Decido usar la medida extrema de uno de mis aliados en la Tierra, aliados, amigos, lo mismo, esos que se paran al lado tuyo aún a sabiendas que estás equivocado. La medida no es otra que acostarme a dormir para olvidar, el truco legendario, caer víctima de Morfeo para no sentir, al menos no conscientemente. Olvidamos, si, pero estamos hechos distintos, por ende, soñamos, las realidades no se pueden escapar, soñar no cuesta nada, la realidad nos cuesta el existir, soñar puede curar pero es capaz de herir en las profundidades, cuando estamos indefensos, descansando, o simplemente recordando.
Puedo ver mi sombra reflejada en la pared, me asusta, desde niño nunca me han gustado las sombras, y pensar que allí he tenido que vivir. Aún recuerdo el día que corría desesperado en el garaje de la casa con el sol a plena luz, mis padres pensaban que correteaba como cualquier otro niño, yo huía de mi sombra, y por más que traté ahí se mantuvo, de eso pueden estar seguros. Coloco mi cabeza en la almohada, por este día todos los remedios han sido gastados, todas las técnicas para escapar se han agotado, dormir o morir, es que a veces no entiendo y me desespero.
Me rindo, mis ojos se cierran, me entrego al oscuro océano de mis sueños, abro la puerta de lo desconocido, lo que está por venir es solo una historia más. Su orgullo es infinito, así empieza mi sueño, le veo a lo lejos, desesperada pero burlándose, mezcla por demás que ataca cualquier lógica humana. Lleva un vestido color naranja, me recuerda el pasado, la mitad de su cara sonríe, la otra llora desconsoladamente. Su parte feliz habla de cómo me ha olvidado y desechado fácilmente, la otra me dice que me extraña y que piensa en mi a cada instante. Yo permanezco sentado, en una especie de estrado, creo, me juzgan, por haber sido fiel a lo que creo, por haberle querido como nunca nadie le querrá.
Brinco de la cama, justo en el momento en que ella se acerca y me pide que la tome y la lleve lejos, ni en sueños puedo permitirme ese retazo de alegría, me traicionaría a mi mismo, vendería a la humanidad. El dormir no me ha ayudado, más bien se ha volteado en mi contra, ahora solo en mi cuarto, son las dos de la mañana, y puedo escuchar el retumbar de mi músculo bombeador acelerado a la enésima potencia, bebo agua y me sabe a ella, me paro, sin pensarlo estoy vestido, debo actuar de inmediato, mezclarme, perderme entre la gente, a ella no puedo buscar, pero tiene que haber una forma de escapar.
Me acuerdo que es Viernes, la ciudad apenas se levanta, puedo hacer una aparición, habrá quien se alegre de verme, otros mirarán recelosos. Me subo al carro sin pensar, mi fiel amigo Alerón va a mi lado, el tampoco duerme, creo que extraña algo, no se que será, quizás solo me cuida, todos tenemos que tener alguien que nos cuide. Me dirijo al lugar de moda en la ciudad, no se todavía porque lo hago, yo no pertenezco, pero la soledad me hace buscar vías, entro al sitio, Vodka Bar, así se llama, eso creo recordar, de inmediato me siento aún más solo, pero ya estoy allí, me desplazo entre la gente, soy uno de ellos.
Se me acercan, es que mi cara no parece la misma que ven todos los fines de semana, lo nuevo encandila, lo viejo aburre, lo diferente hace estragos, yo marco para siempre. Me disculpo, no he venido a bailar, ni a tomar, ni a fumar, es que no bebo, no fumo. He venido a sentir que me parezco a todos los que me rodean, al menos tienen brazos y piernas como yo, los uso como espejos, no de mi realidad, pero de mi eterna búsqueda entre el bien y el mal. Siempre hay otros que se encuentran en lo mismo, siempre habrá historias que contar, vidas que entrelazar, momentos que recordar.
Me siento, alejado, en un rincón, ya no tengo sueño, ni quiero soñar. Pido una Coca-Cola, el mesero me mira feo, yo sonrío, se va, en lo que se quita de enfrente, la veo, sentada, sola por igual, en una mesa, en un rincón, sin sueño, sin querer soñar. Medito por unos instantes, es tarde, estoy solo, nada nuevo, pero hay algo en sus facciones, quizás un recuerdo, no lo sé, nunca me ha gustado parecer un aprovechador, menos de una dama sola, pero solo con solo se anulan, así que me muevo, observo, me cercioro que no hay novio celoso, hombre herido, marido matón, o cualquier animal que luego tenga que combatir.
Me siento a su lado, ella se muestra sorprendida, luego sonríe, “si como no, ponte cómodo” dice en tono irónico. La miro, me disculpo, luego ataco, “bueno pensé que como estabas sola podíamos hacernos compañía”, que frase más infeliz he dicho, debe ser que estoy dormido, cansado, no lo se. Ella se ríe, esta vez con sinceridad, “no tenías una línea mejor?, yo me quedo callado, bajo la mirada, la subo, “líneas tengo muchas, pero soledad solo una”. Su cara cambia, mueve su mano, me la estrecha firmemente, Carolita Nah...., no puedo escuchar bien su apellido, la música la interrumpe, “Policarpio” digo, “y como puedes ver más solo que la una.”
Nuevamente sonríe, mueve sus manos con gracia, bonitas sus manos, eso recuerdo. “Sabes que no estoy sola” dice ahora, “solo espero por mi acompañante”, me paro de la mesa, ella hace una seña para que me siente, yo no quiero problemas. Comenzamos a hablar, de esas cosas que salen solas, de aquí y de allá, insisto sus facciones me recuerdan mi sangre, pero lo dejo pasar, me cuenta que está algo cansada, cansada del planeta, música para mis oídos, pero la dejo continuar, la persona que ha salido con ella, se ha encontrado con algo del pasado, le ha dejado allí sola, ella no lo puede creer, por eso allí permanece, esperando que regrese, aunque sabe que es solo una ficción.
Quisiera irme de ahí, con ella, pero me recuerdo que no estoy para eso. Aparece una figura, se trata de su acompañante asumo yo, está tomado, su mano agarra la mano de otra mujer, pero igual regresa a buscar lo que cree le corresponde. “Quien es este?, grita el furioso desconocido, para mi por supuesto, ella no sabe que responder, “no se, un loco que se sentó aquí, que voy a saber yo Alberto”, estoy acostumbrado a que la humanidad me niegue, es parte de la cruz que debo llevar. El tipo, quien tal cual como Pancho Villa, con sus dos mujeres a la orilla, se ha envalentonado, me da dos segundos para pararme e irme de la mesa, no me gusta que me amenacen, a nadie, la negación como parte de una amenaza es simplemente la admisión de lo que queremos hacer.
Me levanto, como ya he dicho, no quiero problemas, me despido de Carolita, también me despido de Pancho Villa, Alberto o como se llame, hago lo propio con la dama que acompaña al tipo. Debí haberme quedado en mi casa, dejar que mi sueño me doliera en el fondo, mañana sería otro día no?, me vuelvo a mezclar, siento que me miran, es solo que no deseo voltear. A lo lejos veo como Alberto se lleva a Carolita, de mala manera, así no se trata a una mujer, al menos no en mi libro, no en mi presencia. Me detengo, estoy cansado, si el mundo no quiere aprender, pues yo no pretendo enseñarle, me siento dividido, mi dolor, mi misión.
No me queda otra que ser fiel a mi mismo, los sigo, eso debo hacer, aquellos ojos de rasgos árabes me dicen algo. Camino, agarro a una niña de la mano, no quiero levantar sospechas, la damita se alegra, cree que ha hecho la noche, recorro el local hasta la puerta, allí suelto a la niña quien se queda con la mirada perdida, otro sueño roto, un cuento más que echar entre sus amigas. Alberto y Carolita me llevan ventaja, corro, los veo de nuevo, se suben a un carro, yo hago lo propio, me parece increíble lo que veo, el tipo, la otra mujer y Carolita en el carro, ahí hay algo que no me cuadra, y para cada situación donde las cosas no tengan sentido, estoy, para eso he venido.
Se bajan en un edificio de oficinas, no es hora de trabajar, son las cuatro de la mañana. Alerón se quiere ir a dormir, mi perro está cansado, lo suelto, el sabe el camino a casa. Sigo al trío, sin que se den cuenta no dejo que la puerta que abren se cierre, penetro en aquel lugar, frío, sin luz, desconocido. Salen de un cuarto vestidos con unas batas blancas, máscaras, todos cubiertos, me introduzco al cuarto y me disfrazo, ahora soy uno de ellos, al menos eso les haré pensar. Hay un olor extraño, no puedo descifrarlo, son esos olores que nunca olvidarás.
Logro ver un letrero que dice “Corporación M&M”, aún sigo sin saber de que se trata, allí me doy cuenta que he olvidado mi china, estoy desarmado. Me deslizo por el suelo, siento la presión en mis venas, finalmente entro a un cuarto en donde hay unas botellas de vidrio que contienen un líquido de variados colores. Escondido tras un mueble veo como Carolita ha sido amarrada a una silla, Alberto y la otra dama se disponen a sacar unos tubos de ensayo, eso parecen, contenedores. Se ríen, hablan pero no logro descifrar que sale de sus bocas exactamente.
Alberto saca una muestra de una de las botellas, la dama desconocida hace lo propio, se inyectan el uno al otro el contenido. En cuestión de segundos comienzan a besarse, se despojan de la ropa, y se detienen. Gritan eufóricos, se abrazan, Alberto dice “lo hemos logrado, la fórmula de la química, de la química entre humanos, ahora quien quiera simplemente por un precio elevado podrá tener a la mujer que desee, y viceversa, mujeres con hombres imposibles, hombres con las mujeres de sus sueños”. Mis oídos no dan crédito a lo que escuchan, con esto se perdería la magia, seríamos robots sin saber que lo somos, sueños rotos, relaciones destruidas, el caos dentro del juego macabro de los humanos.
Carolita suelta unas lágrimas, al parecer le han utilizado para lograr las fórmulas mágicas, sus ojos, miran desesperadamente. Me siento, solo allí en el piso de aquel laboratorio, por un minuto mi mente vuela, la recuerdo, con esa pócima todo sería factible, entregarse para siempre, pero el curso del viaje, no debemos jugar, aunque me duela en el fondo lucharé hasta demostrar que sin fórmulas químicas ella aún me extraña, lo siento, es que no puedo dejar de sentirlo. Vuelvo en mi, de mi pequeño episodio, debo actuar, esto no puede salir a la calle, perdería la gracia, a pesar que los humanos se dañan a diario con su jueguito, hay todavía algunos que creemos en él, que queremos ciegamente, sin parámetros ni dudas, que simplemente amamos.
Me paro, enfrento a Alberto y la dama, estoy disfrazado, no pueden ver mi cara, él grita “quien eres tu?, a estas horas nadie debe estar en el laboratorio”, yo simplemente avanzo, amenazadoramente, la dama que lo acompaña empuña un revólver, sus ojos se cruzan con los míos, brinco hacia un lado y se escucha un disparo, el mismo da con una de las botellas, el líquido derramándose me recuerda mis lágrimas, aquellas que llevo dentro de mi, me quito la máscara y me arrastro, los dos furibundos científicos me buscan, me vuelvo a asomar y un nuevo disparo, otra botella que se rompe, Alberto enfurecido le quita el revólver a la dama.
Alberto se detiene frente a Carolita, dice “si no sales la mato”, yo le devuelvo un “a mi no me importa ella, haz lo que quieras”, con la misma brinco hacia la puerta, un tiro roza mi brazo, pero estoy afuera. Veo un extintor en la pared, lo tomo, Alberto corre hacia la puerta y se encuentra con un humo blanco que lo cubre por completo, luego lo golpeo con el extintor en el coco, cae abatido, la dama sale y le echo más espuma, la voy a golpear con el extintor pero recuerdo que a las damas ni con el pétalo de una rosa, simplemente la agarro fuerte, la llevo al piso, presiono su cuello y cae desmayada.
Entro al cuarto y libero a Carolita, ella quiere darme explicaciones, no las necesito. Agarro una silla y me cercioro que cada una de las botellas quede destruida por completo. Salimos del cuarto y pasamos por encima de los abatidos malhechores, Carolita nuevamente empieza a hablar queriendo explicar de que se trata todo, sus ojos me dicen que ella ha sido obligada, no le dejo continuar, salimos de aquel lugar, está amaneciendo, yo solo salí a olvidar y me encuentro que hay gente que quiere cambiar el curso normal.
Carolita me dice que tiene que llevarme al médico, la bala ha rozado mi brazo y sangro, miro la herida y me río, si ella supiera el dolor que llevo adentro entendería que no hay comparación. Carolita se acerca, huele muy bien, sus ojos brillan, me abraza, siento su calor, yo permanezco inmóvil, se separa y vuelve a acercarse, esta vez cierra los ojos y aprovecho ese instante para desaparecer, ella besa al viento, seguramente se siente mejor que rozar la carne de este superhéroe, que es solo uno más, otro muerto en vida.
Camino lentamente hacia mi casa, mi brazo va regando el suelo con sangre, mi mente va soltando lágrimas, nunca lo sabrás pero aquella noche y en medio de todo aquello no pude dejar de pensar en ti...
Saturday, February 25, 2006
Friday, February 24, 2006
Carta de Amor # 5
En algún lugar sobre el océano, 10 de Octubre de 1994
Así tomo mi papel y mi pluma, abro la bandeja del asiento delante de mí, son las seis y cuarenta y siete, el sol se está ocultando, lo puedo ver desde la ventana, tu me conoces, mi pasión por el vuelo es infinita, a treinta y tres mil pies de altura me siento liberado de cualquier presión, bueno salvo la vieja que está sentada al lado mío que husmea cada vez que puede pues quizás el hecho que yo escriba algo le recuerda sus tiempos de juventud, cuando ella recibió una carta así, o quien sabe, de repente es una chismosa más que no soporta la idea de no saber que escribo en este papel gastado, con mi pluma vieja, con mis recuerdos añejados y que simplemente escribo para decirte que te extrañé.
Ya basta de hablar de la vieja, ahora debemos concentrarnos en ti, pues para eso uso mi tiempo aquí en las alturas. En cuestión de horas te veré, eso creo, más bien es un deseo, tantas cosas que debo decir, es que me he puesto a pensar y créeme no es fácil darse cuenta que he pasado en una ceguera total los últimos nueve meses de mi existir. La lejanía acerca me decía mi madre, yo la miraba y me reía, ahora la entiendo, ella sabe de eso, habiendo crecido lejos de su tierra, teniendo que existir a base de recuerdos que cada día se vuelven distintos pues los acomodamos a nuestras necesidades. Como ves me distraigo, así soy, y por eso en mi distracción eterna he dejado que te vayas sin siquiera haberte dicho que te quiero.
Hay algo que nunca te he dicho, soy un superhéroe, vamos, ahora puedes reírte un rato, pero eso soy. Quizás no logras sonreír por la confusión que causan estas letras errantes en tu muy educado y recto cerebro. Las palabras extrañar y querer no han sido pronunciadas de mi boca en alguna conversación que hayamos tenido, al menos no en el contexto tuyo y mío, es que nunca fuimos tu y yo, eras tu atrás de un niño malcriado, y yo viviendo el dulce sabor del saber que le importas a alguien. Pero discúlpame, es que yo no se de esto, mi vida es racional y fría, mis pensamientos lineales, mi sentir es fuerte pero no permite altibajos propios del querer, bueno, estoy hablando tonterías, pues todo esto se me ha caído después de darme cuenta que me encantas.
Ahora le toca el turno al párrafo de las disculpas, debes seguir pensando que esto parece una carta escrita por un robot, siguiendo un modelo predeterminado, dentro de poco te darás cuenta que no es así. Perdóname, de verdad, cuantas cagadas he puesto, ya se, no te gusta que diga groserías, pero es que son cagadas las que he puesto, contigo, no se me pudo ocurrir ponerlas con otra persona, tenía que ser contigo. Herirte de esa manera tan cruda y vasta, es que a veces pienso que te veía como una especie de enemigo, como un monstruo malvado que trataba de robar algo de mi, que intentaba quedarse con mis pensamientos y seducirlos para llevarlos a la máxima expresión de aquello que llaman sentimientos, pues no me queda otra que ponerme de rodillas y disculparme, me porté como una mezcla de bebé de tres años, con adulto malcriado, niño retrechero y por si fuera poco esa combinación maligna confundida en un adorar que se transformaba por momentos en mal trato y en otros en cariño desmedido.
Ahora por primera vez siento lo que se me viene encima, estos días que debo enfrentar, como hacer que me creas que todas esas veces que te dije amistad debí haber dicho cualquier otra cosa, pues cada vez que estabas parada a mi lado mi interior se inflaba, tonto yo que pensaba que eso era sentir de amigos, es que vuelvo a repetirte yo no se de esto, me educaron para reflexionar sobre la base de la razón, me guiaron para que fuera una pared incólume, para nunca ser perturbado, para crecer, avanzar sin detener, para pensar, sobrevivir, combatir, ser fuerte, duro, no me dijeron que había lago que se llamaba sentir, lo siento, pero no me lo dijeron, pero aquí estoy sintiéndote.
Me robas el sueño, me quitas el tiempo, te llevas mi aire. Pienso, como un cretino amarrado, en ti, a toda hora, has secuestrado mi cerebro quien al no entender que está sucediendo le ha dado por ponerse idiota también y se divierte pensando en ti. Mi existir se ha centrado en otro ser, increíble pero cierto, yo pensaba que estábamos para vivir nuestras vidas solitarias sin molestarnos los unos a los otros, yo pensaba que, yo solo se que te llevo adentro, pegada, clavada, yo pensaba, de pensamiento en pensamiento salto a ti nuevamente, es que esto de pensar y pensar en una persona me debilita, con lo que me gusta pensar, pero en ti?, pensar en ti?, debo reconocer es lo mejor que he descubierto del pensar, he pensado, te lo dije?, he pensado que te amo.
Mi vida no tiene mucho sentido sino estás aquí, eso lo pude comprobar, tu te acostumbraste a quererme, yo a ser querido, es solo que tu sabes querer, yo solo probé una pizca de lo que es ser querido por otro ser humano. Por primera vez me enfrento a mi mismo, a todas mis decisiones pasadas, mis errores, mi caminar devastador, el llevarme por el medio al planeta, no me gusta lo que veo, mi arrogancia, mi burla, mi soberbia, todas esas veces que pensando que hería solo me abría un hueco gigante en mi ser, mientras más insistí en alejarte, más me alejaba de mi mismo, me desfiguré tratando de obviar lo simple, lo eterno, lo sano, lo puro. Soy mi propia burla, he sido un inconsciente, hay cosas con las cuales se juega, hay otras que debemos tratarlas con seriedad, nos duela o nos llene, nos mate o nos haga crecer, he aprendido que el burlarse de algo tan puro solo puede tener consecuencias nefastas, pero aún así me atrevo, y me tomo la confianza de decir un te quiero de nuevo.
Se me acaba el papel, y no he dicho ni siquiera un pedazo de lo que quiero decir, siempre me queda la esperanza de poder decirte esto, y mucho más, frente a frente. Aquí estoy solo como siempre, tratando de explicarme que me pasa, buscando razones donde no las hay, dándome respuestas que se no tienen base alguna. Sabes?, nunca fue mi intención llegar a tu vida, he jugado con ella y eso no se hace, más bien he jugado el juego que se jugar, el de existir porque es así, el de vivir pues me lo dieron, he usado tu cariño para sanar las heridas de mi pasado, me mostraste un lado desconocido, me has enseñado que es mejor dejar sentir que reprimir, me has hecho ver finalmente que soy tan humano como tu y que todos esos días que llorabas mientras yo reía no me los va a devolver nadie para llorar junto a ti.
Esto es una declaración, la primera que hago en mi andar, ojalá y fuera la última, que sabroso es soñar. Yo se que me espera, haciendo uso de mi racionalidad he llegado a una respuesta, solo que quisiera que esta vez el mundo hiciera una excepción y perdonara mi vasto error. Pido mucho, poco di, eso sé, el tiempo se volverá mi amigo, eso que creí era tuyo, voy a necesitar de él, eso también lo sé. Ahora me sorprendo a mi mismo cuando miro el papel y se ha mojado, una gota de mi ser, impregnada en el papel, por suerte ha caído entre palabras, no distorsionará mi sentir, es posible se seque, pero lleva la marca de la primera vez que sentí y sin más que decir solo puedo repetir que te quiero y te querré, en la tierra y en el cielo, en un mundo y en el otro, por ahora, para siempre, en un lado y en el otro, con mi alma y todo yo, solo queda para mí el dolor de la derrota pero debo agradecer que por ti vivo ahora.
Policarpio
Nota: Para los curiosos esto lo escribí hace muchos años, nunca la entregué, se la iba a dar, pero la vi con su novio, el que encontró mientras estuve afuera, el que si supo valorarla y no la trató de amigos. La carta se la di a mi hermano, quien la guardó sin abrirla y me la entregó días atrás, la había encontrado en unos papeles viejos y cumpliendo con lo que le pedí aquel día me la retornó cuando fuera tiempo. La vieja del avión lloró conmigo, increíble, par de idiotas llorando subidos en un avión, me dijo que si ella no se enamoraba con mis palabras pues nunca me había querido, creo que se equivocó, si me quiso, yo simplemente puse la torta. Al abrir la carta me reí, busqué el lugar donde cayó mi lágrima y ya no estaba allí, se secó, o simplemente un ángel la tomó prestada para usarla en otra situación…
Así tomo mi papel y mi pluma, abro la bandeja del asiento delante de mí, son las seis y cuarenta y siete, el sol se está ocultando, lo puedo ver desde la ventana, tu me conoces, mi pasión por el vuelo es infinita, a treinta y tres mil pies de altura me siento liberado de cualquier presión, bueno salvo la vieja que está sentada al lado mío que husmea cada vez que puede pues quizás el hecho que yo escriba algo le recuerda sus tiempos de juventud, cuando ella recibió una carta así, o quien sabe, de repente es una chismosa más que no soporta la idea de no saber que escribo en este papel gastado, con mi pluma vieja, con mis recuerdos añejados y que simplemente escribo para decirte que te extrañé.
Ya basta de hablar de la vieja, ahora debemos concentrarnos en ti, pues para eso uso mi tiempo aquí en las alturas. En cuestión de horas te veré, eso creo, más bien es un deseo, tantas cosas que debo decir, es que me he puesto a pensar y créeme no es fácil darse cuenta que he pasado en una ceguera total los últimos nueve meses de mi existir. La lejanía acerca me decía mi madre, yo la miraba y me reía, ahora la entiendo, ella sabe de eso, habiendo crecido lejos de su tierra, teniendo que existir a base de recuerdos que cada día se vuelven distintos pues los acomodamos a nuestras necesidades. Como ves me distraigo, así soy, y por eso en mi distracción eterna he dejado que te vayas sin siquiera haberte dicho que te quiero.
