan Pedro, perdóname, yo no se que estaba haciendo, yo te amo". El hombre que no sabía a quien soltarle una mano optó por tratar de golpearme pero hábilmente lo esquivé brincando por encima de la mesa y pegando una carrera hacia la puerta mientras gritaba "que viva el amor, que lindo es."
Sentado en el techo de mi casa me sentía feliz, había logrado que una dama desesperada y hastiada de su marido recuperara la pasión por él, al menos por un día, mirando hacia el cielo me quedé dormido, no había perdido mis habilidades de levante, había conseguido un trabajo y me pude confirmar una vez más a mi mismo que aunque la grama del vecino siempre luzca más verde nosotros conocemos los huecos de la nuestra.
Sunday, October 30, 2005
Manejando
En mis días de juventud y ocio desaforado solía salir a pasear por la ciudad, a mezclarme entre la gente, a captar los movimientos misteriosos de las personas en su danza rutinaria por las calles, en uno de esos tantos días venía yo feliz de la vida cruzando una calle mientras mis manos se encontraban ocupadas por un perro caliente y un helado de Crema Paraíso cuando sentí un carajazo que hasta el día de hoy no he podido describir con palabras, el perro caliente salió volando cayéndole encima a un tipo que vendía mamones en un carrito de automercado, el helado se estrelló contra el parabrisas de aquella máquina maldita que me llevó por el medio y yo volé cual doble de película de cine aterrizando en el caliente y duro asfalto.
Mientras mi maltratado cuerpo procesaba todo lo acontecido lanzando alarmas de dolor, una dama arrecha y terminando de pintarse los labios se paró enfrente mío a pararme un peo mundial, “que riñones tienes tu” gritó mientras sacaba de la cartera un cepillo, “como te atraviesas así?, confieso que mi confusión era mayor, me dolía la vida y además una vieja mal encarada y furiosa lanzaba improperios contra mi pobre ser sin dejar en ningún instante de maquillarse y acicalarse, “a no mijito un día de estos te van a matar, voy tarde para el trabajo así que chaíto”, dio dos pasos y se volteó y gritó “ y además me ensuciastes el carro con el heladito ese”. Mi cerebro aturdido ordenó las piezas de aquel incidente y pude comprobar que había sido atropellado por una peligrosa mujer que manejaba mientras se maquillaba, que no conforme con llevarme por el medio se siguió maquillando mientras se cercioraba que no me había matado, que me dejó allí tirado porque iba tarde para el trabajo y que me reclamó que le había ensuciado su vehículo con mi helado.
“Pero que bolas tiene la vieja de mierda esta” pensé mientras el vendedor de mamones se acercó y me dijo “estas bien?, la vieja esa dejó el pelero y mire patrón yo no se leer así que no me pregunte por la placa”, “que coño voy a estar bien” contesté “me quedé sin perro caliente, sin helado, seguro que algo tengo fracturado y la vieja me armó mi peo cuando ella fue la que me atropelló”. Le entregué mi celular al “mamonero” quien después de intentar varias veces logró llamar a una ambulancia que me trasladó a un centro asistencial en donde me realizaron las pruebas necesarias para comprobar que no iba a morir de aquel ataque furtivo pero que mi tobillo estaba fracturado y el hueco en el coco requería de 59 puntos quirúrgicos para cerralo.
Entrando por la puerta del laboratorio de mi entrañable amigo Zoltan Forsternberg, científico sueco residenciado en los Altos Mirandinos, divisé una vez más el letrero que marcaba la entrada a su cuarto de experimentos, “Mujer al volante, peligro constante”. Una vez adentro y todavía caminando con muletas debido a la embestida violenta por parte de la vieja no identificada Zoltan me saludó amigablemente y me dijo “menos mal que solo fue un susto Policarpio, siempre te lo he dicho no existe nada más peligroso en el planeta que una mujer detrás del volante”. Zoltan llevaba años estudiando la conducta peligrosa, descuidada, animal y poco segura de las féminas al subirse a un carro después que una vieja que luchaba con su pequeño de 2 años para que se tomara el tetero, trataba de insultar a su marido vía celular por haber llegado tarde la noche anterior e intentaba colocarse unas pestañas postizas se lo había llevado por el medio dejándolo en un coma profundo por más de dos meses.
El científico sueco me dijo “Policarpio, es hora de vengarse, y tu eres el hombre indicado”, “tenemos que darles un escarmiento a todas las mujeres que pretenden manejar mientras hacen mil cosas a la vez poniendo en peligro la vida pobres mortales como tu y yo”. Vamos a causar terror en la ciudad para que las mujeres en definitiva empiecen a respetar las reglas básicas del conducir un vehículo automotor y a causa del miedo que provocará en ellas ser la próxima víctima de lo que seguramente los medios de comunicación llamaran “El Vengador Errante” tendrán máximo cuidado cuando se sienten detrás del volante logrando así y de una vez por todas la seguridad de no solo peatones sino otros conductores que se convierten en parte de las estadísticas que demuestran que el 97.3% de los accidentes de carros envuelven a una mujer.
“Coño Zoltan” le dije “ahora si que estas vengativo y arrecho, pero bueno vamos a darle, que es lo que tengo que hacer yo?, mi amigo sueco sacó unas listas que había compilado durante los años de angustia y terror posteriores a su atropello en donde se enumeraban todas las imprudencias fatales que cometen las mujeres al sentarse a manejar, la lista incluía entre otras maquillarse, tomar café y comer, hablar por celular, pelear por celular, darle comida a los niños pequeños, mirarse al espejo para cerciorarse que siguen bellas, admirar el paisaje y bucearse tipos que caminaban por las calles.
Pasando a otro cuarto del laboratorio de Zoltan lo ví parado allí, un Chevette todo escoñetado, “pero Zoltan este no era tu carro?, “era amigo mío, hasta que una vieja que le contaba a una amiga un chisme sobre otra amiga que tenía una amiga que la prima conocía a una tipa que la abuela le había contado que el marido le montaba cachos me llevó por el medio y me reventó mi carrito”. “Pero no te preocupes Policarpio”, “el motor esta intacto y además le puse unos truquillos para que le cagues la existencia a cualquier dama que se atreva a realizar una de sus peripecias clásicas”, me entregó las llaves, me dio una palmadita en el hombro y me explicó con detalles el plan de ataque para erradicar de las calles de Caracas a las mujeres que creen que pueden manejar y ser mujeres al mismo tiempo.
Echo mierda en el Chevette por la autopista del este identifiqué a mi primera víctima, una chamita ridícula que hablaba felizmente por celular mientras aceleraba a más de 120 km/h en su Audi 3, prendiendo todos los aparatos instalados por Zoltan logré sintonizar la conversación que mantenía con su novio al cual le iba parando un peo de mayores proporciones por haber estado mirando a otra chica la noche anterior en una fiesta, después de dejar que le armaran su peo al macho arrepentido y con la conexión lista grité “cállate coño e’ madre, no se le para peos a los novios por celular en la autopista a 120 km/h no jodas”, la infeliz damita clavó los frenos y se dio un sonoro carajazo contra la barrera destruyendo su hermoso Audi 3, con cuidado me detuve y me acerqué a ver en que estado se encontraba la imbécil del caso. Pálida y llorando me dijo “esto es horrible, una voz, un fantasma, no se, me tienen intervenidas las llamadas, el carro ay no” y siguió llorando mientras llamaba a su papá para que la salvara, yo me saqué una tarjeta del bolsillo y se la tiré en las piernas mientras me iba, la tarjeta decía “cretina, es hora de tomar en serio el manejar un vehículo, tu amigo “El Vengador Errante”.
Mi próxima víctima la identifiqué en una calle transitada en Las Mercedes, la tarada iba maquillándose mientras trataba de moverse en el tráfico, me coloqué al lado de su carro, y sacando una tenaza de mi escoñetado Chevette le partí el vidrio del carro, con mi habilidad característica para las maldades moví la tenazita y agarré la pintura de labios y le pinté la cara cual payaso de circo de pueblo, la mujer sorprendida gritaba y lloraba, agarré otra tarjeta y se la metí por la ventana, la misma decía “Atolondrada, no se maquilla uno en un carro, igual eres fea, tu amigo, El Vengador Errante.”
Aceleré mi poderoso Chevette y debo reconocer que me causó dolor lidiar con la tercera víctima, un cadáver insepulto, una viejita pasada de años pues, que debía estar en su casa cosiendo en vez de tratar de conducir su potente Toyota Prado en la Cota Mil, con cuidado y acelerando a más de 140 km/h pues la vieja iba hecha mierda me coloqué al frente de su camioneta y saqué la pantallita de cine en mi vidrio de atrás, toque el botón preciso para este caso y la película porno que era mezcla de sadomasoquismo, animales y pedofilia comenzó a proyectarse, en cuestión de segundos la viejita se salió de la carretera yendo a parar al cerro, con cuidado me acerqué y después de cerciorarme que la vieja sobreviviría le lancé la tarjetica “Vieja del coño, a tu casa a cocinar y a jugar con los nietos, tu amigo El Vengador Errante.”
De inmediato localicé a mi próxima víctima, aquella mujer bebía su café mientras saboreaba un cachito de jamón humeante, aquella infernal gorda del coño iba por la autopista Valle-Coche a más de 130 km/h, colocándome por la ventana del pasajero partí el vidrio y con una de las tenazas de mi avanzado Chevette le vacié un termo de café mezclado con mierda de vaca en el asiento del pasajero, con la misma solté la tarjetica que decía “Obesa maldita, rebaja, y por cierto tu mamá nunca te dijo que en el carro no se come?, tu amigo, El Vengador Errante.”
Al frente de un kinder capitalino una mamá aceleró su potente Toyota Corollla, se colocó el celular al oído, sacó una crema de la cartera y empezó a untársela en las manos y le dio el tetero a uno de los infantes mientras le metía un pellizco al otro. Esto no lo podía permitir y procedí a atravesármele, disfrazado de Winnie Pooh me acerqué al carro, del tarrito de miel saqué unas chupetas y se las di a los niñitos y sin darle chance a la vieja le puse unas esposas y la amarré al volante, le abrí la boca y le metí la tarjeta que decía “no solo te vas a matar infeliz, vas a matar a los pobres niñitos, manejar no es juego de niños.”
Así continué mi periplo en donde puse fuera de combate a varias féminas, entre ellas una niñita de 14 años que se había robado el carro de la casa y a la cual amarré en plena Avenida Urdaneta y le dejé una Barbie de regalo, golpeé con un guante de boxeo que con un resorte salía de mi Chevette a una mujer que miraba felizmente una tienda de muebles mientras avanzaba por una calle a más de 60 km/h y detuve a una muchachita que se buceaba a un transeúnte y después de echarle limón en los ojos le dejé unas revistas Playgirl para que se deleitara en su casa pero no en el carro.
Finalmente me dispuse a consumar mi última venganza, no se trataba de otra que la vieja infeliz que me había atropellado, Zoltan había conseguido después de arduas horas de trabajo identificarla y me lancé a perseguirla, en plena autopista frente a La Carlota la intercepté mientras hablaba por celular, se echaba colorete en los cachetes y se bebía una Polar Ice, después de tirarle el carro encima varias veces haciéndola soltar la botella de cerveza, meterse la brochita del colorete en un ojo y tener que soltar el celular le metí la tenaza por el vidrio rociándole un spray con olor a cama de hospital que la hizo clavar los frenos de inmediato. Con rapidez y tenacidad me bajé y le metí un helado de Crema Paraíso por la cabeza mientras la cretina sorprendida me decía “tu eres el que atropellé”, sin darle chance a decir más nada le solté la tarjetica que decía “me debes 3.540.000 bolos por la clínica, el carro véndelo y dona los reales a la obra de caridad de tu preferencia, la próxima vez que te vea manejando te botó en El Guaire forrada en tirro de electricista, tu amigo, El Vengador Errante.”
En la noche mientras descansaba escuché a lo lejos en el televisor “Un informe del Ministerio de Transporte y Comunicaciones reveló hoy que los choques han disminuido en un drástico 89% en cuestión de un mes, el mismo no puede explicar las razones de la baja en el porcentaje pero una fuente que pidió ser mantenida en el anonimato nos indicó que todo se debía a un individuo que se hace llamar ‘El Vengador Errante’ que mantiene en vilo a las mujeres que conducen un carro”, la narradora de noticias algo molesta prosiguió “yo reto a este idiota a que me haga dejar de manejar, que se ha creído?.
A la mañana siguiente la bella narradora apareció con el celular en la boca, una carita feliz pintada con pintura de labios en cada teta y una tarjetica que decía “Cuando tu aprendas a manejar yo dejaré de ser El Vengador Errante.....
Mientras mi maltratado cuerpo procesaba todo lo acontecido lanzando alarmas de dolor, una dama arrecha y terminando de pintarse los labios se paró enfrente mío a pararme un peo mundial, “que riñones tienes tu” gritó mientras sacaba de la cartera un cepillo, “como te atraviesas así?, confieso que mi confusión era mayor, me dolía la vida y además una vieja mal encarada y furiosa lanzaba improperios contra mi pobre ser sin dejar en ningún instante de maquillarse y acicalarse, “a no mijito un día de estos te van a matar, voy tarde para el trabajo así que chaíto”, dio dos pasos y se volteó y gritó “ y además me ensuciastes el carro con el heladito ese”. Mi cerebro aturdido ordenó las piezas de aquel incidente y pude comprobar que había sido atropellado por una peligrosa mujer que manejaba mientras se maquillaba, que no conforme con llevarme por el medio se siguió maquillando mientras se cercioraba que no me había matado, que me dejó allí tirado porque iba tarde para el trabajo y que me reclamó que le había ensuciado su vehículo con mi helado.
“Pero que bolas tiene la vieja de mierda esta” pensé mientras el vendedor de mamones se acercó y me dijo “estas bien?, la vieja esa dejó el pelero y mire patrón yo no se leer así que no me pregunte por la placa”, “que coño voy a estar bien” contesté “me quedé sin perro caliente, sin helado, seguro que algo tengo fracturado y la vieja me armó mi peo cuando ella fue la que me atropelló”. Le entregué mi celular al “mamonero” quien después de intentar varias veces logró llamar a una ambulancia que me trasladó a un centro asistencial en donde me realizaron las pruebas necesarias para comprobar que no iba a morir de aquel ataque furtivo pero que mi tobillo estaba fracturado y el hueco en el coco requería de 59 puntos quirúrgicos para cerralo.
Entrando por la puerta del laboratorio de mi entrañable amigo Zoltan Forsternberg, científico sueco residenciado en los Altos Mirandinos, divisé una vez más el letrero que marcaba la entrada a su cuarto de experimentos, “Mujer al volante, peligro constante”. Una vez adentro y todavía caminando con muletas debido a la embestida violenta por parte de la vieja no identificada Zoltan me saludó amigablemente y me dijo “menos mal que solo fue un susto Policarpio, siempre te lo he dicho no existe nada más peligroso en el planeta que una mujer detrás del volante”. Zoltan llevaba años estudiando la conducta peligrosa, descuidada, animal y poco segura de las féminas al subirse a un carro después que una vieja que luchaba con su pequeño de 2 años para que se tomara el tetero, trataba de insultar a su marido vía celular por haber llegado tarde la noche anterior e intentaba colocarse unas pestañas postizas se lo había llevado por el medio dejándolo en un coma profundo por más de dos meses.
El científico sueco me dijo “Policarpio, es hora de vengarse, y tu eres el hombre indicado”, “tenemos que darles un escarmiento a todas las mujeres que pretenden manejar mientras hacen mil cosas a la vez poniendo en peligro la vida pobres mortales como tu y yo”. Vamos a causar terror en la ciudad para que las mujeres en definitiva empiecen a respetar las reglas básicas del conducir un vehículo automotor y a causa del miedo que provocará en ellas ser la próxima víctima de lo que seguramente los medios de comunicación llamaran “El Vengador Errante” tendrán máximo cuidado cuando se sienten detrás del volante logrando así y de una vez por todas la seguridad de no solo peatones sino otros conductores que se convierten en parte de las estadísticas que demuestran que el 97.3% de los accidentes de carros envuelven a una mujer.
“Coño Zoltan” le dije “ahora si que estas vengativo y arrecho, pero bueno vamos a darle, que es lo que tengo que hacer yo?, mi amigo sueco sacó unas listas que había compilado durante los años de angustia y terror posteriores a su atropello en donde se enumeraban todas las imprudencias fatales que cometen las mujeres al sentarse a manejar, la lista incluía entre otras maquillarse, tomar café y comer, hablar por celular, pelear por celular, darle comida a los niños pequeños, mirarse al espejo para cerciorarse que siguen bellas, admirar el paisaje y bucearse tipos que caminaban por las calles.
