No es lo mismo subir al pináculo de una montaña que subir una montaña con un pino en el culo. No es lo mismo morir de verdad que inventar una muerte para que dejen de joder. En el bello planeta hay cosas que se heredan, lo que se hereda no se hurta dirían por ahí, podemos pues heredar personalidades, deformaciones en los huesos, enfermedades, inteligencia, deudas y una diversidad de cosas que van desde lo físico hasta lo material. A Lucio Gutierrez le tocó heredar el negocio de su padre, el negocio funerario. Lucio desde niño jugó con cadáveres, ayudando a su padre a maquillarlos, a vestirlos por última vez, a ponerlos presentables para iniciar el largo camino hacia la eternidad. Más de una vez hizo alguna maldad, pintando los labios de algún importante político o dándole un toque de postmodernismo a una vieja emperifollada de la sociedad, de igual manera vistió a un importante economista de pirata y hasta le metió un loro disecado en el cajón, pero en general observaba las reglas de su recalcitrante padre respetando a quienes habían dado el salto de lo terrenal a lo desconocido.
Su anciano padre murió una tarde gris, mientras se preparaba para maquillar a un viejito, el bombeador de sangre le dejó de funcionar, se cansó y allí quedó tieso y frío. Lucio lo encontró en el piso, todavía sosteniendo un pincel de maquillar y su hermosa taza de café con estampado de calavera en su exterior. Lucio soltó una lágrima, lo levantó del piso y lo maquilló con dedicación, lo metió en su caja y lo veló durante toda la noche. A la mañana siguiente se subió a una de las carrozas fúnebres y se dirigió al cementerio, enterró a su padre y en la lápida colocó una frase que decía así "Así como vinistes te fuiste, artista del más allá y mercader de la tristeza".
Manejando a toda mecha por la autopista en la carroza fúnebre y con una cancioncita de Iron Maiden a todo dar, Lucio tarareaba "run to the hills, run for your life"…, estacionó la verga negra esa y entró a la oficina de su padre, recogió algunas cosas e hizo varias llamadas telefónicas. La puerta fue golpeada y Lucio dijo "pase, pase", una señora ya entrada en años acompañada por su bella hija venían a hacer los arreglos para velar al esposo de la dama y padre de la muchacha. Después de llenar los formularios reglamentarios Lucio les preguntó "desean el servicio especial?, las damas se miraron a los ojos sin entender pero en ese momento de tristeza y dolor se limitaron a decir que si. Estrechando las manos de las damas Lucio se despidió y se dispuso a entrar al cuarto de maquillaje. Por la puerta trasera entraba ya el cadáver del señor y con gran maestría Lucio procedió a maquillarlo para su viaje sideral.
Entrada la tarde, la gente comenzaba a llegar a rendir tributo al difunto, en la entrada de la casa, una de las asistentes de Lucio les entregaba una bolsita de color marrón en la cual no se podía ver lo que contenía, algunos preguntaban a lo cual no obtenían respuesta, otros simplemente agarraban su bolsa que tenía un letrerito que decía "no abrir hasta tanto se le indique". Adentro las personas conversaban y hablaban de los temas clásicos del momento. De pronto una vieja se acercó a la caja y gritó "ay pero que le hicieron a este hombre?, todos los presentes se agolparon alrededor de la caja en donde se podía ver al difunto vestido al propio estilo de "Disco Dancer" y con un cigarrito en la boca el cual además estaba prendido. En ese momento se apagaron las luces, que quedaron reemplazadas por unas luces de colores, una voz dijo por un parlante, "llegó la hora, DJ Mortis, a joder" y la música ensordecedora comenzó a salir por todos lados. En el primer momento algunos decidieron abandonar el recinto, otros permanecían inertes, otros comenzaron a bailar a la vez que gritaban "el viejo hubiera querido que jodiéramos", una bola de cristal se posó encima de la caja y comenzó a girar, la voz del parlante invitó a abrir las bolsas en donde encontraron serpentinas, pitos, caramelos y demás artefactos fiesteros. Unos mesoneros invadieron el lugar ofreciendo bebidas y pasapalos, en cuestión de segundos DJ Mortis tenía a todo el mundo bailando y echando vaina. La joda era total, hasta la vieja que recién había enviudado bailaba cagada de la risa, un trencito le daba la vuelta al féretro y otros se escondían en las habitaciones de la casa para matar sus pasiones humanas. Un gordo gigante se llevó por el medio la caja, el muerto cayó al piso y lo levantaron y lo pusieron a bailar también hasta que se lo pasaron a una viejita que no pudo con el peso y quedó atrapada en el piso con el difunto vestido de seda azul y un pañuelo en el cuello. La fiesta duró hasta entrada la noche, en la mañana Lucio parapeteó al muerto nuevamente y lo montó en la carroza fúnebre, al cementerio llegaron rascados, llenos de serpentinas y cantando rancheras, al viejo lo echaron para el hueco mientras cantaban "sigo siendo el rey". La hija del difunto se acercó a Lucio y lo besó en pleno entierro, hasta un pistolero alegre sacó su fuco y echó seis tiros al aire en honor al viejo muerto.
Sentado en la oficina de la funeraria Lucio pasaba la pea de la noche anterior, sonriente y seguro de si mismo confiaba en que el mundo funerario había sido cambiado por siempre. Los teléfonos sonaban sin cesar, los habitantes de aquella metrópolis habían descubierto una nueva modalidad de hacerle frente a la desolación que trae consigo la extinción. Varias rumbas continuaron, la joda se prendía noche tras noche en aquella casa, DJ Mortis animaba, concursos, juegos de bingo, orgías planeadas y todo tipo de diversión acompañaban a los difuntos en su última fiesta. Disfraces iban y venían, DJ Urna y DJ Lápida también animaban, de alguna u otra forma Lucio había logrado darle un matiz menos tétrico a los que están en el negocio de despacharnos al infinito.
Saliendo rascado hasta las metras a golpe de 9 de la mañana hacia el cementerio cargando atrás con un muerto, Lucio escuchaba a todo volumen alguna canción de Misfits, aquella carroza fúnebre además de ser anaranjada y tener una sirena en el techo poseía un motor 8 cilindros en V que la hacían rugir por la autopista, Lucio distraído olvidó cerrar la compuerta de atrás, de pronto volteó a ver por el retrovisor y se dio cuenta que la caja volaba cual misil por el contaminado aire capitalino. El carajazo contra el parabrisas de un carro último modelo no se hizo esperar, Lucio clavó los frenos de inmediato, se bajó y constató que la caja había traspasado el vidrio del carro conducido por Gabriel Mendoza, en plena autopista y con carros que pasaban mientras gritaban chistes de mal gusto Lucio auxilió a Mendoza a bajarse del carro, el muerto se había salido de la caja y estaba sentadito de copiloto, después de cerciorarse que Mendoza estaba bien y de meter al muerto nuevamente en la destrozada caja, Lucio ofreció pagar por todo aquello, Gabriel Mendoza, lo miró a los ojos y le dijo "mira, hay una sola forma que me pagues, yo paso esta noche por la funeraria y te digo", se montó en su escoñetado carro y se fue. Lucio prosiguió su camino hacia el cementerio y luego esperó con ansiedad por Mendoza.
Caminando por uno de los jardines de la casa fúnebre, Gabriel Mendoza le explicaba a Lucio como debía pagarle, Lucio al principio se mostraba reacio a llevar a cabo el plan de Mendoza pero después de unos minutos decidió que mientras todo se mantuviera en secreto esa podía ser una forma de aumentar las ganancias de la funeraria. Mendoza se fue a su casa en donde se recostó en su cama, pegó un grito y cerró los ojos. La esposa de Gabriel lo encontró allí gris y sin color, no le quedó más remedio que aceptar el hecho y llamó a la funeraria para hacer los arreglos pertinentes. En la oficina Lucio esperaba la llamada, se subió a la carroza y buscó a Mendoza, una vez en la funeraria lo maquilló con cuidado y lo vistió de pordiosero.
Entrada la noche se armó el peo en la funeraria, una rumba descomunal, caña y comida, la animación de DJ Oscuridad y unas cuantas damas de compañía para alegrar a los dolientes. A golpe de 4 de la mañana y con los presentes borrachos, Lucio se acercó al ataúd y dijo que debía arreglar un poco al difunto pues se estaba descomponiendo muy rápido. Una vez en el cuartico de maquillaje, Gabriel Mendoza se paró de la caja y le dio un abrazo a Lucio, "coño pana, excelente, todo el mundo se comió el cuento, ahora si voy a ser libre de verdad". Lucio volvió con la caja cerrada e indicó que la misma debería permanecer así pues el cadáver no se encontraba en buen estado. Por la mañana enterraron la caja vacía y de regreso a la funeraria Lucio dejó a Gabriel en el aeropuerto para que se fuera a vivir lejos de todo aquello que lo agobiaba.
Un viejito se le acercó a Lucio y le entregó una sustanciosa suma de dinero, le explicó que deseaba vivir sus últimos días en las Bahamas, lejos de todo, jodiendo y echando vaina, Lucio cumplió su parte y lo maquilló a la perfección, una rumba más, una pea más y otro viaje al aeropuerto para enviar al viejito a la felicidad. No solamente ahora Lucio velaba y enterraba gente sino que también ofrecía servicios de desaparición para hombres ladillados de sus vidas. Los clientes siguieron llegando, Lucio maquillando y las fiestas andando, un entierro aquí y otro más allá, la vida y la muerte eran felicidad. Lucio no tenía familia, su padre había muerto, su única allegada era Marisela Muñoz, su asistente en la funeraria, y que había aprendido de Lucio el arte del maquillaje y de la decepción. Sus amigos, no eran más que personas interesadas en la rumba de aquella casa, en la fiesta de la muerte, en la felicidad de la desaparición.
Una noche Lucio salía de la funeraria cuando fue interceptado por un carro con vidrios ahumados, adentro se encontraba un famoso político de esos que cagan la existencia de un país, el hombre que se encontraba inmerso en un escándalo gigante solicitó a Lucio que le ayudase a desaparecer fingiendo su muerte. Lucio dudó en este caso, pero al ver el cheque pesado que le colocaron en las manos accedió a realizar la charada. El político se bajó del carro, uno de sus guardaespaldas lo hizo explotar y así extinguieron su vida. En la funeraria la caja con el hombre chamuscado por el maquillaje perfecto no dejaba la menor duda que el mismo había muerto quemado en el supuesto atentado. La rumba se prendió como era de costumbre, luces, bailes, bebidas y lujuria colmaron la escena. A golpe de 5 de la mañana Lucio agarró el ataúd y se lo llevó hacia adentro, el político se paró y así quemadito como estaba se fue corriendo a perderse en la vida. La caja vacía recibió santa sepultura, Lucio hecho mierda como siempre por la autopista en su carroza fúnebre pensaba en todo aquello, luego de fumarse un cigarrito decidió que era hora de acabar con su propia existencia.
Llamó a Marisela y le dijo que se fuera para la funeraria que tenía cosas importantes que hablar con ella. Una vez allí le explicó que estaba cansado de aquella vida ajetreada y que el también iba a fingir su muerte, ella lo maquillaría e informaría a esas personas que asiduamente rumbeaban en la funeraria que él había pasado a mejor vida. Con dedicación y esmero Marisela maquilló a Lucio, se metió en su caja y espero el momento indicado. La rumba se prendió tal cual como se esperaba, mucha gente se preguntaba que pasaría con todo aquello después de la repentina muerte de Lucio. Las personas se acercaban a la caja y Lucio de vez en cuando y para joder abría un ojo o movía las manos para ver la reacción de los presentes.
Acostado en su lecho, Lucio vio como una mujer lo veía con detenimiento y trató de mover las manos para asustarla, las manos no se movieron, intentó de mil maneras y no había forma de moverlas, con la respiración cortada, trató de abrir los ojos y no pudo, sus piernas se encontraban más pesadas que nunca, intentó gritar y la voz no salía, a lo lejos escuchaba la música de DJ Sepulcro y apenas olfateaba el whiskey que era servido en su propia fiesta. Poco a poco se fue apagando hasta que su ritmo cardíaco disminuyó hasta su mínima expresión y dejó de existir.
Marisela se acercó a la caja y susurró para si misma "lo embalsamé en vida y ni cuenta se dio, ahora el negocio de la muerte es mío"…..
Monday, November 28, 2005
Tuesday, November 22, 2005
Comunicaciones
Darío José Pineda Bóveda nació en Caracas como cualquier otro muchacho de la capital, hijo del magnate de las comunicaciones Rubén Pineda Molten y de una de sus tantas amantes nunca le faltó nada durante su infancia. A pesar de crecer con la figura de un padre que le veía unas dos veces al mes y que enviaba regalos por doquier para apaciguar la falta de la figura paterna, Darío no enfrentó los traumas naturales de un muchacho en esas condiciones, a pesar que su madre hablaba mal de su padre y su padre simplemente no miraba a su madre. Pineda Bóveda siempre se mantuvo interesado por los negocios de su padre, desde muy niño se decía a si mismo que él algún día sería ese señor acaudalado y al que todos le rendían pleitesía por el simple y fútil hecho de tener una cuenta con varias cifras.
Al graduarse de bachiller su padre lo montó en el poderoso jet privado que poseía, un Gulfstream V para los curiosos, y lo envío a estudiar a Chicago en donde Darío se formó en las artes administrativas y de las comunicaciones. Aferrado a la idea que sería el sucesor de su padre pues sus otros hermanastros se habían dedicado a joder y a disfrutar de la buena vida, Darío se graduó como el mejor estudiante de su clase, de inmediato saltó a otra universidad en donde realizó estudios de postgrado igualmente siendo excelso en los mismos. Pineda Bóveda como cualquier otro muchacho de su edad conoció a una bella norteamericana a la cual con unos cuantos cuentos chinos y unos regalitos caros convenció para que fuera su novia.
Una noche sentado en su lujoso apartamento en Philadelphia, en donde realizaba el postgrado, mientras jugaba con su X-Box, Darío sintió la necesidad de ver a la linda muchachita que se encontraba haciendo su pre-grado y que debía permanecer encerrada en los dormitorios de la universidad so pena de ser expulsada. Sin pensarlo dos veces bajó a la caseta telefónica situada al frente de su apartamento, combatiendo el frío y el viento llamó a la universidad de su novia y le informó al guardia de seguridad con voz tranquila y pausada que había una bomba en la residencia número 5 y que lo mejor que podían hacer era evacuar el edificio para salvar las vidas de todos aquellos estudiantes. Igualmente acreditó la amenaza a un grupo llamado "Chichiriviche" el cual protestaba por la tala de árboles y la matanza de marmotas para hacer pieles. El Pobre guardia gringo que al escuchar "Chichiriviche" y no entender un carajo, se cagó en los pantalones ipso facto no dudó en activar la alarma mientras llamaba a bomberos, SWAT, policías, comandos anti-terroristas y la tintorería abierta 24 horas para llevar los pantalones llenos de heces fecales.
Darío se apersonó en el sitio, disfrutando todo el peo que había armado, sintiéndose libre y capaz de hacer lo que le viniera en gana, con cuidado se le acercó a su novia que entre el frío y el terror causado por la alarma a golpe de 11 de la noche temblaba sentada en una acera al frente de la universidad. Susurrándole al oído cualquier mariquera la abrazó y le dijo que había salido corriendo al ver en las noticias la amenaza de bomba, con la misma sacó un anillo de su bolsillo y se lo colocó en su dedo a la vez que pronunciaba las palabras mágicas. La muchacha con lágrimas en los ojos aceptó ser la señora de Pineda de inmediato. Darío observó con cuidado el terror en las caras de las personas de la residencia, mariposas revolotearon en su estómago y besó con pasión a la muchacha que acaba de aceptar ser su compañera de vida.
En Caracas y con esposa nueva, apartamento nuevo, carros nuevos y todo nuevo Darío comenzó a trabajar de inmediato en la empresa lider de las comunicaciones. Su padre lo hizo su mano derecha de inmediato y le entregó carta blanca para hacer y deshacer con la empresa. El viejo confiaba en su inteligente retoño y no dudó ni un minuto para comenzar su retiro gradual de la poderosa compañía. Sentado en su enorme silla de cuero vinotinto y mientras se bebía un whiskey Darío marcó el número de su casa, la voz emocionada de su esposa reveló que un pequeño ser venía en camino. Pineda Bóveda fingió estar alegre por la noticia y le dijo a su esposa que en la noche celebrarían, que lamentaba no poder hablar más pero se encontraba ocupado cerrando una transacción importantísima que no admitía ningún tipo de espera o distracción. Colgó el auricular y subió al piso 20 de la Torre Pineda, allí en el centro de telecomunicaciones de la empresa conversó pausadamente con uno de los ingenieros que laboraban en el recinto. Entró a un cuartico privado y tomó el respondedor de un avanzado equipo de comunicaciones, colocó ciertos datos en una pantalla cercana y se limitó a esperar, de pronto una voz al otro lado dijo "buenas tardes, Clínica Botaforro", "Mi nombre es Pedrag Janikowicz, representante del Ejército Patriota Yugoslavo, hemos soltado una bacteria letal en los quirófanos de esa porquería, pronto se regará por todo el hospital prepárense a morir!!!!!!!!!!!!!!!
Sin perder tiempo se dirigió a la clínica para ver el caos que había formado, allí entre policías, bomberos, medios de comunicación y gente corriendo alarmada identificó a una interesante mujer que corría despavorida, la paró en seco y le sacó un anillo y se lo puso en el dedo. La dama asustada y sin entender de que se trataba todo aquello trató de seguir corriendo, Darío la tomó por el brazo y la besó. Una sonora cachetada retumbó al son de las sirenas y gritos, Darío la volvió a besar, la mujer más dócil se entregó cual chivito huérfano al beso de Darío, sin dejarla hablar Darío le pidió que fuera su mujer por el resto de los días. La dama sin entender aún le dio su número de teléfono, se quedó con el anillo, lo volvió a besar y se fue gritando por la calle. A las dos horas Darío la llamó, la mujer ya calmada accedió a cenar esa noche con Pineda Bóveda, con algo de cuentos rusos y una mirada penetrante Darío convenció a la dama para irse a un apartamento, ahí le entregó las llaves del mismo y le dijo que ahora era de ella, la dama sorprendida se le guindó cual koala y le estampó un beso, sin lugar a dudas las historias de hadas existen pensó la esbelta mujer.
En su casa, Darío conversaba con su esposa acerca del nuevo miembro de la familia, al parecer eso no se encontraba entre los planes, pero Darío manejó la situación con entereza y se limitó a sonreír y hablar de lo maravilloso que sería la presencia de un pequeñuelo retozando por el apartamento. Con dudas en su mente apoyó su cabeza en la almohada, su esposa dormía placidamente a su lado, las cosas no iban muy bien y parecía improbable que la mujer hubiera salido embarazada, con un mar de pensamientos cruzados concilió el sueño solamente para despertarse durante toda la noche con la intermitencia de un bombillo que se niega a morir.
A la mañana siguiente y luego de salir de compras con su esposa para apertrecharse de enseres para el nuevo pequeñín, Darío se fue al trabajo. Por semanas y meses se dedicó a trabajar cual hormiga, en las noches visitaba el apartamento de la dama esbelta y le llevaba regalos. Luego a su casa con más regalos para su mujer y el nuevo bebé próximo a llegar. La rutina de esos días, semanas, meses se apoderó de Darío. Finalmente el niño nació, Darío Rubén le llamaron y la vida continuó su andar regular. Sentado en el cuartico privado situado en el piso 20 de la Torre Pineda, Darío introdujo unos datos en la pantalla, tomó el respondedor y esperó, "buenos días, Aviasol", "si buenas señorita, mi nombre es Lucas Pedro Valbuena, solo llamo para informarle que su vuelo # 112 con destino a Porlamar explotará en pocos minutos".
Embalado por la autopista Caracas-La Guaira Darío silbaba alguna opereta que en algún momento había escuchado, estacionó su vehículo y se dirigió a la puerta de salidas del terminal nacional, allí un revuelo sensacional colmaba el ambiente, haciéndose el loco preguntó que pasaba y le informaron de inmediato, con una sonrisa oculta y con mariposas en el estómago se paró a esperar a los pasajeros que salían del vuelo que supuestamente sería siniestrado. Divisó a una linda muchacha de unos 25 años y la abordó, sacándose un anillo del bolsillo se lo entregó a la todavía pálida damicela, le ofreció llevarla a la casa pero en cambio la llevó a un lujoso apartamento, le entregó las llaves del mismo y la besó apasionadamente, la pobre niña que no entendía un carajo se limitó a seguirle el juego y se entregó por completo. Lo único que alcanzó a decir antes que Darío saliera por la puerta fue "no me vayas a romper el corazón".
Pasaron unos meses, es más creo que años, y el pequeño Darío Rubén seguía creciendo, los negocios bien como siempre y la vida de Darío se manejaba entre su trabajo, sus damas apartamentales, como las llamaba él, y mantener feliz a su esposa con regalos caros y uno que otro acto que demostrara algo de afecto para no extinguir la llama por completo. Sentado en el cuartico privado tomó un teléfono y llamó a la oficina de su padre, colocando un pañuelo en el auricular y con voz fingida dijo "viejo de mierda, no te muevas, tu silla está cargada con C-4, un solo movimiento y vas a ser carne molida", del otro lado la respiración entrecortada del ya anciano Pineda Molten se escuchaba a todo dar, el golpeado corazón se movía dando saltos sin ritmo y la vida de aquel anciano se escapaba sin aviso. Darío bajó hasta la oficina de su padre quien con mucho cuidado le había informado a su secretaria de lo que estaba pasando, entraron a la oficina del mismo y Darío sacó un anillo el cual le puso a la secretaria en el dedo, el pobre viejo que no entendía nada de aquello, y al ver que Darío besaba a una de sus amantes largó un último suspiro y dejó de existir para siempre. Después de recoger el cadáver, Darío se llevó a la secretaria a un lujoso apartamento, le entregó las llaves y le dijo "ahora eres mi secretaria", sonrío y se fue a su tour habitual de apartamentos para finalmente llegar a su casa.
Darío Rubén ya tenía siete años, Pineda Bóveda todavía inseguro acerca de su paternidad miraba con recelo a su esposa que simplemente seguía allí por la comodidad que representaba ser la compañera de aquel magnate. Un día como cualquier otro Darío estaba en su oficina cuando sonó el teléfono, una voz infantil dijo "hola papi, creo que mami está muerta". El corazón de Darío aceleró a su máxima expresión, la adrenalina se hizo cargo de sus sentidos, con rapidez se subió a su poderoso carro y metió el pie hasta el fondo, embalado por la autopista no lograba ordenar sus pensamientos, de pronto un camión lleno de vigas se interpuso en su camino, el frenazo, el coñazo y la vida. En aquel asiento de cuero yacía el cuerpo sin vida de Darío José Pineda Bóveda, los mirones se agolpaban, la policía y una ambulancia hicieron su entrada, tapado con una sábana blanca descansaba Darío, al poco tiempo apareció un carro último modelo, del mismo se bajaron una señora y un infante, la mujer en llanto tendido se acercó al destrozado carro, el niñito miraba unos pasos más atrás, la mamá del niño lo tomó de la mano y le dijo "ven hijo, para que le des un último adiós a tu padre", el pequeño se acercó y susurró al oído del cuerpo inerte "todavía tienes dudas de que soy tu hijo?