Hay algo que nunca te he dicho, soy un superhéroe, vamos, ahora puedes reírte un rato, pero eso soy. Quizás no logras sonreír por la confusión que causan estas letras errantes en tu muy educado y recto cerebro. Las palabras extrañar y querer no han sido pronunciadas de mi boca en alguna conversación que hayamos tenido, al menos no en el contexto tuyo y mío, es que nunca fuimos tu y yo, eras tu atrás de un niño malcriado, y yo viviendo el dulce sabor del saber que le importas a alguien. Pero discúlpame, es que yo no se de esto, mi vida es racional y fría, mis pensamientos lineales, mi sentir es fuerte pero no permite altibajos propios del querer, bueno, estoy hablando tonterías, pues todo esto se me ha caído después de darme cuenta que me encantas.
Ahora le toca el turno al párrafo de las disculpas, debes seguir pensando que esto parece una carta escrita por un robot, siguiendo un modelo predeterminado, dentro de poco te darás cuenta que no es así. Perdóname, de verdad, cuantas cagadas he puesto, ya se, no te gusta que diga groserías, pero es que son cagadas las que he puesto, contigo, no se me pudo ocurrir ponerlas con otra persona, tenía que ser contigo. Herirte de esa manera tan cruda y vasta, es que a veces pienso que te veía como una especie de enemigo, como un monstruo malvado que trataba de robar algo de mi, que intentaba quedarse con mis pensamientos y seducirlos para llevarlos a la máxima expresión de aquello que llaman sentimientos, pues no me queda otra que ponerme de rodillas y disculparme, me porté como una mezcla de bebé de tres años, con adulto malcriado, niño retrechero y por si fuera poco esa combinación maligna confundida en un adorar que se transformaba por momentos en mal trato y en otros en cariño desmedido.
Ahora por primera vez siento lo que se me viene encima, estos días que debo enfrentar, como hacer que me creas que todas esas veces que te dije amistad debí haber dicho cualquier otra cosa, pues cada vez que estabas parada a mi lado mi interior se inflaba, tonto yo que pensaba que eso era sentir de amigos, es que vuelvo a repetirte yo no se de esto, me educaron para reflexionar sobre la base de la razón, me guiaron para que fuera una pared incólume, para nunca ser perturbado, para crecer, avanzar sin detener, para pensar, sobrevivir, combatir, ser fuerte, duro, no me dijeron que había lago que se llamaba sentir, lo siento, pero no me lo dijeron, pero aquí estoy sintiéndote.
Me robas el sueño, me quitas el tiempo, te llevas mi aire. Pienso, como un cretino amarrado, en ti, a toda hora, has secuestrado mi cerebro quien al no entender que está sucediendo le ha dado por ponerse idiota también y se divierte pensando en ti. Mi existir se ha centrado en otro ser, increíble pero cierto, yo pensaba que estábamos para vivir nuestras vidas solitarias sin molestarnos los unos a los otros, yo pensaba que, yo solo se que te llevo adentro, pegada, clavada, yo pensaba, de pensamiento en pensamiento salto a ti nuevamente, es que esto de pensar y pensar en una persona me debilita, con lo que me gusta pensar, pero en ti?, pensar en ti?, debo reconocer es lo mejor que he descubierto del pensar, he pensado, te lo dije?, he pensado que te amo.
Mi vida no tiene mucho sentido sino estás aquí, eso lo pude comprobar, tu te acostumbraste a quererme, yo a ser querido, es solo que tu sabes querer, yo solo probé una pizca de lo que es ser querido por otro ser humano. Por primera vez me enfrento a mi mismo, a todas mis decisiones pasadas, mis errores, mi caminar devastador, el llevarme por el medio al planeta, no me gusta lo que veo, mi arrogancia, mi burla, mi soberbia, todas esas veces que pensando que hería solo me abría un hueco gigante en mi ser, mientras más insistí en alejarte, más me alejaba de mi mismo, me desfiguré tratando de obviar lo simple, lo eterno, lo sano, lo puro. Soy mi propia burla, he sido un inconsciente, hay cosas con las cuales se juega, hay otras que debemos tratarlas con seriedad, nos duela o nos llene, nos mate o nos haga crecer, he aprendido que el burlarse de algo tan puro solo puede tener consecuencias nefastas, pero aún así me atrevo, y me tomo la confianza de decir un te quiero de nuevo.
Se me acaba el papel, y no he dicho ni siquiera un pedazo de lo que quiero decir, siempre me queda la esperanza de poder decirte esto, y mucho más, frente a frente. Aquí estoy solo como siempre, tratando de explicarme que me pasa, buscando razones donde no las hay, dándome respuestas que se no tienen base alguna. Sabes?, nunca fue mi intención llegar a tu vida, he jugado con ella y eso no se hace, más bien he jugado el juego que se jugar, el de existir porque es así, el de vivir pues me lo dieron, he usado tu cariño para sanar las heridas de mi pasado, me mostraste un lado desconocido, me has enseñado que es mejor dejar sentir que reprimir, me has hecho ver finalmente que soy tan humano como tu y que todos esos días que llorabas mientras yo reía no me los va a devolver nadie para llorar junto a ti.
Esto es una declaración, la primera que hago en mi andar, ojalá y fuera la última, que sabroso es soñar. Yo se que me espera, haciendo uso de mi racionalidad he llegado a una respuesta, solo que quisiera que esta vez el mundo hiciera una excepción y perdonara mi vasto error. Pido mucho, poco di, eso sé, el tiempo se volverá mi amigo, eso que creí era tuyo, voy a necesitar de él, eso también lo sé. Ahora me sorprendo a mi mismo cuando miro el papel y se ha mojado, una gota de mi ser, impregnada en el papel, por suerte ha caído entre palabras, no distorsionará mi sentir, es posible se seque, pero lleva la marca de la primera vez que sentí y sin más que decir solo puedo repetir que te quiero y te querré, en la tierra y en el cielo, en un mundo y en el otro, por ahora, para siempre, en un lado y en el otro, con mi alma y todo yo, solo queda para mí el dolor de la derrota pero debo agradecer que por ti vivo ahora.
Policarpio
Nota: Para los curiosos esto lo escribí hace muchos años, nunca la entregué, se la iba a dar, pero la vi con su novio, el que encontró mientras estuve afuera, el que si supo valorarla y no la trató de amigos. La carta se la di a mi hermano, quien la guardó sin abrirla y me la entregó días atrás, la había encontrado en unos papeles viejos y cumpliendo con lo que le pedí aquel día me la retornó cuando fuera tiempo. La vieja del avión lloró conmigo, increíble, par de idiotas llorando subidos en un avión, me dijo que si ella no se enamoraba con mis palabras pues nunca me había querido, creo que se equivocó, si me quiso, yo simplemente puse la torta. Al abrir la carta me reí, busqué el lugar donde cayó mi lágrima y ya no estaba allí, se secó, o simplemente un ángel la tomó prestada para usarla en otra situación…
Thursday, February 23, 2006
Buscándome
Ha pasado mucho tiempo, desde que acepté la razón de haber venido a la Tierra, han pasado largas horas desde que me convertí en un superhéroe. Convertir no es la palabra correcta, siempre lo fui, así me hicieron, ese fue mi castigo, o mi salvación, quien sabe realmente, quien sabe con seguridad lo que es la felicidad. Mis padres me criaron como a un infante normal, nunca entendieron porqué insistía en llevar una capa puesta a todos lados. “Cosas de niños” decía mi apenada madre cuando yo llegaba al pre-escolar con capa y en vez de querer aprender el abecedario me subía a los árboles para poder tener una visión exacta del patio del colegio y por supuesto proteger.
La vida te cambia, la vida te enseña, a los golpes quiero decir, las cosas que aprendemos por las buenas las olvidamos, lo que nos deja una marca lo recordamos. Recuerdo el día que mi madre botó a la basura mi capa, lloré desconsoladamente hasta quedarme dormido, en mi sueño profundo las respuestas comenzaron a llegar, el mundo juzga por lo que ve, la forma de mantenerme escondido y sin levantar sospechas era moverme en el tiempo sin una capa en mi espalda. Todo se balancea, mi madre botó mi capa pues ya comenzaba a pensar que había traído al mundo a un loco eterno, yo lloraba para entender por primera vez que significa perder algo que se quiere y mi sueño me explicaba como los humanos no sienten, miran y emiten juicios, pero ese simple hecho navegaría a mi favor.
Aún veo su cara llena de fango, sus lentes rotos tirados a un lado, su vestido sucio y roto por los cuatro costados. Me acerqué y lloraba, gritó “por favor no me hagas daño, no más”, la tomé por el brazo y la ayudé a ponerse en pie, limpié su cara con mi franela, recuerdo sus manos temblorosas, las lágrimas que se confundían con la tierra mojada, puedo a veces oler el dolor que ella llevaba a cuestas en ese momento. Teníamos siete años, María Fernanda era la burla del colegio, nunca entendí porqué, pero la gente se alimenta de la desgracia ajena, se burlaron de mi también al verme pasar con ella hacia los servicios para que se enjuagara la cara, más calmada y con la sabiduría de una pequeña de siete años me agradeció haberle rescatado, yo partí un pedazo de mi pan y se lo entregué, ella tomó una flor del jardín y me la dio.
Nos movemos, aunque no queramos, la infalibilidad de las horas hace del tiempo el mejor aliado de la desesperación. Lo que hoy vemos de un color mañana nos sabe distinto, lo que hoy probamos y nos gusta mañana ha perdido su color. No pretendo aburrirles con historias de mi infancia, crecí como todo ser humano, pasaron miles y miles de situaciones que te van dictando las notas del existir, el jugar se fue convirtiendo en responsabilidades, las sonrisas comienzan a escasear, las dudas florecen por doquier, ah! claro y casi se me olvidaba decir que María Fernanda la misma pequeña de lentes rotos me había negado, ella también creció, y no hablo de negativa del jueguito macabro de los humanos, simplemente su mundo la condicionó para juzgar y de eso es difícil escapar.
“Cuantas veces he dudado de mi mismo?”, me repetía subido al techo de mi casa, me quedé dormido y soñé, como siempre hago. Era un espacio muy verde, silente, con rasgos de igualdad y serenidad, a lo lejos una caravana de personas subía por una especie de colina, yo observaba retirado. Me fui acercando lentamente, aquellas personas me parecían conocidas, pero no me veían, me ignoraban o simplemente estaban sumidos en aquel momento triste, finalmente le pregunté a un viejito que estaba allí parado, se volteó y me dijo “como ves, están enterrando tu corazón, los superhéroes no pueden sentir, es así, así es”. De golpe desperté, sudando y agitado, la luz de la luna iluminaba la noche de la ciudad palpitante, bajé a mi cuarto y descansé hasta la mañana siguiente.
Aquel sueño permanece conmigo, no he podido descifrar si es una verdad, si se trata de una mentira, o es un sueño más, que se mueve entre la realidad y mis temores, que me recuerda a diario lo que soy. Mi dura batalla apenas comenzaba, no me voy, permanezco, de una forma u otra, allí estoy, siempre presente, si me buscan y no me encuentran es solo que no saben como hacerlo, mi sentir es poderoso, simplemente diferente, no se quita, no se borra, se multiplica con los segundos, por cada minuto que piensen en mi yo devuelvo dos a cambio, solamente distinto, de una manera nunca vista.
Estaba sentado en un salón de clases, solo como siempre, creo que esperaba algo que nunca llegaría o quizá solo esperaba por el profesor. A lo lejos me pareció escuchar una voz, un timbre sonoro que alguna vez había escuchado, de un salto me asomé a la ventana, mis ojos se posaron sobre aquella niña de lentes rotos, vestido desgarrado, olor a fango, y pidiendo a gritos que no le hicieran más daño, solo que esta vez ya no era niña, su cuerpo escultural no llevaba un vestido roto, sus lentes ocultos estaban y su olor no era el de la tierra mojada, más bien era la mezcla de la vida y la muerte, todas juntas en una cascada.
Lo divertido de este planetita son sus vueltas sin parar, giramos, pero lo olvidamos, pequeño error que cometemos. Caminando hacia ella después de tanto tiempo, subía y bajaba la mirada, unos pasos, la cercanía, yo subo la mirada y ella simplemente voltea hacia otro lado, nos cruzamos, la veo, ella no me ve. Aún no comprendo porqué se alejó, miento, si lo se, la corriente se la llevó, el riel de la humanidad, los convencionalismos, la ruta pautada que hemos de seguir, perdón, que yo no he seguido, y por eso al margen me han mantenido.
Decido seguirla, quiero saber, curiosidad humana, quizás mi instinto, no lo se. Es un grupo de unas cinco damas, ríen, hablan, juguetean, se sienten dueñas del espacio, es su medio, no es el mío. Se sientan en la cafetería, me ubico de espaldas, pero escucho, están muy alegres, en la noche, es el día de la fogata universitaria, reunión a la cual he sido invitado pero no pensaba asistir, ahora tengo razones, una razón más bien, quiero verle con el resplandor del fuego en su cara, en todo su esplendor, mirar es una cosa, tocar es otra, tengo preguntas, que no haré, sus ojos se encargarán de contestarlas.
Llamo a una amiga, pregunto si desea acompañarme a la famosa fogata, ella se contenta, pensó que nunca la llevaría, ella como yo, es distinta, a su manera, los extraños nos entendemos. Llegamos a los campos de la universidad, la gente está en lo suyo, cada quien se mueve a su ritmo, apoyo mi mano en la espalda de mi amiga, no tengo intenciones, simplemente reafirmarle que allí estoy, que no está sola, caminamos, hay gente que cuchichea al vernos pasar, debe ser que no tienen esa mano que les toque su espalda en una noche fría, hablan, eso me divierte.
Nos sentamos debajo de un árbol, ella habla de su vida, yo simplemente espero el momento para el cual he venido. Yo respondo amablemente a sus planteamientos, no estoy allí para jugar, creo que ella lo entiende, disfruta la compañía, es sincera, no hay agendas ocultas. Conversamos de la soledad, pero no estamos solos, estamos frente a frente, ella piensa que la soledad es una forma de no enfrentar nuestros miedos, yo creo que es la expresión infinita de nuestra humanidad. Finalmente y a lo lejos veo a María Fernanda, llega acompañada, yo solo quiero mirarla.
Mi amiga decide dar una vuelta, pregunta si le acompaño, me disculpo pero digo que prefiero quedarme allí, ella se para y se va, yo hago lo mismo, sin que ella lo note. Me acerco, me siento de siete años, siento que llevo mi capa en la espalda, veo a mi madre diciéndome que me la quite, escucho los gritos del patio del colegio, veo a los niños persiguiéndole, en busca de una maldad más. Veo como su acompañante la besa, no se que sentir, recuerdo el sueño donde entierran mi corazón, las palabras de aquel viejo, me detengo, me siento en el círculo que se ha formado alrededor de la fogata.
El calor del fuego me hace sudar, es un sudor frío, que nunca he sentido, escucho voces lejanas que me dicen que debo aceptar. Mi mirada se fija en sus ojos, aquellos que derramaban lágrimas en el ayer, ella está concentrada en su juego, en su andar, no tiene tiempo para mirar. Se paran del círculo, yo hago lo mismo, les sigo, me siento como un ladrón buscando fortuna en una calle sucia y vacía, yo no soy el que debo asechar, pero continúo, me muevo en las sombras de mi propia sombra, sigiloso, cauteloso, voy observando cada movimiento.
Se esconden de lo obvio, se diluyen, eso creo, están acostados en la grama, yo al lado de ellos, no me ven, me mimetizo, eso hago, solo espero. Sigo sin entender que siento, cierro los ojos y los vuelvo a abrir con la luz de una luciérnaga que en sus destellos me recuerda que siempre hay formas de ver en la oscuridad. Percibo sus movimientos, su cadencia, puedo sentir su olor, mezclado por supuesto, pero de ella al fin. No se que hago allí, no disfruto viendo a nadie, es solo que debo estar, no puedo descansar, mi misión a cabo llevar, que doloroso es este andar.
Se paran de golpe, pienso que me han descubierto, María Fernanda está llorando, forcejean, el la golpea fuertemente y profiere algunos insultos, yo sigo acostado viendo aquel espectáculo surreal. De pronto ella cae a la tierra, de boca, tal cual como años antes, él se abalanza sobre ella, vuelve a subir la mano, solo que esta vez no llega el puño a su destino. Lo tomo por atrás, detengo el golpe, el muchacho asustado se levanta y no sabe que decir, ni siquiera intenta proteger lo suyo, o lo que el piensa es de él. Simplemente le miro, callado, sin mostrar mi rostro, huye de inmediato, no quiere problemas posteriores.
Me acerco y la tomo del brazo, la levanto, la oscuridad oculta nuestras caras, me saco de la cartera aquella flor que ahora es solo un pedazo aplanado de materia orgánica, abro su mano, la coloco allí, vuelvo a cerrar su mano, ella trata de acercarse para ver quien le ha salvado, ya es muy tarde, ya me he ido, a lo lejos escucho un grito “Policarpio, eres tu?”. Efectivamente soy yo, pero tu eres otra, yo simplemente siempre he estado, tu te has olvidado, mi protección es perpetua, mi andar es seguro.
Mientras el planeta gire allí estaré, mientras haya gritos en la oscuridad no desapareceré, si me buscas me encuentras, no me voy, no me he ido, es quizás solo que mientras sigan sintiendo por lo que ven mi corazón deberá permanecer enterrado, yo soy solo un superhéroe, solitario y calmado, yo no espero, no mendigo, solo atiendo a mi llamado…….
La vida te cambia, la vida te enseña, a los golpes quiero decir, las cosas que aprendemos por las buenas las olvidamos, lo que nos deja una marca lo recordamos. Recuerdo el día que mi madre botó a la basura mi capa, lloré desconsoladamente hasta quedarme dormido, en mi sueño profundo las respuestas comenzaron a llegar, el mundo juzga por lo que ve, la forma de mantenerme escondido y sin levantar sospechas era moverme en el tiempo sin una capa en mi espalda. Todo se balancea, mi madre botó mi capa pues ya comenzaba a pensar que había traído al mundo a un loco eterno, yo lloraba para entender por primera vez que significa perder algo que se quiere y mi sueño me explicaba como los humanos no sienten, miran y emiten juicios, pero ese simple hecho navegaría a mi favor.
Aún veo su cara llena de fango, sus lentes rotos tirados a un lado, su vestido sucio y roto por los cuatro costados. Me acerqué y lloraba, gritó “por favor no me hagas daño, no más”, la tomé por el brazo y la ayudé a ponerse en pie, limpié su cara con mi franela, recuerdo sus manos temblorosas, las lágrimas que se confundían con la tierra mojada, puedo a veces oler el dolor que ella llevaba a cuestas en ese momento. Teníamos siete años, María Fernanda era la burla del colegio, nunca entendí porqué, pero la gente se alimenta de la desgracia ajena, se burlaron de mi también al verme pasar con ella hacia los servicios para que se enjuagara la cara, más calmada y con la sabiduría de una pequeña de siete años me agradeció haberle rescatado, yo partí un pedazo de mi pan y se lo entregué, ella tomó una flor del jardín y me la dio.
Nos movemos, aunque no queramos, la infalibilidad de las horas hace del tiempo el mejor aliado de la desesperación. Lo que hoy vemos de un color mañana nos sabe distinto, lo que hoy probamos y nos gusta mañana ha perdido su color. No pretendo aburrirles con historias de mi infancia, crecí como todo ser humano, pasaron miles y miles de situaciones que te van dictando las notas del existir, el jugar se fue convirtiendo en responsabilidades, las sonrisas comienzan a escasear, las dudas florecen por doquier, ah! claro y casi se me olvidaba decir que María Fernanda la misma pequeña de lentes rotos me había negado, ella también creció, y no hablo de negativa del jueguito macabro de los humanos, simplemente su mundo la condicionó para juzgar y de eso es difícil escapar.
“Cuantas veces he dudado de mi mismo?”, me repetía subido al techo de mi casa, me quedé dormido y soñé, como siempre hago. Era un espacio muy verde, silente, con rasgos de igualdad y serenidad, a lo lejos una caravana de personas subía por una especie de colina, yo observaba retirado. Me fui acercando lentamente, aquellas personas me parecían conocidas, pero no me veían, me ignoraban o simplemente estaban sumidos en aquel momento triste, finalmente le pregunté a un viejito que estaba allí parado, se volteó y me dijo “como ves, están enterrando tu corazón, los superhéroes no pueden sentir, es así, así es”. De golpe desperté, sudando y agitado, la luz de la luna iluminaba la noche de la ciudad palpitante, bajé a mi cuarto y descansé hasta la mañana siguiente.
Aquel sueño permanece conmigo, no he podido descifrar si es una verdad, si se trata de una mentira, o es un sueño más, que se mueve entre la realidad y mis temores, que me recuerda a diario lo que soy. Mi dura batalla apenas comenzaba, no me voy, permanezco, de una forma u otra, allí estoy, siempre presente, si me buscan y no me encuentran es solo que no saben como hacerlo, mi sentir es poderoso, simplemente diferente, no se quita, no se borra, se multiplica con los segundos, por cada minuto que piensen en mi yo devuelvo dos a cambio, solamente distinto, de una manera nunca vista.
Estaba sentado en un salón de clases, solo como siempre, creo que esperaba algo que nunca llegaría o quizá solo esperaba por el profesor. A lo lejos me pareció escuchar una voz, un timbre sonoro que alguna vez había escuchado, de un salto me asomé a la ventana, mis ojos se posaron sobre aquella niña de lentes rotos, vestido desgarrado, olor a fango, y pidiendo a gritos que no le hicieran más daño, solo que esta vez ya no era niña, su cuerpo escultural no llevaba un vestido roto, sus lentes ocultos estaban y su olor no era el de la tierra mojada, más bien era la mezcla de la vida y la muerte, todas juntas en una cascada.
Lo divertido de este planetita son sus vueltas sin parar, giramos, pero lo olvidamos, pequeño error que cometemos. Caminando hacia ella después de tanto tiempo, subía y bajaba la mirada, unos pasos, la cercanía, yo subo la mirada y ella simplemente voltea hacia otro lado, nos cruzamos, la veo, ella no me ve. Aún no comprendo porqué se alejó, miento, si lo se, la corriente se la llevó, el riel de la humanidad, los convencionalismos, la ruta pautada que hemos de seguir, perdón, que yo no he seguido, y por eso al margen me han mantenido.
Decido seguirla, quiero saber, curiosidad humana, quizás mi instinto, no lo se. Es un grupo de unas cinco damas, ríen, hablan, juguetean, se sienten dueñas del espacio, es su medio, no es el mío. Se sientan en la cafetería, me ubico de espaldas, pero escucho, están muy alegres, en la noche, es el día de la fogata universitaria, reunión a la cual he sido invitado pero no pensaba asistir, ahora tengo razones, una razón más bien, quiero verle con el resplandor del fuego en su cara, en todo su esplendor, mirar es una cosa, tocar es otra, tengo preguntas, que no haré, sus ojos se encargarán de contestarlas.