Pasando a otro cuarto del laboratorio de Zoltan lo ví parado allí, un Chevette todo escoñetado, “pero Zoltan este no era tu carro?, “era amigo mío, hasta que una vieja que le contaba a una amiga un chisme sobre otra amiga que tenía una amiga que la prima conocía a una tipa que la abuela le había contado que el marido le montaba cachos me llevó por el medio y me reventó mi carrito”. “Pero no te preocupes Policarpio”, “el motor esta intacto y además le puse unos truquillos para que le cagues la existencia a cualquier dama que se atreva a realizar una de sus peripecias clásicas”, me entregó las llaves, me dio una palmadita en el hombro y me explicó con detalles el plan de ataque para erradicar de las calles de Caracas a las mujeres que creen que pueden manejar y ser mujeres al mismo tiempo.
Echo mierda en el Chevette por la autopista del este identifiqué a mi primera víctima, una chamita ridícula que hablaba felizmente por celular mientras aceleraba a más de 120 km/h en su Audi 3, prendiendo todos los aparatos instalados por Zoltan logré sintonizar la conversación que mantenía con su novio al cual le iba parando un peo de mayores proporciones por haber estado mirando a otra chica la noche anterior en una fiesta, después de dejar que le armaran su peo al macho arrepentido y con la conexión lista grité “cállate coño e’ madre, no se le para peos a los novios por celular en la autopista a 120 km/h no jodas”, la infeliz damita clavó los frenos y se dio un sonoro carajazo contra la barrera destruyendo su hermoso Audi 3, con cuidado me detuve y me acerqué a ver en que estado se encontraba la imbécil del caso. Pálida y llorando me dijo “esto es horrible, una voz, un fantasma, no se, me tienen intervenidas las llamadas, el carro ay no” y siguió llorando mientras llamaba a su papá para que la salvara, yo me saqué una tarjeta del bolsillo y se la tiré en las piernas mientras me iba, la tarjeta decía “cretina, es hora de tomar en serio el manejar un vehículo, tu amigo “El Vengador Errante”.
Mi próxima víctima la identifiqué en una calle transitada en Las Mercedes, la tarada iba maquillándose mientras trataba de moverse en el tráfico, me coloqué al lado de su carro, y sacando una tenaza de mi escoñetado Chevette le partí el vidrio del carro, con mi habilidad característica para las maldades moví la tenazita y agarré la pintura de labios y le pinté la cara cual payaso de circo de pueblo, la mujer sorprendida gritaba y lloraba, agarré otra tarjeta y se la metí por la ventana, la misma decía “Atolondrada, no se maquilla uno en un carro, igual eres fea, tu amigo, El Vengador Errante.”
Aceleré mi poderoso Chevette y debo reconocer que me causó dolor lidiar con la tercera víctima, un cadáver insepulto, una viejita pasada de años pues, que debía estar en su casa cosiendo en vez de tratar de conducir su potente Toyota Prado en la Cota Mil, con cuidado y acelerando a más de 140 km/h pues la vieja iba hecha mierda me coloqué al frente de su camioneta y saqué la pantallita de cine en mi vidrio de atrás, toque el botón preciso para este caso y la película porno que era mezcla de sadomasoquismo, animales y pedofilia comenzó a proyectarse, en cuestión de segundos la viejita se salió de la carretera yendo a parar al cerro, con cuidado me acerqué y después de cerciorarme que la vieja sobreviviría le lancé la tarjetica “Vieja del coño, a tu casa a cocinar y a jugar con los nietos, tu amigo El Vengador Errante.”
De inmediato localicé a mi próxima víctima, aquella mujer bebía su café mientras saboreaba un cachito de jamón humeante, aquella infernal gorda del coño iba por la autopista Valle-Coche a más de 130 km/h, colocándome por la ventana del pasajero partí el vidrio y con una de las tenazas de mi avanzado Chevette le vacié un termo de café mezclado con mierda de vaca en el asiento del pasajero, con la misma solté la tarjetica que decía “Obesa maldita, rebaja, y por cierto tu mamá nunca te dijo que en el carro no se come?, tu amigo, El Vengador Errante.”
Al frente de un kinder capitalino una mamá aceleró su potente Toyota Corollla, se colocó el celular al oído, sacó una crema de la cartera y empezó a untársela en las manos y le dio el tetero a uno de los infantes mientras le metía un pellizco al otro. Esto no lo podía permitir y procedí a atravesármele, disfrazado de Winnie Pooh me acerqué al carro, del tarrito de miel saqué unas chupetas y se las di a los niñitos y sin darle chance a la vieja le puse unas esposas y la amarré al volante, le abrí la boca y le metí la tarjeta que decía “no solo te vas a matar infeliz, vas a matar a los pobres niñitos, manejar no es juego de niños.”
Así continué mi periplo en donde puse fuera de combate a varias féminas, entre ellas una niñita de 14 años que se había robado el carro de la casa y a la cual amarré en plena Avenida Urdaneta y le dejé una Barbie de regalo, golpeé con un guante de boxeo que con un resorte salía de mi Chevette a una mujer que miraba felizmente una tienda de muebles mientras avanzaba por una calle a más de 60 km/h y detuve a una muchachita que se buceaba a un transeúnte y después de echarle limón en los ojos le dejé unas revistas Playgirl para que se deleitara en su casa pero no en el carro.
Finalmente me dispuse a consumar mi última venganza, no se trataba de otra que la vieja infeliz que me había atropellado, Zoltan había conseguido después de arduas horas de trabajo identificarla y me lancé a perseguirla, en plena autopista frente a La Carlota la intercepté mientras hablaba por celular, se echaba colorete en los cachetes y se bebía una Polar Ice, después de tirarle el carro encima varias veces haciéndola soltar la botella de cerveza, meterse la brochita del colorete en un ojo y tener que soltar el celular le metí la tenaza por el vidrio rociándole un spray con olor a cama de hospital que la hizo clavar los frenos de inmediato. Con rapidez y tenacidad me bajé y le metí un helado de Crema Paraíso por la cabeza mientras la cretina sorprendida me decía “tu eres el que atropellé”, sin darle chance a decir más nada le solté la tarjetica que decía “me debes 3.540.000 bolos por la clínica, el carro véndelo y dona los reales a la obra de caridad de tu preferencia, la próxima vez que te vea manejando te botó en El Guaire forrada en tirro de electricista, tu amigo, El Vengador Errante.”
En la noche mientras descansaba escuché a lo lejos en el televisor “Un informe del Ministerio de Transporte y Comunicaciones reveló hoy que los choques han disminuido en un drástico 89% en cuestión de un mes, el mismo no puede explicar las razones de la baja en el porcentaje pero una fuente que pidió ser mantenida en el anonimato nos indicó que todo se debía a un individuo que se hace llamar ‘El Vengador Errante’ que mantiene en vilo a las mujeres que conducen un carro”, la narradora de noticias algo molesta prosiguió “yo reto a este idiota a que me haga dejar de manejar, que se ha creído?.
A la mañana siguiente la bella narradora apareció con el celular en la boca, una carita feliz pintada con pintura de labios en cada teta y una tarjetica que decía “Cuando tu aprendas a manejar yo dejaré de ser El Vengador Errante.....
Friday, October 28, 2005
Humana
Cuando uno se la pasa de vago por el planeta se le ocurren cosas que normalmente a una persona ocupada no le pasarían por la mente, un amigo me había comentado de la existencia de una ciudad en la vecina Colombia en donde al parecer algo extraño sucedía con las mujeres de este interesante lugar. Al preguntarle de que se trataba tanto misterio, pues me dijo que no podía decir más, que simplemente fuera y lo averiguara por mi mismo y así comienza la historia que me permito contarles a continuación.
A las 3 de la tarde me embarqué en el vuelo hacia Bogotá, de ahí otro avión hasta el aeropuerto "La Nubia" en Manizales, al llegar a la ciudad me pareció muy interesante, unos 350.000 habitantes y la clásica arquitectura de una ciudad de topografía quebrada y abrupta en el departamento de Caldas. Una vez salido del aeropuerto comencé a caminar por aquellas calles con la finalidad de descubrir cual era el secreto que guardaban las mujeres de esta bella ciudad del occidente colombiano.
Risueño y feliz me dirigí a la catedral basílica para conocer un poco de la historia de la ciudad y allí enfrente de la misma la ví por primera vez, sus facciones finas y sus ojos tristes me impactaron de inmediato, con cautela me acerqué pues desconocía cual era el gran misterio que guardaban las damicelas de Manizales. Leía un libro de Borges a la vez que escuchaba Cranberries en su I-Pod, me senté al lado de ella pretendiendo que no la miraba y simplemente deseaba descansar, ella volteó e hizo una leve reverencia con la cabeza, yo saludé y me hice el turista perdido.
Ocasiones como estas me habían pasado muchas veces a lo largo de mi vida, pero esta vez sentí una sensación extraña de querer conocer más y más a esta dulce muchachita. "hola que tal" le dije, ella con su voz suave y acento paisa replicó "hola que te trae por aquí, tu no eres colombiano, con ese acento más bien venezolano debes ser", "si, si soy venezolano, dije, y bueno soy un ocioso empedernido y tenía un tiempito y me vine a conocer esta región de Colombia, además me han contado que las mujeres acá guardan un secreto milenario y no se quería descubrir algo de eso.", sus ojos tristes bajaron la mirada y la sentí incómoda cuando mencioné el secreto, luego de un rato me dijo "me llamo Ana Rilco, si quieres te puedo mostrar la ciudad y así me cuentas un poco de Venezuela."
La tarde llegaba a su fin y las sombras del bello atardecer comenzaban a hacer su entrada, ana me llevó a conocer sitios de interés, comimos, hablamos, conversamos, sin lugar a dudas se trataba de una persona atractiva tanto física como intelectualmente pero me llamaba la atención la sequedad y la forma rígida en el proceder de ella, traté de investigar un poco pero solo obtuve respuestas cortas y elusivas, sin lugar a dudas había un secreto detrás de las damas de manizales y ahora me había propuesto encontrarlo.
Intenté todas mis artimañas para tratar de sacarle algo de información a Ana pero no había forma ni manera, me paré de cabeza, hice chistes malos y le regalé unas rosas sin obtener ni el más mínimo rasgo de sentimientos por parte de la interesante muchacha. Se hacía tarde y le dije "bueno Ana ha sido un placer, me tengo que ir al hotel, voy a estar un día más por acá, será posible contar con tu agradable compañía mañana?, Ana con sus ojos tristes me dijo "ay Policarpio no pagues hotel, en mi casa hay un cuartito, ahí te metes y así te ahorras un dinerito, y bueno mañana me invitas a comer pues, que te parece?", accedí al instante y así nos fuimos caminando hasta su cálido hogar.
Nunca había visto un lugar tan pulcro y ordenado, la casa estaba arreglada a la perfección, ni el más mínimo detalle parecía fuera de lugar, nos sentamos muy cómodos en el sofá y continuamos hablando de la vida, de la muerte y de tantas cosas más. Despertamos tal cual como la noche anterior nos había tragado, yo sonreí tratando de buscar la misma respuesta en Ana pero solo obtuve un "buenos días". Al ver la hora nos dimos cuenta que casi podíamos irnos a almorzar y salimos de inmediato para yo cumplir con mi invitación. Sentados en la mesa del restaurant volví a preguntar a Ana sobre el secreto y una vez más la incomodidad se apoderó de sus palabras y a pesar de no estar dispuesto a aceptar esas respuestas evasivas mi insistencia se perdió en el vació de unas frases sin destino.
Al salir del restaurant y todavía con mi duda procedí a despedirme de Ana, le di las gracias por su hospitalidad y me di la vuelta para tomar un taxi, de pronto escuché como ana se acercó y me dijo "por favor Policarpio sácame de aquí, no preguntes más, solo sácame", la voz ya no era de tristeza pero más bien de terror, sin pensarlo dos veces la monté en el taxi y fuimos al aeropuerto. Ana se encontraba muy nerviosa, miraba a todos lados y apenas decía algunas palabras, una vez adentro del avión le dije "bueno Ana me vas a decir de que se trata todo este misterio?, ella no contestó y simplemente calló. El avión finalmente despegó y a los pocos minutos de vuelo Ana comenzó a temblar, unos ruidos extraños salían de su cuerpo y de pronto pude ver como unos cables y circuitos se asomaban por su estómago, "coño pensé yo, ahora si me acomodé, lo que me faltaba a mi, estoy cargando con un robot", ahí todo encuadró y entendí que el misterio de Manizales no era otro que las mujeres habían sido deshumanizadas desde tiempos inmemoriales, Ana continuaba temblando y me miraba con ojos tristes y sin vida, yo no sabía que hacer, las aeromozas me preguntaban que le pasaba y yo no sabía que contestar, finalmente y ya como último recurso decidí besarla, la tomé en mis brazos y la besé, poco a poco Ana recobró la conciencia y misteriosamente los cables y circuitos desaparecieron, una lágrima brotó de su ojo y por primera vez vi su espectacular sonrisa, Ana había vuelto a ser humana…
A las 3 de la tarde me embarqué en el vuelo hacia Bogotá, de ahí otro avión hasta el aeropuerto "La Nubia" en Manizales, al llegar a la ciudad me pareció muy interesante, unos 350.000 habitantes y la clásica arquitectura de una ciudad de topografía quebrada y abrupta en el departamento de Caldas. Una vez salido del aeropuerto comencé a caminar por aquellas calles con la finalidad de descubrir cual era el secreto que guardaban las mujeres de esta bella ciudad del occidente colombiano.
Risueño y feliz me dirigí a la catedral basílica para conocer un poco de la historia de la ciudad y allí enfrente de la misma la ví por primera vez, sus facciones finas y sus ojos tristes me impactaron de inmediato, con cautela me acerqué pues desconocía cual era el gran misterio que guardaban las damicelas de Manizales. Leía un libro de Borges a la vez que escuchaba Cranberries en su I-Pod, me senté al lado de ella pretendiendo que no la miraba y simplemente deseaba descansar, ella volteó e hizo una leve reverencia con la cabeza, yo saludé y me hice el turista perdido.
Ocasiones como estas me habían pasado muchas veces a lo largo de mi vida, pero esta vez sentí una sensación extraña de querer conocer más y más a esta dulce muchachita. "hola que tal" le dije, ella con su voz suave y acento paisa replicó "hola que te trae por aquí, tu no eres colombiano, con ese acento más bien venezolano debes ser", "si, si soy venezolano, dije, y bueno soy un ocioso empedernido y tenía un tiempito y me vine a conocer esta región de Colombia, además me han contado que las mujeres acá guardan un secreto milenario y no se quería descubrir algo de eso.", sus ojos tristes bajaron la mirada y la sentí incómoda cuando mencioné el secreto, luego de un rato me dijo "me llamo Ana Rilco, si quieres te puedo mostrar la ciudad y así me cuentas un poco de Venezuela."
La tarde llegaba a su fin y las sombras del bello atardecer comenzaban a hacer su entrada, ana me llevó a conocer sitios de interés, comimos, hablamos, conversamos, sin lugar a dudas se trataba de una persona atractiva tanto física como intelectualmente pero me llamaba la atención la sequedad y la forma rígida en el proceder de ella, traté de investigar un poco pero solo obtuve respuestas cortas y elusivas, sin lugar a dudas había un secreto detrás de las damas de manizales y ahora me había propuesto encontrarlo.
Intenté todas mis artimañas para tratar de sacarle algo de información a Ana pero no había forma ni manera, me paré de cabeza, hice chistes malos y le regalé unas rosas sin obtener ni el más mínimo rasgo de sentimientos por parte de la interesante muchacha. Se hacía tarde y le dije "bueno Ana ha sido un placer, me tengo que ir al hotel, voy a estar un día más por acá, será posible contar con tu agradable compañía mañana?, Ana con sus ojos tristes me dijo "ay Policarpio no pagues hotel, en mi casa hay un cuartito, ahí te metes y así te ahorras un dinerito, y bueno mañana me invitas a comer pues, que te parece?", accedí al instante y así nos fuimos caminando hasta su cálido hogar.
Nunca había visto un lugar tan pulcro y ordenado, la casa estaba arreglada a la perfección, ni el más mínimo detalle parecía fuera de lugar, nos sentamos muy cómodos en el sofá y continuamos hablando de la vida, de la muerte y de tantas cosas más. Despertamos tal cual como la noche anterior nos había tragado, yo sonreí tratando de buscar la misma respuesta en Ana pero solo obtuve un "buenos días". Al ver la hora nos dimos cuenta que casi podíamos irnos a almorzar y salimos de inmediato para yo cumplir con mi invitación. Sentados en la mesa del restaurant volví a preguntar a Ana sobre el secreto y una vez más la incomodidad se apoderó de sus palabras y a pesar de no estar dispuesto a aceptar esas respuestas evasivas mi insistencia se perdió en el vació de unas frases sin destino.