Al graduarse de bachiller su padre lo montó en el poderoso jet privado que poseía, un Gulfstream V para los curiosos, y lo envío a estudiar a Chicago en donde Darío se formó en las artes administrativas y de las comunicaciones. Aferrado a la idea que sería el sucesor de su padre pues sus otros hermanastros se habían dedicado a joder y a disfrutar de la buena vida, Darío se graduó como el mejor estudiante de su clase, de inmediato saltó a otra universidad en donde realizó estudios de postgrado igualmente siendo excelso en los mismos. Pineda Bóveda como cualquier otro muchacho de su edad conoció a una bella norteamericana a la cual con unos cuantos cuentos chinos y unos regalitos caros convenció para que fuera su novia.
Una noche sentado en su lujoso apartamento en Philadelphia, en donde realizaba el postgrado, mientras jugaba con su X-Box, Darío sintió la necesidad de ver a la linda muchachita que se encontraba haciendo su pre-grado y que debía permanecer encerrada en los dormitorios de la universidad so pena de ser expulsada. Sin pensarlo dos veces bajó a la caseta telefónica situada al frente de su apartamento, combatiendo el frío y el viento llamó a la universidad de su novia y le informó al guardia de seguridad con voz tranquila y pausada que había una bomba en la residencia número 5 y que lo mejor que podían hacer era evacuar el edificio para salvar las vidas de todos aquellos estudiantes. Igualmente acreditó la amenaza a un grupo llamado "Chichiriviche" el cual protestaba por la tala de árboles y la matanza de marmotas para hacer pieles. El Pobre guardia gringo que al escuchar "Chichiriviche" y no entender un carajo, se cagó en los pantalones ipso facto no dudó en activar la alarma mientras llamaba a bomberos, SWAT, policías, comandos anti-terroristas y la tintorería abierta 24 horas para llevar los pantalones llenos de heces fecales.
Darío se apersonó en el sitio, disfrutando todo el peo que había armado, sintiéndose libre y capaz de hacer lo que le viniera en gana, con cuidado se le acercó a su novia que entre el frío y el terror causado por la alarma a golpe de 11 de la noche temblaba sentada en una acera al frente de la universidad. Susurrándole al oído cualquier mariquera la abrazó y le dijo que había salido corriendo al ver en las noticias la amenaza de bomba, con la misma sacó un anillo de su bolsillo y se lo colocó en su dedo a la vez que pronunciaba las palabras mágicas. La muchacha con lágrimas en los ojos aceptó ser la señora de Pineda de inmediato. Darío observó con cuidado el terror en las caras de las personas de la residencia, mariposas revolotearon en su estómago y besó con pasión a la muchacha que acaba de aceptar ser su compañera de vida.
En Caracas y con esposa nueva, apartamento nuevo, carros nuevos y todo nuevo Darío comenzó a trabajar de inmediato en la empresa lider de las comunicaciones. Su padre lo hizo su mano derecha de inmediato y le entregó carta blanca para hacer y deshacer con la empresa. El viejo confiaba en su inteligente retoño y no dudó ni un minuto para comenzar su retiro gradual de la poderosa compañía. Sentado en su enorme silla de cuero vinotinto y mientras se bebía un whiskey Darío marcó el número de su casa, la voz emocionada de su esposa reveló que un pequeño ser venía en camino. Pineda Bóveda fingió estar alegre por la noticia y le dijo a su esposa que en la noche celebrarían, que lamentaba no poder hablar más pero se encontraba ocupado cerrando una transacción importantísima que no admitía ningún tipo de espera o distracción. Colgó el auricular y subió al piso 20 de la Torre Pineda, allí en el centro de telecomunicaciones de la empresa conversó pausadamente con uno de los ingenieros que laboraban en el recinto. Entró a un cuartico privado y tomó el respondedor de un avanzado equipo de comunicaciones, colocó ciertos datos en una pantalla cercana y se limitó a esperar, de pronto una voz al otro lado dijo "buenas tardes, Clínica Botaforro", "Mi nombre es Pedrag Janikowicz, representante del Ejército Patriota Yugoslavo, hemos soltado una bacteria letal en los quirófanos de esa porquería, pronto se regará por todo el hospital prepárense a morir!!!!!!!!!!!!!!!
Sin perder tiempo se dirigió a la clínica para ver el caos que había formado, allí entre policías, bomberos, medios de comunicación y gente corriendo alarmada identificó a una interesante mujer que corría despavorida, la paró en seco y le sacó un anillo y se lo puso en el dedo. La dama asustada y sin entender de que se trataba todo aquello trató de seguir corriendo, Darío la tomó por el brazo y la besó. Una sonora cachetada retumbó al son de las sirenas y gritos, Darío la volvió a besar, la mujer más dócil se entregó cual chivito huérfano al beso de Darío, sin dejarla hablar Darío le pidió que fuera su mujer por el resto de los días. La dama sin entender aún le dio su número de teléfono, se quedó con el anillo, lo volvió a besar y se fue gritando por la calle. A las dos horas Darío la llamó, la mujer ya calmada accedió a cenar esa noche con Pineda Bóveda, con algo de cuentos rusos y una mirada penetrante Darío convenció a la dama para irse a un apartamento, ahí le entregó las llaves del mismo y le dijo que ahora era de ella, la dama sorprendida se le guindó cual koala y le estampó un beso, sin lugar a dudas las historias de hadas existen pensó la esbelta mujer.
En su casa, Darío conversaba con su esposa acerca del nuevo miembro de la familia, al parecer eso no se encontraba entre los planes, pero Darío manejó la situación con entereza y se limitó a sonreír y hablar de lo maravilloso que sería la presencia de un pequeñuelo retozando por el apartamento. Con dudas en su mente apoyó su cabeza en la almohada, su esposa dormía placidamente a su lado, las cosas no iban muy bien y parecía improbable que la mujer hubiera salido embarazada, con un mar de pensamientos cruzados concilió el sueño solamente para despertarse durante toda la noche con la intermitencia de un bombillo que se niega a morir.
A la mañana siguiente y luego de salir de compras con su esposa para apertrecharse de enseres para el nuevo pequeñín, Darío se fue al trabajo. Por semanas y meses se dedicó a trabajar cual hormiga, en las noches visitaba el apartamento de la dama esbelta y le llevaba regalos. Luego a su casa con más regalos para su mujer y el nuevo bebé próximo a llegar. La rutina de esos días, semanas, meses se apoderó de Darío. Finalmente el niño nació, Darío Rubén le llamaron y la vida continuó su andar regular. Sentado en el cuartico privado situado en el piso 20 de la Torre Pineda, Darío introdujo unos datos en la pantalla, tomó el respondedor y esperó, "buenos días, Aviasol", "si buenas señorita, mi nombre es Lucas Pedro Valbuena, solo llamo para informarle que su vuelo # 112 con destino a Porlamar explotará en pocos minutos".
Embalado por la autopista Caracas-La Guaira Darío silbaba alguna opereta que en algún momento había escuchado, estacionó su vehículo y se dirigió a la puerta de salidas del terminal nacional, allí un revuelo sensacional colmaba el ambiente, haciéndose el loco preguntó que pasaba y le informaron de inmediato, con una sonrisa oculta y con mariposas en el estómago se paró a esperar a los pasajeros que salían del vuelo que supuestamente sería siniestrado. Divisó a una linda muchacha de unos 25 años y la abordó, sacándose un anillo del bolsillo se lo entregó a la todavía pálida damicela, le ofreció llevarla a la casa pero en cambio la llevó a un lujoso apartamento, le entregó las llaves del mismo y la besó apasionadamente, la pobre niña que no entendía un carajo se limitó a seguirle el juego y se entregó por completo. Lo único que alcanzó a decir antes que Darío saliera por la puerta fue "no me vayas a romper el corazón".
Pasaron unos meses, es más creo que años, y el pequeño Darío Rubén seguía creciendo, los negocios bien como siempre y la vida de Darío se manejaba entre su trabajo, sus damas apartamentales, como las llamaba él, y mantener feliz a su esposa con regalos caros y uno que otro acto que demostrara algo de afecto para no extinguir la llama por completo. Sentado en el cuartico privado tomó un teléfono y llamó a la oficina de su padre, colocando un pañuelo en el auricular y con voz fingida dijo "viejo de mierda, no te muevas, tu silla está cargada con C-4, un solo movimiento y vas a ser carne molida", del otro lado la respiración entrecortada del ya anciano Pineda Molten se escuchaba a todo dar, el golpeado corazón se movía dando saltos sin ritmo y la vida de aquel anciano se escapaba sin aviso. Darío bajó hasta la oficina de su padre quien con mucho cuidado le había informado a su secretaria de lo que estaba pasando, entraron a la oficina del mismo y Darío sacó un anillo el cual le puso a la secretaria en el dedo, el pobre viejo que no entendía nada de aquello, y al ver que Darío besaba a una de sus amantes largó un último suspiro y dejó de existir para siempre. Después de recoger el cadáver, Darío se llevó a la secretaria a un lujoso apartamento, le entregó las llaves y le dijo "ahora eres mi secretaria", sonrío y se fue a su tour habitual de apartamentos para finalmente llegar a su casa.
Darío Rubén ya tenía siete años, Pineda Bóveda todavía inseguro acerca de su paternidad miraba con recelo a su esposa que simplemente seguía allí por la comodidad que representaba ser la compañera de aquel magnate. Un día como cualquier otro Darío estaba en su oficina cuando sonó el teléfono, una voz infantil dijo "hola papi, creo que mami está muerta". El corazón de Darío aceleró a su máxima expresión, la adrenalina se hizo cargo de sus sentidos, con rapidez se subió a su poderoso carro y metió el pie hasta el fondo, embalado por la autopista no lograba ordenar sus pensamientos, de pronto un camión lleno de vigas se interpuso en su camino, el frenazo, el coñazo y la vida. En aquel asiento de cuero yacía el cuerpo sin vida de Darío José Pineda Bóveda, los mirones se agolpaban, la policía y una ambulancia hicieron su entrada, tapado con una sábana blanca descansaba Darío, al poco tiempo apareció un carro último modelo, del mismo se bajaron una señora y un infante, la mujer en llanto tendido se acercó al destrozado carro, el niñito miraba unos pasos más atrás, la mamá del niño lo tomó de la mano y le dijo "ven hijo, para que le des un último adiós a tu padre", el pequeño se acercó y susurró al oído del cuerpo inerte "todavía tienes dudas de que soy tu hijo?
Tuesday, November 15, 2005
Mentiras
Mentira: dícese de aquella vaina que inventamos para joder a media humanidad sin darnos cuenta que nos estamos auto-empalando.
Leopoldo Mendivi Otero nació en el seno de una familia pudiente de la Caracas palpitante. Su infancia como cualquiera dentro de su medio transcurrió sin problemas y llena de diversión. Mendivi siempre fue flojo o eso hacía creer a sus semejantes, botado de varios colegios terminó estudiando en un liceo militar en un país del norte del hemisferio. Con el pelo al rape y más flaco que nunca comenzó a estudiar en la Universidad de Iowa la carrera de Ingeniería Agrónoma. Realmente nunca nadie entendió de donde carajo le había salido a Leopoldo el amor por el campo pero su padre lo complació pagando sus estudios con tal que el alocado muchacho no jodiera en Caracas más de lo debido.
Mendivi pasó sin pena ni gloria por la universidad. Estudiante mediocre y sin muchos deseos de superación se pasaba las tardes en una granja a las afueras del campus universitario en donde conversaba largas horas con un viejo con sombrero que sembraba maíz y papas, además de agarrar para fiesta a la catirita hija del viejo con quien se mantenía a tono en cuestiones de relaciones amorosas. Luego de deambular en el norte por varios meses y no conseguir ni un trabajo de medio tiempo regresó a Caracas y sin muchos pretextos le indicó a su padre que el quería dedicarse a la siembra de hortalizas, granos y demás actividades del campo. Su último día en Iowa lo pasó con el viejo granjero y su hija, el viejo al despedirse entregó un sobre con unas semillas en su interior a Leopoldo, le entregó un pequeño tubérculo e hizo que lo comiera, le dio un abrazo y se alejó adentrándose en los campos sembrados de maíz.
Después de los típicos sermones y llantos maternos por la decisión de Leopoldito, su padre acaudalado pero sin ánimos de seguir remando contra la corriente perdió todas las esperanzas de poder meter al muchacho en el negocio familiar. Ladillado de las vainas de aquel muchacho decidió comprarle un terruño en el Estado Apure y contrató dos ingenieros agrónomos, un psiquiatra, tres capataces, quince peones y dos cocineras para que cuidaran y ayudaran a Leopoldo a perseguir su sueño. En cuestión de pocos meses y con todo ese tren de ayudantes Leopoldito tenía montada una hacienda fantástica que ya empezaba a rendir sus frutos.
Una bella siembra de maíz criollo y otra de lechozas deslumbraban en el bello paisaje llanero. Tractores iban y venían, el sonido de los sistemas de riego de alta tecnología surcaban el aire cual sinfonía compuesta por un maestro. Patillas y naranjas, papas y cebollas eran algunos de los productos que se habían sembrado y que eran consentidos a diario para lograr la máxima capacidad de producción posible. Sin lugar a dudas con los contactos de la familia y las técnicas de primera utilizadas allí la inversión del padre de Leopoldo pronto daría frutos, y mientras Leopoldo estuviera escondido en Apure las cosas en Caracas fluían con facilidad.
Todas las noches antes de dormirse Leopoldo entraba a un cuartico que se encontraba al lado de su habitación. Allí con cuidado y a solas estudiaba con dedicación y recelo unas pequeñas plantas, más bien retoños que sobresalían en unos potecitos marrones perfectamente alineados y que se encontraban clasificados en "blancas", "simpaticonas" y "mortíferas". Unas goticas de agua y algo de abono seguían el proceso, unas cuantas anotaciones en una libreta y una sonrisa al final de la laboriosa jornada.
En el pequeño cuarto dentro de la residencia principal de la hacienda Leopoldo estaba sentado observando unos pequeños retoños. La puerta sonó y Mendivi realizó unas anotaciones con rapidez y escondió la libreta en una gaveta a la cual le pasó llave de inmediato. Se aproximó a la puerta y la abrió, una de las cocineras le traía la cena que tomó en sus manos y volvió a trancar la puerta. Mordiendo un trozo de pan Leopoldo gritó por dentro "carajo lo conseguí, el viejo tenía razón, logré sembrar la primera mentira en tierra venezolana", "ahora si que nadie me puede joder, es solo cuestión de buscarse la gente que quiera comprarlas". Leopoldito no solo gozó a la catira hija del viejo, sin decirle nada a nadie se dedicó a estudiar uno de los secretos más guardados de la Vía Láctea, la siembra de mentiras, las mentiras no son fáciles de decir, mucho menos construir, y que mejor solución que una mentira que crezca en la tierra y que se pueda echar para lograr su fin a la perfección.
A la mañana siguiente Leopoldo desenterró la primera mentira, con cuidado la limpió quitándole la tierra, allí en su mano reposaba la bella mentirita blanca que serviría para probar si efectivamente se trataba de mentiras viables. Con sumo cuidado se dirigió a la oficina de uno de los ingenieros agrónomos que le ayudaban en las labores de la hacienda y que había insistido hasta el cansancio en preguntar acerca de que se trataba todo aquel experimento secreto. Leopoldo se metió la mentira en la boca y la masticó, un sabor extraño inundó sus papilas gustativas pero siguió su camino, parado al frente del ingeniero le dijo "Oye Carlos, ya te puedo decir de que se trata el experimento, no es más que unos bonsáis enanos que tienen poderes curativos y que he estado trabajando en ellos desde la universidad, pero es algo privado y bueno quisiera respeto y discreción", el ingeniero quien había dudado por meses sobre aquel experimento se limitó a sonreír y a decir "ya me estaba asustando, ahora si me quedo tranquilo Leopoldo". Leopoldo quien no había planeado nada de aquello quedo sorprendido por la facilidad con que la mentira había salido de su boca, igualmente la cara de convencimiento en el ingeniero le reafirmaba que el viejo aquel en Iowa tenía razón, la verdad causa estragos, la mentira los olvida.
La afamada actriz recogió su mentira para hacerle creer a su público que su carrera no estaba acabada y que regresaría con fuerzas. Se metió la mentira en la boca y se la tragó. Al día siguiente ofrecía una rueda de prensa para enfrentar a la prensa y desmentir todos aquellos rumores que circundaban su exitosa carrera. Con el director de moda a su lado, y a quien le había mentido prometiéndole favores sexuales, mintió nuevamente informando que esta nueva película sería todo un éxito por la calidad del guión y por su promesa de demostrar que no estaba acabada. Calmó todos los dimes y diretes acerca de su adicción a las metadonas diciendo que solo se trataba de una adicción sana a los salvavidas de color verde, los representantes de la prensa embelezados por la manera natural y concisa con que la actriz respondía las preguntas le creyeron catapultándola de nuevo a la fama universal.
Aquel hombre exitoso, amigo de su familia, conocido por todos tenía un pequeño problema, su esposa e hijos sospechaban desde hacía años que el distinguido doctor era un montador de cachos profesional. Después de meterse en su boca y chuparse la mentira por un rato, el doctor se sentó a cenar en la excelsa mesa de su mansión, su esposa e hijos comían tranquilamente cuando el hombre les dirigió unas palabras. "Entiendo que me consideran un mal esposo y mal padre pues nunca estoy en casa, además las habladurías de la gente acerca de mis conductas amorales me tienen ya cansado, yo lo que he hecho es trabajar, por eso llego tarde, los paseos en el yate son para atraer clientes y los viajes de negocios sin el más mínimo placer. Así pues me permito repartirles la herencia en vida, aquí están sus respectivos cheques, disfruten y por favor dejen de juzgarme". Los familiares al ver las exorbitantes cantidades de los cheques comenzaron a llorar, dando las gracias y pidiendo disculpas por haber juzgado al hombre, la esposa se limitó a decir, "disculpa Jorge, yo pensando que andabas por allí y tu trabajando para darnos este regalo."
La muchacha embarazada en una noche de copas contactó a Leopoldo, de alguna manera tendría que mentir para que en su casa no la crucificaran en el patio trasero. Con su vientre rechonchito se sentó en el sofá de su casa y les dio la noticia a sus padres. Con una habilidad magnífica relató como las pastillas habían quedado expuestas al sol mientras paseaba en lancha con sus amigos y las mismas se habían dañado, no era su culpa, en todo caso la del sol, o la del laboratorio que fabricaba esas pastillas, pero nunca su culpa, ella había sido muy responsable y sus padres debían creerle, de esta forma todos abrazados lloraron y prometieron darle su apoyo. En el baño de su casa la muchacha echaba las pastillas por la poceta, la mentira había funcionado.
Un político famoso se acercó a la hacienda y Leopoldo le entregó aquella mentira que le serviría para lograr ganar las elecciones y hundir al país más de lo que estaba. El viejo zorro se comió su mentira y sintió un sabor desagradable en la boca. Parado en la tarima ante el mar de personas comenzó su discurso diciendo "Mi gobierno será una cagada, vamos a desangrar al país para el coño", el infeliz hombre no podía creer lo que salía de su boca, prosiguió "nada de ayuda a los pobres, jódanse, a mamarse un cable cuerda de inútiles", "me pienso pelear con la iglesia y con todas las instituciones decentes de esta tierra de mierda", "tengo planeado pasarle aplanadoras a todos los barrios del carajo esos", "sin lugar a dudas no hay pueblo más idiota que este así que será fácil engañarlos", "hoy por mi y mañana por mi", "voten por mi cuerda de guevones", el hombre quien no podía callarse a pesar de los esfuerzos de todos los jalabolas que lo rodeaban seguía soltando improperios a diestra y siniestra del mojón que era su plan de gobierno y de todos los planes corruptos e ineptos que se habían concebido.
En Apure, sudando y nervioso Leopoldito escuchaba aquel discurso boquiabierto, tomó el teléfono y trató de llamar a su tutor en Iowa, las comunicaciones entre Apure y Iowa no lograron ponerse de acuerdo. Soltó la bocina y se encerró en su pequeño laboratorio, revisó las notas con recelo y no entendía en donde estaba el error, nuevamente y leyó todas las libretas, en la última de ellas encontró la siguiente anotación "esta vaina no sirve para un coño, mojón de ese viejo en Iowa, destruir laboratorio", más abajo encontró la siguiente nota "me he mentido a mi mismo, nada le puedo hacer."
En una granja en Iowa un viejo reía para si mismo mientras decía "que fácil fue mentirle a Leopoldito"……
Leopoldo Mendivi Otero nació en el seno de una familia pudiente de la Caracas palpitante. Su infancia como cualquiera dentro de su medio transcurrió sin problemas y llena de diversión. Mendivi siempre fue flojo o eso hacía creer a sus semejantes, botado de varios colegios terminó estudiando en un liceo militar en un país del norte del hemisferio. Con el pelo al rape y más flaco que nunca comenzó a estudiar en la Universidad de Iowa la carrera de Ingeniería Agrónoma. Realmente nunca nadie entendió de donde carajo le había salido a Leopoldo el amor por el campo pero su padre lo complació pagando sus estudios con tal que el alocado muchacho no jodiera en Caracas más de lo debido.
Mendivi pasó sin pena ni gloria por la universidad. Estudiante mediocre y sin muchos deseos de superación se pasaba las tardes en una granja a las afueras del campus universitario en donde conversaba largas horas con un viejo con sombrero que sembraba maíz y papas, además de agarrar para fiesta a la catirita hija del viejo con quien se mantenía a tono en cuestiones de relaciones amorosas. Luego de deambular en el norte por varios meses y no conseguir ni un trabajo de medio tiempo regresó a Caracas y sin muchos pretextos le indicó a su padre que el quería dedicarse a la siembra de hortalizas, granos y demás actividades del campo. Su último día en Iowa lo pasó con el viejo granjero y su hija, el viejo al despedirse entregó un sobre con unas semillas en su interior a Leopoldo, le entregó un pequeño tubérculo e hizo que lo comiera, le dio un abrazo y se alejó adentrándose en los campos sembrados de maíz.
Después de los típicos sermones y llantos maternos por la decisión de Leopoldito, su padre acaudalado pero sin ánimos de seguir remando contra la corriente perdió todas las esperanzas de poder meter al muchacho en el negocio familiar. Ladillado de las vainas de aquel muchacho decidió comprarle un terruño en el Estado Apure y contrató dos ingenieros agrónomos, un psiquiatra, tres capataces, quince peones y dos cocineras para que cuidaran y ayudaran a Leopoldo a perseguir su sueño. En cuestión de pocos meses y con todo ese tren de ayudantes Leopoldito tenía montada una hacienda fantástica que ya empezaba a rendir sus frutos.
Una bella siembra de maíz criollo y otra de lechozas deslumbraban en el bello paisaje llanero. Tractores iban y venían, el sonido de los sistemas de riego de alta tecnología surcaban el aire cual sinfonía compuesta por un maestro. Patillas y naranjas, papas y cebollas eran algunos de los productos que se habían sembrado y que eran consentidos a diario para lograr la máxima capacidad de producción posible. Sin lugar a dudas con los contactos de la familia y las técnicas de primera utilizadas allí la inversión del padre de Leopoldo pronto daría frutos, y mientras Leopoldo estuviera escondido en Apure las cosas en Caracas fluían con facilidad.