Llamo a una amiga, pregunto si desea acompañarme a la famosa fogata, ella se contenta, pensó que nunca la llevaría, ella como yo, es distinta, a su manera, los extraños nos entendemos. Llegamos a los campos de la universidad, la gente está en lo suyo, cada quien se mueve a su ritmo, apoyo mi mano en la espalda de mi amiga, no tengo intenciones, simplemente reafirmarle que allí estoy, que no está sola, caminamos, hay gente que cuchichea al vernos pasar, debe ser que no tienen esa mano que les toque su espalda en una noche fría, hablan, eso me divierte.
Nos sentamos debajo de un árbol, ella habla de su vida, yo simplemente espero el momento para el cual he venido. Yo respondo amablemente a sus planteamientos, no estoy allí para jugar, creo que ella lo entiende, disfruta la compañía, es sincera, no hay agendas ocultas. Conversamos de la soledad, pero no estamos solos, estamos frente a frente, ella piensa que la soledad es una forma de no enfrentar nuestros miedos, yo creo que es la expresión infinita de nuestra humanidad. Finalmente y a lo lejos veo a María Fernanda, llega acompañada, yo solo quiero mirarla.
Mi amiga decide dar una vuelta, pregunta si le acompaño, me disculpo pero digo que prefiero quedarme allí, ella se para y se va, yo hago lo mismo, sin que ella lo note. Me acerco, me siento de siete años, siento que llevo mi capa en la espalda, veo a mi madre diciéndome que me la quite, escucho los gritos del patio del colegio, veo a los niños persiguiéndole, en busca de una maldad más. Veo como su acompañante la besa, no se que sentir, recuerdo el sueño donde entierran mi corazón, las palabras de aquel viejo, me detengo, me siento en el círculo que se ha formado alrededor de la fogata.
El calor del fuego me hace sudar, es un sudor frío, que nunca he sentido, escucho voces lejanas que me dicen que debo aceptar. Mi mirada se fija en sus ojos, aquellos que derramaban lágrimas en el ayer, ella está concentrada en su juego, en su andar, no tiene tiempo para mirar. Se paran del círculo, yo hago lo mismo, les sigo, me siento como un ladrón buscando fortuna en una calle sucia y vacía, yo no soy el que debo asechar, pero continúo, me muevo en las sombras de mi propia sombra, sigiloso, cauteloso, voy observando cada movimiento.
Se esconden de lo obvio, se diluyen, eso creo, están acostados en la grama, yo al lado de ellos, no me ven, me mimetizo, eso hago, solo espero. Sigo sin entender que siento, cierro los ojos y los vuelvo a abrir con la luz de una luciérnaga que en sus destellos me recuerda que siempre hay formas de ver en la oscuridad. Percibo sus movimientos, su cadencia, puedo sentir su olor, mezclado por supuesto, pero de ella al fin. No se que hago allí, no disfruto viendo a nadie, es solo que debo estar, no puedo descansar, mi misión a cabo llevar, que doloroso es este andar.
Se paran de golpe, pienso que me han descubierto, María Fernanda está llorando, forcejean, el la golpea fuertemente y profiere algunos insultos, yo sigo acostado viendo aquel espectáculo surreal. De pronto ella cae a la tierra, de boca, tal cual como años antes, él se abalanza sobre ella, vuelve a subir la mano, solo que esta vez no llega el puño a su destino. Lo tomo por atrás, detengo el golpe, el muchacho asustado se levanta y no sabe que decir, ni siquiera intenta proteger lo suyo, o lo que el piensa es de él. Simplemente le miro, callado, sin mostrar mi rostro, huye de inmediato, no quiere problemas posteriores.
Me acerco y la tomo del brazo, la levanto, la oscuridad oculta nuestras caras, me saco de la cartera aquella flor que ahora es solo un pedazo aplanado de materia orgánica, abro su mano, la coloco allí, vuelvo a cerrar su mano, ella trata de acercarse para ver quien le ha salvado, ya es muy tarde, ya me he ido, a lo lejos escucho un grito “Policarpio, eres tu?”. Efectivamente soy yo, pero tu eres otra, yo simplemente siempre he estado, tu te has olvidado, mi protección es perpetua, mi andar es seguro.
Mientras el planeta gire allí estaré, mientras haya gritos en la oscuridad no desapareceré, si me buscas me encuentras, no me voy, no me he ido, es quizás solo que mientras sigan sintiendo por lo que ven mi corazón deberá permanecer enterrado, yo soy solo un superhéroe, solitario y calmado, yo no espero, no mendigo, solo atiendo a mi llamado…….
Friday, February 17, 2006
Todo sigue igual
A veces cuando pienso en la humanidad me decepciono. De inmediato recuerdo que pertenezco a ella, entonces no la juzgo, pues como yo debe soportar todos los embates que supone el existir. Debemos escoger, pues, si nos escondemos de todo y no arriesgamos o simplemente nos lanzamos a las vivencias que pueden darte vida, sin nunca olvidar que podrían quitártela también. Aquellos fueron días confusos, eso debo admitir, por momentos no los logro encuadrar en mi infalible memoria, se me muestran como cuadros abstractos que desean tomar forma pero temen ser descubiertos.
Estaba sentado como siempre en el techo de mi casa, pensando en lo distinto que vemos las cosas con el simple pasar de las horas, lo que queríamos una semana atrás no es lo mismo que deseamos hoy día, el movimiento es parte del cambio, el cambio trae consecuencias, las causas son distintas pero el individuo permanece igual, o quizás no, hasta el sol de hoy no lo he podido responder. Siempre llevamos ese deseo intrínseco de volver al pasado, para acomodar lo que no pudimos arreglar, para no tropezar igual que cada día, es posible que solo debido a que no aceptamos que se fue.
Como siempre hago al sentirme triste me lanzo a la calle a caminar, usualmente a un parque donde juegan niños, ellos me recuerdan lo que un día fui, y que se no volverá, pero que disfruté al máximo a pesar de estar consciente que algún día llegaría la hora de enfrentar al mal purificado. Sonríen felices, es que todavía no saben de dolores ni melancolías, las cosas simples les llenan, los persigo, ellos gozan un mundo mientras me gritan que soy un monstruo que les quiere atrapar, quizás en eso me he convertido, en un monstruo, es que he visto muchas cosas, demasiada injusticia para mi gusto.
Ese día pareciera que nada podrá levantar mis ánimos, me canso fácilmente y me siento. Una pequeña niña se me acerca y me ofrece la mitad de su helado, se ensucia las manos mientras lo parte, la verdad es que no tengo hambre, pero acepto su generosidad, se limpia sus manos en mi pantalón, luego se echa a reír cuando ve el desastre que ha hecho, hablo con ella, un rato, de las letras que ha aprendido en el colegio, de los muchachitos que la fastidian, me dice que se quiere pintar los labios y su mamá no la deja, me echo a reír, la pequeña me roba una sonrisa, si ella supiera lo que debe enfrentar cuando crezca.
Me levanto y me voy, me escondo tras unos árboles, últimamente he estado así, abstraído, pensativo, me protejo de algo, pero no se de que se trata. Hay quien piensa que ser superhéroe es un pasatiempo como cualquier otro, no saben que a diario vemos de cerca el terror en los ojos, la lucha de poderes, nuestros valores son cuestionados por minuto, la tentación nace en nuestras venas, la maldad encarnecida, la violencia supina, y el dolor humano a la máxima potencia, que no es más que la vitamina de aquellos que usan el mismo como bastón para apoyar sus torcidas vidas.
A lo largo del tiempo he ganado muchos amigos, pero la cuenta de enemigos se desborda, me hace sentir bien que no le gusto a todo el mundo, sino sería muy aburrido, pero hay gente de gente. Hay batallas que se que volverán a mi vida, en algún momento, hay cosas que se que ellos no saben, pero los caminos están construidos con bifurcaciones para alejar, y para luego acercar, hay batallas que han quedado divididas, tarde o temprano me enfrentaré de nuevo a viejos demonios que no han saldado sus cuentas, me evitarán, pero los encontraré de alguna u otra forma.
Regresando a mi casa y distraído como siempre tropecé con una alcantarilla abierta, el resultado un hueco en mi rodilla. Sangrando seguí mi camino al hospital, entré a la emergencia y me senté en una silla a esperar que alguien se apiadara de mi. Así fue como conocí a Tina Garcilazo, la única alma caritativa entre la multitud de personas que se acercó y procedió a limpiar mi herida con suavidad y delicadeza, finalmente convenció a un médico para que cosiera mi rodilla, después de indicarme que debía andar con más cuidado se levantó y se retiró, perdiéndose entre la gente que pululaba en el hospital.
Afuera del hospital esperé, pensando en todo como siempre, en que las situaciones se presentan por razones obvias pero que siempre le estamos buscando soluciones complicadas por el hecho de no aceptar que la vida es más constante y predecible de lo que parece. Finalmente salió por la puerta del hospital, me acerqué y le entregué una rosa que había tomado prestada de un jardín, sin decir ninguna palabra hice una reverencia de agradecimiento por haber tenido la gentileza de acercarse a mi cuando mi rodilla sangraba, si ella no lo hubiera hecho quizás seguiría en el hospital, la bondad se encuentra, es solo que la maldad tiene ojos color miel.
No pude quitarme su rostro de mi mente, no me quedó otra que seguirle para verle, ella caminó pausadamente y llegó a un pre-escolar. Pensé que se trataba de su hijo, su cara de angustia se esbozó de inmediato, el llanto la hizo presa, la desesperación rondaba en el ambiente. Me paré a su lado y ella me abrazó, procedió a explicarme que se trataba de su hermanito, al parecer había sido raptado por una banda de maestras inescrupulosas que habían decidido llevarse a cinco pequeñuelos con fines desconocidos, me miró y me dijo que debía ayudarle, sus padres de viaje, regresarían a la mañana siguiente. A ella le habían encomendado ser el guardián del infante, su desolación era abismal.
Mi rodilla dolía, creo que otras cosas también, adonde se habrían podido llevar a los pequeños?, de que se trataba todo esto?. Hice algunas llamadas sin lograr obtener información precisa sobre el asunto, un informante que a veces me ayudaba me dio ciertas luces, habló de Maria Luisa Salvatierra, cruel mujer, malvado pedazo de carne. Según me contó esta descorazonada transeúnte del planeta había amenazado varios meses atrás con llevarse varias almas puras en venganza por haber sido víctima de los hombres, su odio eterno, lo iba a pagar con cinco infantes a los cuales no los dejaría desarrollarse para poder herir a las mujeres en su adultez.
“Menuda cretinada”, pensé para mi, “eliminar pequeños para que al crecer no puedan hacer de las suyas”. Me quedé callado para no preocupar a Tina, le dije que íbamos a resolver el asunto, que todo era cuestión de tener un poco de calma, que debía creer en mi, que para eso estaba allí, que para eso estamos los superhéroes. Ella sin entender de que hablaba pero poseída por la angustia me dijo que sus padres me pagarían, que me darían todo con tal que rescatara sano y salvo al querubín de la familia. Sonriendo le informé que yo no cobro por salvar, que está en mi, que de eso me alimento, que allí crezco, me hago, me multiplico, no hay que darme nada a cambio, quizás algo de gratitud, pero eso nunca lo digo, me lo reservo.
Había un solo lugar donde la macabra Maria Luisa y sus secuaces podían haber llevado a los niñitos engañados, un lugar donde se quedarían tranquilos hasta ser dormidos para siempre, enviados de golpe a la eternidad. Se trataba de una especie de parque de diversiones, feria de comida, sala de juegos, un espacio para divertirse. Allí los pequeñuelos se sentirían tranquilos y acompañados por sus maestras, nunca sospecharían que su fin se acercaba. Subido en mi carro, con mi perro Alerón a mi lado y Tina casi en trance en la parte de atrás me comía los pedazos de asfalto para llegar con rapidez al lugar siniestro.
Le pedí a Tina que me esperara afuera, pues las maestras del mal le conocían, yo simplemente era un don nadie más dentro de la masa que se entretenía. Caminé tratando de localizar al grupo de niños, sin aval, no les veía por ninguna parte, pregunté y nadie supo responderme. La vida tiene momentos donde la desesperación nos domina, sino somos capaces de sentarnos a pensar por siquiera dos minutos y armar el rompecabezas en nuestras mentes las decisiones que tomamos usualmente descansan tres metros bajo tierra. Me compré una Coca-Cola y me puse a jugar algún video juego, mi mente voló con la gracia de los dibujos animados, pensé como podía pensar una mente siniestra como la de Maria Luisa, por unos minutos sentí lo que es ser de los malos.
La casa embrujada del local era famosa por sus trucos que asustaban y por los personajes que eran humanos disfrazados. Haciendo uso de mi poder de convencimiento me logré disfrazar de diablo, con cachos, tridente, cola, y por momentos creo que llegué a sentir el olor a azufre. Aprovechando el momento asusté a varias parejitas de noviecitos que utilizaban la casa del terror para hacer de las suyas, mi tridente de plástico servía de ente abusador que les cortaba la nota en que se encontraban sumidos, pero no me podía distraer, los pequeños eran mi prioridad.
El lugar algo oscuro no se prestaba para errores, sigilosamente me moví mientras sudaba con aquella vestimenta roja, buscaba algo que me hiciera sentir que los pequeñuelos estaban cerca. Montado en un pequeño trencito que recorría la mansión del horror posaba mis ojos sobre cada lugar donde podían estar escondidos, di varias vueltas sin encontrar rastro alguno, mi esperanza decaía con el pasar de los minutos. Decidí bajarme y adentrarme hacia una especie de bosque construido con material de utilería, un diablo en el bosque no es lo más común, uno de los empleados que hacía de hombre lobo me indicaba que debía salir de allí e irme al infierno.
Escapando del hombre lobo quien trató de luchar conmigo para mantener el orden en la casa embrujada terminé cayendo al piso, al subir la mirada, un grupo de niñitos se reían de mi, cinco para ser exactos. De inmediato Maria Luisa se me paró al frente y trató de seducirme como supongo hacía con todos los hombres que conocía, ella pensaba que era uno de los empleados del lugar y que simplemente con meterme un cuento chino me iría tranquilamente mientras ella culminaba con su obra trágica. Los niñitos algo asustados por mi disfraz se escondían tras un árbol de anime, Maria Luisa seguía jugando su juego para no levantar sospechas.
No hay nada peor para una mujer que no hacerle caso, en el momento en que sienten que uno ya no está detrás de ellas chillan cual tortuga herida de granada. Esto se aplica también en esos momentos en que intentan atraparlo a uno, mientras más frío se mantengan ellas perderán el control con facilidad. Maria Luisa un tanto desesperada porque yo trataba de jugar con los niños me agarraba la cola de diablo y me decía que por que no jugábamos al diablo y a la diablita, ya algo cansado de aquella burla incansable de la mujer decidí que era hora de ponerle fin a su intento de liquidar a los infantes.
Haciendo uso de mi tridente de plástico la ensarté, bueno el tridente se dobló y realmente no me quedó más remedio que darle una patada por el trasero. Maria Luisa era fuerte, y sus secuaces se abalanzaron sobre mi de inmediato, yo comencé a gritar para crear el caos dentro de la mansión del terror, mis amigos, es decir, el hombre lobo, drácula, frankenstein y otros monstruos corrieron a ayudarme, los niños pensaban que todo se trataba de un juego y reían y lloraban en medio de la confusión. En plena lucha mi careta de diablo cayó al piso y los empleados disfrazados me miraban extrañados al ver mi cara que nunca antes habían procesado, pero igual siguieron luchando con las maestras del mal hasta dejarlas rendidas en el suelo de aquella mansión del miedo.
Me subí al trencito con los cinco niñitos, pero no sin antes tener que combatir una vez más con la malvada Maria Luisa, quien con toda su fuerza me golpeó en la cabeza e hizo que me saliera del carrito. Ella siguió con los infantes, yo apenas recuperándome del golpe logré correr detrás de ellos, y haciendo uso de la cola de plástico logré lanzarla hacia los rieles en donde el trencito quedó detenido de golpe haciendo que Maria Luisa saliera volando y se abriera la frente en dos. Una vez reestablecido el orden me escabullí sin que nadie me viera.
Afuera me acerqué a Tina y sonreí, ella nuevamente insistía en querer pagarme de alguna manera, señalé la sonrisa de su hermanito, esa era mi paga por ese día, el pequeño quien no me reconocía sin mi traje de diablo se encontraba agarrado a la pierna de su hermana. Tina moviéndose hacia mi me besó, el pequeño algo celoso por el hecho me pegó una patada en la espinilla, mientras Tina volteó a reprenderlo yo escapé sin más ni menos, a desaparecerme, a seguir mi camino, mi vía solitaria pero tranquila.
A lo lejos escuché como el pequeño le decía a su hermana “Tina, Tina el diablo nos salvó”, la bella dama mirándole tiernamente y aún con su vestimenta de enfermera le dijo, “no mi amor, un ángel te ha salvado, a veces lo que llevamos por fuera no es lo que sentimos adentro”…
Estaba sentado como siempre en el techo de mi casa, pensando en lo distinto que vemos las cosas con el simple pasar de las horas, lo que queríamos una semana atrás no es lo mismo que deseamos hoy día, el movimiento es parte del cambio, el cambio trae consecuencias, las causas son distintas pero el individuo permanece igual, o quizás no, hasta el sol de hoy no lo he podido responder. Siempre llevamos ese deseo intrínseco de volver al pasado, para acomodar lo que no pudimos arreglar, para no tropezar igual que cada día, es posible que solo debido a que no aceptamos que se fue.
Como siempre hago al sentirme triste me lanzo a la calle a caminar, usualmente a un parque donde juegan niños, ellos me recuerdan lo que un día fui, y que se no volverá, pero que disfruté al máximo a pesar de estar consciente que algún día llegaría la hora de enfrentar al mal purificado. Sonríen felices, es que todavía no saben de dolores ni melancolías, las cosas simples les llenan, los persigo, ellos gozan un mundo mientras me gritan que soy un monstruo que les quiere atrapar, quizás en eso me he convertido, en un monstruo, es que he visto muchas cosas, demasiada injusticia para mi gusto.
Ese día pareciera que nada podrá levantar mis ánimos, me canso fácilmente y me siento. Una pequeña niña se me acerca y me ofrece la mitad de su helado, se ensucia las manos mientras lo parte, la verdad es que no tengo hambre, pero acepto su generosidad, se limpia sus manos en mi pantalón, luego se echa a reír cuando ve el desastre que ha hecho, hablo con ella, un rato, de las letras que ha aprendido en el colegio, de los muchachitos que la fastidian, me dice que se quiere pintar los labios y su mamá no la deja, me echo a reír, la pequeña me roba una sonrisa, si ella supiera lo que debe enfrentar cuando crezca.
Me levanto y me voy, me escondo tras unos árboles, últimamente he estado así, abstraído, pensativo, me protejo de algo, pero no se de que se trata. Hay quien piensa que ser superhéroe es un pasatiempo como cualquier otro, no saben que a diario vemos de cerca el terror en los ojos, la lucha de poderes, nuestros valores son cuestionados por minuto, la tentación nace en nuestras venas, la maldad encarnecida, la violencia supina, y el dolor humano a la máxima potencia, que no es más que la vitamina de aquellos que usan el mismo como bastón para apoyar sus torcidas vidas.
A lo largo del tiempo he ganado muchos amigos, pero la cuenta de enemigos se desborda, me hace sentir bien que no le gusto a todo el mundo, sino sería muy aburrido, pero hay gente de gente. Hay batallas que se que volverán a mi vida, en algún momento, hay cosas que se que ellos no saben, pero los caminos están construidos con bifurcaciones para alejar, y para luego acercar, hay batallas que han quedado divididas, tarde o temprano me enfrentaré de nuevo a viejos demonios que no han saldado sus cuentas, me evitarán, pero los encontraré de alguna u otra forma.
Regresando a mi casa y distraído como siempre tropecé con una alcantarilla abierta, el resultado un hueco en mi rodilla. Sangrando seguí mi camino al hospital, entré a la emergencia y me senté en una silla a esperar que alguien se apiadara de mi. Así fue como conocí a Tina Garcilazo, la única alma caritativa entre la multitud de personas que se acercó y procedió a limpiar mi herida con suavidad y delicadeza, finalmente convenció a un médico para que cosiera mi rodilla, después de indicarme que debía andar con más cuidado se levantó y se retiró, perdiéndose entre la gente que pululaba en el hospital.
Afuera del hospital esperé, pensando en todo como siempre, en que las situaciones se presentan por razones obvias pero que siempre le estamos buscando soluciones complicadas por el hecho de no aceptar que la vida es más constante y predecible de lo que parece. Finalmente salió por la puerta del hospital, me acerqué y le entregué una rosa que había tomado prestada de un jardín, sin decir ninguna palabra hice una reverencia de agradecimiento por haber tenido la gentileza de acercarse a mi cuando mi rodilla sangraba, si ella no lo hubiera hecho quizás seguiría en el hospital, la bondad se encuentra, es solo que la maldad tiene ojos color miel.
No pude quitarme su rostro de mi mente, no me quedó otra que seguirle para verle, ella caminó pausadamente y llegó a un pre-escolar. Pensé que se trataba de su hijo, su cara de angustia se esbozó de inmediato, el llanto la hizo presa, la desesperación rondaba en el ambiente. Me paré a su lado y ella me abrazó, procedió a explicarme que se trataba de su hermanito, al parecer había sido raptado por una banda de maestras inescrupulosas que habían decidido llevarse a cinco pequeñuelos con fines desconocidos, me miró y me dijo que debía ayudarle, sus padres de viaje, regresarían a la mañana siguiente. A ella le habían encomendado ser el guardián del infante, su desolación era abismal.
Mi rodilla dolía, creo que otras cosas también, adonde se habrían podido llevar a los pequeños?, de que se trataba todo esto?. Hice algunas llamadas sin lograr obtener información precisa sobre el asunto, un informante que a veces me ayudaba me dio ciertas luces, habló de Maria Luisa Salvatierra, cruel mujer, malvado pedazo de carne. Según me contó esta descorazonada transeúnte del planeta había amenazado varios meses atrás con llevarse varias almas puras en venganza por haber sido víctima de los hombres, su odio eterno, lo iba a pagar con cinco infantes a los cuales no los dejaría desarrollarse para poder herir a las mujeres en su adultez.
“Menuda cretinada”, pensé para mi, “eliminar pequeños para que al crecer no puedan hacer de las suyas”. Me quedé callado para no preocupar a Tina, le dije que íbamos a resolver el asunto, que todo era cuestión de tener un poco de calma, que debía creer en mi, que para eso estaba allí, que para eso estamos los superhéroes. Ella sin entender de que hablaba pero poseída por la angustia me dijo que sus padres me pagarían, que me darían todo con tal que rescatara sano y salvo al querubín de la familia. Sonriendo le informé que yo no cobro por salvar, que está en mi, que de eso me alimento, que allí crezco, me hago, me multiplico, no hay que darme nada a cambio, quizás algo de gratitud, pero eso nunca lo digo, me lo reservo.
