Thursday, February 23, 2006

Buscándome

Ha pasado mucho tiempo, desde que acepté la razón de haber venido a la Tierra, han pasado largas horas desde que me convertí en un superhéroe. Convertir no es la palabra correcta, siempre lo fui, así me hicieron, ese fue mi castigo, o mi salvación, quien sabe realmente, quien sabe con seguridad lo que es la felicidad. Mis padres me criaron como a un infante normal, nunca entendieron porqué insistía en llevar una capa puesta a todos lados. “Cosas de niños” decía mi apenada madre cuando yo llegaba al pre-escolar con capa y en vez de querer aprender el abecedario me subía a los árboles para poder tener una visión exacta del patio del colegio y por supuesto proteger.

La vida te cambia, la vida te enseña, a los golpes quiero decir, las cosas que aprendemos por las buenas las olvidamos, lo que nos deja una marca lo recordamos. Recuerdo el día que mi madre botó a la basura mi capa, lloré desconsoladamente hasta quedarme dormido, en mi sueño profundo las respuestas comenzaron a llegar, el mundo juzga por lo que ve, la forma de mantenerme escondido y sin levantar sospechas era moverme en el tiempo sin una capa en mi espalda. Todo se balancea, mi madre botó mi capa pues ya comenzaba a pensar que había traído al mundo a un loco eterno, yo lloraba para entender por primera vez que significa perder algo que se quiere y mi sueño me explicaba como los humanos no sienten, miran y emiten juicios, pero ese simple hecho navegaría a mi favor.

Aún veo su cara llena de fango, sus lentes rotos tirados a un lado, su vestido sucio y roto por los cuatro costados. Me acerqué y lloraba, gritó “por favor no me hagas daño, no más”, la tomé por el brazo y la ayudé a ponerse en pie, limpié su cara con mi franela, recuerdo sus manos temblorosas, las lágrimas que se confundían con la tierra mojada, puedo a veces oler el dolor que ella llevaba a cuestas en ese momento. Teníamos siete años, María Fernanda era la burla del colegio, nunca entendí porqué, pero la gente se alimenta de la desgracia ajena, se burlaron de mi también al verme pasar con ella hacia los servicios para que se enjuagara la cara, más calmada y con la sabiduría de una pequeña de siete años me agradeció haberle rescatado, yo partí un pedazo de mi pan y se lo entregué, ella tomó una flor del jardín y me la dio.

Nos movemos, aunque no queramos, la infalibilidad de las horas hace del tiempo el mejor aliado de la desesperación. Lo que hoy vemos de un color mañana nos sabe distinto, lo que hoy probamos y nos gusta mañana ha perdido su color. No pretendo aburrirles con historias de mi infancia, crecí como todo ser humano, pasaron miles y miles de situaciones que te van dictando las notas del existir, el jugar se fue convirtiendo en responsabilidades, las sonrisas comienzan a escasear, las dudas florecen por doquier, ah! claro y casi se me olvidaba decir que María Fernanda la misma pequeña de lentes rotos me había negado, ella también creció, y no hablo de negativa del jueguito macabro de los humanos, simplemente su mundo la condicionó para juzgar y de eso es difícil escapar.

“Cuantas veces he dudado de mi mismo?”, me repetía subido al techo de mi casa, me quedé dormido y soñé, como siempre hago. Era un espacio muy verde, silente, con rasgos de igualdad y serenidad, a lo lejos una caravana de personas subía por una especie de colina, yo observaba retirado. Me fui acercando lentamente, aquellas personas me parecían conocidas, pero no me veían, me ignoraban o simplemente estaban sumidos en aquel momento triste, finalmente le pregunté a un viejito que estaba allí parado, se volteó y me dijo “como ves, están enterrando tu corazón, los superhéroes no pueden sentir, es así, así es”. De golpe desperté, sudando y agitado, la luz de la luna iluminaba la noche de la ciudad palpitante, bajé a mi cuarto y descansé hasta la mañana siguiente.

Aquel sueño permanece conmigo, no he podido descifrar si es una verdad, si se trata de una mentira, o es un sueño más, que se mueve entre la realidad y mis temores, que me recuerda a diario lo que soy. Mi dura batalla apenas comenzaba, no me voy, permanezco, de una forma u otra, allí estoy, siempre presente, si me buscan y no me encuentran es solo que no saben como hacerlo, mi sentir es poderoso, simplemente diferente, no se quita, no se borra, se multiplica con los segundos, por cada minuto que piensen en mi yo devuelvo dos a cambio, solamente distinto, de una manera nunca vista.

Estaba sentado en un salón de clases, solo como siempre, creo que esperaba algo que nunca llegaría o quizá solo esperaba por el profesor. A lo lejos me pareció escuchar una voz, un timbre sonoro que alguna vez había escuchado, de un salto me asomé a la ventana, mis ojos se posaron sobre aquella niña de lentes rotos, vestido desgarrado, olor a fango, y pidiendo a gritos que no le hicieran más daño, solo que esta vez ya no era niña, su cuerpo escultural no llevaba un vestido roto, sus lentes ocultos estaban y su olor no era el de la tierra mojada, más bien era la mezcla de la vida y la muerte, todas juntas en una cascada.