Al salir del restaurant y todavía con mi duda procedí a despedirme de Ana, le di las gracias por su hospitalidad y me di la vuelta para tomar un taxi, de pronto escuché como ana se acercó y me dijo "por favor Policarpio sácame de aquí, no preguntes más, solo sácame", la voz ya no era de tristeza pero más bien de terror, sin pensarlo dos veces la monté en el taxi y fuimos al aeropuerto. Ana se encontraba muy nerviosa, miraba a todos lados y apenas decía algunas palabras, una vez adentro del avión le dije "bueno Ana me vas a decir de que se trata todo este misterio?, ella no contestó y simplemente calló. El avión finalmente despegó y a los pocos minutos de vuelo Ana comenzó a temblar, unos ruidos extraños salían de su cuerpo y de pronto pude ver como unos cables y circuitos se asomaban por su estómago, "coño pensé yo, ahora si me acomodé, lo que me faltaba a mi, estoy cargando con un robot", ahí todo encuadró y entendí que el misterio de Manizales no era otro que las mujeres habían sido deshumanizadas desde tiempos inmemoriales, Ana continuaba temblando y me miraba con ojos tristes y sin vida, yo no sabía que hacer, las aeromozas me preguntaban que le pasaba y yo no sabía que contestar, finalmente y ya como último recurso decidí besarla, la tomé en mis brazos y la besé, poco a poco Ana recobró la conciencia y misteriosamente los cables y circuitos desaparecieron, una lágrima brotó de su ojo y por primera vez vi su espectacular sonrisa, Ana había vuelto a ser humana…
Preso
Eloy Rodrigo nació en algún lugar desconocido de un barrio también desconocido dentro del dantesco cordón de miseria que rodeaba aquella otrora palpitante ciudad capitalina, de su padre se sabe poco, su madre lo dejó en la puerta de la casa de una prima que sin mucha sorpresa encontró al muchachito envuelto en papel periódico a la mañana siguiente, sin pensarlo dos veces y con la frialdad de una noche de lluvia la prima se montó en un carrito por puesto y se fue al INAM, envuelto en periódico y una sábana vieja Eloy Rodrigo fue abandonado por segunda vez en cuestión de días.
Su infancia la pasó confinado dentro de la institución, si a eso se le puede llamar infancia, Eloy Rodrigo escapó varias veces en donde pasó temporadas como un niño sin techo ni hogar para volver a caer capturado cada vez que cometía alguna fechoría para tratar de sobrevivir en ese mundo divertido, jovial, enternecedor, educacional y pacífico que es la calle. Eloy Rodrigo escapó una vez más y al caer nuevamente atrapado por la policía mientras trataba de atracar a una viejita en pleno boulevard de Chacaíto se enfrentó a una nueva realidad.
Cédula?, gritó el funcionario policial , Eloy Rodrigo respondió "nunca la hubo", "a si?, pues entonces vas a pasar unos cuantos días divertidos en un calabozo pedazo de mierda" replicó el policía dándole un rolazo en la pierna para recordarle que de una u otra forma llevamos palo día a día en nuestro andar. Después de pasar unos días en esa suite de hotel cinco estrellas que era el calabozo de Cotiza, oliendo a meado y a sudor de francés soltaron a Eloy Rodrigo pues la viejita no había puesto la denuncia. Una vez en la calle Eloy Rodrigo comenzó una cadena de incidentes que pronto le llevarían a pasar unas vacacioncitas en un lugar fantástico y maravilloso, en un lugar de esparcimiento, lleno de intelectuales y de herramientas buenas para formarse.
Armado hasta los dientes y formando parte de la banda "Los Fuma Piedra", Eloy Rodrigo ingresó a la agencia de aquel banco, después de someter a los vigilantes y lograr que el gerente abriera la bóveda la banda de maleantes se disponía a salir del banco cuando fueron sorprendidos por una patrulla de la policía, el tiroteo no se hizo esperar y después de 10 minutos bajo el fuego, algunos maleantes y policías heridos, y un transeúnte mirón balaceado le llegó la hora a Eloy Rodrigo de caer preso. Unos días en el calabozo y aunque parezca mentira una sentencia expedita por parte del infeliz sistema judicial venezolano lo mandó a disfrutar de 8 añitos en la cárcel de La Planta, instalación de primera línea, dotada con los mejores servicios para los reclusos y parte del sistema penitenciario que es la envidia de todos los países del planeta.
Eloy Rodrigo aprendió con rapidez que la vida en el penal no es vida, es supervivencia, después de unas cuantas violaciones, tres heridas en peleas con chuzos, varios baños con el orine de los guardias, una herida infectada, una conjuntivitis que duró por 4 meses y haber perdido más de 25 kilos por el fantástico régimen de ejercicios y alimenticio que gozaban los reclusos del penal Eloy decidió que debía intentar escapar de aquel lugar, el sabía hacer dos cosas, escapar y robar, así que con un poco de paciencia y ayuda de algún uno que otro guardia corrupto la cosa no resultaría difícil.
La tarea comenzó una noche cuando después de conseguir un cincel y unas cucharas Eloy comenzó a cavar un túnel que lo llevaría a la libertad nuevamente, horas y horas de arduo trabajo le fueron dando forma al camino de tierra para escapar de aquel hermoso lugar. Pasaron los meses y el enorme pasadizo secreto cada vez se acercaba más a los terrenos adyacentes a la penitenciería, Eloy Rodrigo no descansó y finalmente logró su cometido, el largo hueco llegaba a su destino final y esa noche la fuga se materializaría de acuerdo a lo planeado.
Llegado el ocaso del día Eloy comenzó a arrastrarse lentamente por su obra maestra, una vez llegado a la salida se esforzó para respirar de nuevo el aire puro, lleno de tierra pero libre se dijo a si mismo "lo logré" y aceleró el paso, de pronto el sonido de unos caballos corriendo a todo dar lo hizo detenerse de golpe, "que esta vaina?, pensó "desde cuando hay caballos por aquí", no había terminado de cruzar esa idea su mente cuando fue atravesado con una lanza en su pierna "ay coño" gritó Eloy, pero sin poder avanzar ni un paso más fue capturado por unos soldados del imperio, del imperio romano, después de sacarle la lanza y darle unos cuantos carajazos conjuntamente con una torturita de esas sabrosas lo llevaron frente a la autoridad quien sin siquiera mirarlo hizo una seña con su dedo gordo apuntándolo hacia abajo, en cuestión de minutos Eloy Rodrigo estaba desnudo y listo para ser crucificado, cuando el soldado romano alzó la mano para enterrar el primer clavo Eloy Rodrigo hábilmente y haciendo uso de las habilidades aprendidas en las calles de Caracas y desconocidas para los romanos le quitó el cuchillo que colgaba de la correa del soldado y lo apuñaleó sin compasión, con una velocidad impresionante y ante la sorpresa de los presentes saltó de un brinco un muro y se perdió en el monte. Después de varias horas buscando encontró el hueco por donde había salido y se metió nuevamente en él arrastrándose esta vez en sentido contrario. Emergió en su celda en La Planta y se quedó dormido.
A la mañana siguiente, se despertó adolorido con un hueco en su pierna, Eloy Rodrigo no sabía que había pasado, un sueño?, pero como podía ser?, estaba herido en una pierna, se estaba volviendo loco, el solo recordaba que quería escapar la noche antes, por qué seguía en su celda?, sin encontrar respuestas a sus preguntas y amarrándose un pedazo de sábana en su pierna herida se pasó el día esperando que cayera la noche, una vez llegada la misma se volvió a arrastrar por el túnel para salir nuevamente por el hueco, cojeando por la herida en su pierna se sintió libre nuevamente, pero no por mucho tiempo pues una flecha se clavó en su brazo haciéndolo gritar y estremecerse, "coño, que es esto?, gritó Eloy, sin mucho chance de hacer nada unos guardias vestidos con corazas y armaduras le metieron cuatro carajazos y le colocaron un grillete sobre el tobillo derecho, lo trasladaron a una mazmorra hedienta y en cosa de horas estaba con su cabeza lista para ser degollada por una guillotina, allí indefenso y cansado Eloy Rodrigo esperaba que el verdugo bajara la hojilla de hierro, el vil hombre se acercó demasiado y el hábil Eloy tomó su espada y se la enterró en el pecho, el caos tomó las riendas de la situación y sin más ni menos alguien liberó a Eloy que confundiéndose entre la gente aglomerada en la plaza caminó hasta encontrar el hueco por donde había salido.
Acostado en la cómoda cama de su celda en La Planta el pobre Eloy no podía creer lo que pasaba, ahora con un hueco más en su brazo cayó exhausto en los brazos de Morfeo. La noche siguiente Eloycito sin nada que perder se volvió a arrastrar por el túnel, al salir pensó que finalmente La Planta sería solo un mal recuerdo cuando escuchó unos tiros y sintió como lo enlazaban cual novillo, un par de vaqueros con cara de malos lo tumbaron al piso y después de meterle un cachazo en la cabeza lo llevaron a la plaza del pueblo en donde una horca esperaba por Eloy, amarrado con sus manos en la espalda le pusieron la soga al cuello y abrieron la compuerta que acabó con la existencia de Eloy. Su cuerpo fue enterrado en el hueco por donde había salido.
Eloy despertó en un lugar muy brillante, pulcro, rodeado de una mezcla de colores que nunca antes había visto, pudo comprobar que las heridas de su pierna y brazo habían desaparecido, se levantó y trató de caminar chocando contra una pared que no podía ver, caminó en sentido contrario y volvió a chocar contra otra pared invisible, desesperado comenzó a golpear aquello que no podía ver, de pronto una voz dijo "bienvenido Eloy Rodrigo, cálmate, no creas que porque estás muerto vas a poder venir a joder la paz y tranquilidad en el Paraíso."……
Su infancia la pasó confinado dentro de la institución, si a eso se le puede llamar infancia, Eloy Rodrigo escapó varias veces en donde pasó temporadas como un niño sin techo ni hogar para volver a caer capturado cada vez que cometía alguna fechoría para tratar de sobrevivir en ese mundo divertido, jovial, enternecedor, educacional y pacífico que es la calle. Eloy Rodrigo escapó una vez más y al caer nuevamente atrapado por la policía mientras trataba de atracar a una viejita en pleno boulevard de Chacaíto se enfrentó a una nueva realidad.
Cédula?, gritó el funcionario policial , Eloy Rodrigo respondió "nunca la hubo", "a si?, pues entonces vas a pasar unos cuantos días divertidos en un calabozo pedazo de mierda" replicó el policía dándole un rolazo en la pierna para recordarle que de una u otra forma llevamos palo día a día en nuestro andar. Después de pasar unos días en esa suite de hotel cinco estrellas que era el calabozo de Cotiza, oliendo a meado y a sudor de francés soltaron a Eloy Rodrigo pues la viejita no había puesto la denuncia. Una vez en la calle Eloy Rodrigo comenzó una cadena de incidentes que pronto le llevarían a pasar unas vacacioncitas en un lugar fantástico y maravilloso, en un lugar de esparcimiento, lleno de intelectuales y de herramientas buenas para formarse.
Armado hasta los dientes y formando parte de la banda "Los Fuma Piedra", Eloy Rodrigo ingresó a la agencia de aquel banco, después de someter a los vigilantes y lograr que el gerente abriera la bóveda la banda de maleantes se disponía a salir del banco cuando fueron sorprendidos por una patrulla de la policía, el tiroteo no se hizo esperar y después de 10 minutos bajo el fuego, algunos maleantes y policías heridos, y un transeúnte mirón balaceado le llegó la hora a Eloy Rodrigo de caer preso. Unos días en el calabozo y aunque parezca mentira una sentencia expedita por parte del infeliz sistema judicial venezolano lo mandó a disfrutar de 8 añitos en la cárcel de La Planta, instalación de primera línea, dotada con los mejores servicios para los reclusos y parte del sistema penitenciario que es la envidia de todos los países del planeta.
Eloy Rodrigo aprendió con rapidez que la vida en el penal no es vida, es supervivencia, después de unas cuantas violaciones, tres heridas en peleas con chuzos, varios baños con el orine de los guardias, una herida infectada, una conjuntivitis que duró por 4 meses y haber perdido más de 25 kilos por el fantástico régimen de ejercicios y alimenticio que gozaban los reclusos del penal Eloy decidió que debía intentar escapar de aquel lugar, el sabía hacer dos cosas, escapar y robar, así que con un poco de paciencia y ayuda de algún uno que otro guardia corrupto la cosa no resultaría difícil.
La tarea comenzó una noche cuando después de conseguir un cincel y unas cucharas Eloy comenzó a cavar un túnel que lo llevaría a la libertad nuevamente, horas y horas de arduo trabajo le fueron dando forma al camino de tierra para escapar de aquel hermoso lugar. Pasaron los meses y el enorme pasadizo secreto cada vez se acercaba más a los terrenos adyacentes a la penitenciería, Eloy Rodrigo no descansó y finalmente logró su cometido, el largo hueco llegaba a su destino final y esa noche la fuga se materializaría de acuerdo a lo planeado.
Llegado el ocaso del día Eloy comenzó a arrastrarse lentamente por su obra maestra, una vez llegado a la salida se esforzó para respirar de nuevo el aire puro, lleno de tierra pero libre se dijo a si mismo "lo logré" y aceleró el paso, de pronto el sonido de unos caballos corriendo a todo dar lo hizo detenerse de golpe, "que esta vaina?, pensó "desde cuando hay caballos por aquí", no había terminado de cruzar esa idea su mente cuando fue atravesado con una lanza en su pierna "ay coño" gritó Eloy, pero sin poder avanzar ni un paso más fue capturado por unos soldados del imperio, del imperio romano, después de sacarle la lanza y darle unos cuantos carajazos conjuntamente con una torturita de esas sabrosas lo llevaron frente a la autoridad quien sin siquiera mirarlo hizo una seña con su dedo gordo apuntándolo hacia abajo, en cuestión de minutos Eloy Rodrigo estaba desnudo y listo para ser crucificado, cuando el soldado romano alzó la mano para enterrar el primer clavo Eloy Rodrigo hábilmente y haciendo uso de las habilidades aprendidas en las calles de Caracas y desconocidas para los romanos le quitó el cuchillo que colgaba de la correa del soldado y lo apuñaleó sin compasión, con una velocidad impresionante y ante la sorpresa de los presentes saltó de un brinco un muro y se perdió en el monte. Después de varias horas buscando encontró el hueco por donde había salido y se metió nuevamente en él arrastrándose esta vez en sentido contrario. Emergió en su celda en La Planta y se quedó dormido.
A la mañana siguiente, se despertó adolorido con un hueco en su pierna, Eloy Rodrigo no sabía que había pasado, un sueño?, pero como podía ser?, estaba herido en una pierna, se estaba volviendo loco, el solo recordaba que quería escapar la noche antes, por qué seguía en su celda?, sin encontrar respuestas a sus preguntas y amarrándose un pedazo de sábana en su pierna herida se pasó el día esperando que cayera la noche, una vez llegada la misma se volvió a arrastrar por el túnel para salir nuevamente por el hueco, cojeando por la herida en su pierna se sintió libre nuevamente, pero no por mucho tiempo pues una flecha se clavó en su brazo haciéndolo gritar y estremecerse, "coño, que es esto?, gritó Eloy, sin mucho chance de hacer nada unos guardias vestidos con corazas y armaduras le metieron cuatro carajazos y le colocaron un grillete sobre el tobillo derecho, lo trasladaron a una mazmorra hedienta y en cosa de horas estaba con su cabeza lista para ser degollada por una guillotina, allí indefenso y cansado Eloy Rodrigo esperaba que el verdugo bajara la hojilla de hierro, el vil hombre se acercó demasiado y el hábil Eloy tomó su espada y se la enterró en el pecho, el caos tomó las riendas de la situación y sin más ni menos alguien liberó a Eloy que confundiéndose entre la gente aglomerada en la plaza caminó hasta encontrar el hueco por donde había salido.
Acostado en la cómoda cama de su celda en La Planta el pobre Eloy no podía creer lo que pasaba, ahora con un hueco más en su brazo cayó exhausto en los brazos de Morfeo. La noche siguiente Eloycito sin nada que perder se volvió a arrastrar por el túnel, al salir pensó que finalmente La Planta sería solo un mal recuerdo cuando escuchó unos tiros y sintió como lo enlazaban cual novillo, un par de vaqueros con cara de malos lo tumbaron al piso y después de meterle un cachazo en la cabeza lo llevaron a la plaza del pueblo en donde una horca esperaba por Eloy, amarrado con sus manos en la espalda le pusieron la soga al cuello y abrieron la compuerta que acabó con la existencia de Eloy. Su cuerpo fue enterrado en el hueco por donde había salido.
Eloy despertó en un lugar muy brillante, pulcro, rodeado de una mezcla de colores que nunca antes había visto, pudo comprobar que las heridas de su pierna y brazo habían desaparecido, se levantó y trató de caminar chocando contra una pared que no podía ver, caminó en sentido contrario y volvió a chocar contra otra pared invisible, desesperado comenzó a golpear aquello que no podía ver, de pronto una voz dijo "bienvenido Eloy Rodrigo, cálmate, no creas que porque estás muerto vas a poder venir a joder la paz y tranquilidad en el Paraíso."……
Thursday, October 27, 2005
Contradicción
Olindo José Medina Flores nació en El Saladillo, dentro de Maracaibo, en plena República Independiente del Zulia, su infancia fue feliz, llena de gaitas, de juegos de las Aguilas del Zulia y una que otra competencia de gurrufío, metras y trompos. A los 10 años Olindo empezó a sufrir cambios en su personalidad, varias peleas en el colegio y en la cuadra llevaron a sus padres a investigar más a fondo la razón que se encontraba detrás del repentino cambio de un niñito alegre y tranquilo a uno violento y retrechero, después de varios de días de búsqueda llegaron a la conclusión que había que estar de acuerdo con Olindo o las cosas podían tornarse peligrosas y agresivas en cuestión de segundos. Olindo no podía ser contradicho.