Había un solo lugar donde la macabra Maria Luisa y sus secuaces podían haber llevado a los niñitos engañados, un lugar donde se quedarían tranquilos hasta ser dormidos para siempre, enviados de golpe a la eternidad. Se trataba de una especie de parque de diversiones, feria de comida, sala de juegos, un espacio para divertirse. Allí los pequeñuelos se sentirían tranquilos y acompañados por sus maestras, nunca sospecharían que su fin se acercaba. Subido en mi carro, con mi perro Alerón a mi lado y Tina casi en trance en la parte de atrás me comía los pedazos de asfalto para llegar con rapidez al lugar siniestro.
Le pedí a Tina que me esperara afuera, pues las maestras del mal le conocían, yo simplemente era un don nadie más dentro de la masa que se entretenía. Caminé tratando de localizar al grupo de niños, sin aval, no les veía por ninguna parte, pregunté y nadie supo responderme. La vida tiene momentos donde la desesperación nos domina, sino somos capaces de sentarnos a pensar por siquiera dos minutos y armar el rompecabezas en nuestras mentes las decisiones que tomamos usualmente descansan tres metros bajo tierra. Me compré una Coca-Cola y me puse a jugar algún video juego, mi mente voló con la gracia de los dibujos animados, pensé como podía pensar una mente siniestra como la de Maria Luisa, por unos minutos sentí lo que es ser de los malos.
La casa embrujada del local era famosa por sus trucos que asustaban y por los personajes que eran humanos disfrazados. Haciendo uso de mi poder de convencimiento me logré disfrazar de diablo, con cachos, tridente, cola, y por momentos creo que llegué a sentir el olor a azufre. Aprovechando el momento asusté a varias parejitas de noviecitos que utilizaban la casa del terror para hacer de las suyas, mi tridente de plástico servía de ente abusador que les cortaba la nota en que se encontraban sumidos, pero no me podía distraer, los pequeños eran mi prioridad.
El lugar algo oscuro no se prestaba para errores, sigilosamente me moví mientras sudaba con aquella vestimenta roja, buscaba algo que me hiciera sentir que los pequeñuelos estaban cerca. Montado en un pequeño trencito que recorría la mansión del horror posaba mis ojos sobre cada lugar donde podían estar escondidos, di varias vueltas sin encontrar rastro alguno, mi esperanza decaía con el pasar de los minutos. Decidí bajarme y adentrarme hacia una especie de bosque construido con material de utilería, un diablo en el bosque no es lo más común, uno de los empleados que hacía de hombre lobo me indicaba que debía salir de allí e irme al infierno.
Escapando del hombre lobo quien trató de luchar conmigo para mantener el orden en la casa embrujada terminé cayendo al piso, al subir la mirada, un grupo de niñitos se reían de mi, cinco para ser exactos. De inmediato Maria Luisa se me paró al frente y trató de seducirme como supongo hacía con todos los hombres que conocía, ella pensaba que era uno de los empleados del lugar y que simplemente con meterme un cuento chino me iría tranquilamente mientras ella culminaba con su obra trágica. Los niñitos algo asustados por mi disfraz se escondían tras un árbol de anime, Maria Luisa seguía jugando su juego para no levantar sospechas.
No hay nada peor para una mujer que no hacerle caso, en el momento en que sienten que uno ya no está detrás de ellas chillan cual tortuga herida de granada. Esto se aplica también en esos momentos en que intentan atraparlo a uno, mientras más frío se mantengan ellas perderán el control con facilidad. Maria Luisa un tanto desesperada porque yo trataba de jugar con los niños me agarraba la cola de diablo y me decía que por que no jugábamos al diablo y a la diablita, ya algo cansado de aquella burla incansable de la mujer decidí que era hora de ponerle fin a su intento de liquidar a los infantes.
Haciendo uso de mi tridente de plástico la ensarté, bueno el tridente se dobló y realmente no me quedó más remedio que darle una patada por el trasero. Maria Luisa era fuerte, y sus secuaces se abalanzaron sobre mi de inmediato, yo comencé a gritar para crear el caos dentro de la mansión del terror, mis amigos, es decir, el hombre lobo, drácula, frankenstein y otros monstruos corrieron a ayudarme, los niños pensaban que todo se trataba de un juego y reían y lloraban en medio de la confusión. En plena lucha mi careta de diablo cayó al piso y los empleados disfrazados me miraban extrañados al ver mi cara que nunca antes habían procesado, pero igual siguieron luchando con las maestras del mal hasta dejarlas rendidas en el suelo de aquella mansión del miedo.
Me subí al trencito con los cinco niñitos, pero no sin antes tener que combatir una vez más con la malvada Maria Luisa, quien con toda su fuerza me golpeó en la cabeza e hizo que me saliera del carrito. Ella siguió con los infantes, yo apenas recuperándome del golpe logré correr detrás de ellos, y haciendo uso de la cola de plástico logré lanzarla hacia los rieles en donde el trencito quedó detenido de golpe haciendo que Maria Luisa saliera volando y se abriera la frente en dos. Una vez reestablecido el orden me escabullí sin que nadie me viera.
Afuera me acerqué a Tina y sonreí, ella nuevamente insistía en querer pagarme de alguna manera, señalé la sonrisa de su hermanito, esa era mi paga por ese día, el pequeño quien no me reconocía sin mi traje de diablo se encontraba agarrado a la pierna de su hermana. Tina moviéndose hacia mi me besó, el pequeño algo celoso por el hecho me pegó una patada en la espinilla, mientras Tina volteó a reprenderlo yo escapé sin más ni menos, a desaparecerme, a seguir mi camino, mi vía solitaria pero tranquila.
A lo lejos escuché como el pequeño le decía a su hermana “Tina, Tina el diablo nos salvó”, la bella dama mirándole tiernamente y aún con su vestimenta de enfermera le dijo, “no mi amor, un ángel te ha salvado, a veces lo que llevamos por fuera no es lo que sentimos adentro”…
Friday, February 10, 2006
Letargo
Los superhéroes no amenazamos, actuamos, de eso pueden estar seguros, eso nos diferencia, con esto no quiero decir que no pensamos antes de actuar, pensamos más rápido, por ende mientras otros necesitan amenazar para pensar, yo simplemente actúo. Eso fue lo primero que aprendí cuando acepté en mi interior que debía salvar a la humanidad, o a una parte de ella, bueno más bien a unos cuantos que se metieran en problemas. Después de haber perdido a lo que años más tarde me daría cuenta era el amor de mi vida, me mantuve alejado, escondido, dolido, sin entender porqué hay heridas que nunca sanan, que permanecen intactas, que se ríen de la bondad humana. Me enfrenté a mis demonios, algunos que conocía, otros nuevos, viejos, jóvenes, astutos, sabios, tuve que buscar en lo más adentro de mis entrañas para desafiarles y conseguir un poco de paz en esas noches donde soñaba con ella.
La ciudad estaba igual a siempre, triste y agobiada, usualmente dormía horas largas para tratar de olvidar, de olvidar ese pasado que me perseguía. No le deseo a nadie tener que lidiar con el hecho de reposar tu cabeza en la almohada y saber que ella más nunca estará allí, que se ha ido, que el mundo te la robó, o quizás que tu mismo no supiste retenerla. Aún la buscaba en todos lados, en cada persona que me cruzaba en la calle, me acercaba, las tocaba, para ver una cara extraña y dura mirarme de vuelta, me excusaba, y me iba, solitario, a tratar de entender las razones, las respuestas no han llegado, pienso que nunca arribarán, el modo de aceptar las cosas es proporcionalmente igual al dolor que podemos soportar, créanme en el mercado no venden sonrisas ni felicidad, no las busquen allí.
Dudé de mi mismo, creo que ese es el peor sentimiento que se puede sufrir, no creer que existes, que no eres más que un sueño de un científico loco que te creó en una borrachera. Recuerdo aquella noche, en el techo de mi casa, contemplando la ciudad, no creía en mi persona, el hecho de saber que más nunca le vería helaba mi sangre, ni siquiera de niño lloré tanto, estaba inconsolable. Mi perro Alerón me lamía las mejillas, quitando aquellas gotas llenas de dolor, pasé horas y días de luto, se transformaron en meses, varios de ellos. Soñaba para recordar, siempre en sueños aparecía, serena y tranquila, me miraba, sonreía, luego su risa se transformaba en burla, se arrastraba por el suelo de la risa, mostraba una especie de tabla de posiciones en donde ella ganaba y yo perdía, yo trataba de explicar, de pedir una oportunidad para demostrar, ella soberbia y alzada me tiraba un beso al aire y se iba.
Despertaba gritando su nombre, mis padres corrían a mi cuarto, asustados por mis alaridos, yo sentado en mi cama, mostrando mi bien cuidado y sudoroso abdomen lloraba. Mi madre no soportaba verme así, mi padre se sentaba a mi lado y me hablaba por horas, debo confesar que no lo escuchaba, pero su presencia me calmaba, si a eso se le puede llamar calma. Mi padre inventaba historias, ustedes saben lo que es inventar cuentos para un “niño” de veinte y dos años?, yo le miraba detrás de mis ojos vidriosos y le decía que no mintiera, el solo ha tenido ojos para mi madre, el solo puede hablar de eso. Salía el sol y no quería mirarle, su aroma se había quedado en mi piel, me metía al baño a quitármelo, pero allí permanecía, hay cosas que no podemos borrar por más que intentemos, es solo cuestión de aprenderlas a llevar, hacerlas nuestras y no traicionarlas, firmar un contrato de no agresión, así hice, su olor y yo ahora convivíamos juntos.
De lo malo siempre sale algo bueno, descubrí que mis amigos a pesar de no ser superhéroes estaban allí para apoyarme, me uní a mi pequeño hermano a quien comencé a entrenar en el arte de ser superhéroe después de darme cuenta que era mi clon. Finalmente eduqué a mi perro para que se sentara en el asiento trasero del carro y mi alma conoció finalmente el dolor que causa el sentir, ese dolor que no puedes explicar, pero que tarde o temprano se diluye y te acostumbras a llevarle encima. No se va del todo, siempre queda allí impregnado, es solo que lo miras como a un farsante, no le das el crédito que el cree merecer, lo olvidas de a ratos y cuando arremete estás preparado o al menos eso te haces creer.
Sonó el teléfono, tenía días sin contestarle, sentí miedo de atender pues de escuchar esa voz de nuevo no sabría como reaccionar. Vencer los miedos es parte del crecer, ahora bien, un superhéroe con miedo es otra cosa, es pasar de lo sublime a lo ridículo, en un instante, sin derecho a revertir, sin chance a dejar de sentir. Lo dejé repicar varias veces, me paré de la cama, mis huesos crujieron, mi alma sonó, finalmente atendí, mis padres asomados en la puerta de mi cuarto celebraban como si hubiera resucitado de entre los muertos, les miré y sonreí, por primera vez en largo tiempo. Del otro lado, había una voz, por supuesto, no la que mis anhelos deseaban, pero voz al fin, otro ser humano, en su juego de las relaciones.
“Hola Poli”, dijo Gaby, Gabriela Laardner, una amiga de la infancia quien siempre me usó como papá en sus juegos de pequeña a pesar que yo siempre terminaba colocándome una capa y diciéndole que iba a salvar al mundo ante su llanto inclemente. “Finalmente atiendes” dijo la bella dama, “sabes que estamos preocupados por ti ¿no?, ¿por cierto, que tal si te paso buscando y nos tomamos algo?. Dudas, el peor enemigo del planeta, me invadieron, respiré hondo y contesté, “ok, está bien Gaby, pásame buscando”, “ese es mi Poli” gritó Gaby, mis padres del tiro salieron a celebrar, iba a pisar la calle por primera vez, acompañado, después de mis vacaciones inducidas, provocadas por eso que llaman “amor”.
Nunca he entendido porqué las personas tratan de aprovecharse cuando la guardia de un ser humano ha sido vulnerada, yo no hago esas cosas, pero Gaby tenía planes. Llegó vestida espectacular, eso debo reconocer, ella es una mujer linda, sin lugar a dudas, al subirme a su carro comenzó a coquetear, una mujer con una misión, yo apenas un superhéroe recuperándome. “Hola guapo” soltó Gaby, “hola ¿que tal?” le respondí, “ay! miren a mi Poli que lindo” dijo ella, yo simplemente bajé la mirada y me limité a mirar el camino hacia el restaurant. Cenamos, hablamos de todo un poco, claramente Gaby se insinuó, pensaba que era el momento preciso para atacar, yo estaba aún golpeado, y ella trató de suplir algo que no se puede reemplazar nunca.
No quise ser descortés, seguí el ritmo de su juego, de su intento en vano por hacerme de ella. Recordamos viejos tiempos, cuando siendo niños peleábamos por determinar que juego jugar, me acordaba de aquella vez cuando se le había caído un diente y le dije que era una bruja y ella lloró por horas por mi comentario mal intencionado, ¿que mala intención se puede tener a los seis años?. Me fui dejando llevar por la conversación, por minutos olvidaba mi pesar, en otros parecía distraído, aún buscaba su bella sonrisa en los labios de Gaby. “Entonces Poli” dijo Gaby “¿vamos a darle un chance a lo nuestro?, “¿a lo que? contesté de inmediato, “tu te volviste loca de verdad, no Gaby, ¿de que hablas?”.
Ella bajó la mirada y me dijo “bueno, yo solo intenté, disculpa, de verdad, que pena”, “no te preocupes, no hay problema” le dije mientras finalizaba mi Coca-Cola. Hay momentos donde provoca huir, desaparecer, salir corriendo sin parar hasta que tus pulmones no puedan aceptar aire y caer desmayado en algún lugar desolado. Gaby siguió hablando, para adelante y para atrás, de lo que ella hacía, ser veterinario, yo reconozco no haberle parado por un tiempo, pero luego al hablar de su trabajo en el hipódromo con los equinos, noté como su semblante cambiaba, como si algo le intrigara al hablar, sentí miedo en su voz, como si quisiera que preguntara, yo me paré de la mesa dando muestras que era hora de regresar.
Esa noche, como muchas otras, no dormí, la tentación de volver al ruedo era mucha, la voz de Gaby, temblorosa, sin lugar a dudas necesitada de ayuda, para eso estoy aquí, para salvar, sin miedos ni restricciones. Subí al techo de mi casa, con toda mi fuerza grité su nombre por última vez en mi vida, nunca supe si grité para que me escuchara y me viniera a rescatar o simplemente para mandarla lejos. En mi closet, abrí una caja plateada, muy bien pulida, con un candado, adentro mi china, mi arma fiel, esperaba para ser empuñada una vez más, mi mano temblaba, la tomé y la puse en el bolsillo trasero de mi pantalón, como había hecho desde mi infancia, de allí me fui al hipódromo.
No hay nada más placentero que una sonrisa de sorpresa, esa que esbozó Gaby al verme allí. En el hospital veterinario, los equinos se paseaban, elegantes y majestuosos. “Que haces aquí? preguntó Gaby a la vez que besaba mi mejilla, “pues nada, te vine a visitar, quería ver a la doctora en acción”, ella soltó una risa sincera, me tomó de la mano y me dijo “vamos, te muestro todo esto”, yo con sutileza solté mi mano y seguimos caminando. Cuando el tour estaba completo, nos sentamos a almorzar, para mi Gaby era la misma niña de seis años con que jugaba, para ella yo era uno de sus candidatos a papá, pero en la vida real, en el mundo de los adultos, a veces los humanos no estamos en la misma página, de esto se trata el existir, de compaginarse.
Se acercó un veterinario, algo mal encarado, “me puedo sentar?”, preguntó, yo de inmediato le extendí una silla, con ella mi mano, “encantado” le dije “bonito lugar tienen acá”. El hombre ni siquiera respondió, “Gaby estás lista?” dijo, Gaby algo incómoda dijo “si, si Juan Antonio, estoy lista”, se volteó a mirarme y dijo “Poli, te quedas un rato por aquí?, ya vuelvo, en un minutito”, yo asentí con la cabeza. Ellos salieron por la puerta, yo por la otra, les seguí, con cautela, iba sonriendo mientras hacía esto, mis facultades regresaban a mi ser. En un quirófano en donde un caballo yacía sobre la mesa operatoria había mucho movimiento, yo buscaba con afán para localizar a Gaby pero no la veía, de pronto el panorama se aclaró, en otra mesa operatoria estaba Gaby acostada, amarrada, con lágrimas en sus ojos.
Un peón que pululaba por el lugar me divisó husmeando, se acercó y dijo “quien es usted?, yo sorprendido mirando lo que no debía ver le contesté que era un veterinario invitado a ver la gran operación, debo confesar que no tenía ni puta idea de que hablaba. El peón me dijo “ah si?, cual es la clave?, “que clave?, de que hablas hermanazo?, el diminuto hombre, quizás jinete en su pasado, desenfundó una navaja y trató de cortarme, el enano no sabía que mis reflejos eran más rápidos que su vida, la navaja se clavó en un barril que contenía gasoil, sin pensarlo un codazo al coco del peón, el diminuto personaje cayó al piso, pero se puso en pie y lanzó un golpe recto a mi estómago, su puño golpeó la pared, la pared que era mi masa abdominal, el enano sorprendido trató de huir, le hice una zancadilla, y brincando sobre él lo tomé por el cabello y estrellé su cabeza contra el cemento.
El barril de gasoil me dio una idea inmediata, abrí un armario en donde encontré un tetero, supongo que para alimentar, potros recién nacidos, quien sabe, lo llené de gasoil y me escondí en un cuarto. Allí encontré todo el ropaje de los jinetes, me vestí de jinete, no se a quien pretendía engañar pero me causó gracia verme vestido así, no hay jinete que mida un metro ochenta, ese era yo, ahora jinete. Corrí de nuevo hacia el quirófano en donde habían comenzado a trabajar en la yegua, pues ahí me di cuenta que se trataba de una yegua, con precisión le extraían su útero y demás órganos circundantes, la mirada macabra de aquellos veterinarios me dijo que debía actuar rápido o Gaby estaría en problemas.
Me dirigí a una caballeriza y abrí las puertas de los establos, los animales libres corrían salvajemente, el caos se apoderó de la situación, tal cual como me gusta, el desorden al máximo, corriendo volví al quirófano en donde los veterinarios habían tenido que parar su actuación ya que los equinos corriendo por doquier estaban causando revuelo. Escondido tras la puerta me cercioré que a medida que los veterinarios salían, mi tetero lleno de gasoil los mojara, ellos distraídos por el desastre armado ni cuenta se dieron, aproveché para introducirme al quirófano y sacar a Gaby de allí, ella al verme no sabía quien era, luego entendió que me había disfrazado de jinete y solo pudo sonreír, la cargué y nos escondimos dentro de un establo.
Allí Gaby me explicó que iban a colocar su útero dentro de la yegua, todo como parte de un experimento macabro para fecundar a un humano dentro de un equino con la misión de hacerle más fuerte y crear una raza superior. La verdad no entiendo la razón de la humanidad para tratar de ir en contra de las leyes naturales, en vez de preocuparnos por esas pendejadas deberíamos resolver otros problemas, crear un mundo en donde se pueda vivir, ser libres, capaces, poder desarrollarnos plenamente, pero no joder la existencia de una pobre muchacha por el afán de jugar a ser Dios. “Van a venir por nosotros” me dijo Gaby, “vete Poli, por favor, ya yo acepté que este es mi destino”, la miré como suelo hacer, “el destino no existe, y te lo voy a probar aquí mismo, tomamos decisiones y eso lo queremos llamar destino, una simple respuesta auto complaciente para sentirnos mejor cuando las cosas nos pasan, mi decisión es quedarme aquí, contigo, y por eso lo que llamas destino va a cambiar, tu no vas a ser parte de esta locura, así que esta vez yo digo que juego vamos a jugar.”
En ese instante se abrieron las puertas del establo, los tres veterinarios armados sonrieron confiados que su plan se iba a cumplir a cabalidad. “Tu, imbécil, el vestido de jinete, payaso de pueblo, párate de ahí” gritó uno de los hombres, otro de ellos tomó a Gaby por el brazo. Yo dije “miren, a mi nadie me dice payaso de pueblo, yo solo se que mejor nos dejan ir, dejan de hacer sus experimentos idiotas, y aquí no ha pasado nada”, los hombres soltaron la carcajada y profirieron unos cuantos insultos más, “escuchen sino nos dejan ir los voy a prender vivos”, uno de ellos dijo “nos estás amenazando? payasete?, en el acto solté un fósforo al aire, al contacto con la ropa de uno de los veterinarios se prendieron pues estaban impregnados de gasoil, los hombres quemándose vivos se lanzaban a unos barriles de agua, tomé a Gaby por la mano, no sin antes decirles a los verdaderos payasos de la historia “yo no amenazo, actúo, acuérdense siempre de eso.”
Corriendo por la pista del hipódromo llevaba a Gaby agarrada de la mano, como dos niños jugábamos a los caballos de carrera, al llegar a la meta, la cruzamos juntos, la foto no reveló ganador, iguales, equilibrados, ella me miró con ojos de nostalgia, yo sonreí, la besé en la frente, agradecí su empuje para sacarme del letargo, y me fui, caminando, solo, conmigo mismo, como siempre hice, si bien es cierto que la recordé, mi interior aceptó que yo no temo a nada, que tampoco amenazo, que por si no lo saben, les vuelvo a repetir, actúo...
La ciudad estaba igual a siempre, triste y agobiada, usualmente dormía horas largas para tratar de olvidar, de olvidar ese pasado que me perseguía. No le deseo a nadie tener que lidiar con el hecho de reposar tu cabeza en la almohada y saber que ella más nunca estará allí, que se ha ido, que el mundo te la robó, o quizás que tu mismo no supiste retenerla. Aún la buscaba en todos lados, en cada persona que me cruzaba en la calle, me acercaba, las tocaba, para ver una cara extraña y dura mirarme de vuelta, me excusaba, y me iba, solitario, a tratar de entender las razones, las respuestas no han llegado, pienso que nunca arribarán, el modo de aceptar las cosas es proporcionalmente igual al dolor que podemos soportar, créanme en el mercado no venden sonrisas ni felicidad, no las busquen allí.
Dudé de mi mismo, creo que ese es el peor sentimiento que se puede sufrir, no creer que existes, que no eres más que un sueño de un científico loco que te creó en una borrachera. Recuerdo aquella noche, en el techo de mi casa, contemplando la ciudad, no creía en mi persona, el hecho de saber que más nunca le vería helaba mi sangre, ni siquiera de niño lloré tanto, estaba inconsolable. Mi perro Alerón me lamía las mejillas, quitando aquellas gotas llenas de dolor, pasé horas y días de luto, se transformaron en meses, varios de ellos. Soñaba para recordar, siempre en sueños aparecía, serena y tranquila, me miraba, sonreía, luego su risa se transformaba en burla, se arrastraba por el suelo de la risa, mostraba una especie de tabla de posiciones en donde ella ganaba y yo perdía, yo trataba de explicar, de pedir una oportunidad para demostrar, ella soberbia y alzada me tiraba un beso al aire y se iba.