Todas las noches antes de dormirse Leopoldo entraba a un cuartico que se encontraba al lado de su habitación. Allí con cuidado y a solas estudiaba con dedicación y recelo unas pequeñas plantas, más bien retoños que sobresalían en unos potecitos marrones perfectamente alineados y que se encontraban clasificados en "blancas", "simpaticonas" y "mortíferas". Unas goticas de agua y algo de abono seguían el proceso, unas cuantas anotaciones en una libreta y una sonrisa al final de la laboriosa jornada.
En el pequeño cuarto dentro de la residencia principal de la hacienda Leopoldo estaba sentado observando unos pequeños retoños. La puerta sonó y Mendivi realizó unas anotaciones con rapidez y escondió la libreta en una gaveta a la cual le pasó llave de inmediato. Se aproximó a la puerta y la abrió, una de las cocineras le traía la cena que tomó en sus manos y volvió a trancar la puerta. Mordiendo un trozo de pan Leopoldo gritó por dentro "carajo lo conseguí, el viejo tenía razón, logré sembrar la primera mentira en tierra venezolana", "ahora si que nadie me puede joder, es solo cuestión de buscarse la gente que quiera comprarlas". Leopoldito no solo gozó a la catira hija del viejo, sin decirle nada a nadie se dedicó a estudiar uno de los secretos más guardados de la Vía Láctea, la siembra de mentiras, las mentiras no son fáciles de decir, mucho menos construir, y que mejor solución que una mentira que crezca en la tierra y que se pueda echar para lograr su fin a la perfección.
A la mañana siguiente Leopoldo desenterró la primera mentira, con cuidado la limpió quitándole la tierra, allí en su mano reposaba la bella mentirita blanca que serviría para probar si efectivamente se trataba de mentiras viables. Con sumo cuidado se dirigió a la oficina de uno de los ingenieros agrónomos que le ayudaban en las labores de la hacienda y que había insistido hasta el cansancio en preguntar acerca de que se trataba todo aquel experimento secreto. Leopoldo se metió la mentira en la boca y la masticó, un sabor extraño inundó sus papilas gustativas pero siguió su camino, parado al frente del ingeniero le dijo "Oye Carlos, ya te puedo decir de que se trata el experimento, no es más que unos bonsáis enanos que tienen poderes curativos y que he estado trabajando en ellos desde la universidad, pero es algo privado y bueno quisiera respeto y discreción", el ingeniero quien había dudado por meses sobre aquel experimento se limitó a sonreír y a decir "ya me estaba asustando, ahora si me quedo tranquilo Leopoldo". Leopoldo quien no había planeado nada de aquello quedo sorprendido por la facilidad con que la mentira había salido de su boca, igualmente la cara de convencimiento en el ingeniero le reafirmaba que el viejo aquel en Iowa tenía razón, la verdad causa estragos, la mentira los olvida.
La afamada actriz recogió su mentira para hacerle creer a su público que su carrera no estaba acabada y que regresaría con fuerzas. Se metió la mentira en la boca y se la tragó. Al día siguiente ofrecía una rueda de prensa para enfrentar a la prensa y desmentir todos aquellos rumores que circundaban su exitosa carrera. Con el director de moda a su lado, y a quien le había mentido prometiéndole favores sexuales, mintió nuevamente informando que esta nueva película sería todo un éxito por la calidad del guión y por su promesa de demostrar que no estaba acabada. Calmó todos los dimes y diretes acerca de su adicción a las metadonas diciendo que solo se trataba de una adicción sana a los salvavidas de color verde, los representantes de la prensa embelezados por la manera natural y concisa con que la actriz respondía las preguntas le creyeron catapultándola de nuevo a la fama universal.
Aquel hombre exitoso, amigo de su familia, conocido por todos tenía un pequeño problema, su esposa e hijos sospechaban desde hacía años que el distinguido doctor era un montador de cachos profesional. Después de meterse en su boca y chuparse la mentira por un rato, el doctor se sentó a cenar en la excelsa mesa de su mansión, su esposa e hijos comían tranquilamente cuando el hombre les dirigió unas palabras. "Entiendo que me consideran un mal esposo y mal padre pues nunca estoy en casa, además las habladurías de la gente acerca de mis conductas amorales me tienen ya cansado, yo lo que he hecho es trabajar, por eso llego tarde, los paseos en el yate son para atraer clientes y los viajes de negocios sin el más mínimo placer. Así pues me permito repartirles la herencia en vida, aquí están sus respectivos cheques, disfruten y por favor dejen de juzgarme". Los familiares al ver las exorbitantes cantidades de los cheques comenzaron a llorar, dando las gracias y pidiendo disculpas por haber juzgado al hombre, la esposa se limitó a decir, "disculpa Jorge, yo pensando que andabas por allí y tu trabajando para darnos este regalo."
La muchacha embarazada en una noche de copas contactó a Leopoldo, de alguna manera tendría que mentir para que en su casa no la crucificaran en el patio trasero. Con su vientre rechonchito se sentó en el sofá de su casa y les dio la noticia a sus padres. Con una habilidad magnífica relató como las pastillas habían quedado expuestas al sol mientras paseaba en lancha con sus amigos y las mismas se habían dañado, no era su culpa, en todo caso la del sol, o la del laboratorio que fabricaba esas pastillas, pero nunca su culpa, ella había sido muy responsable y sus padres debían creerle, de esta forma todos abrazados lloraron y prometieron darle su apoyo. En el baño de su casa la muchacha echaba las pastillas por la poceta, la mentira había funcionado.
Un político famoso se acercó a la hacienda y Leopoldo le entregó aquella mentira que le serviría para lograr ganar las elecciones y hundir al país más de lo que estaba. El viejo zorro se comió su mentira y sintió un sabor desagradable en la boca. Parado en la tarima ante el mar de personas comenzó su discurso diciendo "Mi gobierno será una cagada, vamos a desangrar al país para el coño", el infeliz hombre no podía creer lo que salía de su boca, prosiguió "nada de ayuda a los pobres, jódanse, a mamarse un cable cuerda de inútiles", "me pienso pelear con la iglesia y con todas las instituciones decentes de esta tierra de mierda", "tengo planeado pasarle aplanadoras a todos los barrios del carajo esos", "sin lugar a dudas no hay pueblo más idiota que este así que será fácil engañarlos", "hoy por mi y mañana por mi", "voten por mi cuerda de guevones", el hombre quien no podía callarse a pesar de los esfuerzos de todos los jalabolas que lo rodeaban seguía soltando improperios a diestra y siniestra del mojón que era su plan de gobierno y de todos los planes corruptos e ineptos que se habían concebido.
En Apure, sudando y nervioso Leopoldito escuchaba aquel discurso boquiabierto, tomó el teléfono y trató de llamar a su tutor en Iowa, las comunicaciones entre Apure y Iowa no lograron ponerse de acuerdo. Soltó la bocina y se encerró en su pequeño laboratorio, revisó las notas con recelo y no entendía en donde estaba el error, nuevamente y leyó todas las libretas, en la última de ellas encontró la siguiente anotación "esta vaina no sirve para un coño, mojón de ese viejo en Iowa, destruir laboratorio", más abajo encontró la siguiente nota "me he mentido a mi mismo, nada le puedo hacer."
En una granja en Iowa un viejo reía para si mismo mientras decía "que fácil fue mentirle a Leopoldito"……
Tuesday, November 08, 2005
SH
Nací superhéroe, vine a la Tierra siendo un superhéroe, me costó aceptarlo lo reconozco, pero siempre hay un día en la vida en que internalizas lo que eres y en esa fecha comienzas a vivir, o no?, pues no estoy tan seguro si esas consideraciones demasiado trascendentales tienen cabida en la correlación de actos mundanos que se tejen para formar la existencia de los seres humanos. Llegué en una época donde aquellos que estamos llamados a proteger a los indefensos habían sido relegados a idiotas sin destino que aparecían en revistas de ilustraciones, llevando vidas ocultas y luchando con personajes que de malos tienen solo lo que la imaginación de sus ilustradores es capaz de procesar, aquí no les queda más remedio que creerme, eso no es maldad.
A todas estas me crié como cualquier otro niño normal, con algunas excepciones, pues al nacer cuando el médico me dio una palmadita para que llorara le devolví un manotazo que lo hizo soltarme, yo me dí mi primer carajazo y el se abrió el coco con la cama en donde mi madre realizaba las labores de parto. Es importante señalar que no todos los superhéroes echan rayos, vuelan o corren rápido, si bien es cierto que tenemos cualidades para realizar actos supernaturales a cada uno de nosotros se nos encomienda una misión. Todo depende de donde venga uno y que cualidades se heredan de nuestros predecesores, es complicado, no me pidan que lo explique, pues tendría que revelar secretos y poner en peligro a los guevones que como yo nacimos superhéroes.
Risueño desde pequeño, mi vida transcurrió como cualquier otra, tratando de encontrar mi verdadera vocación. No es fácil, pues uno no viene con instrucciones, hay que descubrir de que se trata todo, así un día me atropellaron cuando pensé que podía detener a un autobús que iba a pisar a una viejita cruzando la avenida Casanova, en la clínica cuando recuperé la conciencia, me di cuenta que no tenía la fuerza para detener autobuses. Otro día traté de volar del techo de mi casa al patio del vecino para rescatar una pelota, el resultado, tres huesos rotos y un buen regaño de mis padres. Igualmente les prometí a unos amigos del colegio que podía ver a través de la gaveta donde estaban guardados los exámenes del trimestre, la verdad es que no pude ver un carajo y nos clavaron a toditos.
Ya crecidito y sin encontrarle mucho sentido a todo esto, confieso que pasé horas buscando a que coño me iba a dedicar cuando cumpliera los 18 años, por demás, la edad donde los superhéroes deben empezar a realizar actos para de alguna u otra forma salvar a la humanidad. La fecha se aproximaba y traté mil y una cosas sin llegar a nada concreto, me enterré un cuchillo en una pierna a ver si era de goma y me abrí un hueco, me vestí del partido verde y me fui a un mitin de los blancos a buscar pelea y terminé con un ojo pepudo y un dolor en el costillar que aún conservo. Horas de desvelo y frustración colmaron los días anteriores a mi cumpleaños, me consideraba un superhéroe fracasado y hasta había llegado a dudar de mi condición de guardián de los desvalidos en el bello planeta Tierra.
Llegó la noche de mi cumpleaños y nada de nada, mi madre que pensaba que todavía tenía 5 años cocinó todo tipo de dulces y manjares y se encargó de invitar a todos mis amigos y conocidos. Las notas del cumpleaños feliz se escuchaban entre risas y aplausos y allí estaba yo parado en el medio de la fiesta, viendo unas velas quemarse y todavía sin descubrir para que coño servía. Soplé las velas con toda mi alma y se apagaron de inmediato, en ese momento y por arte de alguna fuerza sobrenatural lo comprendí todo.
Al venirme a dar un beso la novia de uno de mis mejores me pude dar cuenta como sus sentimientos estaban dirigidos hacia otro de mis amigos, aquello me aterró pero logre conservar la calma, a medida que todas las mujeres que se encontraban en mi casa aquel día me fueron felicitando pude ver exactamente de quien estaban enamoradas y todas las maldades que cometían en contra de la población varonil del planeta. Ese día me convertí en el protector de las almas que sufren a causa de las maldades terroríficas cometidas por las féminas en su andar devastador por la vida de los hombres.
Admito que al principio estaba más triste que el carajo, un superhéroe maricón pensaba yo, no jodas tanto esperar para ver si tenía algún poder arrecho y nada que ver, simplemente darme cuenta de los horrores que pasaban por las mentes retorcidas de las mujeres. Pero poco a poco la cosa fue tomando sentido, y con las palabras de sincero agradecimiento por parte de aquellos hombres que eran sometidos y traicionados por sus mujeres le agarré el gustico a la cosa.
Mi labor comenzó con la novia de aquel amigo que me había felicitado y que había logrado hacerme descubrir a que carajo tenía que dedicarme. Después de pasar con mis amigos la noche en una fiestita, los seguí hasta la casa de la susodicha quien se bajó del carro y en cuestión de segundos se estaba montando en otro carro con otro tipo. Sin pensarlo dos veces me les pegué atrás hasta llegar a aquel viejo motel, una vez adentro y vestido con una sábana blanca con dos huequitos en los ojos tumbé de una patada la puerta en donde la parejita mantenía su nido de amor por esa noche. La cara de sorpresa no faltó en aparecer, "no nos mate" gritó la tipa mientras el asustado hombre se tapaba sus partes íntimas como si hubiera visto un fantasma. "No estoy aquí para matar a nadie" les dije, "simplemente tu mañana vas a llamar a tu novio y le vas a decir que no le vas a seguir haciendo daño, que lo vas a dejar, se acabó la farsa en esta vaina", me saqué del bolsillo un sellito y se lo estampé en la frente, las letras "MC" acompañarían a la mujer aquella por un buen tiempo.
Seguí con mis movidas delatoras dentro del círculo de amigos, mujer que veía en andanzas raras le metía su susto y le estampaba su "MC" en la frente. Capturé a las incautas "angelitas" en el Avila, en el Parque del Este, dentro de un carro en un estacionamiento, en discotecas, bares, en sus propias casas y hasta una que tan sirverguenza le pedía el carro prestado al novio para hacer sus travesuras. A esta no solo la marqué en la frente sino que le reventé el carro a ladrillazos para que tuviera que responder también por el mismo. Uno que otro "amante" vengador trató de detenerme en mi tarea, pero debajo de mi sábana blanca llevaba una china que con garbanzos viejos hacían de mi persona un arma letal. Mujeres marcadas con su "MC" y hombres adoloridos por un garbanzo en las bolas se volvieron mi día a día.
Pasaron varios años en donde continué con mi labor, del círculo de amigos pasé a los conocidos, después a los conocidos que me pesaban y poco a poco me vi defendiendo a pobre hombres que ni sabía quienes eran ni me interesaba pero que al final del día terminaban agradeciéndome que les había quitado de encima a una que otra sanguijuela que los vivía mientras disfrutaba de otro por ahí. Existen por supuesto muchas anécdotas de mis días de gloria, entre otras, la vez que una mujer sorprendida en su acto malvado trató de confundirme y me ofreció irse conmigo a cambio que no le pusiera la "MC" en la frente, yo enfurecido, no solo le puse su vaina en la frente sino en cada nalga también. Hubo otra que al verse sorprendida comenzó a golpear al hombre de su travesura, me tuve que meter entre los dos, agarrar uno que otro carajazo, para finalmente estamparle su "MC" en la frente. Hombres violentos me echaron tiros, lámparas de motel, ceniceros, vasos, botellas y cualquier instrumento que estuviera a la mano. Muchos se preguntarán como hice para sobrevivir, pues la respuesta es difícil de conciliar en una mente humana pero yo simplemente era un superhéroe, y aunque más mortal que otros por ahí, superhéroe al fin.
Sentado en el escritorio de mi oficina, a claro es que los superhéroes tenemos que trabajar también, me encontraba concentrado en alguna idiotez de mi aburrido trabajo como ser humano, subí la mirada y estaba parada allí, "Hola soy Yrma" me dijo con su voz tranquila, yo cerciorándome que me hablaban a mi y no a un atracador que se había parado atrás de mi escritorio logré devolver el saludo, de inmediato sentí como esta pequeña damita pensaba en mí, "que cagada" pensé "un alma pura, cero vainas raras por ahí, y no se le ocurre otra cosa que pensar en mí". Después de una breve conversación cerré la puerta de mi oficina y allí solo como siempre había estado comprendí que hasta los superhéroes de vez en cuando de cuando en vez sentimos algo.
Consciente del peligro que significa para un superhéroe caer en las redes de una fémina, le di vueltas a mi cabeza durante días mientras hacía mi pequeño trabajo de reafirmar que efectivamente Yrma me deseaba con locura. "Pero como coño?, me preguntaba "si nunca le miré, es que yo no miro a nadie, eso lo acepté hace tiempo, yo estoy aquí para otras cosas, no para jugar los juegos humanos." Como todo superhéroe que se respete pues me envalentoné e hice que Yrma cayera tendida, rendida y sin derecho a pataleo. No hay nada peor que un superhéroe enamorado, uno se pone pendejo, idiota y guevón. Por un tiempo jugué a ser humano y me permití libertades que usualmente no había experimentado a lo largo de mi existencia. Mi temor era que algún día a Yrma le diera por pensar en otro y yo sin compasión tendría que meterle su "MC" por la frente.
Sentados en un bello parque de la ciudad mentí al decirle que no la amaba, ella quien dejaba escapar unas lágrimas sinceras no entendía el por qué de mi decisión repentina y radical. De un brinco me paré y saqué mi sello, poniéndome como pude mi sábana blanca corrí hasta detrás de un árbol y le estampé el mismo a una tipa que se besaba con alguien que obviamente no era el que debía estar allí. Hoy en día aún la veo, y me sorprendo al sentir que todavía piensa en mí y en más nadie. Es solo que no puedo arriesgarme, es solo una historia más en la vida de un superhéroe…
A todas estas me crié como cualquier otro niño normal, con algunas excepciones, pues al nacer cuando el médico me dio una palmadita para que llorara le devolví un manotazo que lo hizo soltarme, yo me dí mi primer carajazo y el se abrió el coco con la cama en donde mi madre realizaba las labores de parto. Es importante señalar que no todos los superhéroes echan rayos, vuelan o corren rápido, si bien es cierto que tenemos cualidades para realizar actos supernaturales a cada uno de nosotros se nos encomienda una misión. Todo depende de donde venga uno y que cualidades se heredan de nuestros predecesores, es complicado, no me pidan que lo explique, pues tendría que revelar secretos y poner en peligro a los guevones que como yo nacimos superhéroes.
Risueño desde pequeño, mi vida transcurrió como cualquier otra, tratando de encontrar mi verdadera vocación. No es fácil, pues uno no viene con instrucciones, hay que descubrir de que se trata todo, así un día me atropellaron cuando pensé que podía detener a un autobús que iba a pisar a una viejita cruzando la avenida Casanova, en la clínica cuando recuperé la conciencia, me di cuenta que no tenía la fuerza para detener autobuses. Otro día traté de volar del techo de mi casa al patio del vecino para rescatar una pelota, el resultado, tres huesos rotos y un buen regaño de mis padres. Igualmente les prometí a unos amigos del colegio que podía ver a través de la gaveta donde estaban guardados los exámenes del trimestre, la verdad es que no pude ver un carajo y nos clavaron a toditos.
Ya crecidito y sin encontrarle mucho sentido a todo esto, confieso que pasé horas buscando a que coño me iba a dedicar cuando cumpliera los 18 años, por demás, la edad donde los superhéroes deben empezar a realizar actos para de alguna u otra forma salvar a la humanidad. La fecha se aproximaba y traté mil y una cosas sin llegar a nada concreto, me enterré un cuchillo en una pierna a ver si era de goma y me abrí un hueco, me vestí del partido verde y me fui a un mitin de los blancos a buscar pelea y terminé con un ojo pepudo y un dolor en el costillar que aún conservo. Horas de desvelo y frustración colmaron los días anteriores a mi cumpleaños, me consideraba un superhéroe fracasado y hasta había llegado a dudar de mi condición de guardián de los desvalidos en el bello planeta Tierra.
Llegó la noche de mi cumpleaños y nada de nada, mi madre que pensaba que todavía tenía 5 años cocinó todo tipo de dulces y manjares y se encargó de invitar a todos mis amigos y conocidos. Las notas del cumpleaños feliz se escuchaban entre risas y aplausos y allí estaba yo parado en el medio de la fiesta, viendo unas velas quemarse y todavía sin descubrir para que coño servía. Soplé las velas con toda mi alma y se apagaron de inmediato, en ese momento y por arte de alguna fuerza sobrenatural lo comprendí todo.
Al venirme a dar un beso la novia de uno de mis mejores me pude dar cuenta como sus sentimientos estaban dirigidos hacia otro de mis amigos, aquello me aterró pero logre conservar la calma, a medida que todas las mujeres que se encontraban en mi casa aquel día me fueron felicitando pude ver exactamente de quien estaban enamoradas y todas las maldades que cometían en contra de la población varonil del planeta. Ese día me convertí en el protector de las almas que sufren a causa de las maldades terroríficas cometidas por las féminas en su andar devastador por la vida de los hombres.
Admito que al principio estaba más triste que el carajo, un superhéroe maricón pensaba yo, no jodas tanto esperar para ver si tenía algún poder arrecho y nada que ver, simplemente darme cuenta de los horrores que pasaban por las mentes retorcidas de las mujeres. Pero poco a poco la cosa fue tomando sentido, y con las palabras de sincero agradecimiento por parte de aquellos hombres que eran sometidos y traicionados por sus mujeres le agarré el gustico a la cosa.
Mi labor comenzó con la novia de aquel amigo que me había felicitado y que había logrado hacerme descubrir a que carajo tenía que dedicarme. Después de pasar con mis amigos la noche en una fiestita, los seguí hasta la casa de la susodicha quien se bajó del carro y en cuestión de segundos se estaba montando en otro carro con otro tipo. Sin pensarlo dos veces me les pegué atrás hasta llegar a aquel viejo motel, una vez adentro y vestido con una sábana blanca con dos huequitos en los ojos tumbé de una patada la puerta en donde la parejita mantenía su nido de amor por esa noche. La cara de sorpresa no faltó en aparecer, "no nos mate" gritó la tipa mientras el asustado hombre se tapaba sus partes íntimas como si hubiera visto un fantasma. "No estoy aquí para matar a nadie" les dije, "simplemente tu mañana vas a llamar a tu novio y le vas a decir que no le vas a seguir haciendo daño, que lo vas a dejar, se acabó la farsa en esta vaina", me saqué del bolsillo un sellito y se lo estampé en la frente, las letras "MC" acompañarían a la mujer aquella por un buen tiempo.
Seguí con mis movidas delatoras dentro del círculo de amigos, mujer que veía en andanzas raras le metía su susto y le estampaba su "MC" en la frente. Capturé a las incautas "angelitas" en el Avila, en el Parque del Este, dentro de un carro en un estacionamiento, en discotecas, bares, en sus propias casas y hasta una que tan sirverguenza le pedía el carro prestado al novio para hacer sus travesuras. A esta no solo la marqué en la frente sino que le reventé el carro a ladrillazos para que tuviera que responder también por el mismo. Uno que otro "amante" vengador trató de detenerme en mi tarea, pero debajo de mi sábana blanca llevaba una china que con garbanzos viejos hacían de mi persona un arma letal. Mujeres marcadas con su "MC" y hombres adoloridos por un garbanzo en las bolas se volvieron mi día a día.