Lo divertido de este planetita son sus vueltas sin parar, giramos, pero lo olvidamos, pequeño error que cometemos. Caminando hacia ella después de tanto tiempo, subía y bajaba la mirada, unos pasos, la cercanía, yo subo la mirada y ella simplemente voltea hacia otro lado, nos cruzamos, la veo, ella no me ve. Aún no comprendo porqué se alejó, miento, si lo se, la corriente se la llevó, el riel de la humanidad, los convencionalismos, la ruta pautada que hemos de seguir, perdón, que yo no he seguido, y por eso al margen me han mantenido.

Decido seguirla, quiero saber, curiosidad humana, quizás mi instinto, no lo se. Es un grupo de unas cinco damas, ríen, hablan, juguetean, se sienten dueñas del espacio, es su medio, no es el mío. Se sientan en la cafetería, me ubico de espaldas, pero escucho, están muy alegres, en la noche, es el día de la fogata universitaria, reunión a la cual he sido invitado pero no pensaba asistir, ahora tengo razones, una razón más bien, quiero verle con el resplandor del fuego en su cara, en todo su esplendor, mirar es una cosa, tocar es otra, tengo preguntas, que no haré, sus ojos se encargarán de contestarlas.

Llamo a una amiga, pregunto si desea acompañarme a la famosa fogata, ella se contenta, pensó que nunca la llevaría, ella como yo, es distinta, a su manera, los extraños nos entendemos. Llegamos a los campos de la universidad, la gente está en lo suyo, cada quien se mueve a su ritmo, apoyo mi mano en la espalda de mi amiga, no tengo intenciones, simplemente reafirmarle que allí estoy, que no está sola, caminamos, hay gente que cuchichea al vernos pasar, debe ser que no tienen esa mano que les toque su espalda en una noche fría, hablan, eso me divierte.

Nos sentamos debajo de un árbol, ella habla de su vida, yo simplemente espero el momento para el cual he venido. Yo respondo amablemente a sus planteamientos, no estoy allí para jugar, creo que ella lo entiende, disfruta la compañía, es sincera, no hay agendas ocultas. Conversamos de la soledad, pero no estamos solos, estamos frente a frente, ella piensa que la soledad es una forma de no enfrentar nuestros miedos, yo creo que es la expresión infinita de nuestra humanidad. Finalmente y a lo lejos veo a María Fernanda, llega acompañada, yo solo quiero mirarla.

Mi amiga decide dar una vuelta, pregunta si le acompaño, me disculpo pero digo que prefiero quedarme allí, ella se para y se va, yo hago lo mismo, sin que ella lo note. Me acerco, me siento de siete años, siento que llevo mi capa en la espalda, veo a mi madre diciéndome que me la quite, escucho los gritos del patio del colegio, veo a los niños persiguiéndole, en busca de una maldad más. Veo como su acompañante la besa, no se que sentir, recuerdo el sueño donde entierran mi corazón, las palabras de aquel viejo, me detengo, me siento en el círculo que se ha formado alrededor de la fogata.

El calor del fuego me hace sudar, es un sudor frío, que nunca he sentido, escucho voces lejanas que me dicen que debo aceptar. Mi mirada se fija en sus ojos, aquellos que derramaban lágrimas en el ayer, ella está concentrada en su juego, en su andar, no tiene tiempo para mirar. Se paran del círculo, yo hago lo mismo, les sigo, me siento como un ladrón buscando fortuna en una calle sucia y vacía, yo no soy el que debo asechar, pero continúo, me muevo en las sombras de mi propia sombra, sigiloso, cauteloso, voy observando cada movimiento.

Se esconden de lo obvio, se diluyen, eso creo, están acostados en la grama, yo al lado de ellos, no me ven, me mimetizo, eso hago, solo espero. Sigo sin entender que siento, cierro los ojos y los vuelvo a abrir con la luz de una luciérnaga que en sus destellos me recuerda que siempre hay formas de ver en la oscuridad. Percibo sus movimientos, su cadencia, puedo sentir su olor, mezclado por supuesto, pero de ella al fin. No se que hago allí, no disfruto viendo a nadie, es solo que debo estar, no puedo descansar, mi misión a cabo llevar, que doloroso es este andar.

Se paran de golpe, pienso que me han descubierto, María Fernanda está llorando, forcejean, el la golpea fuertemente y profiere algunos insultos, yo sigo acostado viendo aquel espectáculo surreal. De pronto ella cae a la tierra, de boca, tal cual como años antes, él se abalanza sobre ella, vuelve a subir la mano, solo que esta vez no llega el puño a su destino. Lo tomo por atrás, detengo el golpe, el muchacho asustado se levanta y no sabe que decir, ni siquiera intenta proteger lo suyo, o lo que el piensa es de él. Simplemente le miro, callado, sin mostrar mi rostro, huye de inmediato, no quiere problemas posteriores.