Despertaba gritando su nombre, mis padres corrían a mi cuarto, asustados por mis alaridos, yo sentado en mi cama, mostrando mi bien cuidado y sudoroso abdomen lloraba. Mi madre no soportaba verme así, mi padre se sentaba a mi lado y me hablaba por horas, debo confesar que no lo escuchaba, pero su presencia me calmaba, si a eso se le puede llamar calma. Mi padre inventaba historias, ustedes saben lo que es inventar cuentos para un “niño” de veinte y dos años?, yo le miraba detrás de mis ojos vidriosos y le decía que no mintiera, el solo ha tenido ojos para mi madre, el solo puede hablar de eso. Salía el sol y no quería mirarle, su aroma se había quedado en mi piel, me metía al baño a quitármelo, pero allí permanecía, hay cosas que no podemos borrar por más que intentemos, es solo cuestión de aprenderlas a llevar, hacerlas nuestras y no traicionarlas, firmar un contrato de no agresión, así hice, su olor y yo ahora convivíamos juntos.
De lo malo siempre sale algo bueno, descubrí que mis amigos a pesar de no ser superhéroes estaban allí para apoyarme, me uní a mi pequeño hermano a quien comencé a entrenar en el arte de ser superhéroe después de darme cuenta que era mi clon. Finalmente eduqué a mi perro para que se sentara en el asiento trasero del carro y mi alma conoció finalmente el dolor que causa el sentir, ese dolor que no puedes explicar, pero que tarde o temprano se diluye y te acostumbras a llevarle encima. No se va del todo, siempre queda allí impregnado, es solo que lo miras como a un farsante, no le das el crédito que el cree merecer, lo olvidas de a ratos y cuando arremete estás preparado o al menos eso te haces creer.
Sonó el teléfono, tenía días sin contestarle, sentí miedo de atender pues de escuchar esa voz de nuevo no sabría como reaccionar. Vencer los miedos es parte del crecer, ahora bien, un superhéroe con miedo es otra cosa, es pasar de lo sublime a lo ridículo, en un instante, sin derecho a revertir, sin chance a dejar de sentir. Lo dejé repicar varias veces, me paré de la cama, mis huesos crujieron, mi alma sonó, finalmente atendí, mis padres asomados en la puerta de mi cuarto celebraban como si hubiera resucitado de entre los muertos, les miré y sonreí, por primera vez en largo tiempo. Del otro lado, había una voz, por supuesto, no la que mis anhelos deseaban, pero voz al fin, otro ser humano, en su juego de las relaciones.
“Hola Poli”, dijo Gaby, Gabriela Laardner, una amiga de la infancia quien siempre me usó como papá en sus juegos de pequeña a pesar que yo siempre terminaba colocándome una capa y diciéndole que iba a salvar al mundo ante su llanto inclemente. “Finalmente atiendes” dijo la bella dama, “sabes que estamos preocupados por ti ¿no?, ¿por cierto, que tal si te paso buscando y nos tomamos algo?. Dudas, el peor enemigo del planeta, me invadieron, respiré hondo y contesté, “ok, está bien Gaby, pásame buscando”, “ese es mi Poli” gritó Gaby, mis padres del tiro salieron a celebrar, iba a pisar la calle por primera vez, acompañado, después de mis vacaciones inducidas, provocadas por eso que llaman “amor”.
Nunca he entendido porqué las personas tratan de aprovecharse cuando la guardia de un ser humano ha sido vulnerada, yo no hago esas cosas, pero Gaby tenía planes. Llegó vestida espectacular, eso debo reconocer, ella es una mujer linda, sin lugar a dudas, al subirme a su carro comenzó a coquetear, una mujer con una misión, yo apenas un superhéroe recuperándome. “Hola guapo” soltó Gaby, “hola ¿que tal?” le respondí, “ay! miren a mi Poli que lindo” dijo ella, yo simplemente bajé la mirada y me limité a mirar el camino hacia el restaurant. Cenamos, hablamos de todo un poco, claramente Gaby se insinuó, pensaba que era el momento preciso para atacar, yo estaba aún golpeado, y ella trató de suplir algo que no se puede reemplazar nunca.
No quise ser descortés, seguí el ritmo de su juego, de su intento en vano por hacerme de ella. Recordamos viejos tiempos, cuando siendo niños peleábamos por determinar que juego jugar, me acordaba de aquella vez cuando se le había caído un diente y le dije que era una bruja y ella lloró por horas por mi comentario mal intencionado, ¿que mala intención se puede tener a los seis años?. Me fui dejando llevar por la conversación, por minutos olvidaba mi pesar, en otros parecía distraído, aún buscaba su bella sonrisa en los labios de Gaby. “Entonces Poli” dijo Gaby “¿vamos a darle un chance a lo nuestro?, “¿a lo que? contesté de inmediato, “tu te volviste loca de verdad, no Gaby, ¿de que hablas?”.
Ella bajó la mirada y me dijo “bueno, yo solo intenté, disculpa, de verdad, que pena”, “no te preocupes, no hay problema” le dije mientras finalizaba mi Coca-Cola. Hay momentos donde provoca huir, desaparecer, salir corriendo sin parar hasta que tus pulmones no puedan aceptar aire y caer desmayado en algún lugar desolado. Gaby siguió hablando, para adelante y para atrás, de lo que ella hacía, ser veterinario, yo reconozco no haberle parado por un tiempo, pero luego al hablar de su trabajo en el hipódromo con los equinos, noté como su semblante cambiaba, como si algo le intrigara al hablar, sentí miedo en su voz, como si quisiera que preguntara, yo me paré de la mesa dando muestras que era hora de regresar.
Esa noche, como muchas otras, no dormí, la tentación de volver al ruedo era mucha, la voz de Gaby, temblorosa, sin lugar a dudas necesitada de ayuda, para eso estoy aquí, para salvar, sin miedos ni restricciones. Subí al techo de mi casa, con toda mi fuerza grité su nombre por última vez en mi vida, nunca supe si grité para que me escuchara y me viniera a rescatar o simplemente para mandarla lejos. En mi closet, abrí una caja plateada, muy bien pulida, con un candado, adentro mi china, mi arma fiel, esperaba para ser empuñada una vez más, mi mano temblaba, la tomé y la puse en el bolsillo trasero de mi pantalón, como había hecho desde mi infancia, de allí me fui al hipódromo.
No hay nada más placentero que una sonrisa de sorpresa, esa que esbozó Gaby al verme allí. En el hospital veterinario, los equinos se paseaban, elegantes y majestuosos. “Que haces aquí? preguntó Gaby a la vez que besaba mi mejilla, “pues nada, te vine a visitar, quería ver a la doctora en acción”, ella soltó una risa sincera, me tomó de la mano y me dijo “vamos, te muestro todo esto”, yo con sutileza solté mi mano y seguimos caminando. Cuando el tour estaba completo, nos sentamos a almorzar, para mi Gaby era la misma niña de seis años con que jugaba, para ella yo era uno de sus candidatos a papá, pero en la vida real, en el mundo de los adultos, a veces los humanos no estamos en la misma página, de esto se trata el existir, de compaginarse.
Se acercó un veterinario, algo mal encarado, “me puedo sentar?”, preguntó, yo de inmediato le extendí una silla, con ella mi mano, “encantado” le dije “bonito lugar tienen acá”. El hombre ni siquiera respondió, “Gaby estás lista?” dijo, Gaby algo incómoda dijo “si, si Juan Antonio, estoy lista”, se volteó a mirarme y dijo “Poli, te quedas un rato por aquí?, ya vuelvo, en un minutito”, yo asentí con la cabeza. Ellos salieron por la puerta, yo por la otra, les seguí, con cautela, iba sonriendo mientras hacía esto, mis facultades regresaban a mi ser. En un quirófano en donde un caballo yacía sobre la mesa operatoria había mucho movimiento, yo buscaba con afán para localizar a Gaby pero no la veía, de pronto el panorama se aclaró, en otra mesa operatoria estaba Gaby acostada, amarrada, con lágrimas en sus ojos.
Un peón que pululaba por el lugar me divisó husmeando, se acercó y dijo “quien es usted?, yo sorprendido mirando lo que no debía ver le contesté que era un veterinario invitado a ver la gran operación, debo confesar que no tenía ni puta idea de que hablaba. El peón me dijo “ah si?, cual es la clave?, “que clave?, de que hablas hermanazo?, el diminuto hombre, quizás jinete en su pasado, desenfundó una navaja y trató de cortarme, el enano no sabía que mis reflejos eran más rápidos que su vida, la navaja se clavó en un barril que contenía gasoil, sin pensarlo un codazo al coco del peón, el diminuto personaje cayó al piso, pero se puso en pie y lanzó un golpe recto a mi estómago, su puño golpeó la pared, la pared que era mi masa abdominal, el enano sorprendido trató de huir, le hice una zancadilla, y brincando sobre él lo tomé por el cabello y estrellé su cabeza contra el cemento.
El barril de gasoil me dio una idea inmediata, abrí un armario en donde encontré un tetero, supongo que para alimentar, potros recién nacidos, quien sabe, lo llené de gasoil y me escondí en un cuarto. Allí encontré todo el ropaje de los jinetes, me vestí de jinete, no se a quien pretendía engañar pero me causó gracia verme vestido así, no hay jinete que mida un metro ochenta, ese era yo, ahora jinete. Corrí de nuevo hacia el quirófano en donde habían comenzado a trabajar en la yegua, pues ahí me di cuenta que se trataba de una yegua, con precisión le extraían su útero y demás órganos circundantes, la mirada macabra de aquellos veterinarios me dijo que debía actuar rápido o Gaby estaría en problemas.
Me dirigí a una caballeriza y abrí las puertas de los establos, los animales libres corrían salvajemente, el caos se apoderó de la situación, tal cual como me gusta, el desorden al máximo, corriendo volví al quirófano en donde los veterinarios habían tenido que parar su actuación ya que los equinos corriendo por doquier estaban causando revuelo. Escondido tras la puerta me cercioré que a medida que los veterinarios salían, mi tetero lleno de gasoil los mojara, ellos distraídos por el desastre armado ni cuenta se dieron, aproveché para introducirme al quirófano y sacar a Gaby de allí, ella al verme no sabía quien era, luego entendió que me había disfrazado de jinete y solo pudo sonreír, la cargué y nos escondimos dentro de un establo.
Allí Gaby me explicó que iban a colocar su útero dentro de la yegua, todo como parte de un experimento macabro para fecundar a un humano dentro de un equino con la misión de hacerle más fuerte y crear una raza superior. La verdad no entiendo la razón de la humanidad para tratar de ir en contra de las leyes naturales, en vez de preocuparnos por esas pendejadas deberíamos resolver otros problemas, crear un mundo en donde se pueda vivir, ser libres, capaces, poder desarrollarnos plenamente, pero no joder la existencia de una pobre muchacha por el afán de jugar a ser Dios. “Van a venir por nosotros” me dijo Gaby, “vete Poli, por favor, ya yo acepté que este es mi destino”, la miré como suelo hacer, “el destino no existe, y te lo voy a probar aquí mismo, tomamos decisiones y eso lo queremos llamar destino, una simple respuesta auto complaciente para sentirnos mejor cuando las cosas nos pasan, mi decisión es quedarme aquí, contigo, y por eso lo que llamas destino va a cambiar, tu no vas a ser parte de esta locura, así que esta vez yo digo que juego vamos a jugar.”
En ese instante se abrieron las puertas del establo, los tres veterinarios armados sonrieron confiados que su plan se iba a cumplir a cabalidad. “Tu, imbécil, el vestido de jinete, payaso de pueblo, párate de ahí” gritó uno de los hombres, otro de ellos tomó a Gaby por el brazo. Yo dije “miren, a mi nadie me dice payaso de pueblo, yo solo se que mejor nos dejan ir, dejan de hacer sus experimentos idiotas, y aquí no ha pasado nada”, los hombres soltaron la carcajada y profirieron unos cuantos insultos más, “escuchen sino nos dejan ir los voy a prender vivos”, uno de ellos dijo “nos estás amenazando? payasete?, en el acto solté un fósforo al aire, al contacto con la ropa de uno de los veterinarios se prendieron pues estaban impregnados de gasoil, los hombres quemándose vivos se lanzaban a unos barriles de agua, tomé a Gaby por la mano, no sin antes decirles a los verdaderos payasos de la historia “yo no amenazo, actúo, acuérdense siempre de eso.”
Corriendo por la pista del hipódromo llevaba a Gaby agarrada de la mano, como dos niños jugábamos a los caballos de carrera, al llegar a la meta, la cruzamos juntos, la foto no reveló ganador, iguales, equilibrados, ella me miró con ojos de nostalgia, yo sonreí, la besé en la frente, agradecí su empuje para sacarme del letargo, y me fui, caminando, solo, conmigo mismo, como siempre hice, si bien es cierto que la recordé, mi interior aceptó que yo no temo a nada, que tampoco amenazo, que por si no lo saben, les vuelvo a repetir, actúo...
Friday, February 03, 2006
Baúl
En uno de esos días monótonos decidí abrir un cajón en donde guardaba recuerdos. Confieso que llevaba más de diez años sin abrirle, quizás por temor a encontrar ciertos olores que me trasladaran a tiempos pasados, tiempos de grandes hazañas, tiempos dorados. Hay golpes físicos, que sanan en la medida de su gravedad, hay otros etéreos que no tienen solución, se aprende a vivir con ellos o se sufre de por vida. Dentro del baúl, y como suele suceder en ese tipo de almacenes personales, había un sin fin de elementos variados que recolecté a lo largo del tiempo, de un tiempo que no existe pero que hace mella en nuestras almas, que nos recuerda con su pasar silente que no somos infinitos, más bien que simplemente somos un pedacito.
Me armé de valor, lo pensé nuevamente, di vueltas en círculo en mi desordenado cubículo, volví a tomar fuerzas y lo abrí. Hay sensaciones que no se pueden describir, pues no pertenecen al manual de sentires humanos, no las ha descubierto nadie, y de haber sido destapadas pues cada una lleva un sabor distinto pues así somos, diferentes, lo que para mi es verde o huele jazmín, para el otro puede ser azul y oler a rosas. Pero no es tan simple, quizás trato de poner en idioma humano aquello que solo entienden las almas, y si lo humanos tenemos almas por qué no las entendemos?, creo se nos olvida que somos más que carne y hueso, nos llenamos del exterior cuando la realidad es que valemos dentro.
Supuse que mi mente iba a volar con una rapidez inigualable, de hecho lo hizo, soy así, libre y sin ataduras, soy un superhéroe más. No quise hurgar mucho, al frente mío estaba un viejo libro, uno que me presentaron como obsequio en una de mis tantas batallas libradas, su vieja y empolvada carátula pedía a gritos limpieza, sus hojas desgastadas por la vida se llenaban de sabiduría con el pasar de un segundo. Tomo el libro en mis manos y lo desempolvo, cierro el cajón, he encontrado lo que he venido a buscar, me pongo cómodo en mi gastada silla de madera, sonrío pues me acuerdo de aquellos días, un sorbo de Coca-Cola me pasa frío, abro la primera página, allí una dedicatoria simple, "para mi amigo Policarpio, sueña!, Nabor Semprún".
Nabor murió hace unos años atrás, la noticia me llegó en una carta sucia y remojada, es la cadena a que estamos atados, nunca posible de librar, es el precio que tenemos que pagar por existir en este lugar. Eso me hace revivir dolores extraños, con delicadeza pongo el libro a un lado, suena el teléfono, es una amiga, una de esas que ve que su vida se escapa y no llega su príncipe azul, ese día no tengo paciencia, le recuerdo que no llevo capa ni tengo un caballo blanco, su insistencia me fastidia, pero eso lo guardo para mi, el herir no es caballeroso, menos a una dama, me marea con sus cotidianeidades, yo le sigo la corriente, finalmente me dice que tiene una fiesta esa noche, no desea ir sola, es mal visto en sociedad, según sus palabras, lo pide como un favor, ella sabe que los favores son mi fuerte, se aprovecha y acepto.
Antes de salir de la casa, meto el libro de Nabor en mi bolsillo, en mi carro con Alerón a mi lado me paseo por Caracas, dando tiempo a que mi amiga se acicale. Llego a su casa, debo entrar, saludar a sus padres quienes insisten en frente de ella que yo soy el hombre ideal, me da pena por mi amiga, para demostrar que no soy tan ideal me meto el dedo en la nariz, la jurungo hasta el fondo. Los padres de mi amiga se retuercen de la risa, para ellos hasta mi manera de sacarme los mocos es ideal, no entiendo si es que se quieren liberar de ella, o simplemente que temen que la sociedad les pregunte por su hija solterona, solterona a los treinta años, que absurdo ese concepto. Melissa, así se llama mi amiga, aparece radiante, ella hace lo posible por captar mi atención, varias veces le he dicho que yo claramente no soy la opción.
Me cuesta un trabajo terrible convencer a Alerón que se mueva a la parte de atrás del carro, este perro es testarudo, finalmente lo convenzo y paseo por Caracas, con princesa a mi lado, y un perro alborotado, llego al sitio de la fiesta, me estaciono y nos bajamos. Alerón le ha soltado el moño a Melissa, ella quiere asesinar a mi perro, ahora es ella quien no quiere entrar a la fiesta, pero su cabello se ve mejor todo suelto, la convenzo de que es así, ella cree en mi persona, finalmente entramos. Una recepción como cualquier otra, llena de opulencia y superficialidades, yo pongo cara de idiota y sonrío por doquier, me confundo entre la gente, me mimetizo, mantengo el contacto con la mirada de Melissa, ella necesita saber que estoy ahí, de pronto me aburro, una vieja habla de sus cirugías plásticas, otro de sus acciones en la bolsa, carros nuevos y viajes, me disculpo vuelvo a mirar a mi amiga, ella sonríe, de un brinco me meto detrás del bar, de allí me voy a la mesa más alejada, me escondo bajo de ella, me suelto la corbata, y saco el libro de Nabor.
Comienzo a leer, el capítulo número cinco, es el que más me gusta, esta historia no la viví pero quisiera compartirla. Paso las dos primeras páginas del capítulo, es que me las se de memoria, llego al punto que quiero leer, me concentro, ya no escucho la música, las voces se diluyen con las letras del viejo libro. Melissa debe estar buscándome por todos lados, confieso disfrutar su desesperación, no es maldad, es simplemente que ella como muchos no ha aprendido a valerse por si sola, no confía en sus capacidades, se menosprecia sin saberlo. Vuelvo a poner mi atención en el libro, Melissa puede esperar, que baile, o hable de modas o cualquier cosa, yo fijo la mirada en esas letras borrosas y me traslado.
"Eran días como todos, la humanidad no había cambiado, se debatían entre la realidad y lo esperado, siempre buscando ese punto anhelado en donde la paz y la tranquilidad reinaran desde tiempos pasados. El futuro se veía algo incierto, es esa habilidad que tenemos para preocuparnos por el mañana sin saber siquiera que va a pasar hoy, dudas inmensas invaden nuestros seres, y no sabemos por donde comenzar, créanme es difícil dar un paso si estamos mirando donde vamos a dar los otros diez que nos faltan. Un joven entró a la tienda, llevaba una pequeña bolsa azul, de terciopelo, con una cinta dorada amarrada en su punta. Me la entregó y la clasifiqué de inmediato, me muevo hacia la caja registradora y saco unas monedas, se las entrego, en su cara se ve la decepción del momento, yo solo hago mi trabajo."
"Si tan solo creyéramos un poco más en nosotros pues nos sería más fácil creer en los demás, es solo que nos enseñan a tener miedo desde pequeños, en pocos años somos una enredadera de de temores que nos limitan por doquier. Algunos los superan, otros viven inmersos en ellos a lo largo de su existencia, los arrastran y los siembran, los distribuyen a la entera raza humana, nos discapacitamos a diario, frenamos ante cualquier situación que no hemos enfrentado, nos escondemos, en una madriguera sin salida, en la oscuridad, los rayos del sol se vuelven el enemigo, no crecemos, no seguimos, sin lugar a dudas nos volvemos mezquinos."
"Tocó la puerta, era un señor de avanzada edad, en su mano, una bolsita, de tul roja, con un lazo plateado, sonrío y la entregó. Miró la vitrina, con cautela sopesó su decisión, evaluó, y pidió una pequeña bolsita de color naranja. En la balanza coloqué las dos bolsitas, la naranja era más pesada, el anciano sacó de su bolsillo otra pequeña bolsa color turquesa, la colocó en la balanza y todo se equilibró, tomó su bolsita color naranja y se despidió. Aquel hombre llevaba tristeza en sus ojos, el cambio era algo necesario, o quizás producto del cansancio que determina el existir. De inmediato entró un niño, llevaba una bolsa grande de color marrón, parecía de cuero, pero no lo era, apenas llegaba al mostrador, se elevó en sus talones, y colocó la bolsa en el vidrio, señaló una bolsa felpuda, de tamaño normal, igualmente colocó unas monedas sobre el vidrio, le entregué la bolsa felpuda, tomé la bolsa entregada por el infante y me retiré a tomar mi almuerzo".
"Están en todos lados, no distingue de edades, todos los llevamos, se convierten en parte integral de nuestro ser. Si solo tuviéramos el necesario valor para sacarles de su envoltura, si solo pudiéramos imaginarles por segundos, tan solo unos segundos, les haríamos nacer, quizás hasta crecer. Hay quienes los viven, hay quienes los lloran, hay otros que los guardan, los atesoran, los coartan, los alaban, los molestan, los describen, los pintan, los escriben, los comparten, pero viven en un mundo paralelo, muy tranquilos, sopesados, sin dueño real, ni título que entregar, pero por sobre todo nunca mueren."
"Caminó aburrido, arrastrando sus pies, con la mirada abajo, sus ropas no eran claras, sus mejillas algo mojadas. Se detuvo al cruzar la puerta, parecía meditando, observaba a todos lados, aceptó su condena y se dirigió al mostrador. De su bolsillo sacó una pequeña y artesanal bolsita, con dibujos estampados, la miró, la levantó en su mano, le dio un último adiós, me la entregó, la coloqué en la balanza y la misma se hundió, saqué una cuenta rápida y no supe que hacer, le ofrecí toda la tienda, todas las bolsitas y las monedas allí encontradas. El hombre con mirada fuerte levantó su mano en señal que no deseaba nada a cambio, se volteó y desapareció".