Pasaron varios años en donde continué con mi labor, del círculo de amigos pasé a los conocidos, después a los conocidos que me pesaban y poco a poco me vi defendiendo a pobre hombres que ni sabía quienes eran ni me interesaba pero que al final del día terminaban agradeciéndome que les había quitado de encima a una que otra sanguijuela que los vivía mientras disfrutaba de otro por ahí. Existen por supuesto muchas anécdotas de mis días de gloria, entre otras, la vez que una mujer sorprendida en su acto malvado trató de confundirme y me ofreció irse conmigo a cambio que no le pusiera la "MC" en la frente, yo enfurecido, no solo le puse su vaina en la frente sino en cada nalga también. Hubo otra que al verse sorprendida comenzó a golpear al hombre de su travesura, me tuve que meter entre los dos, agarrar uno que otro carajazo, para finalmente estamparle su "MC" en la frente. Hombres violentos me echaron tiros, lámparas de motel, ceniceros, vasos, botellas y cualquier instrumento que estuviera a la mano. Muchos se preguntarán como hice para sobrevivir, pues la respuesta es difícil de conciliar en una mente humana pero yo simplemente era un superhéroe, y aunque más mortal que otros por ahí, superhéroe al fin.
Sentado en el escritorio de mi oficina, a claro es que los superhéroes tenemos que trabajar también, me encontraba concentrado en alguna idiotez de mi aburrido trabajo como ser humano, subí la mirada y estaba parada allí, "Hola soy Yrma" me dijo con su voz tranquila, yo cerciorándome que me hablaban a mi y no a un atracador que se había parado atrás de mi escritorio logré devolver el saludo, de inmediato sentí como esta pequeña damita pensaba en mí, "que cagada" pensé "un alma pura, cero vainas raras por ahí, y no se le ocurre otra cosa que pensar en mí". Después de una breve conversación cerré la puerta de mi oficina y allí solo como siempre había estado comprendí que hasta los superhéroes de vez en cuando de cuando en vez sentimos algo.
Consciente del peligro que significa para un superhéroe caer en las redes de una fémina, le di vueltas a mi cabeza durante días mientras hacía mi pequeño trabajo de reafirmar que efectivamente Yrma me deseaba con locura. "Pero como coño?, me preguntaba "si nunca le miré, es que yo no miro a nadie, eso lo acepté hace tiempo, yo estoy aquí para otras cosas, no para jugar los juegos humanos." Como todo superhéroe que se respete pues me envalentoné e hice que Yrma cayera tendida, rendida y sin derecho a pataleo. No hay nada peor que un superhéroe enamorado, uno se pone pendejo, idiota y guevón. Por un tiempo jugué a ser humano y me permití libertades que usualmente no había experimentado a lo largo de mi existencia. Mi temor era que algún día a Yrma le diera por pensar en otro y yo sin compasión tendría que meterle su "MC" por la frente.
Sentados en un bello parque de la ciudad mentí al decirle que no la amaba, ella quien dejaba escapar unas lágrimas sinceras no entendía el por qué de mi decisión repentina y radical. De un brinco me paré y saqué mi sello, poniéndome como pude mi sábana blanca corrí hasta detrás de un árbol y le estampé el mismo a una tipa que se besaba con alguien que obviamente no era el que debía estar allí. Hoy en día aún la veo, y me sorprendo al sentir que todavía piensa en mí y en más nadie. Es solo que no puedo arriesgarme, es solo una historia más en la vida de un superhéroe…
Thursday, November 03, 2005
Guerra
A todos nos llega la hora de ir a la guerra. El planeta lo reclama, la sociedad lo exige, las hormonas lo regulan. Tarde o temprano llega, sin avisar, se mueve con rapidez a través del viento, penetra y domina la razón. No tiene pasiones y sabe donde vivimos, nos lleva, nos arrastra, nos consume, nos acaba. Afloran los miedos, el mundo no se ve igual, las horas son eternas y la espera sin igual. A todos nos llega la hora de ir a la guerra, el temor de no regresar por siempre nos va a acompañar.
Para Juan Mariano Rivas la cosa no fue diferente, a él también le llegó su turno de servir, de pagar por el hecho de ser humano, de sufrir en carne propia los horrores del dolor. En una mañana de verano allí estaba parado con su uniforme, rodeado de otros que como él habían sentido la necesidad de alistarse. Todos jóvenes y llenos de ilusiones, con deseos que desbordan por doquier, con la convicción y creencia que lo racional terminará por hacerse de cargo de aquella locura temporal y la existencia volverá a la normalidad para seguir el cause que ha sido trazado para ella desde el comando de operaciones.
La transición de niño a hombre en cuestión de minutos no es nada fácil, simplemente llega y hay que asumirla, aceptarla, internalizarla, siendo esto nada más que una mentira mal contada pues asumir lo que conlleva terror per se no es tarea fácil en el esquema de los seres humanos. Aquí no hay manual, no hay leyes y aunque mucho han escrito los autores no es más que un intento fallido en tratar de darle forma a otro de los tantos misterios que dominan el curso normal de la vida. Asignado a un pelotón, Juan Mariano aún tenía serias dudas sobre que era todo aquello que estaba pasando, en su interior y afuera de él, órdenes iban y venían, el revuelo clásico del comienzo de una campaña más, el principio de un fin seguro que solo dejaría cicatrices.
Montado en aquel poderoso C-130 el soldado Rivas esperaba la orden para saltar al vacío, para internarse en lo desconocido. Sintió el frío viento de la noche en su cara, sus huesos se estremecieron, pensó en su madre y en la tranquilidad de su niñez, intentó calmarse dándose una respuesta que pusiera parches momentáneos a sus miedos. El paracaídas se abrió y Juan Mariano surcaba la oscura noche, abajo la densa selva le esperaba, pero mientras tanto el soldado Rivas flotaba y lo disfrutaba, nunca antes había sentido esa sensación, ver el mundo desde allá arriba, su corazón palpitaba con fuerza, la mezcla de sentimientos nuevos y desconocidos lo hacían apasionante, la tierra se acercaba con velocidad y finalmente la tocó.
"Ay coño" dijo Juan Mariano al doblarse el tobillo, de inmediato lo mandaron a callar, una vez liberado del paracaídas y con el pesado morral a cuestas el jefe del pelotón reunió a sus hombres y les impartió todas las instrucciones para conseguir el primer objetivo. Moverse sigilosamente por el río y llegar a la desembocadura en donde armarían una torre de radio para establecer un punto de comunicaciones. Cojeando y con dolor en su tobillo Juan Mariano caminaba y se arrastraba por el terreno fangoso y húmedo, finalmente y después de varias horas de tensa calma llegaron al lugar indicado y procedieron a armar el equipo. El enemigo estaba identificado y ahora ya contaban con una manera de comunicarse a través de la selva.
Después de montar el campamento y de recibir unas cuantas instrucciones más Juan Mariano cayó rendido. Soñó con un sin fin de historias sin sentido y a la mañana siguiente al levantarse se dijo a si mismo "esto como que no es tan difícil". A pesar de estar parado sobre aquella tierra caliente Juan Mariano no lograba olvidar la sensación del flotar, esa que le había invadido la noche anterior y que le acompañaría a lo largo de la travesía. El próximo paso no sería tan fácil, el enemigo estaba consciente de la presencia de seres hostiles en su círculo de acción y sin lugar a dudas repelería cualquier intento por apoderarse de su tan preciado territorio.
Caminando por la selva tupida y con un calor desesperante el pelotón se dirigía a tratar de tomar por sorpresa un puesto de combate del enemigo. De pronto una gran explosión sorprendió a Juan Mariano, un soldado que caminaba unos metros más allá voló por los aires al pisar una mina cayendo despedazado y sin vida. Una serie de pensamientos sin sentido y veloces pasaron por la mente del soldado Rivas. Sin mucho tiempo para ordenar ideas las balas comenzaron a invadir el espacio, al suelo, pecho en tierra, y a buscar donde cubrirse, Juan Mariano perdió la calma por unos segundos pero la voz del jefe del pelotón le ayudó a normalizar su ritmo cardíaco y accionar su rifle en contra del enemigo.
Intensas horas de presión y soledad, el sonido sórdido de las municiones que tratan de acabar con tu existencia y el horror en las caras de los heridos en combate. Explosiones de granadas y morteros, el olor a pólvora en el aire, la desesperación propia del momento. El fuego continuó por un tiempo más, que es un tiempo en la vida de un soldado?, finalmente la voz segura del jefe gritó "tomemos por el asalto el puesto, ya están disminuidos". En cuestión de segundos dos explosiones, varios gritos de horror y la tranquilidad de la victoria. Juan Mariano volvió a sentir que flotaba, los soldados muertos, las expresiones de terror y el calor agudo no importaban en ese momento de conquista, avanzar a toda costa en pos del objetivo final.
La guerra te da tiempo de encontrarte, es solo que usualmente te encuentras con lo que no conocías de ti mismo y da paso al miedo, por otro lado te brinda la oportunidad de pensar, de pensar en todo aquello que eres capaz de hacer y en las cosas que anhelas con pasión. Los sueños se avivan, la imaginación vuela, Juan Mariano flotaba, flotaba en ese espacio donde se mezclan lo desconocido con lo nuevo, en donde los niños se transforman y los sentimientos descubren que la razón es su enemiga principal.
Con intenso dolor en su tobillo Juan Mariano solo pensaba en la próxima confrontación, el soldado Rivas flotaba, seducido por aquel juego de la muerte. Escondidos en la selva frente a un pequeño caserío se escucharon los estruendos de las bombas que venían del cielo, con rapidez y precisión los soldados avanzaron, algunos cayendo víctimas de una bala que por obra del destino decidía juguetear en el aire impactando el cuerpo de algún humano que osaba atravesarse en su camino. El arrase fue total, el caserío prendido en fuego solo mostraba su alma desnuda y penetrada, Juan Mariano flotaba nuevamente, la misión iba cobrando forma, era solo cuestión de seguir recorriendo los caminos y de tocar los botones correctos.
Comunicaciones iban y venían, encuentros furtivos con el enemigo, algunas minas que acababan con la vida de algún insignificante soldado, alguna bala que rozaba el casco. Juan Mariano flotaba, viendo como el horror a su alrededor no podía detenerle, este juego de la guerra cada día le gustaba más, lo enviciaba, lo envolvía, lo atrapaba y le hacía delirar. El enemigo era parte de su vida, siempre ahí, presente, vivo, respirando, manteniendo la imaginación a mil por hora para buscar nuevas formas, nuevas maneras, nuevas técnicas, era solo cuestión de esperar.
Avanzando por la selva en día de lluvia y humedad agobiante el pelotón casi llegaba a su objetivo final. Luego de una larga espera y de uno que otro momento de tensión por pequeñas trampas colocadas por el enemigo el día del ataque final había llegado. Juan Mariano aún flotando, esta vez decidido, seguro de si mismo, escuchaba con atención las instrucciones, la fortuna tenía que sonreírle, después de todo aquello, de todas esas noches de desvelo, de conversaciones imaginarias, de crueldad y ternura, de dolor y alegría.
El ataque comenzó como cualquier otro, lo usual, las balas, la destrucción, el terror, gritos desgarradores, el pelotón continuaba avanzando a pesar de los duros golpes que recibía. Varias minas explotaron mermando la capacidad de aquel escuadrón, fueron cayendo como barajitas, uno a uno, la vida se escapaba en segundos, Juan Mariano flotaba en su desesperación, miraba a un lado y al otro, la soledad se hacía cargo de todo, un último grito por parte del jefe detuvo a Juan Mariano en seco, un grito de muerte, el soldado Rivas solo ante aquel enemigo bajó su rifle y se arrodilló pidiendo clemencia, una bala atravesó su corazón.
"Juan Mariano, Juan Mariano estás ahí?" decía la bella muchacha de ojos azulados, "me estas escuchando?, que te pasa?. Juan Mariano subió la mirada, "te estoy diciendo que no, no Juan Mariano, no me gustas para nada, yo no quiero nada contigo, nada que ver, somos amigos no lo entiendes?, repetía una y otra vez la dulce niña, "si no me vas a contestar me voy, tu y tus locuras, venirme a decir que me quieres, cero uno contigo Juan Mariano, amigos somos amigos no lo comprendes?. Juan Mariano volvió a bajar la mirada, Juan Mariano ya no flotaba…
Para Juan Mariano Rivas la cosa no fue diferente, a él también le llegó su turno de servir, de pagar por el hecho de ser humano, de sufrir en carne propia los horrores del dolor. En una mañana de verano allí estaba parado con su uniforme, rodeado de otros que como él habían sentido la necesidad de alistarse. Todos jóvenes y llenos de ilusiones, con deseos que desbordan por doquier, con la convicción y creencia que lo racional terminará por hacerse de cargo de aquella locura temporal y la existencia volverá a la normalidad para seguir el cause que ha sido trazado para ella desde el comando de operaciones.
La transición de niño a hombre en cuestión de minutos no es nada fácil, simplemente llega y hay que asumirla, aceptarla, internalizarla, siendo esto nada más que una mentira mal contada pues asumir lo que conlleva terror per se no es tarea fácil en el esquema de los seres humanos. Aquí no hay manual, no hay leyes y aunque mucho han escrito los autores no es más que un intento fallido en tratar de darle forma a otro de los tantos misterios que dominan el curso normal de la vida. Asignado a un pelotón, Juan Mariano aún tenía serias dudas sobre que era todo aquello que estaba pasando, en su interior y afuera de él, órdenes iban y venían, el revuelo clásico del comienzo de una campaña más, el principio de un fin seguro que solo dejaría cicatrices.
Montado en aquel poderoso C-130 el soldado Rivas esperaba la orden para saltar al vacío, para internarse en lo desconocido. Sintió el frío viento de la noche en su cara, sus huesos se estremecieron, pensó en su madre y en la tranquilidad de su niñez, intentó calmarse dándose una respuesta que pusiera parches momentáneos a sus miedos. El paracaídas se abrió y Juan Mariano surcaba la oscura noche, abajo la densa selva le esperaba, pero mientras tanto el soldado Rivas flotaba y lo disfrutaba, nunca antes había sentido esa sensación, ver el mundo desde allá arriba, su corazón palpitaba con fuerza, la mezcla de sentimientos nuevos y desconocidos lo hacían apasionante, la tierra se acercaba con velocidad y finalmente la tocó.
"Ay coño" dijo Juan Mariano al doblarse el tobillo, de inmediato lo mandaron a callar, una vez liberado del paracaídas y con el pesado morral a cuestas el jefe del pelotón reunió a sus hombres y les impartió todas las instrucciones para conseguir el primer objetivo. Moverse sigilosamente por el río y llegar a la desembocadura en donde armarían una torre de radio para establecer un punto de comunicaciones. Cojeando y con dolor en su tobillo Juan Mariano caminaba y se arrastraba por el terreno fangoso y húmedo, finalmente y después de varias horas de tensa calma llegaron al lugar indicado y procedieron a armar el equipo. El enemigo estaba identificado y ahora ya contaban con una manera de comunicarse a través de la selva.
Después de montar el campamento y de recibir unas cuantas instrucciones más Juan Mariano cayó rendido. Soñó con un sin fin de historias sin sentido y a la mañana siguiente al levantarse se dijo a si mismo "esto como que no es tan difícil". A pesar de estar parado sobre aquella tierra caliente Juan Mariano no lograba olvidar la sensación del flotar, esa que le había invadido la noche anterior y que le acompañaría a lo largo de la travesía. El próximo paso no sería tan fácil, el enemigo estaba consciente de la presencia de seres hostiles en su círculo de acción y sin lugar a dudas repelería cualquier intento por apoderarse de su tan preciado territorio.
Caminando por la selva tupida y con un calor desesperante el pelotón se dirigía a tratar de tomar por sorpresa un puesto de combate del enemigo. De pronto una gran explosión sorprendió a Juan Mariano, un soldado que caminaba unos metros más allá voló por los aires al pisar una mina cayendo despedazado y sin vida. Una serie de pensamientos sin sentido y veloces pasaron por la mente del soldado Rivas. Sin mucho tiempo para ordenar ideas las balas comenzaron a invadir el espacio, al suelo, pecho en tierra, y a buscar donde cubrirse, Juan Mariano perdió la calma por unos segundos pero la voz del jefe del pelotón le ayudó a normalizar su ritmo cardíaco y accionar su rifle en contra del enemigo.
Intensas horas de presión y soledad, el sonido sórdido de las municiones que tratan de acabar con tu existencia y el horror en las caras de los heridos en combate. Explosiones de granadas y morteros, el olor a pólvora en el aire, la desesperación propia del momento. El fuego continuó por un tiempo más, que es un tiempo en la vida de un soldado?, finalmente la voz segura del jefe gritó "tomemos por el asalto el puesto, ya están disminuidos". En cuestión de segundos dos explosiones, varios gritos de horror y la tranquilidad de la victoria. Juan Mariano volvió a sentir que flotaba, los soldados muertos, las expresiones de terror y el calor agudo no importaban en ese momento de conquista, avanzar a toda costa en pos del objetivo final.
La guerra te da tiempo de encontrarte, es solo que usualmente te encuentras con lo que no conocías de ti mismo y da paso al miedo, por otro lado te brinda la oportunidad de pensar, de pensar en todo aquello que eres capaz de hacer y en las cosas que anhelas con pasión. Los sueños se avivan, la imaginación vuela, Juan Mariano flotaba, flotaba en ese espacio donde se mezclan lo desconocido con lo nuevo, en donde los niños se transforman y los sentimientos descubren que la razón es su enemiga principal.
Con intenso dolor en su tobillo Juan Mariano solo pensaba en la próxima confrontación, el soldado Rivas flotaba, seducido por aquel juego de la muerte. Escondidos en la selva frente a un pequeño caserío se escucharon los estruendos de las bombas que venían del cielo, con rapidez y precisión los soldados avanzaron, algunos cayendo víctimas de una bala que por obra del destino decidía juguetear en el aire impactando el cuerpo de algún humano que osaba atravesarse en su camino. El arrase fue total, el caserío prendido en fuego solo mostraba su alma desnuda y penetrada, Juan Mariano flotaba nuevamente, la misión iba cobrando forma, era solo cuestión de seguir recorriendo los caminos y de tocar los botones correctos.
Comunicaciones iban y venían, encuentros furtivos con el enemigo, algunas minas que acababan con la vida de algún insignificante soldado, alguna bala que rozaba el casco. Juan Mariano flotaba, viendo como el horror a su alrededor no podía detenerle, este juego de la guerra cada día le gustaba más, lo enviciaba, lo envolvía, lo atrapaba y le hacía delirar. El enemigo era parte de su vida, siempre ahí, presente, vivo, respirando, manteniendo la imaginación a mil por hora para buscar nuevas formas, nuevas maneras, nuevas técnicas, era solo cuestión de esperar.
Avanzando por la selva en día de lluvia y humedad agobiante el pelotón casi llegaba a su objetivo final. Luego de una larga espera y de uno que otro momento de tensión por pequeñas trampas colocadas por el enemigo el día del ataque final había llegado. Juan Mariano aún flotando, esta vez decidido, seguro de si mismo, escuchaba con atención las instrucciones, la fortuna tenía que sonreírle, después de todo aquello, de todas esas noches de desvelo, de conversaciones imaginarias, de crueldad y ternura, de dolor y alegría.
El ataque comenzó como cualquier otro, lo usual, las balas, la destrucción, el terror, gritos desgarradores, el pelotón continuaba avanzando a pesar de los duros golpes que recibía. Varias minas explotaron mermando la capacidad de aquel escuadrón, fueron cayendo como barajitas, uno a uno, la vida se escapaba en segundos, Juan Mariano flotaba en su desesperación, miraba a un lado y al otro, la soledad se hacía cargo de todo, un último grito por parte del jefe detuvo a Juan Mariano en seco, un grito de muerte, el soldado Rivas solo ante aquel enemigo bajó su rifle y se arrodilló pidiendo clemencia, una bala atravesó su corazón.
"Juan Mariano, Juan Mariano estás ahí?" decía la bella muchacha de ojos azulados, "me estas escuchando?, que te pasa?. Juan Mariano subió la mirada, "te estoy diciendo que no, no Juan Mariano, no me gustas para nada, yo no quiero nada contigo, nada que ver, somos amigos no lo entiendes?, repetía una y otra vez la dulce niña, "si no me vas a contestar me voy, tu y tus locuras, venirme a decir que me quieres, cero uno contigo Juan Mariano, amigos somos amigos no lo comprendes?. Juan Mariano volvió a bajar la mirada, Juan Mariano ya no flotaba…
Wednesday, November 02, 2005
Casada
Saliendo del médico para chequear mis niveles de adrenalina pude constatar que se encontraban muy bajos, los guerreros de la divinidad, como yo, necesitamos mantener el corazón latiendo a toda mecha, pero no latiendo fuerte mientras se flota pensando como un idiota en cualquier romance que terminará inscrito en los anales de las relaciones no consumadas. Los que hemos nacido así necesitamos poder palpar en nuestros paladares el sabor inequívoco de la sequedad extrema que provocan esas sensaciones que solo se experimentan pocas veces a lo largo de la existencia.
A la mañana siguiente y después de una noche de revisar mis cuadernos forrados de fieltro en donde mantengo mis notas secretas de "cosas por hacer" decidí llevar a cabo uno de mis experimentos, confieso que estaba indeciso, una de mis opciones era vestirme de policía peatonal y dedicarme a amargarle la existencia a cuanto conductor me diera la gana poniendo multas imaginarias y haciendo tomar el test de nivel de alcohol hasta dejarlos sin aliento. La otra opción y por la cual me terminé decidiendo era buscar un trabajo, identificar una mujer casada y tumbarle el marido solo para después dejarla con la finalidad de escribir una historia para mi libro anecdótico de las vivencias de un loco de nacimiento.
Vestido de flux y corbata imprimí un Currículum Vitae y me subí en mi carrito por puesto que me llevaría al Metro para poder repartir mi hoja de vida por ahí. Debo reconocer que gracias a la ladilla incansable que me montaron mis padres no solo tenía mi carrera sino dos postgrados en el exterior, conseguir trabajo sin lugar a dudas resultaría una tarea ardua pero al final con un poco de labia chimba, algo de conocimientos que se me pegaron en la universidad y una actitud entusiasta y alegre algo saldría por allí.
Caminé como un loquito, nada difícil para mi, no es lo mismo ser cuerdo y caminar como loco, que ser loco y caminar sin parar, paseé en ascensores, repartí chocolates a todas las recepcionistas para que no echaran en la basura mi hoja de vida y al menos se la llevaran a la persona encargada de recursos humanos dándome una ventaja considerable sobre todos aquellos infelices que solo entregarían su currículo sin entregar dulces. Cansado después de la ardua tarea me senté a tomar una Coca-Cola mientras pensaba en todas las cosas lindas que le iba a decir a esa desconocida que trabajaba en algún lugar de la metrópolis y que pronto sería mía o más bien eso creería ella.
