Wednesday, August 10, 2011

El Padre Gerardo

Conocí al Padre Gerardo cuando apenas tenía 10 años, aquellos días en los que soñar era gratis y las cosas cobraban sentido sin tener que pagar. Reconozco que me llamó la atención su manera distinta de vestir, su manera altanera de caminar, sus destellos de grandeza y de poca humildad, su deseo de gritarle al mundo que la vida era una realidad distorsionada, como su guitarra. Recuerdo que usaba el cabello largo, unos blue jeans pegados y una correa con una hebilla gigante que decía "Jesucristo", siempre muy pulida y reluciente. Como todo infante y además aunado a mi curiosidad eterna me le acerqué en un recreo cuando apenas comenzaba el año escolar. “Hola Padre” le dije, Gerardo muy amablemente pero algo sorprendido respondió "hola pequeñín y eso que me vienes a saludar?, “bueno Padre” dije yo, “es que la verdad mis amigos y yo no creemos que usted sea cura de verdad”. Gerardo se echó a reír y me dijo, “y por qué dices eso?, “bueno Padre nunca había visto a un cura con pelo largo, blue jeans y una correa con una hebilla que parece de cantante de rock arruinado.”

En ese momento a Gerardo se le iluminaron los ojos, se frotó las manos sudorosas y mientras miraba hacia el infinito y después de un largo suspiro dijo "Policarpio me has descubierto, yo soy un rockero frustrado, cura de profesión pero cantante de rock en mis entrañas". Yo con mis 10 años no lograba comprender exactamente lo que quería decir Gerardo con esas palabras pero como buen niño no le di mucha importancia. Antes de dejarme ir Gerardo me dijo, "ven acompáñame, te voy a mostrar algo interesante."

Caminamos hacia un salón que siempre permanecía cerrado y el cual siempre pensé guardaba un secreto incontable, un secreto de esos místicos, que perduraba a través de los años sin nunca descansar. Gerardo abrió la puerta y me encontré con un estudio de grabación, instrumentos musicales y todo tipo de artilugio que harían a un ingeniero de sonido ponerse envidioso de inmediato. “Padre que es esto? alcancé a decir, “pues nada” contestó Gerardo, “un estudio de grabación como lo ves, aquí practicamos los que tocamos la música en la iglesia durante las misas, no te creas no es fácil tocar esas canciones que ustedes pequeñines gritan a todo gañote y solo con la práctica se puede lograr la perfección”.

Gerardo agarró una guitarra eléctrica, hizo una especie de ritual con sus manos y se volteó la hebilla que decía Jesucristo, ahora la hebilla decía "Black Sabath", reconozco que para ese momento mis conocimientos musicales eran muy precarios y pensé que se trataba de alguna manera de llamar a Jesucristo y que todavía yo no había aprendido. Gerardo prendió un amplificador y comenzó a tocar su guitarra, empezó con una cancioncita de misa llamada "Los Caminos" pero poco a poco se fue transformando hasta que se retorcía por el piso gritando barbaridades en idiomas que variaban desde el latín, pasando por el esperanto y hasta en griego mientras "punteaba" su guitarra. Luego ya más calmado sacó de un baúl unos LP's de Iron Maiden y Judas Priest y los puso en un tocadiscos dentro del estudio. Gerardo me dijo "hijo el metal es el futuro de la música, por favor mantengamos esto en secreto pues tu sabes hay gente mal intencionada por ahí", yo me limité a sonreír y decirle "claro Padre, no se preocupe." Sinceramente salí de allí fascinado, hasta ese momento los curas para mi eran una especie de seres aburridos y distantes, pero Gerardo no era como ellos.

Como todos los Viernes en el colegio había una misa a las ocho de la mañana, todos los cursos se agolpaban en la iglesia para dar gracias al Señor por la semana. La misa transcurrió sin ningún evento, el Padre Fulgencio hablaba mierda sin cesar como siempre hasta que llegó el momento en que la banda debía entonar otra canción. Gerardo guitarra en mano dijo "1,2,1,2,3" y comenzó con las notas de "mi corazón es una caja de música donde Dios colocó su canción, mi corazón es una caja de música donde Dios colocó su canción", en ese preciso instante todo sucedió con mucha rapidez, Gerardo empezó a contorsionarse cual rockero poseído mientras unos rayos azules salían del micrófono, la estridencia de la guitarra era realmente desagradable al oído y la voz de Gerardo parecía aquella de una vieja histérica en una cola de automercado mezclada con gripe de diez días. El Padre Fulgencio gritaba "Ay Dios esta poseído, yo sabía que este cura que nos mandaron algo raro se traía, sálvalo San Pericles", las maestras rezaban y nos hacían rezar a nosotros también, a todas estas Gerardo seguía en su "baile" alrededor de la iglesia echando rayos azules y chillando cual perro que le pisan la cola, finalmente cayó al suelo justo enfrente mío, el pelo se le había quemado, echaba humo por las orejas y sus ojos parecían perdidos en la inmensidad del universo.

Todos los curas del colegio se acercaron y gritaban oraciones para sacarle el demonio de adentro y le echaban agua bendita, Gerardo me miró y me dijo "coño se me pegó el cable de la guitarra con el palo del micrófono", los curas seguían llenándolo de agua bendita y de oraciones sin importarles lo que aquel pobre hombre decía, solo se limitaban a hacer comentarios como "el satánico este", "Dios castiga a los seguidores del diablo", "hay que llamar al Vaticano para que lo excomulguen".

De pronto aparecieron unos paramédicos y la policía, subieron a Gerardo a una camilla fuertemente custodiado, el Padre Fulgencio les dijo "cúrenlo y luego métanlo preso, este hombre no merece pertenecer a esta congregación". Yo asustado y confundido por todo aquello trataba de explicarles a los curas que el pobre Gerardo no era satánico y que simplemente había sido víctima de un cortocircuito pero nadie me hizo caso.

Cuando se llevaban a Gerardo alcancé a ver la hebilla de su correa, esta vez decía "El Infierno espera por ti"…

2 comments:

Adriana said...

jajajajaja, pobre Padre, ahora voy a pasar el dia entero cantando tu corazon es una caja de música... fastidioso!

EmeJota said...

Un post divinamente entretenido, ojalá pudiera conocer a un padre rockero pero supongo que no deben ser comunes; eso es una pena, deberían haber más padres Gerardo y menos Fulgencio