"Ser el director de una tienda de empeño de sueños no es tarea fácil, la gente entra y sale, desean que sus sueños sean pagados por cuanto valen, a veces protestan, a veces se alegran, es un riesgo que toman, yo simplemente soy el instrumento entre el mundo de los sueños y la realidad, nada más que eso, otras personas se llevan tus sueños y los viven por ti, perdón los viven por ellos, el tuyo lo dejaste aquí, en mi tienda, en la tienda de todos, lo perdiste, y es posible que al volver ya no se encuentre, son decisiones que se toman, que marcan nuestro andar, yo vuelvo y repito, solo sirvo mi misión, yo no doy, yo no quito, solo entrego y recibo, soy un simple peón de la mente humana, un intermediario de la razón."
Cierro el libro, y es entonces cuando recuerdo como murió Nabor, aquel hombre de mirada fuerte le asesinó, al ver su sueño hecho realidad, pero en carne de otros. Aquel individuo entregó aquel día su anhelo, el deseo de vender al mundo, al planeta, con humanos, con el bien y con el mal, con tristezas y alegrías, con desastres y logros. Otro compró ese sueño, más bien quizás simplemente lo cambió, o lo robó, eso nunca se sabrá pues Nabor no está para contarlo. Salgo de abajo de la mesa, la fiesta sigue en pleno esplendor, doy unas vueltas, vuelto a establecer contacto con los ojos de Melissa, no ha notado mi ausencia, me sonríe, me le acerco y le pregunto "oye Meli cual es tu sueño?, ella me mira extrañada, mi pregunta no tiene sentido, ni bases, ni motivos, ni está hecha en el momento adecuado, en el lugar equivocado, ella no sabe que decir, ella como otros ha dejado sus sueños en una casa de empeño de sueños y por eso no los puede realizar, son de otros y ella los anhela, es que no se ha dado cuenta que les ha dejado ir, que en una bolsita los metió y los dio en adopción.
Me sonrío, Melissa hace lo mismo, ella cree que su sueño está parado frente a ella, me retiro y me voy, no soy sueño, no soy nada, soy uno más, con defectos y virtudes. Salgo de la fiesta y me meto la mano en el bolsillo, allí llevo una pequeña bolsita de fieltro verde, la saco, la miro, me vuelvo a reír, Alerón ladra desde el carro, y me vuelvo a repetir, es que nunca he dejado de soñar, y el mío ahí guardado espera por su tiempo, por su hora, por su día, muy tranquilo y paciente, es solo cuestión de que yo esté presente…
Me armé de valor, lo pensé nuevamente, di vueltas en círculo en mi desordenado cubículo, volví a tomar fuerzas y lo abrí. Hay sensaciones que no se pueden describir, pues no pertenecen al manual de sentires humanos, no las ha descubierto nadie, y de haber sido destapadas pues cada una lleva un sabor distinto pues así somos, diferentes, lo que para mi es verde o huele jazmín, para el otro puede ser azul y oler a rosas. Pero no es tan simple, quizás trato de poner en idioma humano aquello que solo entienden las almas, y si lo humanos tenemos almas por qué no las entendemos?, creo se nos olvida que somos más que carne y hueso, nos llenamos del exterior cuando la realidad es que valemos dentro.
Supuse que mi mente iba a volar con una rapidez inigualable, de hecho lo hizo, soy así, libre y sin ataduras, soy un superhéroe más. No quise hurgar mucho, al frente mío estaba un viejo libro, uno que me presentaron como obsequio en una de mis tantas batallas libradas, su vieja y empolvada carátula pedía a gritos limpieza, sus hojas desgastadas por la vida se llenaban de sabiduría con el pasar de un segundo. Tomo el libro en mis manos y lo desempolvo, cierro el cajón, he encontrado lo que he venido a buscar, me pongo cómodo en mi gastada silla de madera, sonrío pues me acuerdo de aquellos días, un sorbo de Coca-Cola me pasa frío, abro la primera página, allí una dedicatoria simple, "para mi amigo Policarpio, sueña!, Nabor Semprún".
Nabor murió hace unos años atrás, la noticia me llegó en una carta sucia y remojada, es la cadena a que estamos atados, nunca posible de librar, es el precio que tenemos que pagar por existir en este lugar. Eso me hace revivir dolores extraños, con delicadeza pongo el libro a un lado, suena el teléfono, es una amiga, una de esas que ve que su vida se escapa y no llega su príncipe azul, ese día no tengo paciencia, le recuerdo que no llevo capa ni tengo un caballo blanco, su insistencia me fastidia, pero eso lo guardo para mi, el herir no es caballeroso, menos a una dama, me marea con sus cotidianeidades, yo le sigo la corriente, finalmente me dice que tiene una fiesta esa noche, no desea ir sola, es mal visto en sociedad, según sus palabras, lo pide como un favor, ella sabe que los favores son mi fuerte, se aprovecha y acepto.
Antes de salir de la casa, meto el libro de Nabor en mi bolsillo, en mi carro con Alerón a mi lado me paseo por Caracas, dando tiempo a que mi amiga se acicale. Llego a su casa, debo entrar, saludar a sus padres quienes insisten en frente de ella que yo soy el hombre ideal, me da pena por mi amiga, para demostrar que no soy tan ideal me meto el dedo en la nariz, la jurungo hasta el fondo. Los padres de mi amiga se retuercen de la risa, para ellos hasta mi manera de sacarme los mocos es ideal, no entiendo si es que se quieren liberar de ella, o simplemente que temen que la sociedad les pregunte por su hija solterona, solterona a los treinta años, que absurdo ese concepto. Melissa, así se llama mi amiga, aparece radiante, ella hace lo posible por captar mi atención, varias veces le he dicho que yo claramente no soy la opción.
Me cuesta un trabajo terrible convencer a Alerón que se mueva a la parte de atrás del carro, este perro es testarudo, finalmente lo convenzo y paseo por Caracas, con princesa a mi lado, y un perro alborotado, llego al sitio de la fiesta, me estaciono y nos bajamos. Alerón le ha soltado el moño a Melissa, ella quiere asesinar a mi perro, ahora es ella quien no quiere entrar a la fiesta, pero su cabello se ve mejor todo suelto, la convenzo de que es así, ella cree en mi persona, finalmente entramos. Una recepción como cualquier otra, llena de opulencia y superficialidades, yo pongo cara de idiota y sonrío por doquier, me confundo entre la gente, me mimetizo, mantengo el contacto con la mirada de Melissa, ella necesita saber que estoy ahí, de pronto me aburro, una vieja habla de sus cirugías plásticas, otro de sus acciones en la bolsa, carros nuevos y viajes, me disculpo vuelvo a mirar a mi amiga, ella sonríe, de un brinco me meto detrás del bar, de allí me voy a la mesa más alejada, me escondo bajo de ella, me suelto la corbata, y saco el libro de Nabor.
Comienzo a leer, el capítulo número cinco, es el que más me gusta, esta historia no la viví pero quisiera compartirla. Paso las dos primeras páginas del capítulo, es que me las se de memoria, llego al punto que quiero leer, me concentro, ya no escucho la música, las voces se diluyen con las letras del viejo libro. Melissa debe estar buscándome por todos lados, confieso disfrutar su desesperación, no es maldad, es simplemente que ella como muchos no ha aprendido a valerse por si sola, no confía en sus capacidades, se menosprecia sin saberlo. Vuelvo a poner mi atención en el libro, Melissa puede esperar, que baile, o hable de modas o cualquier cosa, yo fijo la mirada en esas letras borrosas y me traslado.
"Eran días como todos, la humanidad no había cambiado, se debatían entre la realidad y lo esperado, siempre buscando ese punto anhelado en donde la paz y la tranquilidad reinaran desde tiempos pasados. El futuro se veía algo incierto, es esa habilidad que tenemos para preocuparnos por el mañana sin saber siquiera que va a pasar hoy, dudas inmensas invaden nuestros seres, y no sabemos por donde comenzar, créanme es difícil dar un paso si estamos mirando donde vamos a dar los otros diez que nos faltan. Un joven entró a la tienda, llevaba una pequeña bolsa azul, de terciopelo, con una cinta dorada amarrada en su punta. Me la entregó y la clasifiqué de inmediato, me muevo hacia la caja registradora y saco unas monedas, se las entrego, en su cara se ve la decepción del momento, yo solo hago mi trabajo."
"Si tan solo creyéramos un poco más en nosotros pues nos sería más fácil creer en los demás, es solo que nos enseñan a tener miedo desde pequeños, en pocos años somos una enredadera de de temores que nos limitan por doquier. Algunos los superan, otros viven inmersos en ellos a lo largo de su existencia, los arrastran y los siembran, los distribuyen a la entera raza humana, nos discapacitamos a diario, frenamos ante cualquier situación que no hemos enfrentado, nos escondemos, en una madriguera sin salida, en la oscuridad, los rayos del sol se vuelven el enemigo, no crecemos, no seguimos, sin lugar a dudas nos volvemos mezquinos."
"Tocó la puerta, era un señor de avanzada edad, en su mano, una bolsita, de tul roja, con un lazo plateado, sonrío y la entregó. Miró la vitrina, con cautela sopesó su decisión, evaluó, y pidió una pequeña bolsita de color naranja. En la balanza coloqué las dos bolsitas, la naranja era más pesada, el anciano sacó de su bolsillo otra pequeña bolsa color turquesa, la colocó en la balanza y todo se equilibró, tomó su bolsita color naranja y se despidió. Aquel hombre llevaba tristeza en sus ojos, el cambio era algo necesario, o quizás producto del cansancio que determina el existir. De inmediato entró un niño, llevaba una bolsa grande de color marrón, parecía de cuero, pero no lo era, apenas llegaba al mostrador, se elevó en sus talones, y colocó la bolsa en el vidrio, señaló una bolsa felpuda, de tamaño normal, igualmente colocó unas monedas sobre el vidrio, le entregué la bolsa felpuda, tomé la bolsa entregada por el infante y me retiré a tomar mi almuerzo".
"Están en todos lados, no distingue de edades, todos los llevamos, se convierten en parte integral de nuestro ser. Si solo tuviéramos el necesario valor para sacarles de su envoltura, si solo pudiéramos imaginarles por segundos, tan solo unos segundos, les haríamos nacer, quizás hasta crecer. Hay quienes los viven, hay quienes los lloran, hay otros que los guardan, los atesoran, los coartan, los alaban, los molestan, los describen, los pintan, los escriben, los comparten, pero viven en un mundo paralelo, muy tranquilos, sopesados, sin dueño real, ni título que entregar, pero por sobre todo nunca mueren."
"Caminó aburrido, arrastrando sus pies, con la mirada abajo, sus ropas no eran claras, sus mejillas algo mojadas. Se detuvo al cruzar la puerta, parecía meditando, observaba a todos lados, aceptó su condena y se dirigió al mostrador. De su bolsillo sacó una pequeña y artesanal bolsita, con dibujos estampados, la miró, la levantó en su mano, le dio un último adiós, me la entregó, la coloqué en la balanza y la misma se hundió, saqué una cuenta rápida y no supe que hacer, le ofrecí toda la tienda, todas las bolsitas y las monedas allí encontradas. El hombre con mirada fuerte levantó su mano en señal que no deseaba nada a cambio, se volteó y desapareció".
"Ser el director de una tienda de empeño de sueños no es tarea fácil, la gente entra y sale, desean que sus sueños sean pagados por cuanto valen, a veces protestan, a veces se alegran, es un riesgo que toman, yo simplemente soy el instrumento entre el mundo de los sueños y la realidad, nada más que eso, otras personas se llevan tus sueños y los viven por ti, perdón los viven por ellos, el tuyo lo dejaste aquí, en mi tienda, en la tienda de todos, lo perdiste, y es posible que al volver ya no se encuentre, son decisiones que se toman, que marcan nuestro andar, yo vuelvo y repito, solo sirvo mi misión, yo no doy, yo no quito, solo entrego y recibo, soy un simple peón de la mente humana, un intermediario de la razón."
Cierro el libro, y es entonces cuando recuerdo como murió Nabor, aquel hombre de mirada fuerte le asesinó, al ver su sueño hecho realidad, pero en carne de otros. Aquel individuo entregó aquel día su anhelo, el deseo de vender al mundo, al planeta, con humanos, con el bien y con el mal, con tristezas y alegrías, con desastres y logros. Otro compró ese sueño, más bien quizás simplemente lo cambió, o lo robó, eso nunca se sabrá pues Nabor no está para contarlo. Salgo de abajo de la mesa, la fiesta sigue en pleno esplendor, doy unas vueltas, vuelto a establecer contacto con los ojos de Melissa, no ha notado mi ausencia, me sonríe, me le acerco y le pregunto "oye Meli cual es tu sueño?, ella me mira extrañada, mi pregunta no tiene sentido, ni bases, ni motivos, ni está hecha en el momento adecuado, en el lugar equivocado, ella no sabe que decir, ella como otros ha dejado sus sueños en una casa de empeño de sueños y por eso no los puede realizar, son de otros y ella los anhela, es que no se ha dado cuenta que les ha dejado ir, que en una bolsita los metió y los dio en adopción.
Me sonrío, Melissa hace lo mismo, ella cree que su sueño está parado frente a ella, me retiro y me voy, no soy sueño, no soy nada, soy uno más, con defectos y virtudes. Salgo de la fiesta y me meto la mano en el bolsillo, allí llevo una pequeña bolsita de fieltro verde, la saco, la miro, me vuelvo a reír, Alerón ladra desde el carro, y me vuelvo a repetir, es que nunca he dejado de soñar, y el mío ahí guardado espera por su tiempo, por su hora, por su día, muy tranquilo y paciente, es solo cuestión de que yo esté presente…
Monday, January 30, 2006
Siempre
Siempre estoy allí de alguna u otra forma, hay cosas que no vemos pero sentimos, hay otras que vemos y no las sentimos. No se puede juzgar sin aprender a entender, no podremos descansar sino sabemos soñar. Hay juegos con reglas, otros sin ellas, algunos regidos por árbitros corrompidos otros balanceados como la espada de la justicia. El sol a veces brilla, a veces lo tapan las nubes, ahí permanece, salvo cuando se va a dormir, a dormir en nuestros ojos cerrados, pero a calentar en otros estados. La simpleza y complejidad de las manos, lo olvidamos siempre, un arma letal o una suave caricia, las llevamos pero no nos maravillamos de su excelsa perfección.
Al llover nos mojamos, salvo que estemos bajo techo, se dice muy fácil pero encontrar refugio en días lluviosos puede ser laborioso. Si cuentas tus pasos te llaman pichirre si en cambio no piensas en ello te acusarán de despistado. Hay reyes sin trono, hay otros lujosos, hay mendigos capaces y otros fugaces. El blanco traspasa, el negro detiene, o es simplemente acaso que su mezcla confunde. Hay días de días, noches de noches, pero entonces donde guardamos aquellos que nos dan en la torre?, sin duda es un cuento, un dulce cantar, lloramos, reímos y nos vemos pasar, verdades y mentiras nos llenan nuestras vidas, equilibran el arte, comparten lo que algunos le llaman desastre, existir es difícil, vivir es un sueño y por más grandes que nos sintamos siempre seremos pequeños.
Como combates aquello que tus ojos no pueden mirar, y no hablo de dolores internos a causa de fallos en el juego macabro, más bien me refiero a seres traslúcidos que atrapan sin tocar, que pululan sin cesar, que buscan y buscan razones constantes para escapar de su agonía martirizante. Mi vida estaba calmada, encontrar una ruta no es fácil pero llega, según recuerdo el mal no se estaba canalizando en su forma habitual, los humanos habían aprendido a respetarse un poco más, miento, es una idea que quise creer, simplemente cansados y hastiados de tantos desengaños, la raza planetaria estaba en tregua. Mis días pasaban sin tocarme, serenos, pausados, sin emociones grandes o desilusiones tremendas, nos cansamos de la estabilidad pero detestamos los tiempos movidos, inconformes?, eso creo, así somos.
Salí a la hora de almuerzo y no regresé, al trabajo quiero decir. Me paseé por las sucias calles y avenidas de la ciudad, algo me decía que la calma reinante tenía un causante, pensé como siempre en muchos caminos, en tantos destinos posibles de hallar. Cuando me siento algo solo me siento en un parque, en el cual juegan los niños, pequeños por demás está decir, los miro correr, gritar y saltar, ellos todavía no conocen la palabra libertad. No puedo evitarlo, me pongo a jugar, sus madres adultas no entienden mi actuar, me miran recelosas, pero se acostumbran y optan por no mirar, un guardián desconocido los ha venido a visitar. Me encontraba jugando, cuando vi a esta niñita, flaquita y con lentes, parada solita.
Dejé de brincar y me le acerqué, llevaba una bomba color rojo amarrada a su muñeca, en su otro brazo una muñeca desteñida. "Donde está tu mamá?, pregunté, la pequeña señaló hacia un espacio vacío entre los frondosos árboles del parque. No pude ver a nadie y pensé que la infante solo jugaba conmigo, "y por qué no juegas con los otros niñitos? le dije, "es que mi mamá no me deja" contestó, "pero donde está tu madre?, volví a preguntar, "ya le dije señor, allá" y señaló nuevamente al espacio vacío. "Y tu mami sabes que estás aquí?, "si señor, ella siempre está conmigo". Confieso que quedé desconcertado, pero yo trato de seguir el juego de los niños, yo de pequeño me molestaba cuando los adultos me hacían preguntas tontas a mis historias imaginarias, es que los adultos no saben de eso, nunca sabrán.
Señalando hacia el espacio vacío en donde la pequeña insistía que su mamá se encontraba, le dije "ahí no?, allí está tu mamá". La pequeña asintió con la cabeza, la tomé de la mano y caminé hacia donde las otras madres se encontraban sentadas, les pregunté si conocían a la infante o a su madre en su defecto, todas negaron con la cabeza. "Donde vives tu? le pregunté a la niñita, "en mi casa" respondió, "por supuesto donde más" me dije a mi mismo, a veces, solo a veces mi mente se vuelve adulta y pregunto estupideces. Caminamos hacia donde la pequeña insistía se encontraba su madre, un espacio abierto, sin nada, grama y unos árboles, yo la verdad es que no veía nada.
La pequeña levantaba su mano en donde llevaba el globo y me decía que su madre le estaba sosteniendo la misma, aquí reconozco que mi lógica fue desafiada y ya no supe que decir. "Mi mami dice que tu eres un ser bueno, con alma limpia y que debes ayudarme", "ayudarte?" contesté, "si, si, por favor no me dejes sola, mi mami te lo pide". En ese momento comencé a asustarme, no entendía de que se trataba todo aquello, "pero ayudarte a que?" repetí, la niñita se arregló sus lentes, me tomó de la mano y me dijo "sígueme, ya verás". Atravesamos el parque entero, yo y una niña de 4 años, guiado por una infante, unas calles más allá y unos minutos más confundido estaba yo parado al frente de una casa muy vieja, con rasgos de mansión embrujada y una cruz roja en el centro del portón.
"Aquí es" dijo la niña, yo ya me estaba limitando a no preguntar más. Entramos al lugar y pude constatar que se trataba de la escuela de enfermería "José Leocadio Barreto", en el escritorio de información nos recibió una dama muy amable quien al ver a la pequeña se levantó y dijo "hola María Isabel, que haces aquí mi amor?, tu papi está ocupado, y quien es este señor?. La niña le dijo "hola Antonia, no vine a ver a mi papi, mi mami me dijo que le dijera a este señor que me ayudara". La señora no respondió, me miró y me dijo "quien es usted?, que hace con la niña?, "mire señora", le respondí "yo estaba de lo más feliz jugando en el parque y ella me jaló de la mano", al terminar la frase me di cuenta que la cara de la mujer estaba aún más dura, un viejo como yo jugando en el parque?, eso no sonaba coherente. La mujer me dijo, "mire, deje a la niña acá y váyase por favor".
Me volteé y caminé hacia la puerta, los gritos de la niña que insistía en que su madre le pedía que la ayudara retumbaban en el siniestro lugar. Afuera los rayos del sol me encandilaron, me subí al metro y me enrumbé hacia mi casa, sentado allí viendo las caras de las personas mi mente volaba a otros mundos, cada cara una expresión, un mundo dentro de si, un cúmulo de deseos y anhelos, que de por si nunca se cumplirían, pero de eso se trata, de ir y venir, de ver y no ver, de andar sin saber. Sentado en la cocina de mi casa me comía un helado con mi padre, "Alerón" mi perro, estaba sentado al otro lado y también comía helado, no recuerdo de que conversábamos, solo que no podía olvidar los gritos de la niña, mi papá hablaba sin parar, como siempre hace, yo le escuchaba a lo lejos, creo que "Alerón" le hacía más caso, finalmente me paré de la silla y me fui al cuarto, a descansar.
Anocheció, hacía frío eso recuerdo, salí de mi casa supuestamente para ir al cine con una amiga, nunca llegué, la dejé plantada, ella era bonita así que otro conseguiría, mi presencia no era requerida. Estacioné mi carro al frente de la escuela de enfermería, me bajé y vi sus puertas cerradas. El vigilante me vio husmeando y se acercó, "que desea señor?," me dijo, "disculpe amigo, pero estoy perdido, yo no soy de acá y me dijeron que por aquí había un lugar donde me puede atender un médico", el vigilante me contestó "a claro, se siente mal?, fíjese aquí en la escuela de enfermería funciona el ambulatorio, en donde hay una emergencia y las enfermeras así practican". El hombre abrió la reja y me hizo pasar, "que tiene compadre?" me preguntó, yo le dije "dolor de barriga, pero muy fuerte", "adelante pues, ojalá y se le quite" me dijo el guardián.
Caminé por unos pasillos oscuros y tenebrosos, finalmente pude ver una luz en lo que parecía el final del corredor, me acerqué y escuché ruidos, sonidos de esos del juego macabro, con cuidado pude ver al doctor y a una enfermera en plena faena, yo para joder, abrí la puerta de golpe y me tiré al piso diciendo que me iba a reventar la barriga. En el piso y con los dos tórtolos desnudos y apenados no podía contener la risa, el médico se puso su bata y la enfermera hizo lo propio, se acercaron a mi y dijeron "que le pasa señor?, disculpe de verdad, es que no esperábamos a nadie en estas fechas". Yo seguía fingiendo mi dolor de barriga, cada vez gritaba más y me echaba gases olorosos para confundir, el médico me ayudó a levantarme y me acostó en una camilla, "hay que hacerle exámenes" me dijo, "mire ya creo que me siento mejor" le contesté, deme unas pastillas para el estómago y esperemos un rato, el médico algo extrañado me entregó las pastillas y se sentó en su silla, en donde nuevamente se excusó por el espectáculo que había presenciado.
Me dieron de alta, y en vez de salir por la puerta me escondí en un closet donde guardaban implementos de limpieza. Al día siguiente y vestido con braga de obrero y una escoba en la mano caminaba por la escuela de enfermería. Debo reconocer que no veía nada raro, nada fuera de lo común, estudiantes, algunos doctores, enfermeras, pacientes, aulas de estudio y la biblioteca. Entré a la biblioteca y me senté a leer un libro de anatomía humana, sigilosamente me escondí entre las paredes de libros, finalmente encontré algo que me hizo estremecer, mis fibras se conmovieron, mi ritmo cardíaco se aceleró, en la pared guindada una foto en donde se veía a un grupo de enfermeras, entre ellas, una que cargaba a una niña, la misma pequeña del parque del día anterior.
