Monday, December 12, 2005

Cuentico de Cuna

Ignacio Pérez Valdivieso nació en Maracay, en el seno de una familia adinerada y conocida a lo largo de la geografía del país. Vago pero curioso Ignacio dio tumbos en la escuela, finalmente cuando se graduó de bachiller le indicó a su padre que deseaba la herencia en vida pues el no pensaba ni estudiar ni trabajar sabiendo que el viejo tenía esa cuenta acaudalada en el banco. En un principio su padre lo mandó a lavarse el culo, pero ante la amenaza de no volverlos a visitar más, Ignacio se salió con la suya, su padre hizo un traspaso gigante a la cuenta del muchacho de diez y ocho años. Ignacio se despidió e inició un viaje por el mundo, buscando no se que, la nada, el todo, o simplemente jugando a niño malcriado al que nunca le dieron un buen carajazo por el cogote.

Paseó y bonchó, la vida de un artista llevaba el párvulo, viajes, cenas, carros, lujos, mujeres, despilfarro e inconsciencia. Lo que viene fácil se va fácil, suena bobo, pero es así, no los repiten pero lo obviamos, es la simple naturaleza humana de poner cagadas a diestra y a siniestra para luego lamentarse del error. En aquella época Ignacio vivía en Londres, tenía una novia en París, otra en Munich, su tren de vida no había bajado, a sus padres nunca había visitado, y es que ni siquiera una ola gigante lo hubiera parado. Mi error, disculpen, es que a veces quisiera regresar en el tiempo y cambiar las cosas, pero eso he aceptado no se puede. A Ignacio lo paró una de sus aventuras, es que me duele contar esta historia, una de las tantas que vi en el planeta azul, una más entre las otras, entre las gaviotas que van al mar.

Se paró al frente del cajero automático y trató de sacar 20 Euros, el cajero se los negó, indignado entró a la oficina del banco y armó un escándalo. A los pocos minutos salió el gerente, Ignacio no podía creer lo que escuchaba, una de sus tantas novias, una italiana, había retirado todos los fondos, de alguna manera había obtenido la autorización y simplemente se llevó el dinero, legalmente, por supuesto, ilegal a los ojos de Ignacio, quizás en una pea, quien sabe, Ignacio hablo de más, de seguro no había aprendido a callar. Salió cabizbajo, sin un centavo, sin saber que hacer, sin valor para pedir ayuda, con la estima en el suelo y la vergüenza entablillada.

Llegó a su apartamento, se sentó en el sofá y contempló la solución de los cobardes, no lo hizo, encendió el televisor, un hombre de aspecto extraño vendía enciclopedias, buscaba vendedores, prometía imposibles e invitaba a llamarle. Ignacio aturdido tomó el teléfono, marcó y habló, subido en su carro deportivo llegó al lugar, se bajó y entró. En una silla el mismo hombrecillo de la propaganda televisiva le esperaba, sonrío amablemente y conversó. Los minutos se hicieron horas, Ignacio miraba con atención, procesaba la información sin emitir opinión, se estrecharon las manos y se despidieron, para siempre, tal cual como decía el contrato.

Vendió su carro y compró un pasaje a Caracas, su equipaje, unos libros, su conciencia, destruida. Con suerte corrió y alguien se apiadó de él para llevarle desde La Guaira a Caracas, una señora bien vestida y perfumada, no la típica persona que le daría un aventón a un cualquiera, quizás la ropa de Ignacio la engaño, ropa cara, sin lugar a dudas. La mujer preguntó que donde quería que lo dejara, Ignacio respondió que en cualquier lugar, allí le dijo que era vendedor de enciclopedias, que si quería una, la mujer no estaba interesada en las enciclopedias, en nada la verdad, su vida había perdido el sentido. Lo llevó a su casa, le ofreció un café, la mansión fría y solitaria, Ignacio insistió en mostrarle los libros, la mujer accedió.