Milagrosamente las llamadas para entrevistarme no tardaron en llegar, así nuevamente vestido de traje y con una sonrisa de comercial me dirigí a la primera entrevista. Sentado con la gerente de recursos humanos enfrente escuché con atención todo lo que se esperaba de mí y las bondades de la empresa. La dama de recursos humanos cuestionaba con sorpresa que como era posible que una persona con mis credenciales se encontrara descansando en su hogar, yo sin pensarlo mucho culpé a la tasa de desempleo y por supuesto a la viveza de querer obtener los servicios de alguien preparado a cambio de un vaso de leche y dos cesta tickets. Una vez que me explicaron todo el cuento la dama me dijo "tiene alguna pregunta?, yo le dije "si, en efecto, quisiera saber si aquí en la empresa hay mujeres casadas?, la tipa de recursos humanos que lo había escuchado todo menos mi pregunta totalmente desconcertante alcanzó a balbucear "y eso por qué?, no entiendo su pregunta". Yo con mi habilidad para dormir serpientes y convencer a un ciego de tirarse por una montaña esquiando le expliqué que existían teorías que demostraban que la gente casada trabajaba con más afán pues sentían la responsabilidad en sus hombros de una manera distinta a los solteros. La sorprendida mujer me dijo que iba a investigar sobre el tema pero que igual la empresa necesitaba de alguien como yo con urgencia y que simplemente empezara a trabajar cuando quisiera. Ni corto ni perezoso le dije "pues empiezo ya, y por cierto usted está casada?. La gerente asintió con la cabeza así como diciendo en su lenguaje de señas "jodida pero acostumbrada."
Sentado en mi puesto de trabajo prendí el computador y puse cara seria para que creyeran que estaba ocupadísimo, después de quince minutos me paré y le di una vuelta completa a la oficina en donde me fui presentando y averiguándole la vida a todas las mujeres que allí laboraban. Ya sentado nuevamente en mi oficina había identificado las posibles candidatas para mi ocioso experimento, finalmente y después de volver a recorrer la oficina a vuelo raso decidí que la víctima sería una atractiva mujer de unos 29 años, cabello rojo pintado, ojos azules y una pinta de estar más ladillada del marido que yo de mis voces internas.
Con sutileza me acerqué a su oficina y entablé una conversación de esas que parecen tontas pero que van destinadas a averiguar con precisión el abc de la vida de una persona. Después de un rato hablando la invité a almorzar a lo que respondió que estaba muy ocupada y que me avisaría cuando tuviera un tiempito libre. Al día siguiente volví a tratar obteniendo la misma respuesta y me dije "coño Policarpio estas perdiendo habilidades", vas a tener que aplicar otra técnica. Me la topé en el pasillo y pude ver en sus ojos la confianza esa de "me levanté a este guevón", yo con discreción saludé y seguí de largo sin cruzar otra palabra. No hay nada más macabro para la existencia de una fémina que ver con tristeza como el banquete que se estaba dando con un tipo atrás ha llegado a su fin. Paciente y tranquilo esperé por varios días hasta que finalmente apareció la susodicha diciendo "bueno te olvidaste del almuerzo o que?
Cagado de la risa internamente pero con cara de culo por afuera respondí que no me gustaba fastidiar ni perseguir a nadie y que por supuesto no se me había olvidado el almuerzo solo que había estado ocupado en algunas cosas de la empresa. "Entonces? dijo la dama "vamos hoy?, "si, si, como no, a la una paso por tu oficina" contesté. Allí en la comodidad de mi oficina recordé que no hay mujeres imposibles sino mujeres mal tratadas, es solo cuestión de aplicar la técnica correcta mi querido Policarpio me decía mientras saboreaba un sorbo de Coca-Cola bien fría.
Sentados en la mesa de un interesante restaurant observaba con detenimiento a la esculpida dama que sin ningún tipo de pena me atacaba con sus encantos. Yo calmado como siempre escuchaba sus historias y todo su intento por venderse, la dejé hablar de ella y de ella y un poco más de ella, hasta que finalmente le dije "y tu no eres casada?,. El semblante de la dama cambió de inmediato, "y como sabes?, "bueno mi estimada usted misma me lo dijo cuando nos conocimos", la voz de la mujer cambió y dijo "ay si, es que se me olvidan las cosas, es que ese marido mío, no se, yo de verdad no se que hacer". Sin yo decir nada la dama soltó toda una cuerda de letanías de lo difícil y desastroso que era su matrimonio, haciendo énfasis en lo malos que eran los hombres sin siquiera darse cuenta que yo por lo menos hasta donde sabía seguía haciendo pipí parado, después de recorrer los momentos más felices y más horribles que había pasado al lado de aquel monstruo me dijo "y tu que me cuentas?, yo la verdad ya estaba atolondrado pero convencido que podría hacer algo para salvar a la pobre dama de su desastroso lazo matrimonial, y me limité a decir que teníamos que volver al trabajo pues se hacía tarde.
Haciendo uso de todos mis encantos ataqué sin piedad a la susodicha, la agobiada damicela fácilmente cayó en mis cuentos chinos y mis promesas de un futuro mejor. Unas flores y unas noticas que había sacado de una página de Internet aunado a unas frases que me leí en una novela de Corín Tellado hicieron que la mujer flotara nuevamente. Varios almuerzos y unos zarcillos que encontré en una bolsa de piñata que había traído mi hermanito y que hice ver reales con una mezcla de barniz fueron conquistando a la bella damicela. Una vez que pude constatar que había caído tendida en mis redes desplegué mi plan maestro.
La invité a cenar y por el otro lado invité al marido también al mismo sitio haciendo uso de la cuenta de e-mail de ella, en el correo electrónico le decía al marido que se preparara porque esa noche se tornaría llena de fuego y pasiones. Llegué temprano a la cita y me senté a esperar muy tranquilo. En pocos minutos apareció radiante la bella dama y se sentó frente a mi. Sin dejarla decir nada saqué un cactus enano y se lo puse en la mesa, "para ti mi bella dama", la sorprendida muchacha mirando para todos lados sonrío forzadamente y me lo agradeció. Después de contarme algunas cosas la interrumpí y le dije "tu sabes que yo me tiro unos peos olorosísimos no?, la mujer que no entendía como el lord inglés que habitaba en mi se había esfumado sonrío sin poder dejar de mostrar su disgusto por mi comentario. En el acto procedí a agarrar un pedazo de pan y decir "esta vaina esta fría" y me la metí en la parte trasera de mi pantalón me senté y luego lo saqué y dije "listo calientito, recién sacado del horno". "Pero que te pasa Policarpio, estas bebido?, que es esto?, que son esas ordinarieces?, yo sonriendo le metí un mordisco al pan y agarré la copa de agua y se la eché en la camisa mientras gritaba "ahora si, evento de camisas mojadas", la dama se paró de la silla sin saber que decir y allí me le tiré encima dándole un beso con sabor a ajo puro, desde las tres de la tarde tenía par de dientes de ajo metidos en la boca y los había chupado con dedicación. La mujer al sentir aquel sabor espantoso me alejó y me dijo "no lo puedo creer, has roto mi corazón, que patán que eres Policarpio."
En ese instante llegó el marido quien se trasladó a la mesa para encontrar a su mujer con un tipo con cara de loquito y además bañada en agua. La dama le dijo "ay Juan Pedro, perdóname, yo no se que estaba haciendo, yo te amo". El hombre que no sabía a quien soltarle una mano optó por tratar de golpearme pero hábilmente lo esquivé brincando por encima de la mesa y pegando una carrera hacia la puerta mientras gritaba "que viva el amor, que lindo es."
Sentado en el techo de mi casa me sentía feliz, había logrado que una dama desesperada y hastiada de su marido recuperara la pasión por él, al menos por un día, mirando hacia el cielo me quedé dormido, no había perdido mis habilidades de levante, había conseguido un trabajo y me pude confirmar una vez más a mi mismo que aunque la grama del vecino siempre luzca más verde nosotros conocemos los huecos de la nuestra.
A la mañana siguiente y después de una noche de revisar mis cuadernos forrados de fieltro en donde mantengo mis notas secretas de "cosas por hacer" decidí llevar a cabo uno de mis experimentos, confieso que estaba indeciso, una de mis opciones era vestirme de policía peatonal y dedicarme a amargarle la existencia a cuanto conductor me diera la gana poniendo multas imaginarias y haciendo tomar el test de nivel de alcohol hasta dejarlos sin aliento. La otra opción y por la cual me terminé decidiendo era buscar un trabajo, identificar una mujer casada y tumbarle el marido solo para después dejarla con la finalidad de escribir una historia para mi libro anecdótico de las vivencias de un loco de nacimiento.
Vestido de flux y corbata imprimí un Currículum Vitae y me subí en mi carrito por puesto que me llevaría al Metro para poder repartir mi hoja de vida por ahí. Debo reconocer que gracias a la ladilla incansable que me montaron mis padres no solo tenía mi carrera sino dos postgrados en el exterior, conseguir trabajo sin lugar a dudas resultaría una tarea ardua pero al final con un poco de labia chimba, algo de conocimientos que se me pegaron en la universidad y una actitud entusiasta y alegre algo saldría por allí.
Caminé como un loquito, nada difícil para mi, no es lo mismo ser cuerdo y caminar como loco, que ser loco y caminar sin parar, paseé en ascensores, repartí chocolates a todas las recepcionistas para que no echaran en la basura mi hoja de vida y al menos se la llevaran a la persona encargada de recursos humanos dándome una ventaja considerable sobre todos aquellos infelices que solo entregarían su currículo sin entregar dulces. Cansado después de la ardua tarea me senté a tomar una Coca-Cola mientras pensaba en todas las cosas lindas que le iba a decir a esa desconocida que trabajaba en algún lugar de la metrópolis y que pronto sería mía o más bien eso creería ella.
Milagrosamente las llamadas para entrevistarme no tardaron en llegar, así nuevamente vestido de traje y con una sonrisa de comercial me dirigí a la primera entrevista. Sentado con la gerente de recursos humanos enfrente escuché con atención todo lo que se esperaba de mí y las bondades de la empresa. La dama de recursos humanos cuestionaba con sorpresa que como era posible que una persona con mis credenciales se encontrara descansando en su hogar, yo sin pensarlo mucho culpé a la tasa de desempleo y por supuesto a la viveza de querer obtener los servicios de alguien preparado a cambio de un vaso de leche y dos cesta tickets. Una vez que me explicaron todo el cuento la dama me dijo "tiene alguna pregunta?, yo le dije "si, en efecto, quisiera saber si aquí en la empresa hay mujeres casadas?, la tipa de recursos humanos que lo había escuchado todo menos mi pregunta totalmente desconcertante alcanzó a balbucear "y eso por qué?, no entiendo su pregunta". Yo con mi habilidad para dormir serpientes y convencer a un ciego de tirarse por una montaña esquiando le expliqué que existían teorías que demostraban que la gente casada trabajaba con más afán pues sentían la responsabilidad en sus hombros de una manera distinta a los solteros. La sorprendida mujer me dijo que iba a investigar sobre el tema pero que igual la empresa necesitaba de alguien como yo con urgencia y que simplemente empezara a trabajar cuando quisiera. Ni corto ni perezoso le dije "pues empiezo ya, y por cierto usted está casada?. La gerente asintió con la cabeza así como diciendo en su lenguaje de señas "jodida pero acostumbrada."
Sentado en mi puesto de trabajo prendí el computador y puse cara seria para que creyeran que estaba ocupadísimo, después de quince minutos me paré y le di una vuelta completa a la oficina en donde me fui presentando y averiguándole la vida a todas las mujeres que allí laboraban. Ya sentado nuevamente en mi oficina había identificado las posibles candidatas para mi ocioso experimento, finalmente y después de volver a recorrer la oficina a vuelo raso decidí que la víctima sería una atractiva mujer de unos 29 años, cabello rojo pintado, ojos azules y una pinta de estar más ladillada del marido que yo de mis voces internas.
Con sutileza me acerqué a su oficina y entablé una conversación de esas que parecen tontas pero que van destinadas a averiguar con precisión el abc de la vida de una persona. Después de un rato hablando la invité a almorzar a lo que respondió que estaba muy ocupada y que me avisaría cuando tuviera un tiempito libre. Al día siguiente volví a tratar obteniendo la misma respuesta y me dije "coño Policarpio estas perdiendo habilidades", vas a tener que aplicar otra técnica. Me la topé en el pasillo y pude ver en sus ojos la confianza esa de "me levanté a este guevón", yo con discreción saludé y seguí de largo sin cruzar otra palabra. No hay nada más macabro para la existencia de una fémina que ver con tristeza como el banquete que se estaba dando con un tipo atrás ha llegado a su fin. Paciente y tranquilo esperé por varios días hasta que finalmente apareció la susodicha diciendo "bueno te olvidaste del almuerzo o que?
Cagado de la risa internamente pero con cara de culo por afuera respondí que no me gustaba fastidiar ni perseguir a nadie y que por supuesto no se me había olvidado el almuerzo solo que había estado ocupado en algunas cosas de la empresa. "Entonces? dijo la dama "vamos hoy?, "si, si, como no, a la una paso por tu oficina" contesté. Allí en la comodidad de mi oficina recordé que no hay mujeres imposibles sino mujeres mal tratadas, es solo cuestión de aplicar la técnica correcta mi querido Policarpio me decía mientras saboreaba un sorbo de Coca-Cola bien fría.
Sentados en la mesa de un interesante restaurant observaba con detenimiento a la esculpida dama que sin ningún tipo de pena me atacaba con sus encantos. Yo calmado como siempre escuchaba sus historias y todo su intento por venderse, la dejé hablar de ella y de ella y un poco más de ella, hasta que finalmente le dije "y tu no eres casada?,. El semblante de la dama cambió de inmediato, "y como sabes?, "bueno mi estimada usted misma me lo dijo cuando nos conocimos", la voz de la mujer cambió y dijo "ay si, es que se me olvidan las cosas, es que ese marido mío, no se, yo de verdad no se que hacer". Sin yo decir nada la dama soltó toda una cuerda de letanías de lo difícil y desastroso que era su matrimonio, haciendo énfasis en lo malos que eran los hombres sin siquiera darse cuenta que yo por lo menos hasta donde sabía seguía haciendo pipí parado, después de recorrer los momentos más felices y más horribles que había pasado al lado de aquel monstruo me dijo "y tu que me cuentas?, yo la verdad ya estaba atolondrado pero convencido que podría hacer algo para salvar a la pobre dama de su desastroso lazo matrimonial, y me limité a decir que teníamos que volver al trabajo pues se hacía tarde.
Haciendo uso de todos mis encantos ataqué sin piedad a la susodicha, la agobiada damicela fácilmente cayó en mis cuentos chinos y mis promesas de un futuro mejor. Unas flores y unas noticas que había sacado de una página de Internet aunado a unas frases que me leí en una novela de Corín Tellado hicieron que la mujer flotara nuevamente. Varios almuerzos y unos zarcillos que encontré en una bolsa de piñata que había traído mi hermanito y que hice ver reales con una mezcla de barniz fueron conquistando a la bella damicela. Una vez que pude constatar que había caído tendida en mis redes desplegué mi plan maestro.
La invité a cenar y por el otro lado invité al marido también al mismo sitio haciendo uso de la cuenta de e-mail de ella, en el correo electrónico le decía al marido que se preparara porque esa noche se tornaría llena de fuego y pasiones. Llegué temprano a la cita y me senté a esperar muy tranquilo. En pocos minutos apareció radiante la bella dama y se sentó frente a mi. Sin dejarla decir nada saqué un cactus enano y se lo puse en la mesa, "para ti mi bella dama", la sorprendida muchacha mirando para todos lados sonrío forzadamente y me lo agradeció. Después de contarme algunas cosas la interrumpí y le dije "tu sabes que yo me tiro unos peos olorosísimos no?, la mujer que no entendía como el lord inglés que habitaba en mi se había esfumado sonrío sin poder dejar de mostrar su disgusto por mi comentario. En el acto procedí a agarrar un pedazo de pan y decir "esta vaina esta fría" y me la metí en la parte trasera de mi pantalón me senté y luego lo saqué y dije "listo calientito, recién sacado del horno". "Pero que te pasa Policarpio, estas bebido?, que es esto?, que son esas ordinarieces?, yo sonriendo le metí un mordisco al pan y agarré la copa de agua y se la eché en la camisa mientras gritaba "ahora si, evento de camisas mojadas", la dama se paró de la silla sin saber que decir y allí me le tiré encima dándole un beso con sabor a ajo puro, desde las tres de la tarde tenía par de dientes de ajo metidos en la boca y los había chupado con dedicación. La mujer al sentir aquel sabor espantoso me alejó y me dijo "no lo puedo creer, has roto mi corazón, que patán que eres Policarpio."
En ese instante llegó el marido quien se trasladó a la mesa para encontrar a su mujer con un tipo con cara de loquito y además bañada en agua. La dama le dijo "ay Juan Pedro, perdóname, yo no se que estaba haciendo, yo te amo". El hombre que no sabía a quien soltarle una mano optó por tratar de golpearme pero hábilmente lo esquivé brincando por encima de la mesa y pegando una carrera hacia la puerta mientras gritaba "que viva el amor, que lindo es."
Sentado en el techo de mi casa me sentía feliz, había logrado que una dama desesperada y hastiada de su marido recuperara la pasión por él, al menos por un día, mirando hacia el cielo me quedé dormido, no había perdido mis habilidades de levante, había conseguido un trabajo y me pude confirmar una vez más a mi mismo que aunque la grama del vecino siempre luzca más verde nosotros conocemos los huecos de la nuestra.
Sunday, October 30, 2005
Manejando
En mis días de juventud y ocio desaforado solía salir a pasear por la ciudad, a mezclarme entre la gente, a captar los movimientos misteriosos de las personas en su danza rutinaria por las calles, en uno de esos tantos días venía yo feliz de la vida cruzando una calle mientras mis manos se encontraban ocupadas por un perro caliente y un helado de Crema Paraíso cuando sentí un carajazo que hasta el día de hoy no he podido describir con palabras, el perro caliente salió volando cayéndole encima a un tipo que vendía mamones en un carrito de automercado, el helado se estrelló contra el parabrisas de aquella máquina maldita que me llevó por el medio y yo volé cual doble de película de cine aterrizando en el caliente y duro asfalto.
Mientras mi maltratado cuerpo procesaba todo lo acontecido lanzando alarmas de dolor, una dama arrecha y terminando de pintarse los labios se paró enfrente mío a pararme un peo mundial, “que riñones tienes tu” gritó mientras sacaba de la cartera un cepillo, “como te atraviesas así?, confieso que mi confusión era mayor, me dolía la vida y además una vieja mal encarada y furiosa lanzaba improperios contra mi pobre ser sin dejar en ningún instante de maquillarse y acicalarse, “a no mijito un día de estos te van a matar, voy tarde para el trabajo así que chaíto”, dio dos pasos y se volteó y gritó “ y además me ensuciastes el carro con el heladito ese”. Mi cerebro aturdido ordenó las piezas de aquel incidente y pude comprobar que había sido atropellado por una peligrosa mujer que manejaba mientras se maquillaba, que no conforme con llevarme por el medio se siguió maquillando mientras se cercioraba que no me había matado, que me dejó allí tirado porque iba tarde para el trabajo y que me reclamó que le había ensuciado su vehículo con mi helado.
“Pero que bolas tiene la vieja de mierda esta” pensé mientras el vendedor de mamones se acercó y me dijo “estas bien?, la vieja esa dejó el pelero y mire patrón yo no se leer así que no me pregunte por la placa”, “que coño voy a estar bien” contesté “me quedé sin perro caliente, sin helado, seguro que algo tengo fracturado y la vieja me armó mi peo cuando ella fue la que me atropelló”. Le entregué mi celular al “mamonero” quien después de intentar varias veces logró llamar a una ambulancia que me trasladó a un centro asistencial en donde me realizaron las pruebas necesarias para comprobar que no iba a morir de aquel ataque furtivo pero que mi tobillo estaba fracturado y el hueco en el coco requería de 59 puntos quirúrgicos para cerralo.
Entrando por la puerta del laboratorio de mi entrañable amigo Zoltan Forsternberg, científico sueco residenciado en los Altos Mirandinos, divisé una vez más el letrero que marcaba la entrada a su cuarto de experimentos, “Mujer al volante, peligro constante”. Una vez adentro y todavía caminando con muletas debido a la embestida violenta por parte de la vieja no identificada Zoltan me saludó amigablemente y me dijo “menos mal que solo fue un susto Policarpio, siempre te lo he dicho no existe nada más peligroso en el planeta que una mujer detrás del volante”. Zoltan llevaba años estudiando la conducta peligrosa, descuidada, animal y poco segura de las féminas al subirse a un carro después que una vieja que luchaba con su pequeño de 2 años para que se tomara el tetero, trataba de insultar a su marido vía celular por haber llegado tarde la noche anterior e intentaba colocarse unas pestañas postizas se lo había llevado por el medio dejándolo en un coma profundo por más de dos meses.
El científico sueco me dijo “Policarpio, es hora de vengarse, y tu eres el hombre indicado”, “tenemos que darles un escarmiento a todas las mujeres que pretenden manejar mientras hacen mil cosas a la vez poniendo en peligro la vida pobres mortales como tu y yo”. Vamos a causar terror en la ciudad para que las mujeres en definitiva empiecen a respetar las reglas básicas del conducir un vehículo automotor y a causa del miedo que provocará en ellas ser la próxima víctima de lo que seguramente los medios de comunicación llamaran “El Vengador Errante” tendrán máximo cuidado cuando se sienten detrás del volante logrando así y de una vez por todas la seguridad de no solo peatones sino otros conductores que se convierten en parte de las estadísticas que demuestran que el 97.3% de los accidentes de carros envuelven a una mujer.
“Coño Zoltan” le dije “ahora si que estas vengativo y arrecho, pero bueno vamos a darle, que es lo que tengo que hacer yo?, mi amigo sueco sacó unas listas que había compilado durante los años de angustia y terror posteriores a su atropello en donde se enumeraban todas las imprudencias fatales que cometen las mujeres al sentarse a manejar, la lista incluía entre otras maquillarse, tomar café y comer, hablar por celular, pelear por celular, darle comida a los niños pequeños, mirarse al espejo para cerciorarse que siguen bellas, admirar el paisaje y bucearse tipos que caminaban por las calles.
Pasando a otro cuarto del laboratorio de Zoltan lo ví parado allí, un Chevette todo escoñetado, “pero Zoltan este no era tu carro?, “era amigo mío, hasta que una vieja que le contaba a una amiga un chisme sobre otra amiga que tenía una amiga que la prima conocía a una tipa que la abuela le había contado que el marido le montaba cachos me llevó por el medio y me reventó mi carrito”. “Pero no te preocupes Policarpio”, “el motor esta intacto y además le puse unos truquillos para que le cagues la existencia a cualquier dama que se atreva a realizar una de sus peripecias clásicas”, me entregó las llaves, me dio una palmadita en el hombro y me explicó con detalles el plan de ataque para erradicar de las calles de Caracas a las mujeres que creen que pueden manejar y ser mujeres al mismo tiempo.
Echo mierda en el Chevette por la autopista del este identifiqué a mi primera víctima, una chamita ridícula que hablaba felizmente por celular mientras aceleraba a más de 120 km/h en su Audi 3, prendiendo todos los aparatos instalados por Zoltan logré sintonizar la conversación que mantenía con su novio al cual le iba parando un peo de mayores proporciones por haber estado mirando a otra chica la noche anterior en una fiesta, después de dejar que le armaran su peo al macho arrepentido y con la conexión lista grité “cállate coño e’ madre, no se le para peos a los novios por celular en la autopista a 120 km/h no jodas”, la infeliz damita clavó los frenos y se dio un sonoro carajazo contra la barrera destruyendo su hermoso Audi 3, con cuidado me detuve y me acerqué a ver en que estado se encontraba la imbécil del caso. Pálida y llorando me dijo “esto es horrible, una voz, un fantasma, no se, me tienen intervenidas las llamadas, el carro ay no” y siguió llorando mientras llamaba a su papá para que la salvara, yo me saqué una tarjeta del bolsillo y se la tiré en las piernas mientras me iba, la tarjeta decía “cretina, es hora de tomar en serio el manejar un vehículo, tu amigo “El Vengador Errante”.