En el patio del colegio varios muchachos jugaban metras, otros se perseguían jugando al ladrón y al policía, algunos discutían sobre el partido de las Aguilas la noche anterior y otros simplemente se tomaban una malta para saciar la sed del momento, el calor de Maracaibo hacía mella en los muchachitos pero esto no impedía que la gritería y la algarabía estuvieran presentes. En un grupito de muchachos se discutía acerca de a quien le gustaba quien, típica conversación de muchachitos a esa edad, de pronto uno de los participantes dijo "vos veis, al Olindo le gusta la catira esa de cuarto año, esa no le para ni con la ayuda de la Chinita", Olindo respondió "que no me para?, si esa es mía", el otro muchacho le dijo "vos si eres iluso, que no te para", "que si" gritó Olindo, "que no" el otro muchacho y aquí se acabó la discusión, se acabó porque Olindo lanzó un recto de derecha que hizo impacto en la nariz del pobre muchacho fracturándole el tabique en tres pedazos.
En las celebraciones de la fiesta de la Virgen de la Chinita la familia de Olindo brindaba una fiesta, una prima de Olindo, Altagracia, se le acercó y le dijo "ay Olindo, vos quereis un paliito de whiskey ?, Olindo le dijo "no Altagracia, a mi no me gusta el whiskey", Altagracia riéndose le contestó "como que no muchacho, si siempre te ha gustado", que no Altagracia" dijo Olindo, "a pues Olindo que si" "mira Altgracia te dije que no", la pobre Altagracia cometió el error de volver a ofrecerle un palito de whiskey, Olindo la cargó y la lanzó por el balcón de la casa cayendo la pobre mujer con polifracturas en todo el cuerpo.
Olindo tenía una novia, Gracielita, una muchacha coqueta y bonita, una noche en el cine a Gracielita se le ocurrió decirle a Olindo en juego de esos de novios, "yo te quiero más que tu a mi", Olindo le dijo "mirá Gracielita, no digas eso que yo te quiero más a ti que tu a mi", Gracielita siguiendo el juego respondió "no, no, yo más a ti", "no, Gracielita, yo más a ti", "no, Olindo, no, yo te quiero más a ti", "ay Gracielita por favor no me contradigas, yo te quiero más a ti", la infeliz de Gracielita dijo por última vez "no, yo a ti y punto", sin pensarlo dos veces Olindo le metió el vaso de Coca-Cola por la cabeza, el pote de cotufas por el pecho y le soltó par de cachetadas diciéndole "yo te quiero más a ti."
Olindo ya era un hombre hecho y derecho, por demás había crecido mucho, un metro noventa de estatura y ciento cinco kilos de peso, en su trabajo en la Alcaldía del Municipio Urdaneta su jefe lo llamó para discutir un plan de acción contra la suciedad en que se encontraba sumida la ciudad, después de varias horas de deliberaciones el jefe dijo "bueno Olindo que te parece?, "mire señor" dijo Olindo "yo creo que esto está errado, vos quereis hacer que los maracuchos botemos la basura en pipotes poniendo multas, y eso no va funcionar aquí", "como que no Olindo?, en todos los países civilizados funciona así", "si mire jefe pero aquí no somos muy civilizados", "pues tendrán que aprender a serlo" replicó el jefe, "no señor, hay que buscar otra solución", "mira Olindo, definitivamente aquí se hace lo que a mi me da la gana", las palabras del jefe no habían terminado de salir de su boca cuando una silla de madera se partió en mil pedazos sobre la cabeza del jefe de Olindo, de un brinco Olindo se le abalanzó y le agarró dos dedos de la mano fracturándolos de inmediato. Esa noche confundido y agobiado por su proceder, además de desempleado, Olindo volvió a su casa y se sentó a cenar con su madre.
"Mamá", dijo Olindo "esto es grave, yo no logro controlarme, tengo que buscar una solución", "hay mi amor" dijo la viejita "no se que decirte, pero tómate esta sopita de apio para que te calmes", "mire mamá, esto es auyama no apio" replicó Olindo, "a pues Olindo como vas a decir eso, es apio no lo ves?, "mamá que es auyama", "no Olindo chico, apio, mi amor, es apio", "mamá por favor no me contradiga, esto es auyama", "Olindo como vas a saber más que tu madre que preparó la sopa, apio mi amor", el carajazo voló la plancha de los dientes de la pobre vieja, y de pasó la estrelló contra la nevera dejándola semi-consciente, Olindo al ver esto salió corriendo de la casa se subió al carro y aceleró perdiéndose en la noche.
Embalado por una carretera Olindo trataba de encontrar una razón a su violencia acumulada, de pronto a lo lejos vió una luz y se acercó a ella, se trataba de una iglesita de pueblo, cercana a Cabimas, clavó los frenos y se bajó del carro. El cura de la iglesia al escuchar el estruendo causado por el frenazo salió a ver que pasaba y vio a aquel bien dimensionado hombre todo sudado y con cara de pocos amigos.
"Que la pasa hijo?, preguntó el diminuto cura, "mire padre, yo no se que hacer, yo me vuelvo loco si me contradicen, usted tiene que ayudarme padre, por favor", "pero hijo como es eso?, como que te vuelves loco?, "bueno padre, a mi no se me puede contradecir, enfurezco, me vuelvo loco, una bestia sin control", "pero hijo eso no es posible", "si padre se lo digo, mire mis hermanos han parado todos en el hospital por contradecirme, a mi abuela le abrí el coco en dos cuando insistió que me llamaba Onirio en vez de Olindo, he sido despedido de 23 trabajos, todos mis jefes han parado en el hospital, 4 primos he fracturado, he perdido 10 amigos a causa de mis golpes y bueno esta noche golpeé a mi madre discutiendo sobre una sopa de auyama."
"Bueno hijo" dijo el cura con cara de preocupación y seriedad "esto esta mal, pero déjame pensar como lo podemos solucionar, a ver mijo, Olindo es tu nombre no?, vos creeís en Dios?, Olindo mirándolo a los ojos le dijo "no padre yo no creo en Dios" y el cura sin dudarlo le respondió "eso estaba por decirte no creaís en guevonadas"…..
En el patio del colegio varios muchachos jugaban metras, otros se perseguían jugando al ladrón y al policía, algunos discutían sobre el partido de las Aguilas la noche anterior y otros simplemente se tomaban una malta para saciar la sed del momento, el calor de Maracaibo hacía mella en los muchachitos pero esto no impedía que la gritería y la algarabía estuvieran presentes. En un grupito de muchachos se discutía acerca de a quien le gustaba quien, típica conversación de muchachitos a esa edad, de pronto uno de los participantes dijo "vos veis, al Olindo le gusta la catira esa de cuarto año, esa no le para ni con la ayuda de la Chinita", Olindo respondió "que no me para?, si esa es mía", el otro muchacho le dijo "vos si eres iluso, que no te para", "que si" gritó Olindo, "que no" el otro muchacho y aquí se acabó la discusión, se acabó porque Olindo lanzó un recto de derecha que hizo impacto en la nariz del pobre muchacho fracturándole el tabique en tres pedazos.
En las celebraciones de la fiesta de la Virgen de la Chinita la familia de Olindo brindaba una fiesta, una prima de Olindo, Altagracia, se le acercó y le dijo "ay Olindo, vos quereis un paliito de whiskey ?, Olindo le dijo "no Altagracia, a mi no me gusta el whiskey", Altagracia riéndose le contestó "como que no muchacho, si siempre te ha gustado", que no Altagracia" dijo Olindo, "a pues Olindo que si" "mira Altgracia te dije que no", la pobre Altagracia cometió el error de volver a ofrecerle un palito de whiskey, Olindo la cargó y la lanzó por el balcón de la casa cayendo la pobre mujer con polifracturas en todo el cuerpo.
Olindo tenía una novia, Gracielita, una muchacha coqueta y bonita, una noche en el cine a Gracielita se le ocurrió decirle a Olindo en juego de esos de novios, "yo te quiero más que tu a mi", Olindo le dijo "mirá Gracielita, no digas eso que yo te quiero más a ti que tu a mi", Gracielita siguiendo el juego respondió "no, no, yo más a ti", "no, Gracielita, yo más a ti", "no, Olindo, no, yo te quiero más a ti", "ay Gracielita por favor no me contradigas, yo te quiero más a ti", la infeliz de Gracielita dijo por última vez "no, yo a ti y punto", sin pensarlo dos veces Olindo le metió el vaso de Coca-Cola por la cabeza, el pote de cotufas por el pecho y le soltó par de cachetadas diciéndole "yo te quiero más a ti."
Olindo ya era un hombre hecho y derecho, por demás había crecido mucho, un metro noventa de estatura y ciento cinco kilos de peso, en su trabajo en la Alcaldía del Municipio Urdaneta su jefe lo llamó para discutir un plan de acción contra la suciedad en que se encontraba sumida la ciudad, después de varias horas de deliberaciones el jefe dijo "bueno Olindo que te parece?, "mire señor" dijo Olindo "yo creo que esto está errado, vos quereis hacer que los maracuchos botemos la basura en pipotes poniendo multas, y eso no va funcionar aquí", "como que no Olindo?, en todos los países civilizados funciona así", "si mire jefe pero aquí no somos muy civilizados", "pues tendrán que aprender a serlo" replicó el jefe, "no señor, hay que buscar otra solución", "mira Olindo, definitivamente aquí se hace lo que a mi me da la gana", las palabras del jefe no habían terminado de salir de su boca cuando una silla de madera se partió en mil pedazos sobre la cabeza del jefe de Olindo, de un brinco Olindo se le abalanzó y le agarró dos dedos de la mano fracturándolos de inmediato. Esa noche confundido y agobiado por su proceder, además de desempleado, Olindo volvió a su casa y se sentó a cenar con su madre.
"Mamá", dijo Olindo "esto es grave, yo no logro controlarme, tengo que buscar una solución", "hay mi amor" dijo la viejita "no se que decirte, pero tómate esta sopita de apio para que te calmes", "mire mamá, esto es auyama no apio" replicó Olindo, "a pues Olindo como vas a decir eso, es apio no lo ves?, "mamá que es auyama", "no Olindo chico, apio, mi amor, es apio", "mamá por favor no me contradiga, esto es auyama", "Olindo como vas a saber más que tu madre que preparó la sopa, apio mi amor", el carajazo voló la plancha de los dientes de la pobre vieja, y de pasó la estrelló contra la nevera dejándola semi-consciente, Olindo al ver esto salió corriendo de la casa se subió al carro y aceleró perdiéndose en la noche.
Embalado por una carretera Olindo trataba de encontrar una razón a su violencia acumulada, de pronto a lo lejos vió una luz y se acercó a ella, se trataba de una iglesita de pueblo, cercana a Cabimas, clavó los frenos y se bajó del carro. El cura de la iglesia al escuchar el estruendo causado por el frenazo salió a ver que pasaba y vio a aquel bien dimensionado hombre todo sudado y con cara de pocos amigos.
"Que la pasa hijo?, preguntó el diminuto cura, "mire padre, yo no se que hacer, yo me vuelvo loco si me contradicen, usted tiene que ayudarme padre, por favor", "pero hijo como es eso?, como que te vuelves loco?, "bueno padre, a mi no se me puede contradecir, enfurezco, me vuelvo loco, una bestia sin control", "pero hijo eso no es posible", "si padre se lo digo, mire mis hermanos han parado todos en el hospital por contradecirme, a mi abuela le abrí el coco en dos cuando insistió que me llamaba Onirio en vez de Olindo, he sido despedido de 23 trabajos, todos mis jefes han parado en el hospital, 4 primos he fracturado, he perdido 10 amigos a causa de mis golpes y bueno esta noche golpeé a mi madre discutiendo sobre una sopa de auyama."
"Bueno hijo" dijo el cura con cara de preocupación y seriedad "esto esta mal, pero déjame pensar como lo podemos solucionar, a ver mijo, Olindo es tu nombre no?, vos creeís en Dios?, Olindo mirándolo a los ojos le dijo "no padre yo no creo en Dios" y el cura sin dudarlo le respondió "eso estaba por decirte no creaís en guevonadas"…..
Wednesday, October 26, 2005
Vamos a organizarnos
En un pequeño pueblo del interior del país, con la ayuda de una partera en una mañana húmeda y con el vuelo de unas garzas de fondo nacía Lucio Aro Rodríguez, hijo de su padre, peón de hacienda, y su madre, cocinera per se, y hermanito de 9 carajitos más, el pequeño Lucio mostró sus habilidades desde el vamos, a los 4 meses hablaba perfecto y con palabras desconocidas para los habitantes del pueblo, a los 8 meses contaba hasta cinco mil de atrás hacia delante y al año había resuelto todos los problemas de matemáticas de sus hermanitos mayores, sus padres no sabían que hacer con el muchachito pues simplemente escapaba de su realidad, nunca antes habían visto algo así y a decir verdad les causaba un terror inmenso las facultades del infante.
El primer intento de ver que pasaba con el niño los llevó a un curandero-brujo-santero que trató de echarle unos ramazos y lanzarse unos caracoles, Lucio al ver aquel espectáculo y con apenas dos años de edad le informó con toda calma y con voz de niño al curandero "mire señor curandero, hágame el favor de no tocarme con esas ramitas de bergantina que me van a causar una reacción alérgica sub-cutánea la cual tomará mucho esfuerzo y anti-bióticos que no existen en el pueblo para curar, igualmente vamos a estar claros usted y yo, que es eso de condenar mi futuro al lanzamiento de unas conchas viejas de mar?, además con ese Parkinson que padece usted los caracoles caen regados sin la precisión necesaria, así que por favor le agradezco no me moleste más", el brujo sin haber entendido ni la cuarta parte de lo que Lucio decía comenzó a gritar "está poseído, está poseído, sálvalo San Batracio" mientras se marchaba corriendo despavorido del pequeño rancho.
Al ver aquello los padres de Lucio decidieron llevarlo a la comisaría del pueblo, el Comisario-Jefe Civil-Capataz los recibió con recelo pues ya habían llegado a sus oídos los rumores que el muchachito estaba poseído, los sentó en una silla y les dijo "que puedo hacer por ustedes?, los padres de Lucio contestaron "hay señor, usted es la autoridad civil, usted debe saber mucho, mire que puede hacer pa' que este muchachito se nos cure, es que no lo entendemos cuando habla, lo único que hace leer, estudiar el firmamento y resolver las tareas de sus hermanos". El Comisario con cara de seriedad les contestó "este es un típico caso de endemoniamiento, vamos a llamar al cura pa' que lo salve", el Padre Celestino llegó a la comisaría y procedió a echarle agua bendita y rezar por Lucio, el niñito quien corría para que el agua no lo tocara gritaba "no, no, esa agua es del estanque de la Hacienda La Boyera, tiene bacterias y organismos vivientes peligrosísimos", de esta forma y ante la mirada atónita de todos los presentes el cura recogió sus macundales y se largó dejando a los padres de Lucio con todo el agobio propio del caso en cuestión.
Finalmente llevaron a Lucio al dispensario, la doctora que lo atendió le realizó una serie de pruebas al infante y determinó que el mismo se encontraba en perfectas condiciones de salud y mentales, simplemente en aquel pequeño pueblo había nacido un genio sin más ni menos. Los padres de Lucio dudaron de aquella posibilidad mientras uno le decía al otro "pero como puede ser si nosotros somos más brutos que un buey", la doctora explicó que a pesar que los genes tenían influencia en el grado de inteligencia de los seres humanos siempre existía la posibilidad de toparse con una mente brillante y les recomendó que el por el bien del muchacho lo llevaran a una institución en donde pudiera desarrollar toda su capacidad. Eso implicaba mudarse y por supuesto no estaba en los planes de aquella familia.
Lucio siguió creciendo, los hacendados de la zona le regalaban libros para saciar la sed de aprendizaje que tenía el muchachito, a los 10 años inventó un sistema de riego que suplía de agua a todas las haciendas que se encontraban en un perímetro de 500 km. a la redonda, a los 12 cruzó un buey con un caballo logrando un bicho raro que apodaron "Toca" que araba con la velocidad de caballo y con la fuerza de buey, con 14 años conectó un sistema de telecomunicaciones en todo el pueblo e impartía clases en la escuela incluyendo a la maestra como alumna.