Tomando el pesado libro, forrado en cuero marrón, Ignacio habló de las bondades de aquella compilación de conocimientos, la mujer abrió la primera página y leyó con atención, sus manos comenzaron a temblar, "quien eres tu?, gritó aterrorizada, Ignacio no comprendía, al subir la mirada, en la escalera, apareció el esposo de la mujer, con otra, jugueteando felices, las miradas se cruzaron, el hombre sacó una pistola de su bata de casa, accionó el gatillo y mató en seco a su esposa. Ignacio tomó el libro y corrió, el hombre nunca le disparó, al parecer nunca lo vió.

Asustado y temblando abrió la primera página de la enciclopedia, las letras en un principio se cruzaron, borrosas, sin rumbo, alcanzó a leer, "Alejandra Fortul asesinada por su marido"…, no pudo leer más, Ignacio no sabía el nombre de la mujer, pero en su mente estaba claro ahora, cerró el libro con fuerza y trató de botarlo, pero no lo pudo hacer, corrió desesperado, llovía a cántaros, sin parar siguió y siguió hasta llegar a una casa en donde tocó el timbre. Las puertas se abrieron, una dama le hizo pasar, después de secarse y tomar manzanilla caliente, la mujer le ofreció sentarse en la sala, su marido también se acercó, Ignacio todavía llevaba el libro consigo, la mujer le pidió verlo, él se lo entregó, sonó el teléfono, el marido contestó, la mujer leía el libro, la expresión del marido cambió, la mujer lloraba alarmada, el marido la abrazó, Ignacio tomó el libro y apenas pudo leer "muere en accidente de tránsito Jesús Daniel Almandoz"….

Nuevamente corrió, la pareja ni siquiera le miró, confundido y aturdido, lloraba cansado, el libro a su lado, perdido y sin rumbo buscó cobija bajo un puente, algunos lateros lo recibieron, durmió poco, el sol salió e Ignacio despertó. Nuevamente comenzó a caminar, sin saber que esperar, se subió a un autobús, se sentó al lado de un muchacho joven, el libro es sus manos, el curioso muchacho lo instó a prestárselo, abrió el mismo y comenzó a leer, sudando y pálido se paró de su asiento "detengan el autobús, detengan el autobús" gritó al vacío, el chofer maniobraba, el golpe esperaba, hierro retorcido, gasolina por doquier, vidrios rotos y sirenas, una multitud morbosa disfrutaba del show, el libro decía "mueren veinte y dos personas en choque de autobús"….

Ignacio salió despavorido, ileso, el libro a su lado, frustrado y sin ganas, deambuló por la capital, buscando respuestas, no se atrevía a abrir el libro, no entendía que sucedía. Sintió hambre, entró a una arepera, la sorpresa no se hizo esperar, unos amigos de su juventud comían allí, al verlo en aquel estado corrieron a ayudarle. Preguntas sin respuestas, Ignacio no hablaba, devoraba una arepa de carne mechada, sus amigos no entendían de que se trataba, uno de ellos tomó el libro, Ignacio apenas subió la mirada, el muchacho dijo en tono de burla "aquí dice que esta arepera explo…. Se oyó el carajazo, las arepas volaban, las sillas se quemaban, el fuego arrasaba, Ignacio comía, gritos y caos, el olor a quemado, el local devastado.

Ignacio corriendo nuevamente por la calle, el libro a su lado, entró en una iglesia buscando respuestas, el silencio, figuras de guardia, no es una tienda donde se puede comprar, respuestas si hay, en el tiempo, es solo esperar, pues suelen llegar. Sentado en un banquito se le acercó un cura, la cara de Ignacio hablaba sin emitir sonidos. Conversaron un rato, Ignacio atareado, el cura templado, Ignacio volteó a un lado, distraído por un ruido, el cura tomó el libro y lo abrió, agarrándose el pecho cayó desplomado, Ignacio leía "en su propia iglesia cayó tendido el Padre Morelia a causa de"…..

