Wednesday, July 12, 2006

Liborio y Agustina

Estoy parado en el borde del techo de mi casa, es tarde en la noche y hace frío. Mi capa se mueve con el viento, mis ojos vigilan con recelo la noche, cuidan, protegen, a eso he venido. Mi madre grita “Policarpio, niño, que haces ahí, te vas a caer, ay Dios mío me vas a matar de un infarto un día de estos”. “Tu padre te está buscando para que veas el juego de baseball con él, bájate de ahí, de inmediato, anda a hacer lo que hacen todos los niños, juega, diviértete, que loquito he traído a la Tierra”. Yo por mi parte hago caso omiso a las palabras preocupadas de mi madre, ni siquiera volteo a verle, solo cuando me carga por la cintura y me baja de mi puesto de guardia, a los cinco años no era tan pesado como ahora.

Ya en el resguardo del hogar estoy sentado al lado de mi padre, observo con detenimiento el juego de pelota, desde que tengo uso de razón me ha apasionado su complejidad. Mi padre con paciencia me explica ciertas cosas que aún no comprendo del juego del diamante, me enseña que la vida quizás se parece a ese “simple” juego, a todos nos llega un turno, cometemos errores, no perdemos hasta que realmente se termina todo, y siempre queda la esperanza que el año siguiente volveremos por más. En ese momento no comprendo muchas cosas, la vida para mí es una capa y una mezcla de sueños que por alguna razón esquiva nunca llegarán a hacerse realidad. Estoy en un trance, el juego está interesante, como siempre, no me muevo de la silla mientras muerdo un pedazo de queso, si, es que siempre me ha gustado comer queso.

Estoy en una ciudad extraña de eso puedo estar seguro, no es el valle que me vió crecer, simplemente es otro lugar, otra época. El tiempo ha pasado, esa es su virtud y su misión, pasar. Si nosotros pasamos por el o por el contrario el pasa por nosotros es otro cantar, hay muchas personas que se matan por vivir y hay otros que deberían de matarse. Abro mis ojos al compás de los rayos del sol, estoy acostado en el piso, duro como la pared que he construido a través del tiempo para evitar ser perforado por la maldad humana. Los ladrones, enemigos de vieja data, se han llevado gran parte de lo que sudé, al parecer ese es su trabajo, quitar per se, obtener lo que no es suyo, destruir una vida, o más, la verdad no he podido descifrarlo.

Me lanzo a la calle, como siempre he hecho cuando la tristeza invade mi ser, pero este día es diferente, será más bien, recuerdo que tengo que hacer algo, casi se me olvida, salgo al paso de la ciudad, al movimiento impuesto por la vida, es allí cuando me vuelvo a encontrar con Liborio y Agustina. Les saludo como siempre he hecho, hay cosas en la vida que se aprenden de siempre, las llevamos adentro, no se pueden explicar. Agustina viene un tanto adormecida, su terror por las alturas es bien conocido, Liborio trae una mancha en su pantalón, antes que le diga algo me advierte que debo respetar a mis mayores y que la mancha es un defecto de fábrica.

Somos humanos, tenemos necesidades, así como algunos estafan y roban por placer hay otros que necesitamos comer. Hablamos, conversamos, ponemos en orden las ideas que la lejanía a veces no permite cuadrar, recordamos viejos tiempos, sonreímos, muy importante, nos burlamos de nuestro propio existir, ellos tienen una misión, yo otra. Al salir del establecimiento de comida Liborio toma dos libros que pesan una tonelada, los agarra de gratis, en un puesto en la calle, no entiendo porqué decide agraviar la carga con aquellos mastodontes, sonrío, a veces no puedo evitarlo al ver las trastadas de Liborio.