Lucio creció todo buenote, en un ambiente sano, sin vicios, al cumplir 16 años sus padres celebraron una parrilla en el pueblo y anunciaron que gracias a los hacendados del pueblo iban a enviar a Lucio a la universidad en Caracas, el muchacho que no sabía nada de esto con lágrimas en los ojos agradeció el hermoso gesto y prometió graduarse lo antes posible para regresar al pueblo y hacer de las haciendas allí localizadas las mejores del país. Una tarde calurosa Lucio Aro se despidió de sus vacas lecheras, de su caballo "Epicuro" y de toda su abultada familia, montado en aquel autobús Lucio solo podía imaginar y soñar con las maravillas que le esperaban en la ciudad capital. Un mundo de posibilidades y experiencias esperaban por él.
No tardó Lucio en demostrar a sus profesores y compañeros de clase sus habilidades super naturales, elogios, halagos y demás iban y venían, Lucio simplemente se dedicó a estudiar para poder volver a su pueblo lo antes posible. Una noche después de clases todos los alumnos fueron a una pequeña plaza en donde una licorería servía para suministrar bebidas espirituosas a los muchachos, el grupo que incluía a Lucio bailó, bebió y charló por más de tres horas, finalmente alguien gritó "la casa de Martín está sola, rumba en casa de Martín", en cuestión de segundos todos estaban subidos en sus carros y enfilando hacia la prometedora noche.
Adentro de la casa la echadera de broma siguió hasta que alguien gritó a todo gañote "orgíaaaaaaaaaaaaaa", de esta forma se apagaron todas las luces de la casa de un solo golpe y el pobre Lucio más perdido que chivo en canoa pero con un cerebro poderoso procesó "orgía, coño, pero si yo no se, verga, bueno me desvisto y me persigno", 2 minutos después del grito inicial se escuchaban alaridos y gemidos por doquier, de pronto se prendió una luz, allí Lucio parado gritó "coño panas vamos a organizarnos", un zapato voló y se estrelló contra la frente de Lucio, "cállate guevón no jodas", "mama bola cierra ese pico", "infeliz" "coño e' madre disfruta la vaina", Lucio apagó la luz y siguió con el juego.
En cuestión de 2 minutos más otra luz se prendió en otro punto de la casa, la figura de Lucio se hizo notar y volvió a gritar "coño panas vamos a organizarnos", una lluvia de insultos cayó sobre Lucio "bicho e' pueblo apaga esa mierda", "apágala o te corto las chácaras", el pobre muchacho cedió ante la presión. A los 3 minutos una nueva luz se volvió a encender y se escuchó el ya conocido "coño panas vamos a organizarnos", esta vez una botella se estrelló en la humanidad de Lucio mientras se escuchaban los improperios propios del momento, Lucio un poco aturdido apagó la luz de nuevo, no habían pasado 4 minutos cuando Lucio encendió una lámpara y gritó con toda su alma "coño de la puta madre no jodas cuerda de mama guevos vamos a organizarnos por que aunque yo sea campesino y no sepa de estas vainas puedo decir con toda certeza que ya me han cojío tres veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El primer intento de ver que pasaba con el niño los llevó a un curandero-brujo-santero que trató de echarle unos ramazos y lanzarse unos caracoles, Lucio al ver aquel espectáculo y con apenas dos años de edad le informó con toda calma y con voz de niño al curandero "mire señor curandero, hágame el favor de no tocarme con esas ramitas de bergantina que me van a causar una reacción alérgica sub-cutánea la cual tomará mucho esfuerzo y anti-bióticos que no existen en el pueblo para curar, igualmente vamos a estar claros usted y yo, que es eso de condenar mi futuro al lanzamiento de unas conchas viejas de mar?, además con ese Parkinson que padece usted los caracoles caen regados sin la precisión necesaria, así que por favor le agradezco no me moleste más", el brujo sin haber entendido ni la cuarta parte de lo que Lucio decía comenzó a gritar "está poseído, está poseído, sálvalo San Batracio" mientras se marchaba corriendo despavorido del pequeño rancho.
Al ver aquello los padres de Lucio decidieron llevarlo a la comisaría del pueblo, el Comisario-Jefe Civil-Capataz los recibió con recelo pues ya habían llegado a sus oídos los rumores que el muchachito estaba poseído, los sentó en una silla y les dijo "que puedo hacer por ustedes?, los padres de Lucio contestaron "hay señor, usted es la autoridad civil, usted debe saber mucho, mire que puede hacer pa' que este muchachito se nos cure, es que no lo entendemos cuando habla, lo único que hace leer, estudiar el firmamento y resolver las tareas de sus hermanos". El Comisario con cara de seriedad les contestó "este es un típico caso de endemoniamiento, vamos a llamar al cura pa' que lo salve", el Padre Celestino llegó a la comisaría y procedió a echarle agua bendita y rezar por Lucio, el niñito quien corría para que el agua no lo tocara gritaba "no, no, esa agua es del estanque de la Hacienda La Boyera, tiene bacterias y organismos vivientes peligrosísimos", de esta forma y ante la mirada atónita de todos los presentes el cura recogió sus macundales y se largó dejando a los padres de Lucio con todo el agobio propio del caso en cuestión.
Finalmente llevaron a Lucio al dispensario, la doctora que lo atendió le realizó una serie de pruebas al infante y determinó que el mismo se encontraba en perfectas condiciones de salud y mentales, simplemente en aquel pequeño pueblo había nacido un genio sin más ni menos. Los padres de Lucio dudaron de aquella posibilidad mientras uno le decía al otro "pero como puede ser si nosotros somos más brutos que un buey", la doctora explicó que a pesar que los genes tenían influencia en el grado de inteligencia de los seres humanos siempre existía la posibilidad de toparse con una mente brillante y les recomendó que el por el bien del muchacho lo llevaran a una institución en donde pudiera desarrollar toda su capacidad. Eso implicaba mudarse y por supuesto no estaba en los planes de aquella familia.
Lucio siguió creciendo, los hacendados de la zona le regalaban libros para saciar la sed de aprendizaje que tenía el muchachito, a los 10 años inventó un sistema de riego que suplía de agua a todas las haciendas que se encontraban en un perímetro de 500 km. a la redonda, a los 12 cruzó un buey con un caballo logrando un bicho raro que apodaron "Toca" que araba con la velocidad de caballo y con la fuerza de buey, con 14 años conectó un sistema de telecomunicaciones en todo el pueblo e impartía clases en la escuela incluyendo a la maestra como alumna.
Lucio creció todo buenote, en un ambiente sano, sin vicios, al cumplir 16 años sus padres celebraron una parrilla en el pueblo y anunciaron que gracias a los hacendados del pueblo iban a enviar a Lucio a la universidad en Caracas, el muchacho que no sabía nada de esto con lágrimas en los ojos agradeció el hermoso gesto y prometió graduarse lo antes posible para regresar al pueblo y hacer de las haciendas allí localizadas las mejores del país. Una tarde calurosa Lucio Aro se despidió de sus vacas lecheras, de su caballo "Epicuro" y de toda su abultada familia, montado en aquel autobús Lucio solo podía imaginar y soñar con las maravillas que le esperaban en la ciudad capital. Un mundo de posibilidades y experiencias esperaban por él.
No tardó Lucio en demostrar a sus profesores y compañeros de clase sus habilidades super naturales, elogios, halagos y demás iban y venían, Lucio simplemente se dedicó a estudiar para poder volver a su pueblo lo antes posible. Una noche después de clases todos los alumnos fueron a una pequeña plaza en donde una licorería servía para suministrar bebidas espirituosas a los muchachos, el grupo que incluía a Lucio bailó, bebió y charló por más de tres horas, finalmente alguien gritó "la casa de Martín está sola, rumba en casa de Martín", en cuestión de segundos todos estaban subidos en sus carros y enfilando hacia la prometedora noche.
Adentro de la casa la echadera de broma siguió hasta que alguien gritó a todo gañote "orgíaaaaaaaaaaaaaa", de esta forma se apagaron todas las luces de la casa de un solo golpe y el pobre Lucio más perdido que chivo en canoa pero con un cerebro poderoso procesó "orgía, coño, pero si yo no se, verga, bueno me desvisto y me persigno", 2 minutos después del grito inicial se escuchaban alaridos y gemidos por doquier, de pronto se prendió una luz, allí Lucio parado gritó "coño panas vamos a organizarnos", un zapato voló y se estrelló contra la frente de Lucio, "cállate guevón no jodas", "mama bola cierra ese pico", "infeliz" "coño e' madre disfruta la vaina", Lucio apagó la luz y siguió con el juego.
En cuestión de 2 minutos más otra luz se prendió en otro punto de la casa, la figura de Lucio se hizo notar y volvió a gritar "coño panas vamos a organizarnos", una lluvia de insultos cayó sobre Lucio "bicho e' pueblo apaga esa mierda", "apágala o te corto las chácaras", el pobre muchacho cedió ante la presión. A los 3 minutos una nueva luz se volvió a encender y se escuchó el ya conocido "coño panas vamos a organizarnos", esta vez una botella se estrelló en la humanidad de Lucio mientras se escuchaban los improperios propios del momento, Lucio un poco aturdido apagó la luz de nuevo, no habían pasado 4 minutos cuando Lucio encendió una lámpara y gritó con toda su alma "coño de la puta madre no jodas cuerda de mama guevos vamos a organizarnos por que aunque yo sea campesino y no sepa de estas vainas puedo decir con toda certeza que ya me han cojío tres veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Tuesday, October 25, 2005
Fantástico Planeta
Clara Valentina Manrique Alvarez creció como todas las niñas de la sociedad, estudió en los mejores colegios, cuando tenía 15 años ya conocía más de 45 países y hablaba 4 idiomas. Lo tenía todo pues, como dicen por ahí, el día de su graduación del colegio su papá el afamado médico cirujano y su mamá la perfecta ama de casa le regalaron un carro último modelo y un anillo de diamantes. Su novio Felipe Daniel Bourgeois Barbier era hijo del magnate de las comunicaciones en el país y le obsequió un collar de zafiros y esmeraldas prometiéndole su amor eterno. La fiesta de graduación contó con la presencia de varios artistas renombrados y la siempre excelente atención de la Casa de Festejos Océano. La bella Clara Valentina iba a estudiar Derecho en una afamada universidad y el futuro parecía sonreírle sin obstáculos.
Clara Valentina era sifrina, de esas que suelen llamarse "mojoncitas", una mujer insoportable pero con la mitad del camino pavimentado gracias a las jugadas del destino, Clarita no conocía otra cosa, no era su culpa tampoco, para ella la gente de un barrio eran "monos", pedir disculpas era decir "sorry", las cosas divertidas eran "cool" y comer perros calientes en la calle era "dirty."
Hoy recuerdo el primer día que la ví, haciendo su entrada triunfal al salón, todas las miradas posándose sobre ella, el centro de atención hecha mujer, sin lugar a dudas todo un éxito, causando furor entre los alumnos de aquella promoción. Los días pasaron y el nuevo año universitario tomó su curso normal, una mañana fría sentado en un pupitre sentí que me tocaban el hombro "tu no saludas? me dijo la voz de Clara, por mi mente pasaron toda una serie de respuestas chocantes para repelir aquella violenta agresión pero solo alcancé a contestar "disculpa no te había visto", Clara me dijo "al parecer no me has visto nunca porque nunca me has saludado", nuevamente tuve que ordenar mi conjunto de respuestas y decir "es que yo soy muy tímido, y bueno la verdad no había visto el chance para saludar", "tímido el chicuelo" soltó Clarita "vamos a ver si mañana te acuerdas de quien soy" y con la misma se volteó y se fue.
Lo nuevo encandila, debo reconocer, y a la mañana siguiente a pesar de estar consciente que no debía hacerlo saludé a Clara Valentina, "por fin te dignas" me dijo ella "ya pensaba que no eras humano", mi mente procesó "esta idiota si no tiene el 100% de atención de cualquier persona que conozca ya te considera extraterrestre" pero mi respuesta fue distinta "no, es que como te dije ayer soy tímido", sin dudar Clara Valentina me soltó "oye Policarpio tu sabes que viene la fiestita esa de disfraces, y bueno mi novio se la pasa en sus viajes de negocios, y aquí este poco de moscones me quieren llevar, pero yo quiero que tu me lleves", "coño de la madre" pensé "que le he hecho yo al planeta para saltar de peo en peo", de mi boca salió otra cosa "si, si, claro, vamos, cuadramos bien en la noche", Clara Valentina me entregó un papelito con su número de teléfono y se fue, yo sentado en aquel solitario salón de clase no podía aclarar la mente, entre todo ese poco de bichos Clara Valentina había decidido que yo era el que tenía que llevarle a la fiesta, ya en mi carro y con las notas de "love kills" de Ramones trataba de acordarme donde estaba mi disfraz de Ultraman, el mismo que mi abuela me había cocido años antes y que seguramente estaba lleno de polvo.
Las horas pasan, inexorablemente, y tuve que agarrar el teléfono para cuadrar con Clara, vestido de Ultraman y sin saber que me depararía la noche me lanzé a buscarla, en el carro Ultraman y Barbie conversaban de todo un poco, una conversación de esas tantas, una conversación más, la gente tiende a tratar de averiguar, a tratar de conocer en pocos minutos lo que en realidad cuesta toda una vida. En el local la fiesta estaba prendida, muchas miradas se posaban sobre aquel loquito vestido de Ultraman que sin haber hecho nada cargaba con el objeto del deseo, "tu me has dejado el corazón en blanco, en blanco" sonaba en las cornetas del local mientras Clara me señalaba con su dedo, yo la verdad no sabía para donde mirar pero simplemente seguí la corriente para ver a donde quería llegar Clarita. Sentados después de una tanda de baile, Clara se disculpó y fue al tocador, después de unos minutos regresó más alegre y extrovertida que nunca, atrevida y sin ataduras, yo me tomaba mi palo de Coca-Cola cuando tres individuos disfrazados de Hello Kitty, Fresita y Osito Cariñoso se pararon al frente de la mesa, Clara pegó un brinco como si hubiera visto una aparición, uno de ellos y con un acento extraño dijo "bueno carajita donde están los reales", Hello Kitty prosiguió "ni un día más puta drogadicta, o pagas hoy o te mandamos a ti y al guevón de Ultraman a cantar con los angeles", "coño, coño, coño" pensé "que es esta vaina?, venir a morir disfrazado de Ultraman, esta vaina no puede ser", a todas estas una pequeña gota de sangre corría por la nariz de Clara Valentina mientras les decía al trío de gálfaros "no he logrado quitarle los reales a mi papá, tienen que darme un tiempo más, por favor" y se echó a llorar, el Osito Cariñoso demandó "hoy o mueres perra sucia."
En ese preciso instante llegó al lugar Felipe Daniel, novio de Clara, vestido de Godzilla, sin perder tiempo se aproximó a la mesa para ver aquel dantesco espectáculo que sucedía allí, Ultraman con cara de salir corriendo, Hello Kitty, Fresita y un Oso Cariñoso arrechos y Barbie llorando con una trona encima, Godzilla comenzó a proferir improperios de todo tipo a todo el mundo, de pronto vi como Godzilla se me lanzaba encima, yo vestido de Ultraman me defendí al instante, a todas estas el trío de maleantes batuqueaban a Clara pidiendo el dinero, al ver esto Godzilla dirigió su rabia hacia los malandros, Fresita bastante alterado sacó un revolver y disparó contra Clara Valentina que cayó desplomada al piso, yo había brincado hacía atrás de la silla y Godzilla pegó una carrera digna de 100 metros planos en una Olimpíada, el caos ya se había apoderado del local y aprovechando el mismo agarré una botella y se la metí en la cabeza a Fresita antes que pudiera accionar el gatillo nuevamente, gritos y confusión reinaban, el cuerpo de aquella Barbie yacía sangrante en el suelo, al ver a Fresita noqueado Hello Kitty y el Oso Cariñoso pegaron la carrera, me arrastré hacia Clara que solo pudo decir "Policarpio tengo frío."
Esa noche en un afamado hospital capitalino Clara Valentina pasó a mejor vida, Hello Kitty, Fresita y el Oso Cariñoso pasaron a engrosar la lista de la población penal al ser capturados en cuestión de horas por las influencias de los padres de Clara, Godzilla montó su historia donde el había tratado de salvar a Clara, igualmente acusó a los tres maleantes de estar intentando atracar a la difunta muchacha, cuando él y yo sabíamos que Venezuela podía tener el nuevo campeón mundial de 100 metros planos y yo me anexé una capa más a mi coraza protectora contra los humanos.
En el jardín de la serenidad se llevaba a cabo un entierro, el hampa era el tema en boca de la gente, yo parado en una montaña no muy lejana observaba como una vida se había apagado, después de un rato me acerqué al padre de Clara y le entregué un pequeño sobre que había encontrado en mi carro, el polvito blanco y mi nota hicieron que la expresión de aquel dolido hombre cambiara de inmediato, yo simplemente me había limitado a escribir "este polvito blanco fue lo que mató a su hija y no un vulgar atraco"…
Clara Valentina era sifrina, de esas que suelen llamarse "mojoncitas", una mujer insoportable pero con la mitad del camino pavimentado gracias a las jugadas del destino, Clarita no conocía otra cosa, no era su culpa tampoco, para ella la gente de un barrio eran "monos", pedir disculpas era decir "sorry", las cosas divertidas eran "cool" y comer perros calientes en la calle era "dirty."