Me acerco y la tomo del brazo, la levanto, la oscuridad oculta nuestras caras, me saco de la cartera aquella flor que ahora es solo un pedazo aplanado de materia orgánica, abro su mano, la coloco allí, vuelvo a cerrar su mano, ella trata de acercarse para ver quien le ha salvado, ya es muy tarde, ya me he ido, a lo lejos escucho un grito “Policarpio, eres tu?”. Efectivamente soy yo, pero tu eres otra, yo simplemente siempre he estado, tu te has olvidado, mi protección es perpetua, mi andar es seguro.

Mientras el planeta gire allí estaré, mientras haya gritos en la oscuridad no desapareceré, si me buscas me encuentras, no me voy, no me he ido, es quizás solo que mientras sigan sintiendo por lo que ven mi corazón deberá permanecer enterrado, yo soy solo un superhéroe, solitario y calmado, yo no espero, no mendigo, solo atiendo a mi llamado…….

9 comments:

Bohemia said...

Tras leerte ahora me siento más segura en el mundo, superhéroe...
Saludos

vylia said...

La cuestión del heroismo también me intrigó durante mucho tiempo. Me alegra muchísimo que hayas encontrado el secreto real y que seas uno de los superhéroes que necesita el mundo. Te estaré visitando, valiente caballero.

Un saludo, estás cordialmente invitado a mi espacio.

Sereia said...

¿Para qué una capa cuando tienes tus palabras?
Una preciosa protección de lo real es lo que nos aportas...llegando incluso a lo más profundo del mar.
:)

« verfaulte traume » said...

.. Que dicha el sentirte un heroe.. pero al igaul que sereia.. tus solas palabras hacen de ti un heroe al transmitir un mensaje y llevarlo a lo mas profundo de la conciencia.!! SAludos

conny said...

la ota vez visitaste mi blog
bueno volvi de las vacaciones no he escrito nada interesante jajaja pero se viene
visita un beso

Phases Moon said...

Policarpio... "los extraños nos entendemos"...por eso es que en el mundo de las hadas nos encanta recibir a los superheroes...son tristeza tenemos que lidiar en medio del mundo real con estos humanos que se dejan arrastrar por las banalidades del mundo material...ay poli, pero algunas veces las hadas también chillan...

como dice la frase que tanto me gusta de Romeo y Julieta "¡Ah, ponte otro nombre!
¿Qué tiene un nombre? Lo que llamamos rosa
sería tan fragante con cualquier otro nombre. "

Un abrazo fraterno

martastuarmetrix said...

visitaste mi blog!!! que honor que un super heroe haga eso, saludos espero mas visitas...soy como el chile verde.

Ceshire_andromeda said...

Conmovedor

Anonymous said...

Hola amigo!!!
Acabo de leer "NOVENARIO", como siempre muy descriptivo,claro y con algún mensaje...para mentes inteligentes por supuesto!. Los personajes que a veces describes,uno pudiera pensar que no existen,que no son reales, ay!, pero con tristeza vemos como pululan por este mundo muchos, muchísimos como ese tipo de gente.Personas que como en tu sueño vagan por este mundo disfrutando hacer daño,molestar,vengarse,abusar,actuaen en las sombras con cobardía creyendose poderosas,esperando el momento para dar una puñalada trapera,meter una zancadilla, regocijarse en su estupidez en su insania mental pensando que "estamos ganando!!!"....¿ganando qué????
Ese tipo de gente hay que dejarlas solas, que se revuelquen en su estercolero, en sus vidas vacías, vacías de valores reales, de sentimientos nobles, de esperanza, de hacer el bien, de tener a Dios dentro, la vida para ese tipo de gente son un negocio...donde siempre quieren ganar, es más solo pueden ganar, si algo les sale mal,no cuadra con sus "planes", se apodera de ellos la ira,la rabia,el odio y les pasa como el alacran que se termina picando el mismo envenenándose!!!. Que triste ver como los sueños nos hacen ver a este tipo de seres que existen!!, que por más que uno piense que no pueden o no debieran existir personas asi....las hay y muchas veces tan cerca!!!.Pero la bondad,la nobleza de corazón,la honestidad, el no deseo de venganza a la larga acalla esas voces, los hace ver como lo que son seres envilecidos cegados por la ira y la irracionalidad!!.Todo esos sentimientos de malignidad se pagan,en algún momento se devuelven como un boomerang a mayor velocidad de la que fué lanzado!!.Sigue escribiendo, te felicito.Aquí en mi ciudad leemos siempre tus escritos,te seguimos apoyandoy escribiendo nuestros comentarios.