Mi próxima víctima la identifiqué en una calle transitada en Las Mercedes, la tarada iba maquillándose mientras trataba de moverse en el tráfico, me coloqué al lado de su carro, y sacando una tenaza de mi escoñetado Chevette le partí el vidrio del carro, con mi habilidad característica para las maldades moví la tenazita y agarré la pintura de labios y le pinté la cara cual payaso de circo de pueblo, la mujer sorprendida gritaba y lloraba, agarré otra tarjeta y se la metí por la ventana, la misma decía “Atolondrada, no se maquilla uno en un carro, igual eres fea, tu amigo, El Vengador Errante.”
Aceleré mi poderoso Chevette y debo reconocer que me causó dolor lidiar con la tercera víctima, un cadáver insepulto, una viejita pasada de años pues, que debía estar en su casa cosiendo en vez de tratar de conducir su potente Toyota Prado en la Cota Mil, con cuidado y acelerando a más de 140 km/h pues la vieja iba hecha mierda me coloqué al frente de su camioneta y saqué la pantallita de cine en mi vidrio de atrás, toque el botón preciso para este caso y la película porno que era mezcla de sadomasoquismo, animales y pedofilia comenzó a proyectarse, en cuestión de segundos la viejita se salió de la carretera yendo a parar al cerro, con cuidado me acerqué y después de cerciorarme que la vieja sobreviviría le lancé la tarjetica “Vieja del coño, a tu casa a cocinar y a jugar con los nietos, tu amigo El Vengador Errante.”
De inmediato localicé a mi próxima víctima, aquella mujer bebía su café mientras saboreaba un cachito de jamón humeante, aquella infernal gorda del coño iba por la autopista Valle-Coche a más de 130 km/h, colocándome por la ventana del pasajero partí el vidrio y con una de las tenazas de mi avanzado Chevette le vacié un termo de café mezclado con mierda de vaca en el asiento del pasajero, con la misma solté la tarjetica que decía “Obesa maldita, rebaja, y por cierto tu mamá nunca te dijo que en el carro no se come?, tu amigo, El Vengador Errante.”
Al frente de un kinder capitalino una mamá aceleró su potente Toyota Corollla, se colocó el celular al oído, sacó una crema de la cartera y empezó a untársela en las manos y le dio el tetero a uno de los infantes mientras le metía un pellizco al otro. Esto no lo podía permitir y procedí a atravesármele, disfrazado de Winnie Pooh me acerqué al carro, del tarrito de miel saqué unas chupetas y se las di a los niñitos y sin darle chance a la vieja le puse unas esposas y la amarré al volante, le abrí la boca y le metí la tarjeta que decía “no solo te vas a matar infeliz, vas a matar a los pobres niñitos, manejar no es juego de niños.”
Así continué mi periplo en donde puse fuera de combate a varias féminas, entre ellas una niñita de 14 años que se había robado el carro de la casa y a la cual amarré en plena Avenida Urdaneta y le dejé una Barbie de regalo, golpeé con un guante de boxeo que con un resorte salía de mi Chevette a una mujer que miraba felizmente una tienda de muebles mientras avanzaba por una calle a más de 60 km/h y detuve a una muchachita que se buceaba a un transeúnte y después de echarle limón en los ojos le dejé unas revistas Playgirl para que se deleitara en su casa pero no en el carro.
Finalmente me dispuse a consumar mi última venganza, no se trataba de otra que la vieja infeliz que me había atropellado, Zoltan había conseguido después de arduas horas de trabajo identificarla y me lancé a perseguirla, en plena autopista frente a La Carlota la intercepté mientras hablaba por celular, se echaba colorete en los cachetes y se bebía una Polar Ice, después de tirarle el carro encima varias veces haciéndola soltar la botella de cerveza, meterse la brochita del colorete en un ojo y tener que soltar el celular le metí la tenaza por el vidrio rociándole un spray con olor a cama de hospital que la hizo clavar los frenos de inmediato. Con rapidez y tenacidad me bajé y le metí un helado de Crema Paraíso por la cabeza mientras la cretina sorprendida me decía “tu eres el que atropellé”, sin darle chance a decir más nada le solté la tarjetica que decía “me debes 3.540.000 bolos por la clínica, el carro véndelo y dona los reales a la obra de caridad de tu preferencia, la próxima vez que te vea manejando te botó en El Guaire forrada en tirro de electricista, tu amigo, El Vengador Errante.”
En la noche mientras descansaba escuché a lo lejos en el televisor “Un informe del Ministerio de Transporte y Comunicaciones reveló hoy que los choques han disminuido en un drástico 89% en cuestión de un mes, el mismo no puede explicar las razones de la baja en el porcentaje pero una fuente que pidió ser mantenida en el anonimato nos indicó que todo se debía a un individuo que se hace llamar ‘El Vengador Errante’ que mantiene en vilo a las mujeres que conducen un carro”, la narradora de noticias algo molesta prosiguió “yo reto a este idiota a que me haga dejar de manejar, que se ha creído?.
A la mañana siguiente la bella narradora apareció con el celular en la boca, una carita feliz pintada con pintura de labios en cada teta y una tarjetica que decía “Cuando tu aprendas a manejar yo dejaré de ser El Vengador Errante.....
Mientras mi maltratado cuerpo procesaba todo lo acontecido lanzando alarmas de dolor, una dama arrecha y terminando de pintarse los labios se paró enfrente mío a pararme un peo mundial, “que riñones tienes tu” gritó mientras sacaba de la cartera un cepillo, “como te atraviesas así?, confieso que mi confusión era mayor, me dolía la vida y además una vieja mal encarada y furiosa lanzaba improperios contra mi pobre ser sin dejar en ningún instante de maquillarse y acicalarse, “a no mijito un día de estos te van a matar, voy tarde para el trabajo así que chaíto”, dio dos pasos y se volteó y gritó “ y además me ensuciastes el carro con el heladito ese”. Mi cerebro aturdido ordenó las piezas de aquel incidente y pude comprobar que había sido atropellado por una peligrosa mujer que manejaba mientras se maquillaba, que no conforme con llevarme por el medio se siguió maquillando mientras se cercioraba que no me había matado, que me dejó allí tirado porque iba tarde para el trabajo y que me reclamó que le había ensuciado su vehículo con mi helado.
“Pero que bolas tiene la vieja de mierda esta” pensé mientras el vendedor de mamones se acercó y me dijo “estas bien?, la vieja esa dejó el pelero y mire patrón yo no se leer así que no me pregunte por la placa”, “que coño voy a estar bien” contesté “me quedé sin perro caliente, sin helado, seguro que algo tengo fracturado y la vieja me armó mi peo cuando ella fue la que me atropelló”. Le entregué mi celular al “mamonero” quien después de intentar varias veces logró llamar a una ambulancia que me trasladó a un centro asistencial en donde me realizaron las pruebas necesarias para comprobar que no iba a morir de aquel ataque furtivo pero que mi tobillo estaba fracturado y el hueco en el coco requería de 59 puntos quirúrgicos para cerralo.
Entrando por la puerta del laboratorio de mi entrañable amigo Zoltan Forsternberg, científico sueco residenciado en los Altos Mirandinos, divisé una vez más el letrero que marcaba la entrada a su cuarto de experimentos, “Mujer al volante, peligro constante”. Una vez adentro y todavía caminando con muletas debido a la embestida violenta por parte de la vieja no identificada Zoltan me saludó amigablemente y me dijo “menos mal que solo fue un susto Policarpio, siempre te lo he dicho no existe nada más peligroso en el planeta que una mujer detrás del volante”. Zoltan llevaba años estudiando la conducta peligrosa, descuidada, animal y poco segura de las féminas al subirse a un carro después que una vieja que luchaba con su pequeño de 2 años para que se tomara el tetero, trataba de insultar a su marido vía celular por haber llegado tarde la noche anterior e intentaba colocarse unas pestañas postizas se lo había llevado por el medio dejándolo en un coma profundo por más de dos meses.
El científico sueco me dijo “Policarpio, es hora de vengarse, y tu eres el hombre indicado”, “tenemos que darles un escarmiento a todas las mujeres que pretenden manejar mientras hacen mil cosas a la vez poniendo en peligro la vida pobres mortales como tu y yo”. Vamos a causar terror en la ciudad para que las mujeres en definitiva empiecen a respetar las reglas básicas del conducir un vehículo automotor y a causa del miedo que provocará en ellas ser la próxima víctima de lo que seguramente los medios de comunicación llamaran “El Vengador Errante” tendrán máximo cuidado cuando se sienten detrás del volante logrando así y de una vez por todas la seguridad de no solo peatones sino otros conductores que se convierten en parte de las estadísticas que demuestran que el 97.3% de los accidentes de carros envuelven a una mujer.
“Coño Zoltan” le dije “ahora si que estas vengativo y arrecho, pero bueno vamos a darle, que es lo que tengo que hacer yo?, mi amigo sueco sacó unas listas que había compilado durante los años de angustia y terror posteriores a su atropello en donde se enumeraban todas las imprudencias fatales que cometen las mujeres al sentarse a manejar, la lista incluía entre otras maquillarse, tomar café y comer, hablar por celular, pelear por celular, darle comida a los niños pequeños, mirarse al espejo para cerciorarse que siguen bellas, admirar el paisaje y bucearse tipos que caminaban por las calles.
Pasando a otro cuarto del laboratorio de Zoltan lo ví parado allí, un Chevette todo escoñetado, “pero Zoltan este no era tu carro?, “era amigo mío, hasta que una vieja que le contaba a una amiga un chisme sobre otra amiga que tenía una amiga que la prima conocía a una tipa que la abuela le había contado que el marido le montaba cachos me llevó por el medio y me reventó mi carrito”. “Pero no te preocupes Policarpio”, “el motor esta intacto y además le puse unos truquillos para que le cagues la existencia a cualquier dama que se atreva a realizar una de sus peripecias clásicas”, me entregó las llaves, me dio una palmadita en el hombro y me explicó con detalles el plan de ataque para erradicar de las calles de Caracas a las mujeres que creen que pueden manejar y ser mujeres al mismo tiempo.
Echo mierda en el Chevette por la autopista del este identifiqué a mi primera víctima, una chamita ridícula que hablaba felizmente por celular mientras aceleraba a más de 120 km/h en su Audi 3, prendiendo todos los aparatos instalados por Zoltan logré sintonizar la conversación que mantenía con su novio al cual le iba parando un peo de mayores proporciones por haber estado mirando a otra chica la noche anterior en una fiesta, después de dejar que le armaran su peo al macho arrepentido y con la conexión lista grité “cállate coño e’ madre, no se le para peos a los novios por celular en la autopista a 120 km/h no jodas”, la infeliz damita clavó los frenos y se dio un sonoro carajazo contra la barrera destruyendo su hermoso Audi 3, con cuidado me detuve y me acerqué a ver en que estado se encontraba la imbécil del caso. Pálida y llorando me dijo “esto es horrible, una voz, un fantasma, no se, me tienen intervenidas las llamadas, el carro ay no” y siguió llorando mientras llamaba a su papá para que la salvara, yo me saqué una tarjeta del bolsillo y se la tiré en las piernas mientras me iba, la tarjeta decía “cretina, es hora de tomar en serio el manejar un vehículo, tu amigo “El Vengador Errante”.
Mi próxima víctima la identifiqué en una calle transitada en Las Mercedes, la tarada iba maquillándose mientras trataba de moverse en el tráfico, me coloqué al lado de su carro, y sacando una tenaza de mi escoñetado Chevette le partí el vidrio del carro, con mi habilidad característica para las maldades moví la tenazita y agarré la pintura de labios y le pinté la cara cual payaso de circo de pueblo, la mujer sorprendida gritaba y lloraba, agarré otra tarjeta y se la metí por la ventana, la misma decía “Atolondrada, no se maquilla uno en un carro, igual eres fea, tu amigo, El Vengador Errante.”
Aceleré mi poderoso Chevette y debo reconocer que me causó dolor lidiar con la tercera víctima, un cadáver insepulto, una viejita pasada de años pues, que debía estar en su casa cosiendo en vez de tratar de conducir su potente Toyota Prado en la Cota Mil, con cuidado y acelerando a más de 140 km/h pues la vieja iba hecha mierda me coloqué al frente de su camioneta y saqué la pantallita de cine en mi vidrio de atrás, toque el botón preciso para este caso y la película porno que era mezcla de sadomasoquismo, animales y pedofilia comenzó a proyectarse, en cuestión de segundos la viejita se salió de la carretera yendo a parar al cerro, con cuidado me acerqué y después de cerciorarme que la vieja sobreviviría le lancé la tarjetica “Vieja del coño, a tu casa a cocinar y a jugar con los nietos, tu amigo El Vengador Errante.”
De inmediato localicé a mi próxima víctima, aquella mujer bebía su café mientras saboreaba un cachito de jamón humeante, aquella infernal gorda del coño iba por la autopista Valle-Coche a más de 130 km/h, colocándome por la ventana del pasajero partí el vidrio y con una de las tenazas de mi avanzado Chevette le vacié un termo de café mezclado con mierda de vaca en el asiento del pasajero, con la misma solté la tarjetica que decía “Obesa maldita, rebaja, y por cierto tu mamá nunca te dijo que en el carro no se come?, tu amigo, El Vengador Errante.”
Al frente de un kinder capitalino una mamá aceleró su potente Toyota Corollla, se colocó el celular al oído, sacó una crema de la cartera y empezó a untársela en las manos y le dio el tetero a uno de los infantes mientras le metía un pellizco al otro. Esto no lo podía permitir y procedí a atravesármele, disfrazado de Winnie Pooh me acerqué al carro, del tarrito de miel saqué unas chupetas y se las di a los niñitos y sin darle chance a la vieja le puse unas esposas y la amarré al volante, le abrí la boca y le metí la tarjeta que decía “no solo te vas a matar infeliz, vas a matar a los pobres niñitos, manejar no es juego de niños.”
Así continué mi periplo en donde puse fuera de combate a varias féminas, entre ellas una niñita de 14 años que se había robado el carro de la casa y a la cual amarré en plena Avenida Urdaneta y le dejé una Barbie de regalo, golpeé con un guante de boxeo que con un resorte salía de mi Chevette a una mujer que miraba felizmente una tienda de muebles mientras avanzaba por una calle a más de 60 km/h y detuve a una muchachita que se buceaba a un transeúnte y después de echarle limón en los ojos le dejé unas revistas Playgirl para que se deleitara en su casa pero no en el carro.
Finalmente me dispuse a consumar mi última venganza, no se trataba de otra que la vieja infeliz que me había atropellado, Zoltan había conseguido después de arduas horas de trabajo identificarla y me lancé a perseguirla, en plena autopista frente a La Carlota la intercepté mientras hablaba por celular, se echaba colorete en los cachetes y se bebía una Polar Ice, después de tirarle el carro encima varias veces haciéndola soltar la botella de cerveza, meterse la brochita del colorete en un ojo y tener que soltar el celular le metí la tenaza por el vidrio rociándole un spray con olor a cama de hospital que la hizo clavar los frenos de inmediato. Con rapidez y tenacidad me bajé y le metí un helado de Crema Paraíso por la cabeza mientras la cretina sorprendida me decía “tu eres el que atropellé”, sin darle chance a decir más nada le solté la tarjetica que decía “me debes 3.540.000 bolos por la clínica, el carro véndelo y dona los reales a la obra de caridad de tu preferencia, la próxima vez que te vea manejando te botó en El Guaire forrada en tirro de electricista, tu amigo, El Vengador Errante.”
En la noche mientras descansaba escuché a lo lejos en el televisor “Un informe del Ministerio de Transporte y Comunicaciones reveló hoy que los choques han disminuido en un drástico 89% en cuestión de un mes, el mismo no puede explicar las razones de la baja en el porcentaje pero una fuente que pidió ser mantenida en el anonimato nos indicó que todo se debía a un individuo que se hace llamar ‘El Vengador Errante’ que mantiene en vilo a las mujeres que conducen un carro”, la narradora de noticias algo molesta prosiguió “yo reto a este idiota a que me haga dejar de manejar, que se ha creído?.
A la mañana siguiente la bella narradora apareció con el celular en la boca, una carita feliz pintada con pintura de labios en cada teta y una tarjetica que decía “Cuando tu aprendas a manejar yo dejaré de ser El Vengador Errante.....
Friday, October 28, 2005
Humana
Cuando uno se la pasa de vago por el planeta se le ocurren cosas que normalmente a una persona ocupada no le pasarían por la mente, un amigo me había comentado de la existencia de una ciudad en la vecina Colombia en donde al parecer algo extraño sucedía con las mujeres de este interesante lugar. Al preguntarle de que se trataba tanto misterio, pues me dijo que no podía decir más, que simplemente fuera y lo averiguara por mi mismo y así comienza la historia que me permito contarles a continuación.
A las 3 de la tarde me embarqué en el vuelo hacia Bogotá, de ahí otro avión hasta el aeropuerto "La Nubia" en Manizales, al llegar a la ciudad me pareció muy interesante, unos 350.000 habitantes y la clásica arquitectura de una ciudad de topografía quebrada y abrupta en el departamento de Caldas. Una vez salido del aeropuerto comencé a caminar por aquellas calles con la finalidad de descubrir cual era el secreto que guardaban las mujeres de esta bella ciudad del occidente colombiano.
Risueño y feliz me dirigí a la catedral basílica para conocer un poco de la historia de la ciudad y allí enfrente de la misma la ví por primera vez, sus facciones finas y sus ojos tristes me impactaron de inmediato, con cautela me acerqué pues desconocía cual era el gran misterio que guardaban las damicelas de Manizales. Leía un libro de Borges a la vez que escuchaba Cranberries en su I-Pod, me senté al lado de ella pretendiendo que no la miraba y simplemente deseaba descansar, ella volteó e hizo una leve reverencia con la cabeza, yo saludé y me hice el turista perdido.
Ocasiones como estas me habían pasado muchas veces a lo largo de mi vida, pero esta vez sentí una sensación extraña de querer conocer más y más a esta dulce muchachita. "hola que tal" le dije, ella con su voz suave y acento paisa replicó "hola que te trae por aquí, tu no eres colombiano, con ese acento más bien venezolano debes ser", "si, si soy venezolano, dije, y bueno soy un ocioso empedernido y tenía un tiempito y me vine a conocer esta región de Colombia, además me han contado que las mujeres acá guardan un secreto milenario y no se quería descubrir algo de eso.", sus ojos tristes bajaron la mirada y la sentí incómoda cuando mencioné el secreto, luego de un rato me dijo "me llamo Ana Rilco, si quieres te puedo mostrar la ciudad y así me cuentas un poco de Venezuela."
La tarde llegaba a su fin y las sombras del bello atardecer comenzaban a hacer su entrada, ana me llevó a conocer sitios de interés, comimos, hablamos, conversamos, sin lugar a dudas se trataba de una persona atractiva tanto física como intelectualmente pero me llamaba la atención la sequedad y la forma rígida en el proceder de ella, traté de investigar un poco pero solo obtuve respuestas cortas y elusivas, sin lugar a dudas había un secreto detrás de las damas de manizales y ahora me había propuesto encontrarlo.
Intenté todas mis artimañas para tratar de sacarle algo de información a Ana pero no había forma ni manera, me paré de cabeza, hice chistes malos y le regalé unas rosas sin obtener ni el más mínimo rasgo de sentimientos por parte de la interesante muchacha. Se hacía tarde y le dije "bueno Ana ha sido un placer, me tengo que ir al hotel, voy a estar un día más por acá, será posible contar con tu agradable compañía mañana?, Ana con sus ojos tristes me dijo "ay Policarpio no pagues hotel, en mi casa hay un cuartito, ahí te metes y así te ahorras un dinerito, y bueno mañana me invitas a comer pues, que te parece?", accedí al instante y así nos fuimos caminando hasta su cálido hogar.
Nunca había visto un lugar tan pulcro y ordenado, la casa estaba arreglada a la perfección, ni el más mínimo detalle parecía fuera de lugar, nos sentamos muy cómodos en el sofá y continuamos hablando de la vida, de la muerte y de tantas cosas más. Despertamos tal cual como la noche anterior nos había tragado, yo sonreí tratando de buscar la misma respuesta en Ana pero solo obtuve un "buenos días". Al ver la hora nos dimos cuenta que casi podíamos irnos a almorzar y salimos de inmediato para yo cumplir con mi invitación. Sentados en la mesa del restaurant volví a preguntar a Ana sobre el secreto y una vez más la incomodidad se apoderó de sus palabras y a pesar de no estar dispuesto a aceptar esas respuestas evasivas mi insistencia se perdió en el vació de unas frases sin destino.
Al salir del restaurant y todavía con mi duda procedí a despedirme de Ana, le di las gracias por su hospitalidad y me di la vuelta para tomar un taxi, de pronto escuché como ana se acercó y me dijo "por favor Policarpio sácame de aquí, no preguntes más, solo sácame", la voz ya no era de tristeza pero más bien de terror, sin pensarlo dos veces la monté en el taxi y fuimos al aeropuerto. Ana se encontraba muy nerviosa, miraba a todos lados y apenas decía algunas palabras, una vez adentro del avión le dije "bueno Ana me vas a decir de que se trata todo este misterio?, ella no contestó y simplemente calló. El avión finalmente despegó y a los pocos minutos de vuelo Ana comenzó a temblar, unos ruidos extraños salían de su cuerpo y de pronto pude ver como unos cables y circuitos se asomaban por su estómago, "coño pensé yo, ahora si me acomodé, lo que me faltaba a mi, estoy cargando con un robot", ahí todo encuadró y entendí que el misterio de Manizales no era otro que las mujeres habían sido deshumanizadas desde tiempos inmemoriales, Ana continuaba temblando y me miraba con ojos tristes y sin vida, yo no sabía que hacer, las aeromozas me preguntaban que le pasaba y yo no sabía que contestar, finalmente y ya como último recurso decidí besarla, la tomé en mis brazos y la besé, poco a poco Ana recobró la conciencia y misteriosamente los cables y circuitos desaparecieron, una lágrima brotó de su ojo y por primera vez vi su espectacular sonrisa, Ana había vuelto a ser humana…
A las 3 de la tarde me embarqué en el vuelo hacia Bogotá, de ahí otro avión hasta el aeropuerto "La Nubia" en Manizales, al llegar a la ciudad me pareció muy interesante, unos 350.000 habitantes y la clásica arquitectura de una ciudad de topografía quebrada y abrupta en el departamento de Caldas. Una vez salido del aeropuerto comencé a caminar por aquellas calles con la finalidad de descubrir cual era el secreto que guardaban las mujeres de esta bella ciudad del occidente colombiano.
Risueño y feliz me dirigí a la catedral basílica para conocer un poco de la historia de la ciudad y allí enfrente de la misma la ví por primera vez, sus facciones finas y sus ojos tristes me impactaron de inmediato, con cautela me acerqué pues desconocía cual era el gran misterio que guardaban las damicelas de Manizales. Leía un libro de Borges a la vez que escuchaba Cranberries en su I-Pod, me senté al lado de ella pretendiendo que no la miraba y simplemente deseaba descansar, ella volteó e hizo una leve reverencia con la cabeza, yo saludé y me hice el turista perdido.