Hoy recuerdo el primer día que la ví, haciendo su entrada triunfal al salón, todas las miradas posándose sobre ella, el centro de atención hecha mujer, sin lugar a dudas todo un éxito, causando furor entre los alumnos de aquella promoción. Los días pasaron y el nuevo año universitario tomó su curso normal, una mañana fría sentado en un pupitre sentí que me tocaban el hombro "tu no saludas? me dijo la voz de Clara, por mi mente pasaron toda una serie de respuestas chocantes para repelir aquella violenta agresión pero solo alcancé a contestar "disculpa no te había visto", Clara me dijo "al parecer no me has visto nunca porque nunca me has saludado", nuevamente tuve que ordenar mi conjunto de respuestas y decir "es que yo soy muy tímido, y bueno la verdad no había visto el chance para saludar", "tímido el chicuelo" soltó Clarita "vamos a ver si mañana te acuerdas de quien soy" y con la misma se volteó y se fue.
Lo nuevo encandila, debo reconocer, y a la mañana siguiente a pesar de estar consciente que no debía hacerlo saludé a Clara Valentina, "por fin te dignas" me dijo ella "ya pensaba que no eras humano", mi mente procesó "esta idiota si no tiene el 100% de atención de cualquier persona que conozca ya te considera extraterrestre" pero mi respuesta fue distinta "no, es que como te dije ayer soy tímido", sin dudar Clara Valentina me soltó "oye Policarpio tu sabes que viene la fiestita esa de disfraces, y bueno mi novio se la pasa en sus viajes de negocios, y aquí este poco de moscones me quieren llevar, pero yo quiero que tu me lleves", "coño de la madre" pensé "que le he hecho yo al planeta para saltar de peo en peo", de mi boca salió otra cosa "si, si, claro, vamos, cuadramos bien en la noche", Clara Valentina me entregó un papelito con su número de teléfono y se fue, yo sentado en aquel solitario salón de clase no podía aclarar la mente, entre todo ese poco de bichos Clara Valentina había decidido que yo era el que tenía que llevarle a la fiesta, ya en mi carro y con las notas de "love kills" de Ramones trataba de acordarme donde estaba mi disfraz de Ultraman, el mismo que mi abuela me había cocido años antes y que seguramente estaba lleno de polvo.
Las horas pasan, inexorablemente, y tuve que agarrar el teléfono para cuadrar con Clara, vestido de Ultraman y sin saber que me depararía la noche me lanzé a buscarla, en el carro Ultraman y Barbie conversaban de todo un poco, una conversación de esas tantas, una conversación más, la gente tiende a tratar de averiguar, a tratar de conocer en pocos minutos lo que en realidad cuesta toda una vida. En el local la fiesta estaba prendida, muchas miradas se posaban sobre aquel loquito vestido de Ultraman que sin haber hecho nada cargaba con el objeto del deseo, "tu me has dejado el corazón en blanco, en blanco" sonaba en las cornetas del local mientras Clara me señalaba con su dedo, yo la verdad no sabía para donde mirar pero simplemente seguí la corriente para ver a donde quería llegar Clarita. Sentados después de una tanda de baile, Clara se disculpó y fue al tocador, después de unos minutos regresó más alegre y extrovertida que nunca, atrevida y sin ataduras, yo me tomaba mi palo de Coca-Cola cuando tres individuos disfrazados de Hello Kitty, Fresita y Osito Cariñoso se pararon al frente de la mesa, Clara pegó un brinco como si hubiera visto una aparición, uno de ellos y con un acento extraño dijo "bueno carajita donde están los reales", Hello Kitty prosiguió "ni un día más puta drogadicta, o pagas hoy o te mandamos a ti y al guevón de Ultraman a cantar con los angeles", "coño, coño, coño" pensé "que es esta vaina?, venir a morir disfrazado de Ultraman, esta vaina no puede ser", a todas estas una pequeña gota de sangre corría por la nariz de Clara Valentina mientras les decía al trío de gálfaros "no he logrado quitarle los reales a mi papá, tienen que darme un tiempo más, por favor" y se echó a llorar, el Osito Cariñoso demandó "hoy o mueres perra sucia."
En ese preciso instante llegó al lugar Felipe Daniel, novio de Clara, vestido de Godzilla, sin perder tiempo se aproximó a la mesa para ver aquel dantesco espectáculo que sucedía allí, Ultraman con cara de salir corriendo, Hello Kitty, Fresita y un Oso Cariñoso arrechos y Barbie llorando con una trona encima, Godzilla comenzó a proferir improperios de todo tipo a todo el mundo, de pronto vi como Godzilla se me lanzaba encima, yo vestido de Ultraman me defendí al instante, a todas estas el trío de maleantes batuqueaban a Clara pidiendo el dinero, al ver esto Godzilla dirigió su rabia hacia los malandros, Fresita bastante alterado sacó un revolver y disparó contra Clara Valentina que cayó desplomada al piso, yo había brincado hacía atrás de la silla y Godzilla pegó una carrera digna de 100 metros planos en una Olimpíada, el caos ya se había apoderado del local y aprovechando el mismo agarré una botella y se la metí en la cabeza a Fresita antes que pudiera accionar el gatillo nuevamente, gritos y confusión reinaban, el cuerpo de aquella Barbie yacía sangrante en el suelo, al ver a Fresita noqueado Hello Kitty y el Oso Cariñoso pegaron la carrera, me arrastré hacia Clara que solo pudo decir "Policarpio tengo frío."
Esa noche en un afamado hospital capitalino Clara Valentina pasó a mejor vida, Hello Kitty, Fresita y el Oso Cariñoso pasaron a engrosar la lista de la población penal al ser capturados en cuestión de horas por las influencias de los padres de Clara, Godzilla montó su historia donde el había tratado de salvar a Clara, igualmente acusó a los tres maleantes de estar intentando atracar a la difunta muchacha, cuando él y yo sabíamos que Venezuela podía tener el nuevo campeón mundial de 100 metros planos y yo me anexé una capa más a mi coraza protectora contra los humanos.
En el jardín de la serenidad se llevaba a cabo un entierro, el hampa era el tema en boca de la gente, yo parado en una montaña no muy lejana observaba como una vida se había apagado, después de un rato me acerqué al padre de Clara y le entregué un pequeño sobre que había encontrado en mi carro, el polvito blanco y mi nota hicieron que la expresión de aquel dolido hombre cambiara de inmediato, yo simplemente me había limitado a escribir "este polvito blanco fue lo que mató a su hija y no un vulgar atraco"…
Thursday, October 20, 2005
Clodomiro
El hospital estaba situado en el tope de una montaña, era un edificio viejo, casi ancestral, sus paredes de loza verde le brindaban una especie de calma que podía transformarse en una visión espeluznante con el brillo de las luces de neón, médicos y enfermeras iban y venían, pacientes y familiares rondaban sus pasillos, en la emergencia se escuchaban las sirenas de las ambulancias y los gritos característicos de los que allí laboraban, el estado de alerta y la tensión se podían sentir a lo largo de aquellos cubículos en donde seres humanos se debatían entre la vida y la muerte, un piso más abajo se encontraba la morgue, en ese espacio limpio, pulcro, reluciente y lleno de historias trabajaba Clodomiro Montoya.
Clodomiro había egresado de la facultad de medicina años antes y a diferencia de la creencia entre los médicos del hospital que simplemente tenía que tratar con cadáveres pues si le ponía una mano a alguien vivo lo enviaba de un solo golpe al otro mundo, creencia por demás basada en chismes de pasillo, se había dedicado a la patología forense por vocación propia, siempre pensó que así como había unos que se dedicaban a traerlos al mundo, otros a curarlos tenía que haber uno que los revisara por última vez para enviarlos a su viaje por la eternidad.
Un médico ejemplar con estudios en el exterior, abnegado esposo, padre de familia y honorable miembro de la sociedad Clodomiro llevaba una vida como cualquier otra, realizaba todas las actividades que el tiempo le permitía y disfrutaba cada minuto de las clases que impartía en la universidad, clases que siempre terminaba con una frase que era conocida por todos los estudiantes de medicina "Gracias por escuchar a este viejo y recuerden que siempre hay alguien viendo como nos portamos."
Sobre una de la mesas de aluminio reposaba el cuerpo de un viejito, Armando Ramirez era su nombre, Clodomiro con cuidado realizaba la autopsia para cumplir con el paso de ley correspondiente, como siempre hacía miro hacia los lados para cerciorarse que nadie se encontraba en los predios, con precisión de cirujano cortó el corazón del viejito lo colocó en una lonchera de Spider-Man que había usado desde tiempos inmemoriales y procedió a cerrar el cadáver, una vez listo lo metió en la cava y cerró la puerta.
Caminando con su loncherita la cual era la burla de todos los empleados del hospital se dirigió a los laboratorios del mismo, con cautela sacó el corazón y lo colocó en una tabla en donde realizó diversos cortes con una velocidad impresionante, sin pensarlo dos veces procedió a colocar uno por uno los cortes bajo el microscopio y a tomar nota. "Que interesante" se dijo a si mismo "el señor Ramirez amó solo a su esposa, ni un desliz, nada, increíble de verdad", Clodomiro Montoya sabía un secreto que nadie más conocía, en los corazones de los humanos quedaban tallados de forma inequívoca todos los amores que se habían tenido en la vida, uno por uno, esculpidos de manera perfecta y mostrando la calidad de ese amor, se limpió los lentes y revisó una vez más, "nada, este hombre está limpio" se dijo mientras arrojaba los restos del corazón a la basura y hacía ciertas anotaciones.
Bajó por el ascensor y entró a un cuarto en donde unas personas recogían sus pertenencias, se acercó a una dama de avanzada edad que se veía golpeada por la reciente pérdida, se presentó y le dijo "señora Ramirez sepa usted que su esposo la quiso de verdad verdad sin reparos ni engaños" la señora apenas alcanzó a subir la mirada cuando ya Clodomiro se había retirado del cuarto. En el sótano y con la misma precisión de siempre Clodomiro practicaba la autopsia a un hombre de mediana edad, después de realizar los procedimientos de rigor y sin que nadie lo viera cortó el corazón de aquel individuo, nuevamente a la loncherita de Spider-Man y corriendo hacia el laboratorio, con cuidado observó los cortes que había hecho y se dijo "coño este tipo se pegó a media Caracas, que bárbaro, y aquí puedo ver claramente sus dos grandes amores y lo más arrecho es que son hermanas."
En otro piso del hospital dos mujeres discutían airadamente, Clodomiro se excusó por interrumpir la acalorada discusión y les dijo "ustedes son hermanas?, las féminas respondieron "y como sabe usted?, "bueno" dijo Clodomiro, "eso no viene al caso, simplemente quería comentarles que ustedes fueron importantes en la vida de Jesús Albarrán, el las quiso mucho" y se retiró, las dos hermanas se agarraron por las greñas mientras una le gritaba a la otra "yo sabía que tu te echabas a Chuíto."
Clodomiro caminó lentamente saludando a varias personas que le pasaban a su lado, se sirvió una taza de café y bajó nuevamente a su oficina en donde con tranquilidad anotó cierta información en su agenda, una agenda nada particular si se tomaba en cuenta que allí estaba retratada la verdad acerca de miles de seres humanos y sus distintos amores a lo largo de su andar por este planeta. Sonó el teléfono y le informaron a Clodomiro que un nuevo paciente estaba siendo bajado a la morgue, se trataba de una mujer, la cual se había quemado en un accidente automovilístico ocurrido hacia pocos instantes. Clodomiro pensó "bueno pero pobre mujer, quemada y la ley idiota de este país requiere que se la haga una autopsia, ya sabemos como murió de todas maneras."
En cuestión de minutos Clodomiro estaba frente al chamuscado cadáver, con cuidado logró extraer lo poco que quedaba de corazón y lo guardó en la lonchera, llamó a su asistente para que terminara de realizar lo que faltaba por hacer y se fue a cumplir su rito preferido. Silbando y moviendo la lonchera de Spider-Man de un lado a otro como un niño chiquito recorrió el hospital hasta llegar a los laboratorios en donde habló por un momento con algunos empleados para luego sentarse frente al instrumento que revelaría algo de esta pobre mujer.
Con mucho cuidado por el estado en que se encontraba el corazón Clodomiro colocó los distintos cortes bajo el lente investigador, al ver el primer amor anotó en un papel, "Ricardo Paéz", siguió al otro corte y pudo ver "Joao Ferreira", aquí Clodomiro dudó y dijo "coño estos nombres me parecen conocidos, nada debe ser que estoy cansado", miró otro corte y leyó "Angel Sequeira", "coño que es esto? pensó, volvió a mirar y leyó "Pedro Marquez", aquí un rayo de hielo recorrió todo su cuerpo, todo empezó a tomar forma "Ricardo Paéz es el carajo que da clases de tennis en el club", "Joao Ferreira es el portugués del abasto cerca de la casa", "ay coño que es esto" se decía Clodomiro, "Angel Sequeira es el mejor amigo de mi hijo Julián", "esto no puede ser", "y Pedro Marquez está suturando el cadáver de esta señora allá abajo en la morgue", sudando frío y temblando Clodomiro descolgó el teléfono y llamó a emergencias, "si por favor me podrían dar el nombre de la señora que falleció debido a las quemaduras en el accidente automovilístico?, del otro lado del teléfono contestaron "déjeme ver, porque todas las pertenencias estaban en mal estado, aja, aquí hay un papel que dice Cristina Pelaez de Montoya", Clodomiro soltó el teléfono y sintió como su mundo se nublaba, con desespero buscó los otros cortes de corazón y no encontró lo que buscaba, Clodomiro no encontró su propio nombre en el corazón de su esposa…
Clodomiro había egresado de la facultad de medicina años antes y a diferencia de la creencia entre los médicos del hospital que simplemente tenía que tratar con cadáveres pues si le ponía una mano a alguien vivo lo enviaba de un solo golpe al otro mundo, creencia por demás basada en chismes de pasillo, se había dedicado a la patología forense por vocación propia, siempre pensó que así como había unos que se dedicaban a traerlos al mundo, otros a curarlos tenía que haber uno que los revisara por última vez para enviarlos a su viaje por la eternidad.
Un médico ejemplar con estudios en el exterior, abnegado esposo, padre de familia y honorable miembro de la sociedad Clodomiro llevaba una vida como cualquier otra, realizaba todas las actividades que el tiempo le permitía y disfrutaba cada minuto de las clases que impartía en la universidad, clases que siempre terminaba con una frase que era conocida por todos los estudiantes de medicina "Gracias por escuchar a este viejo y recuerden que siempre hay alguien viendo como nos portamos."
Sobre una de la mesas de aluminio reposaba el cuerpo de un viejito, Armando Ramirez era su nombre, Clodomiro con cuidado realizaba la autopsia para cumplir con el paso de ley correspondiente, como siempre hacía miro hacia los lados para cerciorarse que nadie se encontraba en los predios, con precisión de cirujano cortó el corazón del viejito lo colocó en una lonchera de Spider-Man que había usado desde tiempos inmemoriales y procedió a cerrar el cadáver, una vez listo lo metió en la cava y cerró la puerta.
Caminando con su loncherita la cual era la burla de todos los empleados del hospital se dirigió a los laboratorios del mismo, con cautela sacó el corazón y lo colocó en una tabla en donde realizó diversos cortes con una velocidad impresionante, sin pensarlo dos veces procedió a colocar uno por uno los cortes bajo el microscopio y a tomar nota. "Que interesante" se dijo a si mismo "el señor Ramirez amó solo a su esposa, ni un desliz, nada, increíble de verdad", Clodomiro Montoya sabía un secreto que nadie más conocía, en los corazones de los humanos quedaban tallados de forma inequívoca todos los amores que se habían tenido en la vida, uno por uno, esculpidos de manera perfecta y mostrando la calidad de ese amor, se limpió los lentes y revisó una vez más, "nada, este hombre está limpio" se dijo mientras arrojaba los restos del corazón a la basura y hacía ciertas anotaciones.
Bajó por el ascensor y entró a un cuarto en donde unas personas recogían sus pertenencias, se acercó a una dama de avanzada edad que se veía golpeada por la reciente pérdida, se presentó y le dijo "señora Ramirez sepa usted que su esposo la quiso de verdad verdad sin reparos ni engaños" la señora apenas alcanzó a subir la mirada cuando ya Clodomiro se había retirado del cuarto. En el sótano y con la misma precisión de siempre Clodomiro practicaba la autopsia a un hombre de mediana edad, después de realizar los procedimientos de rigor y sin que nadie lo viera cortó el corazón de aquel individuo, nuevamente a la loncherita de Spider-Man y corriendo hacia el laboratorio, con cuidado observó los cortes que había hecho y se dijo "coño este tipo se pegó a media Caracas, que bárbaro, y aquí puedo ver claramente sus dos grandes amores y lo más arrecho es que son hermanas."