Tomé el cuadro prestado y me escabullí por una puerta trasera, corrí al parque y para mi alivio la infante estaba allí parada, sola, quizás como hacía todos los días. Al verme sonrío, "mi mami dice que me tienes que ayudar" dijo cuando me acerqué, le mostré la fotografía y la niña no dijo nada, no hubo forma ni manera de hacerla hablar nuevamente. Volví a la escuela de enfermería en donde subí al último piso, el mismo estaba clausurado, o eso querían hacer ver, después de pasar unos escombros y caminar un pasillo muy sucio escuché voces en la lejanía, atrás de la puerta pude captar la conversación de unos médicos que airadamente discutían sobre algo que no podía identificar. Los dejé salir de la oficina y entré a la misma, en la misma había varios expedientes perfectamente ordenados, revisé uno por uno, parecían fichas con diagnósticos variados, solo uno me llamó la atención por encima de los otros, y la razón fue que estaba la foto de la enfermera que cargaba a la niña del parque, no había diagnóstico por ningún lado, unas notas escritas a mano, pero sin mucho sentido, al menos no para mi.
Miré hacia el techo, buscando respuestas, los bloques de anime, de un techo falso me llamaron la atención, me encaramé en una silla, quité los pedazos de anime y entré a una nueva dimensión. Un laboratorio impecable y perfectamente construido apareció ante mis ojos, lo que pude ver después me heló por completo, todos los pacientes que había visto sus expedientes en la oficina estaban acostados en sus camas, pálidos, quebradizos, ojos cerrados, almas distantes. Caminé sigiloso sin saber de que se trataba aquello, el ruido de la puerta me hizo tirarme al piso y esconderme debajo de una cama. Dos médicos paseaban y hablaban, se detuvieron en la cama en donde me encontraba, uno le dijo al otro "este no se ve bien", el otro le respondió "creo que esta medicina es un fracaso" y siguieron de largo.
De nuevo en pie y sin tener idea que pasaba caminé todo el lugar, solo una cama estaba vacía, me detuve nuevamente sobre cada paciente, ninguno parecía estar consciente, ya me iba cuando un viejito me agarró la mano, "sálveme mijo", me dijo, "yo entré aquí con un dolor de garganta y ahora tengo hepatitis, mono-nucleosis y pare usted de contar, esto es en contra de mi voluntad, ni me di cuenta, cuando desperté estaba aquí, esta gente está experimentando con nosotros". Se abrieron las puertas de mi entendimiento, probaban con humanos, los enfermaban adrede y luego trataban de curarlos con medicina experimental, profesionales de la medicina jugando a ser dioses, ángeles de la muerte laborando tras una bata blanca.
Ayudé al viejito a pararse de la cama, del otro lado vi unas escaleras que daban a un patio, bajé al viejo cargado y lo escondí tras una mata, "espéreme aquí, yo vuelvo por usted". Corrí a una tienda en donde me compré un traje, disfrazado me presenté como inspector del Ministerio de Sanidad, pedí hablar con el director del establecimiento, en pocos minutos estaba sentado frente al doctor Eugenio Parilli. Me dio un tour de las instalaciones, muy amable y educado, al llevarme al patio le dije si podíamos caminar para conversar ciertas cosas, lo llevé hasta el árbol donde había escondido al anciano, ahí al verlo, exclamé "que es esto?, que está pasando aquí?, el médico visiblemente nervioso, comenzó a tratar de dar explicaciones, el viejo al verle comenzó a respirar con dificultad, el doctor se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja, sin darse cuenta recibió un garbanzo en la frente, mi china es más rápida que una navaja, en el piso me le tiré encima y lo dejé fuera de combate, coloqué la navaja entre la tierra y su ojo, de manera que cuando despertara se enterrara la misma y sufriera por sus actos corruptos.
Adentro del hospital me dirigí a la sala de médicos, sin pensar pateé la puerta y comencé a disparar chinazos a diestra y a siniestra, algunos médicos huyeron, otros cayeron abatidos, la sorpresa los dejó sin muchas opciones, finalmente capturé al mismo médico que me había atendido la noche anterior, el galeno asustado pedía perdón y me preguntaba quien era yo, sin decirle nada me lo llevé hasta la biblioteca, lo paré frente a la foto donde aparecía la niñita, quien es esa?, el hombre llorando me respondió que era su hija, y la que la cargaba su madre y esposa de el, difunta esposa para ser más claros. El mismo se había encargado de matarla, cuando ella se negó a participar en los experimentos diabólicos, ella enfermó muy grave, se salió de control y había fallecido unas semanas antes. Afuera del sitio y con las autoridades pertinentes observaba como se llevaban detenidos a los médicos macabros, los pacientes eran trasladados a otras instituciones. Recogí al viejito en el jardín aprovechando la confusión y lo dejé en una ambulancia, el hombre visiblemente debilitado me agradeció, yo simplemente asentí con la cabeza y me despedí.
En el parque me comía un helado, con la niñita, "mi mami dice que muchas gracias, que ya puede descansar en paz". Reconozco que se me partió el alma al escuchar esas palabras, abracé a la infante quien me dijo "gracias señor, si mi mami está contenta yo también lo estoy". No tuve palabras para ese momento, solamente pude repetir para mi mismo mientras me alejaba "así como tu mami siempre ha estado allí, yo siempre estaré aquí"…
Al llover nos mojamos, salvo que estemos bajo techo, se dice muy fácil pero encontrar refugio en días lluviosos puede ser laborioso. Si cuentas tus pasos te llaman pichirre si en cambio no piensas en ello te acusarán de despistado. Hay reyes sin trono, hay otros lujosos, hay mendigos capaces y otros fugaces. El blanco traspasa, el negro detiene, o es simplemente acaso que su mezcla confunde. Hay días de días, noches de noches, pero entonces donde guardamos aquellos que nos dan en la torre?, sin duda es un cuento, un dulce cantar, lloramos, reímos y nos vemos pasar, verdades y mentiras nos llenan nuestras vidas, equilibran el arte, comparten lo que algunos le llaman desastre, existir es difícil, vivir es un sueño y por más grandes que nos sintamos siempre seremos pequeños.
Como combates aquello que tus ojos no pueden mirar, y no hablo de dolores internos a causa de fallos en el juego macabro, más bien me refiero a seres traslúcidos que atrapan sin tocar, que pululan sin cesar, que buscan y buscan razones constantes para escapar de su agonía martirizante. Mi vida estaba calmada, encontrar una ruta no es fácil pero llega, según recuerdo el mal no se estaba canalizando en su forma habitual, los humanos habían aprendido a respetarse un poco más, miento, es una idea que quise creer, simplemente cansados y hastiados de tantos desengaños, la raza planetaria estaba en tregua. Mis días pasaban sin tocarme, serenos, pausados, sin emociones grandes o desilusiones tremendas, nos cansamos de la estabilidad pero detestamos los tiempos movidos, inconformes?, eso creo, así somos.
Salí a la hora de almuerzo y no regresé, al trabajo quiero decir. Me paseé por las sucias calles y avenidas de la ciudad, algo me decía que la calma reinante tenía un causante, pensé como siempre en muchos caminos, en tantos destinos posibles de hallar. Cuando me siento algo solo me siento en un parque, en el cual juegan los niños, pequeños por demás está decir, los miro correr, gritar y saltar, ellos todavía no conocen la palabra libertad. No puedo evitarlo, me pongo a jugar, sus madres adultas no entienden mi actuar, me miran recelosas, pero se acostumbran y optan por no mirar, un guardián desconocido los ha venido a visitar. Me encontraba jugando, cuando vi a esta niñita, flaquita y con lentes, parada solita.
Dejé de brincar y me le acerqué, llevaba una bomba color rojo amarrada a su muñeca, en su otro brazo una muñeca desteñida. "Donde está tu mamá?, pregunté, la pequeña señaló hacia un espacio vacío entre los frondosos árboles del parque. No pude ver a nadie y pensé que la infante solo jugaba conmigo, "y por qué no juegas con los otros niñitos? le dije, "es que mi mamá no me deja" contestó, "pero donde está tu madre?, volví a preguntar, "ya le dije señor, allá" y señaló nuevamente al espacio vacío. "Y tu mami sabes que estás aquí?, "si señor, ella siempre está conmigo". Confieso que quedé desconcertado, pero yo trato de seguir el juego de los niños, yo de pequeño me molestaba cuando los adultos me hacían preguntas tontas a mis historias imaginarias, es que los adultos no saben de eso, nunca sabrán.
Señalando hacia el espacio vacío en donde la pequeña insistía que su mamá se encontraba, le dije "ahí no?, allí está tu mamá". La pequeña asintió con la cabeza, la tomé de la mano y caminé hacia donde las otras madres se encontraban sentadas, les pregunté si conocían a la infante o a su madre en su defecto, todas negaron con la cabeza. "Donde vives tu? le pregunté a la niñita, "en mi casa" respondió, "por supuesto donde más" me dije a mi mismo, a veces, solo a veces mi mente se vuelve adulta y pregunto estupideces. Caminamos hacia donde la pequeña insistía se encontraba su madre, un espacio abierto, sin nada, grama y unos árboles, yo la verdad es que no veía nada.
La pequeña levantaba su mano en donde llevaba el globo y me decía que su madre le estaba sosteniendo la misma, aquí reconozco que mi lógica fue desafiada y ya no supe que decir. "Mi mami dice que tu eres un ser bueno, con alma limpia y que debes ayudarme", "ayudarte?" contesté, "si, si, por favor no me dejes sola, mi mami te lo pide". En ese momento comencé a asustarme, no entendía de que se trataba todo aquello, "pero ayudarte a que?" repetí, la niñita se arregló sus lentes, me tomó de la mano y me dijo "sígueme, ya verás". Atravesamos el parque entero, yo y una niña de 4 años, guiado por una infante, unas calles más allá y unos minutos más confundido estaba yo parado al frente de una casa muy vieja, con rasgos de mansión embrujada y una cruz roja en el centro del portón.
"Aquí es" dijo la niña, yo ya me estaba limitando a no preguntar más. Entramos al lugar y pude constatar que se trataba de la escuela de enfermería "José Leocadio Barreto", en el escritorio de información nos recibió una dama muy amable quien al ver a la pequeña se levantó y dijo "hola María Isabel, que haces aquí mi amor?, tu papi está ocupado, y quien es este señor?. La niña le dijo "hola Antonia, no vine a ver a mi papi, mi mami me dijo que le dijera a este señor que me ayudara". La señora no respondió, me miró y me dijo "quien es usted?, que hace con la niña?, "mire señora", le respondí "yo estaba de lo más feliz jugando en el parque y ella me jaló de la mano", al terminar la frase me di cuenta que la cara de la mujer estaba aún más dura, un viejo como yo jugando en el parque?, eso no sonaba coherente. La mujer me dijo, "mire, deje a la niña acá y váyase por favor".
Me volteé y caminé hacia la puerta, los gritos de la niña que insistía en que su madre le pedía que la ayudara retumbaban en el siniestro lugar. Afuera los rayos del sol me encandilaron, me subí al metro y me enrumbé hacia mi casa, sentado allí viendo las caras de las personas mi mente volaba a otros mundos, cada cara una expresión, un mundo dentro de si, un cúmulo de deseos y anhelos, que de por si nunca se cumplirían, pero de eso se trata, de ir y venir, de ver y no ver, de andar sin saber. Sentado en la cocina de mi casa me comía un helado con mi padre, "Alerón" mi perro, estaba sentado al otro lado y también comía helado, no recuerdo de que conversábamos, solo que no podía olvidar los gritos de la niña, mi papá hablaba sin parar, como siempre hace, yo le escuchaba a lo lejos, creo que "Alerón" le hacía más caso, finalmente me paré de la silla y me fui al cuarto, a descansar.
Anocheció, hacía frío eso recuerdo, salí de mi casa supuestamente para ir al cine con una amiga, nunca llegué, la dejé plantada, ella era bonita así que otro conseguiría, mi presencia no era requerida. Estacioné mi carro al frente de la escuela de enfermería, me bajé y vi sus puertas cerradas. El vigilante me vio husmeando y se acercó, "que desea señor?," me dijo, "disculpe amigo, pero estoy perdido, yo no soy de acá y me dijeron que por aquí había un lugar donde me puede atender un médico", el vigilante me contestó "a claro, se siente mal?, fíjese aquí en la escuela de enfermería funciona el ambulatorio, en donde hay una emergencia y las enfermeras así practican". El hombre abrió la reja y me hizo pasar, "que tiene compadre?" me preguntó, yo le dije "dolor de barriga, pero muy fuerte", "adelante pues, ojalá y se le quite" me dijo el guardián.
Caminé por unos pasillos oscuros y tenebrosos, finalmente pude ver una luz en lo que parecía el final del corredor, me acerqué y escuché ruidos, sonidos de esos del juego macabro, con cuidado pude ver al doctor y a una enfermera en plena faena, yo para joder, abrí la puerta de golpe y me tiré al piso diciendo que me iba a reventar la barriga. En el piso y con los dos tórtolos desnudos y apenados no podía contener la risa, el médico se puso su bata y la enfermera hizo lo propio, se acercaron a mi y dijeron "que le pasa señor?, disculpe de verdad, es que no esperábamos a nadie en estas fechas". Yo seguía fingiendo mi dolor de barriga, cada vez gritaba más y me echaba gases olorosos para confundir, el médico me ayudó a levantarme y me acostó en una camilla, "hay que hacerle exámenes" me dijo, "mire ya creo que me siento mejor" le contesté, deme unas pastillas para el estómago y esperemos un rato, el médico algo extrañado me entregó las pastillas y se sentó en su silla, en donde nuevamente se excusó por el espectáculo que había presenciado.
Me dieron de alta, y en vez de salir por la puerta me escondí en un closet donde guardaban implementos de limpieza. Al día siguiente y vestido con braga de obrero y una escoba en la mano caminaba por la escuela de enfermería. Debo reconocer que no veía nada raro, nada fuera de lo común, estudiantes, algunos doctores, enfermeras, pacientes, aulas de estudio y la biblioteca. Entré a la biblioteca y me senté a leer un libro de anatomía humana, sigilosamente me escondí entre las paredes de libros, finalmente encontré algo que me hizo estremecer, mis fibras se conmovieron, mi ritmo cardíaco se aceleró, en la pared guindada una foto en donde se veía a un grupo de enfermeras, entre ellas, una que cargaba a una niña, la misma pequeña del parque del día anterior.
Tomé el cuadro prestado y me escabullí por una puerta trasera, corrí al parque y para mi alivio la infante estaba allí parada, sola, quizás como hacía todos los días. Al verme sonrío, "mi mami dice que me tienes que ayudar" dijo cuando me acerqué, le mostré la fotografía y la niña no dijo nada, no hubo forma ni manera de hacerla hablar nuevamente. Volví a la escuela de enfermería en donde subí al último piso, el mismo estaba clausurado, o eso querían hacer ver, después de pasar unos escombros y caminar un pasillo muy sucio escuché voces en la lejanía, atrás de la puerta pude captar la conversación de unos médicos que airadamente discutían sobre algo que no podía identificar. Los dejé salir de la oficina y entré a la misma, en la misma había varios expedientes perfectamente ordenados, revisé uno por uno, parecían fichas con diagnósticos variados, solo uno me llamó la atención por encima de los otros, y la razón fue que estaba la foto de la enfermera que cargaba a la niña del parque, no había diagnóstico por ningún lado, unas notas escritas a mano, pero sin mucho sentido, al menos no para mi.
Miré hacia el techo, buscando respuestas, los bloques de anime, de un techo falso me llamaron la atención, me encaramé en una silla, quité los pedazos de anime y entré a una nueva dimensión. Un laboratorio impecable y perfectamente construido apareció ante mis ojos, lo que pude ver después me heló por completo, todos los pacientes que había visto sus expedientes en la oficina estaban acostados en sus camas, pálidos, quebradizos, ojos cerrados, almas distantes. Caminé sigiloso sin saber de que se trataba aquello, el ruido de la puerta me hizo tirarme al piso y esconderme debajo de una cama. Dos médicos paseaban y hablaban, se detuvieron en la cama en donde me encontraba, uno le dijo al otro "este no se ve bien", el otro le respondió "creo que esta medicina es un fracaso" y siguieron de largo.
De nuevo en pie y sin tener idea que pasaba caminé todo el lugar, solo una cama estaba vacía, me detuve nuevamente sobre cada paciente, ninguno parecía estar consciente, ya me iba cuando un viejito me agarró la mano, "sálveme mijo", me dijo, "yo entré aquí con un dolor de garganta y ahora tengo hepatitis, mono-nucleosis y pare usted de contar, esto es en contra de mi voluntad, ni me di cuenta, cuando desperté estaba aquí, esta gente está experimentando con nosotros". Se abrieron las puertas de mi entendimiento, probaban con humanos, los enfermaban adrede y luego trataban de curarlos con medicina experimental, profesionales de la medicina jugando a ser dioses, ángeles de la muerte laborando tras una bata blanca.
Ayudé al viejito a pararse de la cama, del otro lado vi unas escaleras que daban a un patio, bajé al viejo cargado y lo escondí tras una mata, "espéreme aquí, yo vuelvo por usted". Corrí a una tienda en donde me compré un traje, disfrazado me presenté como inspector del Ministerio de Sanidad, pedí hablar con el director del establecimiento, en pocos minutos estaba sentado frente al doctor Eugenio Parilli. Me dio un tour de las instalaciones, muy amable y educado, al llevarme al patio le dije si podíamos caminar para conversar ciertas cosas, lo llevé hasta el árbol donde había escondido al anciano, ahí al verlo, exclamé "que es esto?, que está pasando aquí?, el médico visiblemente nervioso, comenzó a tratar de dar explicaciones, el viejo al verle comenzó a respirar con dificultad, el doctor se metió la mano en el bolsillo y sacó una navaja, sin darse cuenta recibió un garbanzo en la frente, mi china es más rápida que una navaja, en el piso me le tiré encima y lo dejé fuera de combate, coloqué la navaja entre la tierra y su ojo, de manera que cuando despertara se enterrara la misma y sufriera por sus actos corruptos.
Adentro del hospital me dirigí a la sala de médicos, sin pensar pateé la puerta y comencé a disparar chinazos a diestra y a siniestra, algunos médicos huyeron, otros cayeron abatidos, la sorpresa los dejó sin muchas opciones, finalmente capturé al mismo médico que me había atendido la noche anterior, el galeno asustado pedía perdón y me preguntaba quien era yo, sin decirle nada me lo llevé hasta la biblioteca, lo paré frente a la foto donde aparecía la niñita, quien es esa?, el hombre llorando me respondió que era su hija, y la que la cargaba su madre y esposa de el, difunta esposa para ser más claros. El mismo se había encargado de matarla, cuando ella se negó a participar en los experimentos diabólicos, ella enfermó muy grave, se salió de control y había fallecido unas semanas antes. Afuera del sitio y con las autoridades pertinentes observaba como se llevaban detenidos a los médicos macabros, los pacientes eran trasladados a otras instituciones. Recogí al viejito en el jardín aprovechando la confusión y lo dejé en una ambulancia, el hombre visiblemente debilitado me agradeció, yo simplemente asentí con la cabeza y me despedí.
En el parque me comía un helado, con la niñita, "mi mami dice que muchas gracias, que ya puede descansar en paz". Reconozco que se me partió el alma al escuchar esas palabras, abracé a la infante quien me dijo "gracias señor, si mi mami está contenta yo también lo estoy". No tuve palabras para ese momento, solamente pude repetir para mi mismo mientras me alejaba "así como tu mami siempre ha estado allí, yo siempre estaré aquí"…
Thursday, January 26, 2006
Me rompió el corazón
Me rompió el corazón, esa frase se la repetía Neblino Jiménez a diario, no solo se la repetía a si mismo, sino a todos los que le rodeaban. Segundos, minutos, horas y días giraban en torno al simple y macabro hecho que a Neblino le habían roto el corazón. Hay que verle la cara a llamarse Neblino y además tener que caminar por la vida con el corazón roto, un momento, que carajo es un corazón roto?. Si se te rompe el corazón pues te jodistes, te meten en una caja y tres metros bajo tierra, al menos eso pensaba yo antes de conocer a Neblino. Esos conceptos metafóricos amorosos nunca fueron de la mano conmigo, pero tengo la leve impresión que Neblino me probaría que a él le partieron su músculo bombeador de sangre por el medio y que nunca pero nunca regresaría de ese limbo adonde lo enviaron.
María Katerina, así se llamaba la causante de la aflicción de Neblino, debo reconocer que en mi despiste eterno tiendo a no fijarme en las cualidades físicas de las personas, por el contrario les veo más allá. Eso me permite establecer en mi mente quien puede ser buena gente o quien no, concepto básico, hasta un tanto idiota, pero que rige las bases de las relaciones humanas. Hay gente buena, hay gente mala, y si que los hay, en esto no existen medias tintas, o buenos o malos, pero nada de medio buenos y medio malos, o eres una mierda o eres buena gente. Me desvío, es que mi mente a veces flota, pero el hecho es que María Katerina era la piedra de tranca en el andar de Neblino, como puede una persona ser el eje de nuestra existencia, no lo se, esa pregunta no la puedo contestar, aunque trataré de aproximarme a una respuesta con la historia de Neblino, el hombre que me corroboró lo estúpidos que podemos ser en materia de sentimientos, o más bien en auto-sadomasoquismo infligido, el dolor no cuesta nada, de hecho ni siquiera lo venden, lo regalan, lo obsequia la vida.
Neblino era mi compañero de trabajo, María Katerina también, aunque en dos planos distintos. Neblino era un especie de alma en pena que pululaba por la oficina, brillante debo decir, pero alma en pena al fin. Por otro lado María Katerina brillaba cual estrella en el firmamento, yo insisto en pensar que ella juraba que estaba buena, ella decía que como se puede estar buena si mides medio metro, te sobra maleta, tienes manos feas y voz chillona. Deben haber sido sus ojos, de un color nunca antes visto, penetrantes sin lugar a dudas, hay miradas que matan, hay otras que dan risa, la de ella creo que llevaba a los humanos a fantasear, me excluyo, yo no pierdo tiempo en pendejadas, yo respiro porque mis pulmones se abren y se contraen solos, pero no me paro a ver ojos lindos ni esas mariqueras. Quizás fue su nariz, perfecta, digna de Hollywood, operada creo yo, natural decía ella. María Katerina era de esa gente que te saludaba si quería, sino estaba de buenas te ignoraba, cosa que a mi no me hace ni cosquillas, pues a las seis de la tarde ya ni me acordaba quien me había saludado o no. Para Neblino las cosas eran distintas, tenía un calendario donde anotaba como lo había tratado María Katerina cada día. El calendario era digno de estudio, detalles, horas, regalos que le había hecho, estados de ánimo y hasta una especie de tabla pitagórica en donde medía las oportunidades de hacer en algún momento a la damicela suya.