Nos subimos a mi carro, ya Alerón no me acompaña, nos encontramos dando vueltas por la ciudad, mirando, viendo, internalizando que la vida pasa a cada instante. Con el transcurrir de los minutos nos vamos quedando callados, es posible que nos entendamos en un lenguaje no escrito, por nadie sabido. De pronto subo la mirada, en el retrovisor veo un espectro malvado, el asco embriagado, la suciedad pululante, la idiotez andante. Mis ojos no lo pueden creer, los ladrones, de nuevo, me persiguen, y esta vez no voy solo. Mantengo la calma para no alarmar a Liborio y Agustina, con sutileza cruzo en una avenida adyacente, ahora se que los ladrones no son han venido por mi sino también por mi sangre.

He podido constatar que viajan en tres vehículos distintos, una escoba para la bruja, un camión blindado para el estafador y un vehículo no identificado, sin placas, oscuro y grotesco en donde se transporta el engendro de los dos anteriores. La razón de viajar separados me hace pensar, será que molestos se encuentran entre ellos y no pueden olvidar, o será que su plan como suelen hacer, es una estrategia macabra y venenosa para acabar con mi ser. Acelero mi carro para recibir la inmediata llamada de atención por parte de Agustina, Liborio parece metido en un trance leyendo unos libros que ni siquiera se de que tratan.

Mi cara muestra de alguna forma la tensión del momento, dulce tormento peligroso intento. Mis enemigos usualmente respetan mi privacidad, esta vez no les importa nada y vienen por más. Detengo el automóvil y decido invitarles a pasear, sin ofrecer oposición acceden y nos bajamos en un espacio abierto, señorial, tranquilo, que majestuoso cuida a la ciudad como un guardián incesante, de algún modo me recuerda a mi mismo, solo que este es de piedra y yo de carne y hueso soy. Caminamos pausados, Liborio y Agustina no están enterados que por los ladrones somos perseguidos y que en cualquier momento pudiera cambiar el destino.

Pedimos a un amable transeúnte que tome una foto de nosotros, para el recuerdo, para el olvido. En el preciso instante cuando el hombre aprieta el botón a toda velocidad y por nuestra retaguardia pasa una escoba volando, con su respectiva bruja encima, con la insensatez palpable. El hombre asustado suelta la cámara y sale corriendo, Liborio quien no ha dejado de cargar los libros se mueve hacia un lado y nervioso enciende un cigarrillo, Agustina despeinada por las hebras de la escoba trata de arreglarse a la vez que me pregunta que es aquello que ha sobrevolado nuestras cabezas, yo simplemente callado y tranquilo espero, espero a que vuelva por más, solo que esta vez mi china no se dejará amedrentar.

La bruja del vicio se embala hacia nosotros nuevamente, a toda velocidad, con su odio brotando por doquier. A escasos metros de nuestras humanidades frena y detiene el vuelo, flota delante de nosotros, su nariz puntiaguda, su sombrero negro, su hebilla reluciente, su olor inclemente. Trata de convencer a Liborio y Agustina de que se encuentran al lado de un ser villano, ellos escuchan y dejan que hable, sin mostrar pruebas de sentimientos, sin dejar de mirar fijamente a la bruja. La bruja habla de la verdad, de su verdad, la que ella manipula a placer, yo observo con mi china preparada, sinceramente no me gusta gastar pólvora en zamuro pero hay veces que hay que tomar acción para no perder la noción. “Yo digo la verdad” grita la bruja con su voz asquerosa, “yo solo digo la verdad” repite de nuevo, el esperpento olvida que Liborio y Agustina me han enseñado a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganar el respeto de los débiles. Su mente podrida y poco pensante se queda dudando sobre su aseveración, comienza a sobrevolarnos con ira y desprecio, se lanza en picada y muy emperifollada, un chinazo a la frente la hace cambiar, su vuelo errante la hace mortal, sin pena ni gloria se estrella en el agua, los patos que habitan aquel pequeño lago salen despavoridos al sentir aquella maldad, bañada y sudada y con escoba robada nos mira por última vez “He venido a robarlos una vez más” profiere la bruja con fortuna con poca razón, sin humildad y por si fuera poco sin dignidad, nosotros tranquilos nos damos la vuelta, el silencio tiene sus ventajas.