En otro piso del hospital dos mujeres discutían airadamente, Clodomiro se excusó por interrumpir la acalorada discusión y les dijo "ustedes son hermanas?, las féminas respondieron "y como sabe usted?, "bueno" dijo Clodomiro, "eso no viene al caso, simplemente quería comentarles que ustedes fueron importantes en la vida de Jesús Albarrán, el las quiso mucho" y se retiró, las dos hermanas se agarraron por las greñas mientras una le gritaba a la otra "yo sabía que tu te echabas a Chuíto."
Clodomiro caminó lentamente saludando a varias personas que le pasaban a su lado, se sirvió una taza de café y bajó nuevamente a su oficina en donde con tranquilidad anotó cierta información en su agenda, una agenda nada particular si se tomaba en cuenta que allí estaba retratada la verdad acerca de miles de seres humanos y sus distintos amores a lo largo de su andar por este planeta. Sonó el teléfono y le informaron a Clodomiro que un nuevo paciente estaba siendo bajado a la morgue, se trataba de una mujer, la cual se había quemado en un accidente automovilístico ocurrido hacia pocos instantes. Clodomiro pensó "bueno pero pobre mujer, quemada y la ley idiota de este país requiere que se la haga una autopsia, ya sabemos como murió de todas maneras."
En cuestión de minutos Clodomiro estaba frente al chamuscado cadáver, con cuidado logró extraer lo poco que quedaba de corazón y lo guardó en la lonchera, llamó a su asistente para que terminara de realizar lo que faltaba por hacer y se fue a cumplir su rito preferido. Silbando y moviendo la lonchera de Spider-Man de un lado a otro como un niño chiquito recorrió el hospital hasta llegar a los laboratorios en donde habló por un momento con algunos empleados para luego sentarse frente al instrumento que revelaría algo de esta pobre mujer.
Con mucho cuidado por el estado en que se encontraba el corazón Clodomiro colocó los distintos cortes bajo el lente investigador, al ver el primer amor anotó en un papel, "Ricardo Paéz", siguió al otro corte y pudo ver "Joao Ferreira", aquí Clodomiro dudó y dijo "coño estos nombres me parecen conocidos, nada debe ser que estoy cansado", miró otro corte y leyó "Angel Sequeira", "coño que es esto? pensó, volvió a mirar y leyó "Pedro Marquez", aquí un rayo de hielo recorrió todo su cuerpo, todo empezó a tomar forma "Ricardo Paéz es el carajo que da clases de tennis en el club", "Joao Ferreira es el portugués del abasto cerca de la casa", "ay coño que es esto" se decía Clodomiro, "Angel Sequeira es el mejor amigo de mi hijo Julián", "esto no puede ser", "y Pedro Marquez está suturando el cadáver de esta señora allá abajo en la morgue", sudando frío y temblando Clodomiro descolgó el teléfono y llamó a emergencias, "si por favor me podrían dar el nombre de la señora que falleció debido a las quemaduras en el accidente automovilístico?, del otro lado del teléfono contestaron "déjeme ver, porque todas las pertenencias estaban en mal estado, aja, aquí hay un papel que dice Cristina Pelaez de Montoya", Clodomiro soltó el teléfono y sintió como su mundo se nublaba, con desespero buscó los otros cortes de corazón y no encontró lo que buscaba, Clodomiro no encontró su propio nombre en el corazón de su esposa…
Tuesday, October 18, 2005
Publicista
Me encontraba mirando por la ventana de mi cuarto cuando cansado y hastiado de la monotonía clásica que envuelve la vida de los seres humanos decidí salir a caminar, a ver mi ciudad que tanto tiempo tenía sin recorrer, me vestí con mis blue jeans y mi franela blanca, la misma con que usualmente atacaba las noches de la capital palpitante, la misma que había sido testigo de mis peripecias y andanzas en aquella época cuando la vida pasaba con la rapidez de un cohete camino a un planeta lejano en otra galaxia.
A pesar del tiempo que tenía sin patear la calle no me costó acostumbrarme a la misma, caminé un rato y me subí al metro para bajarme en el majestuoso Boulevard de Sabana Grande, debo reconocer que la primera impresión al ver aquel desastre en que se había convertido el otrora reluciente y palpitante boulevard me impactó, una mezcla explosiva de suciedad, individuos sin destino, vendedores ambulantes, humo, olores fétidos, mendigos, niños haciendo malabarismos, rateros, personajes con la mirada perdida y un mar de hormigas que caminaban religiosamente a su trabajo.
Recostado en una silla de un establecimiento pensaba en como había sido posible esa transformación, sin lugar a dudas este cuadro dantesco era un reflejo claro y genuino de la realidad abrumadora que pesaba sobre las espaldas de los habitantes de aquella ciudad, recordé con nostalgia aquellos días en que caminaba por aquel paseo de ladrillos simplemente buscando el aroma de un nuevo día, el renacer de las esperanzas y la ilusión de lo desconocido. Disfrutaba mi Coca-Cola bien fría, si pues no todos le suministramos al cuerpo su dosis de cafeína de la misma manera, cuando pude ver como hacía su entrada triunfal, serena y segura de si misma caminó hacia la caja registradora y compró su café con cachito de jamón, esa fue la primera y última vez en mi largo andar por este mundo que ví a Irama Calígena.
Intentando recobrar mis sentidos noté como con disimulo se sentó en la mesa frente a mi, con marcialidad colocó su café y su cachito de jamón en la mesa, tomó el periódico y comenzó a leer mientras degustaba su desayuno. Yo con mi estilo bandera característico la miraba fijamente haciéndole saber que efectivamente me llamaba la atención y que no perdería la oportunidad de decirle así fuera unas líneas de galán de panadería, entre tanto mirar y mirar cual niño chiquito fue cuando pude ver que entre la bota que llevaba puesta y su pantalón de tela se hallaba el estuche de una pistola, y según me enseñó mi tío Gregorio usualmente estuche de pistola tiene pistola adentro.
A pesar del susto inicial esto hizo a la misteriosa dama aún más interesante, después de todo mi paseo por la ciudad parecía tornarse interesante, Irama con cautela bajaba su periódico para vistearme de vez en cuando, yo simplemente mantenía una sonrisa perenne en la cara para evitar que en una de sus miradas fugaces me fuera a pillar con cara de fiscal de tránsito, en una de las miradas no pude aguantar y le dije "que tal?, te puedo acompañar?, Irama sin dudar ni un segundo respondió "claro, como no, siéntate aquí."
"Ay coño" pensé, "mujer con pistola, ojos grandes, llamativos, sonrisa perfecta y segura de si misma, ahora si que el día se acomodó", con cuidado de no rozarle los pies no fuera a ser que un tiro saliera disparado me senté y dije calmadamente "Hola, mi nombre es Policarpio, soy escritor de profesión, poeta sin oficio y transeúnte del planeta", ella sonrió y me dijo "Irama Calígena, publicista, ocupada de sol a sol y desayunandito por aquí."
No pudimos ocultar las risas, esas que salen sin forzarlas, esas que inevitablemente te ponen a volar la imaginación y a decirte a ti mismo "en que peo me metí yo por gusto", si aunque no lo crean esas cosas pasan y usualmente pasan para recordarte que eres humano y que no te salva nadie. Conversamos un rato de las típicas tonterías que conversan dos almas que se acaban de encontrar, una que otra mirada, y poco a poco el tiempo fue pasando, de pronto Irama me dijo "me tengo que ir, de verdad que has hecho mi día mas agradable, gracias", se levantó de su silla y se volteó, por un segundo pensé que se iba a ir tan fácil como llegó pero Irama miró nuevamente como esperando mi reacción, yo en mi perdición lunática solo alcancé a decir, "para que carajo un publicista tiene una pistola en la pierna?
Giró nuevamente hacia la puerta pues al parecer no se sintió cómoda con mi pregunta, esta vez la detuve y le dije "no quise incomodarte es solo que vi la pistola y me llamó la atención", Irama con voz suave y firme me dijo "ya la vistes ahora tengo que matarte", mi risa quedó helada cuando pude notar que Irama no se reía en lo más mínimo, ahora fui yo el que trató de caminar hacia la puerta pero la mirada penetrante de Irama hizo que me quedara en el sitio, "bueno Policarpio, la verdad me caes bien, solo hay una forma que no te mate, me tienes que ayudar", "pero ayudar a que? Contesté, "pues bien yo de publicista tengo lo que tu tienes de bailarín de ballet, soy espía, de una organización secreta, y ahora tu eres mío", sus palabras calaron en lo más profundo de mi ser solo alcancé a pensar "coño yo no aprendo, tienes que quedarte en tu casa tranquilo, cada vez que sales te metes en un peo distinto."
En cuestión de segundos Irama me tomó del brazo y me llevó hacia un carro que tenía estacionado en medio de aquel caos, nos subimos y me tendió un pedazo de tela, "póntelo en los ojos, no puedes ver a donde vamos", en el reproductor se podían escuchar las notas de alguna canción de "The Cure" que ahora no puedo recordar, yo obedecí y en cuestión de pocos minutos estábamos bajándonos del carro, caminé todavía con la venda en mis ojos hasta que Irama me sentó en una silla, "te puedes quitar la venda" me dijo, el lugar era una especie de galpón no muy grande, con un escritorio, una lámpara y unos armarios, "bienvenido a mi oficina, espero sea de tu agrado" dijo Irama mientras sonreía sarcásticamente, me entregó una pistola y un chaleco antibalas y me dijo, "vas a fingir que eres mi esposo, amante, novio, pareja, lo que más te guste, sin preguntas, simplemente tienes que hacer lo que te diga"
La travesía nuevamente en el carro fue tediosa debido al tráfico reinante en la ciudad, finalmente llegamos a un conocido hotel capitalino, adentro en uno de sus salones había una convención de publicistas, Irama caminó con calma y presentó sus credenciales para que nos dejaran entrar, en el salón reinaba el bullicio de muchas personas hablando al mismo tiempo, caminamos mientras Irama me presentaba a todos sus "colegas" hasta llegar a una mesa en donde tomamos asiento. Pasado un tiempo un representante de la Cámara de Publicistas subió al estrado y tomó la palabra, comenzó a dar su discurso acerca de la importancia de los medios de comunicación en conjunto con la publicidad, Irama me susurró al oído "en un minuto lo liquido, ese es el objetivo de esta misión, al parecer este individuo es el Rey de la Publicidad Engañosa y se me ha encomendado desaparecerlo de la faz de la Tierra", "coño" pensé yo "van a matar al viejo ese hablador de mierda."
Inmediatamente y sin mediar palabras sacó su pistola y accionó el gatillo, el viejo cayó hacia un lado mientras los gritos y el caos se apoderaron del lugar, en medio de ese peo agarré a Irama y la besé, alcancé a escuchar a un tipo que decía "carajo estos si que se aman porque en medio de este zafarrancho se caen a besos", Irama un tanto sorprendida por mi beso me pegó una cachetada y me volvió a besar, a todas estas la gente corría desesperada y la gritería era ensordecedora, sin decir nada me jaló y corrimos junto con las otras personas, nos subimos al carro y nos fuimos del lugar, no dijimos nada en el camino, Irama estacionó su carro enfrente de la misma panadería donde todo había comenzado, me pidió la pistola y me dijo "el chaleco anti-balas te lo regalo, para que te acuerdes de mi" y me abrió la puerta del carro.
Con la misma rapidez que había llegado se fue sin decir adiós, allí parado solo en pleno Boulevard de Sabana Grande me vi sosteniendo un chaleco anti-balas y un hueco más para mi existencia, miré hacia lo alto buscando una respuesta que no llegó, baje la mirada y sonreí como siempre hago cuando no entiendo las jugadas ingeniosas de la vida, caminé hacia el metro y volví a mi casa a guardar el chaleco anti-balas en el closet y a enterrar mi sentir en un papel.
A veces sentado en mi ventana recuerdo esta historia, voy al closet y veo el chaleco anti-balas y no me queda otra que sonreir, a veces sentado en mi ventana recuerdo a Irama y mi mente se traslada a aquel intenso día, suena el teléfono y contesto "Hola Policarpio" dice la voz, "te sientes con ganas de matar a alguien?, petrificado contesto "ni de vaina yo tengo de asesino lo que tu tienes de ser humano"….
A pesar del tiempo que tenía sin patear la calle no me costó acostumbrarme a la misma, caminé un rato y me subí al metro para bajarme en el majestuoso Boulevard de Sabana Grande, debo reconocer que la primera impresión al ver aquel desastre en que se había convertido el otrora reluciente y palpitante boulevard me impactó, una mezcla explosiva de suciedad, individuos sin destino, vendedores ambulantes, humo, olores fétidos, mendigos, niños haciendo malabarismos, rateros, personajes con la mirada perdida y un mar de hormigas que caminaban religiosamente a su trabajo.
Recostado en una silla de un establecimiento pensaba en como había sido posible esa transformación, sin lugar a dudas este cuadro dantesco era un reflejo claro y genuino de la realidad abrumadora que pesaba sobre las espaldas de los habitantes de aquella ciudad, recordé con nostalgia aquellos días en que caminaba por aquel paseo de ladrillos simplemente buscando el aroma de un nuevo día, el renacer de las esperanzas y la ilusión de lo desconocido. Disfrutaba mi Coca-Cola bien fría, si pues no todos le suministramos al cuerpo su dosis de cafeína de la misma manera, cuando pude ver como hacía su entrada triunfal, serena y segura de si misma caminó hacia la caja registradora y compró su café con cachito de jamón, esa fue la primera y última vez en mi largo andar por este mundo que ví a Irama Calígena.
Intentando recobrar mis sentidos noté como con disimulo se sentó en la mesa frente a mi, con marcialidad colocó su café y su cachito de jamón en la mesa, tomó el periódico y comenzó a leer mientras degustaba su desayuno. Yo con mi estilo bandera característico la miraba fijamente haciéndole saber que efectivamente me llamaba la atención y que no perdería la oportunidad de decirle así fuera unas líneas de galán de panadería, entre tanto mirar y mirar cual niño chiquito fue cuando pude ver que entre la bota que llevaba puesta y su pantalón de tela se hallaba el estuche de una pistola, y según me enseñó mi tío Gregorio usualmente estuche de pistola tiene pistola adentro.
A pesar del susto inicial esto hizo a la misteriosa dama aún más interesante, después de todo mi paseo por la ciudad parecía tornarse interesante, Irama con cautela bajaba su periódico para vistearme de vez en cuando, yo simplemente mantenía una sonrisa perenne en la cara para evitar que en una de sus miradas fugaces me fuera a pillar con cara de fiscal de tránsito, en una de las miradas no pude aguantar y le dije "que tal?, te puedo acompañar?, Irama sin dudar ni un segundo respondió "claro, como no, siéntate aquí."
"Ay coño" pensé, "mujer con pistola, ojos grandes, llamativos, sonrisa perfecta y segura de si misma, ahora si que el día se acomodó", con cuidado de no rozarle los pies no fuera a ser que un tiro saliera disparado me senté y dije calmadamente "Hola, mi nombre es Policarpio, soy escritor de profesión, poeta sin oficio y transeúnte del planeta", ella sonrió y me dijo "Irama Calígena, publicista, ocupada de sol a sol y desayunandito por aquí."
No pudimos ocultar las risas, esas que salen sin forzarlas, esas que inevitablemente te ponen a volar la imaginación y a decirte a ti mismo "en que peo me metí yo por gusto", si aunque no lo crean esas cosas pasan y usualmente pasan para recordarte que eres humano y que no te salva nadie. Conversamos un rato de las típicas tonterías que conversan dos almas que se acaban de encontrar, una que otra mirada, y poco a poco el tiempo fue pasando, de pronto Irama me dijo "me tengo que ir, de verdad que has hecho mi día mas agradable, gracias", se levantó de su silla y se volteó, por un segundo pensé que se iba a ir tan fácil como llegó pero Irama miró nuevamente como esperando mi reacción, yo en mi perdición lunática solo alcancé a decir, "para que carajo un publicista tiene una pistola en la pierna?
Giró nuevamente hacia la puerta pues al parecer no se sintió cómoda con mi pregunta, esta vez la detuve y le dije "no quise incomodarte es solo que vi la pistola y me llamó la atención", Irama con voz suave y firme me dijo "ya la vistes ahora tengo que matarte", mi risa quedó helada cuando pude notar que Irama no se reía en lo más mínimo, ahora fui yo el que trató de caminar hacia la puerta pero la mirada penetrante de Irama hizo que me quedara en el sitio, "bueno Policarpio, la verdad me caes bien, solo hay una forma que no te mate, me tienes que ayudar", "pero ayudar a que? Contesté, "pues bien yo de publicista tengo lo que tu tienes de bailarín de ballet, soy espía, de una organización secreta, y ahora tu eres mío", sus palabras calaron en lo más profundo de mi ser solo alcancé a pensar "coño yo no aprendo, tienes que quedarte en tu casa tranquilo, cada vez que sales te metes en un peo distinto."