Ocasiones como estas me habían pasado muchas veces a lo largo de mi vida, pero esta vez sentí una sensación extraña de querer conocer más y más a esta dulce muchachita. "hola que tal" le dije, ella con su voz suave y acento paisa replicó "hola que te trae por aquí, tu no eres colombiano, con ese acento más bien venezolano debes ser", "si, si soy venezolano, dije, y bueno soy un ocioso empedernido y tenía un tiempito y me vine a conocer esta región de Colombia, además me han contado que las mujeres acá guardan un secreto milenario y no se quería descubrir algo de eso.", sus ojos tristes bajaron la mirada y la sentí incómoda cuando mencioné el secreto, luego de un rato me dijo "me llamo Ana Rilco, si quieres te puedo mostrar la ciudad y así me cuentas un poco de Venezuela."
La tarde llegaba a su fin y las sombras del bello atardecer comenzaban a hacer su entrada, ana me llevó a conocer sitios de interés, comimos, hablamos, conversamos, sin lugar a dudas se trataba de una persona atractiva tanto física como intelectualmente pero me llamaba la atención la sequedad y la forma rígida en el proceder de ella, traté de investigar un poco pero solo obtuve respuestas cortas y elusivas, sin lugar a dudas había un secreto detrás de las damas de manizales y ahora me había propuesto encontrarlo.
Intenté todas mis artimañas para tratar de sacarle algo de información a Ana pero no había forma ni manera, me paré de cabeza, hice chistes malos y le regalé unas rosas sin obtener ni el más mínimo rasgo de sentimientos por parte de la interesante muchacha. Se hacía tarde y le dije "bueno Ana ha sido un placer, me tengo que ir al hotel, voy a estar un día más por acá, será posible contar con tu agradable compañía mañana?, Ana con sus ojos tristes me dijo "ay Policarpio no pagues hotel, en mi casa hay un cuartito, ahí te metes y así te ahorras un dinerito, y bueno mañana me invitas a comer pues, que te parece?", accedí al instante y así nos fuimos caminando hasta su cálido hogar.
Nunca había visto un lugar tan pulcro y ordenado, la casa estaba arreglada a la perfección, ni el más mínimo detalle parecía fuera de lugar, nos sentamos muy cómodos en el sofá y continuamos hablando de la vida, de la muerte y de tantas cosas más. Despertamos tal cual como la noche anterior nos había tragado, yo sonreí tratando de buscar la misma respuesta en Ana pero solo obtuve un "buenos días". Al ver la hora nos dimos cuenta que casi podíamos irnos a almorzar y salimos de inmediato para yo cumplir con mi invitación. Sentados en la mesa del restaurant volví a preguntar a Ana sobre el secreto y una vez más la incomodidad se apoderó de sus palabras y a pesar de no estar dispuesto a aceptar esas respuestas evasivas mi insistencia se perdió en el vació de unas frases sin destino.
Al salir del restaurant y todavía con mi duda procedí a despedirme de Ana, le di las gracias por su hospitalidad y me di la vuelta para tomar un taxi, de pronto escuché como ana se acercó y me dijo "por favor Policarpio sácame de aquí, no preguntes más, solo sácame", la voz ya no era de tristeza pero más bien de terror, sin pensarlo dos veces la monté en el taxi y fuimos al aeropuerto. Ana se encontraba muy nerviosa, miraba a todos lados y apenas decía algunas palabras, una vez adentro del avión le dije "bueno Ana me vas a decir de que se trata todo este misterio?, ella no contestó y simplemente calló. El avión finalmente despegó y a los pocos minutos de vuelo Ana comenzó a temblar, unos ruidos extraños salían de su cuerpo y de pronto pude ver como unos cables y circuitos se asomaban por su estómago, "coño pensé yo, ahora si me acomodé, lo que me faltaba a mi, estoy cargando con un robot", ahí todo encuadró y entendí que el misterio de Manizales no era otro que las mujeres habían sido deshumanizadas desde tiempos inmemoriales, Ana continuaba temblando y me miraba con ojos tristes y sin vida, yo no sabía que hacer, las aeromozas me preguntaban que le pasaba y yo no sabía que contestar, finalmente y ya como último recurso decidí besarla, la tomé en mis brazos y la besé, poco a poco Ana recobró la conciencia y misteriosamente los cables y circuitos desaparecieron, una lágrima brotó de su ojo y por primera vez vi su espectacular sonrisa, Ana había vuelto a ser humana…
Preso
Eloy Rodrigo nació en algún lugar desconocido de un barrio también desconocido dentro del dantesco cordón de miseria que rodeaba aquella otrora palpitante ciudad capitalina, de su padre se sabe poco, su madre lo dejó en la puerta de la casa de una prima que sin mucha sorpresa encontró al muchachito envuelto en papel periódico a la mañana siguiente, sin pensarlo dos veces y con la frialdad de una noche de lluvia la prima se montó en un carrito por puesto y se fue al INAM, envuelto en periódico y una sábana vieja Eloy Rodrigo fue abandonado por segunda vez en cuestión de días.
Su infancia la pasó confinado dentro de la institución, si a eso se le puede llamar infancia, Eloy Rodrigo escapó varias veces en donde pasó temporadas como un niño sin techo ni hogar para volver a caer capturado cada vez que cometía alguna fechoría para tratar de sobrevivir en ese mundo divertido, jovial, enternecedor, educacional y pacífico que es la calle. Eloy Rodrigo escapó una vez más y al caer nuevamente atrapado por la policía mientras trataba de atracar a una viejita en pleno boulevard de Chacaíto se enfrentó a una nueva realidad.
Cédula?, gritó el funcionario policial , Eloy Rodrigo respondió "nunca la hubo", "a si?, pues entonces vas a pasar unos cuantos días divertidos en un calabozo pedazo de mierda" replicó el policía dándole un rolazo en la pierna para recordarle que de una u otra forma llevamos palo día a día en nuestro andar. Después de pasar unos días en esa suite de hotel cinco estrellas que era el calabozo de Cotiza, oliendo a meado y a sudor de francés soltaron a Eloy Rodrigo pues la viejita no había puesto la denuncia. Una vez en la calle Eloy Rodrigo comenzó una cadena de incidentes que pronto le llevarían a pasar unas vacacioncitas en un lugar fantástico y maravilloso, en un lugar de esparcimiento, lleno de intelectuales y de herramientas buenas para formarse.
Armado hasta los dientes y formando parte de la banda "Los Fuma Piedra", Eloy Rodrigo ingresó a la agencia de aquel banco, después de someter a los vigilantes y lograr que el gerente abriera la bóveda la banda de maleantes se disponía a salir del banco cuando fueron sorprendidos por una patrulla de la policía, el tiroteo no se hizo esperar y después de 10 minutos bajo el fuego, algunos maleantes y policías heridos, y un transeúnte mirón balaceado le llegó la hora a Eloy Rodrigo de caer preso. Unos días en el calabozo y aunque parezca mentira una sentencia expedita por parte del infeliz sistema judicial venezolano lo mandó a disfrutar de 8 añitos en la cárcel de La Planta, instalación de primera línea, dotada con los mejores servicios para los reclusos y parte del sistema penitenciario que es la envidia de todos los países del planeta.
Eloy Rodrigo aprendió con rapidez que la vida en el penal no es vida, es supervivencia, después de unas cuantas violaciones, tres heridas en peleas con chuzos, varios baños con el orine de los guardias, una herida infectada, una conjuntivitis que duró por 4 meses y haber perdido más de 25 kilos por el fantástico régimen de ejercicios y alimenticio que gozaban los reclusos del penal Eloy decidió que debía intentar escapar de aquel lugar, el sabía hacer dos cosas, escapar y robar, así que con un poco de paciencia y ayuda de algún uno que otro guardia corrupto la cosa no resultaría difícil.
La tarea comenzó una noche cuando después de conseguir un cincel y unas cucharas Eloy comenzó a cavar un túnel que lo llevaría a la libertad nuevamente, horas y horas de arduo trabajo le fueron dando forma al camino de tierra para escapar de aquel hermoso lugar. Pasaron los meses y el enorme pasadizo secreto cada vez se acercaba más a los terrenos adyacentes a la penitenciería, Eloy Rodrigo no descansó y finalmente logró su cometido, el largo hueco llegaba a su destino final y esa noche la fuga se materializaría de acuerdo a lo planeado.
Llegado el ocaso del día Eloy comenzó a arrastrarse lentamente por su obra maestra, una vez llegado a la salida se esforzó para respirar de nuevo el aire puro, lleno de tierra pero libre se dijo a si mismo "lo logré" y aceleró el paso, de pronto el sonido de unos caballos corriendo a todo dar lo hizo detenerse de golpe, "que esta vaina?, pensó "desde cuando hay caballos por aquí", no había terminado de cruzar esa idea su mente cuando fue atravesado con una lanza en su pierna "ay coño" gritó Eloy, pero sin poder avanzar ni un paso más fue capturado por unos soldados del imperio, del imperio romano, después de sacarle la lanza y darle unos cuantos carajazos conjuntamente con una torturita de esas sabrosas lo llevaron frente a la autoridad quien sin siquiera mirarlo hizo una seña con su dedo gordo apuntándolo hacia abajo, en cuestión de minutos Eloy Rodrigo estaba desnudo y listo para ser crucificado, cuando el soldado romano alzó la mano para enterrar el primer clavo Eloy Rodrigo hábilmente y haciendo uso de las habilidades aprendidas en las calles de Caracas y desconocidas para los romanos le quitó el cuchillo que colgaba de la correa del soldado y lo apuñaleó sin compasión, con una velocidad impresionante y ante la sorpresa de los presentes saltó de un brinco un muro y se perdió en el monte. Después de varias horas buscando encontró el hueco por donde había salido y se metió nuevamente en él arrastrándose esta vez en sentido contrario. Emergió en su celda en La Planta y se quedó dormido.
A la mañana siguiente, se despertó adolorido con un hueco en su pierna, Eloy Rodrigo no sabía que había pasado, un sueño?, pero como podía ser?, estaba herido en una pierna, se estaba volviendo loco, el solo recordaba que quería escapar la noche antes, por qué seguía en su celda?, sin encontrar respuestas a sus preguntas y amarrándose un pedazo de sábana en su pierna herida se pasó el día esperando que cayera la noche, una vez llegada la misma se volvió a arrastrar por el túnel para salir nuevamente por el hueco, cojeando por la herida en su pierna se sintió libre nuevamente, pero no por mucho tiempo pues una flecha se clavó en su brazo haciéndolo gritar y estremecerse, "coño, que es esto?, gritó Eloy, sin mucho chance de hacer nada unos guardias vestidos con corazas y armaduras le metieron cuatro carajazos y le colocaron un grillete sobre el tobillo derecho, lo trasladaron a una mazmorra hedienta y en cosa de horas estaba con su cabeza lista para ser degollada por una guillotina, allí indefenso y cansado Eloy Rodrigo esperaba que el verdugo bajara la hojilla de hierro, el vil hombre se acercó demasiado y el hábil Eloy tomó su espada y se la enterró en el pecho, el caos tomó las riendas de la situación y sin más ni menos alguien liberó a Eloy que confundiéndose entre la gente aglomerada en la plaza caminó hasta encontrar el hueco por donde había salido.
Acostado en la cómoda cama de su celda en La Planta el pobre Eloy no podía creer lo que pasaba, ahora con un hueco más en su brazo cayó exhausto en los brazos de Morfeo. La noche siguiente Eloycito sin nada que perder se volvió a arrastrar por el túnel, al salir pensó que finalmente La Planta sería solo un mal recuerdo cuando escuchó unos tiros y sintió como lo enlazaban cual novillo, un par de vaqueros con cara de malos lo tumbaron al piso y después de meterle un cachazo en la cabeza lo llevaron a la plaza del pueblo en donde una horca esperaba por Eloy, amarrado con sus manos en la espalda le pusieron la soga al cuello y abrieron la compuerta que acabó con la existencia de Eloy. Su cuerpo fue enterrado en el hueco por donde había salido.
Eloy despertó en un lugar muy brillante, pulcro, rodeado de una mezcla de colores que nunca antes había visto, pudo comprobar que las heridas de su pierna y brazo habían desaparecido, se levantó y trató de caminar chocando contra una pared que no podía ver, caminó en sentido contrario y volvió a chocar contra otra pared invisible, desesperado comenzó a golpear aquello que no podía ver, de pronto una voz dijo "bienvenido Eloy Rodrigo, cálmate, no creas que porque estás muerto vas a poder venir a joder la paz y tranquilidad en el Paraíso."……
Su infancia la pasó confinado dentro de la institución, si a eso se le puede llamar infancia, Eloy Rodrigo escapó varias veces en donde pasó temporadas como un niño sin techo ni hogar para volver a caer capturado cada vez que cometía alguna fechoría para tratar de sobrevivir en ese mundo divertido, jovial, enternecedor, educacional y pacífico que es la calle. Eloy Rodrigo escapó una vez más y al caer nuevamente atrapado por la policía mientras trataba de atracar a una viejita en pleno boulevard de Chacaíto se enfrentó a una nueva realidad.
Cédula?, gritó el funcionario policial , Eloy Rodrigo respondió "nunca la hubo", "a si?, pues entonces vas a pasar unos cuantos días divertidos en un calabozo pedazo de mierda" replicó el policía dándole un rolazo en la pierna para recordarle que de una u otra forma llevamos palo día a día en nuestro andar. Después de pasar unos días en esa suite de hotel cinco estrellas que era el calabozo de Cotiza, oliendo a meado y a sudor de francés soltaron a Eloy Rodrigo pues la viejita no había puesto la denuncia. Una vez en la calle Eloy Rodrigo comenzó una cadena de incidentes que pronto le llevarían a pasar unas vacacioncitas en un lugar fantástico y maravilloso, en un lugar de esparcimiento, lleno de intelectuales y de herramientas buenas para formarse.
Armado hasta los dientes y formando parte de la banda "Los Fuma Piedra", Eloy Rodrigo ingresó a la agencia de aquel banco, después de someter a los vigilantes y lograr que el gerente abriera la bóveda la banda de maleantes se disponía a salir del banco cuando fueron sorprendidos por una patrulla de la policía, el tiroteo no se hizo esperar y después de 10 minutos bajo el fuego, algunos maleantes y policías heridos, y un transeúnte mirón balaceado le llegó la hora a Eloy Rodrigo de caer preso. Unos días en el calabozo y aunque parezca mentira una sentencia expedita por parte del infeliz sistema judicial venezolano lo mandó a disfrutar de 8 añitos en la cárcel de La Planta, instalación de primera línea, dotada con los mejores servicios para los reclusos y parte del sistema penitenciario que es la envidia de todos los países del planeta.
Eloy Rodrigo aprendió con rapidez que la vida en el penal no es vida, es supervivencia, después de unas cuantas violaciones, tres heridas en peleas con chuzos, varios baños con el orine de los guardias, una herida infectada, una conjuntivitis que duró por 4 meses y haber perdido más de 25 kilos por el fantástico régimen de ejercicios y alimenticio que gozaban los reclusos del penal Eloy decidió que debía intentar escapar de aquel lugar, el sabía hacer dos cosas, escapar y robar, así que con un poco de paciencia y ayuda de algún uno que otro guardia corrupto la cosa no resultaría difícil.
La tarea comenzó una noche cuando después de conseguir un cincel y unas cucharas Eloy comenzó a cavar un túnel que lo llevaría a la libertad nuevamente, horas y horas de arduo trabajo le fueron dando forma al camino de tierra para escapar de aquel hermoso lugar. Pasaron los meses y el enorme pasadizo secreto cada vez se acercaba más a los terrenos adyacentes a la penitenciería, Eloy Rodrigo no descansó y finalmente logró su cometido, el largo hueco llegaba a su destino final y esa noche la fuga se materializaría de acuerdo a lo planeado.
Llegado el ocaso del día Eloy comenzó a arrastrarse lentamente por su obra maestra, una vez llegado a la salida se esforzó para respirar de nuevo el aire puro, lleno de tierra pero libre se dijo a si mismo "lo logré" y aceleró el paso, de pronto el sonido de unos caballos corriendo a todo dar lo hizo detenerse de golpe, "que esta vaina?, pensó "desde cuando hay caballos por aquí", no había terminado de cruzar esa idea su mente cuando fue atravesado con una lanza en su pierna "ay coño" gritó Eloy, pero sin poder avanzar ni un paso más fue capturado por unos soldados del imperio, del imperio romano, después de sacarle la lanza y darle unos cuantos carajazos conjuntamente con una torturita de esas sabrosas lo llevaron frente a la autoridad quien sin siquiera mirarlo hizo una seña con su dedo gordo apuntándolo hacia abajo, en cuestión de minutos Eloy Rodrigo estaba desnudo y listo para ser crucificado, cuando el soldado romano alzó la mano para enterrar el primer clavo Eloy Rodrigo hábilmente y haciendo uso de las habilidades aprendidas en las calles de Caracas y desconocidas para los romanos le quitó el cuchillo que colgaba de la correa del soldado y lo apuñaleó sin compasión, con una velocidad impresionante y ante la sorpresa de los presentes saltó de un brinco un muro y se perdió en el monte. Después de varias horas buscando encontró el hueco por donde había salido y se metió nuevamente en él arrastrándose esta vez en sentido contrario. Emergió en su celda en La Planta y se quedó dormido.
A la mañana siguiente, se despertó adolorido con un hueco en su pierna, Eloy Rodrigo no sabía que había pasado, un sueño?, pero como podía ser?, estaba herido en una pierna, se estaba volviendo loco, el solo recordaba que quería escapar la noche antes, por qué seguía en su celda?, sin encontrar respuestas a sus preguntas y amarrándose un pedazo de sábana en su pierna herida se pasó el día esperando que cayera la noche, una vez llegada la misma se volvió a arrastrar por el túnel para salir nuevamente por el hueco, cojeando por la herida en su pierna se sintió libre nuevamente, pero no por mucho tiempo pues una flecha se clavó en su brazo haciéndolo gritar y estremecerse, "coño, que es esto?, gritó Eloy, sin mucho chance de hacer nada unos guardias vestidos con corazas y armaduras le metieron cuatro carajazos y le colocaron un grillete sobre el tobillo derecho, lo trasladaron a una mazmorra hedienta y en cosa de horas estaba con su cabeza lista para ser degollada por una guillotina, allí indefenso y cansado Eloy Rodrigo esperaba que el verdugo bajara la hojilla de hierro, el vil hombre se acercó demasiado y el hábil Eloy tomó su espada y se la enterró en el pecho, el caos tomó las riendas de la situación y sin más ni menos alguien liberó a Eloy que confundiéndose entre la gente aglomerada en la plaza caminó hasta encontrar el hueco por donde había salido.
Acostado en la cómoda cama de su celda en La Planta el pobre Eloy no podía creer lo que pasaba, ahora con un hueco más en su brazo cayó exhausto en los brazos de Morfeo. La noche siguiente Eloycito sin nada que perder se volvió a arrastrar por el túnel, al salir pensó que finalmente La Planta sería solo un mal recuerdo cuando escuchó unos tiros y sintió como lo enlazaban cual novillo, un par de vaqueros con cara de malos lo tumbaron al piso y después de meterle un cachazo en la cabeza lo llevaron a la plaza del pueblo en donde una horca esperaba por Eloy, amarrado con sus manos en la espalda le pusieron la soga al cuello y abrieron la compuerta que acabó con la existencia de Eloy. Su cuerpo fue enterrado en el hueco por donde había salido.
Eloy despertó en un lugar muy brillante, pulcro, rodeado de una mezcla de colores que nunca antes había visto, pudo comprobar que las heridas de su pierna y brazo habían desaparecido, se levantó y trató de caminar chocando contra una pared que no podía ver, caminó en sentido contrario y volvió a chocar contra otra pared invisible, desesperado comenzó a golpear aquello que no podía ver, de pronto una voz dijo "bienvenido Eloy Rodrigo, cálmate, no creas que porque estás muerto vas a poder venir a joder la paz y tranquilidad en el Paraíso."……
Thursday, October 27, 2005
Contradicción
Olindo José Medina Flores nació en El Saladillo, dentro de Maracaibo, en plena República Independiente del Zulia, su infancia fue feliz, llena de gaitas, de juegos de las Aguilas del Zulia y una que otra competencia de gurrufío, metras y trompos. A los 10 años Olindo empezó a sufrir cambios en su personalidad, varias peleas en el colegio y en la cuadra llevaron a sus padres a investigar más a fondo la razón que se encontraba detrás del repentino cambio de un niñito alegre y tranquilo a uno violento y retrechero, después de varios de días de búsqueda llegaron a la conclusión que había que estar de acuerdo con Olindo o las cosas podían tornarse peligrosas y agresivas en cuestión de segundos. Olindo no podía ser contradicho.
En el patio del colegio varios muchachos jugaban metras, otros se perseguían jugando al ladrón y al policía, algunos discutían sobre el partido de las Aguilas la noche anterior y otros simplemente se tomaban una malta para saciar la sed del momento, el calor de Maracaibo hacía mella en los muchachitos pero esto no impedía que la gritería y la algarabía estuvieran presentes. En un grupito de muchachos se discutía acerca de a quien le gustaba quien, típica conversación de muchachitos a esa edad, de pronto uno de los participantes dijo "vos veis, al Olindo le gusta la catira esa de cuarto año, esa no le para ni con la ayuda de la Chinita", Olindo respondió "que no me para?, si esa es mía", el otro muchacho le dijo "vos si eres iluso, que no te para", "que si" gritó Olindo, "que no" el otro muchacho y aquí se acabó la discusión, se acabó porque Olindo lanzó un recto de derecha que hizo impacto en la nariz del pobre muchacho fracturándole el tabique en tres pedazos.
En las celebraciones de la fiesta de la Virgen de la Chinita la familia de Olindo brindaba una fiesta, una prima de Olindo, Altagracia, se le acercó y le dijo "ay Olindo, vos quereis un paliito de whiskey ?, Olindo le dijo "no Altagracia, a mi no me gusta el whiskey", Altagracia riéndose le contestó "como que no muchacho, si siempre te ha gustado", que no Altagracia" dijo Olindo, "a pues Olindo que si" "mira Altgracia te dije que no", la pobre Altagracia cometió el error de volver a ofrecerle un palito de whiskey, Olindo la cargó y la lanzó por el balcón de la casa cayendo la pobre mujer con polifracturas en todo el cuerpo.
Olindo tenía una novia, Gracielita, una muchacha coqueta y bonita, una noche en el cine a Gracielita se le ocurrió decirle a Olindo en juego de esos de novios, "yo te quiero más que tu a mi", Olindo le dijo "mirá Gracielita, no digas eso que yo te quiero más a ti que tu a mi", Gracielita siguiendo el juego respondió "no, no, yo más a ti", "no, Gracielita, yo más a ti", "no, Olindo, no, yo te quiero más a ti", "ay Gracielita por favor no me contradigas, yo te quiero más a ti", la infeliz de Gracielita dijo por última vez "no, yo a ti y punto", sin pensarlo dos veces Olindo le metió el vaso de Coca-Cola por la cabeza, el pote de cotufas por el pecho y le soltó par de cachetadas diciéndole "yo te quiero más a ti."