El estafador hace su aparición de inmediato, en su camión blindado en donde guarda su fortuna, en donde lleva una lista con todas las personas a las que ha dañado sin haber pensado. El éxito le ha quitado su humanidad, su odio constante lo hace petulante. Quiere algo de nosotros, pero no lo logra definir, lo tiene todo y no tiene nada, materia gigante espíritu faltante, su avaricia desbordante promete desastres, humano nacido convertido en robot, capaz de destruir sin mucho perdón, enemigo de mis fibras, ladrón de mi sudor, de poca palabra y poca intuición le roba al pobre, esa es su misión. “Sus pertenencias, entréguenmelas de inmediato”, grita el dudoso bandido, “todo, todo lo que llevan encima”, Liborio mira sus libros y puedo ver como no los quiere soltar, Agustina ve con dolor que tendrá que entregar su alianza de años, yo sonrío, pues en el fondo se que una vez me han robado, pero dos es pecado. “Quiero todo” grita de nuevo el estafador, “ustedes fracasados, ustedes desterrados”. “Menudas palabras me dices ahora, si tu viejo asqueroso, ladrón de fortunas, tu ceguera interna por el obtener aquello que no es tuyo pero quieres tener te ha hecho olvidar que como me han enseñado Liborio y Agustina del fracaso renacemos para triunfar”. El estafador se abalanza sobre nosotros, Liborio lo golpea en su calva con los libros, yo simplemente le doy un empujoncito hacia el laguito en donde reposa la bruja, allí mojado nos mira con odio, su vida está llena de rastros golosos, se olvida el farsante que está rodeado de cariños dudosos.

El engendro se acerca, con sueño, con desparpajo, sin gracia y con un cartel que indica que quiere venganza. Sus ojos dan muestra de las noches que ha pasado sin dormir por saberse ratera, por saber que ha dañado usando la mentira, su vida placentera brilla de día para en la oscuridad esconderse a verla pasar. Su ira es perpetua, su dolor palpitante, su alma podrida se muere inclemente, rodeada de gente se encuentra su mente, pobre princesa venida a menos, su vida se opaca sin muchos destellos. “Exitos”, “muchos éxitos para mi”, profiere gritando la pobre mujer, es que nunca le han dicho que el éxito es bueno mientras nunca perdamos nuestra humanidad. “He venido a vengarme” insiste el engendro, “yo no se lo que es la venganza, pero eso deseo hacer”, “las órdenes expresas yo debo cumplir, mi voluntad no importa, solo debo seguir”. La pobre mujer olvida de plano una lección que me han enseñado Liborio y Agustina, “la venganza es señal de bajeza y perdonar no es más que un signo de grandeza” le hago saber. Le miro a los ojos que ahora lloran a cántaros, me digo a mi mismo que perdonada estás, tu odio rampante deberás controlar. Sin pensarlo nos enfrenta, ella ha venido por algo, y se lo quiere llevar, corriendo hacia nosotros resbala con unas gotas que han salpicado del lago cuando la bruja ha caído en el, por los cuatro vientos se encumbra, y luego de pasar por encima de nosotros al lago cae a encontrarse con los demás ladrones, allí mojada, allí mojados, me miran jurando que volverán por mi, tarde o temprano, así olvidando que no vivo por ellos, ni les deseo el mal, simplemente quisiera que aprendieran a perdonar.

Liborio y Agustina me miran asombrados por lo que ha pasado, no puedo creer que aún Liborio esté cargando los libros, que no son más que dos guías telefónicas, sin lugar a dudas ese par de humanos me hacen reír, me han dado de todo sin nunca pedir, me enseñaron a ser lo que soy, les debo sin dudas lo que llevo adentro, pagarles quisiera pero no encuentro con que, me tomaron de la mano cuando los necesité, son clase aparte, únicos per se, no roban ni se vengan, son parte de mi ser, y si, para los que no lo saben Liborio y Agustina no son otros que mis padres…

21 comments:

Anonymous said...

que gran verdad...la nobleza de alma, con nuestros errores, siempre, siempre triunfará sobre las bajezas del ser humano!!!. Excelente escrito, me gustó.
Robelio Guzmán

Nagore said...