En cuestión de segundos Irama me tomó del brazo y me llevó hacia un carro que tenía estacionado en medio de aquel caos, nos subimos y me tendió un pedazo de tela, "póntelo en los ojos, no puedes ver a donde vamos", en el reproductor se podían escuchar las notas de alguna canción de "The Cure" que ahora no puedo recordar, yo obedecí y en cuestión de pocos minutos estábamos bajándonos del carro, caminé todavía con la venda en mis ojos hasta que Irama me sentó en una silla, "te puedes quitar la venda" me dijo, el lugar era una especie de galpón no muy grande, con un escritorio, una lámpara y unos armarios, "bienvenido a mi oficina, espero sea de tu agrado" dijo Irama mientras sonreía sarcásticamente, me entregó una pistola y un chaleco antibalas y me dijo, "vas a fingir que eres mi esposo, amante, novio, pareja, lo que más te guste, sin preguntas, simplemente tienes que hacer lo que te diga"
La travesía nuevamente en el carro fue tediosa debido al tráfico reinante en la ciudad, finalmente llegamos a un conocido hotel capitalino, adentro en uno de sus salones había una convención de publicistas, Irama caminó con calma y presentó sus credenciales para que nos dejaran entrar, en el salón reinaba el bullicio de muchas personas hablando al mismo tiempo, caminamos mientras Irama me presentaba a todos sus "colegas" hasta llegar a una mesa en donde tomamos asiento. Pasado un tiempo un representante de la Cámara de Publicistas subió al estrado y tomó la palabra, comenzó a dar su discurso acerca de la importancia de los medios de comunicación en conjunto con la publicidad, Irama me susurró al oído "en un minuto lo liquido, ese es el objetivo de esta misión, al parecer este individuo es el Rey de la Publicidad Engañosa y se me ha encomendado desaparecerlo de la faz de la Tierra", "coño" pensé yo "van a matar al viejo ese hablador de mierda."
Inmediatamente y sin mediar palabras sacó su pistola y accionó el gatillo, el viejo cayó hacia un lado mientras los gritos y el caos se apoderaron del lugar, en medio de ese peo agarré a Irama y la besé, alcancé a escuchar a un tipo que decía "carajo estos si que se aman porque en medio de este zafarrancho se caen a besos", Irama un tanto sorprendida por mi beso me pegó una cachetada y me volvió a besar, a todas estas la gente corría desesperada y la gritería era ensordecedora, sin decir nada me jaló y corrimos junto con las otras personas, nos subimos al carro y nos fuimos del lugar, no dijimos nada en el camino, Irama estacionó su carro enfrente de la misma panadería donde todo había comenzado, me pidió la pistola y me dijo "el chaleco anti-balas te lo regalo, para que te acuerdes de mi" y me abrió la puerta del carro.
Con la misma rapidez que había llegado se fue sin decir adiós, allí parado solo en pleno Boulevard de Sabana Grande me vi sosteniendo un chaleco anti-balas y un hueco más para mi existencia, miré hacia lo alto buscando una respuesta que no llegó, baje la mirada y sonreí como siempre hago cuando no entiendo las jugadas ingeniosas de la vida, caminé hacia el metro y volví a mi casa a guardar el chaleco anti-balas en el closet y a enterrar mi sentir en un papel.
A veces sentado en mi ventana recuerdo esta historia, voy al closet y veo el chaleco anti-balas y no me queda otra que sonreir, a veces sentado en mi ventana recuerdo a Irama y mi mente se traslada a aquel intenso día, suena el teléfono y contesto "Hola Policarpio" dice la voz, "te sientes con ganas de matar a alguien?, petrificado contesto "ni de vaina yo tengo de asesino lo que tu tienes de ser humano"….
Monday, October 17, 2005
El Experimento
Sentado frente a un libro de Soren Kierkegaard decidí que me había fastidiado de Karen Marshall y Mary Lloyd, mi mente poco convencional y por demás ociosa desde que descubrí que el planeta no es más que un chiste mal contado se movía a gran velocidad tratando de buscar una manera para deshacerme de Karen y Mary, solo que tenía que tratarse de algo poco convencional, elocuente, peligroso y que permitiese de alguna manera recaudar datos para la base de información sobre relaciones humanas y sus desbandes que había mantenido desde que di el paso hacia la malévola cuando mi mamá harta de los sonidos del Super Nintendo lo lanzó por la ventana partiéndose en mil pedazos.
Solté el libro pues tenía que planear la manera idónea para sacar de mi lúgubre existencia a ese par de seres que me habían hecho compañía en esos momentos donde mi humanidad se hacía latente y fastidiosa y necesitaba relacionarme con mis congéneres. Hubiera sido más fácil usar la técnica de los 15 años que no es otra que agarrar el teléfono, marcar e inventar cualquier excusa sacada del sombrero de un mago, trancar y sentirse liberado por el peso que acabas de eliminar de tus hombros, también pude haber salido por separado, de manera civilizada a un café o algún establecimiento público y simplemente usar la excusa R-37 que no es otra que la famosa "estoy confundido y no puedo seguir con esto", igualmente pude haberle echado la culpa al trabajo, a mi perro y loros, a mi madre o simplemente ser un patán más y con sinceridad decir que no me calaba más ese calamar.
La vida no es fácil, entonces yo como estudioso empedernido y buen seguidor de esa premisa decidí hacerme las cosas más difíciles y por supuesto con ese elemento de maldad intrínseca que todos llevamos en nuestras células hacerle las cosas cuesta arriba también a Karen y Mary. Tomé el teléfono e hice una reservación en un establecimiento de moda en la ciudad, una mesa para dos con todos los alicientes de una cena romántica de película, por igual llamé a Karen y Mary y les dije que debíamos salir a cenar pues tenía que conversar algo importante con ellas, las cité con 15 minutos de diferencia, a las más puntual de ellas le di el honor de estar sentada en la mesa para cuando la otra hiciera acto de presencia, después de relajarlas y decirles que todo estaba bien pues las dos preguntaron si pasaba algo malo me senté nuevamente tranquilo a esperar que las horas pasaran hasta el momento indicado.
Con calma y paciencia me acicalé para estar presentable y después de despedirme de mi perro y loros comencé a caminar hacia el afamado restaurant en donde llevaría a cabo lo que me había dado por llamar "experimento". En mi camino me topé con los personajes clásicos de la ciudad, un pequeño niño lloraba pues su madre no le quería comprar un juego de video, pedí permiso a su procreadora y se lo compré limitándome a decirle, "déjelo ser señora, algún día el caminará estas calles en una misión como la mía y créame esto no es juego de niños", la señora sorprendida se limitó a dar las gracias por el regalo mientras el niñito se abrazaba a mi pierna diciendo "gracias papá", yo me limité a darle una palmadita en su cabeza y continué hacia el restaurant, saludé a los mendigos de la cuadra y pensé en todas las consecuencias que mi experimento podría tener, después de una rápida evaluación de pros y contras me limité a autocomplacerme con una respuesta de esas que anulan cualquier intento de la razón y la conciencia por detener un acto sin pies ni cabeza.
Una vez sentado en el lujoso restaurant ordené un vaso de agua como siempre acostumbro a hacer y esperé con calma la llegada de Karen, a los pocos minutos apareció radiante la damicela, me levanté de mi silla para saludarla y tomé su abrigo para ponerlo a un lado, la ayudé a acomodarse en la silla y volví a mi lugar. Comenzamos a hablar como siempre, la clásica conversación sin ningún tipo de profundidad o peligrosidad, poco a poco fui desviando la charla hasta llegar a un punto climático, en ese momento y tal cual como lo había planeado logré divisar que Mary hacía su entrada triunfal por la puerta, aquí me saqué del bolsillo una cajita de esas de terciopelo y se la entregué a Karen que de inmediato comenzó a llorar sin haber visto que había adentro de la misma, en el preciso instante en que Karen abrió la cajita Mary se paró con cara de sorpresa al lado de la mesa, "que está pasando aquí? preguntó en tono de demanda, yo confieso que la risa se había apoderado de todo mi ser pues solo podía ver la cara de Karen al darse cuenta que dentro de la cajita de terciopelo había un anillo de piñata en forma de flor con carita sonriente, por supuesto ella esperaba un anillo de diamantes más caro que mi propia existencia y no sabía que decir, la muy original dijo "que está pasando aquí?, a todas estas Mary veía con recelo el anillito de piñata y no sabía si reir o llorar, se miraron a las caras y preguntaron al mismo tiempo "quien eres tu?, las dos como máquinas programadas soltaron un sonoro "la novia de Policarpio", aquí ya me había levantado de la silla y me reía sin compasión, me miraron y dijeron "mejor que tengas una buena explicación para esto?, yo me limité a encogerme de hombros y seguir cagado de la risa.
Como todos los humanos, el par de féminas al ver que yo no reaccionaba como ellas querían pues decidieron voltear el ataque hacia ellas mismas, comenzaron por decirse unas cuantas barbaridades mientras yo era testigo de aquel espectáculo creado por una mente perversa, la mía, el mesonero se acercó queriendo saber que pasaba, yo le hice una seña así como queriendo decir, yo no se que le pasa a este dúo de locas y el hombre se quedó entonces para también ver el show, después de unas cuantas groserías Mary agarró la cajita del anillo y la batió contra el piso aquí Karen le soltó una cachetada sonora y se agarraron cual luchadores de peleas mexicanas de lucha libre, de pronto y como era de esperarse la rabia comprimida se soltó hacia mi persona, Karen me soltó un carterazo que alcanzó a rozarme mi ceja derecha, en este momento me di cuenta que había llegado la hora de escapar, Mary más violenta aún soltó una mano que hábilmente esquivé pero que fue a parar a la mandíbula del infeliz mesonero que rodó por el piso, ya un poco más alejado les dije "ustedes creían que se iban a salir con la suya, sigan con esas mañas de salir con un poco de gente a la misma vez" y me escabullí entre dos mesas para salir a respirar el aire frío de la noche otoñal.
Acostado en mi sofá marqué el número de la casilla de mensajes de mi celular, como supuse iba a pasar había dos mensajes, Karen decía que a pesar de todo debía reconocer que nunca había visto algo tan original, según ella el anillo de piñata era el regalo más bonito que había recibido en su andar, pedía perdón por el carterazo y rogaba que la llamara pues ella solo quería arreglar las cosas y buscar una solución al impasse, ella confiaba que yo la quería y solo era cuestión de ponerse en la misma página, por otro lado Mary en su mensaje gritaba con pasión cuanta grosería había aprendido y la comunicación se cortaba con lo que supongo era el celular estrellándose contra el piso, tranqué mi teléfono y dije para mi mismo "la próxima vez compra un juego de química de niños, dos ratones blancos y no experimentes con humanos."
Solté el libro pues tenía que planear la manera idónea para sacar de mi lúgubre existencia a ese par de seres que me habían hecho compañía en esos momentos donde mi humanidad se hacía latente y fastidiosa y necesitaba relacionarme con mis congéneres. Hubiera sido más fácil usar la técnica de los 15 años que no es otra que agarrar el teléfono, marcar e inventar cualquier excusa sacada del sombrero de un mago, trancar y sentirse liberado por el peso que acabas de eliminar de tus hombros, también pude haber salido por separado, de manera civilizada a un café o algún establecimiento público y simplemente usar la excusa R-37 que no es otra que la famosa "estoy confundido y no puedo seguir con esto", igualmente pude haberle echado la culpa al trabajo, a mi perro y loros, a mi madre o simplemente ser un patán más y con sinceridad decir que no me calaba más ese calamar.
La vida no es fácil, entonces yo como estudioso empedernido y buen seguidor de esa premisa decidí hacerme las cosas más difíciles y por supuesto con ese elemento de maldad intrínseca que todos llevamos en nuestras células hacerle las cosas cuesta arriba también a Karen y Mary. Tomé el teléfono e hice una reservación en un establecimiento de moda en la ciudad, una mesa para dos con todos los alicientes de una cena romántica de película, por igual llamé a Karen y Mary y les dije que debíamos salir a cenar pues tenía que conversar algo importante con ellas, las cité con 15 minutos de diferencia, a las más puntual de ellas le di el honor de estar sentada en la mesa para cuando la otra hiciera acto de presencia, después de relajarlas y decirles que todo estaba bien pues las dos preguntaron si pasaba algo malo me senté nuevamente tranquilo a esperar que las horas pasaran hasta el momento indicado.
Con calma y paciencia me acicalé para estar presentable y después de despedirme de mi perro y loros comencé a caminar hacia el afamado restaurant en donde llevaría a cabo lo que me había dado por llamar "experimento". En mi camino me topé con los personajes clásicos de la ciudad, un pequeño niño lloraba pues su madre no le quería comprar un juego de video, pedí permiso a su procreadora y se lo compré limitándome a decirle, "déjelo ser señora, algún día el caminará estas calles en una misión como la mía y créame esto no es juego de niños", la señora sorprendida se limitó a dar las gracias por el regalo mientras el niñito se abrazaba a mi pierna diciendo "gracias papá", yo me limité a darle una palmadita en su cabeza y continué hacia el restaurant, saludé a los mendigos de la cuadra y pensé en todas las consecuencias que mi experimento podría tener, después de una rápida evaluación de pros y contras me limité a autocomplacerme con una respuesta de esas que anulan cualquier intento de la razón y la conciencia por detener un acto sin pies ni cabeza.
Una vez sentado en el lujoso restaurant ordené un vaso de agua como siempre acostumbro a hacer y esperé con calma la llegada de Karen, a los pocos minutos apareció radiante la damicela, me levanté de mi silla para saludarla y tomé su abrigo para ponerlo a un lado, la ayudé a acomodarse en la silla y volví a mi lugar. Comenzamos a hablar como siempre, la clásica conversación sin ningún tipo de profundidad o peligrosidad, poco a poco fui desviando la charla hasta llegar a un punto climático, en ese momento y tal cual como lo había planeado logré divisar que Mary hacía su entrada triunfal por la puerta, aquí me saqué del bolsillo una cajita de esas de terciopelo y se la entregué a Karen que de inmediato comenzó a llorar sin haber visto que había adentro de la misma, en el preciso instante en que Karen abrió la cajita Mary se paró con cara de sorpresa al lado de la mesa, "que está pasando aquí? preguntó en tono de demanda, yo confieso que la risa se había apoderado de todo mi ser pues solo podía ver la cara de Karen al darse cuenta que dentro de la cajita de terciopelo había un anillo de piñata en forma de flor con carita sonriente, por supuesto ella esperaba un anillo de diamantes más caro que mi propia existencia y no sabía que decir, la muy original dijo "que está pasando aquí?, a todas estas Mary veía con recelo el anillito de piñata y no sabía si reir o llorar, se miraron a las caras y preguntaron al mismo tiempo "quien eres tu?, las dos como máquinas programadas soltaron un sonoro "la novia de Policarpio", aquí ya me había levantado de la silla y me reía sin compasión, me miraron y dijeron "mejor que tengas una buena explicación para esto?, yo me limité a encogerme de hombros y seguir cagado de la risa.
Como todos los humanos, el par de féminas al ver que yo no reaccionaba como ellas querían pues decidieron voltear el ataque hacia ellas mismas, comenzaron por decirse unas cuantas barbaridades mientras yo era testigo de aquel espectáculo creado por una mente perversa, la mía, el mesonero se acercó queriendo saber que pasaba, yo le hice una seña así como queriendo decir, yo no se que le pasa a este dúo de locas y el hombre se quedó entonces para también ver el show, después de unas cuantas groserías Mary agarró la cajita del anillo y la batió contra el piso aquí Karen le soltó una cachetada sonora y se agarraron cual luchadores de peleas mexicanas de lucha libre, de pronto y como era de esperarse la rabia comprimida se soltó hacia mi persona, Karen me soltó un carterazo que alcanzó a rozarme mi ceja derecha, en este momento me di cuenta que había llegado la hora de escapar, Mary más violenta aún soltó una mano que hábilmente esquivé pero que fue a parar a la mandíbula del infeliz mesonero que rodó por el piso, ya un poco más alejado les dije "ustedes creían que se iban a salir con la suya, sigan con esas mañas de salir con un poco de gente a la misma vez" y me escabullí entre dos mesas para salir a respirar el aire frío de la noche otoñal.
Acostado en mi sofá marqué el número de la casilla de mensajes de mi celular, como supuse iba a pasar había dos mensajes, Karen decía que a pesar de todo debía reconocer que nunca había visto algo tan original, según ella el anillo de piñata era el regalo más bonito que había recibido en su andar, pedía perdón por el carterazo y rogaba que la llamara pues ella solo quería arreglar las cosas y buscar una solución al impasse, ella confiaba que yo la quería y solo era cuestión de ponerse en la misma página, por otro lado Mary en su mensaje gritaba con pasión cuanta grosería había aprendido y la comunicación se cortaba con lo que supongo era el celular estrellándose contra el piso, tranqué mi teléfono y dije para mi mismo "la próxima vez compra un juego de química de niños, dos ratones blancos y no experimentes con humanos."
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