Olindo ya era un hombre hecho y derecho, por demás había crecido mucho, un metro noventa de estatura y ciento cinco kilos de peso, en su trabajo en la Alcaldía del Municipio Urdaneta su jefe lo llamó para discutir un plan de acción contra la suciedad en que se encontraba sumida la ciudad, después de varias horas de deliberaciones el jefe dijo "bueno Olindo que te parece?, "mire señor" dijo Olindo "yo creo que esto está errado, vos quereis hacer que los maracuchos botemos la basura en pipotes poniendo multas, y eso no va funcionar aquí", "como que no Olindo?, en todos los países civilizados funciona así", "si mire jefe pero aquí no somos muy civilizados", "pues tendrán que aprender a serlo" replicó el jefe, "no señor, hay que buscar otra solución", "mira Olindo, definitivamente aquí se hace lo que a mi me da la gana", las palabras del jefe no habían terminado de salir de su boca cuando una silla de madera se partió en mil pedazos sobre la cabeza del jefe de Olindo, de un brinco Olindo se le abalanzó y le agarró dos dedos de la mano fracturándolos de inmediato. Esa noche confundido y agobiado por su proceder, además de desempleado, Olindo volvió a su casa y se sentó a cenar con su madre.
"Mamá", dijo Olindo "esto es grave, yo no logro controlarme, tengo que buscar una solución", "hay mi amor" dijo la viejita "no se que decirte, pero tómate esta sopita de apio para que te calmes", "mire mamá, esto es auyama no apio" replicó Olindo, "a pues Olindo como vas a decir eso, es apio no lo ves?, "mamá que es auyama", "no Olindo chico, apio, mi amor, es apio", "mamá por favor no me contradiga, esto es auyama", "Olindo como vas a saber más que tu madre que preparó la sopa, apio mi amor", el carajazo voló la plancha de los dientes de la pobre vieja, y de pasó la estrelló contra la nevera dejándola semi-consciente, Olindo al ver esto salió corriendo de la casa se subió al carro y aceleró perdiéndose en la noche.
Embalado por una carretera Olindo trataba de encontrar una razón a su violencia acumulada, de pronto a lo lejos vió una luz y se acercó a ella, se trataba de una iglesita de pueblo, cercana a Cabimas, clavó los frenos y se bajó del carro. El cura de la iglesia al escuchar el estruendo causado por el frenazo salió a ver que pasaba y vio a aquel bien dimensionado hombre todo sudado y con cara de pocos amigos.
"Que la pasa hijo?, preguntó el diminuto cura, "mire padre, yo no se que hacer, yo me vuelvo loco si me contradicen, usted tiene que ayudarme padre, por favor", "pero hijo como es eso?, como que te vuelves loco?, "bueno padre, a mi no se me puede contradecir, enfurezco, me vuelvo loco, una bestia sin control", "pero hijo eso no es posible", "si padre se lo digo, mire mis hermanos han parado todos en el hospital por contradecirme, a mi abuela le abrí el coco en dos cuando insistió que me llamaba Onirio en vez de Olindo, he sido despedido de 23 trabajos, todos mis jefes han parado en el hospital, 4 primos he fracturado, he perdido 10 amigos a causa de mis golpes y bueno esta noche golpeé a mi madre discutiendo sobre una sopa de auyama."
"Bueno hijo" dijo el cura con cara de preocupación y seriedad "esto esta mal, pero déjame pensar como lo podemos solucionar, a ver mijo, Olindo es tu nombre no?, vos creeís en Dios?, Olindo mirándolo a los ojos le dijo "no padre yo no creo en Dios" y el cura sin dudarlo le respondió "eso estaba por decirte no creaís en guevonadas"…..
En el patio del colegio varios muchachos jugaban metras, otros se perseguían jugando al ladrón y al policía, algunos discutían sobre el partido de las Aguilas la noche anterior y otros simplemente se tomaban una malta para saciar la sed del momento, el calor de Maracaibo hacía mella en los muchachitos pero esto no impedía que la gritería y la algarabía estuvieran presentes. En un grupito de muchachos se discutía acerca de a quien le gustaba quien, típica conversación de muchachitos a esa edad, de pronto uno de los participantes dijo "vos veis, al Olindo le gusta la catira esa de cuarto año, esa no le para ni con la ayuda de la Chinita", Olindo respondió "que no me para?, si esa es mía", el otro muchacho le dijo "vos si eres iluso, que no te para", "que si" gritó Olindo, "que no" el otro muchacho y aquí se acabó la discusión, se acabó porque Olindo lanzó un recto de derecha que hizo impacto en la nariz del pobre muchacho fracturándole el tabique en tres pedazos.
En las celebraciones de la fiesta de la Virgen de la Chinita la familia de Olindo brindaba una fiesta, una prima de Olindo, Altagracia, se le acercó y le dijo "ay Olindo, vos quereis un paliito de whiskey ?, Olindo le dijo "no Altagracia, a mi no me gusta el whiskey", Altagracia riéndose le contestó "como que no muchacho, si siempre te ha gustado", que no Altagracia" dijo Olindo, "a pues Olindo que si" "mira Altgracia te dije que no", la pobre Altagracia cometió el error de volver a ofrecerle un palito de whiskey, Olindo la cargó y la lanzó por el balcón de la casa cayendo la pobre mujer con polifracturas en todo el cuerpo.
Olindo tenía una novia, Gracielita, una muchacha coqueta y bonita, una noche en el cine a Gracielita se le ocurrió decirle a Olindo en juego de esos de novios, "yo te quiero más que tu a mi", Olindo le dijo "mirá Gracielita, no digas eso que yo te quiero más a ti que tu a mi", Gracielita siguiendo el juego respondió "no, no, yo más a ti", "no, Gracielita, yo más a ti", "no, Olindo, no, yo te quiero más a ti", "ay Gracielita por favor no me contradigas, yo te quiero más a ti", la infeliz de Gracielita dijo por última vez "no, yo a ti y punto", sin pensarlo dos veces Olindo le metió el vaso de Coca-Cola por la cabeza, el pote de cotufas por el pecho y le soltó par de cachetadas diciéndole "yo te quiero más a ti."
Olindo ya era un hombre hecho y derecho, por demás había crecido mucho, un metro noventa de estatura y ciento cinco kilos de peso, en su trabajo en la Alcaldía del Municipio Urdaneta su jefe lo llamó para discutir un plan de acción contra la suciedad en que se encontraba sumida la ciudad, después de varias horas de deliberaciones el jefe dijo "bueno Olindo que te parece?, "mire señor" dijo Olindo "yo creo que esto está errado, vos quereis hacer que los maracuchos botemos la basura en pipotes poniendo multas, y eso no va funcionar aquí", "como que no Olindo?, en todos los países civilizados funciona así", "si mire jefe pero aquí no somos muy civilizados", "pues tendrán que aprender a serlo" replicó el jefe, "no señor, hay que buscar otra solución", "mira Olindo, definitivamente aquí se hace lo que a mi me da la gana", las palabras del jefe no habían terminado de salir de su boca cuando una silla de madera se partió en mil pedazos sobre la cabeza del jefe de Olindo, de un brinco Olindo se le abalanzó y le agarró dos dedos de la mano fracturándolos de inmediato. Esa noche confundido y agobiado por su proceder, además de desempleado, Olindo volvió a su casa y se sentó a cenar con su madre.
"Mamá", dijo Olindo "esto es grave, yo no logro controlarme, tengo que buscar una solución", "hay mi amor" dijo la viejita "no se que decirte, pero tómate esta sopita de apio para que te calmes", "mire mamá, esto es auyama no apio" replicó Olindo, "a pues Olindo como vas a decir eso, es apio no lo ves?, "mamá que es auyama", "no Olindo chico, apio, mi amor, es apio", "mamá por favor no me contradiga, esto es auyama", "Olindo como vas a saber más que tu madre que preparó la sopa, apio mi amor", el carajazo voló la plancha de los dientes de la pobre vieja, y de pasó la estrelló contra la nevera dejándola semi-consciente, Olindo al ver esto salió corriendo de la casa se subió al carro y aceleró perdiéndose en la noche.
Embalado por una carretera Olindo trataba de encontrar una razón a su violencia acumulada, de pronto a lo lejos vió una luz y se acercó a ella, se trataba de una iglesita de pueblo, cercana a Cabimas, clavó los frenos y se bajó del carro. El cura de la iglesia al escuchar el estruendo causado por el frenazo salió a ver que pasaba y vio a aquel bien dimensionado hombre todo sudado y con cara de pocos amigos.
"Que la pasa hijo?, preguntó el diminuto cura, "mire padre, yo no se que hacer, yo me vuelvo loco si me contradicen, usted tiene que ayudarme padre, por favor", "pero hijo como es eso?, como que te vuelves loco?, "bueno padre, a mi no se me puede contradecir, enfurezco, me vuelvo loco, una bestia sin control", "pero hijo eso no es posible", "si padre se lo digo, mire mis hermanos han parado todos en el hospital por contradecirme, a mi abuela le abrí el coco en dos cuando insistió que me llamaba Onirio en vez de Olindo, he sido despedido de 23 trabajos, todos mis jefes han parado en el hospital, 4 primos he fracturado, he perdido 10 amigos a causa de mis golpes y bueno esta noche golpeé a mi madre discutiendo sobre una sopa de auyama."
"Bueno hijo" dijo el cura con cara de preocupación y seriedad "esto esta mal, pero déjame pensar como lo podemos solucionar, a ver mijo, Olindo es tu nombre no?, vos creeís en Dios?, Olindo mirándolo a los ojos le dijo "no padre yo no creo en Dios" y el cura sin dudarlo le respondió "eso estaba por decirte no creaís en guevonadas"…..
Wednesday, October 26, 2005
Vamos a organizarnos
En un pequeño pueblo del interior del país, con la ayuda de una partera en una mañana húmeda y con el vuelo de unas garzas de fondo nacía Lucio Aro Rodríguez, hijo de su padre, peón de hacienda, y su madre, cocinera per se, y hermanito de 9 carajitos más, el pequeño Lucio mostró sus habilidades desde el vamos, a los 4 meses hablaba perfecto y con palabras desconocidas para los habitantes del pueblo, a los 8 meses contaba hasta cinco mil de atrás hacia delante y al año había resuelto todos los problemas de matemáticas de sus hermanitos mayores, sus padres no sabían que hacer con el muchachito pues simplemente escapaba de su realidad, nunca antes habían visto algo así y a decir verdad les causaba un terror inmenso las facultades del infante.
El primer intento de ver que pasaba con el niño los llevó a un curandero-brujo-santero que trató de echarle unos ramazos y lanzarse unos caracoles, Lucio al ver aquel espectáculo y con apenas dos años de edad le informó con toda calma y con voz de niño al curandero "mire señor curandero, hágame el favor de no tocarme con esas ramitas de bergantina que me van a causar una reacción alérgica sub-cutánea la cual tomará mucho esfuerzo y anti-bióticos que no existen en el pueblo para curar, igualmente vamos a estar claros usted y yo, que es eso de condenar mi futuro al lanzamiento de unas conchas viejas de mar?, además con ese Parkinson que padece usted los caracoles caen regados sin la precisión necesaria, así que por favor le agradezco no me moleste más", el brujo sin haber entendido ni la cuarta parte de lo que Lucio decía comenzó a gritar "está poseído, está poseído, sálvalo San Batracio" mientras se marchaba corriendo despavorido del pequeño rancho.
Al ver aquello los padres de Lucio decidieron llevarlo a la comisaría del pueblo, el Comisario-Jefe Civil-Capataz los recibió con recelo pues ya habían llegado a sus oídos los rumores que el muchachito estaba poseído, los sentó en una silla y les dijo "que puedo hacer por ustedes?, los padres de Lucio contestaron "hay señor, usted es la autoridad civil, usted debe saber mucho, mire que puede hacer pa' que este muchachito se nos cure, es que no lo entendemos cuando habla, lo único que hace leer, estudiar el firmamento y resolver las tareas de sus hermanos". El Comisario con cara de seriedad les contestó "este es un típico caso de endemoniamiento, vamos a llamar al cura pa' que lo salve", el Padre Celestino llegó a la comisaría y procedió a echarle agua bendita y rezar por Lucio, el niñito quien corría para que el agua no lo tocara gritaba "no, no, esa agua es del estanque de la Hacienda La Boyera, tiene bacterias y organismos vivientes peligrosísimos", de esta forma y ante la mirada atónita de todos los presentes el cura recogió sus macundales y se largó dejando a los padres de Lucio con todo el agobio propio del caso en cuestión.
Finalmente llevaron a Lucio al dispensario, la doctora que lo atendió le realizó una serie de pruebas al infante y determinó que el mismo se encontraba en perfectas condiciones de salud y mentales, simplemente en aquel pequeño pueblo había nacido un genio sin más ni menos. Los padres de Lucio dudaron de aquella posibilidad mientras uno le decía al otro "pero como puede ser si nosotros somos más brutos que un buey", la doctora explicó que a pesar que los genes tenían influencia en el grado de inteligencia de los seres humanos siempre existía la posibilidad de toparse con una mente brillante y les recomendó que el por el bien del muchacho lo llevaran a una institución en donde pudiera desarrollar toda su capacidad. Eso implicaba mudarse y por supuesto no estaba en los planes de aquella familia.
Lucio siguió creciendo, los hacendados de la zona le regalaban libros para saciar la sed de aprendizaje que tenía el muchachito, a los 10 años inventó un sistema de riego que suplía de agua a todas las haciendas que se encontraban en un perímetro de 500 km. a la redonda, a los 12 cruzó un buey con un caballo logrando un bicho raro que apodaron "Toca" que araba con la velocidad de caballo y con la fuerza de buey, con 14 años conectó un sistema de telecomunicaciones en todo el pueblo e impartía clases en la escuela incluyendo a la maestra como alumna.
Lucio creció todo buenote, en un ambiente sano, sin vicios, al cumplir 16 años sus padres celebraron una parrilla en el pueblo y anunciaron que gracias a los hacendados del pueblo iban a enviar a Lucio a la universidad en Caracas, el muchacho que no sabía nada de esto con lágrimas en los ojos agradeció el hermoso gesto y prometió graduarse lo antes posible para regresar al pueblo y hacer de las haciendas allí localizadas las mejores del país. Una tarde calurosa Lucio Aro se despidió de sus vacas lecheras, de su caballo "Epicuro" y de toda su abultada familia, montado en aquel autobús Lucio solo podía imaginar y soñar con las maravillas que le esperaban en la ciudad capital. Un mundo de posibilidades y experiencias esperaban por él.
No tardó Lucio en demostrar a sus profesores y compañeros de clase sus habilidades super naturales, elogios, halagos y demás iban y venían, Lucio simplemente se dedicó a estudiar para poder volver a su pueblo lo antes posible. Una noche después de clases todos los alumnos fueron a una pequeña plaza en donde una licorería servía para suministrar bebidas espirituosas a los muchachos, el grupo que incluía a Lucio bailó, bebió y charló por más de tres horas, finalmente alguien gritó "la casa de Martín está sola, rumba en casa de Martín", en cuestión de segundos todos estaban subidos en sus carros y enfilando hacia la prometedora noche.
Adentro de la casa la echadera de broma siguió hasta que alguien gritó a todo gañote "orgíaaaaaaaaaaaaaa", de esta forma se apagaron todas las luces de la casa de un solo golpe y el pobre Lucio más perdido que chivo en canoa pero con un cerebro poderoso procesó "orgía, coño, pero si yo no se, verga, bueno me desvisto y me persigno", 2 minutos después del grito inicial se escuchaban alaridos y gemidos por doquier, de pronto se prendió una luz, allí Lucio parado gritó "coño panas vamos a organizarnos", un zapato voló y se estrelló contra la frente de Lucio, "cállate guevón no jodas", "mama bola cierra ese pico", "infeliz" "coño e' madre disfruta la vaina", Lucio apagó la luz y siguió con el juego.
En cuestión de 2 minutos más otra luz se prendió en otro punto de la casa, la figura de Lucio se hizo notar y volvió a gritar "coño panas vamos a organizarnos", una lluvia de insultos cayó sobre Lucio "bicho e' pueblo apaga esa mierda", "apágala o te corto las chácaras", el pobre muchacho cedió ante la presión. A los 3 minutos una nueva luz se volvió a encender y se escuchó el ya conocido "coño panas vamos a organizarnos", esta vez una botella se estrelló en la humanidad de Lucio mientras se escuchaban los improperios propios del momento, Lucio un poco aturdido apagó la luz de nuevo, no habían pasado 4 minutos cuando Lucio encendió una lámpara y gritó con toda su alma "coño de la puta madre no jodas cuerda de mama guevos vamos a organizarnos por que aunque yo sea campesino y no sepa de estas vainas puedo decir con toda certeza que ya me han cojío tres veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
El primer intento de ver que pasaba con el niño los llevó a un curandero-brujo-santero que trató de echarle unos ramazos y lanzarse unos caracoles, Lucio al ver aquel espectáculo y con apenas dos años de edad le informó con toda calma y con voz de niño al curandero "mire señor curandero, hágame el favor de no tocarme con esas ramitas de bergantina que me van a causar una reacción alérgica sub-cutánea la cual tomará mucho esfuerzo y anti-bióticos que no existen en el pueblo para curar, igualmente vamos a estar claros usted y yo, que es eso de condenar mi futuro al lanzamiento de unas conchas viejas de mar?, además con ese Parkinson que padece usted los caracoles caen regados sin la precisión necesaria, así que por favor le agradezco no me moleste más", el brujo sin haber entendido ni la cuarta parte de lo que Lucio decía comenzó a gritar "está poseído, está poseído, sálvalo San Batracio" mientras se marchaba corriendo despavorido del pequeño rancho.
Al ver aquello los padres de Lucio decidieron llevarlo a la comisaría del pueblo, el Comisario-Jefe Civil-Capataz los recibió con recelo pues ya habían llegado a sus oídos los rumores que el muchachito estaba poseído, los sentó en una silla y les dijo "que puedo hacer por ustedes?, los padres de Lucio contestaron "hay señor, usted es la autoridad civil, usted debe saber mucho, mire que puede hacer pa' que este muchachito se nos cure, es que no lo entendemos cuando habla, lo único que hace leer, estudiar el firmamento y resolver las tareas de sus hermanos". El Comisario con cara de seriedad les contestó "este es un típico caso de endemoniamiento, vamos a llamar al cura pa' que lo salve", el Padre Celestino llegó a la comisaría y procedió a echarle agua bendita y rezar por Lucio, el niñito quien corría para que el agua no lo tocara gritaba "no, no, esa agua es del estanque de la Hacienda La Boyera, tiene bacterias y organismos vivientes peligrosísimos", de esta forma y ante la mirada atónita de todos los presentes el cura recogió sus macundales y se largó dejando a los padres de Lucio con todo el agobio propio del caso en cuestión.
Finalmente llevaron a Lucio al dispensario, la doctora que lo atendió le realizó una serie de pruebas al infante y determinó que el mismo se encontraba en perfectas condiciones de salud y mentales, simplemente en aquel pequeño pueblo había nacido un genio sin más ni menos. Los padres de Lucio dudaron de aquella posibilidad mientras uno le decía al otro "pero como puede ser si nosotros somos más brutos que un buey", la doctora explicó que a pesar que los genes tenían influencia en el grado de inteligencia de los seres humanos siempre existía la posibilidad de toparse con una mente brillante y les recomendó que el por el bien del muchacho lo llevaran a una institución en donde pudiera desarrollar toda su capacidad. Eso implicaba mudarse y por supuesto no estaba en los planes de aquella familia.
Lucio siguió creciendo, los hacendados de la zona le regalaban libros para saciar la sed de aprendizaje que tenía el muchachito, a los 10 años inventó un sistema de riego que suplía de agua a todas las haciendas que se encontraban en un perímetro de 500 km. a la redonda, a los 12 cruzó un buey con un caballo logrando un bicho raro que apodaron "Toca" que araba con la velocidad de caballo y con la fuerza de buey, con 14 años conectó un sistema de telecomunicaciones en todo el pueblo e impartía clases en la escuela incluyendo a la maestra como alumna.
Lucio creció todo buenote, en un ambiente sano, sin vicios, al cumplir 16 años sus padres celebraron una parrilla en el pueblo y anunciaron que gracias a los hacendados del pueblo iban a enviar a Lucio a la universidad en Caracas, el muchacho que no sabía nada de esto con lágrimas en los ojos agradeció el hermoso gesto y prometió graduarse lo antes posible para regresar al pueblo y hacer de las haciendas allí localizadas las mejores del país. Una tarde calurosa Lucio Aro se despidió de sus vacas lecheras, de su caballo "Epicuro" y de toda su abultada familia, montado en aquel autobús Lucio solo podía imaginar y soñar con las maravillas que le esperaban en la ciudad capital. Un mundo de posibilidades y experiencias esperaban por él.
No tardó Lucio en demostrar a sus profesores y compañeros de clase sus habilidades super naturales, elogios, halagos y demás iban y venían, Lucio simplemente se dedicó a estudiar para poder volver a su pueblo lo antes posible. Una noche después de clases todos los alumnos fueron a una pequeña plaza en donde una licorería servía para suministrar bebidas espirituosas a los muchachos, el grupo que incluía a Lucio bailó, bebió y charló por más de tres horas, finalmente alguien gritó "la casa de Martín está sola, rumba en casa de Martín", en cuestión de segundos todos estaban subidos en sus carros y enfilando hacia la prometedora noche.
Adentro de la casa la echadera de broma siguió hasta que alguien gritó a todo gañote "orgíaaaaaaaaaaaaaa", de esta forma se apagaron todas las luces de la casa de un solo golpe y el pobre Lucio más perdido que chivo en canoa pero con un cerebro poderoso procesó "orgía, coño, pero si yo no se, verga, bueno me desvisto y me persigno", 2 minutos después del grito inicial se escuchaban alaridos y gemidos por doquier, de pronto se prendió una luz, allí Lucio parado gritó "coño panas vamos a organizarnos", un zapato voló y se estrelló contra la frente de Lucio, "cállate guevón no jodas", "mama bola cierra ese pico", "infeliz" "coño e' madre disfruta la vaina", Lucio apagó la luz y siguió con el juego.
En cuestión de 2 minutos más otra luz se prendió en otro punto de la casa, la figura de Lucio se hizo notar y volvió a gritar "coño panas vamos a organizarnos", una lluvia de insultos cayó sobre Lucio "bicho e' pueblo apaga esa mierda", "apágala o te corto las chácaras", el pobre muchacho cedió ante la presión. A los 3 minutos una nueva luz se volvió a encender y se escuchó el ya conocido "coño panas vamos a organizarnos", esta vez una botella se estrelló en la humanidad de Lucio mientras se escuchaban los improperios propios del momento, Lucio un poco aturdido apagó la luz de nuevo, no habían pasado 4 minutos cuando Lucio encendió una lámpara y gritó con toda su alma "coño de la puta madre no jodas cuerda de mama guevos vamos a organizarnos por que aunque yo sea campesino y no sepa de estas vainas puedo decir con toda certeza que ya me han cojío tres veces!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
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