En materia de cruzadas amorosas, la gente busca aliados, confidentes, segunderos, lo que sea. Es una necesidad humana tener alguien a quien echarle el cuento de los avances o retrocesos. Ahora bien esa no es mi necesidad, si yo decido atacar lo hago sin usar aliados, voy solo a la guerra, gano o pierdo, no hago preguntas ni llevo cuentas en mi cabeza de que he dicho y que no, simplemente avanzo o me freno de acuerdo a las circunstancias. Neblino, mi buen amigo Neblino, el no era así, los nervios lo hacían presa, se le trababa la lengua, se metía en mi oficina para obtener consejos, cosa que es contraproducente desde cualquier punto de vista pues yo soy yo y él es él, es decir, lo que me resulta a mi no necesariamente le resultará a otro y viceversa. Pero Neblino insistía en que le diera luces para llegar al destino final, para ganar la carrera contra aquello que sentimos y no podemos explicar, contra ese hueco que se forma en el centro del esqueleto y que se infla o desinfla acorde al son que toque la otra persona, el enemigo, pues en eso se convierte, en un enemigo que hay que derrotar para que decida caminar siendo parte del azar, como uno más en nuestro andar.
Hay ciertos puntos dentro de esta historia que nunca logré determinar. Siempre pensé que María Katerina estuvo consciente todo el tiempo que a Neblino le gustaba ella. Ella siempre me dijo que nunca lo vió venir, que ella no tenía ni idea que realmente Neblino sintiera algo por ella más allá que una simple amistad laboral. Las cosas que uno tiene que escuchar, de verdad eso es lo que me hace sonreír a diario, las múltiples interpretaciones que los humanos dan a distintas situaciones, siempre poniéndolas a su merced, bajo su ala, a su conveniencia, nunca vemos que puede ser lo que los demás sientan o piensen, primero nosotros, después si hay tiempo, ellos.
Una parte, de hecho la que más disfruto, de las letanías del jueguito macabro este que pusieron en la Tierra para entretenernos, es cuando la gente empieza a hacer todo tipo de promesas con tal que se le de la movida. Entré a la oficina de Neblino y me encontré con veinte y cuatro velas prendidas a distintos santos, una estatua de Buda y varias estampitas religiosas pegadas al corcho en distintas posiciones. "Que coño es esto Neblino?, le pregunté, "Bueno hermanazo" me dijo "un poquito de ayuda celestial no viene mal, tu sabes un empujoncito pa' que la María K. sea mía", confieso que me tuve que reír, aquel santuario ardiente era para cagarse de la risa, la cosa se puso mejor cuando Neblino nervioso por mis risas se incendió el flux, tuve que echarle agua, para apagar el incendio, la chaqueta del traje a la basura, y algunos documentos importantes hechos cenizas todo por lograr el amor de la difícil María Katerina.
Otro día pasé por la oficina de Neblino y me lo encontré haciendo barras y abdominales, el pobre sudaba como un cochino, al sorprenderlo así y guindado como un vampiro para maximizar el ejercicio sobre el músculo se cayó de espalda dándose un carajazo monumental. Lo tuve que cargar hasta la clínica para que lo revisaran completito, calmantes, dolor, y no más ejercicio en al menos tres meses. Recuerdo cuando pasamos por al lado de la oficina de María Katerina y Neblino iba adolorido y doblado, ella se paró y preguntó que había sucedido, Neblino de alguna manera oculta e irracional estaba molesto pues atribuía su caída a María K., como solía decirle el propio Neblino. Yo tuve que hablar, explicar que había pasado, María Katerina como cualquier mujer bromeó y le dijo a Neblino "ay Nebli, haciendo ejercicios, a quien te querrás levantar?, Neblino no contestó, yo por atrás le hice una seña a la dama para que no se molestara. Neblino tenía ahora una lesión permanente en la espalda por la caída aparatosa.
Los días pasan y esas esperas eternas hacen mella en las almas, te carcomen, empiezas a sentir que el tiempo se va y que tu no eres parte de el. El cúmulo de emociones comprimidas por la presión del no saber causa locura, Neblino no se atrevía a preguntar, según su teoría, iba lento pero seguro, con pasos firmes, bien pensados, poco a poco, un sin fin de momentos que se unirían en la hora indicada para entrelazarse y lograr el cometido final. Que grande es la esperanza, de verdad, una de las virtudes, si me permiten llamarla así, más grande los seres humanos es la capacidad de no rendirse en sus anhelos, esa llamarada interna que nos invita a pensar en un futuro mejor, así sepamos que nunca llegará.
Debo admitir que me asustó un poco el día que vi marcado en el calendario de Neblino una fecha con una letra x gigante, la letra x llevaba a su alrededor unos rayos, unas flores, todos hechos a mano por Neblino. Supuse de qué se trataba, es solo que al imaginar las consecuencias por apenas dos segundos me aterré aún más y preferí hacerme el loco. Neblino, tan amable como siempre, me invitó a sentarme, creo que hablamos un rato de la vida, de un negocio que planeaba montar, de su infancia, de sus ritos, sus delirios y sus fantasías. Finalmente salió el nombre fatídico, "me he decidido" me dijo, "voy a declararle mi amor a María K." y suspiró profundamente, yo traté de advertirle de los riesgos y consecuencias de toda aquella campaña pero Neblino había tomado su decisión.
Hasta ese momento yo creía saber todo lo que había pasado por la mente de Neblino en relación a su dulce tormento, estaba equivocado. Neblino se liberó, se abrió y dio paso a una cadena de pensamientos y sentimientos que nunca antes había visto emanar de la boca de un ser humano, de un hombre debo decir, alguna vez escuché a mis amigas sufrir por amor, si es que eso que llaman amor existe en algún rincón del planeta. Una lágrima cayó sobre la mejilla de Neblino, "ves esto?, me dijo, "tu sabes cuantas gotas con sabor a sal han caído por mi cara desde que conocí a María K?, tu lo sabes?, tienes alguna idea?", Neblino prosiguió, "tu te imaginas cuantas noches en vela he pasado a causa de ella?, cuantas fiestas he dejado de asistir, cuantas veces he sentido que mi vida se va por la cañería?", "no, la verdad no Neblino" le dije, "pues mira, te digo, muchas, incontables, innumerables, infinitas, no lo se, tu sabes lo que es el dolor?".
"Bueno" le contesté, "yo se lo que es un dolor de una esguince, de un golpe en la cabeza, de cuando me corté la pierna con el pedal de la bicicleta, eso si duele Neblino", "no, no, tu no sabes nada" gritó enfurecido, "tu no sabes lo que significa que te duela en un lugar que no sabes donde es, que no hay remedio, no hay suturas, no hay solución". Prosiguió, "sabes lo que es poner tu vida en la línea, estar dispuesto a morir, por alguien, lo sabes?, "bueno Neblino" le respondí, "yo se de muchas cosas, pero quizás de eso tu sabes más", el hombre endemoniado, poseído me contaba de su tristeza, de su andar sin destino, su cabeza abajo, su dolor eterno, su escasez de sonrisas, su olvidar de la risa, sus acciones perpetuas, su amor, su amor sin protesta.
Enamorarse solo es deleznable, al menos para los otros, yo no se de eso. Mi razón domina mi sentir, es así como puedo existir, como vivo, donde crezco, es el pan de mi seguir. Para Neblino su existencia reposaba sobre otra persona, sobre otro ser humano, con virtudes y defectos, pero que no se había dado a la tarea de indagar sobre cuales eran las consecuencias de ese nexo fantasioso que Neblino había creado en su mente. Claro estamos, nadie debe pagar porque a otro se le ocurre enamorarse de uno, eso es problema de la otra persona, acaso lo es?, quizás por un principio no escrito en las reglas inexistentes del jueguito macabro, pues, debemos interesarnos por el sentir del otro ser, caridad?, nada de eso, quizás curiosidad, aún más es posible que hasta para estudiar la posibilidad del chance escondido que puede estar por llegar.
Neblino llegó vestido con su mejor traje, afeitado al ras, colonia en mano, creo que hasta se había blanqueado los dientes, cortado el cabello bañado tres veces. Pasó por mi oficina, simplemente sonrío, llevaba las manos en los bolsillos, su sonrisa parecía estar dominada de pasión y locura, esa sonrisa que tiene vicios de dolor por donde se le mire. Sin que nadie me viera me escondí perfectamente posicionado para ver el espectáculo, en primera fila, aquello era digno de jugar al espía. Neblino salió de su oficina con una carretilla, es que en las manos no le cabían los obsequios, se adentró en la oficina de María Katerina y soltó un discurso que no pretendo repetir acá por honor a su memoria. Sacó un ramo de rosas rojas, tres cajas de bombones finos, se arrodilló, mostró un anillo, creo que lloró en algún momento, luego sacó otro ramo de rosas, se volvió a arrodillar, cantó unos boleros con guitarra y todo, ofreció casa, hijos, viajes, seguridad, estabilidad y por sobre todo amor, eso fue lo que ofreció Neblino en realidad.
Sentado en mi oficina y llorando a moco tendido no entendía que había podido salir mal, la carretilla llena de corotos estaba a mi lado, yo me comía los bombones que de paso estaban muy sabrosos. Dejé que el pobre y abatido hombre se desahogara, me explicara desde treinta y tres puntos de vista distintos la profundidad de su discurso y como él pensaba que no podía haber fracasado, luego se volteaba y me decía con más de ochenta teorías la razón por la cual las cosas se habían ido a la mierda. Ese día no trabajé, me limité a escuchar al hombre caído en desgracia, al ave herida, a un niño llorando por la partida. Finalmente Neblino, y luego de nueve cajas de kleenex, me pidió un favor, un favor algo extraño por demás, pero favor al fin.
Solo me bastó entregarle un papel a María Katerina con la letra de "don't get me wrong" por Pretenders y pelarle el diente una vez para que cayera rendida a mis pies. Si, así tan fácil como lo leen, es que a veces las cosas son tan simples en el planeta y nos complicamos demasiado. En su oficina la moví de un lado a otro, cerciorándome que no se olvidara nunca de aquello, que soñara, que creyera, que viviera, que quisiera. Minutos pasaron, el tiempo parado, palabras al aire, promesas eternas, si ella hubiera sabido que en mi domina la razón, nunca hubiera dejado que le rompiera el corazón…
María Katerina, así se llamaba la causante de la aflicción de Neblino, debo reconocer que en mi despiste eterno tiendo a no fijarme en las cualidades físicas de las personas, por el contrario les veo más allá. Eso me permite establecer en mi mente quien puede ser buena gente o quien no, concepto básico, hasta un tanto idiota, pero que rige las bases de las relaciones humanas. Hay gente buena, hay gente mala, y si que los hay, en esto no existen medias tintas, o buenos o malos, pero nada de medio buenos y medio malos, o eres una mierda o eres buena gente. Me desvío, es que mi mente a veces flota, pero el hecho es que María Katerina era la piedra de tranca en el andar de Neblino, como puede una persona ser el eje de nuestra existencia, no lo se, esa pregunta no la puedo contestar, aunque trataré de aproximarme a una respuesta con la historia de Neblino, el hombre que me corroboró lo estúpidos que podemos ser en materia de sentimientos, o más bien en auto-sadomasoquismo infligido, el dolor no cuesta nada, de hecho ni siquiera lo venden, lo regalan, lo obsequia la vida.
Neblino era mi compañero de trabajo, María Katerina también, aunque en dos planos distintos. Neblino era un especie de alma en pena que pululaba por la oficina, brillante debo decir, pero alma en pena al fin. Por otro lado María Katerina brillaba cual estrella en el firmamento, yo insisto en pensar que ella juraba que estaba buena, ella decía que como se puede estar buena si mides medio metro, te sobra maleta, tienes manos feas y voz chillona. Deben haber sido sus ojos, de un color nunca antes visto, penetrantes sin lugar a dudas, hay miradas que matan, hay otras que dan risa, la de ella creo que llevaba a los humanos a fantasear, me excluyo, yo no pierdo tiempo en pendejadas, yo respiro porque mis pulmones se abren y se contraen solos, pero no me paro a ver ojos lindos ni esas mariqueras. Quizás fue su nariz, perfecta, digna de Hollywood, operada creo yo, natural decía ella. María Katerina era de esa gente que te saludaba si quería, sino estaba de buenas te ignoraba, cosa que a mi no me hace ni cosquillas, pues a las seis de la tarde ya ni me acordaba quien me había saludado o no. Para Neblino las cosas eran distintas, tenía un calendario donde anotaba como lo había tratado María Katerina cada día. El calendario era digno de estudio, detalles, horas, regalos que le había hecho, estados de ánimo y hasta una especie de tabla pitagórica en donde medía las oportunidades de hacer en algún momento a la damicela suya.
En materia de cruzadas amorosas, la gente busca aliados, confidentes, segunderos, lo que sea. Es una necesidad humana tener alguien a quien echarle el cuento de los avances o retrocesos. Ahora bien esa no es mi necesidad, si yo decido atacar lo hago sin usar aliados, voy solo a la guerra, gano o pierdo, no hago preguntas ni llevo cuentas en mi cabeza de que he dicho y que no, simplemente avanzo o me freno de acuerdo a las circunstancias. Neblino, mi buen amigo Neblino, el no era así, los nervios lo hacían presa, se le trababa la lengua, se metía en mi oficina para obtener consejos, cosa que es contraproducente desde cualquier punto de vista pues yo soy yo y él es él, es decir, lo que me resulta a mi no necesariamente le resultará a otro y viceversa. Pero Neblino insistía en que le diera luces para llegar al destino final, para ganar la carrera contra aquello que sentimos y no podemos explicar, contra ese hueco que se forma en el centro del esqueleto y que se infla o desinfla acorde al son que toque la otra persona, el enemigo, pues en eso se convierte, en un enemigo que hay que derrotar para que decida caminar siendo parte del azar, como uno más en nuestro andar.
Hay ciertos puntos dentro de esta historia que nunca logré determinar. Siempre pensé que María Katerina estuvo consciente todo el tiempo que a Neblino le gustaba ella. Ella siempre me dijo que nunca lo vió venir, que ella no tenía ni idea que realmente Neblino sintiera algo por ella más allá que una simple amistad laboral. Las cosas que uno tiene que escuchar, de verdad eso es lo que me hace sonreír a diario, las múltiples interpretaciones que los humanos dan a distintas situaciones, siempre poniéndolas a su merced, bajo su ala, a su conveniencia, nunca vemos que puede ser lo que los demás sientan o piensen, primero nosotros, después si hay tiempo, ellos.
Una parte, de hecho la que más disfruto, de las letanías del jueguito macabro este que pusieron en la Tierra para entretenernos, es cuando la gente empieza a hacer todo tipo de promesas con tal que se le de la movida. Entré a la oficina de Neblino y me encontré con veinte y cuatro velas prendidas a distintos santos, una estatua de Buda y varias estampitas religiosas pegadas al corcho en distintas posiciones. "Que coño es esto Neblino?, le pregunté, "Bueno hermanazo" me dijo "un poquito de ayuda celestial no viene mal, tu sabes un empujoncito pa' que la María K. sea mía", confieso que me tuve que reír, aquel santuario ardiente era para cagarse de la risa, la cosa se puso mejor cuando Neblino nervioso por mis risas se incendió el flux, tuve que echarle agua, para apagar el incendio, la chaqueta del traje a la basura, y algunos documentos importantes hechos cenizas todo por lograr el amor de la difícil María Katerina.
Otro día pasé por la oficina de Neblino y me lo encontré haciendo barras y abdominales, el pobre sudaba como un cochino, al sorprenderlo así y guindado como un vampiro para maximizar el ejercicio sobre el músculo se cayó de espalda dándose un carajazo monumental. Lo tuve que cargar hasta la clínica para que lo revisaran completito, calmantes, dolor, y no más ejercicio en al menos tres meses. Recuerdo cuando pasamos por al lado de la oficina de María Katerina y Neblino iba adolorido y doblado, ella se paró y preguntó que había sucedido, Neblino de alguna manera oculta e irracional estaba molesto pues atribuía su caída a María K., como solía decirle el propio Neblino. Yo tuve que hablar, explicar que había pasado, María Katerina como cualquier mujer bromeó y le dijo a Neblino "ay Nebli, haciendo ejercicios, a quien te querrás levantar?, Neblino no contestó, yo por atrás le hice una seña a la dama para que no se molestara. Neblino tenía ahora una lesión permanente en la espalda por la caída aparatosa.
Los días pasan y esas esperas eternas hacen mella en las almas, te carcomen, empiezas a sentir que el tiempo se va y que tu no eres parte de el. El cúmulo de emociones comprimidas por la presión del no saber causa locura, Neblino no se atrevía a preguntar, según su teoría, iba lento pero seguro, con pasos firmes, bien pensados, poco a poco, un sin fin de momentos que se unirían en la hora indicada para entrelazarse y lograr el cometido final. Que grande es la esperanza, de verdad, una de las virtudes, si me permiten llamarla así, más grande los seres humanos es la capacidad de no rendirse en sus anhelos, esa llamarada interna que nos invita a pensar en un futuro mejor, así sepamos que nunca llegará.
Debo admitir que me asustó un poco el día que vi marcado en el calendario de Neblino una fecha con una letra x gigante, la letra x llevaba a su alrededor unos rayos, unas flores, todos hechos a mano por Neblino. Supuse de qué se trataba, es solo que al imaginar las consecuencias por apenas dos segundos me aterré aún más y preferí hacerme el loco. Neblino, tan amable como siempre, me invitó a sentarme, creo que hablamos un rato de la vida, de un negocio que planeaba montar, de su infancia, de sus ritos, sus delirios y sus fantasías. Finalmente salió el nombre fatídico, "me he decidido" me dijo, "voy a declararle mi amor a María K." y suspiró profundamente, yo traté de advertirle de los riesgos y consecuencias de toda aquella campaña pero Neblino había tomado su decisión.
Hasta ese momento yo creía saber todo lo que había pasado por la mente de Neblino en relación a su dulce tormento, estaba equivocado. Neblino se liberó, se abrió y dio paso a una cadena de pensamientos y sentimientos que nunca antes había visto emanar de la boca de un ser humano, de un hombre debo decir, alguna vez escuché a mis amigas sufrir por amor, si es que eso que llaman amor existe en algún rincón del planeta. Una lágrima cayó sobre la mejilla de Neblino, "ves esto?, me dijo, "tu sabes cuantas gotas con sabor a sal han caído por mi cara desde que conocí a María K?, tu lo sabes?, tienes alguna idea?", Neblino prosiguió, "tu te imaginas cuantas noches en vela he pasado a causa de ella?, cuantas fiestas he dejado de asistir, cuantas veces he sentido que mi vida se va por la cañería?", "no, la verdad no Neblino" le dije, "pues mira, te digo, muchas, incontables, innumerables, infinitas, no lo se, tu sabes lo que es el dolor?".
"Bueno" le contesté, "yo se lo que es un dolor de una esguince, de un golpe en la cabeza, de cuando me corté la pierna con el pedal de la bicicleta, eso si duele Neblino", "no, no, tu no sabes nada" gritó enfurecido, "tu no sabes lo que significa que te duela en un lugar que no sabes donde es, que no hay remedio, no hay suturas, no hay solución". Prosiguió, "sabes lo que es poner tu vida en la línea, estar dispuesto a morir, por alguien, lo sabes?, "bueno Neblino" le respondí, "yo se de muchas cosas, pero quizás de eso tu sabes más", el hombre endemoniado, poseído me contaba de su tristeza, de su andar sin destino, su cabeza abajo, su dolor eterno, su escasez de sonrisas, su olvidar de la risa, sus acciones perpetuas, su amor, su amor sin protesta.
Enamorarse solo es deleznable, al menos para los otros, yo no se de eso. Mi razón domina mi sentir, es así como puedo existir, como vivo, donde crezco, es el pan de mi seguir. Para Neblino su existencia reposaba sobre otra persona, sobre otro ser humano, con virtudes y defectos, pero que no se había dado a la tarea de indagar sobre cuales eran las consecuencias de ese nexo fantasioso que Neblino había creado en su mente. Claro estamos, nadie debe pagar porque a otro se le ocurre enamorarse de uno, eso es problema de la otra persona, acaso lo es?, quizás por un principio no escrito en las reglas inexistentes del jueguito macabro, pues, debemos interesarnos por el sentir del otro ser, caridad?, nada de eso, quizás curiosidad, aún más es posible que hasta para estudiar la posibilidad del chance escondido que puede estar por llegar.
Neblino llegó vestido con su mejor traje, afeitado al ras, colonia en mano, creo que hasta se había blanqueado los dientes, cortado el cabello bañado tres veces. Pasó por mi oficina, simplemente sonrío, llevaba las manos en los bolsillos, su sonrisa parecía estar dominada de pasión y locura, esa sonrisa que tiene vicios de dolor por donde se le mire. Sin que nadie me viera me escondí perfectamente posicionado para ver el espectáculo, en primera fila, aquello era digno de jugar al espía. Neblino salió de su oficina con una carretilla, es que en las manos no le cabían los obsequios, se adentró en la oficina de María Katerina y soltó un discurso que no pretendo repetir acá por honor a su memoria. Sacó un ramo de rosas rojas, tres cajas de bombones finos, se arrodilló, mostró un anillo, creo que lloró en algún momento, luego sacó otro ramo de rosas, se volvió a arrodillar, cantó unos boleros con guitarra y todo, ofreció casa, hijos, viajes, seguridad, estabilidad y por sobre todo amor, eso fue lo que ofreció Neblino en realidad.
Sentado en mi oficina y llorando a moco tendido no entendía que había podido salir mal, la carretilla llena de corotos estaba a mi lado, yo me comía los bombones que de paso estaban muy sabrosos. Dejé que el pobre y abatido hombre se desahogara, me explicara desde treinta y tres puntos de vista distintos la profundidad de su discurso y como él pensaba que no podía haber fracasado, luego se volteaba y me decía con más de ochenta teorías la razón por la cual las cosas se habían ido a la mierda. Ese día no trabajé, me limité a escuchar al hombre caído en desgracia, al ave herida, a un niño llorando por la partida. Finalmente Neblino, y luego de nueve cajas de kleenex, me pidió un favor, un favor algo extraño por demás, pero favor al fin.
Solo me bastó entregarle un papel a María Katerina con la letra de "don't get me wrong" por Pretenders y pelarle el diente una vez para que cayera rendida a mis pies. Si, así tan fácil como lo leen, es que a veces las cosas son tan simples en el planeta y nos complicamos demasiado. En su oficina la moví de un lado a otro, cerciorándome que no se olvidara nunca de aquello, que soñara, que creyera, que viviera, que quisiera. Minutos pasaron, el tiempo parado, palabras al aire, promesas eternas, si ella hubiera sabido que en mi domina la razón, nunca hubiera dejado que le rompiera el corazón…
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