Despavorido Ignacio caminaba a paso rápido, llegó hasta un parque, se sentó en la grama, el libro a su lado, un mendigo se le acercó y le pidió ayuda, Ignacio no la tenía, el mendigo agresivo tomó el libro, arrancó una página de golpe, del cielo nublado un rayo perdido chamuscó al mendigo, allí acostado reposaba el mendigo, en la página suelta, "mendigo muerto a causa de descarga eléctrica"…., Ignacio corriendo sin fuerzas ni vida buscaba respuestas que nunca vendrían, se paró en un puente y sopesó el devenir, pero él no saltó, el libro lanzó, esparcidas abajo volaban las páginas, Ignacio cansado volvía a casa.

Valiéndose de sus instintos se subió a un autobús, una viejita hablaba de sus nietos, Ignacio ignoraba, la vieja continuaba hablando, Ignacio pensaba, la vieja no se podía callar, Ignacio soñaba. Entró a su casa, sus padres lloraban, Ignacio perdido y acabado ni siquiera hablaba. Su madre anunció que alguien lo había estado buscando, que le habían dejado un regalo, le entregó algo envuelto, Ignacio lo abrió, adentro un libro esperaba tranquilo, una hoja suelta cayó en sus piernas, "el hijo asesina a sus familiares"…Ignacio cansado, sin fuerzas y agobiado subió a su cuarto, acostado en su cama miraba hacia el cielo, cumplir el deseo?, o revelar el secreto?, bajó la escalera, sus padres le esperaban, tomó una pistola, y sintió una punzada atravesarle, el grito de la madre, el horror del padre, atrás de Ignacio, su hermano Andrés le había matado, acto seguido acabó con sus padres, tomó el libro y salió de la casa, son cosas que pasan…

16 comments:

YaViTa said...

hola niño...
gracias por su post...
no se pierda...^^

girl in the fire said...

hola!

ke kühl tu blog :) sos demasiado creativo :P

dani

Alfred Welsh said...

Realmente muy interesante, me pasaré por aquí más amenudo.

Bohemia said...

Increible, una historia extensa y hermosa y eso del final me ha gustado...
Recibe un saludo helado!!!

Ceshire_andromeda said...

Se rebelan los libros.
¿Y ahora Vengador como duermo?
Eres terrible. Buen cuentito este para contarle a mis futuros hijos: vean niños lo que le pasó a Ignasio Pérez Val_travieso por no querer estudiar ni trabajar... Si a la Caperucita se la comió el lobo por andar solita y en una sexy caperuza, que te ataque una enciclopedia por vagoneta no es nada.

William said...

Mierda que me ha gustado
Ya mismo te hago un link :)


Ya me pasare seguido por estos lares

Jay Sag said...

Hola!
Gracias por la visita a mi blog... Estaré pasando por aca para darte unos vistazos!
Saludos!

Maria Isabel said...

Bibliophobia- Fear of books.
Despues de eso creo que no abro un libro grueso forrado en cuero marrón en mi vida...jajaja
ah y mucho menos le abro la puerta a algun tipo que venda enciclopedias

la witch said...

Ya me decia mi madre que no hablara con desconocidos!!!!!Ahora entiendo porque la gente no lee!!!No estarías pensando en regalarme un libro,no???

Blackwidow said...

Nuestro destino no está escrito,lo vamos escribiendo dia a dia.

Meg said...

Me ha encantado, es un relato genial, ¿es tuyo?. Me recuerda un poco a Cortázar y a sus historias imposibles.

Princesa said...

Magnífico! Tus relatos son simplemente fantásticos. Dignos de leerlos hasta el último punto.
Besos de fan :)

Proteus said...

Me gustó mucho tu post, hiciste que recordara a un perro que tuve.
Saludos

Katherine said...

Qué buen relato... cada día me sorprendes mas... Un abrazo a la distancia

Mila said...

Esta buenisimo! No me esperaba el desenlace...

Aunque me tripee a Ignacio corriendo a lo Forrest Gump...

Phases Moon said...

BRAVO!!!! CLAP CLAP CLAP EXCELENTE COMO SIEMPRE....me encanta la rima que de cuando en cuando se le va rondando entre parrafos.

Un beso