Me ha encantado el post.Muy bonito y muy bien escrito!

Te seguiré leyendo!

Un saludo.

mayra! said...

Hola!!!

Sí! si caché que eran tus padres :D creo que tendría que leer con más atención para entender bien lo de la bruja, pero sí me quedó claro el cariño que le tienes a tus papás!!! que lindo ^^
a veces en las situaciones más cotidianas (el partido) es cuando más aprendemos de ellos, cuando más tratan de enseñarnos, cuando más nos entregan... de verdad: muy lindo lo qie pusiste...

un beso

bye!!!

Antoinette said...

Saludando también.

bacio!

momo said...

Hola vengo a devolverte el saludo, y a leer con mas detenimiento. Un beso!

Celeste said...

Qué curioso, sólo caí en cuenta de la identidad de Liborio y Agustina, cuando al final leí que los libros que cargaba no eran más que dos guías telefónicas... Igual a uno de mis viejos que todo lo consulta a ese libro y para quién es más que la Biblia. Jejejeje. Gracias por el recuerdo.

Besos celestes!

-Sedna- said...

Gracias por tu visita a mi página.
La tuya me parece muy interesante... escribes muy bien...
Saludos.

Esmeralda said...

Gracias por la visita... Yo aqupi dando la vuelta por tu blog, muy interesante, escribes muy bien!

ANGELAZUL said...

Hi.... aqui visitandote WOW que interesante tu pagina, gracias por hacerme el honor de tu visita........

Besito



ANGEL

Orietta said...

Hola Muchas gracias por tu visita, me parecio muy interesante todo lo que escribes, voy a tener que venir con mas tiempo para terminar de leer todos tus escritos pero dejame decirte que escribes muy bien, te felicito, entretetienes y convences a leer todo.

chauuuuu

Orietta

Contemporanea said...

gracias por tu visita, he estado con poco tiempo asi es que con más tiempo te leeré, saludos.

Porotito said...

He pasado a agradecer tu visita y me ha encantado tu post, tu fluidez al escribir. Entretienes mucho, y es muy lindo lo que escribes.... padres son solo uno en la vida, irrepetibles.
Saludos, Porotito

esperpento said...

Bueno, me dejaste perpleja, ya ves otro esperpento que se te cuela, pero te dire yo mas moderna ya no viajo en escoba jajaja. Me encanto tu post, y me voy a dar un tiempo para leerte, hay muchisimo, eres muy prolijo.
Agradecida que pasaras a visitarme.
Besos.

La Noche said...

gracias por tu paso.. bonito blogg
he de tomarmelo con calma lo poco que te he leido es estupendo.
un beso

susana said...

vaya..grata sorpresa este blog, todo sale de tu cabecita?si es así..olé..por cierto somos del mismo año, 74...hoy cumplo 32 ay jaja q vieja jaja besos su

Fairy_Andru said...

Interesante relato.......saludos*-*
nos tamos leyendo......

Glauca said...

...tus padres terminaron creyendo en tí y tú terminaste por entenderles pero ¿para qué querían Liborio y Agustina esas guías de teléfono???. Acaso para buscar el número de aquellos que pudieran ayudarte a liberarte de las sombras que te apartan del bien???.
...siempre dejas las sorpresas para el final último!!!!
Saludos

María Pastora Campos said...

....más pasa el tiempo y más valorizamos a los padres...te envío un gran saludo desde Santiago.

Abril_de_otoño said...

los padres..............
a pesar de todo y de sus equivocaciones siempre estan....
e mi caso ahunque uno a mi lado y el otro en el cielo.....


me gusto mucho la relacion que se da con tus padres, porque de ellos hablas verdad,,,,,,,,,,
un interesante relato, padres libros ejej,,,
y un misterioso final...

felicidades..

grax por tu visita

viviana said...

eyy amigo, gracias por la visita y el relato me encantó...lo que me gusta es esa mezcla de angustia durante todo el relato, la desproporción de todos los detalles es genial. un abrazo enorme. stamos en contacto.

Nev said...

WoW!!! muy bueno.